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Las muñecas de Marcela

Comedia famosa

Álvaro Cubillo de Aragón


[Nota preliminar: Edición a cargo de Francisco Domínguez Matito. Grupo de investigación PROTEO. Proyecto TC/12.

Texto base: El enano de las Musas. Comedias y obras diversas, con un poema de las Cortes del león y del águila, acerca del búho gallego, Madrid, María de Quiñones, 1654, pp. 299-338 (ejemplares de la BNE R/664; P/4172; R/9401; R/10931; R/14500; U/10338(8)).

Cotejado con Ameno Jardín de comedias de los insignes autores don Antonio de Zamora, don Juan Bautista Diamante y don Álvaro Cubillo de Aragón, que nuevamente se han dado à luz por algunos aficionados, y curiosos, Madrid, [s. i.], 1734, pp. 41-80 (ejemplar de la BNE T/2000); y con las sueltas de Sevilla (Francisco de Leefdael, s. a., ejemplar de la BNE T/19528); Madrid (Francisco Asensio, 1734, ejemplar de la BNE T/19321); y Valencia (José y Tomás de Orga, 1781, ejemplar de la BNE T/14782(8)).

Se han tenido en cuenta las ediciones del XIX: Comedias escogidas, I, Madrid, Ortega y Compañía, 1826, pp. 3-117 (ejemplar de la BNE Ti/135); Tesoro del Teatro español desde su origen (año 1356) hasta nuestros días, en «Colección de los mejores autores españoles, vol. XIII», t. V, París, Baudry, 1838, pp. 163-192 (ejemplar de la BNE F/884); Dramáticos posteriores a Lope de Vega, I, pp. 79 197, Madrid, 1858 (BAE, XLVII), pp. 127-144; Teatro selecto antiguo y moderno, nacional y extranjero, III, Barcelona, Salvador Manero, 1867, pp. 521-547 (ejemplar de la BNE Ti/14(3)). Y también las ediciones de los editores modernos, como Ángel Valbuena Prat (Las muñecas de Marcela. El señor de Noches Buenas, Madrid, Compañía Ibero Americana de Publicaciones, 1928, y Las muñecas de Marcela, Madrid, Alcalá, 1966) y Federico Carlos Sáinz de Robles (El Teatro español. Historia y Antología (Desde sus orígenes hasta el siglo XIX), IV, Madrid, Aguilar, 1943, pp. 738-818).]



PERSONAS
 

 
CARLOS,   galán.
OTAVIO,   galán.
DON LUIS.
BELTRÁN,   lacayo.
MARCELA,   dama.
VITORIA,   dama.
VALERIO,   viejo.
TEODORA,   criada.





ArribaAbajoActo I

 

Salgan VALERIO, viejo, con espada y rodela, DON OTAVIO del mismo modo y un criado con una hacha encendida.

 
VALERIO
¡Poned fuego a las puertas, rompa el fuego,
ya que al umbral de la venganza llego,
este duro imposible, esta defensa
del bárbaro ministro de mi ofensa,
que de nuevo me ofende 5
cuando obstinadamente se defiende!
OTAVIO
Hoy te verás vengado y satisfecho,
ya en su prisión o ya pedazos hecho.

 (Aparte.) 

(Así prudente obligo
los deudos de Marcela, así consigo 10
mi pretensión amante.)
Al lado tuyo moriré constante.
VALERIO
Agradezco y estimo, don Otavio,
vuestro valor.
OTAVIO
Ya es mío vuestro agravio.
VALERIO
¡Poned fuego a la casa: 15
quede abrasado quien mi vida abrasa!
OTAVIO

 (Aparte.) 

(Perdone Carlos si a ello me acomodo,
que primero es mi amor y después todo.)
 

(Vanse.)

 
 

(Salgan MARCELA, dama, y TEODORA, criada.)

 
TEODORA
Escandalizada está
la nobleza de Zamora 20
con esta prisión de Carlos.
MARCELA
Poco a Valerio le importan
tan criminales venganzas.
TEODORA
Tu tío intenta, señora,
vengar a su muerto hijo.25
MARCELA
Teodora, parte me toca
de la ofensa, pero, al fin,
como ni vida se cobra
para el muerto don García
ni el agravio es en la honra, 30
toda esta crueldad me ofende.
TEODORA
Hablas con alma piadosa.
Las puertas de aquella casa,
donde recogido estorba
rigores de la justicia, 35
quieren romper.
MARCELA
Ley forzosa
es la defensa. Ninguno,
por más que se desconozca
a la piedad, culpará
su resolución heroica, 40
su obstinada bizarría
y su resistencia honrosa.
Pero... ¿qué ruido es este?
 

(Suena ruido y patadas.)

 
 

(Salgan CARLOS, muy galán, con la espada desnuda, y BELTRÁN, criado, con él.)

