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Rodney Falk como crítico literario: La noción de autocrítica en Javier Cercas

Yeri A. López





«Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio».


Jorge Luis Borges                


Esa habilidad de poderse ver desde otra perspectiva, como señala Borges, es una cualidad que a muchos de nosotros nos gustaría poseer. Sin embargo, raramente desviamos los ojos hacia nosotros mismos antes de dirigirlos hacia la gente que nos rodea. En pocas palabras, por naturaleza, somos críticos de los demás y casi nunca de nosotros mismos. Entonces, ¿Cómo es posible que podamos hablar de autocrítica? ¿Cómo puede un autor autocriticarse a sí mismo en su propio texto? ¿Se podría tomar su crítica con la validez que se toma la crítica de otros? Muchos escritores se basan en técnicas literarias muy variadas para lograr esa autocrítica. Basta destacar al gran escritor Miguel de Cervantes y su gran obra El Quijote, en la cual la autocrítica está presente y es un componente primordial. Cervantes utiliza su don de autor, el de crear personajes, personajes que leen la primera parte de El Quijote escrita en 1605 y por consiguiente pueden criticarla en la segunda parte. De igual manera, Javier Cercas, quien sin duda alguna puede considerarse como uno de los grandes discípulos de Cervantes, utiliza a sus personajes para autocriticarse. Javier Cercas en todas sus novelas tiende a jugar en un espacio entre la realidad y la ficción, e incorpora personajes que tienen cualidades muy parecidas a él mismo. En este trabajo trataré de destacar y analizar críticamente esos espacios en sus obras, donde los personajes, dobles del mismo autor toman el papel de críticos literarios. Partiendo de esta autocrítica, trataré de comparar y contrastar algunas obras de Javier Cercas: El inquilino (1989), Soldados de Salamina (2001) y La velocidad de la luz (2005).

Antes de comenzar a explotar la veta dorada de la autocrítica en Javier Cercas, creo que es de suma importancia indagar con más profundidad el tema de la autoficción en la obra de Cercas. De cierta manera podemos decir que este es uno de los temas fundamentales que le dan la existencia a la autocrítica en este escritor. En este contexto de la autoficción, el caso de Javier Cercas me parece especialmente significativo. No sólo podemos encontrar en la mayor parte de sus libros, el recurso de presentarse a sí mismo dentro de la obra, sino que toda su producción parece una continua y trabada reflexión acerca del papel del autor en la creación literaria o, lo que en parte viene a ser lo mismo, acerca de las relaciones entre vida y literatura (Gómez Trueba 69). En la obra literaria de Javier Cercas nos encontramos continuamente con personajes que parecen salir de un espejo donde la reflexión del autor está presente en todo momento. En su mayoría, todos sus personajes aparentan ser desdoblamientos del mismo autor. Por ejemplo, en su relato El móvil, tenemos a un aspirante a escritor que quiere escribir una gran novela. En El inquilino, tenemos a un profesor universitario, Mario Rota, quien presenta igualmente características muy propias del mismo Javier Cercas. En sus novelas más recientes esa unión entre autor y personajes es aún más clara e indiscutible. En Soldados de Salamina, tenemos esa imagen de un profesor universitario y periodista, que está en busca de escribir su relato verdadero. Por otro lado, tenemos a La velocidad de la luz, se da el caso que se podría llegar a imaginar que el narrador y el mismo autor pudiesen compartir la misma fama, los mismos libros y hasta cierto punto una vida muy parecida.

Este afán de Cercas por incluir, ya sea en el narrador o en algún personaje cualidades muy propias de sí mismo nos puede resultar altamente beneficioso para nuestra tarea de estudiar la manera que este autor trabaja la noción de autocrítica. En la obra de Javier Cercas se crea un sentido autocrítico a través de la composición de personajes tan unidos a sí mismo por lazos tan reales como su propia literatura. De esta manera nace una narrativa que abre la puerta al mismo autor y le da la habilidad de poder criticar ya sea la obra en trabajo u obras previamente escritas.

En su novela, El inquilino, podríamos asegurar que tenemos un desdoblamiento de autor a personaje y de personaje a otro personaje, donde empieza a crearse el momento ideal para que ocurra la autocrítica. En esta peculiar historia tenemos la aparición del personaje de Berkowickz, quien aparentemente comienza a apoderarse de la identidad del protagonista comenzando con su oficina, trabajo, amante, amigos, etc. Este extraño nuevo inquilino parece conocer todo acerca del protagonista, incluyendo sus publicaciones en revistas literarias no muy prestigiosas.

