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Es una Investigación llevada a cabo dentro del proyecto «Análisis de la literatura ilustrada del XIX» (Ref: FFI2008-00035) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (2009-2011).
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Se trata de Cirili Verdaguer fundador en 1881, junto con Enric Doménech, de la colección «Arte y Letras».
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Apeles Mestres (1854-1936) fue un conocido dibujante, literato e ilustrador barcelonés, además de un apasionado folklorista. Comenzó a trabajar para el público en 1874, colaborando en revistas nacionales y extranjeras. Ilustró entre otras obras los Cuentos de Andersen, Los últimos días de Pompeya de Perrault o La hija del rey de Egipto de Ebers. Es destacable su labor como ilustrador de los Episodios Nacionales de Galdós. Además realizó caricaturas para varios periódicos de Madrid y Barcelona y fue un afamado cartelista. En 1920 se quedó ciego y a causa de ello, se dedicó por completo a la literatura.
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Los aspectos simbólicos de la novela han sido estudiados en Clarke, 1992:15-51 y análisis del costumbrismo ha sido objeto de varios trabajos: Gutiérrez Sebastián, 2000b; Gutiérrez Sebastián, 2002.
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Josep Pascó se formó con el pintor Simón Gómez y el escenógrafo Planella. Durante algún tiempo cultivó la pintura de paisaje, pero por sus excelentes condiciones como decorador decidió dedicarse por entero a la ilustración de libros y la decoración. A lo largo de su vida simultaneó el trabajo como decorador en proyectos arquitectónicos con su tarea como catedrático de dibujo decorativo en la Escuela Superior de Artes e Industrias de Barcelona.
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En 1897 por ejemplo aparece la edición ilustrada de Tipos trashumantes y la novela con dibujos El ídolo de Ernesto García Ladevese. En ambos textos se dibujan muchos motivos costeros: playas, bañistas, barcos, marinas, tal como podría haber hecho Mestres en este relato perediano.
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La hipótesis de que el propio Pereda fuera el que hubiese encargado a la editorial barcelonesa la reedición de esta novela, en el vigésimo aniversario de su primera edición la apunta González Herrán: 2006:44 y los destinatarios de esta cuidada edición pudieran ser precisamente esos veraneantes a los que Pereda satirizaba.