 
CARLOS
Si en vuestro amparo, señora,
debe hallar un afligido 45
remedio de sus congojas,
ocasión os solicita
la circunstancia de hermosa,
el privilegio de noble,
la ley de misericordia, 50
para ilustrar vuestras partes
y para que, atenta a todas,
deis vida al que, ya en su estremo,
se la conceden por horas
tan breves, como el que vive 55
entre el aliento [y] la soga.
Yo soy don Carlos, a quien
obligaciones honrosas
provocaron a un delito:
así las leyes le nombran; 60
mas, si a mi razón se atiende,
¡oh cuánto un mentís provoca!,
con nombre de desagravio
el pundonor le reboza.
La hidalga sangre vertida, 65
que agora Valerio llora,
del infeliz don García
justamente me ocasiona.
Saquele al campo, reñimos.
No fue su espada más corta, 70
su ventura sí, que al fin
me hizo la razón escolta.
La justicia me amenaza,
su rigor no me perdona;
y, viendo que ya era inútil 75
la defensa que hasta agora,
en una casa encerrado,
hizo mi prisión dudosa,
saliendo por los tejados
y azoteas de una en otra, 80
hasta esta casa me trujo
alguna estrella dichosa,
pues en ella vengo a hallar
un ángel que me socorra,
una deidad que me ampare 85
y un cielo que me recoja.
BELTRÁN
Y yo, que por fuerza soy
lo delgado desta soga
por quien siempre ha de quebrar,
siguiendo aquesta derrota, 90
como gato por enero
que caballetes descostra,
rodando llego a esos pies,
y aun lo tengo por lisonja,
cuando me juzgo subiendo 95
la escalera de una horca.
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Válgame el cielo, qué escucho!)
¡Terrible ocasión, Teodora!
Ninguna noticia tengo,
señor don Carlos Coloma, 100
de la razón o el agravio
que os provocó a tales cosas,
ni aun vos pienso que tenéis
noticia alguna hasta ahora
de la casa donde estáis. 105
CARLOS
Solo sé y veo que os toca
amparar a un desvalido
que a vuestras plantas se postra.
MARCELA
Pues sabed, Carlos, que soy
Marcela, parte tan próxima 110
contra vos, que don García
era mi primo.
CARLOS
¡Señora!
MARCELA
No os turbéis.

 (Aparte.) 

(¡Cielos!, ¿qué haré?)
TEODORA
¡Qué lastima, qué congoja!
BELTRÁN

 (Aparte.) 

(Depáreme Dios un santo 115
que favorece y aboga,
patrocina, ampara y libra
de todas aquellas cosas
que en los tejados suceden.
¿Habrá una oración devota 120
para un peligro a dos aguas?
Yo perezco, que son todas,
las de tejas arriba,
necedades peligrosas.)
CARLOS
Confuso, mudo y turbado 125
en vuestra presencia, ignora
el alma cuánto les debe
a las potencias que goza.
La vergüenza me enmudece,
las turbaciones me ahogan, 130
la confusión me introduce
mármol duro, inmóvil roca.
MARCELA
Pues ni confuso os turbéis
ni avergonzado os proponga
la imaginación peligros 135
que en mi sangre reconozca,
que, aunque Valerio es mi tío
y tanta parte me toca
de su ofensa, no es conmigo
la pasión más poderosa 140
que la piedad; y más quiero
atribuirme esta gloria
que profanar con venganzas
una virtud tan heroica.
Ya el cielo os trujo a mi casa, 145
misteriosas son sus obras,
quizá porque me debáis
esta fineza con otras.
En ella estaréis seguro,
pues no habrá tan maliciosa 150
presunción que se persuada
a que estar pueda y se esconda
en ella el mismo ofensor
que vertió mi sangre propia.
Y porque la dilación 155
os puede ser peligrosa,
entraos en aquesta sala;
mi hermano Luis no toca
en ella jamás; tal vez
mi hermana doña Vitoria 160
suele entrar, mas yo tendré
la llave. Sola Teodora
cuidará vuestro regalo,
y para ello tendrá otra
llave, que la mía es maestra, 165
en tanto que se disponga
lo que mejor pueda estaros.
CARLOS
Dejad que ponga la boca
en el suelo que pisáis.
BELTRÁN
Y que yo también la ponga 170
en el que pisa quien sirve
a tan divina señora.
TEODORA
¡Ea, entrad, entrad aprisa!
BELTRÁN
Lo que a mí besar me toca
no me lo quite vusted, 175
señora doña Teodora.
 

(Éntranse CARLOS y BELTRÁN.)

