Teatro neoclásico para representaciones particulares: «Polixena, tragedia en un acto fácil de executarse»
Jesús Cañas Murillo
Universidad de Extremadura
Resumen: Edición paleográfica, precedida de un estudio introductorio, de la obra teatral española dieciochesca titulada Polixena. Tragedia en un acto fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger, pieza breve anónima destinada a ser representada en casas particulares por un número reducido de actores con el objeto de entretener una velada. En el estudio previo, de carácter fundamentalmente bibliográfico e histórico, quedan explicados también los objetivos del trabajo, así como los criterios de edición utilizados.
Palabras clave: Historia intelectual, historia literaria, teatro, tragedia neoclásica, textos, siglo XVIII.
Abstract: Paleographic edition, preceded by an introductory study, of the eighteenth-century Spanish play entitledPolixena. Tragedia en un acto fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger, an anonymous short piece intended to be performed in private homes for a small number of actors in order to entertain an evening. In the previous study, which is largely bibliographical and historical, the objectives of the work and the editing criteria used are also explained.
Una parcela no demasiado conocida, a nivel general, del teatro español de la Ilustración la constituyen las piezas que se componían expresamente para ser representadas en domicilios particulares. Se trataba de obras breves1, de extensión realmente escasa, en las que figuraban pocos personajes, a veces, incluso sólo uno, como sucede en El Entretenido, ó La brevedad sin sustancia. Escena unipersonal. Fácil de representarse en cualquier casa particular. Dispuesta en tres Jornadas, Entremés, dos Tonadillas y un Saynete, de Manuel González, de la que nos ocupamos en otra ocasión2. Su montaje era simple. No se exigían cambios de decorado, ni lujosos vestuarios. No era preciso el uso de grandes efectos especiales. Al ser pocos los personajes, no era necesaria la intervención de un gran número de comediantes, sino, tan sólo, de un número reducido de ellos. Para efectuar el montaje, de tal modo, no era preciso, pues, efectuar grandes desembolsos de dinero, sino que el coste del mismo se hallaba al alcance, con facilidad, de familias que gozaban de cierta posición social, pertenecientes, muchas veces, a la naciente burguesía, y podían utilizarlas como medio de entretener ciertas tardes de ocio, y amenizar veladas a las que podían, y solían, invitar a sus amistades3.
Los géneros que abarcaban esas piezas breves eran variados4. Podían ser, como El Entretenido, que acabamos de mencionar, «escenas unipersonales». Podían ser comedias de corte popular, como El día de campo, de Gaspar Zavala y Zamora, que editamos en otro lugar5. Podían ser textos celebrativos y conmemorativos, como El Nuevo Apolo y Minerva. Drama, que se ha de representar en la fideliƒsima Ciudad de Cervera en celebridad del Transito del Rey Nuestro Señor Carlos Tercero, que Dios guarde, que también en otro tiempo editamos6. Podían ser tragedias, como Polixena. Tragedia en un acto fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger, la composición de la que nos vamos a ocupar en el presente trabajo7.
El tema de Polixena, hija de Príamo y una de las personas que hubo de padecer en su vida personal las consecuencias derivadas de la guerra de Troya, no es uno de los más tratados en la tragedia neoclásica española8. José Marchena le dedicó su obra Polixena, tragedia en tres actos, publicada en Madrid, en la Imprenta de Sancha, en el año 18089. Conservamos un «Monólogo», como es denominado en el manuscrito que lo recoge, de Fermín del Rey titulado Policena, publicado en Madrid, en la Imprenta Real, en 1794, con la aclaración de que se trata de una «Scena trágica», y de que fue «Representada por la señora Catalina Fabiani Munteis en el coliseo de la Cruz en el mes de febrero de este año de 1794», y «Escrita por [...], primer apuntador de la Compañía de Manuel Martínez»10. El texto que vamos a editar en esta ocasión constituye una muestra más de la aparición del tema en el teatro español de la Ilustración, ahora desarrollado en una pieza breve, en un acto, que consta de cuatrocientos setenta y dos versos, en la que se incluyen pocos personajes -sólo quatro personas, y entre ellas una sola muger-, y que, por lo tanto, resulta fácil de executarse en qualquiera casa particular.
