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- LXXV -


ArribaAbajo   Ved si el Amor, señora, es cauteloso,
ved qué desigualdad guarda en sus fueros,
que mi daño mayor nace de veros
y de no os ver un mal más peligroso.

   Mirándoos, siento el alma en un rabioso  5
deseo que jamás puedo moveros;
no viéndoos aquella ansia de quereros
me hace el desear más trabajoso;

   no viéndoos, se enflaquece el sufrimiento;
en viéndoos, me desmayo y acobardo  10
y a los pies del dolor queda el sentido.

   Ved, pues, si es nueva suerte de tormento:
que el peligro mayor de que me guardo
es el bien que con más congoja pido.




- LXXVI -


ArribaAbajo   Ponzoña que se bebe por los ojos,
dura prisión, sabrosa al pensamiento,
lazo de oro cruel, dulce tormento,
confusión de locuras y de antojos;

   bellas flores mezcladas con abrojos,  5
manjar que al corazón trae hambriento,
daño que siempre huye el escarmiento,
minero de placer lleno de enojos;

   esperanzas inciertas, engañosas,
tesoro que entre el sueño se parece,  10
bien que no tiene en sí más que la sombra;

   inútiles riquezas trabajosas,
puerto que no se halla aunque parece;
son efectos de aquel que Amor se nombra.




- LXXVII -


Traducción de un soneto toscano


ArribaAbajo   Querría saber, amantes, cómo es hecha
esta amorosa red que a tantos prende,
cómo su fuerza en todo el mundo extiende
o cómo el tiempo ya no la desecha.

   Si Amor es ciego, ¿cómo se aprovecha  5
a hacer las saetas con que ofende?
Si no las hace Amor, ¿qué se las vende?
¿Con cuál tesoro compra tanta flecha?

   Si tiene, como escriben los poetas,
en una mano el arco, en otra el fuego,  10
¿las saetas, la red, con qué las tira?

   Las armas del Amor, tirano ciego,
un volver de ojos es que alegre os mira,
no el arco ni la red, fuego y saetas.




- LXXVIII -


ArribaAbajo   «¿Por que es ciego el Amor?» «Porque con ojos
ajenos, ya que puede ver, se guía.»
«¿Por qué tan niño por la incierta vía?»
«Que tiene en gobernarse por antojos.»

   «¿Desnudo?» «Por mostrar que sus enojos  5
natura los produce, ella los cría.»
«¿Por qué tiene alas?» «Porque en solo un día
da y quita libertad, vida y despojos.»

   «¿Por qué le dan el arco y las saetas?»
«Por el libre poder que en todos tiene.»  10
«¿Y el fuego?» «Porque arder almas le agrada.»

   «¿Por qué son de oro, pues, las más perfectas
y otras de plomo?» «Porque amando pene
el desamado de la cosa amada.»




- LXXIX -


ArribaAbajo   «Amor, ¿qué es esto?» «Amor» «Mayor mal siento
que amor.» «¿Pues qué es ?» «No sé» «¿Dónde te ofende?»
«En el alma.» «¿Con qué fuego la enciende»
«¡Fuego, sí!» «¿Quién lo enciende?» «El pensamiento.»

   «¿Arde?» «Abrasa que parte el sentimiento.»  5
«¿Cómo de imaginar note defiende
la causa?» «No.» «¿Por qué?» «Porque desciende
muy alta.» «¿A buscar qué?» «Mi perdimiento.»

   «¿Luego no es fuego?» «No, que será rabia.»
«¿Huyes del agua?» «No.» «¿Cómo?» «Llorando.»  10
«¿Descanso es desear?» «No.» «¿Es pestilencia?»

   «¡Plugiera a Dios!» «¿Por qué?» «Que a quien me agravia
se pegara.» «¿Es recelo?» «Recelando
muero.» «¡Ya sé lo que es!» «¿Qué es, pues?» «Ausencia.»




- LXXX -


ArribaAbajo   «Siendo de vuestro bien, ojos ausentes,
¿qué veréis donde vais que no os ofenda?»
«Oscuro sol, monstruosa luna horrenda,
tigres, osos, leones y serpientes.»

   «Oídos, ¿qué oiréis entre las gentes?»  5
«Llanto, suspiros, lágrimas, contienda.»
«Por el cuál camino iréis o por cuál senda
que espinas no piséis, pies diligentes?»