 
MARCELA
Dame la llave, y advierte
que de nosotras dos solas
se fía aqueste secreto:
ya conoces a Vitoria. 180
TEODORA
No es menester que me adviertas,
pues jamás hiciste cosa
tan a mi gusto.
MARCELA
¿Qué dices?
TEODORA
Que merece la persona
de Carlos todo favor: 185
¡qué lindo talle, qué airosa
bizarría, qué cortés,
qué entendido!
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Y qué lisonja
me has hecho con tu discurso!)
¿Parécete bien, Teodora? 190
TEODORA
Si a ti te parece así,
no tengas miedo que corra
peligro.
MARCELA
Mucho se ofende
quien en un rendido toma
venganza. La ofensa vive 195
hasta el instante y la hora
que puede satisfacerle,
pero, en pudiendo, se borra
tanto que ni aun la señal
queda de su mancha odiosa. 200
TEODORA
Y más cuando el ofensor
trae consigo, señora,
tantas cartas de favor
en sus partes generosas.
MARCELA
Confiésote que me ha puesto205
tan de la suya, que ignora
el alma cuál de los dos
mayores peligros goza.
TEODORA
Vuelvo a la calle otra vez,
pues tú me alientas, señora. 210
MARCELA
Cuanto en su alabanza digo
será un rasguño, una coma,
un punto, un átomo breve
de lo mucho que atesora.
TEODORA
No morirá.
MARCELA
¡Ni lo quiera
215
el cielo!
TEODORA
A quien es dichosa,
por los tejados le viene
la ventura. Poco importa
el encierro de tu casa,
el recato en tu persona, 220
el ir las fiestas a misa,
partiendo del sol y aurora
los imperios, como dice
aquel vulgar idïoma,
entre dos luces negada 225
a la una y a la otra,
que a pesar de agravios tantos
de tu hermosura, Amor corta
esa cartuja azucena
y esa capuchina rosa. 230
MARCELA
Notable suceso ha sido,
mas ¿será decente cosa
querer yo a Carlos?
TEODORA
Amor
tiene las veces de Roma:
impedimentos y agravios 235
dispensa, omite y perdona,
y más siendo la ocasión
curial, que a su cargo toma
solicitarte la gracia
por cuenta de su limosna. 240
Solo un grave inconveniente
se me ofrece.
MARCELA
No te pongas
a discurrir sobre el caso,
que aún es temprano.
TEODORA
Quien toma
desde el principio los fines 245
sale bien de cualquier cosa.
Ya sabes que don Otavio
tu casamiento blasona
porque con tu hermano tiene
muy adelante la historia. 250
MARCELA
¡No soy yo la que se casa!
TEODORA
Tú tienes de ser la novia.
MARCELA
Pues de aquí a que tenga efeto
hay jornadas no muy cortas.
TEODORA
Luego ¿ya quieres a Carlos?255
MARCELA
Calla y disimula agora,
que Vitoria y don Luis
pienso que vienen.
 

(Salgan DON LUIS y VITORIA.)

 
VITORIA
Impropia
acción viene a ser en ti.
Si así tu sangre baldonas, 260
¿quién ha de volver por ella?
DON LUIS
No me aconsejes, Vitoria,
que no quiero tener parte
en desdicha tan forzosa,
y más cuando la justicia 265
es quien a su cargo toma
la venganza de Valerio.
¿Remédiase alguna cosa
con la muerte de don Carlos?
¿He de ser yo en sus congojas 270
ministro que le persiga?
Cuando una venganza honrosa
con la espada se pretende,
tiene disculpa en sí propia,
y entonces mostrara yo 275
el rostro que encubro agora;
y aun no sé lo que me hiciera,
llegado a que reconozca
tan mucha razón en Carlos
y en don García tan poca. 280
MARCELA
¡Bien hayas tú, que, en efeto,
ni la pasión te alborota
ni el alboroto te incita
ni la sangre te apasiona!
VITORIA
¡Gran virtud!, pues, en efeto, 285
cuando al lado no te pongas
de tu tío, no le culpes,
su venganza no interrompas,
que yo, mujer como soy,
tanto me irrita y provoca 290
la muerte de don García
que, a no ser escandalosa
acción, saliera a ayudarle.
MARCELA
Mucho, Vitoria, blasonas,
y si en la ocasión te hallaras, 295
quizá doblaras la hoja
y pasaras adelante.
VITORIA
¿Será don Carlos Coloma
de partes tan excelentes,
de excelencias tan airosas, 300
que a sus propios enemigos
venza y en prisiones ponga?
¿Es así?
MARCELA
Yo no lo he visto:
quien le ha visto te responda.
VITORIA
Pues cuando esto fuera así, 305
a las romanas matronas,
¡vive Dios!, escureciera;
y cuando mis fuerzas pocas
no bastaran, que sí bastan,
donde las razones sobran, 310
al cielo pidiera rayos
o a las fieras, que se notan
más hijas de la crueldad,
ira, coraje y ponzoña.
MARCELA
¿Que enojada estás?
VITORIA
Contigo
315
y con tus piedades locas.
DON LUIS
Pues yo soy hombre y condeno
tu condición rigurosa;
y para que no me culpes,
mira si razón me sobra 320
para desearle bien,
cuando confieso que adora
el alma a su hermana.
VITORIA
¿A quién?
DON LUIS
A Feliciana.
MARCELA
Es hermosa:
merécelo Feliciana. 325

 (Aparte.) 