La composición que nos ocupa fue impresa como anónima, y de su autor nada podemos conjeturar. Sabemos que era una persona con cierta cultura, y con un estilo aceptable, y, desde luego, superior al que figura en otras creaciones teatrales breves similares a la suya, igualmente destinadas a ser montadas en domicilios privados de las clases acomodadas del período.
Tampoco hemos conservado datos sobre posibles montajes de la pieza. No obstante, quizá debió de recibirlos y obtener en ellos cierta aceptación, como lo muestra el hecho de que fuera reimpresa en sucesivas ocasiones y en diferentes ciudades, como veremos a continuación.
De Polixena. Tragedia en un acto fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger conocemos varias publicaciones que la incluyen. En una de ellas no figura ninguna indicación sobre el lugar, la imprenta y el año en los que se realizó. Es recogida en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, en cuya ficha es incluida como Polixena: tragedia en un acto, fácil de executarse en qualquiera casa particular, y, erróneamente, se atribuye a «Marchena Ruiz de Cueto, José (1768-1821)», indicando que su fecha de impresión es «1808», si bien inmediatamente se recogen los datos siguientes: [S. l., s. n., s. a.], 8 págs., 21 cm. Tenemos noticias de un ejemplar de esta edición que se cuenta entre los fondos de la Biblioteca General de la Universidad de Santiago de Compostela11.
De las ediciones fechadas, la más antigua de la que hemos encontrado noticias, apareció en Madrid, en la oficina de Don Gerónimo Ortega, en el año 1799. En su portada aparece, abajo, como cierre, separada del resto de los datos que se incluyen, por una fina línea, la indicación de que «Se hallará con el monólogo lírico, intitulado Hero y Leandro, en la Librería de Quiroga, calle de la Concepción Gerónima, y en la de González, calle de Atocha». En esa misma portada el título de la tragedia figura en la parte superior. En la parte inferior hallamos la información del lugar, el año publicación y la imprenta en la que se verificó, precedida de un adorno, consistente en una corona, bajo la cual se ubica una ornamentación vegetal, formada por dos ramas cuyas puntas se sitúan próximas sin llegar a tocarse. La última página, la contraportada, concluye, tras los últimos versos de Polixena, con la palabra «Fin.» centrada12.
Gerónimo Ortega fue el editor de esta publicación de 1799 que acabamos de describir. Fue un impresor que en el siglo XVIII gozó de reputación. Trabajó en Madrid, en su propia «oficina», y, entre los años 1788 y 1797, en colaboración con los hijos, y sucesores, de Joachin Ibarra, muerto ya este impresor. Obra suya fueron, sin ánimo de exhaustividad, y sólo con la intención de recordar algunos títulos, La verdadera historia de Inés de Castro, suceso portugués [...] por D. Bernardo María de Calzada, Madrid, en la Oficina de D. Gerónimo Ortega é hijos de Ibarra, se hallará en la Librería de D. Gabriel Gómez [...], 1791; Vida de Gonzalo Fernández de Aguilar y Córdoba[...], llamado el Gran Capitán [...] por Ignacio López de Ayala, Madrid, en la Oficina de Gerónimo Ortega y Herederos de Ibarra, 1793; o Los Salmos de David y Cánticos Sagrados, interpretados en una brevísima paráfrasis en sentido propio y literal [...] escritos en francés por Lallemant; traducidos muchas veces al italiano y nuevamente al castellano por Jayme Serrano, Madrid, por Gerónimo Ortega, 1802.
De esta versión sólo tenemos noticia de la existencia de dos ejemplares. Uno pertenece a la Biblioteca de la Universidad de Oxford, a la Taylor Institution Library, en concreto13, y ha sido digitalizado, en facsímil, por Google14. El otro forma parte de los fondos de mi propia biblioteca particular.
Con posterioridad a esta impresión tenemos datos de la existencia de otras dos, aparecidas ambas en la ciudad de Valencia, y ambas editadas en la Imprenta de Ildefonso Mompié. La primera vio la luz en el año 1816: Polixena: tragedia en un acto, Valencia, por Ildefonso Mompié [...], se hallará [...] en la librería de Domingo [...], 1816, 8 págs.; 22 cm. La segunda, en el año 1820: Polixena: tragedia en un acto, Valencia, en la librería de Domingo y Mompié, calle de Caballeros, n.° 48, 1820, 8 págs.; 20 cm. De la edición de 1816 tenemos noticia de la existencia de ejemplares en la Biblioteca de Cataluña15, en la Universidad de Valencia16, y en la Biblioteca Nacional de España en Madrid17. De la edición de 1820 figura un ejemplar entre los fondos de la Biblioteca Nacional de España18. En la ficha de este último incluida en el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español se incurre en un error al informar de que se trata de una obra cuyo autor es Fermín del Rey. Quien elaboró dicha ficha confundió el texto del que nos estamos ocupando, con la «Scena trágica» Policena, «Monólogo», este sí, de Fermín del Rey, que se había estrenado en el año 1794, muy distinto de la pieza sobre la que trabajamos, una «Tragedia en un acto», «arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger», como antes indicábamos.