   «Boca, ¿qué gustarás?» «Mortal veneno.»
«Manos, ¿qué haréis» «Cruel oficio.»  10
«¿Y tú, mi corazón?» «Dolor sin alma.»

   «Alma, ¿qué haréis vos?» «Penar cual peno.»
«Pues, ¡sus!, aparejaos al sacrificio,
oídos, ojos, pies, manos, boca, alma.»




- LXXXI -


ArribaAbajo   Tiéneme ya el dolor tan lastimado,
está ya tan dañado el sentimiento,
que ningún nuevo mal de nuevo siento
que no hiere en lugar de antes llagado.

   Estoy ya del vivir tan enfadado  5
que habría dado fin a mi tormento,
mas sale de través tal pensamiento,
que me es fuerza tornarme a mi cuidado.

   Dice la enamorada fantasía
que de tal ocasión tal pena viene,  10
que me esfuerce en la fuerza del deseo.

   Mas, tan lejos de vos, señora mía,
tanto menos mi mal consuelo tiene
cuanta razón por vuestra parte veo.




- LXXXII -


ArribaAbajo   Mientras las tiernas alas, pequeñuelo,
mi nuevo desear firmes hacía,
mientra de mí alejarse no podía,
por ser nueva la pluma, a mayor vuelo,

   obediente me estaba, y al señuelo,  5
a la primera voz, luego acudía,
ni de volar tan alto presumía,
que con los pies no fuese por el suelo.

   Hasta que con el tiempo ya crecida
la pluma, por su mal, de puro ufano,  10
sacándolo a volar mi mala suerte,

   le lanzó a una esperanza tan perdida
que ni el deseo vuelve ya la mano,
ni parará hasta hallar la muerte.




- LXXXIII -


ArribaAbajo   Más fácil es, señora, el abstenerse
de desear, a un hombre enamorado,
que después que algún tiempo ha deseado,
medida al desear pueda ponerse.

   Puede uno rehusar, puede tenerse  5
de no entrar en lugar que viere helado,
mas si una vez entro, después de entrado,
no es en él esperar ni detenerse.

   Bien pudiera no os ver cuando no os vía,
no viéndoos no os amara, y no os amando  10
no deseara el bien que ahora deseo.

   Mas después de sujeta el alma mía,
Amor, que me sostiene deseando,
no consiente poner freno al deseo.




- LXXXIV -


ArribaAbajo   De la contemplación del pensamiento
crece la voluntad mi fantasía;
del dulce imaginar del alma mía
hace el Amor en mí firme cimiento;

   del pensar nace en mí el contentamiento  5
que da más viva fuerza a mi porfía;
tanto mi desear las alas cría
cuanto nacen de más conocimiento.

   Las partes que de vos esta alma entiende,
mientra que más las voy considerando  10
mayor ardor al corazón envío:

   como fuego que tanto más se enciende
cuanto más leña en él irán echando.
¡Ved, pues, si es inmortal el fuego mío!




- LXXXV -


ArribaAbajo   El tiempo es tal que cualquier fiera agora
ama su igual y por él llora o canta;
muestra el ciervo en bramar fiereza tanta,
mas a la cierva es dulce y la enamora;

   la ronca voz del cuervo de hora en hora  5
cualquier dureza de su par quebranta;
y el triste ruiseñor su amiga espanta,
por lo cual se lamenta, aflige y llora.

   Si yo me quejo, la razón me sobra,
pues ni tener respeto al ser constante  10
vale, ni tanto amar a ser amado.

   Amor lo hace, y muestra bien ser obra
suya hacer que valga un ignorante
dichoso más que un cuerdo desdichado.




- LXXXVI -


ArribaAbajo   Señora, pues mis ojos merecieron,
no por su merecer, mas por ventura,
ver el hermoso sol de tu figura,
no padezca yo el mal del bien que vieron.

   Que da la presunción que en sí tuvieron,  5
de osar mirar tan alta hermosura,
se le ofrece a mi alma una tristura,
no sé por qué, mas sé que ellos lo hicieron.

   Y sé también que si el remedio viene,
ha de venir, señora, de tu mano,  10
porque es el solo que a mi mal conviene.

   Y sé que no será poder humano
para apartar la fuerza que en mí tiene:
antes todo será dañoso y vano.




