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Memoria y testimonio en dos textos de Clorinda Matto de Turner

Gloria María Hintze





El presente trabajo surge en el marco de un proyecto relativo a la relación entre el proceso político-ideológico de consolidación del sistema de la República liberal y democrática y el testimonio vertido en autobiografías, cartas, memorias, diarios de mujeres y hombres que participaron activamente en esos procesos. Sus impresiones o recuerdos inciden de una manera especular en la construcción del pensamiento latinoamericano. Estas tipologías textuales nos permiten interpretar la ideología, percibida como sistema básico de creencias que fundamentan las representaciones sociales de un grupo1, condicionada por el uso del discurso. Es importante tener en cuenta esta dimensión discursiva de la ideología ya que una lectura analítica de los textos posibilita observar la construcción de una subjetividad propia, elemento clave de ese tipo de producciones, que dialoga o polemiza con los discursos hegemónicos.

Nos interesa señalar que en el caso de la autobiografía se recurre, fundamentalmente, a la memoria porque en general de lo que se trata es de reconstruir el pasado y allí se plantea otro problema: el uso que se hace de ese pasado recuperado y el rol que debe tener en el presente. Esta postura implica reconocer que la memoria mira hacia el pasado y sólo recupera algunos datos que quedaron registrados recreándolos tal como cree haberlos vivido. La memoria reelabora el pasado para hacerlo presente en función de un proyecto o fin determinado. En esa reconstrucción interviene la experiencia de quien narra por lo cual se relata en función de la significación que esos hechos han tenido para esa persona. La importancia de la experiencia personal, aliada a la oportunidad de ofrecerse como relato, establece la legitimidad del yo y lo autoriza a tomar como tema su existencia pasada. Esa memoria da forma y reorganiza el pasado en imágenes del presente de modo tal que «los recuerdos y la realidad presente establecen una relación continua y recíproca, influyéndose entre sí, y determinándose mutuamente de una forma constante»2. La reelaboración de los sucesos se transforma en una narración de la experiencia que se inscribe en una temporalidad y da sentido así a una vida que de este modo puede reparar una identidad herida.

Nos interesa también aclarar otro aspecto relativo a la elección de la tipología textual sobre la cual se construye la inflexión autobiográfica. Nos referimos a las divergencias entre las llamadas narraciones autobiográficas y el diario de viajes que deviene necesario para este trabajo ya que nos ocuparemos de dos textos de la escritora cusqueña Clorinda Matto de Turner: «En el Perú. Narraciones históricas» (1902)3 y Viaje de Recreo (1909). La primera persona es el soporte común de ambos tipos textuales sólo que, en el segundo, lo escrito se fija en la cotidianidad4, en la necesidad del autor/ra de dar cuenta de sus impresiones y sentimientos provocados por los acontecimientos. En el diario no existe prácticamente separación entre lo vivido y lo escrito resultado de la inmediatez de esta escritura para rescatar el acontecimiento del que se quiere dejar constancia. En la autobiografía, el narrador trabaja con la memoria donde se manejan conocimientos pero también emociones y, en esa posibilidad de recordar se selecciona y rememora aquello del pasado que sostiene la propia identidad.

Es importante señalar, también, la relación entre autobiografía y memorias ya que en estos textos, la narración de la vida del autor está contaminada por aquélla de los acontecimientos testimoniados que adquieren un lugar de privilegio5. En ambos casos es importante preguntarse con Elizabeth Jelin6 de qué hablamos cuando hablamos de memorias y ella señala que se pueden distinguir dos tipos de memorias, las habituales y las narrativas destacando que son éstas las que le interesan en tanto toda narrativa del pasado implica una selección.

Las memorias constituyen la narración de lo visto, oído y vivido por lo cual es difícil hacer una distinción profunda con la autobiografía. Generalmente, los dos campos se tocan ya que en ambos la narración del yo desencadena la retrospección. El yo no sólo se observa a sí mismo y a los otros yo con los que interactúa, sino también a un determinado contexto histórico que puede ser objeto de mayor o menor atención. Es decir, esa narración se desarrolla en un contexto espacio-temporal determinado y la memoria opera una selección de aquellos recuerdos o hechos significativos que ese narrador decide recuperar como forma de reconstruir su identidad o la de la memoria colectiva. «La memoria es selectiva: la memoria total es imposible»7. Los discursos sobre memorias se proponen dar una visión individual de los hechos, una versión otra de ciertos acontecimientos. Apoyados en una intención documentalista formalizan un relato alternativo, una manifestación disidente como forma de reflexionar e interpretar los sucesos ocurridos que han dejado huella tanto a nivel individual como colectivo. Desde esta perspectiva, como destaca Anna Caballé8, se puede tratar de memorias justificativas, escritas prioritariamente con la pretensión de explicar la propia conducta política pero también están aquellas otras que procuran encontrar o construir un sentido del pasado.