Berkowickz citó el título del único artículo especializado que Mario había publicado en los tres últimos años, en Itálica; sonriendo y dirigiéndose a la señora Workman, declaró que Mario y él eran colegas, que investigaban temas de índole semejante, y sin duda iban a trabajar en el mismo departamento en la Universidad.


(El inquilino 18)                


En sí, Berkowickz no hace una crítica directa al trabajo de Mario Rota. No obstante crea la situación para que el mismo protagonista comience a autocriticarse. Mario comienza a hacerse hipótesis del por qué y cómo Berkowickz conoce su artículo, llevándolo a compartir su propia crítica sobre su único trabajo.

En un primer momento le había halagado que conociera su artículo, el único que había publicado desde que se doctorara; pero el carácter insustancial de ese estudio, que Mario era el primero en admitir, así como el hecho de haber sido publicado en un trimestral de nulo prestigio, le hicieron recapacitar después.


(El Inquilino 22)                


En El Inquilino, la primera novela de Javier Cercas que fue inicialmente publicada en 1989, tenemos a menor escala algo que seguirá cultivando Cercas a través de los años: la autoficción y la autocrítica. En cierto sentido, toda obra literaria es producto de un proceso autocrítico, pues no se puede componer sin tener en cuenta ciertos criterios y convenciones (Riley 1). Las obras de Javier Cercas muestran claramente esta idea, pues su base esta siempre anclada a esa reflexión al proceso de creación. Siempre tenemos a personajes escritores o personajes que quieren ser escritores quienes constantemente luchan por lograr el cometido de escribir.

De la misma manera, la autocrítica se ve presente en la obra que lo llevo a la fama, Soldados de Salamina. Cercas continua trabajando los mismos patrones que hemos visto presentes en El inquilino. En esta estupenda novela vemos varios tipos de críticas que hasta cierto punto se le podrían atribuir al mismo autor. En primer lugar tenemos el artículo «Un secreto esencial», el cual trajo consigo críticas de diversas perspectivas:

La primera, que imaginé redactada por un estudiante de filología en la universidad, me reprochaba haber insinuado en mi artículo [...] que, si Antonio Machado se hubiera hallado en el Burgos sublevado de julio del 36, se hubiera puesto del lado franquista. La segunda era más dura; estaba escrita por un hombre lo bastante mayor para haber vivido la guerra. Con jerga inconfundible, me acusaba de «revisionismo» [...] La tercera carta era la más interesante. La firmaba un tal Miguel Aguirre [...] que cuenta de un hecho que en aquel momento me pareció asombroso.


(Soldados 24)                


Todas esas cartas son una crítica directa al protagonista, quien escribió el artículo. Al discutir un tema tan sensible para muchos, no se libera de la posibilidad de entrar en una polémica. No obstante, estas cartas y sus críticas tienen su origen en la imaginación del mismo autor real y por consiguiente, van inyectadas con una dosis perfecta de autocrítica.

Con Javier Cercas volvemos a encontrarnos, una y otra vez, en un mundo que se ubica entre las fronteras de la realidad y la ficción, en el que el narrador ficticio es, prácticamente, idéntico al Javier Cercas autor. En el caso de Soldados de Salamina, ese juego de mezclar tanto el mundo real como irreal se vuelve aún más complejo y se incorporan otros ingredientes tales como la mención de sus previas obras y personajes que extrae de la realidad. Uno de esos personajes «real/ficticio» que vemos es Bolaño, un escritor latinoamericano a quien le encantaba entretenernos en un mundo lleno de ambigüedad. Bolaño se convierte en uno de los pocos lectores ficticios o uno de los muchos lectores reales de las obras de Javier Cercas.

«Oye, ¿tú no serás el Javier Cercas de El móvil y El inquilino?» (Preguntó Bolaños). El móvil y El inquilino eran los títulos de los dos únicos libros que yo había publicado, más de diez años atrás, sin que nadie salvo algún amigo de entonces se diera por enterado del acontecimiento. Aturdido o incrédulo, asentí.


(Soldados 143)                


Este personaje con una gran cultura se antepone a la crítica que anteriormente ha hecho el personaje de Conchi, quien cuestiona el potencial del protagonista como escritor de novelas.