- LXXXVII -


ArribaAbajo   Por una alta montaña, trabajando
por llegar a la cima deseada,
una piedra muy grande y muy pesada
sube Sísifo a cuestas suspirando.

   Mas no tan presto arriba llega cuando  5
rodar la deja abajo, y no es llegada,
que subilla otra vez y otra le agrada,
de un trabajo otro nuevo comenzando.

   Así sube, señora, el alma mía
con la carga mortal de mis cuidados  10
la montaña de la alta fantasía.

   Y aún no son unos males acabados,
cuando la obstinación de mi porfía
sigue los que me están aparejados.




- LXXXVIII -


ArribaAbajo   De la pena de Sísifo se cuenta
que sube un grave peso a una montaña
áspera, inhabitable, obscura, extraña,
do cuanto puede ver, más le atormenta.

   Subido a la alta cima, antes que sienta  5
descanso alguno, el desear le engaña,
y soltando la carga que le daña,
de nuevo torna a la pasada afrenta.

   Así, sube, señora, el alma mía
por ásperos caminos desusados  10
a la cumbre de la alta fantasía.

   Mas no son unos males acabados,
cuando la obstinación de mi porfía
sigue los que le están aparejados.




- LXXXIX -


ArribaAbajo   Como teniendo en tierra bien echadas
las raíces un árbol se sostiene,
y como del humor que de ellas tiene
las ramas son criadas y guardadas;

   como si le serán todas cortadas,  5
no por eso se seca o se detiene,
antes torna a brotar y a mostrar viene
otras en su lugar luego criadas;

   así de mi esperar siendo cortado,
por la mano cruel de algún desvío,  10
con las ramas el fruto deseado,

   de la raíz que está en el alma envío
humor a la esperanza, y, de obstinado,
con nuevas ramas a esperar porfío.




- XC -


ArribaAbajo   Amor me tira y casi a vuelo lleva
por do mi presunción hizo la vía;
tan alta va mi loca fantasía
que las nubes pasar volando prueba.

   No espero ya que el fin de Ícaro mueva  5
la dura obstinación de mi porfía,
pues veo que el ardor que la desvía
el mismo la rehace y la renueva.

   Está el alma una nueva Fénix hecha
y en fuego de dolor que ha fabricado  10
se consume y renace cada hora.

   Quiérelo así el Amor, y es ley derecha
que siendo Fénix vos, fuese forzado
Fénix la mísera alma que os adora.




- XCI -


ArribaAbajo   Amor mueve mis alas, y tan alto
las lleva el amoroso pensamiento,
que de hora en hora sí subiendo siento
quedar mi padecer más corto y falto.

   Temo tal vez mientra mi vuelo exalto,  5
mas llega luego a mí el conocimiento
y pruébase que es poco en tal tormento
por inmortal honor un mortal salto.

   Que si otro puso al mar perpetuo nombre
do el soberbio valor le dio la muerte,  10
presumiendo de sí más que podía,

   de mí dirán: «Aquí fue muerto un hombre
que si al cielo llegar negó su suerte,
la vida le faltó, no la osadía.»




- XCII -


ArribaAbajo   El cielo de sus altos pensamientos
con las alas de amor ledo subía
Vandalio, y ni el peligro lo desvía
ni le ponen temor mil escarmientos.

   Las nubes deja atrás, deja los vientos,  5
vencidos del valor de su osadía,
cuando de las palabras que decía
al sol, suenan acá tales acentos:

   «Si fue temeridad, ojos del cielo,
osar tan sin valor volar tan alto,  10
sabiendo de Faetón el caso fiero,

   consentidme una vez que sin recelo
mire vuestra beldad; después si el salto
viniera a ser mortal, mortal lo quiero.»




- XCIII -


ArribaAbajo   Pues dio fin de Fetonte su osadía,
siendo vana gloria el interese,
y no dejó soberbia que emprendiese
a Júpiter echar de do vivía,

   no os debe de espantar mi fantasía,  5
señora, pues Amor quiso que fuese
el más subido ejemplo que se oyese
que un corazón humano emprendería.

   Y así se va ordenando nueva pena
que a todas las pasadas dará olvido  10
que bien sé yo que no me iré alabando.

   Consuélame ser vos la que lo ordena;
licencia de quejarme no la pido,
y arríscaseme el alma suspirando.