(No me está mal esta historia.)
DON LUIS
Temiendo peligros tantos,
recogió todas sus joyas
y se retiró a un convento.
MARCELA
¿Monja?
DON LUIS
No puede ser monja
330
porque hay causas que lo impidan.
MARCELA
Ya no me espanto que pongas
mil deseos de tu parte
para librarle.
VITORIA
¿Qué importa,
si estos deseos no valen 335
porque el amor los soborna,
tan ciegos como su efeto?
MARCELA

 [Aparte.] 

(¡Qué cansada!)
VITORIA

 [Aparte.] 

(¡Qué enfadosa!)
MARCELA

 [Aparte.] 

(¡Qué necia!)
VITORIA

 [Aparte.] 

(¡Qué presumida!)
DON LUIS
¡Ea, basta ya, Vitoria, 340
que a mí su prisión me ofende!
VITORIA
Pues a mal tiempo le lloras.
MARCELA
Quizá no le prenderán.
VITORIA
¿Quién puede estorbarlo agora?
MARCELA
Dios, que, si tuvo razón, 345
favorecerá sus cosas.
VITORIA
¡Que no ha de hacer Dios milagros!
TEODORA
El del soslayo le toca.
VITORIA
No hay soslayos de prisiones.
TEODORA
Pues yo presumo, señora, 350
que por dos deditos solos
esta vez no le apercollan.
MARCELA
¡Dios le libre!
TEODORA

 (Aparte.) 

(Si supieran
cuán al soslayo se enojan
los que en el nido le buscan, 355
no gastaran tanta prosa.)
Yo vi a cierto cazador
vender un nido de alondras
que, cuando polluelos vio
y juzgando que en la bolsa 360
estaban, volvió a otro día,
alargó la codiciosa
mano y, en vez de las aves
que ya eran del aire pompa,
halló un erizo y sacó 365
lastimada la manopla.
MARCELA
No hayas miedo que así sea.
TEODORA
Un soslayo es gran persona.
MARCELA
Yo digo que Dios le ayude.
DON LUIS
Yo, que su piedad te oiga. 370
VITORIA
Yo, que vengue a don García.
TEODORA

 [Aparte.] 

(Yo, que va buena la trova.)
 

(Salgan VALERIO y OTAVIO y el criado con el hacha, en la forma que entraron.)

 
VALERIO
No ha de quedar, ¡vive el cielo!,
en España ni en Europa
lugar donde no le busque, 375
aunque en su centro le esconda
la tierra, si ya la tierra
no sepulta mis congojas.
MARCELA

 [Aparte.] 

(¡Ay de mí si han entendido
que en mi casa está! ¡Socorra 380
el cielo en trance tan fuerte!)
TEODORA

 [Aparte.] 

(Nuestra piedad se malogra.)
OTAVIO
No solo toda la casa
se ha mirado, pero todas
cuantas en contorno están. 385
Solamente se perdona
esta del señor don Luis.
VALERIO
Resuelto a mirarla toda
entré, don Otavio, aquí,
mas ya veo que no importa, 390
que en casa de mi sobrino
no había de estar quien me enoja.
DON LUIS
Antes, señor, os suplico
lo hagáis. Ponedlo por obra,
que puede, sin culpa mía, 395
estar en ella.
MARCELA

 [A TEODORA.] 

(¡Ay Teodora,
yo soy perdida!) En mi casa
la diligencia es ociosa,
pues hasta las piedras della
le arrojaran.
VALERIO
¿Quién lo ignora?
400
MARCELA
Digo, porque cuando entrastes...
VALERIO
¿De qué os turbáis?
MARCELA
Alborotan
el corazón armas tantas.
VALERIO
Sois mujer, todo os asombra.
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Sin alma estoy! ¡Muerta estoy!) 405
TEODORA

 [A MARCELA.] 

(Disimula, que te ahogas.)
VALERIO
Sobrina, no os dé cuidado
que con violencia se rompan
los fueros de vuestra casa,
pues sé que en ella al que roba 410
mi quietud fueran incendio
todas sus salas y alcobas.
Él se escapó; la fortuna
le ayudó para que ponga
en más peligro mi vida 415
con la suya. Vamos, ¡hola!
DON LUIS
Todos te iremos sirviendo.
VALERIO
Mas que descanséis me importa,
sobrino: nadie me siga.
Señor don Otavio, ahora 420
para agradeceros faltan
las corteses ceremonias,
pero siempre soy muy vuestro.
OTAVIO
Dad licencia.
VALERIO
Mas me ahoga
la porfía; a un desdichado 425
aun no le sigue su sombra.
 

(Vase.)

 
VITORIA
¡Qué lástima, qué dolor!
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Ay Carlos del alma mía,
no entendí que te debía
tan presto tan grande amor!) 430
OTAVIO

 (Aparte.) 

(Esta es la ocasión mayor
que Amor me pudo ofrecer,
pues llega Marcela a ver
que, por su causa empeñado,
si en Carlos no lo he vengado, 435
intentarlo es merecer.)
DON LUIS
Señor don Otavio, en mí
queda el agradecimiento
desta fineza.
OTAVIO
Yo siento
que a mí me tratéis así. 440
De lo poco que os serví
me quejo a la suerte mía,
mas yo vengaré algún día,
ya que hoy escapó su suerte
al homicida, la muerte 445
del infeliz don García;
y a vos ofrezco, señora,
la venganza deste agravio.
MARCELA
¡Viváis, señor don Otavio,
mil años!

