111
No hay ciertamente bastantes colores en la elocuencia para pintar como se debe la degradación y nulidad en que habían caído nuestros estudios a fines del siglo XVII; y cuando se tropieza casualmente con oigan sermón, algunas conclusiones, o bien tal cual aprobación de libro (porque a esto puede decirse que estaban reducidos entonces los productos literarios de nuestras universidades), siendo tan grande la náusea que producen, es todavía mayor la vergüenza que ocasionan. Por eso es tanto más de agradecer y bendecir el benéfico influjo de la filosofía, que nos fue poco a poco sacando de aquella sentina, y enseñando el modo de estudiar para saber. Fruto de esta comunicación de luces fueron los establecimientos de enseñanza que se erigieron después en diferentes épocas, fundados todos sobre bases convenientes para dirigir el entendimiento y adiestrarle en la adquisición de la literatura y de la ciencia. Tales fueron el seminario de Nobles y los estudios de San Isidro en Madrid, después de la expulsión de los jesuitas; el seminario de Vergara, el de San Fulgencio en Murcia, el plan de estudios formado para la universidad de Valencia, la reforma de los de filosofía en Salamanca, el instituto Asturiano, las escuelas militares. A las luces adquiridas entonces se debió también la fundación del colegio de cirujía médica de Barcelona, al que se siguieron el de Cádiz y Madrid, en cuya planta se tuvieron presentes los mejores principios, y de donde han salido tantos excelentes profesores y facultativos. Su influjo no se ha limitado sólo al arte de curar, sino que también ha alcanzado a extender la afición y allanar la senda para la adquisición de las ciencias auxiliares, como son la química la botánica, etc.
Todavía es mayor, considerado individualmente, el beneficio que ha recibido la España de la comunicación de las luces generales en el siglo pasado; y pasma el sinnúmero de sugetos que por sí solos, y casi siempre teniendo que vencer los vicios de una mala educación primera, han sabido sobreponerse a la ignorancia común, sacudir las preocupaciones, imbuirse de principios sanos y rectos, y penetrar los misterios que tan noblemente ejercitan el entendimiento, así en el estudio del hombre como en el de la naturaleza. Producciones literarias y científicas a la verdad ha habido muy pocas; y esto debía ser así, atendidas las muchas causas que han influido para ello, y cuya exposición no es de este lugar. Pero en medio de este reposo y silencio no han dejado de descollar de cuando en cuando talentos de primer orden, que por las muestras que daban de su fuerza se ponían a la par con lo más alto de Europa. Yo no citaré aquí más que el ejemplo de un hombre cuya muerte están llorando aún las letras, la filosofía y las virtudes. «Digno de Turgot pareció en Francia el Informe sobre la ley agraria, digno también de Smith en Inglaterra»; y esta asociación tan gloriosa del nombre de Jovellanos al de aquellos sabios insignes no es ciertamente una ilusión de la parcialidad española, es la opinión ingenua y litoral expresión de un elocuente filósofo extranjero.