- XCIV -


ArribaAbajo   Si no os digo verdad, si en algo os miento,
sobre mi vida torne el desengaño;
si falta hay en mi fe, si os trato engaño,
dolor no quepa en vos del mal que siento;

   si no sois causa vos del mal que siento  5
de vos sea yo tratado como extraño;
si por vos tengo en algo el mayor daño,
no pueda en vos caber consentimiento;

   si no estáis hecha ya sola señora
de aquella libertad que no era mía,  10
¡plega a Dios que sin vos y ella me vea!

   Mas si la mísera ánima os adora,
si está llena de vos mi fantasía,
¿qué puedo yo decir que a sí no sea?




- XCV -


ArribaAbajo   Tanto espacio de tierra y tan gran seno
de mar, tantas naciones tan extrañas,
tantos tormentos y ásperas montañas,
ni el Alpe de terror y fieras lleno;

   ni tanta soledad, ni el verme ajeno  5
de aquel bien que me rasga las entrañas,
ni los males, las iras, ni las sañas
de amor, ni el no tener un rato bueno;

   ni el temor de la muerte que presente
traigo de cada hora, diferencia  10
harán en mí de aquél que ser solía.

   Era mi fe, señora, indiferente,
¿pero quién me asegura en tanta ausencia
que la vuestra será cual es la mía?




- XCVI -


ArribaAbajo   Por esta faz, por esta bella mano
que tan impresa está en el alma mía,
por estos ojos que hicieron vía
dentro en mi corazón a aquel tirano,

   por esta boca que igualar en vano  5
a cosa terrenal presumiría,
y por este color que me desvía,
mirando su beldad, del ser humano,

   por esta vaga frente que refrena,
ornada del color de estos cabellos,  10
el vano desear cuando más ciego,

   juro que otra beldad no me da pena,
y llamo en testimonio de mí y de ellos,
el cielo, el aire, el mar, la tierra, el fuego.




- XCVII -


ArribaAbajo   Si vos pensáis que por un ceño airado,
por abajar los ojos y enojaros,
o por huir de mí, por alejaros,
torcer el rostro con mirar turbado,

   saldréis del alma mía, o que el cuidado  5
pueda en otro ocupar que en adoraros,
justa causa será para apartaros
estar en ella vos sin vuestro grado.

   Tal gracia, tal beldad, cierto, se ofende
pues, en un alma rústica, grosera,  10
tan pobre de valor, tan defectuosa.

   Pero si el hado vuestro a vos defiende,
mejor morada proveed, siquiera:
que ésta os pueda agradar, pues forzosa.




- XCVIII -


ArribaAbajo   Si no fuese juzgado atrevimiento,
si vuestra crueldad lo comportase,
que vuestro servidor llamar osase,
de solo el nombre viviría contento.

   Tal os pinta en mi alma el pensamiento  5
que no os miré jamás que no juzgase
temeridad el bien que desease,
y de tal desvarío me arrepiento.

   Enójome de haber más deseado,
y acusando a mí mismo mi locura,  10
de cuanto deseé no quiero nada.

   Sólo en veros consiste mi ventura;
todo lo por venir me desagrada;
el bien presente es más que el mal pasado.




- XCIX -


ArribaAbajo   La víbora cruel, según se escribe,
si a alguno muerde, es ya caso sabido
que no escapa de muerto el tal mordido,
por poco que el veneno en él se avive.

   Pero si por ventura acaso vive,  5
que aunque es dificultoso ya se vido,
queda de otro veneno defendido
que ni le empece ni hay por qué lo esquive.

   Ya que por mayor mal quiso ventura
que no muriese yo después que el cielo  10
me dejó ver en vos su hermosura,

   no tengáis de mi fe, dama, recelo,
que el ser sujeto vuestro os asegura
que no me encenderá beldad del suelo.




- C -


ArribaAbajo   De sola religión vana movido,
bárbaro, que en su fe piensa salvarse,
de la patria, tal vez, suele alejarse
y en la extraña pasar desconocido.

   Pobre, cansado, solo y afligido,  5
adorado el lugar do fue a votarse,
por más no ver, quiere del ver privarse,
no creyendo ya ver más bien que vido.

   Si el ver otra beldad no he procurado,
de aquí viene, señora, y de aquel fuego  10
que en mi alma se enciende de miraros.

