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ArribaAbajoOtros poemas

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ArribaAbajoEl gran rebelde


El héroe encadenado mantiene en el rayo
y el trueno divinos su fe inquebrantable
en el hombre


ALBERT CAMUS                



ArribaAbajo En los límites del mundo
-no lejos del mar
a una escarpada roca encadenado
-ladrón de la flor resplandeciente
      espera un hombre.  5

Su libertador no ha nacido aún.
Pero ya su gloria es eterna.

  —68→  


ArribaAbajoNáufragos de la vida y la muerte


...él es más duro que su roca y más paciente
que el buitre que lo ronda


ALBERT CAMUS                



ArribaAbajo Tal vez no lo recuerdes: el mar arrulla desde siempre,
diariamente se acuesta sobre laureles marchitos,
emborrachándose con vino de líquenes y algas,
perfumando levemente las horas del tedio y la nostalgia.

Hemos anclado de noche en medio de los hombres  5
gustando la dulce miel de las sirenas.
No quisimos morar, allá, donde el sol se pone.
¿Recuerdas?

Lejos, entre las piedras blancas de la playa,
aquel verano el viento reconoció al extranjero  10
y con un soplo ardiente y espeso
protegió los tesoros ocultos en la arena.

No volveremos a esa tierra pródiga en muertes y perfidias.
Hemos colgado las alas definitivamente.
Somos apenas un puñado de ángeles abandonados del destino,  15

desterrados
que buscan, a tientas, los caminos tortuosos del olvido
musitando palabras sordas, inexorables, llenas de rencor
y de niebla.
—69→

Pero tú no te detengas, viajero. Sigue tu senda  20
sin mirar tras las huellas que dejaron tus pasos,
sin pensar en las madres sentadas junto al fuego
en las chozas de barro, frente a las palmeras.

No permanezcas de pie en este lugar sagrado,
el bosque te está convocando con su voz verde y espesa,  25
debes partir hacia el centro de las cosas,
hacia donde la luz llama
con su ternura de ojos
iluminando el alba.

No preguntes. No lamentes la suerte nuestra.  30
Hemos sido justificados en la vida y en la muerte,
al principio y al fin de la aventura.

En cuanto a mí, soberbio hijo de la ira del dios,
supremo sacerdote de la belleza
condenado a las penas volcánicas:  35
me entrego sin temor a la voluptuosidad de los dioses,
al rayo y al trueno, en las tinieblas,
escuchando bajo mis pies
el sibilante litigio de las serpientes.

Mensajero, ven... No me abandones  40
sin que, por un instante, susurre en tus oídos
la palabra secreta.

  —70→  


ArribaAbajoCosmonauta


a Gagarin




ArribaAbajo Por los caminos del sol, en el espacio asombrado,
primero latió tu corazón campesino.

En tu inmaculada esfera de silencio,
violando el abismo, subordinaste cielos
para abrir, con voluntad de obrero,  5
la puerta al infinito.

Tu espíritu, interminablemente en órbita,
brillará con las estrellas
o pensará en la otra cara de la Luna
y en su mar de polvo  10
cuando la lluvia nos traiga tu presencia
enrarecida de vacío.

Queda tu huella en las constelaciones,
camarada del misterio, hijo del Cosmos,
ángel sin Dios,  15
pero creyendo
que el hombre viaja hacia un destino de Galaxias
y lucha contra la Nada inmensa.

Eres
el nuevo Adán,  20
—71→
primero
en caer hacia arriba
contra las leyes eternas.

  —72→  


ArribaAbajoEn las arenas de un mar de la luna


a los que vinieron en paz,
en nombre de la humanidad




ArribaAbajo Y al fin llegaron, en paz.

Como pájaros de plata
yo los vi bajar,
-leve sueño meteórico
de mis cráteres en sombra-.  5

Vinieron a llenar el silencio
del vacío
sobre las arenas de un Mar
donde no sonaban las voces
ni se escuchaban los pasos  10
desde que los ángeles partieron.

