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«El éxtasis es una presencia total sin objeto, un vacío lleno. Un estremecimiento atraviesa la nada, una invasión de ser en la ausencia absoluta. El vacío es la condición del éxtasis, como el éxtasis es la condición del vacío», Cioran, Emil, De lágrimas y de santos, Tusquets, Barcelona, 2008, p. 63.

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«Los pensamientos, alimentados con sufrimiento, se vuelven aporías, ese claroscuro del espíritu», Ibid., p. 62. «"El sufrimiento es la única causa de la conciencia" (Dostoievski). Los hombres se dividen en dos categorías: los que han comprendido eso y los demás», Ibid., p. 99.

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«No son los pesimistas, sino los decepcionados, los que escriben», Cioran, Emil, Cuadernos, Tusquets, Barcelona, 2004, p. 179.

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«Cuanto más leo a los pesimistas, más aprecio la vida. Tras leer a Schopenhauer, reacciono como un novio. Schopenhauer tiene razón cuando afirma que la vida no es más que un sueño. Pero incurre en una inconsciencia grave cuando, en lugar de estimular las ilusiones, las desenmascarar haciendo creer que existe algo fuera de ellas. ¿Quién podría soportar la vida si fuera real? Siendo un sueño, es una mezcla de encanto y de terror a la cual sucumbimos», Cioran, Emil, De lágrimas y de santos, op. cit., p. 101.

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«No hay negador que no esté sediento de algún catastrófico sí», Cioran, Emil, Del inconveniente de haber nacido, Taurus, 1981, p. 109. «Todo cansancio esconde una nostalgia de Dios», Cioran, Emil, El ocaso del pensamiento, Tusquets, Barcelona, 2006, p. 225.

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«El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del "sentido" de la vida». Cioran, Emil, Silogismos de la Amargura, Tusquets, Barcelona, 2007, p. 21.

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«La tragedia del ser humano, animal exiliado en la existencia, reside en el hecho de que los elementos y los valores de la vida no pueden satisfacerle. Para el animal, la vida lo es todo; para el hombre la vida es un signo de interrogación. Signo de interrogación definitivo, pues el ser humano no ha recibido nunca ni recibirá jamás respuesta a sus preguntas. No sólo la vida no tiene ningún sentido, sino que no puede tenerlo», Cioran, Emil, En las cimas de la desesperación, op. cit., p. 180. «El hombre no está satisfecho de ser hombre. Pero no sabe hacia qué regresar, ni cómo volver a un estado del que ha perdido todo recuerdo claro. La nostalgia que tiene de él constituye el fondo de su ser, y a través de ella comunica con lo más antiguo que subsiste en él», Cioran, Emil, Ese maldito yo, Tusquets, Barcelona, 2000, p. 106.

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«Devorado por la nostalgia del paraíso, sin haber conocido un solo acceso de fe verdadera», Ibid., p. 198.

«Yo no soy de aquí; condición de exilio en sí; en ninguna parte me encuentro en casa: absoluta falta de pertenencia a nada. El paraíso perdido: mi obsesión de todo instante». Cioran, Emil, Cuadernos, op. cit., p. 21. «Sólo hay una Nostalgia: la del Paraíso. Y tal vez la de España», Ibid., p. 33.

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«La melancolía es una religiosidad que no precisa de lo Absoluto, un deslizamiento fuera del mundo sin la atracción de lo trascendente, una tendencia por las apariencias del cielo, pero insensible al símbolo que éste representa. Su posibilidad de prescindir de Dios (si bien cumple las condiciones iniciales para aproximarse a Él) la transforma en un placer que satisface su propio crecimiento y sus flaquezas repetidas. Porque la melancolía es un delirio estético, suficiente en sí mismo, estéril para la mitología. En ella sólo encontrarás el arrullo de un sueño, porque no genera ninguna imagen que no sea su etérea desintegración», Cioran, Emil, El ocaso del pensamiento, op. cit., p. 42. «Mientras tenemos el sentimiento del misterio, conservamos implícitamente una dimensión religiosa. Pues ser religioso es sentir el misterio, incluso fuera de toda forma de fe», Cioran, Emil, Cuadernos, op. cit., p. 234.

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20

«La melancolía se alimenta de sí misma, de ahí que no pueda renovarse». Cioran, Emil, Ese maldito yo, op. cit., p. 101.

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