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«[...] Quién es el que me cuenta de memoria mi historia / que me quedo escuchándolo -y me río de lo que oigo / como de dolores ajenos?... Parece que he muerto hace tiempo», Ibid., p. 101.

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«De qué sirve la persistencia en los remordimientos, / Cuando está escrito que hemos de pasar por este mundo / Como el sueño de una sombra, como la sombra de un sueño?», Ibid., p. 115.

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33

«[...] Nunca creí que alguna vez aprendería a morir», Ibid., p. 123.

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34

«[...] Entonces se me ocurre creer que todo es nada», Ibid., p. 151. «Sientes que no eres más que nada», Ibid., p. 181.

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«[...] Y además... quién sabe si es mejor

ser o no ser... pero sí sabe cualquiera

que lo que no existe, no padece dolor,

y que son muchos los dolores, los placeres pocos.

¿Ser? Locura a la vez triste y vana;

lo que un siglo nos dice, los otros lo desmienten.

Antes que un sueño vano, más vale la nada.

Veo sueños ya cumplidos persiguiendo sueños,

hasta caer en tumbas que esperan abiertas,

y no sé en cómo apagar mis pensamientos:

¿Y si río como los locos? ¿y si los maldigo o los lloro?

¿Y para qué?... ¿Acaso no es el todo locura?

¿Por qué tu muerte, mi ángel, tuvo que ser?

¿Acaso hay sentido en el mundo? Y tú, rostro sonriente,

¿sólo has vivido para así poder morir?

Si existe algún sentido, es retorcido y ateo,

pues en tu pálida frente no está escrito Dios».


Mortua est!, Ibid., pp. 153-4.



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«[...] Y nuestras almas crecen por una nostalgia (un dor), por un dulce pesar», Ibid., p. 311.

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«[...] Ay del pobre e infeliz rumano!

Siempre hacia atrás como el cangrejo,

Ni le va bien ni tiene ánimo,

ni es el verano su verano,

Ni le es el otoño, otoño,

y es extranjero en su país».


Ibid., p. 265.



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