En el caso de Clorinda Matto de Turner reconstruir episodios de un pasado próximo individual y colectivo le permite recuperar su identidad, justificar su actuación pública. Además, su escritura obedece al propósito de postular otra versión de la historia, ofrecer su propio testimonio. Si aceptamos este supuesto, consideramos que su intención es dejar constancia de los hechos, informar al lector sobre la veracidad de los acontecimientos ocurridos. Por esta razón es importante analizar el nivel de la enunciación, es decir, el momento y también el lugar en que escribe para marcar todo cuanto se halla implicado en ese discurso y que tiene que ver con la necesidad de persuadir al lector. Este discurso memorialístico-testimonial se construye a partir del entrecruzamiento de lo emotivo con lo cognitivo, desde el lugar de testigo de los hechos que se narran lo cual posiciona a la escritora como agente competente para revelar otra historia o, por lo menos, proporcionar otro matiz de los sucesos ocurridos9. El testimonio como género, a su vez, tiene presente un diálogo con el otro, «es un espacio discursivo altamente ideológico y retórico; es la historia pensada desde otro»10 con la voluntad de construir una verdad otra ya que lo que se cuenta refiere directamente a un testigo presencial de los hechos que han sido tergiversados o contados desde otra mirada por la historia oficial11. Esa otra historia se propone como un documento para quebrar la homogeneidad de los discursos dominantes. Es la tarea que Matto se impone desde su propia voz y delega a los lectores la búsqueda de otros registros que ofrezcan credibilidad a los hechos narrados:

«Pongo mi libro en manos de mis lectores, abrigando la pretensión de que en sus páginas hallarán nombres y fechas que más tarde han de ser buscados por los que de literatura se ocupen en nuestro naciente taller americano»12.



En Boreales el relato de los episodios vividos por la autora se contaminan con el de los acontecimientos testimoniados que adquieren un lugar de privilegio, razón por la cual memorias y autobiografía se entrecruzan y se rozan íntimamente. Asimismo, es interesante observar las estrategias, las dimensiones discursivas autobiográficas, la focalización y la selección de los hechos narrados, tanto como el lugar que ocupa esa voz femenina en el momento de producir y publicar su texto.




Datos histórico-políticos necesarios

Clorinda Matto de Turner nació en Cusco, Lima en 1852 y murió en Buenos Aires en 1908 cuando regresa de su viaje por Europa. Participó activamente en la prensa literaria y política de su época y aunque fue reconocida como escritora sufrió el exilio, el saqueo y la destrucción de su casa y de su imprenta.

La reseña de algunos hechos históricos de Perú clarifica la participación pública de Matto durante los convulsionados años de luchas fratricidas. Durante el gobierno de Manuel Pardo, que llega a la presidencia en 1872, se había producido una importante incorporación de mujeres al sistema educativo, tanto en calidad de alumnas como de educadoras, lo cual explica parcialmente el desarrollo del discurso femenino durante la segunda mitad del siglo diecinueve. Las intelectuales exigirán, además de una preparación educativa moderna, un entrenamiento básico que las capacitara para el trabajo. Es importante anotar algunos datos que ejemplifican el campo intelectual de la época. Así, en 1873 se fundaron cuatro Escuelas Normales en Cajamarca, Junín, Cuzco y Lima donde se capacitaba a jóvenes profesoras. Tres años después, en 1876, el Ministerio de Educación dictó un «Reglamento General de Instrucción Pública» estableciendo la obligatoriedad de la educación primaria para hombres y mujeres hasta los doce años. También se promovió el desarrollo del sector educativo privado para la educación de las jóvenes de clase media o alta, establecimientos generalmente dirigidos por laicas o monjas. Es en este período cuando las mujeres inauguran una presencia más firme en el horizonte cultural y político, buscan trascender el espacio privado aunque, en ocasiones, sus mismos hogares se convierten en centros de actividad cultural.

En 1876 el general Mariano Ignacio Prado se hace cargo del gobierno, se separa de los civilistas y busca apoyo en el sector de Nicolás Piérola. En 1879 se declara la guerra con Chile (1879-1883). En ese mismo año, Nicolás de Piérola, asume el gobierno con poderes dictatoriales como Jefe Supremo de la República. Lima es invadida por los ejércitos chilenos y la ocupación del territorio dura hasta 1884. El civilista Francisco García Calderón se dirige a Lima para formar un nuevo gobierno y negociar urgentemente la paz.

Junto a Piérola se encontraba una coalición de jefes militares, partidarios de continuar la resistencia. Este mismo grupo lo depondrá inclinándose a favor del general Andrés Cáceres13. El 3 de junio de 1886, por medio del Partido Constitucional, Andrés Cáceres fue proclamado presidente y su ideología despierta la conciencia política de Clorinda Matto14. Sus escritos pondrán de manifiesto la admiración que sentía por este general a través de estrategias narrativas y de selección de datos que construyen su figura junto con la de la autora mediante un proceso de autojustificación. Así lo dice la autora:

Nuestra lealtad para con el señor Andrés A. Cáceres era otro vínculo más para seguir al glorioso pabellón por él sostenido, y, si cometimos el pecado de mezclarnos en política, fue por el derecho que existe de pensar y de expresar el pensamiento. Las páginas que en 1883 consagramos al general Cáceres pusieron de manifiesto la idea que desde ahora diez y ocho años teníamos formada del ínclito defensor de la honra nacional, del que fue llevado más tarde a regir los destinos de esa patria por él defendida con tesón, con su sangre y sus amarguras. "Defendimos en la prensa, en nuestro semanario Los Andes, la política del partido constitucional, glorificamos el nombre del esclarecido ciudadano que descolló en nuestra patria, y fue llevado por segunda vez a regir los destinos del país; lo hicimos por patriotismo sincero, con desinterés manifiesto, y las consecuencias de nuestra inmiscuición las hemos arrostrado con serenidad, presenciando la destrucción de nuestro hogar, primero, después, la de nuestro taller de trabajo y por último aceptando el camino del extranjero para buscar el pan que no podíamos hallar en aquel suelo cargado de venganzas, de atropellos y de cuanto innoble puede producir la comandita del clericalismo con el pierolismo..."»15.