-Será como una novela -resumí-. Es sólo que, en vez de ser todo mentira, todo es verdad.

-Mejor que no sea una novela.

-¿Por qué?

-Por nada -contestó-. Es sólo que, en fin, querido, me parece que la imaginación no es tu fuerte.


(Soldados 66)                


Conchi da su opinión acerca del Cercas ficticio, colocándole un sello de desaprobación a su ficción. Algunas páginas más tarde, Bolaños en su crítica llama a las obras de Cercas un cuento muy bueno (El móvil) y una novelita deliciosa (El inquilino). Hasta cierto punto, ambas críticas pueden tomarse como buenas, ya que las críticas en sí varían dependiendo de dónde provengan. Además, igualmente podríamos asumir que ambas críticas tienen su nacimiento en la mente del mismo autor, volviéndose autocrítica pura. Ambos personajes, Conchi y Bolaños, pueden tan sólo ser los instrumentos literarios para crear un límite entre lo que representan sus previas obras, una base dominada por la ficción, mientras su obra en proceso puede representar esa base que en teoría es guiada por la verdad. De la misma manera, Cercas sigue utilizando en sus obras técnicas muy cervantinas, donde mediante sus propios personajes y ese juego entre la realidad y ficción, el texto se desautoriza o se autoriza según el punto que se quiera marcar.

Otra de las novelas, donde Javier Cercas trabaja magistralmente el tema de la autocrítica es La velocidad de la luz. Probablemente, es en esta novela donde hasta el momento se ha logrado de la mejor manera. Aquí nos encontramos nuevamente con un diálogo entre la ficción y la crítica, donde se atrae la autoficcionalización del autor y se funden elementos tanto críticos como novelistas (Cárcamo 1). En esta novela, La velocidad de la luz, nos hallamos ante una relación entre dos personajes altamente complejos que van moldeando la trama de la novela. Volvemos a toparnos con otra de las máscaras de Cercas y otro personaje que también lo podemos considerar sin problema alguno como desdoblamiento del narrador mismo y por consiguiente, del autor. Este es Rodney Falk. Este misterioso personaje llega a convertirse en amigo del narrador quien quiere convertirse en un escritor. Rodney con su gran conocimiento literario llega a convertirse en el crítico por excelencia del protagonista. Rodney lee el manuscrito del primer libro y lo critica. Años más tarde, también llega a tener la oportunidad de criticar el último libro del protagonista y a dar su opinión sobre toda su obra literaria.

En La velocidad de la luz, el personaje de Rodney juega un papel tan central como el mismo narrador. Sin Rodney y su historia, no existiría la novela del narrador ni la del mismo Javier Cercas real. Sin embargo, la importancia que este personaje tiene en la obra va más allá de su historia, pues es también un personaje activo. Rodney es el primer editor crítico del primer trabajo del protagonista y luego se convierte en el tutor que lo ayudará a mejorar como escritor. Cuando el protagonista finalmente decide compartir sus escritos con Rodney, este no es nada magnánimo con el joven autor. Rodney es el primero que le plantea lo difícil que puede ser la realización de su sueño de ser escritor. Por más duro que Rodney sea con el narrador, al mismo tiempo lo alienta a seguir, para que pueda más tarde ser el que ponga en tinta y papel su historia.

-¿Tan malo te ha parecido lo que te di?

-Malo no -contestó Rodney-. Horroroso

El comentario fue como una patada en el estómago. Reaccioné con rapidez: traté de explicarle que lo que había leído no era más que un borrador [...].

-Yo no he dicho esto -me corrigió, impertérrito-. No hay ningún escritor que no haya empezado escribiendo basura como ésta o peor.


(La velocidad 64)                


El papel de Rodney como crítico literario se ve en su máxima forma en el encuentro que tiene con el protagonista en un hotel de Madrid. Es en esta escena clave se nos presenta a Rodney como gran lector de las obras del Javier Cercas ficticio, asegurando haberlas leído todas y diciendo que cree que se ha convertido en un notable especialista de su obra (La velocidad 166). El protagonista está ansioso de conocer la opinión que su viejo amigo tiene sobre su reciente obra, y Rodney, igualmente se muere por empezar a criticarla.

-Bueno, ¿No me vas a decir qué te ha parecido?

-¿Tu última novela?

-Mi última novela.

-Me ha parecido bien -[...]-. Pero ¿Puedo decirte la verdad?