Ildefonso Mompié de Montagudo, el impresor de las ediciones valencianas de Polixena. Tragedia en un acto, fue un profesional de prestigio en su época, afincado en la ciudad del Turia -aunque natural de Lorca-, en donde desempeñó su actividad profesional por lo menos desde 1815 y hasta el año de su muerte, acaecida el 26 de julio de 1855. De sus prensas salieron obras como el Arte de jugar á la lotería o Colección de los mejores tratados sobre este juego (Valencia, Ildefonso Mompié, 1822), Amalia ó No todas son coquetas. Comedia en dos actos, escrita en prosa, que se ha de representar en el teatro de esta ciudad en el mes de noviembre de este año, por Ascanio Florígero (Valencia, Ildefonso Mompié, 1827), o Arte científico de herrar que demuestra y enseña sus verdaderos principios y los abusos que se han introducido en su egercicio [sic] [...], por Miguel Simón Bernabeu (Valencia, Ildefonso Mompié, 1830).
Miguel Domingo, que intervino en la impresión de 1820 de la Polixena anónima, y en la comercialización de la de 1816, era el suegro de Ildefonso Mompié, quien estaba casado con la única hija de aquel. Fue impresor y librero, y desarrolló su labor en Valencia ya desde 1805, al menos, como librero, y desde 1809 como impresor, aunque entre 1811 y 1814 estuvo trabajando en Palma de Mallorca. De sus prensas salieron obras como Correspondencia auténtica de la corte de Roma con la Francia, desde la invasión del estado eclesiástico hasta el arrebatado transporte del soberano Pontífice Pío VII [...] (Valencia, Imp. y librería de Miguel Domingo, 1814), Acusación fiscal a los reos de los alborotos del 30 de abril ultimo en esta ciudad de Palma de Mallorca y á los que fueron causa y orígen de ellos é intentaban una revolucion en la causa formada de oficio y de órden del gobierno por el juzgado de primera instancia de esta capital (Palma, Imprenta de Miguel Domingo, 1813), o Acción de gracias que en la solemnísima fiesta consagrada, á nuestra señora del Pilar, en la iglesia parroquial de san Jayme de la ciudad de Palma el dia 21 de diciembre del año de 1813, por varios amigos y apasionados del señor diputado en córtes D. Isidoro de Antillon, con motivo de haber preservado el altísimo la vida de este acérrimo defensor de los derechos del pueblo español en la noche del 3 de noviembre último [...] dixo D. Manuel Rullan (Palma, Imp. de Miguel Domingo, 1813)19.
En el presente trabajo vamos a ofrecer la primera edición moderna, no digitalizada a partir de una versión de época, que se realiza de la anónima Polixena. Tragedia en un acto fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger. Nuestra versión se va a basar en un ejemplar de la edición publicada en Madrid, en la Imprenta de Jerónimo Ortega, en 1799, la más antigua fechada de la que tenemos noticia. Es una edición tremendamente limpia y cuidada, sin erratas evidentes, prueba de la calidad del trabajo de su impresor, y del cuidado que se puso en la corrección de pruebas. El texto de la obra en ella se distribuye en una única columna. Utilizaremos el ejemplar que pertenece a nuestra propia biblioteca particular, único, junto al de la Universidad de Oxford, reproducido en facsímil en Internet, como explicamos, del que tenemos noticia.
