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Sobre la relación de Ercilla con Felipe II y el famoso «disfavor cobarde»
con que el rey obstaculizó la carrera del poeta, véase en la Vida de Ercilla de José Toribio Medina, el capítulo «El alma de Ercilla» (1916: 160-170).
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Encontrar el Estrecho de Magallanes suponía hallar una vía para la conexión directa con España y por tanto para independizar la gobernación de Chile del virreinato del Perú.
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Gilberto Triviños da la clave para interpretar este sentido profundo de La Araucana: «El poeta deseoso de "inquirir y saber lo no sabido" excede al historiador precisamente porque la verdad encontrada en el suelo de América, "por más que afirmen que es subida al cielo", por más que se diga que fue encontrada en la Crónica, le permite explorar en toda su profundidad el significado de la conquista con fines coloniales, plasmar el llamado sentido oculto, clandestino ("pues a vos va dirigido / [...] debe de llevar algo escondido"), de la epopeya que reelabora en clave trágica el mito de Arauco fundado por Valdivia y Vivar»
(1996: 24-25).
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«No es la guerra bella lo que está en el nacimiento de Chile. Es otra cosa: no la epopeya sino
la tragedia. No el canto sino el llanto. No la vida sino la muerte. No la voz serena del otro devenido
en prójimo, sino la "atrevida voz" del otro inasimilable»
(Triviños, 2003).
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Incluso Marcelino Menéndez Pelayo situó a Ercilla en este lugar de la historia de la literatura
escrita en español en su Historia de la poesía hispanoamericana: «No hay literatura en el mundo que
tenga tan noble principio como la de Chile, la cual empieza nada menos que con La Araucana, obra
de ingenio español, ciertamente, pero tan ligada con el suelo que su autor pisó como conquistador,
y con las gentes que allí venció, admiró y compadeció a un tiempo, que sería grave omisión dejar
de saludar de paso la grave figura de Ercilla...»
(1948: 219).