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Reinar después de morir

Luis Vélez de Guevara


[Nota preliminar: Edición digital a partir de Parte dieciséis de comedias nuevas y escogidas de los mejores ingenios de España (Madrid, Melchor Sánchez, 1622) y cotejada con la edición crítica de Manuel Muñoz Cortés (Madrid, Espasa-Calpe, 1976, 4ª ed., pp. 1-97).]

PERSONAJES
 

 
EL REY DON ALONSO DE PORTUGAL.
EL PRÍNCIPE DON PEDRO.
BRITO,   criado.
DOÑA BLANCA,   Infanta de Navarra.
DOÑA INÉS DE CASTRO.
ELVIRA,   criada.
VIOLANTE,   criada.
EL CONDESTABLE DE PORTUGAL.
NUÑO DE ALMEIDA.
EGAS COELLO.
ALVAR GONZÁLEZ.
ALFONSO,   niño.
DIONÍS,   niño.
Músicos.
Cazadores.





ArribaAbajoJornada I

 

Salen MÚSICOS cantando, el PRÍNCIPE vistiéndose y el CONDESTABLE.

 
 

(Cantan.)

 
MÚSICOS
   Soles, pues sois tan hermosos,
no arrojéis rayos soberbios
a quien vive en vuestra luz,
contento en tan alto empleo.
PRÍNCIPE
La capa.
MÚSICO 1.º
El Príncipe sale.
5
MÚSICOS
Prosigamos.
PRÍNCIPE
El sombrero.
 

(Cantan.)

 
MÚSICOS
    Vuestra benigna influencia
mitigue airados incendios,
pues el raudal de mi llanto
es poca agua a tanto fuego. 10
PRÍNCIPE
¡Ay, Inés, alma de cuanto
peno y lloro, vivo y siento!
Proseguid, cantad.
MÚSICO 1.º
Digamos
otra letra y tono nuevo.
 

(Cantan.)

 
MÚSICOS
Pastores de Manzanares, 15
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe.
PRÍNCIPE
Parece que a mi cuidado
esa letra quiso hacer, 20
lisonjeándome el alma,
eterna en mi pecho a Inés.
Volved, volved, por mi vida,
a repetir otra vez
aquesa letra, cantad, 25
que me ha parecido bien.
 

(Cantan.)

 
MÚSICOS
    Pastores de Manzanares,
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe. 30
PRÍNCIPE
Pues los pastores publican
que tanta hermosura ven
en la deidad de mi amante,
con justa causa diré
que en perderme fuí dichoso, 35
en tan soberano bien.
Siempre que llega al Mondego
parece que sólo al ver
a mi Inés bella, las aves
quisieran besar su pie. 40
Las plantas de su deidad
reciben fruto: no hay mes
que en viéndola no sea Mayo;
no hay flor que a su rosicler
no tribute vasallaje. 45
Si aquesto es verdad, si es
dueño de aves y plantas
y de todo cuanto ve
el Cielo en la tierra hermosa,
no la lisonjeo en ser 50
también yo su esclavo, amor;
pues a mi Inés me humillé,
pues me rendí a su hermosura
a voces confesaré,
diciendo con toda el alma 55
a los que amantes me ven:
Pastores de Manzanares,
yo me muero por Inés,
cortesana en el aseo,
labradora en guardar fe. 60
 

(Sale BRITO de camino.)

 
BRITO
Déle vuestra Alteza a Brito,
Príncipe, a besar sus pies.
PRÍNCIPE
Brito, seas bien venido.
¿Cómo dejas a mi bien?
BRITO
Déjame alentar un poco 65
y luego te lo diré,
que aun no pienso que he llegado,
que un rocín de Lucifer
que el portugués llama posta,
que jebao llama el francés, 70
y el bridón napolitano
algunas veces corsier,
de tan altos pensamientos,
que en subiendo encima dél,
anda a coces con el sol 75
y a cabezadas después,
me trae sin tripas, que todas
se me han subido a la nuez,
a hacer gárgaras con ellas,
sin lo que toca al borrén 80
que viene haciéndose ruedas
de salmón.
PRÍNCIPE
Calla, no des
suspensión a mi cuidado
sino, dime, ¿cómo fue
tu viaje? Cuenta, Brito, 85
que ya deseo saber
nuevas de mi hermosa prenda,
Habla, Brito.
BRITO
Bueno, a fe,
para contarlo quedemos
solos los dos.
PRÍNCIPE
Dices bien.
90
Condestable, despejad;
y a estos músicos les den,
cuando no por forasteros,
porque han celebrado a Inés
mil escudos.
CONDESTABLE
Despejad.
95
PRÍNCIPE
Id con Dios.
MÚSICO
El cielo dé
a vuestra Alteza, señor,
un siglo de vida, amén.
PRÍNCIPE
Id con Dios.
MÚSICO
¡Qué gran valor!
OTRO
¡Qué cordura!
MÚSICO
Octavio, ven,
100
no es señor quien señor nace,
sino quien lo sabe ser.
 