El ejemplar de mi biblioteca, cuya descripción de portada y contraportada coincide con la que hemos realizado con anterioridad, al referirnos a la edición del XVIII, de 1799, es una suelta que consta de veinticuatro páginas numeradas en romanos, entre paréntesis, a partir de la página tres, en la parte superior central de cada una de las páginas. Mide once centímetros y medio por dieciséis centímetros y medio. Está sin encuadernar, y sólo ha sido protegido, por un propietario anterior, por unas guardas de aguas añadidas. Presenta un excelente estado de conservación, sin ningún tipo de pérdida de texto, por lo que la lectura se puede realizar sin ninguna dificultad. Sólo registra unas leves manchas de óxido, entre las páginas cinco y veinticuatro, en el borde inferior derecho, y unas leves manchas de óxido, entre las páginas diecisiete y veinticuatro, en la parte superior derecha, cerca del borde.
La edición que hemos realizado de Polixena tiene carácter paleográfico. En ella hemos respetado la grafía y puntuación que encontramos en el original que hemos tomado como base, la versión incluida en la impresión de Gerónimo Ortega, de 1799, como antes explicamos. Pretendemos con ello facilitar el conocimiento y estudio de los usos ortográficos propios del siglo XVIII español. Hemos numerado los versos que aparecen en la obra, en contra del criterio utilizado en la suelta que nos sirve de punto de partida, y hemos añadido la información sobre la parte del texto que se incluye en cada una de las páginas de que consta la edición de 1799.
Con este trabajo hemos pretendido dar a conocer parcelas poco accesibles para el lector actual de la literatura española del siglo XVIII, facilitar el acercamiento a textos poco difundidos, que han permanecido ocultos por la acción del paso de los tiempos, pero que no por ello carecen de interés. Con ello deseamos contribuir a rescatar una parte importante de patrimonio bibliográfico español, que hasta ahora permanece en la sombra, y completar, de tal modo, el panorama habitualmente presentado de la cultura y la literatura españolas de la era de la Ilustración.
Cáceres, 15 de marzo de 2010
Polixena,
tragedia en un acto,
fácil de executarse en qualquiera casa particular, por estar arreglada para quatro personas, y entre ellas una sola muger.
Madrid: MCCXCIX. En la oficina de Don Gerónimo Ortega.
Se hallará con el monólogo lírico, intitulado Hero y Leandro, en la Librería de Quiroga, calle de la Concepción Gerónimo, y en la de González, calle de Atocha.
[III]PERSONAS
POLIXENA,
hija de Príamo, Rey de Troya.
PIRRO,
hijo de Aquiles, Rey de Epiro.
EGINO,
confidente de Polixena.
TESANDRO,
Capitán de guardias de Pirro.
La escena es sobre las ruinas de Troya.
Salen POLIXENA y EGINO.
POLIXENA.-
¡Oh cielo, á qué desdichas, á qué afrentas
Habeis mi triste pecho destinado!
Traida en triunfo de una en otra gente.
¿No he de ver nunca mas que á unos tiranos,
Que, sin mirar que soy hermana de Héctor,
5
Están en perseguirme porfiados?
¡Y de un bárbaro esclava, para colmo
De mis horrores, penas y quebrantos,
Podré vivir! ¡Oh muerte! ven y acaba
De libertarme de tan fieros daños.
10
EGINO.-
¡Qué escucho, y quáles son vuestros deseos!
[IV] POLIXENA.-
Ya visteis, justo Dios, que he procurado
Apagar el incendio que os ofende;
Pero excede al poder de un sexô flaco.
EGINO.-
¿Luego ese corazón burlar intenta
15
De mi amistad el brillo acrisolado;
Pues de sus penas la mitad me oculta
Con secreto artificio, y con engaños?
POLIXENA.-
El trono de mis padres, destruido
Por las llamas de Páris temerario,
20
No es, Egino, el mayor de los horrores,
Sino mi amor; pues su imperioso estrago
Me arrastra y precipita con violencia,
Siendo yo mas culpable que mi hermano.
EGINO.-
¿Y quál es este amor, que así os oprime?
25
POLIXENA.-
El mas tierno, y el ménos aprobado.
Pero ¿para qué quieres que te haga
Torpe la voz y balbuciente el labio,
Partícipe, oh Egino, de un delito,
Si te has de horrorizar al escucharlo?
30
EGINO.-
No, señora, romped vuestro silencio,
[V] Y nombradme ese objeto desdichado.
POLIXENA.-
El mas bárbaro Griego es quien seduxo
Al yugo del amor mi pecho incauto.
EG1NO.-
¡Dioses! ¿si será Pirro?
POLIXENA.-
Él mismo, Egino;
35
Á aquese vencedor, á ese tirano
Rendí mis pensamientos (¡cruel memoria!),
Y sin poderlo resistir, yo le amo.
