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Ya un siglo antes de Meléndez se había representado en el teatro holandés una comedia con el título de Don Quijote en las bodas de Camacho. Su autor, Langendyk, tenía diez y seis años cuando la escribió, y después la mejoró tanto, que ha vivido en la escena por mucho tiempo. No ha sido posible adquirirla, para compararla con la obra española y dar alguna idea de su composición: es probable que en nada se parezcan una a otra.

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Estaba entonces aquel grande hombre en desgracia de la corte, y desterrado bajo un pretexto honroso a Gijón: era pues bien laudable en tales circunstancias hablar de él y pedir su vuelta, como lo hizo en los versos siguientes:

    Dale, y a ti y a sus amigos caros,

Y al carpentano suelo, aquel que, en noble

Santo ardor encendido, noche y día

Trabaja por la patria; raro ejemplo

De alta virtud y de saber profundo...

Debate mi amistad tan suspirada

Justa demanda, y subiré tu nombre

De nuevo, dulce amigo, al alto cielo.

Tú te conoces, y en sus hombros puedes,

No leve parte de la enorme carga

Librar seguro en que oprimido gimes.


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El abate don Juan Andrés era mas franco; en la carta que le escribió entonces le decía: «¿Y qué pueden decir los más severos censores contra un magistrado que publica tan apreciables poesías? Yo antes bien creeré que una mente que con tanta verdad sigue en sus versos lo bello, no se apartará en sus sentencias de lo justo.»

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Los pueblos no se alteran nunca mientras su situación es agradable, o a lo menos llevadera. «No basta, dice un célebre escritor español, que los pueblos estén quietos; es preciso que estén contentos, y sólo en corazones insensibles o en cabezas vacías de todo principio de humanidad, y aún de política, puede abrigarse la idea de aspirar a lo primero sin lo segundo.» (Jovellanos.)

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El Censor, El Correo de los ciegos, El Corresponsal y otros. El Gobierno al parecer había tomado entonces a su cargo confirmar el dicho ingenioso y mordaz de un escritor, que preguntado por qué los que mandaban aborrecían a los sabios, «por lo mismo, respondió, que los malhechores nocturnos aborrecen a lo reverberos».

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Para los lectores que no tengan noticia de este acontecimiento singular no basta la indicación sumaria que aquí se hace, y quizá sería conveniente no sólo para satisfacer su curiosidad, sino también para escarmiento público, entrar en más largas explicaciones. Pero el pudor y la decencia no se lo consienten a la historia.

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La causa, con todas las disposiciones, instrucción y demás documentos que autorizan estos hechos, existe en poder de la familia de Meléndez.

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Et ut corpora lente augescunt, cito extinguntur, sic ingenia studiaque oppresseris facilius, quam revocareris. Subit quippe etiam ipsius inertiae dulcedo, et invisa primo desidia postremo amatur. Tácito en estas pocas líneas señala la verdadera causa de la esterilidad y atraso de nuestra literatura.

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Él mismo alguna vez manifestó su disgusto en esta parte.

    Corrí do me llamaban

La oficiosa ambición y los honores

Entre mil que sus premios anhelaban.

Mas fastidiéme al punto.


(Tomo IV, elegía 3)



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Preguntábanle una vez porqué no escribía una oda a un asunto en que acababa de ejercitarse, y con mucha aceptación, otro poeta amigo suyo. «Porque no quiero, respondió, tener la mortificación de desempeñarle menos bien, ni tampoco causársela a él si bajo una obra mejor que la suya.» En otra ocasión leía un poema descriptivo de uno de sus discípulos: su primer movimiento fue celebrarle llorando; pero después con un aire melancólico soltó el papel, añadiendo: «Ya me van dejando atrás.» Y no tenía razón, porque jamás le serán comparados ni aquel como poeta lírico, ni este como descriptivo.

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