En 1895 finalizada la guerra civil, como se relata en el texto anterior, sufrió el saqueo de su casa y de su propia imprenta. Proscripta, viaja a Chile y luego a la Argentina donde finalmente se radica. Muere en Buenos Aires el 25 de octubre de 1908. En 1909 se publica póstumamente Viaje de Recreo. España, Francia, Inglaterra, Italia, Suiza y Alemania.




Boreales, Miniaturas y Porcelanas. La historia y el yo

Boreales, Miniaturas y Porcelanas publicado en Buenos Aires en 1902 recoge las páginas éditas o inéditas que en distintos tipos textuales escribió Matto durante el transcurso de varios años. Ella así lo dice:

«[...] y en esa tarde germinó este libro. Hoy lo entrego a la prensa recogiendo en un volumen las hojas que he derramado casi diariamente en faena periodística; unas, que son fruto de labor paciente en la observación y la historia; otras, como haz de páginas esparcidas por el viento huracanado en las horas sin descanso de viajera, de proscrita, de operaría en la factoría de los grandes pueblos donde hay que ganarse el pan a peso de oro. De aquí deriva la necesidad de separarlas por partes; ésta la razón por la cual las titulo: BOREALES, MINIATURAS Y PORCELANAS»16.



El presente trabajo se centra solamente en Boreales, apartado que está dividido a su vez en: «En el Perú. Narraciones históricas», «En Chile. De viaje» y «En la Argentina. La etapa». Se trata de una serie de relatos histórico-políticos teñidos de emotividad subjetiva donde Clorinda narra la historia de Perú a partir de 1886, la guerra civil y el viaje al exilio. Con pasión política describe la derrota de Perú y Bolivia en la Guerra del Pacífico (1879-1883) y representa el contexto político como un infierno. Dice Matto:

«En la capital vivíamos abrasados por una atmósfera calcinada, respirando un aire mefítico por el desborde de las pasiones y el tole tole que se produjo entre milicianos y paisanos, entre los amigos del orden y los partidarios de la revolución»17.



El libro tiene como paratexto una «Introducción» donde la escritora plantea teóricamente la problemática que subyace en estos textos escritos desde la perspectiva del yo y desde la memoria. Clorinda deja constancia de algunos rasgos teóricos que conforman las escrituras autobiográficas, a la vez que elabora aspectos que competen a una poética del género. Se trata, en realidad, de una conciencia formal de los creadores y de las épocas tal como se evidencia en las prácticas formales y también en sus posturas explícitas. Es decir, el modo en que la percepción particular sobre el quehacer literario puede quedar textualizado.

«En mi mente relampagueaba, también, la idea en medio de la tempestad de los recuerdos; y cintilaba en evocaciones fantasmagóricas de cosas reales convertidas casi en ilusorias, por la acción del tiempo, ni más ni menos que los cuarzos del carbono cuajados por los siglos, vienen a ser diamantes que juegan con el iris.

Me detuve a contemplar la tarde..., todo un escenario estimulante a la vibración de mi ser con el recuerdo de la patria»18.



En el ensayo, «En el Perú. Narraciones históricas», la autora diseña un detallado análisis de la situación histórica vivida y se aprecia a sí misma como guía capacitada para hacer comprender al lector esta historia otra. Tal vez intuitivamente, Clorinda Matto comprende que verdad y realidad llegan al texto por una operación de la memoria, que a su vez, se materializa en la escritura. La memoria configura su propia perspectiva de los acontecimientos acorde con unas circunstancias precisas, reelabora los tiempos pretéritos conforme con su personal comprensión del mundo y responde a intenciones y estrategias tanto políticas como éticas y estéticas. Es a través de esta memoria histórica -política, social e individual, como la escritora construye su identidad en un espacio autobiográfico que entiende como su lugar de representación.

Matto, decidida partidaria de Andrés Cáceres, desarrolla el discurso narrativo desde su perspectiva particular y de acuerdo con sus emociones y experiencias pasadas. Recrea el contexto en el que sucedieron los hechos y recupera aquellos que considera deben quedar registrados en la memoria. Al referirse a la memoria, Todorov indaga sobre las relaciones entre ésta y el olvido y señala que «la memoria no se opone en absoluto al olvido. Los dos términos para contrastar son la supresión (el olvido) y la conservación; la memoria es, en todo momento y necesariamente, una interacción de ambos [...] la memoria, como tal, es forzosamente una selección: algunos rasgos del suceso serán conservados, otros inmediata y progresivamente marginados, y luego olvidados [...] Conservar sin elegir no es una tarea de la memoria [...] La recuperación del pasado es indispensable; lo cual no significa que el pasado deba regir el presente, sino que, al contrario, éste hará del pasado el uso que prefiera»19.