 (Aparte.) 

(¡No viva un hora!)
450
VITORIA
Quien esa venganza adora
y apetece ese rigor,
estima vuestro valor.
OTAVIO
Hoy satisfecho quedara
vuestro enojo, si le hallara. 455
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Qué vengativo señor!)
OTAVIO
Hoy, ¡vive el cielo!, entendí
dar a su sangre mi acero.
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Que piense este majadero
con sangre obligarme a mí!) 460
Teodora, vamos de aquí.
VITORIA
¿Adónde vas? ¿No agradeces,
no ponderas, no encareces
en el señor don Otavio
el querer vengar tu agravio? 465
MARCELA
Ya he dicho que sí mil veces:
¿qué tengo yo más que hacer?
Y si no te ha parecido
que está bien agradecido,
vuélvelo tú a agradecer, 470
y para que eches de ver
adónde llega y alcanza
mi agradecida alabanza,
digo que en esta ocasión
agradezco la intención475
mucho más que la venganza.
VITORIA
¡Notable estás!
MARCELA

 (Aparte.) 

(¡Qué tormento!)
OTAVIO
Antes por ser ya tan mía
la causa, no merecía
premio ni agradecimiento. 480
MARCELA
Como yo de lo sangriento
tan poco llego a saber,
ignoro lo que he de hacer;
y así, con vuestra licencia,
los lances de una pendencia 485
voy a estudiar y aprender.
 

(Vanse MARCELA y TEODORA.)

 
OTAVIO
Siempre a obedecer me obligo.
VITORIA
Es tan piadosa mi hermana,
tan casera y tan humana
que disculpa a su enemigo. 490
DON LUIS
Desta verdad soy testigo.
OTAVIO
Es natural, cuerdo y sabio.
DON LUIS
Creed, señor don Otavio,
que es circunstancia de hermosa
tener el alma piadosa 495
para perdonar su agravio.
Tan en la niñez se está
que os juró, por vida mía,
que muchas horas del día
a las muñecas se da. 500
VITORIA
Y es cierto, que ahora va
a entretenerse con ellas.
OTAVIO
De mi amor nuevas centellas
ese ejercicio ha sacado.
No pasó el siglo dorado, 505
que aún viven sus luces bellas.
Y en mi amor, don Luis, ¿qué dice?
DON LUIS
No es buena ocasión ahora,
que de don García llora
nuestra casa la infelice510
muerte.
OTAVIO
En ella se eternice
próspero el tiempo que vuela.
DON LUIS
Quien sabe amar se consuela
con la esperanza.
OTAVIO
Es así.
Viva la esperanza en mí, 515
pues hoy agradé a Marcela.
 

(Vanse.)

 
 

(Salgan CARLOS y BELTRÁN.)