-Claro -dije maldiciendo la hora en que se me había ocurrido viajar a Madrid en busca de Rodney-. Siempre que no sea demasiado ofensiva.

-Bueno, la verdad es que me gusta más la primera que escribiste -dijo-. La de Urbana.

¿Cómo se titula?

-El inquilino.

-Eso.

- Lo celebro - mentí [...]-. Tengo un amigo que opina lo mismo. Creo que fue el único que la leyó.


(La velocidad 166)                


Rodney da su opinión acerca de su preferencia. No obstante, al protagonista no parece gustarle mucho esta opinión; Rodney es claro y defiende su posición como todo buen crítico literario. Entonces, ¿Cómo es que la opinión de ambos, Rodney y el narrador, es muy diferente en cuanto a las obras del protagonista? ¿Por qué Rodney prefiere las pequeñas y casi desconocidas obras de Cercas y no la obra que lo ha llevado a la fama internacional? Si consideramos a Rodney y al narrador como desdoblamientos del mismo Javier Cercas real, podemos imaginarnos a ese escritor que se divide en dos, uno el escritor antes de la fama y otro, después de la fama. Este ha sido uno de los temas centrales de la obra, el cambio que puede temer un escritor después de haber conseguido la fama tan deseada.

Si tuviéramos la oportunidad de entrevistar al gran crítico Rodney Falk, creo que obtendríamos algo así:

-Señor Rodney Falk, ¿Qué es lo que le gusta más de la novela El inquilino de su amigo Javier Cercas?

-No sé si me guste tanto como Hemingway, pero tiene muchas cosas que me llaman la atención. Lo que me gusta más de ella es que parece una novela cerebral, pero en realidad está llena de sentimiento. (La velocidad 167).

-¿No me diga? ¿Y cuál es su opinión sobre la última novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina?

-Soldados de Salamina es todo lo contrario. Esta parece estar llena de sentimiento, pero en realidad es demasiado cerebral. (La velocidad 167)

-Me parece interesante que aunque no parece gustarle la novela, difiera de lo que opinan los críticos a los que no les ha gustado. Dicen que es una novela sentimental.

-Yo no he dicho eso. Nunca he dicho que la novela no me guste. Lo que diga cada crítico es cosa de ellos. Hoy, cuando un papanatas no sabe cómo cargarse una novela, se la carga diciendo que es sentimental. Los papanatas no entienden que escribir una novela consiste en elegir las palabras para provocar la mayor emoción posible. Una cosa es el sentimiento y otra muy distinta el sentimentalismo. El sentimentalismo es el fracaso del sentimiento. La culpa la tienen los escritores que no se atreven a ir contra esos papanatas. Los autores no escriben necesariamente para complacer a los críticos. (La velocidad 167)

-Su opinión de Soldados de Salamina y El inquilino es totalmente contraria. ¿Qué hace a estas dos obras tan diferentes?

-Es verdad. Sus libros previos son ortodoxamente posmodernos: se ve la influencia de Borges, de Kafka, de Calvino, de los norteamericanos, de autores meta-literarios y ultra-literarios, de la ironía, el humor. A partir de Soldados de Salamina, el humor desaparece, o al menos se atenúa bastante. Creo que, en parte, es por exceso de responsabilidad personal, y de responsabilidad de otro tipo que se ha echado encima. Por otra parte, en sus libros anteriores no existía lo colectivo: solo había individuos con sus demonios y sus fantasmas, sus obsesiones y sus amores y aquí de repente aparece lo colectivo como una dimensión de lo individual. (Gascón 1).

Utilizando La velocidad de la luz y una entrevista de Daniel Gascón podemos ver como esa crítica de Rodney exhibe reseñas y ecos provenientes del mismo Javier Cercas. No hay duda de que Javier Cercas utiliza al personaje de Rodney para autocriticarse. Sin embargo, a mí me ha parecido extremamente interesante la manera que el personaje se ha desarrollado hasta el punto de poseer vida y mente propia. Como lector de La velocidad de la luz, Soldados de Salamina y El inquilino, se puede entender el por qué Rodney puede sentir mayor simpatía por las primeras novelas de Javier Cercas.