   De ver otras yo mismo me he privado;
y en medio de mi mal quedé, aunque ciego,
contento con el bien de contemplaros.




- CI -


ArribaAbajo   Sigue a la oscura noche el claro día,
y aquella oscuridad que el aire hace,
el sol la aclara toda y la deshace,
y la sombra y temor de sí desvía.

   Así de mi verdad, señora mía,  5
el sol que alguna vez mirar os place,
aclara, justifica y satisface
la oscuridad que mala lengua envía.

   Desterrad, pues, por Dios, aquella sombra
que el aire os ocupó claro y sereno,  10
para que el sol de la verdad se vea.

   Y entonces, si de mí cosa os asombra,
veréis de un tal amor mi pecho lleno,
tan claro que no hay sol que más lo sea.




- CII -


ArribaAbajo   Por vos ardí, señora, y por vos ardo,
y arder por vos mientras viviere espero,
o contraste el deseo el hado fiero,
o sea favorable al bien que aguardo.

   Tan a lo vivo a penetrado el dardo  5
de Amor, que cuando menos bien os quiero,
por vos deseo morir, y por vos muero,
y por vos sola de morir me guardo.

   Vos el primer ardor fuisteis al alma,
vos último seréis en la última hora;  10
y creed a mi fe lo que os promete.

   Bien podrá de mi muerte haber la palma,
más después se verá, cual es ahora,
pasar el fuego mío de allá de Lete.




- CIII -


ArribaAbajo   No tenga yo jamás contentamiento,
ni pare hasta el alma el dolor mío,
ira, saña y desdén, pena y desvío
sean la paga al fin de mi tormento;

   fálteme al mejor tiempo el sufrimiento,  5
nunca suspiro oigáis de los que envío,
el corazón tengáis de nieve frío
ante el ardor que a vuestra causa siento;

   de otro os pueda ver enamorada,
reíros de mi mal, menospreciarme,  10
ni de cuanto dijere creáis nada,

   si basta otra beldad a enamorarme;
ni la busco, ni quiero, ni me agrada,
ni puede, sino vos, cosa agradarme.




- CIV -


ArribaAbajo   Si os amo, si os he amado y si he de amaros
más que es o fue mujer ni será amada,
no me lo agradezcáis, ni os pido nada,
ni vale el ardor mío para obligaros.

   Aquel que tantas partes quiso daros  5
cubiertas de beldad tan extremada,
a solo Aquel podéis ser obligada
que puso tanto en vos para adoraros.

   No pudo yo llamarme en esto a engaño:
muy claro vi el camino de perderme,  10
tanto que agora me parece extraño.

   Lo que vos no podéis negar deberme
es que entendí al principio el desengaño
y no quise, aunque pude, defenderme.




- CV -


ArribaAbajo   Ni por mostrarse blanda ni piadosa
la imagen que en el alma Amor me sella,
ni porque ceda a su color más bella
el blanco lirio y la bermeja rosa,

   ni por mostrarse fiera y desdeñosa,  5
ni por fingir de mi falsa querella,
ni por estar presente o nunca vella,
ni por estar contenta ni quejosa,

   mi alma se verá que de otro fuego
arda jamás, ni que se borre un punto  10
la imagen que ya en ella está esculpida.

   Tan dulce hizo Amor el nudo ciego
que no puede amargar, si todo junto
fuese de ajenjo el resto de mi vida.




- CVI -


ArribaAbajo   Como en cera imprimir sello podría
lo mismo que en aquel fuese esculpido,
de aquel anillo, que en señal ha sido
dado de la fe vuestra a la fe mía,

   el nombre me quedó que en él tenía,  5
desde el dedo en el alma así imprimido
que en el mismo metal fue convertido
el corazón, que mal se defendía.

   Bien fue que fuese así, porque mudado
en oro el corazón siempre se vea  10
mientras se abrasa más, más afinado.

   Vencerme otra beldad ninguno crea:
que nadie compra esclavo señalado
do el nombre del señor escrito sea.




- CVII -


ArribaAbajo   Si es verdad, como está determinado,
como en casos de Amor es ley usada,
transformarse el amante en el amada,
que por el mismo Amor fue así ordenado,

   yo no soy yo, que en vos me he transformado;  5
y el alma puesta en vos, de sí ajenada,
mientra de vuestro ser sólo se agrada,
dejando de ser yo, vos se ha tornado.