En el caso de Matto, los hechos políticos de 1895 impactan tan fuertemente en su ánimo que dejan una huella imborrable. De esta manera, su escritura recogerá las impresiones más profundas, aquellas que considera indispensables para que perduren en el tiempo. Los recuerdos se mezclarán con reflexiones políticas que le conferirán al relato, por un lado, el necesario grado de representación de sí misma y por otro, una fuerte referencialidad documental de una memoria activa que desde lo individual logra trasponer lo privado para convertirse en materia de uso público.

«Morábamos en la casa número 58 de la calle de Calonge [...] La atmósfera estaba candente [...] Habríamos querido trazar una línea roja en este punto del original, pero, estamos narrando episodios históricos, es decir, estamos fotografiando cuadros y la cámara ha copiado la pústula con la misma precisión con que retrata un encaje [...] Era la madrugada del 17 de marzo de 1895 [...] Desde los primeros momentos nuestra casa quedó sitiada en el campo enemigo, separada de los correligionarios por las barricadas de la esquina de Concha y Calonge. Combatientes de la idea, una vez encerrados en el radio enemigo, no teníamos otro recurso que aceptar la situación por el imperio de razones invencibles y convertirnos en espectadores [...] Era un pelotón de gente armada con palos, machetes, sables, pistolas de revólver [...] ¡Parece cosa de ayer! [...] Era el 7 de abril y quisimos ir a ver las ruinas de nuestra casa, pues, se creía todo terminado. Media hora estaríamos contemplando los estragos causados por el saqueo y por el ensañamiento de las gentes, cuando nos trajeron la noticia de que estaban saqueando la imprenta de la calle de Lártiga. Era la nuestra [...] las calles estaban sembradas de tipos de imprenta, rotas las puertas del local, inutilizadas las máquinas. Habíamos perdido la última fuente de vida que nos quedaba para la honrosa labor de buscar el pan con el sudor de la frente»20.



La memoria se impregna de emotividad producto de la violencia política que ha teñido las relaciones sociales. La voz interior aparece como un espacio de reflexión y de autoafirmación, con la convicción de quien está narrando su verdad de los hechos vividos. El arco de la temporalidad se despliega, ligado poéticamente, en el recuerdo de la vida transcurrida en esos precisos hitos que registra. La escritura alcanza una fuerte intensidad pues se trata de circunstancias vinculadas a la política, a las ideas y condensa experiencias unidas a la pérdida de seres queridos.

En los textos de Clorinda Matto la memoria opera como forma de descubrir y de reconstruir esa historia que se teje con las ideas del presente juntamente con las imágenes de las experiencias del pasado. Los acontecimientos rememorados son recuperados a través de la narración, tal como la escritora lo manifiesta en el título del trabajo, y se convierten en «la manera en que el sujeto construye un sentido del pasado, una memoria que se expresa en un relato comunicable»21. Por eso, no sólo narra para explicar su historia sino, también, para deshilvanar el tejido de los acontecimientos y de los sentimientos y transformarlos en un lugar de reflexión para que la memoria actúe como fuerza motora de la historia. Verónica Matus a propósito de la memoria de mujeres señala que la memoria femenina entreteje los acontecimientos públicos y privados desordenada y caóticamente. «Aquí se mezclan los estudios, la experiencia política, el trabajo, los amores, las relaciones sexuales y las experiencias familiares»22. La memoria femenina se construye, sostiene la crítica, de un modo distinto a los registros institucionales, incorporan el acontecer cotidiano, afectivo familiar, «sus tiempos son otros, su organización da cuenta de la experiencia femenina». Así podemos leer en el texto de Matto:

«La noble sangre peruana que nos sustenta parece que se agolpara en borbotones al corazón, tiñendo los puntos de nuestra pluma, cuando queremos recordar algo de aquella guerra cruenta del Pacífico, en la cual el Perú ha pagado con la sangre de sus venas, por sus hijos, con el oro de sus vetas, con el salitre de sus sabanas, con jirones de su propio corazón, mutilado en Tarapacá, y con los grillos del cautiverio, remachados sobre Arica y Tacna; ha pagado, decimos, su leal proceder para con la hermana República de Bolivia; y oleajes desconocidos vienen de los misterios del pasado para avivar la ira santa de nuestra alma y fundirla luego en el crisol de la propia impotencia»23.



En Boreales Matto reivindica la memoria desde la subjetividad de su experiencia, rescata el pasado para recuperarlo para el futuro. En estos escritos autobiográficos-memorialísticos está presente también la intención declarada de la autora de convocar a la armonía nacional frente a la división liberal-católica establecida en la sociedad peruana. Clorinda Matto reclama la unidad de los peruanos como modo de rescatar a su país de la anarquía reinante. De esta manera, los textos de la escritora se pueden leer como no sólo como ejemplo de una tipología textual que se ofrece como creación puramente estética sino, también, como un modo de rebeldía, de denuncia y descontento por la situación político-social que ha vivido el Perú. Como intelectual busca en la historia peruana los modelos que han construido la «patria» y proclama la hora de la paz y reconstrucción nacional. Sus recuerdos son altamente significativos y desde una posición alternativa reclama la posibilidad de narrar lo visto y vivido como modo de recuperar la unidad nacional.

