Éste nada tiene que ver, al menos creo yo, con el profesor de cirugía, autor por otra parte de un interesante libro sobre su arte, y que fue mecenas (otros dirían: ¡«sponsor»!) de Estala cuando éste empezó en 1786 a publicar su colección de poetas castellanos (no lo escribo en cursiva porque la referida colección no lleva tal título general).
F. Aguilar Piñal, «La política docente», loc. cit., p. 444.
Id., ibid., p. 442.
J. Ruiz Berrio, «Reformas de la enseñanza primaria...», p. 11.
Paulette Demerson, art. cit., p. 32.
La sociedad española en el siglo XVIII, p. 173. Compárese esta apreciación con la de Olavide en El Evangelio en triunfo, t. IV, carta XXXVII, p 142 de la cuarta ed. (1799), que poseo, a propósito de un maestro de pueblo: «...lo que nos afligió más que todo fue ver al maestro, que conocimos que era un idiota, que apenas sabía leer, menos escribir y que sólo sabía la Doctrina por rutina sin entenderla».
Según Gerard Dufour, ed. de las Cartas de Mariano a Antonio (XXXVI a XLI de El Evangelio...), Université de Provence, Aix-en-Provence, 1988, «Introducción», p. 10, esta frase, que se puede leer en el ms. original de La Carolina, se suprimió en la primera ed. (Valencia, 1797-1798), siendo sustituida por otra más edulcorada: «una de las cosas que nos afligieron más fue que, entrando un día en la escuela, no vimos en ella más que un corto número de muchachos a quienes se les daba una enseñanza muy imperfecta»; no tengo a la vista la ed. de Valencia, pero en la mía vienen las dos frases, y la última citada precede a la otra, de manera que parecen concatenarse lógica y gramaticalmente: «que nos afligieron más» - «que nos afligió más que todo».
El Memorial Literario de abril de 1785 refiere, con el tono emocionado tan propio de la época, unas «Muestras de virtud» de Floridablanca y del monarca, quienes, a petición («humilde») de Rodríguez, a la sazón no sólo director de la escuela gratuita de niñas de su barrio, sino además «Individuo de la Real Sociedad de Amigos del País y Curador de la Escuela de Lanas de la Parroquia» (¡con no poca razón escribe Ruiz Berrio que le gustaba acaparar control y poder en sus manos! A principios del XIX era individuo de... las 64 Diputaciones de Caridad de Madrid, según las Guías de Forasteros), concedieron un socorro destinado a vestir decentemente a 58 niñas desvalidas, hijas en su mayor parte de jornaleros de Lavapiés bien sea de avanzada edad o parados, que concurrían a dicha escuela, favor que se celebró con una serie de actas y festividades solemnes durante varios días, cuyos pormenores son a mi modo de ver de indudable interés pero que no es del caso referir aquí.
Véase Miguel A. Pereyra, «Hubo una vez unos maestros ignorantes. Los maestros de primeras letras y el movimiento ilustrado de las academias», Rev. de Educación, núm. extraord., 1988, pp. 195-224.
Nota del Colegio Académico, 1792 (A.H.N., Mad., Consejos, 965-20, cit. por M. Carrasco, p. 59).