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Cartas del general Terán al señor García, gobernador de Zacatecas.
1.- Hacienda del Cojo, mayo 28.- «Compañero, amigo y Sr. de toda mi estimación: varias consideraciones de que solamente a Vd. puedo imponer me han determinado a hacer el movimiento de Altamira a este punto sin el menor impedimento. Desde que comenzó la revolución, opiné por el cambio del ministerio, y lo insinué en lo particular al Sr. vicepresidente, anunciándole que al fin se vería en la precisión de tomar esa medida...
»Yo he anunciado que no hago la guerra porque haya tales ministros, sino porque haya gobierno con la forma constitucional: no la hago ni aun por nombramiento de las personas del gobierno, sino porque me fue preciso rechazar a la revolución en el lugar mismo en que yo estaba...
»Al llegar a esta hacienda vino en efecto un extraordinario con el aviso de la renuncia admitida de los ministros: a los oficios que tratan de ello se agrega la carta particular que remito a Vd. (La que se halla en la nota 32.)
»Para merecer toda la confianza de Vd. le comunicaré que no he obrado por alucinamiento hacia el término de la revolución: comuniqué a tiempo que la causa del gobierno era impopular, aplicada solamente al ministerio, a lo menos en el lugar en que me hallaba y en sus inmediaciones. He obrado, y obraré, porque en mis principios el que es general se debe sacrificar por el gobierno a quien sirve públicamente. Las naciones están vendidas de otro modo: lo débil de las instituciones se ha de defender, pues a la parte fuerte, los aspirantes que buscan fortuna la hacen incontrastable. Muchos de los que contribuyeron al plan de Jalapa se hacen ahora el honor de atacar la obra de sus manos: gritan que la constitución no sirve; por lo que hace a mí, si no me da otra la nación, hasta que tenga fuerza me bato por la última hoja. Busco a la parte sana de la nación para obrar con ella, si la falta de gobierno me hace carecer de órdenes.
»Al enemigo que me toca hacer frente lo tengo reprimido. Si fuera guerra yo la acabara en ocho días en Tampico; pero es revolución de un pueblo libre, y la parte que he abrazado por mi destino es la defensa de sus leyes, debo ser el que menos se desembarace de ellas.
»Acompaño a Vd. un plano de Tejas formado sobre mis observaciones, y si muero en esta frasca, téngalo Vd. como mi testamento y la última memoria de un amigo.»
2.- Hacienda del Cojo, junio 17 de 1832.- «Se nos censura a Vd., a mí y a Muzquiz que no tengamos un partido a quien servir, o más bien a quien invocar, cuando los dos que se hacen la guerra han menester un tercero. He aquí probado que se han menester hombres imparciales, y que la desgracia es que sean pocos, si fueran muchos no habría guerras, las ilegitimidades se subsanarían o por la aquiescencia y legalidad posterior, o porque no habría disputa sobre la legalidad de la autoridad existente.
»De la revolución presente no resultan seguramente los partidos conocidos hasta aquí: habrá más o menos, según la conclusión. Para la política, la revolución va hasta donde la terminen los obstáculos: comprende al ejecutivo general, al congreso, la dictadura y, lo que es más cierto, la anarquía y la disolución.
»Me han invitado para una coalición de estados, aceptaría si estuviera en contacto; pero necesito para ir allá separarme de este país, y a consecuencia se perdía. Las ventajas que yo pudiera obtener por allá no compensarían estas pérdidas, y quedaría con la ignominia de haber huido de las terribles dificultades que me cercan.
»Conozco al Sr. Gómez Farías. No he tenido relaciones con él, porque gratuitamente no se han ofrecido; ha sido hombre de influencia y me causaba rubor solicitarlo porque no se me censurara por él mismo, pues tiene rigidez. A hombres tales pondría de ministros, el gobierno se perderá, dirán, pero se perderá gradualmente por operaciones que pueden ser detenidas por transacciones, que penden de eventos casuales, y sobre todo son más pacíficos que la guerra actual; se pierde ya en la revolución el hilo de la legitimidad, y por ésa dice C. que es necesario una convención, ¿quién la reúne?
»En prueba de la confianza que hago de Vm. le envío en lo reservado esas copias (la carta que se halla adelante, en la nota 35), y sirva de prevención. Sirva también, y es el fin de dejar tales documentos, que defiendan mi memoria si perezco en esta contienda.