«En el silencio de los sepulcros óyese el ruido sordo de losas que se quiebran... y del fondo de una sepultura se levanta una sombra que [...] vuela del uno al otro confín de la República gritando por doquiera: ¡Unión! ¡Unión! O ¡la anarquía os devorará!»24.






Otra formas del yo. Viaje de Recreo

Publicado en 1909, Viaje de recreo, libro escrito durante el periplo que Clorinda realiza por Europa durante el año 1908, demanda una participación activa del lector en tanto responde a lo que Carrizo Rueda considera propio de este tipo de discursos, es decir, «tiene presente de modo prioritario en su horizonte de recepción que sus informaciones tienen que estar necesariamente en una trabazón íntima con expectativas profundas de la sociedad a la cual se dirigen»25.

El relato de viaje es también una forma de autodiscurso, de autorreferencialidad en donde lo que se cuenta está impregnado de impresiones, sensaciones y sentimientos provocados a la par del recorrido. Es también, como señalamos al comienzo de este trabajo, un tipo textual donde lo escrito se fija en la cotidianidad y es el resultado de la inmediatez de la escritura. «Vano sería intentar la descripción completa de este museo (se refiere al Louvre) pues requeriría todo un volumen: sólo apuntaré impresiones en mi cartera de viaje»26 señala Clorinda Matto de Turner en su libro.

El relato se entreteje con lo autobiográfico que ordena lo vivido según se recrean el hilo de las vivencias o los parajes privilegiados. El libro de viajes, como representación de experiencias vividas, involucra una selección de los datos que registra la memoria que son textualizados según predomine el deseo de reconocimiento o de legitimación. A su vez, tanto el libro de viajes como los diarios o cartas de viaje transcriben los efectos del peso con que lo social marca los destinos individuales y la preponderancia que los hechos de la vida colectiva adquieren sobre la vida interior de los propios autores.

A partir de estas consideraciones analizamos Viaje de Recreo de Clorinda Matto de Turner cuyas páginas detallan los días que transcurren entre el 27 mayo y el 4 diciembre de 1908. La autora testimonia todos aquellos tópicos que como viajera considera deben registrarse. Además, sus descripciones, por momentos extensas y detalladas, dan acabada muestra de su educación basada en un proceso que favorecía la realización de los ideales civilizatorios europeos. El texto fue publicado póstumamente en 1909, en Valencia por la famosa imprenta de Sempere y Compañía a la que Matto visita durante su estancia en Valencia. Los Editores declaran en una nota final su admiración por la escritora:

«Estando en prensa este libro recibimos los periódicos de Buenos Aires comunicando la infausta nueva del fallecimiento de la insigne escritora doña Clorinda Matto de Turner, autora de la presente obra.

La sincera amistad y profunda admiración [...] nos hizo esmerar más en la presentación de Viaje de recreo, creyendo rendir así un tributo póstumo a la memoria de la autora, que deja en la república de las letras un vacío difícil de llenar»27...



El libro estructura la identidad de la sujeto a partir de una toma de conciencia de género a la vez que permite ir perfilando las líneas por donde comienza a conformarse un proceso social que contribuye a desarrollar el feminismo latinoamericano. El relato, a la par que muestra los espacios privilegiados por la escritora según sus intereses culturales, manifiesta una preocupación por temas latinoamericanos y feministas que nos remiten a las ideas que sustentan la actuación de la escritora.

En este tipo de discursos prima la representación de experiencias vividas de las que la viajera extrae nuevos aprendizajes y se caracteriza porque conlleva una identidad entre el nombre del autor, el narrador y el personaje de quien se habla en el relato28. El tiempo de la enunciación coincide generalmente con el tiempo de la escritura lo que nos permite señalar las diferencias con la autobiografía. En ésta el yo del escritor es objeto de representación y su escritura se plantea durante un trayecto especial de la vida del que relata. La autobiografía se convierte en «el relato de la persona madura que generalmente se remonta a un momento de su vida para re-construir la propia imagen: cualquiera sea esta distancia temporal, genera una doble perspectiva en la narración: la del presente de la enunciación y la del pasado recuperado, representado»29.

Por otra parte, Georges May sostiene que la narración de viajes es un auténtico modo de expresión autobiográfica30, razón por la cual, generalmente, fragmentos de relatos de viajes están insertos en las autobiografías. El recuerdo que se verifica en el viaje es muy próximo, no tiene tiempo de decantar los hechos, que se presentan a la conciencia con muy poco discernimiento. Sin embargo, sabemos que sólo perdura en la memoria aquello que la afecta profundamente y que deja huellas imborrables. Es decir que se deja constancia escrita de todo lo que moviliza el despertar de impresiones y de huellas que surgen de la observación de los diversos espacios recorridos. «Entramos en Santos: es una bahía que podría tomarse como un Edén asiático. ¡Qué espectáculo, qué sensaciones supremas ante aquellas márgenes de verdor vivido y perenne, montañas alzadas, cielo riente, atmósfera tibia y perfumada por las plantas de los bosques! Nacida en un país montañoso, después de diez y seis años de vivir en plano, ¡qué intensidad tienen en mi espíritu las sensaciones de esta hora!»31.