EGINO.-
¿Es posible que amor haya podido
Rendir un corazon acostumbrado
40
Solo al furor y justo sentimiento?
¡Ay! quando á vuestros pies ví derribados
Los muros de esa Troya miserable,
Creí se acabarian los quebrantos,
Y no pensaba que pudiese el cielo
45
Inventar otros golpes mas aciagos,
Que hasta vuestra inocencia se dirigen,
Sus odios y venganza señalando.
POLIXENA.-
Jamas se ha visto, Egino, en pecho alguno
Reynar tanta terneza, tal recato.
50
No son los males de mi triste patria
[VI] La causa mas segura de mi llanto;
Lloro el infame horror y tiranía
De un amor infelice, amor bastardo,
Que atropella por todos mis esfuerzos,
55
Y expone mi virtud á un atentado.
Inútil es, quando apagar procuro
Mis deseos horribles é insensatos,
Renovar á la idea los tormentos
Solo por él sufridos y causados:
60
Una madre llorosa á cada instante
Se presenta á mis ojos; pero en vano
Apaciguar pretende mis clamores,
Si los veo aumentar á cada paso,
Y sufro mucho mas, quando me expongo
65
Á ocultar de mi pena los arcanos;
Pues como no la cuento los motivos,
Me es forzoso por fin disimularlos,
Siendo de Troya las funestas ruinas
De mi loca pasion pretexto infausto.
70
¡Dioses crueles! ¿no estais satisfechos
De perseguirme, y de mirar quemado
El suelo de mis padres? ¿no me basta
Haber visto á los mios espirando,
Sino que vuestra cólera se extiende
75
Hasta hacerme querer al sanguinario
Asesino cruel de mi buen padre?
[VII] ¿Y quando yo procuro remediarlo,
Venciendo mi pasion, protegeis todos
Al mismo Pirro? De pensarlo rabio.
80
(Sale PIRRO.)
PIRRO.-
¿Siempre han de estar, señora y dueño mio,
Vuestros ojos de lágrimas bañados?
POLIXENA.-
¡Y cómo podré ver sin susto alguno
Á un vencedor, cuyo sangriento brazo
Me condenó al horror de las cadenas,
85
Al orgulloso destructor tirano
Del trono de mis padres, homicida
De mi Rey, y de todos mis hermanos;
Y quien, para corona y complemento
De sus fieros é ilustres atentados,
90
Se niega á darme muerte, como alivio
Á mi deseo en trance tan amargo!
PIRRO.-
¡Ah señora! dexad de recordarme
Los espantosos y crueles daños
Que trae consigo la victoria horrible.
95
No á mis ojos cubiertos con el pasmo
Renoveis las desdichas, en que tuvo
Mas parte la fortuna que mi brazo.
[VIII] La confusión y horror reynaba en Troya,
Y de llamas cubierta era teatro
100
Esta ciudad de su cercana ruina;
De un fuego vengador los tristes rayos
Á mi vista ofreciéron, Polixena,
Vuestra hermosura: entónces detestando
La dicha de mis armas, mezclar pude
105
De un gran remordimiento penetrado,
Con los suspiros de mis enemigos,
Algunas pruebas de ternura ó llanto,
Y tuve por horribles los laureles
De que me habia ceñido é ilustrado.
110
Sin hacer del valor costoso alarde,
Desde luego ¿por qué no os presentáron,
Hubieran visto deponer mi enojo,
Y siendo el mas cruel, ser mas humano?
POLIXENA.-
¡Cielos! ¿qué escucho? ¿Pirro á ser hoy llega
115
Sacrílego, y amante temerario?
¡Pirro! ¡el que del altar los privilegios
Tan injuriosamente vulnerando,
La vida de mi padre cortar pudo,
Viene á ultrajarme con amores falsos!
120
¡Perseguidor funesto de mi sangre,
Querrá en mí deshonrar la que ha quedado!
¡Y yo misma tranquila para verle
[IX] Mis tristes ojos levantaré acaso!
¡Oh efecto el mas terrible y dolorido
125
De las largas miserias y trabajos!
¿Posible es que insensible á las afrentas
Pueda volverse un pecho? No lo alcanzo.
¿Que yo respiro aun, mientras que pueden
Dudar de mi virtud? ¡Ay! ¿Hasta quando
130
Pretendeis, intruido de mis penas,
Hacer mis eslabones mas pesados?