En nombre de la humanidad, vinieron
cruzando el abismo,
trayendo la semilla, la mujer, la poesía,
la gloria que me robaron los soles.  15

Desde el Tercer Planeta:
oxígeno y estroncio,
vida y muerte,
astronauta,
llegaste  20
con la Vida.

  —73→  


ArribaAbajoLa flor con un sol adentro


a los que hacen el amor y no la guerra




ArribaAbajo Dolor fue la costumbre,
flor amarilla y sin nombre. Sola.
Lluvia de fuego madura
tu amargo arroz de la guerra.

Aunque mi corazón no vuelva  5
y el luto calle mi silencio,
ya nadie puede vencer
la Flor con un Sol Adentro en su reino.
Sólo el aliento decrece
entre tus niños pálidos.  10

Torres muertas
más allá de mis caricias
lloran en rostros tiernos
a orillas de un país asolado.
El viento detiene sus quejas  15
bajo paracaídas rojos.

Busco las ramas nuevas
en los jardines soñados
de un monasterio en ruinas
porque los Budas tienen  20
lo que no tengo.
—74→

Sueño todos los días
con los monjes de manos apagadas,
pero el napalm alcanza
la ciega soledad de mis islas.  25

1968

  —75→  


ArribaAbajoÑemosê rire


Ruinas jesuíticas, Trinidad (1767)




ArribaAbajo Oye mi voz bajo las piedras
gemir con las abejas.
Viene del pueblo
que desde los yerbales
contemplaba el lucero  5
y aún camina
en busca de justicia.

Alguna vez vimos el mar
Mba'e-Vera-Guasu de los chamanes
más allá de los palmares sagrados.  10
Cuando las aguas subieron
para el castigo
los hombres-dioses partieron
y nos quedamos solos
con la muerte.  15

¡Ha che Pa'i Marangatu!
¿Quién detendrá
la vara
del Kapitandusu
sobre mi pueblo?  20

  —76→  


ArribaAbajoDespués de la expulsión


Ruinas Jesuíticas, Trinidad (1970)




ArribaAbajo La raza de larga cabellera
ha vuelto hoy
sobre las ruinas.

Desde la selva
han visto al Cuervo sobre el Ángel,  5
a la rosa de piedra,
a la torre arbolada
del Yvy Maraê'

  —77→  


ArribaAbajoRío de las coronas



Gran río de las coronas,
andas coronando el día

CARLOS VILLAGRA MARSAL                


a Oscar y Ana Iris



ArribaAbajo En un instante de candor
-tristes náufragos de la desidia-
cantamos  5
arrastrados
por la sucia corriente de la desesperación
arrojados
hacia un mar blanco
de pereza y fastidio.  10

Entonces solitario
frente a los hombres
te has reclinado
desnudo
como un fuego fatuo y delirante  15
viejo verdugo de almas dóciles
arrastrando sobre la arena
tu callada cadena
disfrazada de sombras.

Qué lentas corren tus ondas  20
cegándonos con el limo
de la impotencia.
—78→

Como un mendigo descalzo
entre murmullos
nos conduces quedamente sin saberlo  25
hacia la playa anónima
de un cementerio sin nombre.

Escucha en el silencio
las hormigas del tedio
negro kupi'i de nuestras almas  30
socavando lentamente entre bostezos
la fresca savia de nuestras vidas.

¿Recuerdas acaso las siestas
de engaño húmedo y sofocante?
¿Olvidas tu absurdo y tibio destino?  35

Duerme río de nuestra historia
el sueño final de los que nunca
llegaron a abrir los ojos.

  —79→  


ArribaAbajoIn memoriam P.G.O.



Que la oscuridad te sea leve, padre,
y mi recuerdo ilumine
cada día -como un suave destello- las sombras



ArribaAbajo Un lecho
como puente entre dos vidas,  5
uniendo
el nacimiento y la muerte.

Bajo las sábanas,
rescoldos de una vida
que aún ayer  10
alentaba la esperanza.

Ojos y manos
cerrados con fuerza
sobre el último instante de agonía.

Palidez  15
sobre el perfil sereno.
Noche
sobre los párpados cansados.
Soledad
del que ya no espera  20
la presencia de nadie.