El relato se matiza con lo autobiográfico y se organiza según aparecen los recuerdos o al ritmo de las sensaciones que producen los lugares apreciados. Cuando Matto está en Inglaterra, a raíz de la reflexión de un compañero de viaje, recuerda a su esposo, el médico inglés José Turner, que decidió establecerse en Tinta, pueblito situado a 120 kilómetros de Cuzco, para realizar negocios agrícolas y mercantiles.

«¡En qué momento viene a la memoria este profundo pensamiento vivido! Cuando mi planta va a pisar tierra londinense y mi corazón saludar reverente la patria del hombre que amé, de quien fui amada, al cual estuve ligada durante diez años por cadena de afecto, que la muerte cortó con saña cruel. Veintiséis años contaba yo cuando el compañero descendió a la tumba, en un pueblecito triste del interior del Perú, y la desgracia me adoptó por hija»32.



Es importante analizar también las características de la sujeto viajera que se autoconstruye a medida que interacciona con el espacio (geográfico, social y cultural) que describe. Mary Louise Pratt sostiene refiriéndose a las escritoras femeninas del siglo XIX (hace alusión a María Graham y a Floria Tristán) que el viaje les permitía construir sus propias identidades: «Si la tarea de los hombres era recoger y poseer todo lo demás, estas viajeras buscaban en primer lugar y por sobre todo recoger y poseerse a ellas mismas»33. El viaje tiene entonces el propósito de construir el yo a la par que dejar testimonio de un interesante repertorio de experiencias. El relato, escrito al ritmo vertiginoso del viaje, registra explícitamente experiencias y descubre las vivencias que la conectan con los otros. Este «diario de viaje» manifiesta fragmentos del yo en un ejercicio de autorreferencia donde la enunciadora habla de sí misma y a su vez mantiene conversaciones con los lectores.

Mónica Szurmuk34 a propósito del análisis de Idle Days in Patagonia de Williams Hudson enumera los presupuestos de este género y señala:

  1. La narrativa de viajes es un género dominado por la subjetividad del autor/ra presentado también como el/la viajera/a y/la testigo presencial. Es desde esta subjetividad que el autor/la autora crea una comunidad homogénea de lectores;
  2. La narrativa de viajes es un género poco confiable para conocer la otredad (el objeto de estudio, el lugar visitado) pero muy efectivo para entender el proceso de construcción de una comunidad imaginada de lectores;
  3. La mirada objetiva que objetiviza y analiza- condición sine qua non de la narrativa de viajes escrita por los hombres en el Siglo XIX -no existe.

Estos presupuestos se verifican en el libro de Matto construido a partir de una retórica particular. Viaje de recreo está armado al ritmo del movimiento que realiza la emisora cuya subjetividad domina la escritura y establece una doble interacción con los lectores. Por un lado, informa y recrea como un flaneur apelando a la razón, y por otro comparte emociones y construye nuevos rostros feministas, inspirada en los modelos pedagógicos y culturales que visita. El relato permanentemente registra su mirada que, aunque pretende objetiva, se vuelca introspectivamente hacia los intersticios de la memoria y dialoga imaginariamente con su lector al que instala como cómplice de sus reflexiones. De esta manera, la escritura transmite al lector la sensación de constante cambio, de permanente versatilidad, o como subraya Matto, «el carácter ligero de estas páginas»35 y la imposibilidad de «testimoniar todo» porque según declara «tendría muchas páginas que llenar»36. La observación de la sociedad burguesa, la condición política, los nuevos proyectos pedagógicos son objeto de atención como si no deseara que nada fuera omitido a un espíritu ávido de encontrar nuevos espacios para la presencia pública de la mujer.

Esta tipología textual resulta para Matto una forma efectiva de posicionarse frente al mundo propio y al nuevo. Su escritura realiza un recorrido por diversos espacios que componen una cartografía, un mapa textual donde es posible leer los particulares saberes adquiridos o construidos por la escritora. El registro de lo observado y el relato de lo vivido forman un soporte donde constantemente son actualizados los espacios de la memoria que reconstruyen, a su vez, lecturas previas. El viaje se transforma en un nexo entre distintas prácticas culturales que son representadas en la escritura. En Viaje de recreo se cuelan los discursos sobre arte y civilización del positivismo37 como un eco del discurso de la modernidad entendida como experiencia vital en que la sociedad moderna desarrolla una aguda conciencia autorreflexiva y de problematización de la vida. Desde la perspectiva latinoamericana hacemos una lectura según la cual la modernidad se impone en estos países y se establece una relación de dependencia centro-periferia. Es una modernidad vista como producto de transferencias y de acomodación de mecanismos culturales que sólo son simulacros de modernidad por la desigualdad económica y de mercado38. En Viaje de Recreo, se valora lo europeo como símbolo de progreso fruto de las lecturas realizadas desde el espacio propio Perú -Argentina y desde donde se ha construido un mapa particular cuya concreción se logra durante el desarrollo del viaje. Clorinda Matto materializa en el recorrido las ideas que sustentan su ideología positivista donde se privilegian las premisas de ciencia y racionalismo, orden y progreso. Como afirma Fombona Iribarren en el caso hispanoamericano «el viaje resulta ser una práctica fundacional que busca el aspecto programático de ideologías dominantes en el espacio europeo mientras afianza relaciones afectivas hacia la "patria" como lugar familiar»39. Por otra parte, el viaje permite, a quien lo realiza, comprobar, ver, estudiar para trasladar, imitar o corregir aspectos relativos a cada una de las sociedades que se observan.