»Por conducto de D. Zenón Fernández envío a Vm. una comunicación, de que espero respuesta. -Queda de Vm. etc.»
3.- Altamira a 22 de mayo.- «Yo voy a trabajar sobre un plan para estar en disposición de sostener a las representaciones nacionales: las particulares de los estados y la general in statu quo, porque no se borre la forma constitucional, lo que si sucede somos perdidos, porque nadie la restaura, y ni es probable que haya quien pueda establecer cualquiera sistema de orden público. No cuento con conexiones particulares: crea Vd. que es el único gobernador con quien me explico. Tengo el auxilio de otros, pero se funda en el concepto que tienen de mí, y en lo general, y lo más de oficio se mantienen en relación conmigo; en las legislaturas no tengo ni aun conocidos, fuera de ésta de Tamaulipas...
»No me meto a juzgar si el gobierno pudo o no evitar que se llegase a este término horrible; lo que es cierto es que en el día el ejecutivo no tiene ya ese recurso. Este mal no es un pronunciamiento en la voz común, es una revolución que no admite aquel medio de transacción.
»Yo creo que leerá Vd. con fastidio esta larga carta, y aun me atrevo a reclamarle que la agradezca, porque me ha costado mucho trabajo para tomar tiempo para ponerla. ¿Qué se quiere en Zacatecas? No dudo que constitución y libertad; pues que no se equivoquen los medios de defenderla: dígaseme cuáles son.»
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Carta del vicepresidente Bustamante al general Terán.
Exmo. Sr. D. Manuel de Mier y Terán. - Villerías. - México, mayo 18 de 1832.
-Compañero y amigo muy estimado.- Sin embargo de que no creía conveniente que los secretarios del despacho se separasen de sus respectivos encargos, antes de que los pronunciados volviesen al orden, por las razones que manifesté a Vm. en una de mis anteriores, habiendo insistido de nuevo dichos secretarios en la dimisión que tenían hecha, no pude menos que admitírselas, según verá Vm. en los impresos que se le remiten.
Como Vm. ha opinado que, dado este paso, se separarían de la revolución algunos que han entrado en ella de buena fe, y los que desean salir del compromiso o apuros en que se hallan, estimé oportuno se comunicase a Vm. este aviso por extraordinario, para que del modo que a Vm. mejor le parezca pueda hacerlo entender a los de Tampico a fin de que se sometan a la obediencia del gobierno, y no dudo que la política y talento de Vm. sacarán de dicho aviso grandes ventajas.
Por no detener el correo, y sin otra ocurrencia que comunicar a Vm. concluyo repitiéndome como siempre su compañero y muy adicto amigo que le desea la mejor salud y triunfo más completo. -Anastasio Bustamante.
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Carta de Mora al general Terán.
México, 29 de junio de 1852.- Mi estimado amigo: acabo de recibir su muy apreciable de 7 del corriente, y veo con el mayor sentimiento el aviso que me da de haberme propuesto al Vicepresidente para que en el remplazo del ministerio destituido se me llame a una de las secretarías del Despacho. Bajo las órdenes de Vm. no rehusaría desempeñar esta comisión, pero nada en el mundo podrá determinarme a aceptarla del general Bustamante, con quien no he tenido antes relaciones y cuyos compromisos con el partido de las vejeces son, a mi juicio, eternos e irrevocables. Bustamante, que se pica de pundonor y no da importancia ninguna a los sistemas políticos, hace consistir aquél en su adhesión constante a las personas que él llama sus amigos; y éstos no se descuidan en cultivar semejantes disposiciones y sacan partido de ellas para su sistema favorito. Así es que como dije a Vm. cuando se verificó la separación de los ministros, el cambio no es de principios sino de personas, no para alterar la marcha, sino para adormear la oposición, que se quiere suponer no sabe lo que pide. Esto no tiene otro remedio que mantener la autoridad del gobierno contra Sta. Ana hasta la próxima elección que disipará las dudas y desarmará la revolución que este general convertirá en su favor. Los señores García y Farías conocen los riesgos que se corren con él, y esto me hace creer que sólo en un caso extremo se declararán por los pronunciados, etc.
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Carta de Terán a García.
