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1

El Dictionnaire... de l’Argot parisien, de L. Larchey, de 1862, registra: «Epater. -Stupéfier, émerveiller. -"Il nous regarda d’une façon triomphante et il dit: 'Je les ai épatés, les bourgeois'" (Privat d’Anglemont)». Citamos por la ed. de 1872. El FEW asigna a épater en el sentido de «étonner» la fecha 1849.

 

2

Dice Karl Vossler (Frankreichs Kultur und Sprache, Heidelberg, 21929, 373): «Mit der Romantik hat das "épatez le bourgeois!" begonnen, und seither wird es von Dichtern, Malern, Musikern so unentwegt geübt, daß der wackere Bourgeois, müde einer mehr als hundertjährigen Burla, aufgehört hat, sich um das Treiben, wie um das Schaffen und Wohlergehen einer Künstlerschaft zu kümmern, die sich jenseits des Schicklichen und Zweckdienlichen bewegt». -Parece, con todo, que la postura propiamente épatante no llegó a su grado máximo hasta la época del simbolismo. Véase: R. Dumesnil, Le réalisme, Paris, 1936, 9, y A. Billy, L'époque 1900, París, 1951, 77.

 

3

En este trabajo no nos preocupamos de los términos burgués, burguesía; pero convendría puntualizar una vez en qué momento reaparecen en España para designar la clase social. Burzés, burgés y burgués, en el sentido de "vecino, ciudadano" son términos castizos. Pero hay un instante en que burgués toma el significado nuevo de "miembro de la clase acomodada". No podemos fijar ahora ese instante. Recordemos tan sólo que en Mesonero, en el mismo «Clarín» a veces, la palabra aparece subrayada en castellano o reproducida en francés, lo que revela la novedad de la acepción. -La lengua literaria del XIX, en España, está sin explorar. No sólo no existe un trabajo de conjunto comparable al de G. Matoré: Le vocabulaire et la société sous Louis-Philippe (Genève, 1951); pero ni siquiera se cuenta con modestos glosarios de la lengua de un autor. El ejemplo de Ruiz Morcuende, con su léxico de Moratín, podría y debería ser continuado en torno a autores de vasta obra y larga vida como Valera, Mesonero Romanos o Galdós.

 

4

El romántico, por exceso de tensión sentimental, se aleja de quienes guardan mesura en sus afectos. Su ideal libertario le lleva a creer que tiene en las manos el futuro de la sociedad, que su misión consiste en romper cadenas y desterrar prejuicios. Queriendo, pues, ir hacia las masas para redimirlas, se distancia de ellas por exceso de sensibilidad y, en lugar del claro lenguaje del reformador, emplea para tratar con ellas el idioma exasperado del revolucionador impaciente y del vate iluminado. El romántico caricaturizado por Mesonero Romanos en 1837 aplazaba el estreno de su drama aguardando a que las masas se hallasen en el caso de digerir aquella comida, «que él modestamente llamaba un poco fuerte» (Escenas matritenses, Madrid, 1945, p. 441). En las masas, según el mismo autor, «entran indistintamente los drogueros de la calle de Postas y el honrado ropero de la calle Mayor, el empleado vetusto y el imberbe meritorio, el inexperto provincial y el pacífico artesano» (Idem, 587).

 

5

El panorama de estas corrientes finiseculares lo trazó para Europa Max Nordau en su Entartung (Berlin, 1892-93) y para España Pompeyo Gener en su libro Literaturas malsanas (Madrid, 1894).

 

6

Die Bezeichnung «vulgo» und der Ehrbegriff des spanischen Theaters im Siglo de Oro, en Omagiu lui J. Iordan, 59-68.

 

7

E. Allison Peers: Historia del movimiento romántico español, Madrid, 1954.

 

8

El Diablo Mundo, C. III, v. 1936 y C. I, v. 794. Véase: F. Schalk, «Positif» als Modewort, en RF, 71, 138-159. Del mismo investigador consúltese, en conexión con lo que más abajo se dice acerca de la mediocridad burguesa, el ensayo: Beiträge zur romanischen Wortgeschichte I: Mediocritas im Romanischen (RF, 64, 1952, 263-303).

 

9

Diablo Mundo, C. I, v. 816-17.

 

10

«A la degradación de Europa», en Obras Poéticas, I, Clás. Cast., M., 1952, 137.

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