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El 30 de octubre de 1923 Isabel Oyarzábal junto a Julia Peguero de Trallero, Matéu de Bardán y Benita Asas Manterola, en representación de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME) y otras asociaciones feministas, entregaron al general Miguel Primo de Rivera un mensaje de la Asociación Internacional para el Sufragio de la Mujer donde solicitaban el derecho al sufragio. Aunque el general expuso que ello estaba entre sus planes, sin embargo, matizó que «no sería integral, sino con algunas limitaciones».
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«De todas las mujeres de Europa la que tal vez muestre un gusto menos analítico, en materia de lectura, es la mujer alemana [...] La mujer alemana, lejos de tener un gusto literario depurado y fino, suele contentar su espíritu y satisfacer su inteligencia, cuando no con traducciones de los grandes autores de la sensualidad de Francia, con productos nacionales impregnados de ramplón sentimentalismo y para asimilar los cuales sobrará, de seguro, la cuidada preparación que de niña se le ofrece»
(«Lo que lee la mujer. II») .
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«La mujer americana, en cambio, e insistimos una vez más acerca de los términos generales con que deseamos abordar nuestro tema, muestra en el terreno de la lectura, como en todas las demás materias, una marcada tendencia a la especialización. Más avispada y sutil que la inglesa, y dotada de un fino sentido humorista hermanado a otras magníficas cualidades de comprensión y sentimiento, sus lecturas predilectas son aquellas que, bajo un manto de romanticismo, encierran problemas espirituales y sociológicos de trascendental importancia»
(Ibid).
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«Un curso de literatura inglesa del s. XIX». Las relaciones y conocimientos norteamericanos de Isabel Oyarzabal se basaron tanto en conocimientos familiares -pues sus hermanas se educaron y trabajaron en dicho país-, como en su propia labor como conferenciante en los Estados Unidos y fruto de ello son sus artículos en el Heraldo de Madrid y en Blanco y Negro en 1928.
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Nos referimos a sus textos publicados en El Sol: «Nuestro hermano el hombre de la calle», «Los Asilos, a media ración», «Una criaturita, muerta de frío» y «La nueva institución de "las enfermeras a domicilio". Una obra humanitaria que debe realizarse pronto».
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«El decorado del hogar». Otros textos de Oyarzábal publicados en El Sol sobre la racionalidad higiénica en las casas españolas son: «El sol y el aire en el hogar», «El hogar: tapices y cortinas» y «El hogar español. La jornada de un ama de casa». Blanco y Negro. Madrid. 3-1-1926: 132.
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En «El baño». Sobre este tema publicó además: «La toilette. El baño», «De la higiene y la toillete» y «De la higiene y la toillete. Los baños y las duchas».
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«Truenan contra tal costumbre el director de almas, en el púlpito; el moralista, en la página impresa; los padres de tradicionales preferencias, en el hogar; los maridos celosos, en el aislado paraíso de su felicidad conyugal» («Sobre si debe o no pintarse el rostro de la mujer»).
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Años antes había dedicado un artículo a este icono social, «La señora de compañía» en El Día. Incluso, ella misma había sufrido esta imposición social en su noviazgo con Ceferino Palencia: «La pobre Anita tuvo que llevar la cesta, como se dice en España a las carabinas de las parejas comprometidas. En la casa no nos permitían ver al otro sin estar constantemente observados, la libertad no era una costumbre en España» (Oyarzábal 2010 35 y 49).