Matto recorre las ciudades más importantes de Europa y, en cada una, visita espacios simbólicos: museos, cementerios, plazas, palacios, bancos, escuelas, universidades, hospitales, bibliotecas, etc. En relación con este aspecto Nara Araujo habla de la «norma literaria del género: exactitud y topoi recurrentes tales como: descripción de los medios de transporte, ciudades, monumentos, edificios públicos e instituciones»40. El libro de Matto es un muestrario de estos topoi ya que ella registra con detalle no sólo referencias urbanas, culturales o estéticas sino, también, problemas económicos, sociales, sanitarios o laborales donde registra la presencia de los otros, la gente, sitios que la cultura europea ha fijado en el imaginario como espacios simbólicos que transfieren a una ideología determinada. Guiada por un sociologismo positivista rinde culto a una doctrina con la que interpreta la realidad europea. Por eso, admira todo aquello que representa el «progreso», el desarrollo industrial y tecnológico: «Nos concretamos a visitar dos paraderos (estaciones) del ferrocarril eléctrico elevado y subterráneo, que son suntuosos. El servicio ferroviario alemán no le va a la zaga al inglés. Creo que en estas dos naciones está mejor servido que en ninguna otra este ramo revelador del progreso»41.

Por otra parte, el recorrido permite a la escritora rescatar el pasado a través de su memoria («La verdad es que París, el emporio de las diversiones, no ha sido para mí el paraíso deslumbrador, porque mi imaginación fue más allá de la realidad llevada por las descripciones de los viajeros sudamericanos»42) y, a la vez, proyectar construcciones conceptuales futuras. La observación de lo extranjero provoca, por ejemplo, estas afirmaciones que, en alguna medida, resumen lo expuesto anteriormente:

«[...] visitaré algunos edificios, fuera de la escuela de Westminster, que ya conozco; la Universidad de Londres, el Instituto Imperial y el Museo de Historia Natural, que me orientarán por completo sobre locales, mueblaje y distribución de labor, cosas que tal vez pueda utilizar en servicio de aquellos dos países cuyo afecto se confunde en mi corazón como las aguas de los ríos que tributan al mar: Perú, Argentina»43.



Este gesto utilitario de captar lo novedoso, «la civilización», el progreso tiene que ver con la forma de posesión de aquello que compone lo moderno, es decir, lo nuevo como proceso que contribuye a generar beneficios para poner al día a los otros, los lectores.

David Viñas44 realiza una interpretación sociopolítica de la literatura argentina identificando cada una de las etapas con un tipo de viaje según sea la relación que cada generación ha mantenido con la cultura europea. El crítico plantea la presencia de una constante, relativa a los sucesivos papeles que van desempeñando los intelectuales argentinos del siglo XIX y principios del XX. Consideramos que en los textos de Matto se produce una fusión de dos modalidades que se canalizan o vehiculizan en una contaminación entre lo utilitario y lo estético. No hay un utilitarismo egoísta sino necesidad de verificar, trasladar, autoconstruirse y perfeccionar lo visto y vivido en un determinado espacio para luego seleccionar y fundir con las raíces propias. Varios ejemplos podríamos citar sobre esta actitud que nos confirman su pensamiento de entonación positivista. En varias ocasiones declara los objetivos de su viaje: «no obstante, yo no lo visito, porque no he venido a hacer figura en cortes, que ello me sería fácil, sino a estudiar poblaciones y costumbres de pueblos...»45; o cuando está en Roma escribe: «Hoy el interés no es religioso sino investigador»46.

Hay dos gestos importantes que privilegia este tipo de escritura. Por un lado, como hemos señalado, se reconstruye un mapa textual donde se reconocen y afirman los conocimientos adquiridos (lecturas) y, por otro, lo observado y experimentado contribuye a proyectar otros saberes nuevos.