 
CARLOS
¡Oh cuánto a Dios se parece
quien piadoso se acredita!
¡Oh cómo su gloria imita
al paso que la merece! 520
[Tanto al sujeto engrandece]
esta virtud singular,
que he llegado a ponderar,
no sé si diga a creer,
que no deja a Dios quehacer 525
el que sabe perdonar.
Esta virtud milagrosa
en Marcela se ilumina,
siendo dos veces divina,
por piadosa y por hermosa.530
Altamente generosa,
en su agravio no repara,
y con providencia rara
su casa nos da a los dos.
Parece casa de Dios 535
que a delincuentes ampara.
BELTRÁN
Eso yo lo he [de] decir,
que en su piedad he hallado
dos veces asegurado
el pretexto de vivir. 540
¡Oh casa donde se halla,
cuanto más se ve oprimida,
no solamente la vida
sino el poder conservalla!
¡Oh casa que me provoca 545
a decir, en conclusión,
que eres en esta ocasión
libro de «qué quieres, boca»!
Capítulo de vivir:
dos hombres que han condenado 550
a arrojarse de un tejado
sin volvello a referir,
un serafín se aparece
y, divinamente humano,
con pródiga y franca mano 555
vida y salud les ofrece.
Capítulo de guardarse
de intención y lengua mala:
al punto se abre una sala
donde poder encerrarse. 560
Capítulo de dormir:
parecerán ilusiones,
pues yo sé que los colchones
no me dejaran mentir;
pues en la distancia breve 565
de un hora se aparecieron
con ropa y colcha, que dieron
de sopapos a la nieve.
Capítulo de comer:
esto tú no lo has sabido, 570
que para mí solo ha sido
milagroso proceder.
¡Oh capítulo de gloria
para mis amargos miedos:
chupándome estoy los dedos 575
de leer su dulce historia.
CARLOS
¿Qué dices?
BELTRÁN
Que dije apenas
el capítulo en la sala.
Cuando un rincón me señala
de miel y de berenjenas 580
una orza reverenda,
meto la mano, y por dar
noticia a mi paladar,
acomodo la merienda:
una saco y otra apaño, 585
estas brindan a otras dos,
doblo el resto y, ¡vive Dios!,
saco el vientre de mal año.
Como dice [aqu]el refrán,
descosiéndole una alforza, 590
trasladé toda la orza
en el vientre de Beltrán.
CARLOS
¿Hay desvergüenza mayor?
¡Hombre bárbaro, qué has hecho!
BELTRÁN
Así me haga buen provecho 595
como me supo, señor,
letura tan excelente,
dulce lenguaje y sonoro.
¡Dos higas para Eliodoro
y el Berclayo! Solamente 600
un capítulo ha faltado.
CARLOS
Yo aseguro que es de vino.
BELTRÁN
¡Por Dios que eres adivino!
Todo el libro he hojeado,
y no he hallado una gota; 605
sin duda es yerro de imprenta,
que no pudo por mi cuenta
olvidársele la bota
a tan prevenido autor.
¡A pagar de mi dinero, 610
todo el capítulo entero
se lo bebió el impresor!
CARLOS
¿Tú, bárbaro, tú, atrevido
donde te hacen tanto bien?
BELTRÁN
Si atento discurres, ¿quién 615
fue con hambre comedido?
CARLOS
¡Vive Dios que has de buscar,
villano, mi perdición!
BELTRÁN
Oiga vusté una razón.
CARLOS
¿Qué razón me puedes dar? 620
BELTRÁN
Yo sé que noticia tienes
que son, con necesidad,
entre nuestra humanidad
comunes todos los bienes.
Y si Dios, a quien le toca, 625
me quiere el bien deparar
y le veo, ¿he de aguardar
a que me le entre en la boca?
¡Qué hermosa grosería!
Ver el bien y conocelle, 630
tener hambre y no comelle,
o es melindre o bobería,
demás de que es de advertir
que también tuve licencia
de la gente que allí estaba. 635
CARLOS
¿Qué gente?
BELTRÁN
¡Qué linda flema!
Pues ¿piensas que estamos solos?
Como tú allá te embelesas,
te arrobas y te suspendes,
no gozas de cosa buena. 640
CARLOS
Pues ¿gente hay en esta sala?
BELTRÁN
Y mucha, pero tan cuerda
que se le puede fiar
un secreto y una deuda.
¿Es posible que no has visto 645
un estrado de muñecas
con barandilla y alfombra,
tan vestidas, tan compuestas,
tan al uso, tan con moño,
tan con naguas y polleras, 650
que hasta los guardainfantes
en ellas es gala vieja?
Híceles mi cortesía,
hablelas con reverencia,
signifiqueles mi hambre 655
y pienso que la una dellas,
o a mí me lo pareció,
me dijo alegre y risueña:
«Comed, Beltrán, en buen hora,
comed de las berenjenas, 660
que nosotras no gustamos
de estas civiles conservas».
Apenas me lo hubo dicho
cuando, si embestir me vieras,
te quitara mil pesares. 665
CARLOS
¿Hay locuras como aquestas?
¡Tú no debes de sentir!
BELTRÁN
En esto solo se muestra
la virtud de estas señoras,
pues, cuando otras se pasean, 670
haciendo alarde en el coche
de su gala y su belleza,
se entretienen y se ocupan
en diversión tan honesta.
CARLOS
Luego ¿no te burlas?
BELTRÁN
¡Cómo!
675
Para que mejor lo creas
aguarda y veraslo todo.
CARLOS
¡Oh cómo obliga y sujeta
los ánimos la virtud!
Sin duda el cielo, que ordena 680
mi remedio, me ha traído
a esta casa por que vea
mi libertad en su amparo,
mi prisión en su belleza,
en su recato mi dicha 685
y mi quietud en sus prendas.
 

(Sale BELTRÁN con un estrado con barandillas y en él cuatro muñecas y una dueña.)