Hacienda del Cojo. Junio 7 de 1832.- «Compañero y amigo de mi particular aprecio: acabo de recibir la grata de Vd. de 30 del pasado, y en vista de ella he propuesto como mío parte de lo que Vd. me dice en ella. Esto es: que se pida o se declare el impedimento del presidente y vicepresidente, y se proceda a lo que prescribe el art. 96 de la constitución, haciendo que la elección recaiga en Vd., en otro sería inútil y arriesgado, e ínterin Vd. se presenta que se haga lo que dice el 97. Que al vicepresidente y a los ministros se les pida del estado de Zacatecas un asilo para garantizarlos de procedimientos ilegales.
»Ingenuamente se lo digo al Sr. Bustamante, porque me ha dado ocasión para ello preguntando mi opinión, y en tales términos le contesto.
»No conviene, a lo menos por ahora, ni indicar siquiera lo del Sr. Pedraza, pues al fin está impedido por ausente...
»En fin, éste es otro paso que no es del momento, porque el individuo está ausente, y no sabemos si bueno o malo, con ganas de venir o sin ellas...
»Verá Vd. que no es perder tiempo contestar a la media hora la apreciable de Vd. y fijarle proposiciones. Espero en contestación que me diga Vd. si serán sostenidas o propuestas por ese estado, ya que lo son por la opinión de Vd.»
Otra del mismo al mismo.
Hacienda del Cojo. Junio 4 de 1832.- «Mi juicio sobre el paradero de esto es que todo se trastorna y quedan mazas de hombres armados batiéndose por su propia defensa, y que la revolución absorbe la mayor parte. Mi situación se hace crítica por lo que pasa en otras partes. Yo correré mi suerte: hasta que me sea posible me comunicaré con Vd. para que si es practicable restaure lo que se va a perder.
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Oficio del general Terán al gobierno.
Reservadísimo. - Comandancia general e inspección de los estados internos de oriente. - Núm. 172.- «Por contestaciones que he dirigido al Sr. general D. Juan José Zenón Fernández, he dado a conocer el estado político y militar de esta demarcación, encargándole que le diera conocimiento al Excmo. Sr. vicepresidente de la República; pero no teniendo contestaciones oportunas, tengo el honor de hacerlo a V. S. para que se sirva darle cuenta.
»He comunicado los motivos militares que tuve para salir de Villerías, pero también debo añadir que el más poderoso, aunque subordinado a los primeros por ser puramente políticos, fue el de la noticia anticipada que tuve de la admisión de la renuncia de los Sres. ministros, entendiendo que esta medida era una verdadera transacción política con que se contendría la guerra civil, cuyo primer efecto supuse que sería la orden para suspender las acciones decisivas capaces de cambiar el estado de la cuestión. Para apreciar este motivo se necesita tener presente que, colocado Tampico entre México y esta división, los pronunciados de aquella ciudad sabían primero que yo aquel cambio y podían sacar de él ventajas revolucionarias en contra del gobierno y la nación, que no eran evitables a la inmediación de sus puntos fortificados.
Desde el veinte y cuatro del próximo pasado tomé esta posición a propósito para cubrir a los estados de San Luis y Tamaulipas de las fuerzas militares de la revolución, y hasta cierto punto de la influencia de ella por cerrar las comunicaciones principales; pero la revolución tiene por la Huasteca, y por otras vías en Tamaulipas imposibles de obstruir, por dónde propagarse al rededor de mi posición, particularmente en Victoria, cuyas autoridades y poderes están en la más crítica posición, pues penden en su existencia legal del éxito de la guerra, y como individuos están relacionados de diversos modos, ya con el gobierno ya con la revolución, siendo éste el obstáculo más insuperable que se ha ofrecido a general alguno en todo el mundo, pues por las instituciones adoptadas no espera órdenes del gobierno que lo relacionen sólidamente con los poderes del estado a seguir con decisión el plan rigoroso de la guerra, ni aun cuando vinieran dichas órdenes tendrían efecto más allá de lo que es constitucional. De manera que, en el estado de Tamaulipas aislado, la ley marcial sería el remedio precario que exigiría la revolución; pero en nuestras leyes no existe tal ley, y si se quiere darla hoy, en el mismo Tamaulipas y en todas partes de la federación produciría tan funestos resultados que no es del caso considerar, porque a primera vista es un imposible, y yo como general debo decir que pido en el caso mi relevo.