Es llegado el momento, es la partida:
todo está en regla.
Sin lágrimas ni reproches,
—80→

somos testigos  25
de la voracidad del tiempo
horadando su corazón.

Allá lejos se oye el llanto:
nuestra herencia.

  —81→  


ArribaAbajoAlto sol



Qu'a ce reffrain ne vous remaine:
¿Mais ou sont les neiges d'antan?

FRANÇOIS VILLON                



ArribaAbajo El alba
de tus perfumes
regresa del mar  5
a las alcobas de la noche
y retornan del exilio
los galeones del recuerdo.

Quizá no vuelvan
las viejas nieves de antaño  10
ni en Aquitania esperen
Aéliz - Galiana - Alienor
aunque yo sueñe
bajo las frescas tiendas del verano
y alguna tarde te alcance  15
oh alto sol de mi infancia.



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ArribaAbajoTraducciones

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De T.S. Eliot («Four Quartets - Burnt Norton»):





ArribaAbajo- III -


De T.S. Eliot («Ariel Poems»)


ArribaAbajo Aquí hay, un lugar de desafecto
tiempo antes, y tiempo después
en mortecina luz: ni diurno rayo
confiriendo forma con lúcida quietud
convirtiendo la sombra en transitoria belleza  5
con lenta rotación sugiriendo permanencia
ni oscuridad que purifique el alma
vaciando lo sensual con privaciones
limpiando el afecto de lo temporal.
Ni plenitud ni vacío. Sólo un aleteo  10
sobre los tensos avejentados rostros
distraídos de la distracción por la distracción
llenos de fantasías y vacíos de sentido
túmida apatía sin concentración
hombres y trozos de papel, arremolinados por el viento frío  15
que sopla antes y después del tiempo.
Viento entrando y saliendo de pulmones malsanos
tiempo antes y tiempo después.
Eructos de almas enfermizas
en el aire marchito, lo torpe  20
arrastrado por el viento que barre las lóbregas colinas de
Londres,
Hampstead y Clerkenwell, Campden y Putney,
—86→
Highgate, Prirnrose y Ludgate. No aquí
no aquí la oscuridad, en este mundo de trinos.  25

Desciende más abajo, desciende solo
al mundo de perpetua soledad,
mundo no mundo, sino aquello que no es mundo,
oscuridad interna, privación
y falta de toda propiedad,  30
desecación del mundo del sentido,
vaciamiento del mundo imaginario,
ineficacia del mundo del espíritu;
éste es el único camino, y el otro
es el mismo, no en movimiento  35
sino en abstención de movimiento; mientras el mundo se mueve
en apetencia, por sus metálicos caminos
del tiempo pasado y el tiempo futuro.

  —87→  


ArribaAbajoUn canto para Simeón


De T.S. Eliot («Ariel Poems»):


ArribaAbajo Los jacintos romanos, Señor, florecen en los vasos
y
el sol invernal se arrastra por colinas de nieve;
la terca estación se ha detenido.
Mi vida es liviana, esperando el viento de la muerte  5
como una pluma en el dorso de mi mano.
Polvo en la luz y recuerdo en las esquinas
esperan el viento que congela hacia la tierra muerta.

Concédenos tu paz.
He caminado muchos años en esta ciudad,  10
he guardado la fe y el ayuno, proveído a los pobres,
he dado y recibido honor y ocio.
Nadie fue nunca echado de mi puerta.
¿Quién recordará mi casa, dónde vivirán
los hijos de mis hijos  15
cuando llegue el tiempo de la desgracia?
Tomarán la senda de las cabras, y el hogar del zorro,
huyendo de rostros extranjeros y de extranjeras
espadas.
Antes del tiempo de las sogas y los azotes y lamentaciones  20
concédenos tu paz.
Antes de las estaciones de la montaña de la desolación,
antes de la hora segura de la aflicción maternal,
ahora en esta época de nacimiento del deceso,
—88→
deja que el Niño, la Palabra que aún no habla ni es  25
pronunciada,
otorgue el consuelo de Israel
a uno que tiene ochenta años y carece de futuro.