(Vanse los MÚSICOS y el CONDESTABLE.)

 
PRÍNCIPE
Ya, Brito, quedamos solos;
dime, ¿cómo queda Inés?
¿Cómo la dejaste, Brito? 105
Responde presto.
BRITO
A perder
el sentido cada instante
que entre tus brazos no esté.
PRÍNCIPE
¿Y Alonso y Dionís?
BRITO
El uno
es jazmín y otro clavel, 110
y cada cual es retrato
de los dos.
PRÍNCIPE
Has dicho bien;
prosigue, prosigue, Brito.
BRITO
Oye y te la pintaré,
si de tanta beldad puede 115
ser una lengua pincel.
   Llegué a Coimbra apenas
ayer, cuando al blasón de sus almenas
a un tiempo hicieron salva
los músicos de cámara del alba, 120
el Sol, y luego el día,
y primero que todos mi alegría.
Guié los pasos luego
a la quinta, Narciso del Mondego,
que guarda en dulce empeño 125
la beldad soberana de tu dueño,
cuando, dando al Aurora
celos, el Sol parece que enamora
el Oriente divino
de Inés, Sol para el Sol más peregrino. 130
Que aun no he llegado creo,
piso el umbral y en el zaguán me apeo,
(que gustan los amantes
que les vayan contando por instantes,
por puntos, por momentos, 135
las dichas de sus altos pensamientos,
que brevemente dichas
no les parece que parecen dichas).
Al fin al cuarto llego,
alborozado, sin aliento, y luego 140
a las cerradas puertas,
sólo a tu amor eternamente abiertas,
dos veces toco en vano,
que en este oriente aun era muy temprano;
si bien tu hermoso dueño, 145
rendida a su cuidado más que al sueño,
voces dio a las criadas,
menos de mi venida alborozadas.
Perdóneme Violante,
a quien más debe el sueño que su amante, 150
mas yo, como es mi vida,
la quiero bien dormida y bien vestida,
esté ausente o presente
porque mi amor es menos penitente.
PRÍNCIPE
Pasa, Brito, adelante 155
y con mi amor no mezcles a Violante,
ni burlas con mis veras,
que espero nuevas de mi bien.
BRITO
Esperas
las que siempre procuro
yo traerte, ¡vive Dios!; al fin el muro, 160
el oriente dorado
de aquel sol, de aquel cielo, franqueado,
sin reparo ninguno,
corro los aposentos uno a uno
y no paro hasta donde 165
está la esfera que tu Sol esconde;
su amor me desalumbra,
y sin la permisión que se acostumbra,
verla y hablarla trato,
que el alborozo precedió al recato. 170
Entro, al fin, sin sentido,
y en el dorado tálamo que ha sido
teatro venturoso
más de tu amor que del común reposo,
amaneciendo entonces 175
y enamorando mármoles y bronces,
los ojos en estrellas,
en nieve y nácar las mejillas bellas,
en claveles la boca,
la frente y manos en cristal de roca, 180
en rayos los cabellos
entre Alfonso y Dionís, tus hijos bellos,
asidos a porfía
(por maternal terneza o compañía)
del cuello de alabastro, 185
deidad admiro a Doña Inés de Castro;
aurora en carne humana,
taraceado abril con la mañana,
todo un cielo abreviado
y al sol de dos luceros abrazado. 190
Quedé tierno y dudoso,
que, como de aquel árbol generoso
tan hermoso pendían,
racimos de diamantes parecían;
ella, amor ostentando, 195
aunque de honestidad indicios dando
a la nieve divina,
de púrpura corriendo otra cortina,
que de tales mujeres
siempre son los recatos sumilleres; 200
más encendida aurora,
sobre las almohadas se incorpora,
y ya, como embarazos,
deja a Dionís y Alfonso de los brazos,
que de sentido ajenos, 205
favores y ternezas no echan menos,
