21
La aplicación de diferentes sistemas de imágenes a ambos grupos de personajes fue ya observada por L. J. Woodward, «Les images et leur fonction dans "Nuestro Padre San Daniel" de G. Miró», Bulletin Hispanique, 56 (1954), 110-132. Una nueva serie divisoria de los mismos (cerrazón y apertura) es comentada por Rosa Perelmuter Pérez, «Hermetismo y expansión en dos novelas de Gabriel Miró», Hispanófila, n.º 68 (1980), 47-56.
22
La inserción simultánea de esta «máscara de yeso»
de la hipócrita Elvira en la imagen ¡cónica es señalada por Yvette Miller y ha de ser puesta a cuenta del virtuosismo creador de Miró (La novelística de Gabriel Miró [Madrid: Ediciones Códice, 1975], p. 116).
23
La vigencia, elevada a un nivel de refinamiento, de éste y otros temas iniciales de Miró en sus tres novelas de madurez, es señalada por Paciencia Ontañón de Lope, «Temática en Gabriel Miró», Actas del quinto congreso internacional de hispanistas (Bordeaux, 1977) 2, 663-669.
24
Véase Ian R. MacDonald, «Why is Miró's Bishop a Leper», Anales de la Literatura Española Contemporánea, 7, 1 (1982), p. 62. La idea fue divulgada, en términos de escándalo acusador, por Luis Astrana Marín en 1927, en sus ataques a Miró a raíz de El obispo leproso.
25
«La figura del obispo parece que se halla inspirada en el prelado don Juan Maura»
dice Vicente Ramos en su Vida y obra de Gabriel Miró (Madrid: El Grifón de Plata, 1955), p. 239. Especifica más Carlos Sánchez Gimeno, gran partidario de los «modelos vivos» de Orihuela, para quien el prelado «es una contrafigura del obispo don Juan Maura, que era primo carnal del político don Antonio... El obispo don Juan era hombre liberal e inclinado a los estudios filosóficos; por su rectitud y austeridad no gozaba de grandes simpatías entre una parte del clero sometido a tutela; el pueblo le respetaba y le quería, admirando su espíritu y su bondad siempre comprobada»
(Gabriel Miró y su obra [Valencia, 1960], p. 35). Obispo de Orihuela entre 1886 y 1910, coincidió ampliamente con la etapa formativa de Miró, cuya biblioteca incluía un ejemplar de su obra Santa Teresa y la crítica racionalista, y MacDonald no duda en confirmarlo como prefigura reconocible: «What is certain is that Juan Maura, a man interested in social affaire and liberal ideas, and author of a monograph on Miro's favourite, St. Teresa, was the model for "El obispo leproso"»
(Gabriel Miró, p. 70). El obispo Maura publicó además otras obras que permiten reconstruir con detalle su ideología religiosa. A principios de siglo recogió una serie de ocho cartas pastorales dedicadas al problema social a lo largo de los años 1893-1901 que tituló La cuestión social (Madrid, 1902). Promete en la última de aquéllas (3 de marzo de 1901) otra sobre la democracia cristiana «según la última encíclica del inmortal pontífice»
(p. 229). Su actitud personal no podía ser ni de mejor voluntad ni más desesperanzada: «Humanamente hablando, no veo yo cómo se ha de poner término al pavoroso conflicto»
, y si no fuera por su fe cristiana «tiempo hace que se hubiera apoderado de mí el pesimismo con todos sus desalientos, sus tristezas y amarguras»
(p. 8). En una serie de tres conferencias en lo que debía ser una asociación de estudiantes jesuitas ataca el espíritu del siglo y su ciencia materialista, aunque mostrando siempre un fondo abierto y noble: Caracteres sobrenaturales del magisterio de la Iglesia. Conferencias pronunciadas en el Ateneo de S. Luis Gonzaga de la ciudad de Orihuela (Orihuela, 1898). Se impone admitir que, con toda su buena fe, el obispo Maura no destaca en ningún momento como estilista ni como pensador. Más aún, en La moral independiente y el magisterio de la Iglesia (Murcia, 1903), otra serie de pastorales lanzadas entre 1890 y 1898, se muestra bastante tradicional acerca de temas que se dirían pensados aposta para chocar con las ideas más caras a Miró: fundación teológica de la moral, pecado original, materialismo, lo sobrenatural y la razón ante el magisterio de la Iglesia. Su introducción, firmada en Orihuela el 25 de marzo de 1903, ataca frontalmente las ideas morales de Kant, Schopenhauer y Fouillé.
26
La posible contrafigura de don Juan Maura Gelabert como El obispo leproso es minuciosamente estudiada por el libro de Marian G. R. Coope, Reality and Time in the Oleza Novels of Gabriel Miró (London: Tamesis Books, 1984). Se recoge allí el dato tradicional de haber sufrido este obispo de «fuegos herpéticos»
, por lo cual se veía obligado a usar en público guantes morados (p. 46). No hay confirmación independiente de este dato, sobre el cual se cierne la tendencia de los informantes (reconocida por la investigadora) a acomodar la propia memoria a la novela de Miró.
27
La enfermedad del obispo «is that of all mankind suffering the slow, painful death of its old formulas for social coexistence»
(Roberta Johnson, «Miró's "El obispo leproso": Echoes of Pauline Theology in Alicante», Hispania, 59 [1976], 241).
28
Para Juan Chabás cabría en el obispo «imaginarse un símbolo de la caducidad de la Iglesia, vencido y esclavizado por el dominio político y económico de la Compañía de Jesús»
(Vuelo y estilo [Madrid: Sociedad General, 1934] I, p. 52).
29
Christine Slater, «Imagery and Symbolism in the novels of Gabriel Miró», tesis inédita (Cambridge, 1977), citada por Coope, Reality and Time, p. 52.
30
La idea fue formulada por Jacqueline Van Praag-Chantraine, Gabriel Miró ou le visage du Levant, terre d'Espagne (París, 1959), p. 413. Se interna por este camino Gloria Videla de Rivero: «Va a asumir la frustración y el encierro de los seres auténticos y buenos, sufriendo de su progresiva lepra redentoramente, encerrándose en el palacio episcopal y muriendo. Pero su acción y su sacrificio van a transformar la ciudad»
(«Captación artística del mundo moral en "Nuestro Padre San Daniel" y "El obispo leproso"», Cuadernos de Filología [Mendoza] 2 [1968] p. 99). «He has died to redeem Oleza, and as he does so, Paulina finds redemption. His death can be interpreted as giving Paulina's family new life»
(Coope, Reality and Time, 155).