41
No obstante, el «maestro» del Capricho 47 lleva el pecho cubierto con un paño.
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La fama de Zugarramurdi como lugar de esparcimiento brujeril era inferior a la de Barahona, y ésta, de la que deja ya constancia el Tesoro de Covarrubias, no se había extinguido en el siglo XVIII (véase tan sólo la Carta Marrueca LXVII de Cadalso); por otra parte, allá iban las daifas que estaban en paro forzoso, si no nos —132→ engaña una poesía satírica de la época (véase Fernández Nieto, «Entre popularismo...», pág. 44): ambas actividades, como se ve, seguían siendo complementarias a través de los siglos. Sintomáticamente, a Barahona se refiere Moratín en su nota 23, así como el comentario de la Biblioteca Nacional al Capricho 46. A Barahona se refiere también el pronóstico de Torres Villarroel para el año 1731 y en él se describe un aquelarre que merece ser cotejado con algunos de los grabados de Goya e incluso con el Vuelo de brujas pintado por aquella época para los Osuna.
43
Les Dessins, pág. 47.