tanto en tan dulce empeño
pueden los pocos años con el sueño;
y con ansia infinita,
antes que una palabra me permita, 210
ni besarla una mano
(recato portugués o castellano),
me dijo: ¿Cómo dejas
a Pedro, Brito? Y con celosas quejas
prosiguió, más hermosa 215
que lo está una mujer que está celosa,
porque han dado los celos
hasta el color que viste a los cielos,
tu tardanza culpando
en Santarem con Doña Blanca, cuando 220
tu padre la ha traído
para tu esposa.
PRÍNCIPE
Perderé el sentido
Brito, si Inés no fía
todo su amor a toda el alma mía.
Primero verá el cielo 225
su vecindad de estrellas en el suelo,
verá la noche fría
que puede competir al claro día,
que falte la firmeza
con que yo adoro a Inés.
BRITO
Oiga tu Alteza;
230
basta, basta, no ofusques
ni relación ni imposibles busques
mal guisados, ni modos,
que yo los doy por recibidos todos,
y lo mismo hará el dueño 235
por quien me he puesto en semejante empeño.
Al fin escucha atento.
PRÍNCIPE
Prosigue.
BRITO
Como digo de mi cuento
PRÍNCIPE
Acaba.
BRITO
Ven conmigo;
la tal Inés, en la ocasión que digo, 240
finezas y ansias junta,
y entre falsa y celosa me pregunta:
«Dime, Brito, ¿es bizarra
Doña Blanca la infanta de Navarra,
de Pedro nueva empresa, 245
que viene a ser de Portugal princesa?»
Yo la respondo entonces,
haciéndome de pencas y de gonces:
«Aunque Blanca no es fea,
es contigo muy poca taracea, 250
moneda mal segura
que no puede correr con tu hermosura,
y si intenta igualarse
contigo, muy de noche ha de pasarse.»
En esto despertaron 255
Dionís y Alfonso, y juntos preguntaron
a una vez por su padre;
enternecióse oyéndolos la madre;
o fuese amor o celos,
tocó a anegar en lágrimas dos cielos, 260
y en lluvias tan extrañas,
sartas de perlas hizo las pestañas
que en sus luces hermosas
de perlas se volvían mariposas,
y abrasándose en ellas 265
granizaron los párpados estrellas;
y viendo contra el día
que abajo tanto cielo se venía,
calmando sus recelos
dile tu carta y serenó sus cielos. 270
Cedióse a su alegría,
convaleció de su tristeza el día,
quedó el sol sin nublado,
porque del desperdicio aljofarado
al último suspiro 275
mucho cristal sobró para zafiro.
Tomó el pliego y besóle,
y tres o cuatro veces repasóle
con señas diferentes
(que es costumbre de espías y de ausentes). 280
Pidió la escribanía,
volvió otra vez a perturbarse el día,
los cielos se cubrieron,
a la tinta las lágrimas suplieron
y mientras escribía, 285
un alma en cada lágrima cabía,
siendo en tantos renglones
las almas muchas más que las razones;
cerró llorando el pliego,
sellóle, despachóme y partí luego 290
otra vez por la posta,
pareciéndome el mundo senda angosta,
y con el «fuera, aparta»,
entré por Santarem y ésta es su carta.
PRÍNCIPE
   Levanta, Brito, del suelo, 295
que sólo tú puedes dar
tal alivio a mi pesar,
tal fin a mi desconsuelo.
   Toma esta cadena, Brito,
en tanto que a besar llego 300
que Inés con el llanto ha escrito.
BRITO
   Besa muy enhorabuena,
mientras que, tomada a peso,
primero yo también beso
las letras desta cadena. 305
    ¡El Rey!
PRÍNCIPE
¿Mi padre?
BRITO
Señor,
el mismo.
PRÍNCIPE
Guardaré el pliego
de Inés.
BRITO
Y yo a guardar iré
mi cadena, que es mejor.
 

