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En confirmación de esto, citaremos aquí un párrafo de los excelentes artículos de don Rafael Contreras, Del arte árabe en España, publicados en la Revista de España. «Los almorávides y almohades, dice, no trajeron nuevos elementos de la Mauritania para adelantar las artes que se habían ya desarrollado en la Península, como lo prueban las mismas obras. Los árabes poseían un espíritu más original y tradiciones más puras de la antigua patria, y difícilmente puede admitirse que en aquella época, por más que con ella coincidiese el Renacimiento, o más bien la renovación del arte árabe en España, pudieran introducirse los nuevos elementos citados. Ibn Said dice que las provincias andaluzas, reunidas entonces al imperio del Magreb, enviaron arquitectos a Yusuf y Jacob al-Mansur para que hicieran edificios en Fez, Rabat, Mansuria, y que en ninguna época la capital del Mahreb fue tan floreciente como bajo la descendencia de Abd al-Mumin». «Y es bien notorio, añadía, que hoy esta prosperidad y el esplendor de Marruecos se ha transportado a Túnez, donde el sultán construye palacios, planta jardines y viñas a la manera de los andaluces. Todos los arquitectos eran nacidos en Andalucía, lo mismo que los albañiles, jardineros, carpinteros, pintores y, ladrilleros. Los planos de los edificios fueron inventados por andaluces o copiados en los monumentos de su país» «No existía, pues, influencia morisca. Era genio árabe exclusivo, que había tomado expansión en España, y que con la ayuda de las tradiciones persa y bizantina llegaba a constituir un estilo peculiar». Resulta, por consiguiente, que el llamado estilo morisco debería llamarse estilo andaluz o estilo arábigo-hispano, ya que la inspiración española, propia y castiza de nuestro suelo y de sus moradores, se muestra clara y brillantemente en él sobre un fundamento arábigo. (N. del T.)



 

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MAQQARI, I, 292.- DOZY, Histoire, I, 270.- IBN JALDUN, Prolegomena, I, 298. (N. del A.)



 

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MAQQARI, II, 814.- No pueden negarse la exactitud y la oportunidad de estas observaciones, que demuestran que la Alhambra y otros monumentos de la arquitectura hispano-mahometana no deben llamarse moriscos. Donde dijo Fray Luis de León, hablando de un gran arquitecto, el sabio moro, quiso decir sin duda, el sabio árabe, o más bien el sabio musulmán. La arquitectura, la poesía, la cultura en general, que hubo en España bajo el dominio muslímico, fueron arábigas en su origen y fundamentos esenciales, como lo fue la religión. Pero ¿se sigue de ahí que necesariamente fuesen árabes todos los artistas y todos los poetas? ¿Por qué no había de haberlos berberiscos, y, más que berberiscos, españoles? En la primera conquista de España por los mahometanos no vinieron muchos árabes y moros, y aunque viniesen más, extraordinariamente más, con los almorávides y almohades, siempre ha de suponerse y creerse que no vendrían millones de hombres, y que la gran masa de la población hispano- musulmana era indígena; aunque probablemente todo el que se distinguía en letras, en armas, o de cualquier otro modo, procuraba ocultar su origen renegado y mozárabe, y se forjaba una genealogía cuyo tronco tenía sus raíces en el Yemen, y tal vez estaba fundado por un compañero del Profeta. Los aduladores y cortesanos se apresuraban a confirmar esta ilustre y fabulosa genealogía. Si hubo, pues, como creemos que hubo, algo de peculiar, de distinto, de propio, en la civilización hispano-muslímica, que vino a distinguirla de la general civilización mahometana, nos parece que más bien debe atribuirse al influjo de los españoles mismos que al de los rudos advenedizos bereberes; fue el estilo andaluz, y no el estilo morisco. (N. del T.)



 

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AL-KARTAS, ed. Toruberg, I, 151. (N. del A.)



 

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MAQQARI, I, 128. (N. del A.)



 

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Véase IDRIS, II, 62 y MORALES, Antigüedades de España, Córdoba, pág. 54. Este último autor vio aún el antiguo alminar de Córdoba, que en 1593, al ir a hacer en él algunas restauraciones, se vino a tierra. (N. del A.)



 

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ORTIZ Y ZÚÑIGA, Anales de Sevilla, Madrid, 1677, pág. 21. (N. del A.)



 

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Según Ortiz de Zúñiga, el rey D. Pedro hizo construir una nueva vivienda en el alcázar de Sevilla y destruyó parte de la antigua.- Anales..., op. cit., pág. 210. (N. del A.)



 

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DOZY, Histoire, II, 247. (N. del A.)



 

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ABU-L-WAHID, 212.- Este edificio muwahida estaba situado a orillas del Guadalquivir. El actual alcázar se halla a alguna distancia del río, pero se puede suponer que con sus antiguos jardines y otros edificios dependientes pudo extenderse en otro tiempo hasta la ribera. (N. del A.)



 
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