Según tu palabra.
Te alabarán y sufrirán en cada generación.  30

Con gloria e irrisión,
llama sobre llama, subiendo la escala de los santos.
No para miel martirio, el éxtasis de pensamiento
y oración,
no para mí la última visión.  35
Concédeme tu paz.
(Y una espada atravesará tu corazón,
el Tuyo también).
Estoy harto de mi vida y de las vidas de aquellos
que vendrán,  40
muero en mi propia muerte y en la de aquellos
que vendrán después de mí.
Deja a tu siervo partir,
después de ver tu salvación.

  —89→  


ArribaAbajoMarina


De T.S. Eliot («Prufrock»):

¿Quis hic locus, quae regio, quac mundi plaga?


SÉNECA                



ArribaAbajo Qué mares qué costas qué grises rocas y qué
islas
Qué agua lamiendo la proa
Y fragancia de pino y el tordo cantando
entre la niebla  5
Qué imágenes vuelven
Oh hija mía.

Los que afilan el diente del perro, significando
Muerte
Los que brillan con la gloria del colibrí,  10
significando
Muerte
Los que se sientan en el chiquero de la satisfacción, significando
Muerte
Los que sufren el éxtasis de los animales, significando  15
Muerte

Se han hecho insustanciales, reducidos por un viento,
Un aliento de pino, y la niebla del canto en el bosque
Por esta gracia disuelta en su lugar
—90→

Qué es este rostro, menos claro y más claro  20
El pulso en el brazo, menos fuerte y más fuerte-
¿Dado o prestado? más distantes que las estrellas y más próximos
que el ojo

Susurros y pequeñas risas entre hojas y
apresurados pies  25
Bajo el sueño, donde todas las aguas confluyen.

Bauprés agrietado con hielo y pintura agrietada de
calor.
He hecho esto, lo he olvidado
Y recuerdo.  30
Los aparejos débiles y la vela podrida
Entre un junio y otro septiembre.

Hice esto ignorante, semi-consciente, desconocido,
mío.
La quilla hace agua, las junturas necesitan calafateado.  35
Esta forma, esta cara, esta vida
Viviendo para vivir en un mundo de tiempo más allá de mí; dejadme
Renunciar mi vida por esta vida, mi lenguaje por aquello no-
dicho,
Lo despierto, los labios entreabiertos, la esperanza, los nuevos barcos.  40

Qué mares qué costas qué islas de granito hacia
mis maderas
Y el tordo llamando entre la niebla
Hija mía.

  —91→  


ArribaAbajoLa figlia che piange


De Dylan Thomas («Collected Poems»)


o quam te memorem, virgo...

ENEIDA I, 327                



ArribaAbajo Yérguete en el piso más alto de la escalera-
recuéstate en un ánfora de jardín-
teje, teje la luz del sol en tu cabello-
ciñe tus flores con sorpresa dolorida-  5
arrójalas al piso y vuélvete
con un fugitivo resentimiento en los ojos:
pero teje, teje la luz del sol en tu cabello.

Así lo habría hecho partir,
así la habría hecho quedarse y sufrir,  10
así hubiera partido él
como el alma deja el cuerpo roto y lastimado,
como la mente abandona el cuerpo que Iza usado.
Debería encontrar
algún modo incomparablemente leve y mudo,  15
alguna manera que comprenderíamos ambos,
simple e infiel como una sonrisa y un apretón de manos.

Ella se alejó, pero con el tiempo otoñal
dominó mi imaginación por muchos días,
muchos días y muchas horas:  20
—92→
su pelo sobre sus brazos y sus brazos llenos de flores.
¡Y me pregunto cómo habrían estado juntos!
Yo habría perdido un gesto y una pose.
A veces estas reflexiones todavía asombran
la turbada medianoche y el descanso del mediodía.  25

  —93→  


ArribaAbajoElegía


De Dylan Thomas («Collected Poems»):


ArribaAbajo Demasiado orgulloso para morir; destrozado y ciego murió
De la manera más atroz, y no volvió la espalda,
Hombre frío y bondadoso bravo en su estrecho orgullo