(Sale el REY DON ALFONSO.)

 
REY
¿Príncipe?
PRÍNCIPE
¿Señor?
REY
¿Qué hacéis?
310
PRÍNCIPE
¿Vos aquí?
REY
No hay que admiraros
de que venga yo a buscaros,
Pedro, pues vos no lo hacéis.
   Yo os quisiera hablar despacio.
PRÍNCIPE

 (Aparte.)  

Hoy corre mi amor fortuna. 315
REY

 (A BRITO.) 

¿Quién sois vos?
BRITO
Señor, soy una
sabandija de Palacio.
REY
   ¿De qué al Príncipe servís?
BRITO
De mozo fidalgo.
REY
Bien,
¿de camino estáis también? 320
BRITO
Soy su maza.
REY
¿Qué decís?
BRITO
   Que voy siempre con su Alteza
adonde quiera que va.
REY
Y aun donde no va.
BRITO
Esa es ya
maliciosa sutileza. 325
REY
Algo desembarazado
sois.
BRITO
Sí, señor poderoso,
que en Palacio al vergonzoso
siempre el refrán ha culpado.
REY
    ¿Cómo os llamáis?
BRITO
Brito.
REY
¿Vos
330
sois Brito? Ya quien sois sé,
sois hombre de mucha fe.
BRITO
Eso sí, señor, por Dios,
   porque con ella he servido
a su Alteza, como ya 335
de mí satisfecho está.
PRÍNCIPE
Es Brito muy entendido,
   con razón le estimo y quiero,
téngole notable amor.
REY
Para que le hagáis favor 340
no habrá menester tercero,
   que en esto debe tener
gran maña y agilidad.
BRITO
Mintió a vuestra Majestad
quien fue de ese parecer, 345
   que a su Alteza no le han dado
tan poca parte los cielos,
que haya menester anzuelos
en el ardid del criado.
   No me ha menester a mí 350
para ninguna facción,
porque los méritos son
siempre terceros de sí;
   y cuando en alguna se halle
dificultosa de obrar, 355
no ha de ir, ni es justo, a buscar
alcahuetes a la calle.
   Porque el Príncipe es humano
y alguna vez se enamora,
aunque a esta plaza hasta ahora 360
no le he tomado una mano.
   Vuestra real Majestad
perdone estas baratijas,
porque hasta en las sabandijas
la defensa es natural. 365
   Y adiós, que contra cautelas
de Palacio asisto en mí,
que estoy indecente así
con botas y con espuelas.

 (Vase.) 

REY
   Pedro, los que hemos nacido 370
padres y reyes, también
hemos de mirar al bien
común más que al nuestro.
PRÍNCIPE
Ha sido,
   padre y señor, atención
debida a esa Majestad. 375
¿Qué me mandáis?
REY
Escuchad,
veréis que tengo razón.
   Yo os he casado en Navarra
con la Infanta, que Dios guarde;
y en Lisboa, a vuestras bodas 380
se han hecho fiestas y tales
que todos nuestros fidalgos
procuraron señalarse
dando muestras con su afecto
de ser nobles y leales. 385
Después que llegó la Infanta
he reparado que sale
a vuestro rostro un disgusto
que os divierte de lo afable,
os retira de lo alegre, 390
y sólo pueden llevarse
aquestos extremos, Pedro,
con el mucho amor de padre.
Doña Blanca disimula,
y aunque la causa no sabe, 395
piensa sin duda que es ella
causa de vuestros pesares.
Hacedme gusto de verla
con amoroso semblante;
Príncipe, desenojadla, 400
que es vuestra esposa, no halle
cuando con vos tanto gana
el perderse en el ganarse.
Yo os lo ruego como amigo,
os lo pido como padre, 405
os lo mando como Rey,
no deis lugar a enojarme.
Ella viene, aquí os quedad,
prudente sois, esto baste.

 (Vase.) 

PRÍNCIPE
¡Ay Inés, cómo por ti, 410
loco, rendido y amante,
ni admito la corrección
ni hay ventura que me cuadre!
 

(Sale la INFANTA.)

 
INFANTA
Guarde Dios a vuestra Alteza.
PRÍNCIPE
¿Señora?
INFANTA
¿Príncipe?
PRÍNCIPE
Dadme
415
la mano a besar.
INFANTA
Señor,
deteneos, que no es galante
acción que beséis mi mano,
cuando advierto que no sale
ese cortesano afecto 420
de marido ni de amante.
Yo, señor, soy vuestra esposa
y debéis considerarme
reina ya de Portugal
si fuí de Navarra infante. 425
PRÍNCIPE

 (Aparte.  

Eso no, viviendo Inés.)
Señora, sólo un instante
os suplico que me deis
audiencia; sentaos y hable
el alma, que muda ha estado 430
hasta poder declararse.
INFANTA
Decid.
PRÍNCIPE
Atended.
INFANTA
Ya oigo.
Pasad, Príncipe, adelante.
PRÍNCIPE
Casé, señora, en Castilla,
obedeciendo a mi padre, 435
primera vez con su Infanta,
que en globos de estrellas yace.
Tuve desta dulce unión
un hijo, y puesto que sabe
vuestra Alteza estos principios, 440
paso a lo más importante.
Cuando mi difunta esposa
vino conmigo a casarse,
pasó a Portugal con ella
una dama suya, un ángel, 445
una deidad, todo un cielo;
perdóneme que la alabe
vuestra Alteza, en su presencia,
que informada de sus partes
importa, porque disculpe 450
osadas temeridades
cuando advertida conozca
las causas de efectos tales.
Era al fin por acabar
la pintura desta imagen, 455
el retrato deste sol,
deste archivo de deidades,
Doña Inés de Castro, Cuello
de Garza, que con su padre
pasó a servir a la reina, 460
mejor dijera a matarme;
y aunque siempre su hermosura
fue una misma, ni un instante
me atreví, señora, a verla
con pensamientos de amante, 465
que a sola mi esposa entonces
rendí de amor vasallaje,
hasta que cruel la Parca
le cortó el vital estambre.
Muerta mi esposa, trató 470
casarme otra vez mi padre
con vuestra Alteza, señora,
que el cielo mil siglos guarde,
sin que este segundo intento
conmigo comunicase; 475
yerro que es fuerza que ahora
vuestro decoro le pague,
y le sienta yo, por ser
vuestra Alteza a quien se hace
la ofensa; que el sentimiento 480
no será bien que me falte
a tiempo que por mi causa
padecéis tantos desaires.

