1
Rivas y Larra; razón social del romanticismo en España (Madrid, 1916), p. 69.
2
RHi, 58 (1923), 73.
3
HR, 2 (1934), 69.
4
(Madrid, 1954), I, 414, n. 294. Ricardo Navas Ruiz propone la misma cifra en su introducción al vol. 206 de Clásicos Castellanos, p. XXXII).
5
«Angel de Saavedra, duc de Rivas. Essai de bibliographie critique», BH, 19 (1927), 29. La traducción es mía.
6
«The extent of the Duke of Rivas Romanticism». Hom. a A. Rodríguez Moñino, I (Madrid, 1966), 1-7.
7
Seminario de Bibliografía Hispánica de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid (Madrid, 1961). Es de lamentar que un trabajo de tanta importancia se encargase, según reza la introducción, a unos jóvenes indudablemente fervorosos, pero poco familiarizados con esta forma de investigación. Faltan en efecto muchísimas referencias a distintas representaciones; se omite, por otra parte, separar la función de tarde de la de noche, de manera que se saca regularmente la impresión de que figuraban juntas varias obras en una misma sesión, e incluso se olvida a menudo una de las dos; a veces también falta la mención de uno de los dos teatros. De ahí, desgraciadamente, que no se pueda manejar esta cartelera con seguridad.
En cambio, resultan utilísimos el índice de títulos (si bien tampoco es intachable, ni mucho menos), la indicación de procedencia de las obras, así como la de las críticas de los estrenos que aparecen en la prensa.
En futuros trabajos de esta clase deberían figurar además datos hoy día absolutamente imprescindibles, como son los productos de cada representación, publicados todos en el Diario hasta 1834, pero previo cotejo con las cuentas diarias de los teatros conservadas en el Archivo Municipal de Madrid, pues las cifras de recaudaciones impresas en el citado periódico son a veces inexactas (erratas de imprenta o quizá anteriores a la impresión). Por otra parte, ocurre con cierta frecuencia que el título que figura en el Diario no corresponde al de la obra que realmente se representó el mismo día; se da incluso el caso de no enterarse a tiempo el periodista del programa de la ópera, cuyo título se nos dice, se ha de publicar en un cartel de última hora...
Por ello sería finalmente preferible elaborar en adelante las carteleras teatrales del XVIII y del XIX principalmente a partir de los datos suministrados por los libros de cuentas conservados bien sea en el Ayuntamiento o en el Corregimiento (Almacén de la Villa) de Madrid, sirviendo los Diarios de fuente complementaria. Por fin, convendría también adoptar, mejor dicho, seguir observando, como ya hizo Cotarelo y Mori, la clasificación por años teatrales (es decir, desde Pascua de Resurrección de un año determinado hasta la Cuaresma del siguiente), sin omitir sainetes y demás «adornos» de una función.
8
Antonio Alcalá Galiano, amigo del duque, redactó el «Boletín del 12 de abril» del que entresacamos lo citado.
9
En B.A.E., 100 (Madrid, 1957), L.
10
«Habiéndose dignado S.M. la Reina Gobernadora permitir que sigan durante la Cuaresma las representaciones de ópera y verso en ambos teatros, a excepción de la Semana Santa, de la de Pasión, y de los viernes [subrayado nuestro] de las demás, se dará principio a ellas hoy domingo a las siete de la noche...» (Diario de Avisos de Madrid, 8 de marzo de 1835, p. 4).