   Mi seso, mis sentidos y mis ojos
siempre vos los movéis y los moviste  10
desde el alma do estáis hecha señora.

   Si cosa he dicho yo que os diese enojos,
mi lengua sólo fue pronunciadora,
mas vos que los movéis, vos lo dijiste.




- CVIII -


ArribaAbajo   Como de duro entalle una figura
con gran facilidad se imprime en cera,
y como queda siempre aquélla entera
mientras que otra imprimir no se procura,

   tal en mi alma vuestra hermosura  5
ha esculpido el Amor cual en vos era,
y hala dejado siempre en la primera,
viendo que de alguna otra no se cura.

   El cuerpo, que a seguir el alma aspira,
por no haber parte en él de vos ajena,  10
muestra en sí mil imágenes iguales:

   como sala que esta de espejos llena,
que la imagen de aquél que en uno mira
en todos muestra siempre unas señales.




- CIX -


ArribaAbajo   ¡Oh sol, de quien es rayo el sol del cielo,
en cuyo resplandor es alumbrada
el alma, que en tinieblas sepultada
vivió hasta verte, oh sol, en este suelo!

   No sufras, claro sol, que oscuro velo  5
de ausencia viva esta alma condenada,
que aunque de donde estás, está apartada,
aspira siempre a ti con alto vuelo.

   Temor de olvido, grave mal de ausencia,
del tiempo el vario curso y de fortuna,  10
y el mal de no te ver, estoy pasando.

   Mas por rodar del cielo, sol y luna,
no temas, claro sol, que tu presencia
olvide, pues por fe la estoy mirando.




- CX -


ArribaAbajo   Tan puesto tengo en vos el pensamiento
que ya ni pienso en mí, ni pensar quiero;
si tengo bien, por vos pasa primero;
de vos viene si tengo algún tormento.

   Hace mi voluntad su fundamento  5
en la vuestra, y recíbela por fuero;
en mi propio querer soy el postrero,
sólo lo que queréis quiero y consiento.

   Si alegre os veo a vos, luego me alegro;
si tristeza tenéis, luego estoy triste;  10
si os volvéis alegrar, vuelvo alegrarme.

   Lo negro es blanco y lo blanco es negro
como queréis: luego al alma viste
el efecto que vos queréis mostrarme.




- CXI -


ArribaAbajo   Si de Amor y de vos tan poco fío,
del Amor y de vos nace este celo;
de vuestra honestidad nada recelo;
menor es contra vos mi desvarío.

   Que vuestra voluntad me dé un desvío  5
hace que tema Amor, del nace un celo
tal que vengo a temer si amáis al cielo.
¡Ved hasta dónde llega el dolor mío!

   Jamás tuve de vos una sospecha,
ya que tenerla cierta es imposible,  10
ni otra cosa deseé que otros desean.

   Que con mi voluntad la vuestra estrecha
estuviese deseo, y, si es posible,
tan juntas que las dos una alma sean.




- CXII -


ArribaAbajo   Leandro que de amor en fuego ardía,
puesto que a su deseo contrastaba
el fortunoso mar que no cesaba,
nadando a su pesar, pasar quería.

   Mas viendo ya que el fin de su osadía  5
a la rabiosa muerte lo tiraba,
mirando aquella torre donde estaba
Hero, a las fieras ondas se volvía;

   a las cuales con ansia enamorada
dijo: «Pues aplacar furor divino  10
enamorado ardor no puede nada,

   dejadme al fin llegar de este camino
pues poco ha de tardar, y a la tornada
secutad vuestra saña y mi destino.»




- CXIII -


ArribaAbajo   Al tiempo que Leandro vio la estrella,
dulce farol del alma suya y muerte,
que Hero puesto había por la suerte
para él tan desdichada y para ella,

   el pecho puso al agua, que era vella  5
espanto, en su tormenta tanto fuerte.
«No quieras -dice-, ¡oh mar!, embravecerte.
Aplaca, ¡oh dios Neptuno!, el furor de ella.»

   Mas poco rato va su luz siguiendo,
y siempre con las olas peleando,  10
alzó su flaca voz, triste, muriendo.

   «¡Oh Hero y alma mía! -iba diciendo-,
no canses tu deseo, y desperando,
despídome de ti, para ti yendo.»

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