  (Aparte. 

Confusa, hasta ver el fin,
será fuerza que se halle. 485
Mas supuesto que es forzoso
el decirlo y declararme,
rompa el silencio la voz,
pues que no puedo excusarme.)
   Muerta, señora, ya mi esposa amada, 490
querida tanto como fue llorada,
pasados muchos días de tormento,
difunto el gusto y vivo el sentimiento,
en un jardín, al declinar el día,
mis imaginaciones divertía, 495
mirando cuadros y admirando flores,
archivos de hermosuras y de olores.
Al doblar una punta de claveles,
desta hermosa pintura los pinceles,
al pasar por un monte de azucenas, 500
que mirar su blancura pude apenas,
porque la candidez de su hermosura
la vista me robó con la blancura;
y en una fuente hermosa,
que tenía el remate de una rosa, 505
para su adorno un Fénix de alabastro,
vi a Doña Inés de Castro,
que al margen de la fuente
se miraba en el agua atentamente;
y olvidado de mí, viendo mi muerte 510
en su deidad, la dije desta suerte:
   «Nunca pensé que pudiera,
muerta mi esposa, querer
en mi vida otra mujer,
ni que otro cuidado hubiera 515
con que el dolor divirtiera
de mi pena y mi dolor;
pero ya he visto en rigor,
advirtiendo tu deidad,
que aquello fue voluntad, 520
y aquesto sólo es amor.
   ¿Cómo puede ser (¡ay cielos!)
que en mi casa haya tenido
el mismo amor escondido,
sin que remontase el vuelo 525
a su atención mi desvelo?
¿Cómo este bien ignoré?
¿Cómo ciego no miré,
cómo en esta luz hermosa
no fui incauta mariposa, 530
y cómo no te adoré?»
   Hice este discurso apenas,
cuando a mirarme volvió
el rostro, y entonces yo
puse silencio a mis penas; 535
heladas todas las venas,
quedé, mirándola, helado;
ella, el aliento turbado,
quiso hablar, hablar no pudo,
quedó suspensa y yo mudo, 540
en su imagen transformado.
   El alma al verla salió
por la puerta de los ojos,
y a sus plantas, por despojos,
las potencias le ofreció; 545
el corazón se rindió
sólo con llegar a ver
esta divina mujer,
y ella, viéndome rendido
y en su hermosura perdido, 550
pagó con agradecer.
   Desde este instante, señora,
desde aqueste punto, Infanta,
hicimos tan dulce unión
reciprocando las almas, 555
que girasol de su luz,
atento a sus muchas gracias,
vivo en ella tan unido
debajo de la palabra
y fe de esposo, que amor 560
cuando perdido se halla,
para poderla cobrar
se busca entre nuestras ansias.
En una quinta que está
cerca del Mondego, pasa 565
ausencias inexcusables,
solamente acompañada
a ratos de mi firmeza
y siempre de mi esperanza.
Tenemos de aqueste logro 570
de Cupido, de esta llama
del ciego dios, dos infantes,
dos pimpollos y dos ramas,
tan bellos, que es ver dos soles
mirar sus hermosas caras. 575
Querémonos tan conformes,
son tan unas nuestras almas,
que a un arroyo o fuentecilla
adonde algunas mañanas
sale a recibirme Inés, 580
todos los de la comarca
llaman, por lisonjearnos,
el Penedo de las ansias.
En fin, señora, mi amor
es tan grande que no hay planta 585
que para amar no me imite,
no hay árbol que con las ramas
esté tan unido como
lo estoy con mi esposa amada.
Y aunque parezca desaire 590
a vuestra Alteza contarla
aqueste empleo, he advertido
que es mejor, para obligarla,
cuando engañada se advierte,
decirlo y desengañarla, 595
pues cuando de Portugal
no sea reina, en Alemania,
en Castilla y Aragón,
hay príncipes que estimaran
saber aquesta ventura 600
que habéis juzgado a desgracia;
y porque me espera Inés
y culpará mi tardanza,
dadme licencia, señora,
que a verme en su cielo vaya, 605
pues es bien que asista el cuerpo
allá donde tengo el alma.