»En tales circunstancias y en la estrecha en que me hallo de considerar la política así como la guerra, por las relaciones con los poderes de este estado, que no están ni previstas ni demarcadas en ninguna ley, debe permitirme el supremo gobierno que le trate de ambas, y en este concepto diré que la renuncia de los Sres. secretarios no detiene el curso de la revolución, quizá porque no es un cambio verdadero cual yo lo he entendido, y conmigo lo entendieron otros muchos que prevén y obran a falta de conocimientos imposibles en la distancia e incomunicación en que me hallo por las sugestiones materiales y que aprueban la buena fe.
»Dios y libertad. Buena-Vista, junio 17 de 1832. - Manuel de Mier y Terán. Sr. oficial mayor encargado de la secretaría de guerra y marina.»
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Para que el público mexicano se instruya de los gastos del culto en Francia, y pueda convencerse, por la evidencia material, de las reducciones y economías que sin perjuicio de la religión pueden hacerse sobre este ramo en aquella república, insertamos el presupuesto del último año de la Restauración (época de Carlos X, muy favorable al Clero) y el de este año, presentado para 1838, con las sumas totales de lo que ha costado el sostenimiento del culto desde 1831 a 1836 inclusive. Por él se verá que los cardenales, arzobispos, obispos, canónigos, vicarios generales, curas, vicarios y ministros de las parroquias, tienen en lo general dotaciones muy inferiores, no sólo a las cantidades que hoy se toman nuestros funcionarios eclesiásticos, sino aun a las que se pensaba asignarles en 1853. Sin embargo, el servicio eclesiástico de México en nada puede compararse al de Francia, al cual es inferior en todas líneas, exceptuada siempre la pompa del culto en la que México consume sumas inmensas. En este reino los fieles son servidos con una puntualidad excesiva, si puede haberla en el caso: el Clero no tiene fuero ni bienes propios, compareciendo los eclesiásticos en sus causas civiles y criminales ante los tribunales civiles ordinarios y recibiendo del gobierno sus medios de subsistir, que se les asigna por actos de soberanía y no por contratos; aquí el Clero no es una corporación civil ni un poder social que dispute al gobierno, como en México, el ejercicio de la soberanía y turbe a cada paso el orden público por defender fueros y bienes que no son suyos. El Clero, sin embargo, y tal vez por eso mismo, es respetado y amado de los fieles.
Para mejor inteligencia se han reducido los francos a pesos mexicanos, cada uno de los cuales vale cinco francos treinta céntimos, y se ha formado una columna de pesos al lado de la de los francos.
PRESUPUESTO DEL CLERO FRANCÉS PARA 1829. ÉPOCA Y ÚLTIMO AÑO DE LA RESTAURACIÓN.



Desde 1830, época de grandes reducciones, los gastos han excedido, como sucede siempre, a los presupuestos en una parte muy corta, y el efectivo de lo gastado en el sostenimiento del culto católico, que paga el gobierno francés, ha sido desde 1831 hasta 1830 inclusive, como sigue:

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El general D. José Antonio Facio nada es menos que sospechoso para la Milicia privilegiada, cuyos fueros y pretensiones sostuvo con un tesón, empeño y perseverancia de que no hay ejemplo en el país. Oigase, pues, lo que dice del Ejército mexicano en su memoria militar inédita, que para en poder de su hermano el teniente coronel D. Francisco Facio:
«Pero el que haya seguido el curso de nuestra historia habrá notado en ella dos circunstancias que caracterizan la infancia de nuestra constitución. La primera es que los grandes disturbios son periódicos; la segunda que los traman los mismos hombres sirviéndose de los mismos medios. El tiempo de las elecciones es la estación de las revueltas, y tas tropas el instrumento de los revoltosos. Apenas se citará un ejemplo de elecciones generales llevadas al cabo sin tumulto; apenas podrá señalarse un tumulto que no halla sido promovido por alguna parte del Ejército. Al acercarse la época en que se renueva el poder ejecutivo, con la elección de un jefe supremo se despierta la ambición y como, por mucho que ciegue al hombre su ambición propia, nunca deja de conocerse y de hacerse justicia allá en el foco de su conciencia, el ambicioso que nada espera de la libre voluntad del pueblo recurre a los medios expeditivos: porque, de hecho, más fácil es tener ánimo un día que virtud constantemente, y más probable seducir a unos cuantos cómplices que engañar a una nación entera.
