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Un año antes que esta Revista había comenzado a publicarse otra no menos importante y famosa en la historia literaria de aquel tiempo, el Correo Literario y Económico de Sevilla (1803-1808), órgano de la escuela poética sevillana, dirigido por el erudito D. Justino Matute. También en él colaboró Marchena, remitiendo algunas de sus poesías cuyos originales se hallan en el ms. de París. En el tomo I del Correo (pág. 21) está la oda que principia:

Belisa duerme: el céfiro suave...

(con las iniciales D. J. M.).

En el tomo VII, pág. 117, la elegía que principia:

Del airado Mavorte la crueza...

(con las caprichosas iniciales R. V.).

En el tomo XII, pág. 5, la epístola A Emilia, con estas iniciales: P. D. J. M.

En el tomo XIII, pág. 199, la traducción de la elegía de Tibulo, Quisquis adest, faveat, firmada D. J. M. (N. de M. P.)

 

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Polixena, tragedia en tres actos por D. J. M. Madrid: en la imprenta de Sancha. Año de 1808. 8.º 50 páginas. (N. de M. P.)

 

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330 del Memorial. (N. de M. P.)

 

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En su Hécuba. (N. de M. P.)

 

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En el episodio de la muerte de Polytes (lib. II de la Eneida):


Ecce autem elapsus Pyrrhi de caede Polytes
unus natorum Priami, per tela, per hostes,
orticibus longis fugit, et sacra atria lustrat
[...]



La imitación de Marchena está en la escena segunda del acto segundo en boca de Polixena dirigiéndose a Terpandra. (N. de M. P.)

 

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En Las Troyanas. (N. de M. P.)

 

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Principalmente en la Andrómaca, de donde está tomado el carácter de Pirro, que Marchena procuró depurar de algunos rasgos de falsa galantería. Por ejemplo: había dicho Racine:


Animi d' un regard, je puis tout entrependre,
votre Ilion encor peut sortir de sa cendre:
[...]



Marchena suprime lo de la tierna mirada, y prosigue así:


Mi mano que rompió las fuertes puertas
de durísimo bronce, que guardaban
de Príamo el palacio, sabrá un día
alzar del Ilión el sacra alcázar...



El sueño de Polixena está visiblemente imitado del de Atalía. (N. de M. P.)

 

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En francés hay, por lo menos, seis Polixenas, todas poco estimadas: la de Billord (1607), la de Lafosse (1696), la de Légouvé (1784), la de Aignan (1804), la de Vauzelles (1832), además de varias óperas. Creemos que Marchena sólo conoció o tuvo presente la tragedia de Légouvé, pero su principal modelo fue la Andrómaca, como ya hemos dicho. (N. de M. P.)

 

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El Sr. Danvila, que posee la lista original de los individuos que habían de formar parte de esta institución non nata, la ha dado a conocer en el último de los apéndices de su voluminosa y útil compilación sobre El Poder Civil en España (Madrid, 1887, t. VI, pág. 688). En este proyecto, que es muy curioso, figuran una porción de nombres verdaderamente ilustres en diversos ramos del saber humano, debiendo advertirse que se incluyen entre ellos algunos, como Martínez Marina, que no fueron afrancesados jamás, pero que por una u otra razón continuaron viviendo en Madrid durante la ocupación francesa, sin aceptar cargo alguno de los invasores. De todos modos la lista fue formada con mucha inteligencia, como lo prueban las calificaciones que acompañan a cada nombre. Aparecen en ella (aparte de otros menos conocidos) los matemáticos Pedrayes, Varas, Monasterio y Lanz (no Sanz, como está impreso), el físico Gutiérrez, el mecánico Sureda, los astrónomos Gutiérrez y Jiménez, los mineralogistas Hergen y Donato García, los botánicos Boutelou, Ruiz y Pavón, Zea, Rojas Clemente, Mociño, el agrónomo y veterinario D. Agustín Pascual, los médicos Luzuriaga, García Suelto, Rives y D. Eugenio de la Peña, el ideólogo Narganes de Posada, los jurisconsultos Cambronero, Arnao, y Sotelo, los economistas Sixto Espinosa y D. Fernando de la Serna, los eruditos historiadores Marina, Llorente, Vargas Ponce y Navarrete, los arabistas Conde y Bacas Merino, los helenistas Canseco, Hermosilla, Tomás y García, y D. Benito Pardo de Figueroa (advirtiéndose acerca de este último que se hallaba en Rusia, donde en efecto publicó en 1810 su traducción de once odas de Horacio en verso griego), el hebraizante Orchell, los humanistas Tineo, Melón, Cabrera, Estala y un D. Carlos Pignatelli a quien se califica de «literato muy instruido, que trabajaba en una traducción de Lucrecio celebrada por los conocedores», los poetas Moratín y Meléndez, los arquitectos Villanueva y Pérez, el escultor Agreda, los pintores Gova y Maella, los grabadores Carmona y Sepúlveda.