¿No he sufrido, señor, bastantes males,
Sin que expongáis mi honor á nuevos daños?
Finalmente, esa llama aborrecible
135
Aumenta los dolores que yo paso;
Y si en vos supo hallar amor entrada,
No debierais jamas manifestarlo.
PIRRO.-
Para ocultar la fe con que os ofende,
Pirro se ha detenido y violentado;
140
Pero mi pecho con fiereza suma
Se cansó ya una vez de ser esclavo;
Pues mas quiero la muerte y los suplicios,
Que combatir el fuego en que me abraso;
Y así mandad que espere ó que perezca:
145
Mi vida está, señora, en vuestros labios.
([X] Sale TESANDRO.)
TESANDRO.-
¡Ah! Señor, escuchad el terror sumo
Que un oráculo causa en los soldados:
Estos, qual deben, finos ofrecian
Á los manes de Aquiles holocaustos,
150
Y el soberbio guerrero del sepulcro
Sale á sus ojos (¡oh prodigio extraño!).
Á la vista de toda vuestra armada
Así se apareció, quando inflamado
Su corazon de enojos, al injusto
155
Agamemnon cruel y sanguinario
Amenazó con voces vengadoras.
Se presenta y les dice: «pueblo ingrato,
¿Á presumir te atreves que mis manes
Con tan vil sangre quedarán honrados?
160
Para pagar con hecatombe digno
Mis hazañas, mis glorias y trabajos,
Es menester que espire Polixena
Sobre mi tumba, y quedaré vengado.»
Pronuncia estas palabras con voz fiera,
165
Y fixa sus miradas sobre el campo:
Todos los Griegos de comun acuerdo
Hacen á Polixena muchos cargos;
Condénanla, y confusa gritería
[XI] El viento puebla, el ayre va llenando;
170
El decreto de Aquiles para ellos
Es decreto del cielo soberano:
Y si creo al ardor que les anima,
Bien pronto han de venir á preguntaros
Por su víctima, y no es, señor, posible
175
Poner sin riesgo á Polixena en salvo.
POLIXENA.-
(Aparte.)
Ya respiro por fin, Dioses benignos,
Y á fuerza de rigor habeis logrado
Que vuestra enemistad se disminuya,
Dando á mi corazón algun descanso.
180
PIRRO.-
¿Y qué crimen (¡oh cielo!) ha cometido
Esta princesa para ser el blanco
De una sombra cruel y vengadora,
Hambrienta de furor, iras y estragos?
Si Páris cauteloso y atrevido,
185
De una pérfida paz solo abusando,
En la sangre de Aquiles, de mi padre,
Á bañar se atrevió su iniquo brazo,
¿Por qué ha de ser la hermana castigada
Por los delitos de su fiero hermano?
190
Ella cuyas virtudes... mas ¿qué es esto?
¿De una voz injuriosa he de hacer caso?
Los terrores que inspira todavía
[XII] La ceniza de un padre tan amado,
Habrán sin duda alguna producido
195
La imaginaria sombra que admiramos.
Nadie ignora que el pueblo gusta siempre
De mil prodigios, aunque sean falsos,
Creyendo ver un natural trastorno
En lo que es de impostura esfuerzo vano,
200
Y en sus obscuras imaginaciones
Nada debe admirar sino su engaño.
Con todo eso, preven luego la guardia,
Haz que tomen las armas los soldados,
Y conozcan, dictándoles mis leyes,
205
Hoy en Epiro todos mis vasallos,
Que se sirve á los dioses inmortales
Con la obediencia fiel al soberano.
(Vanse TESANDRO y EGINO.)
PIRRO.-
Y bien ¿podré de hoy mas con mis servicios
Reparar mis injustos atentados,
210
Borrar de Troya la memoria triste,
Y disminuir vuestro rencor airado?
¿Podré, á pesar de ese fatal decreto
Que en este mismo sitio publicáron,
Servir, y hacer que me debais la vida,
215
Mostrándome valiente, y no culpado?
[XIII] POLIXENA.-
No señor, ántes un aprobio eterno
Premiara los amores que yo causo;
Y por salvar mis infelices dias,
Á la Grecia y los dioses soberanos
220
Tendreis que combatir: pueblos distintos
Contra vos arman sus cobardes manos,
Y probareis de vuestras mismas tropas
Nuevas iras y horrores sanguinarios.