Para Rodney, El inquilino es probablemente la mejor obra de Javier Cercas. La opinión de su crítica no concuerda con la mayoría, quienes ensalzan a Soldados de Salamina. Tratar de entender la posición de Rodney no es nada complicada, pues esta obra tiene mayor conexión con su persona. Esta es la obra que él ayudó a crear con sus consejos, y en cierta manera también le pertenece. Además, Rodney se identifica con el profesor chiflado que aparece en esta corta novela. Este personaje semidesahuciado llamado «Olalde» posee características muy propias de Rodney. En la novela La velocidad de la luz se nos dice que «Olalde» fue inspirado por Rodney, aunque en realidad tuvo que haber sido todo lo opuesto. Lo importante aquí es que a través de estas técnicas meta-literarias se hace una crítica de la literatura de Cercas.

No me vengas con el cuento de que una cosa son las novelas y otra la vida -continuó (Rodney), regresando al inglés-. Todas las novelas son autobiográficas, amigo mío, incluso las malas.


(La velocidad 168)                


Vemos nuevamente salir de los labios de Rodney palabras que vienen directamente del mismo autor creador, Javier Cercas real.

Por el otro lado, tenemos el poco interés que Rodney muestra hacia la novela de Soldados de Salamina. En esta magnífica novela también podríamos encontrar aspectos que podemos conectar con Rodney. Con todo y eso, podemos darnos cuenta que Soldados de Salamina y la historia de Rodney vienen a ser algo parecido a las fuerzas magnéticas que se atraen pero también se repelan. Ambas historias, la de Rodney en Vietnam y la del soldado en la Guerra Civil española, parecen compartir hilos narrativos muy parecidos. A pesar de ello, los temas y la resolución que ambas historias muestran las separan, convirtiéndolas en dos polos opuestos. En una tenemos a un héroe que decide no matar, y en la otra, a otro que sigue las órdenes y decide matar, quien también debería haber sido un héroe pero no lo fue. Quizás, Soldados de Salamina, represente para Rodney ese mundo donde otro modelo de vida hubiera existido si hubiese actuado diferente cuando estuvo en Vietnam. Esto nada más lo podemos especular, pero lo que sí está claro es su preferencia por El inquilino, obra que va más a tono con la vida de escape que ha llevado, alejándose de lo colectivo para refugiarse en lo personal.

En fin, yo, este joven crítico que no es Mario Rota, ni Berkowickz de El inquilino, ni Conchi, ni Bolaños de Soldados de Salamina, ni Rodney de La velocidad de la luz, ni otra máscara de Javier Cercas, ha disfrutado el poder identificar y analizar esos momentos claves dónde la novelística se fusiona con la crítica, acompañada de elementos autobiográficos para dar paso a la autocrítica en la literatura de Javier Cercas. Javier Cercas a través de sus personajes ha logrado ingeniosamente verse desde un punto de vista distinto y ha podido sobretodo presentar su propia crítica en sus obras.






Bibliografía

  • Cárcamo, Silvia. «El ensayo de Sánchez Ferlosio como intertexto en la ficción de Javier Cercas (La ficcionalización de la crítica en la literatura española actual)». (n. d.): OAIster. Web. 20 nov. 2014.
  • Cercas, Javier. El inquilino. 1.ª ed. Barcelona: El Acantilado, 2002.
  • Cercas, Javier. El móvil. 1.ª ed. Barcelona: Tusquets Editores, 2003.
  • Cercas, Javier. Soldados de Salamina. 1.ª ed. Barcelona: Tusquets, 2001.
  • Cercas, Javier. La velocidad de la luz. 2.ª ed. Barcelona: Tusquets Editores, 2005.
  • Gascón, Daniel. «Entrevista con Javier Cercas toda gran literatura es literatura comprometida». Http://www.letraslibres.com. Editorial Vuelta, 13 feb. 2011. Web. 1 dic. 2014.
  • Vásquez, Juan Gabriel. «A Conversation with Javier Cercas». Brick: A Literary Journal 92 (2014): 122. Publisher Provided Full Text Searching File. Web. 20 nov. 2014.
  • Riley, Edward. «Cervantes: Teoría Literaria». cvc.cervantes.es. Centro Virtual Cervantes, 16 ene. 1997. Web. 28 nov. 2014.
  • Trueba, Gómez, Teresa. «"Esa bestia omnívora que es el Yo": El uso de la autoficción en la obra narrativa de Javier Cercas». Bulletin of Spanish Studies 86.1 (2009): 67-83. Religion and Philosophy Collection. Web. 20 nov. 2014.


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