»La organización de nuestro Ejército se presta a los manejos del primer aventurero con influjo en algunos cuerpos, cosa harto fácil sobre todo cuando no se escasean las promesas y en nada se repara por cumplirlas. El soldado en nuestra República, donde reina todavía la moral militar de nuestros abuelos, no tiene más hogar que su bandera, ni otros deberes que los de su ordenanza, ni más patria que su regimiento: la nación en su concepto es un gran cuartel, y las instituciones nombres vacíos, o tal vez meros guiones de compañía cuya pérdida se puede cubrir con la culata de un fusil, sin que en el cambio crea comprometido su honor ni el bienestar de su país. El tiempo y una educación esencialmente republicana formarán guerreros ciudadanos que sepan conciliar los deberes del patriota con las obligaciones de la milicia; pero entre tanto sólo puede llenar el vacío que deja la falta de esa educación la disciplina, único baluarte que preserva la libertad y las leyes del funesto influjo de las armas. El soldado mexicano es valiente, sufrido, ágil y dispuesto para todo servicio; mas por desgracia también es indolente, y mejor lleva las fatigas de la guerra que la regularidad de la vida militar: así se ve que la indisciplina es el primer vicio de nuestro ejército, la enfermedad moral de nuestras tropas, enfermedad contagiosa que hace sus mayores estragos entre los soldados costeños.»
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Aunque en el cuerpo de la memoria de hacienda de 1833 se dice que el presupuesto de aquel año será de diez y siete millones de pesos, los estados que lo forman y se hallan en dicha memoria marcados con las letras G. II. I. pertenecientes a los ministerios de hacienda, justicia y relaciones, y los gastos del ministerio de la guerra tomados del presupuesto del mismo en el año anterior, por no haberse podido formar el de este año de 1833, dan la suma de 21,832,645 que es la que ponemos para dicho año.
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Las notas siguientes, publicadas en el Telégrafo de 6 de marzo de 1834 son extendidas por una de las personas menos favorables a la administración Farías.
Notas estadísticas comunicadas por el L. J. R. Pacheco, miembro de la sociedad francesa de estadística universal.
EJÉRCITO INGLÉS.- Las fuerzas militares del imperio británico este año son de 78,503 hombres en el interior y en el exterior, excepto sólo las Indias. En Inglaterra hay 23,783 hombres; en Irlanda, 27,135; y en el exterior, no comprendiendo las posesiones en la India, 55,583. Se advierte que los cuerpos armados no se han aumentado con proporción al aumento de población. En 1792 había en diversas localidades, y bastaba para la India 5,039 hombres; hoy se han menester 17,208. La población de la India es de 89,575,000 almas: este incremento explica el de las fuerzas que ha sido necesario enviar a aquellos países. Desde 1829 hay 7,713 hombres, más 1,018 que se han aumentado al servicio del exterior y 6,695 para el interior. La Inglaterra no puede reducir más sus fuerzas, cuando todas las otras potencias europeas mantienen sobre las armas ejércitos tan formidables.

El gasto de guerra que se pone en la línea de la república mexicana es el que el ministerio respectivo presentó como decretado en la última memoria que hay impresa, que es del año de 1831, con lo de vestuarios, que no se incluye, y con lo que pide en iniciativa, suma el presupuesto 17 millones.
Aunque la ley previene la existencia en el ejército de 31,600 hombres, y otros tantos de milicia activa, jamás ha existido esta fuerza en la república. Hoy se asegura que no hay 5,000 hombres de soldados y que los oficiales ascenderán a 18,000.
Aunque en la línea de los Estados Unidos del Norte se ponen en los gastos de guerra 7 millones de pesos, se debe notar que en tropas no se gasta más que millón y medio, porque el resto se destina a las fortificaciones, armamentos y compras de tierras a los indios bárbaros, que es el modo con que se les hace la guerra. Por consiguiente, la proporción del gasto en tropas con las rentas no es de una cuarta parte, sino de una decimaoctava parte.
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Indicador de la Federación mexicana.-Miércoles 13 de noviembre de 1833.-Reflexiones sobre facultades extraordinarias.