 (Vase.)  

INFANTA
   ¿Han sucedido a mujer
como yo tales desaires?
¿Cómo es posible que viva 610
quien ha oído semejante
injuria? ¡Al arma! ¡Venganza!
Despida el pecho volcanes
hasta quedar satisfecha.
Muera conmigo quien hace 615
que a una infanta de Navarra
el decoro le profanen;
que una mujer celosa y agraviada
sola consigo mismo es comparada,
que si la aflige amor y acosan celos, 620
aun seguros no están della los cielos.

 (Vase.) 

 

(INÉS, en traje de caza, con escopeta, y VIOLANTE, criada.)

 
VIOLANTE
   ¿No estás cansada, señora?
DOÑA INÉS
Sí, Violante, y triste estoy;
hacia el Mondego me voy,
que el sol el ocaso dora; 625
   y antes que sea más tarde,
pues Pedro no viene, quiero
retirarme.
VIOLANTE
Siempre espero
que hagas de tu gusto alarde,
   sin cuidados amorosos. 630
DOÑA INÉS
Violante, no puede ser,
que en la que llega a querer
no hay instantes más gustosos
   que los que da a su cuidado.
¿Qué será no haber venido 635
mi Pedro?
VIOLANTE
Le habrá tenido
el Rey, su padre,ocupado;
   desecha ya la tristeza
que te aflige.
DOÑA INÉS
No te asombre;
y temo olvidos.
VIOLANTE
Su Alteza
640
   sólo en ti vive, señora,
sólo tu amor le desvela.
DOÑA INÉS
Como el pensamiento vuela,
hizo este discurso ahora.
   Violante, advierte mi pena; 645
que no temo sin razón,
ni esta profunda pasión
es bien que la juzgue ajena;
   el Príncipe, mi señor,
aunque amante le he advertido, 650
se ve, Violante, querido,
y esto aumenta mi temor;
   advierto que está delante,
contrastando mi fortuna,
una hermosa Venus, una 655
Blanca, de Navarra infante;
   su padre quiere casarle,
aunque casado se ve,
y puede ser que mi fe
llegue, Violante, a cansarle; 660
   mira tú si mi fortuna
infelice puede ser,
que a la más cuerda mujer
se la doy de dos la una;
   toma la escopeta allá, 665
ya que ésta la quinta es.
VIOLANTE
Descansa, señora, pues.
DOÑA INÉS
Todo disgusto me da.
VIOLANTE
   ¿Quieres, señora, que cante,
para divertir tu pena, 670
una letra nueva y buena
que te alegre?
DOÑA INÉS
Sí, Violante;
   canta, y no por alegrar
mi pena te lo consiento,
sino porque a mi tormento 675
quisiera un rato aliviar.
VIOLANTE
   Saüdade minha.
¿Cuándo vos vería?
DOÑA INÉS
    Diga el pensamiento,
pues sólo él siente, 680
adorado ausente,
lo que de vos siento;
mi pena y tormento
se trueque en contento
con dulce porfía. 685
    Saüdade minha,
¿cuándo vos vería?
VIOLANTE
   Minha saudade
caro penhor meu
¿a quem direi eu 690
tamanha verdade?
Na minha vontade
de noite e de día
siempre vos vería.
    Saüdade minha 695
¿cuando vos vería?

  (Sigue hablando.) 

   Parece que se ha dormido,
y con paso diligente
vuelve atrás la hermosa frente,
todo el curso suspendido. 700
   Dejarla quiero al beleño
deste descanso, entre tanto
que da tregua a su llanto,
árboles guardadla el sueño.
 

(Vase y sale el PRÍNCIPE DON PEDRO con BRITO.)

 
PRÍNCIPE
   Gracias a Dios, Brito amigo, 705
que he salido a ver mi bien.
¿Quién fue más dichoso, quién
pudo igualarse conmigo?
   ¿Posible es, Brito, que estoy
donde pueda ver mi esposa, 710
entre cuya llama hermosa
simple mariposa soy?
BRITO
   Tan posible, que llegamos
a la quinta que está enfrente
del Mondego.
PRÍNCIPE
Aguarda, tente.
715
BRITO
¿Has visto algo entre los ramos?
PRÍNCIPE
    ¿No ves a Inés celestial
que aquí a la vista se ofrece?
BRITO
Que está dormida parece
al margen de aquel cristal 720
   que la fuente vierte; calla,
no la despiertes, señor.
PRÍNCIPE
Díselo, Brito, a mi amor.
BRITO
Luego ¿quieres despertalla?
PRÍNCIPE
   Quiero, Brito, y no quisiera 725
impedirla el descansar.
BRITO
Será lástima inquietar
su sosiego.
DOÑA INÉS

 (Soñando.) 