El nombre de Marchena, a quien se califica secamente de escritor, aparece colocado entre la Sección de Economía Política y la de Historia, aunque ciertamente la índole de sus estudios no parecía llamarle a ninguna de las dos. Este proyecto es curioso porque demuestra la copia y variedad de elementos científicos con que a pesar de todas sus desgracias contaba España en los primeros años de este siglo. (N. de M. P.)

 

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-El hipócrita. Comedia de Molière en cinco actos en verso. Traducida al castellano por D. J. Marchena. Madrid, 1811. En la imprenta de Albán y Delcasse, impresores del exército francés en España, calle de Carretas, núm. 31. 8.º 142 páginas. Con una advertencia, y una dedicatoria al Ministro de lo Interior Marqués de Almenara, en elogio del cual consigna la curiosa especie de que «a su munífica liberalidad debió el Abate Casti algún desahogo en los postreros años de su vida».

-La escuela de las mujeres. Comedia en cinco actos en verso de Molière, traducida por D. Josef Marchena. De orden superior. Madrid, en la Imprenta Real. Año de 1812. 8.º 141 páginas.

Con dedicatoria al Rey Josef en que se advierte que la traducción se daba a luz a expensas de la Imprenta Real por orden de V. M.

El Tartuffe, sin advertencia ni dedicatoria, fue reimpreso hace años en la colección del Teatro Selecto Nacional y Extranjero publicada en Barcelona por el editor Manero, y dirigida en parte por D. Cayetano Vidal y Valenciano.

No es exacto que Marchena tradujese El avaro de Molière. Ninguna de las versiones castellanas que andan impresas es suya. Hay dos del siglo pasado, a cual peores, una de D. Manuel de Iparraguirre y otra de D. Dámaso de Isusquiza, que también estropeó La escuela de las mujeres con el título de El celoso y la tonta. Por el contrario, la traducción de El avaro, publicada en Segovia en 1820 por el capitán de artillería D. Juan de Dios Gil de Lara, está hecha con esmero, y es apreciable, aunque todavía dista mucho de las de Marchena y de los dos arreglos de Moratín.

Al éxito del Tartuffe en 1811 hubo de contribuir, aún más que el soberano mérito de esta comedia, el espíritu anti-clerical que reinaba entre los afrancesados, y que acaso quería ver en la pieza mucho más de lo que Molière había puesto. Prohibiose la representación en 1814, pero fue aplaudida de nuevo en la época constitucional de 1820 a 1823, sufriendo segunda prohibición en 1824. En el siglo pasado también fue puesto en el Índice el arreglo o imitación que hizo D. Cándido M.ª Trigueros con el título de El gazmoño o Juan de Buen-alma, aunque había procurado suavizar algunas frases y situaciones del original. Por el contrario, en Portugal el Marqués de Pombal, en odio a los jesuitas, había hecho representar en 1768 esta comedia, traducida por el capitán Manuel de Sousa. (N. de M. P.)

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