Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
 

81

Núm. 16. Cito por la ed. de Guarner, págs. 136-137.

 

82

Véase Vernant, Mito y pensamiento en la Grecia antigua, Barcelona, Ariel, 1973, y Levin, The Myth of the Golden Age in the Renaissance, Oxford University Press, 1972.

 

83

A Claudio le dice: «Y tú en reír y yo en llorar ¡qué extremos! / Demócrito y Eráclito seremos» (núm. 4, fol. 2 r.).

 

84

Núm. 19. He citado por la ed. de Montesinos de Clásicos Castellanos, Lope de Vega, Poesías líricas, Madrid, Espasa-Calpe, 1952, II, págs. 150-151. En Amarilis, ed. cit., pág. 30, y otros poemas de la época, hay antecedentes de esa edad de engaño o hierro que con tanta dureza modula en El Siglo de Oro.

 

85

En las quejas de 1631 se le nota al poeta su estratégico hacer, muy equilibrado. (Tal vez entonces consiga un corto beneficio, véase Rennert y Castro, pág. 335). En 1632 y 1633 empieza a traicionarle su ira, y hay pasajes de cierta confusión, motivada porque atiende a la guerra con Pellicer y con los dramaturgos jóvenes, y a trechos hay contención de autocensura. En los poemas que nos han ocupado de las Rimas de Burguillos, en Amarilis y en la elegía a Paravicino hay una clara elevación y superación de los problemas. Pero en Filis y El Siglo de Oro, evidentemente por el rapto de la hija, su agresividad es mucho mayor. Felicio se aparta de este último estado de ánimo, lo que podría indicar que, al escribirla, Antonia Clara no se había fugado. Desde luego, la muerte lejana de Lopito no le produjo la pena ni, claro está, la rabia que la fuga de Clarilis. Esto tiene interés para el proceso de esta crónica, pues en la muerte del hijo estamos ante los designios divinos, por lo que no hay protestas, sino al final, contra la muerte, de tanta tradición en un planto; pero en los sucesos de la hija interviene el mundo de Palacio, redoblando con ello el menosprecio por sus pretensiones, y aquí sí hay poesía de protesta. Asensio, al comentar Huerto deshecho, en su trabajo tantas veces citado, pág. 25, explica agudamente: «Las desventuras de las flores le sirven aquí de vehículo a ideas turbadoras: el desorden de un cosmos en que el sol no da luz y vida, paralelo al de una sociedad en que el rey no ampara a su poeta. El mundo parece volver al caos, la cadena áurea que liga a los seres amenaza quebrarse... Quizá Lope empieza a dudar de sus propias invenciones y se siente vivir en un mundo inseguro, dominado por el desengaño. Pero está tan inmerso en la atmósfera de su tiempo, que no acierta a imaginar un orden diferente».

 

86

Núm. 3. Notició del Espectáculo de las fieras, fols. 3 r.-11 v. La cita en el 7 r.

 

87

Núm. 3, fol. 16 v.

 

88

Núm. 3, fols. 54 v.-59 r. Los sonetos en 18 r. y v.

 

89

Op. cit. en el núm. 14.

 

90

Pedraza interpreta esta muerte a manos humanas como un deus ex machina, lo que en algún aspecto se contradice con su recta interpretación del poema. Basta recordar la bibliografía sobre tragedia y tragicomedia en Lope y la referente a cuando «el poeta escribe historia» o inventa.