Tente, espera
PRÍNCIPE
    Parece que habla.
BRITO
Estará,
señor, entre sueño hablando. 730
PRÍNCIPE
¿Qué estará mi bien soñando?
BRITO
Contigo el sueño será.
DOÑA INÉS
    ¡Que me mata, tente, aguarda!
¡Alfonso, Dionís, Violante!
PRÍNCIPE
Deja, Brito, que adelante 735
pase, porque ya se tarda
   mi deseo en ver despierto
mi hermoso sol.
BRITO
Llega pues,
pero despertar a Inés
será grande desacierto. 740
DOÑA INÉS
   No me maten tus rigores;
¿por qué me quitas la vida?
Pedro, Pedro de mi vida,
esposo, mi bien.
PRÍNCIPE
Amores,
   mucho he debido al pesar 745
que en ti ha ocasionado el sueño,
pues te trajo, hermoso dueño,
en mi pecho a descansar.
DOÑA INÉS
    ¡Pedro, señor, dueño amado!
PRÍNCIPE
¿Qué tienes, Inés?
DOÑA INÉS

 (Despierta.)  

Soñaba
750
que la vida me quitaba...
PRÍNCIPE
¿Quién?
DOÑA INÉS
Un león coronado,
   y a mis dos hijos, i ay cielo!,
de mis brazos ajenaba
y airado los entregaba 755
(aun no cesa mi recelo)
   a dos brutos que inhumanos
los apartaron de mí.
PRÍNCIPE
¿Eso, Inés, soñaste?
DOÑA INÉS
Sí.
PRÍNCIPE
Fueron tus recelos vanos, 760
   desecha, Inés, el dolor,
cóbrate más valerosa,
si bien estás más hermosa
con el susto y el temor.
DOÑA INÉS
    ¿Eres mío?
PRÍNCIPE
Tuyo soy.
765
DOÑA INÉS
Y tuya mi fe será.
BRITO
¿Adónde Violante está?
A pedirla celos voy.
DOÑA INÉS
   Nunca como hoy, dueño mío,
temí de mi amor mudanzas, 770
no porque de ti no fío,
sino por ser desdichada.
Apenas de nuestra quinta
salí a caza esta mañana,
cuando vi una tortolilla 775
que entre los chopos lloraba
su amante esposo perdido.
Yo, de verla lastimada,
llegué a temer que mi suerte
no me trajese a imitarla. 780
Vi luego que de una vid
un olmo galán se enlaza,
y envidiosa de sus dichas
también se me turbó el alma.
Pues un tronco bruto goza 785
posesión más bien lograda,
yo apenas gozo el bien
cuando todo el bien me falta.
Y como en la tortolilla
he visto más declaradas 790
mis sospechas temerosas,
siendo yo tan desdichada,
no es mucho, Pedro, que tema
llegar a imitar sus ansias.
PRÍNCIPE
Inés, si el sol en la tierra, 795
como produce las plantas,
infundiera en cada flor
una deidad, y llegara
a reducir las bellezas
con las de tu hermosa cara 800
(que es la mayor, dueño mío),
en otra mujer, palabra
te doy que siendo tuyo
en mi corazón no hallara
ni un cortesano cariño, 805
ni una amorosa palabra,
ni un pequeño ofrecimiento,
ni un afecto en que mostrara
átomos de la afición
con que te adoro, que tanta 810
fuerza tiene tu hermosura
desde que está retratada
en mi pecho, que tu nombre
tiene por objeto el alma.
¿Alfonso y Dionís, adónde 815
están?
 

(Sale ALFONSO, niño.)

 
ALFONSO
¿Padre?
PRÍNCIPE
¡Prenda amada!
¿Y vuestro hermano?
ALFONSO
Señor,
ahora merendando estaba,
¿quieres que vaya a llamarle?
PRÍNCIPE
Sí, mi vida.
DOÑA INÉS
¡Espera, aguarda!
820
 

(Salen BRITO y VIOLANTE alborotados.)

