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Ricardo Gullón sugiere con cautela: «Quedan zonas de penumbra en cuanto a la significación de la enfermedad; tal vez deba atribuírsele valor de símbolo; acaso el prelado es la víctima propiciatoria, el elegido para salvar a Oleza»
(«Reflexiones en torno a Miró», en La invención del 98 y otros ensayos [Madrid: Gredos, 1969], p. 120). Las tesis de redención y expiación son ahora vigorosamente defendidas por Coope (Reality and Time 47-53). Se cautela aquí, sin embargo, la ambigüedad del autor hacia esa clase de lectura: «Let it be noted, however, that it is the people of Oleza and not Miró himself who interpret the Bishop's death as an expiation»
(ibid., 52).
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La idea convencional del obispo como redentor o víctima expiatoria no sólo se juzga como en sí inconsistente, sino que puede considerarse como desautorizada por el propio Miró: «Either way it suggests that the idea of the propitiatory or redeeming sacrifice is a morally dangerous one»
(«Why is Miro's Bishop a Leper?», p. 70). Con diferencias de por menor, el sacrificio del obispo, aquí basado por MacDonald en la cristología de Harnack (heterodoxa y a su vez orientada en un sentido preexistencialista), no es compatible con las conclusiones del presente estudio.
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Aunque interesado en salvar el sentido cristológico del obispo, MacDonald no deja de verlo como figura al borde del vacío existencial: «If the first irony is that the bishop's leprosy is real before it is symbolic, and the second that the bishop is the opposite of the traditional sinning leper, then Miro's final irony is that he is a redeemer who does not redeem, at least not certainly or absolutely. He is a Christ for the new century»
(«Why is Miró's Bishop a Leper?», p. 71). Por lo que hace a la materialidad del diagnóstico, es oportuno recordar el juicio de un moderno facultativo: «El diálogo (con Grifol) es sabroso e indiscutiblemente el obispo, o mejor dicho, Miró, sabía mucha dermatología, porque en boca del obispo se habla casi de un diagnóstico diferencial extraordinario entre eczemas, herpes, impétigo y soriasis»
(José Luis de la Vega, La enfermedad en la obra de Gabriel Miró [(Alicante-Málaga, 1974] 16).
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Así en, NP, p. 39. Pero más adelante: «Lo supo don Magín y recordó las palabras de Grifol: "No se curará; tiene el dolor en las entrañas"»
(p. 87). En relación con este diagnóstico se ha interpretado también la lepra como «signo exterior paradójico»
, en cuanto la terrible enfermedad produce insensibilidad de la epidermis. Véase G. C. Brown, «The Biblical Allusions in Gabriel Miró's Oleza' Novels», The Modern Language Review, 70 (1975), p. 794. La relativa centralidad del médico Grifol en determinados momentos de la obra ha sido establecida por Marian G. R. Coope, «La insignificancia de don Vicente Grifol y la teoría novelística de Gabriel Miró», Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, 13 (1987), 17-31.
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«Creo que en El obispo leproso se afirma más el concepto de la novela: decir las cosas por insinuación»
, declaraba Miró en 1927 (Autobiografía en Obras completas [Barcelona, 1932] I, p. X).
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Novela estudiada por Kevin S. Larsen, «El hijo santo»: An Erasure in the Mironian Canon», Harvard University Conference in Honor of Gabriel Miró, 63-83, y Miguel Ángel Lozano, «El hijo santo, novela de Gabriel Miró. Consideraciones sobre un olvido», Anales de Literatura Española (Universidad de Alicante), 5 (1986-1987): 267-268.
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Factor esencial, en lo relativo a dicho tema en España, es la siembra realizada por Zola en La faute de l'abbé Mouret, con su reactualización del Génesis para poner lo divino del lado de la libertad sexual. Véanse los estudios de Donald F. Brown, «Two Naturalistic Versions of Génesis: Zola and Pardo Bazán», Modern Languages Notes, 52 (1937), 243-248. «A Naturalistic Versin of Génesis: Zola and Aluizio Azevedo», Hispanic Review, 12 (1944), 344-351. Últimamente Darío Villanueva, «"Los pazos de Ulloa", el naturalismo y Henry James», Hispanic Review, 52 (1984), 121-139. Miró permanece fiel a este legado con el papel que en El obispo leproso continúa asumiendo el tema del Paraíso, con el pecado y transgresión de Pablo y María Fulgencia. Véase Marian G. R. Coope, «Gabriel Miró's Image of the Garden as "hortus conclusus" and "paraíso terrenal"», The Modern Language Review, 68 (1973), 94-104.
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El mismo delicado escrúpulo sentía hacia sus flores el leproso de Aosta: «Si quelques-unes de ces fleurs vous paraissent belles, vous pouvez les prendre sans crainte, et vous ne courrez aucun risque en les portant sur vous. Je les ai semées, j'ai le plaisir de les arroser et de les voir, mais je ne les touche jamais... Je craindrais de les souiller, et je n'oserais plus les offrir»
(Maistre, Oeuvres complètes, p. 217).
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Véase Francisco Márquez Villanueva. «Gabriel Miró, entre filografía y biografía. ("Dentro del cercado")», en el presente volumen.
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Por otro nombre, el gran desarrollo del tema de las añoranzas sentimentales irrealizables, que señala Roberta Johnson. «Miró's "El obispo leproso": Echoes of Pauline Theology in Alicante», pp. 240-241 (sólo que Miró es en esto enteramente romántico y nada cristiano).