En aquel día aciago. Oh por siempre pueda
El yacer blandamente, al fin, sobre la última, cruzada  5
Colina, bajo la hierba, enamorado, y allí crecer

Joven entre los largos rebaños, y nunca reposar perdido
O quieto todos los innúmeros días de su muerte, aunque
Sobre todo él añoraba el pecho de su madre

Que era descanso y polvo, y en la bondadosa tierra  10
La más oscura justicia de la muerte, ciega y no bendita.
Que no encuentre paz sino sea prohijado y hallado,

Yo rezaba en la acuclillada pieza, junto a su ciego lecho,
En la silenciosa casa, un minuto antes
Del mediodía, de la noche y de la luz. Los ríos de la muerte  15

Veteaban su pobre mano que yo sostenía, y vi
A través de sus ojos ciegos hasta las raíces del mar.
(Un hombre viejo y atormentado tres-cuartos ciego,
—94→

No me siento tan orgulloso de gritar que Él y él
Nunca nunca desaparecerán de mi mente.  20
Todos sus huesos llorando, y pobres en todo menos en dolor,

Siendo inocente, se aterrorizó de su muerte
Odiando su Dios, pero lo que fue era claro:
Un viejo hombre bondadoso bravo dentro de su ardiente orgullo.

Los bastones de la casa eran suyos; los libros que poseía.  25
Aún siendo niño nunca había llorado;
Tampoco ahora, salvo a su secreta herida.

De sus ojos vi la última luz resbalar,
Aquí en medio de la luz del dominante cielo
Un viejo hombre ciego está conmigo a donde voy  30

Caminando en las praderas del ojo filial
Sobre quien un mundo de desgracias cayó como nieve.
Lloró mientras moría, temiendo al final el último

Sonido de las esferas, el mundo apagándose sin aliento:
Demasiado orgulloso para llorar, demasiado frágil para detener las lágrimas,  35
Y apresado entre dos noches, la ceguera y la muerte.

Oh la herida más profunda de todas que tuviera que morir
En el más negro día. Oh, pudo esconder
Las lágrimas de sus ojos, demasiado orgulloso para llorar.

Hasta que yo muera no me abandonará)  40

  —95→  


ArribaAbajoNo vayas dócilmente hacia la bondadosa oscuridad


De Ezra Pound («A draft of XXX Cantos»):


ArribaAbajo No vayas dócilmente hacia la bondadosa oscuridad.
La vejez debería arder y bramar al fin del día;
Encolerízate, protesta contra la muerte de la luz.

Aunque los sabios al final saben que la oscuridad es cierta
Porque sus palabras no han hendido el rayo, ellos  5
No van dócilmente hacia aquella bondadosa oscuridad.

Los hombres buenos, contra la última ola, quejándose de lo brillantemente
Que sus frágiles hechos podrían haber danzado en una verde bahía,
Se encolerizan, protestan contra la muerte de la luz.

Hombres salvajes que apresaron y cantaron al sol en vuelo,  10
Y aprendieron, demasiado tarde, que ellos lo apenaron en su marcha,
No van dócilmente hacia la bondadosa oscuridad.

Hombres solemnes, próximos a morir, que ven con cegadora visión
Que los ojos ciegos pueden arder como meteoros y ser alegres,
Se encolerizan, protestan contra la muerte de la luz.  15
—96→

Y tú, padre mío, allí sobre la triste altura,
Maldíceme, bendíceme ahora con tus fieras lágrimas, te ruego.
No vayas dócilmente hacia la bondadosa oscuridad.
Encolerízate, protesta contra la muerte de la luz.