 
BRITO
    ¡Señor! ¡Señor! Oye.
PRÍNCIPE
Brito.
¿qué dices?
VIOLANTE
¡Señora!
DOÑA INÉS
¡Cielos!
¿qué es esto?: dilo, Violante.
VIOLANTE
Dilo, Brito, que no puedo.
PRÍNCIPE
¿De qué os turbáis? Hablad ya. 825
BRITO
Por la orilla del Mondego
y el camino de la quinta
tres coches se han descubierto
y del Rey parecen.
DOÑA INÉS
¿Hay
más desdichas?
PRÍNCIPE
Vé en un vuelo
830
y reconoce quién es.
BRITO
Yo ya he visto, aunque de lejos,
que el Rey y la Infanta vienen
y Alvar González con ellos
y Egas Coello.
PRÍNCIPE
Ambos son
835
dos traidores encubiertos.
VIOLANTE
Ya llegan.
DOÑA INÉS
Pues yo me voy
a retirar.
PRÍNCIPE
Deteneos,
señora, que estando yo
con vos, no hay que temer riesgos. 840
 

(Salen el REY DON ALONSO, la INFANTA, ALVAR GONZÁLEZ, EGAS COELLO y acompañamiento.)

 
REY
Aquesta es la quinta, entrad.
Pedro.
PRÍNCIPE
Señor ¿qué es esto?
INFANTA

 (Aparte.)  

Ahora empieza mi venganza.
DOÑA INÉS

 (Aparte.)  

Ahora empiezan mis celos.
REY

 (Aparte.)  

Ahora empieza mi castigo. 845
PRÍNCIPE

 (Aparte.)  

Ahora empieza mi tormento.
ALVAR

 (Aparte.)  

Ahora se enoja el Rey.
EGAS

 (Aparte.)  

Ahora se quieta el reino.
VIOLANTE

 (Aparte a BRITO.)  

Ahora te echan a galeras.
BRITO
Ahora te dan ducientos 850
por alcahueta, Violante.
VIOLANTE
Miente y calle.
BRITO
Callo y miento.
REY
No sé cómo reportarme.
En fin, príncipe Don Pedro,
¿ocasionáis a que haga 855
vuestro padre estos excesos
de salir para buscaros
fuera de la Corte?
DOÑA INÉS

 (Aparte. 

Cielos,
temiendo estoy su rigor,
pero con todo yo llego.) 860
Déme vuestra Majestad
a besar su mano.
REY

 (Aparte. 

¿El cielo
mayor belleza ha formado?
De mirarla me enternezco.)
¿Cómo os llamáis?
DOÑA INÉS
Doña Inés
865
de Castro.
REY
Alzaos del suelo.
DOÑA INÉS
Quien a vuestros pies se ve
goza, señor, de su centro,
pues en ellos...
REY
Levantad.
DOÑA INÉS
Toda mi ventura tengo. 870
REY
¡Qué honestidad, qué cordura!
¿quién es este caballero?
PRÍNCIPE
Un deudo cercano mío.
REY
También debe ser mi deudo;
lindo es, ¿cómo os llamáis? 875
ALFONSO
Alfonso, al servicio vuestro.
REY
Por vuestro abuelo será.
DOÑA INÉS
Tiene muy honrado abuelo.
REY
Y muy hermosa y muy noble
madre.
INFANTA

 (Aparte.)  

¡Qué ha sido esto, cielos!
880
REY
Vamos.
INFANTA

 (Aparte.)  

¿A esto el Rey me trajo?
Perderé el entendimiento.
REY
Venid, Infanta.
EGAS
Señor,
ved que para vuestro reino
este inconveniente es grande. 885
ALVAR
Y con este impedimento
de Doña Inés, Doña Blanca
no logrará su deseo
de casar en Portugal.
REY
Ya lo he mirado, Egas Coello; 890
mas no es ocasión ahora
de salir de tanto empeño.
ALFONSO
Dadme la mano, señor,
y la bendición.
REY
¡Qué bueno!
¡Hay más gracioso muchacho! 895
INFANTA
Mis desdichas voy sintiendo.
REY
Adiós, Doña Inés.
PRÍNCIPE
Señor,
guarde mil años el cielo
a vuestra real Majestad,
para mi señor y dueño 900
de mi albedrío.
REY
¡Inés!
¡Cuánto con el alma siento
no poder aquí, aunque quiera,
mostrar lo mucho que os quiero!
BRITO
Violante, adiós; que me voy. 905
VIOLANTE
Brito, adiós; que lo deseo.
PRÍNCIPE
Adiós, Inés de mi vida.
DOÑA INÉS
Adiós, adorado dueño.
PRÍNCIPE
¡Muerto voy!
DOÑA INÉS
¡Yo voy sin alma!
PRÍNCIPE
¡Qué desdicha!
DOÑA INÉS
¡Qué tormento!
910

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