 
BELTRÁN
Mira si es cosa de burlas
el escuadrón de doncellas,
que destas yo lo aseguro
que tiene a cargo una dueña. 690
Aquesta es doña Calandria,
esta, doña Melisendra,
esotra, doña Sofía,
y aquella, doña Lucrecia.
La dueña se ha de llamar 695
doña Rodríguez de Puebla.
Toda es gente muy callada,
muy recogida y muy cuerda;
sola la dueña me aturde.
CARLOS
¿Cómo?
BELTRÁN
Podremos por ella
700
ser descubiertos.
CARLOS
¡Qué dices!
BELTRÁN
¡Tú no conoces las dueñas!
Por solo llevar un chisme
hablarán sin tener lenguas.
¡De mirarla estoy temblando! 705
CARLOS
Tus locuras me marean.
BELTRÁN
Qué será ver ocupada
a la señora Marcela,
preguntándoles a todas
cuando a visitarlas venga: 710
«¿Cómo estáis, doña Calandria?».
Y responderá por ella:
«A vuestro servicio, prima»,
que las damas se vosean.
«Hermosa estáis. ¿Quién os hace 715
moños?». «Una amiga nuestra
que tiene notable gracia».
«Buen tocado. ¿Veis comedias?»
«Las nuevas, nadie lo escusa,
las damas todo lo alegran». 720
«¿Qué os ponéis en estas manos?».
«Una mudilla de almendras,
piñones y salvadillo».
«¡Qué blancura!, ¡qué belleza!».
«¡Jesús, téngolas perdidas!». 725
Y estará de esta manera
desde las ocho a las doce,
desde las tres a la queda,
libre de oír a don Gazmio
concetos de taracea. 730
CARLOS
¡Vive Dios que es la más alta,
la más segura, más cierta
y la más clara señal
que su virtud nos enseña!
¡Oh quién fuera tan dichoso! 735
Mas ¿quién habrá que se atreva
a sobredorar agravios
con amorosas finezas?
¡Ay Beltrán!
BELTRÁN
¿Qué viento corre?
CARLOS
Hermosísima es Marcela, 740
en la piedad es divina,
misteriosa en la prudencia,
soberana en la cordura;
pues con tantas excelencias,
¿qué haré yo en quererla bien?, 745
¿qué haré en perderme por ella,
si el vivir por ella gano?
BELTRÁN
Pues ¿qué sé yo? No la pesa
de verte y de ser querida.
CARLOS
No lo creas, no lo creas, 750
que no soy yo tan dichoso,
ni es ella tan poco cuerda
que en tan peligroso banco
empeñe tan altas prendas.
BELTRÁN
¡Quedo, que siento ruido! 755
CARLOS
¡La llave tocó en la puerta!
¡Recoge, Beltrán, todo eso!
BELTRÁN
Ya no es posible que pueda.
 

(Salgan TEODORA y MARCELA.)

 
MARCELA
¡Señor don Carlos!
CARLOS
Señora,
este necio...
BELTRÁN
¿Quién lo niega?
760
Yo soy un necio, y aun dos,
mas, como son tan discretas
estas damas con quien hablo,
mis necedades celebran.
TEODORA
Es muy grande atrevimiento 765
cuando necedad no sea,
llegar a cosas que tiene
mi señora.
BELTRÁN

 (Aparte.) 

(Si supiera
lo de la orza, ¡mal año!)
MARCELA
¡Aparta, tú eres la necia! 770
En aquesto entretenida,
permito que se diviertan
algunas horas del día,
que son vislumbres que quedan
de la niñez.
CARLOS
De divina
775
diréis mejor, pues con ellas
dais ser a quien no le tiene.
MARCELA
¡Cómo!
CARLOS
A mí y a las muñecas.
MARCELA
No habléis deso.
CARLOS

 [A BELTRÁN.] 

(¡Que por ti
pase yo aquestas afrentas!) 780
BELTRÁN

 [A CARLOS.] 

(¿Qué afrentas? Pues aún ahora
lo de la orza nos queda.)
CARLOS
Perdonad, señora mía,
esta atrevida licencia,
que quien de necios se sirve 785
a sufrirlos se sujeta.
BELTRÁN
No es muy gran atrevimiento,
que en presencia de la dueña
hablamos con estas damas,
y si algo malo se hiciera, 790
no nos perdonara el chisme.
CARLOS
Yo te cortaré la lengua.
MARCELA
No quiero que os den cuidado
ocasiones tan pequeñas
cuando en empeños mayores 795
por vuestra causa estoy puesta.
CARLOS
¿Cómo pueden ya, señora,
ser pequeñas, siendo vuestras?
Tan de grandes se acreditan
por el dueño, que respeta 800
el alma, no lo que son,
sino lo que representan.
MARCELA
Sois vos muy galán.
CARLOS
No soy,
aunque en esto lo parezca,
mas para mí basta ser 805
damas, aunque sean supuestas,
para tratar su hermosura
con decoro y reverencia,
con respeto y cortesía.
MARCELA
¡Jesús, qué cosa tan tierna! 810
BELTRÁN
Es ternísimo mi amo:
a la luna de Valencia
suele derretirse más
que otros al sol de Guinea.
¿Velo vusté? Bien lo ve, 815
pues en lo tierno es jalea,
en lo azucarado, almíbar,
y en lo regalón, manteca.
MARCELA
Bien le conoces, Beltrán.
TEODORA
¡A fe que es muy linda pieza 820
el tal Beltrán!
BELTRÁN
¡Qué donaire!
Si vusted me conociera,
se había de perder por mí.
TEODORA
¿No es mejor que no me pierda?
BELTRÁN
Para que yo me la hallara, 825
se ha de entender.
TEODORA
¿Qué me cuentas?
BELTRÁN
No le contaré los años,
que es lo que a todas les pesa.
TEODORA
¿Y qué hiciera si me hallara?
BELTRÁN
¿Qué? La colgara a la puerta 830
de una iglesia.
TEODORA
¿Soy rosario?
BELTRÁN
Sí, y aun son muerte sus cuentas.
TEODORA
¡Qué hallado está en solo un día!
BELTRÁN
Aconsejome una vieja
que no fuese corto, y yo 835
aprovecharme quisiera
del consejo, porque, al fin,
toda cortedad es mengua.
Doy lo que tengo, y recibo
siempre con mucha llaneza. 840
TEODORA
No me descontenta el modo.
BELTRÁN
Es de lo nuevo.
TEODORA
¡Qué pieza!
BELTRÁN
Oye vusted, ¿habrá en casa
para un deseo siquiera
cualque berenjena en miel? 845
TEODORA
¡Ay socarrón, buena es esta!
¿Tan presto has dado en la orza?
BELTRÁN
Ella dio en mí, y agradezca
vusted que dio en parte blanda.
TEODORA
Pues ¿dónde peor pudiera? 850
BELTRÁN
En una esquina y romperse.
CARLOS
Esto mi amor os confiesa:
contra el veneno mortal
de la víbora sangrienta,
entre muchas confecciones 855
se aplica su carne mesma,
no porque tenga virtud
para preservar con ella
del fiero diente la injuria,
mas porque, como saeta, 860
al corazón se encamina,
por que se lleve tras ella
el antídoto con quien
está mezclada y revuelta,
sirve de posta al remedio, 865
llega presto y aprovecha,
ayudando su malicia
contra su malicia mesma.
Yo, pues, así, a quien hirió
áspid de vuestra belleza, 870
entre infinitos remedios
la necesidad me enseña
a aplicar, si no a vos misma,
estas obras que, por vuestras,
al corazón me encaminan 875
consuelos que me entretengan,
esperanzas que me animen,
memorias que me diviertan,
respetos que me aseguren
y ocasiones que me alegran. 880
MARCELA
Pues para que no tengáis
otra ocasión como aquesta
con damas que, aunque fingidas,
como decís, os inquietan,
yo las haré desterrar 885
de la sala.
CARLOS
Haceisme ofensa.
MARCELA
Y aun las echara de casa,
que no es razón que haya en ella
quien a mí me dé cuidados.