  —97→  


Arriba- I -


Arriba Y luego bajamos a la nave
Enfilamos la quilla hacia las olas, deslizándonos en el divino mar, e
Izamos mástil y vela sobre aquella nave morena,
Cargando ovejas a bordo, y también nuestros cuerpos
Oprimidos por el llanto, y los vientos de popa  5
Nos impulsaron adelante con hinchadas velas,
De Circe este artificio, la diosa de trenzada cabellera.
Luego nos sentamos en medio de la nave, el viento atorando el timón,
Así con velas desplegadas, navegamos sobre el mar hasta el ocaso.
Acunado el sol, las tinieblas sobre el océano,  10
Llegamos entonces al confín del mar más profundo,
A la tierra de los Cimerios, y a populosas ciudades
Cubiertas de entretejida niebla, jamás violada
Por el brillo de los rayos solares
Ni la bóveda estrellada, ni mirando desde el cielo  15
La más oscura noche se extendía sobre los míseros mortales.
Y al refluir el océano, llegamos entonces al lugar
mencionado por Circe.
Aquí, Perimedes y, Euríloco, cumplieron el ritual,
—98→

Y desenvainando mi espada del muslo  20
Cavé la fosa cuadrada;
Hicimos libaciones a cada muerto,
Primero aguamiel y luego el dulce vino, agua mezclada con blanca harina,
Dije entonces muchas oraciones a las pálidas cabezas de los muertos;
Como se acostumbra en Ítaca, toros estériles de los mejores  25
Para el sacrificio, llenando la pira de cosas,
Una oveja aparte para Tiresias, negra y con cencerro.
Oscura sangre corrió sobre la fosa,
Almas del Erebo, cadavéricos muertos, de novias
De jóvenes y ancianos que mucho padecieron;  30
Almas manchadas por recientes lágrimas tiernas doncellas,
Hombres numerosos, heridos por las broncíneas puntas de las lanzas,
Botín de guerra, llevando todavía sangrientas armas,
Estos se agolparon a mi alrededor; gritando,
Palideciendo, pedía mis hombres más bestias;  35
Degollamos las reses, ovejas muertas por el bronce;
Vertimos aceite, clamando a los dioses,
A Plutón el fuerte, y elogiamos a Proserpina;
Desenvainé la angosta espada,
Y me senté para atajar a los impetuosos impotentes muertos,  40
Hasta que pudiera oír a Tiresias.
Pero primero llegó Elpenor, nuestro amigo Elpenor,
Insepulto, arrojado sobre la ancha tierra,
Cuerpo que abandonamos en la mansión de Circe,
Sin haber llorado por él, sin amortajarlo en sepulcro, ya que otras tareas nos apremiaban.  45
—99→

Espíritu digno de piedad. Y exclamé con aladas palabras:
«¿Elpenor, cómo arribaste a esta playa oscura?»
«¿Viniste a pie, sobrepasando a los marinos?»
Y él con solemne discurso:
«Destino adverso y abundante vino. Dormí en el hogar de Circe.  50
Bajando la larga escalera descuidado,
Caí contra la muralla,
Desnucándome, el alma buscando el Averno.
Pero a ti, Oh Rey, te pido me recuerdes, no llorado, insepulto,
Amontona mis armas, que sea mi tumba la orilla del mar, y mi epitafio:  55
'Un hombre infortunado, con fama en el futuro'.
Y colocad vertical el remo que yo mecía entre mis compañeros».

Y vino Anticlea, a quien rechacé, y luego Tiresias el Tebano,
Asiendo su vara de oro, me conoció, y habló primero:
«¿Por segunda vez? ¿Por qué? hombre de mala estrella,  60
¿Enfrentando a los desolados muertos en la región del llanto?
Salde la fosa, déjame beber la sangre
Para profetizar».
Y retrocedí,
Y él, fortalecido con la sangre, dijo entonces: «Odiseo  65
Regresará a través del rencoroso Neptuno, por negros mares,
Perdiendo todos sus compañeros». Y luego vino Anticlea
Permanece quieto Divus. Quiero decir, es decir Andreas Divus,
—100→

In officina Wecheli, 1538, sacado de Homero.
Y navegó, pasando Sirenas y de allí afuera y lejos  70
hacia Circe.
Venerandam,
En frase del cretense, con dorada corona, Afrodita,
Cypri munimenta sortita est, llena de mirto y oricalco, con doradas
fajas y cintas pectorales, tú la de los párpados oscuros  75
Llevando la rama dorada de Argicida. De tal manera que:





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