Viaje de recreo constituye de por sí un documento, fruto de la atmósfera de una época, y si por un lado reconstruye la autobiografía particular de quien escribe y firma el texto, por otro ratifica conocimientos adquiridos. La travesía afirma la identidad de Matto y coexiste en ella el afán de seguir el ejemplo de los países más desarrollados. Ella es una testigo privilegiada que puede verificar personalmente la modernidad:

«Me reconcentro y examino. Mis pasiones son fuertes y definidas; arrancan de mi educación primaria bajo la sentencia del trágico to be or not to be. Detesto el agua tibia y los temperamentos indecisos; por eso amo y odio con llaneza y ardor [...] Esta gira europea misma que estoy realizando, sola, cumplidos ya los cincuenta años de existencia, es manifestación comprobatoria de mi carácter... Sí, no nací en Londres, nací en el Cuzco, y me siento llena de orgullo legítimo...»47



Sin embargo, como muchos escritores del siglo XIX, Matto propone la convergencia de valores que favorezcan el desarrollo modernizador. Las convicciones de la época en el progreso y la civilización se basan fundamentalmente en un fuerte proceso de transformación educativa. Por eso, en Alemania, luego de visitar Centros de Enseñanza y Escuelas especiales para la formación de mujeres profesionales escribe:

«Expansiono mi espíritu contando a mi guía los progresos alcanzados en América, donde tiene que trasladarse integra la civilización europea»48.



Al margen de acompañar el proceso modernizador de la mano de aquellas instituciones que lo favorecen, fundamentalmente desde lo pedagógico y lo periodístico, Matto se muestra respetuosa de la heterogeneidad cultural y revaloriza la cultura latinoamericana, en especial la peruana, el arte y las raíces indígenas. En ocasión de visitar la sección Tapicería y Fábricas Textiles en el Victoria and Albert Museum escribe:

«La conservación de la vivacidad de los colores de los tapices, que tanto alaban los visitantes, a mí no me sorprende, porque estoy acostumbrada a ver en el Perú las telas de la época incásica, extraídas de las tumbas originarias de más de seis siglos atrás, con la frescura y el brillo de reciente factura... pero no conocen el champí de los incas peruanos, copas admirablemente cinceladas y con riqueza material por la pedrería»49.






Consideraciones Finales

Viaje de recreo y Boreales «En el Perú. Narraciones históricas» nos permiten realizar una lectura diferente de este tipo de escrituras en tanto resulta necesario reconstruir una genealogía feminista, «establecer filiaciones y afinidades entre textos, se trata de revisar, volver a mirar bajo otro foco las relaciones, en varios sentidos, establecidas por la actividad escrituraria de las mujeres, incluyendo sus lecturas, su formación, sus interpretaciones en general»50. Con referencia a estos discursos y a esta actitud de «volver a mirar» revisamos escritos autobiográficos de Clorinda Matto que traducen su ideología y los postulados feministas que ella aborda también en otras obras.

Boreales, Miniaturas y Porcelana y Viaje de recreo forman parte de un amplio corpus de escritos femeninos de tono reivindicativo que adquieren un importante incremento en el espacio cultural de la modernidad. Josefina Ludmer destacaba hace algunos años la importancia de los llamados géneros menores o escrituras del yo -diarios, diarios de viajes, cartas, autobiografías- como un espacio privado que debía ser revisado y revalorado y apelaba a desentrañar «las tretas del débil». Así sostenía:

«Ahora se entiende que estos géneros menores (cartas, autobiografías, diarios), escrituras límites entre lo literario y lo no literario, llamados también géneros de la realidad, sean un campo preferido de la literatura femenina. Allí se exhibe un dato fundamental: que los espacios regionales que la cultura dominante ha extraído de lo cotidiano y personal y ha constituido como reinos separados (política, ciencia, filosofía) se constituyen en la mujer a partir, precisamente, de lo considerado personal y son indisociables de él. Y si lo personal, privado y cotidiano se incluyen como punto de partida y perspectiva de los otros discursos y prácticas, desaparecen como personal, privado y cotidiano: ése es uno de los resultados posibles de las tretas del débil»51.



Por nuestra parte, hemos señalado con anterioridad52 que Matto es partidaria de un feminismo moderado tal como se verifica en las páginas del Búcaro Americano, periódico de las familias que ella funda en Buenos Aires entre 1895 y 1908. En esa ocasión señalábamos la presencia de mujeres intelectuales cuya actividad se inserta en el campo ideológico de una escritura de mujer que busca asumir la identidad femenina con todas las desventajas sociales que esto implica.

Consideramos que sus ensayos autobiográficos y el viaje a Europa no hacen más que confirmar muchas de las ideas que Matto había defendido desde las páginas de los periódicos mediante diversas estrategias que favorecían la ocupación femenina del espacio público. Estos textos muestran un sujeto que a través del discurso de la memoria o del relato cotidiano de sus impresiones provoca una reflexión sobre el presente y recupera la invisibilidad de hechos históricos que para ella quedaron silenciados.

Asimismo, los escritos se presentan como una rica cantera en tanto permiten reconstruir aspectos del pensamiento político, social y cultural de la época que testimonian. Por otro lado, develan una doble intencionalidad de la autora y de muchas escrituras de la memoria de otras mujeres. La primera de índole racional al proporcionar datos sobre lo visto y vivido, destacando que la memoria remite a una percepción no sólo individual sino social de la época, y la segunda de carácter afectivo y de concientización al mostrar, desde las fuentes mismas, el proceso de gestación y legitimación de un espacio donde dejar «al descubierto su deseo de ejercer el poder de la autointerpretación autobiográfica del mismo modo que en su vida dejaron al descubierto su deseo de participación pública. Tales mujeres se acercan al territorio autobiográfico desde su posición de hablantes en los márgenes del discurso»53.





 
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