 (Aparte.) 

(¡Tente, Amor, que me despeñas!) 890
CARLOS
¿Cuidados a vos, señora?
Aun no dároslos pudiera
en humana forma el sol,
cuando en sus doradas trenzas
sollozara el alba aljófar 895
o llorara blancas perlas.
MARCELA
Soy yo, Carlos, en mi casa
muy celosa, muy atenta,
y ni aun de damas fingidas
quiero sufrir competencias.900
CARLOS
Dadme licencia que cuente
por favores estas quejas
y que a mi esperanza pida
albricias dellos y dellas;
que se las dé a mis temores, 905
que el gusto las enriquezca,
que las admiren los ojos
y las celebre la lengua.
MARCELA
¿Albricias? ¿De qué suceso,
de qué deseadas nuevas? 910
CARLOS
De veros tan enojada
con lo mismo que antes era
entretenimiento vuestro.
MARCELA
Pues ¿eso a vos os alegra?
CARLOS
Sí, que es señal que ya el gusto 915
olvida burlas por veras.
MARCELA
Antes quiero que tengáis
esta visita primera
por castigo, y que sepáis
que solo a ver mis muñecas 920
vine; mas ya, como digo,
cesará, pues las destierra
desta sala mi rigor,
la ocasión que me pudiera
traer otras muchas veces. 925
CARLOS
De tan injusta sentencia
apelo a vuestra piedad.
No permitáis que padezcan
por mi ocasión estas damas,
porque, aunque yo solo sea 930
quien sienta, desee y llore
vuestra divina presencia,
por mí no me atrevo a tanto
ni creo que os lo merezca,
que ha muy poco os conozco 935
y, como entré por la puerta
del agravio, me acobarda
mi delito y vuestra ofensa;
por ellas lo habéis de hacer.
MARCELA
Por vos lo hago y por ellas. 940
CARLOS
¡Oh cuánto os debe mi vida!
MARCELA
No contéis, Carlos, por deuda
lo que yo por mí he de hacer.
CARLOS
Esto es bien que os agradezca.
MARCELA
Creed que no os quiero mal. 945
CARLOS
¿Y no me daréis licencia
para creer algo más
aunque engañado lo crea?
MARCELA
Tomáosla vos, y creed
lo que mejor os parezca. 950
CARLOS
¡Volveré a pedirme albricias!
MARCELA
Como quisiéredes sea.
CARLOS
Ya se las pido a mi dicha.
MARCELA
Dadla en mi nombre unas señas.
CARLOS
¡Con tal favor serán grandes! 955
MARCELA
A lo menos serán ciertas.
CARLOS
¿Qué le diré a mi ventura?
MARCELA
Que ya corra por mi cuenta.
CARLOS
¡Oh qué albricias me prometo!
¿Las señas?
MARCELA
¿Aún se os acuerda?
960
CARLOS
Impórtame.
MARCELA
Pues serán
«las muñecas de Marcela».

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