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Geraldine M. Scanton, La polémica feminista en la España Contemporánea (1868-1974), Madrid: Siglo XXI, 1976.

 

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I Must..., p. 130.

 

33

Idem, p. 139.

 

34

Idem, p. 150.

 

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Constaba de varias secciones: La Dama y la vida ilustrada; Teatro en España y en el extranjero; Notas de viajes; La Dama y la moda; Bibelots; Frivolidades; Música; Costura; Críticas y comentarios. Colaboró gente como Eduardo Marquina, Manuel de la Vega, Manuel Linares Rivas, Melchor de Palau, Jacinto Benavente, Enrique de Mesa y Miguel Ramos Carrión.

 

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I Must..., pp. 80-81.

 

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Entre la correspondencia privada de Isabel de Palencia existe una carta de Jacinto Benavente, con motivo de la fundación de La Dama, que hace referencia a la importancia de la prensa para la mujer. Con genial y singular estilo, el dramaturgo deja fluir interesantísimas opiniones e irónicos sentimientos y jugando a un curioso cambio de género, lo cual nos proporciona una buena anatomía de su tiempo:

«El periódico es un buen amigo de la mujer. Su varia lectura suple la insuficiente experiencia de nuestra vida. La mujer que más sepa, sabe muy poco por experiencia propia.

Es posible que un hombre sepa del bien y del mal a un tiempo. Ni el bien ni el mal tienen para los hombres tan limitadas fronteras como para nosotras.

Para los hombres, la honra se llama honor, un término de vaguedad.

Con las pocas virtudes y los muchos vicios que le bastan a un hombre para ser considerado en sociedad como un hombre de honor una mujer, dejaría de ser honrada.

Cuando el honor de un hombre anda en opiniones, el hombre lo defiende a estocadas y el honor queda a salvo. Por la honra de las mujeres, tal vez, se baten también los caballeros. Pero si el honor del hombre se salva en esos lances, la honra de la mujer queda muy mal herida.

Las mujeres honradas, como los pueblos felices, no deben tener historia. Y no tener historia es no tener experiencia.

Por eso la mujer debe gratitud al periódico que es su mejor experiencia de la vida.

Y ¡cuanta gratitud le deben los maridos! Cuando, por sus ocupaciones, o sus quehaceres, nos dejan solas en casa horas y horas, en las veladas interminables del invierno, a la luz recogida de una lámpara, al calor de una lumbre que solicitan la intimidad de leales afectos... o en las noches amorosas de verano, cuando por las ventanas de par en par abiertas, llegan de la calle y del cielo, canciones que dicen amor, y silencios que dicen eternidad... el periódico es el buen compañero que viene a encauzar nuestra imaginación a divertirla con sus relatos de sucesos, de cosas...

Sin el periódico, en esas horas de soledad, de abandono, nuestra imaginación volaría demasiado lejos, demasiado alto... y las mujeres ¡pobres mujeres! más expuestas están a caer muy bajo, cuanto más alto vuelan.

Por el periódico halla nuestro corazón su válvula de escape, de seguridad, en emociones dulces ó trágicas.

Nos interesamos por el relato del crimen que, al ser espanto es tal vez advertencia. En las noticias políticas, aprendemos a interesarnos por los destinos de la patria, si nuestro marido es político, por los destinos de nuestro marido.

Por las noticias de la guerra, se exalta nuestro corazón en el heroísmo de los soldados. Y los compadecemos de sus penalidades... que ni vemos ¡Qué crueldad es una noticia!

Leí yo un telegrama de la guerra. Si en él se daba cuenta de una victoria de nuestras armas, el corresponsal entusiasmado decía: La victoria fue decisiva. Nuestros hijos, nuestra madre, nuestra mujer, nuestras hijas. Nada que pueda herirlos ni ofenderlos.

Como los antiguos y nobles paladines, al pelear invocaban a la dama de sus pensamientos, invocad vosotras al escribir, que es también pelear, el nombre de una mujer, la más amada, con el amor más ideal... Y cuando hayan escrito para la mujer, estad seguros de que habéis escrito para la patria; que es la más santa acepción de mujer: ¡Madre!».



 

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En El Sol publicó artículos sobre teatro y comentarios sobre su propia traducción de Anna Christie de Eugene O'Neill. En la prensa extranjera publicó artículos de corte social o político, como la entrevista a la reina Victoria Eugenia, para el Herald. Estas colaboraciones en revistas y periódicos extranjeros se tornan más interesantes en 1936 y en el exilio, para revistas como The Inter-American o Journalista.

 

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El alma del niño, Madrid: V. H. Sanz Calleja, 1921. Fue reeditado en México en 1958 por la editorial Atlante recibiendo buenas críticas en El Excelsior (9-11-58), Novedades (dos artículos, 13-11-58) Claridades (dentro de la sección del exiliado Antoniorrobles, 16-11-58) y en El Socialista Español (París, enero de 1959. Año XIII, n.º 117).

 

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El sembrador sembró su semilla, Madrid: Rivadeneira, 1923. La recepción del libro fue buena por parte de los intelectuales y de las mujeres ilustradas de la época, como lo demuestra la correspondencia de Azorín, Rosa S. de Ortega, Pilar de Zubiaurre, José Alsina, León Domínguez, Ángel Pulido Martín, Salvador Azpiazu, Roberto Fernández Balbuena, J. Pando, J. Moreno Carbonero, S. Gómez de la Vega... Al té en su honor en el Hotel Palace, asistieron entre muchas personalidades Victoria Kent, Mabel Pérez de Ayala, H. de Echevarría, Trudi Araquistain, Ramón Pérez de Ayala, María de Maeztu, Enrique de Mesa, Concha Espina, H. Peñaranda de Grau...