PIRRO.-
Léjos de detenerme aquesas iras,
225
Para mí tienen alhagüeño encanto;
Y si empeñar al cielo en su socorro
Pretende Pirro, ¿qué mayor descargo
Puede dar á los dioses? ¿no les basta
El ver que por vos sola yo combato?
230
Para hacerles que aprueben mi osadía,
Pongo el cetro, señora, en vuestras manos:
Venid, á vista de los Griegos todos,
Á jurarme en el templo sacrosanto
Una constante fe, como yo propio
235
Con el gusto mayor os la consagro.
POLIXENA.-
¿Yo unirme al asesino de mi padre?
¿Recompensar su audacia con mi mano?
¡Ah! yo hubiera creido que á lo ménos
[XIV] En un dia tan mísero y aciago,
240
Una afrenta como esta que recibo
Por compasion me hubierais evitado.
PIRRO.-
Conservad ese pecho inexôrable,
Y guardad, Polixena, vuestra mano
Para otro mas feliz; pero os advierto,
245
Que por mas que parezca yo culpado,
No hubo amante que ardiese en mejor llama.
Á Dios. Ya á combatir por vos me aparto.
Los desprecios que sufre el alma mia
Mis enemigos dexarán vengados:
250
Lo que no pudo hacer Héctor, confio
Hoy sin pena por vos executarlo:
Es preciso destruya en solo un dia,
Un solo instante, la obra de diez años.
Venid á verme con enojo y furia
255
Hacer del campo Griego horrible estrago,
Sacrificar á vuestros pies invictos
La vida de esos pérfidos tiranos,
Y con el mismo acero que os sirviere,
Herirme yo despues; por ver si alcanzo
260
Á dar satisfacción á un mismo tiempo
Á mi gloria y mi amor...
POLIXENA.-
¡Ah! cesa, ingrato:
[XV] Si ofrecerme á tan crudo golpe quieres,
Préstame tu valor para mirarlo;
Pues de la muerte á que por mí caminas,
265
Mil veces mas que tú, siento el estrago:
Pero ¿qué digo? ¿dónde me conduce
La fuerza de un ardor necio, insensato?
¡Ay de mí! ¡justo Dios! ¿en tal momento
Me habeis á mi pasion abandonado?
270
La vergüenza y dolor de mí se amparan.
Recojo mis espíritus temblando:
Os dexo, y huyo de vuestra presencia.
PIRRO.-
No, Polixena, no. Rompa el candado
Vuestro cruel silencio. ¿Mis pesares,
275
Mi vivo ardor, vuestro desden tirano
Han sabido ablandar? ¡Ah! de tal gozo
Oso apénas probar el dulce alhago...
¡Nada me respondeis, y solo veo
Correr por las mexillas vuestro llanto!
280
POLIXENA.-
Sí, lloro por vivir en este instante;
Pues marchité mi honor y mi recato:
Mas no te aplaudas, Pirro, de una gloria
Que debes solo á mi destino infausto,
Y á los dioses cuyo odio experimento;
285
Á aquellos que fatales á mi estado
[XVI] Y mi familia, solo para hacerte
Dueño del alma, mi razon turbaron,
En lo interior, hasta el postrer aliento,
Mi odiosa llama pretendí ocultaros;
290
Pero los altos dioses del olimpo
En perseguir mi suerte porfiados,
Sin duda que mi muerte y mi vergüenza
Todos entre sí unánimes juraron.
Si es inútil negarme á sus decretos,
295
Es el satisfacerles necesario,
Y ya que declaré mi amor culpable,
Resta sufrir la muerte, y á ella parto.
Recobraré en el ara el honor mio,
Que un vergonzoso amor ha marchitado;
300
Nada me falta mas que traspasarme
Aqueste corazon cobarde y flaco,
El qual ha obscurecido mi memoria
Con un indigno ardor que lloro en vano,
Y que ántes que la sombra de tu padre,
305
He sido la primera en condenarlo.
PIRRO.-
No, vos no morireis; ¿pero qué oigo?
¿Á quién va este discurso enderezado?
¿Á quién haceis declaración tan fina,
Que todos mis deseos ha colmado?
310
Si dió lugar á la piedad el odio,
[XVII] ¿Por qué para avisar tardasteis tanto?
¿Y por qué, si aprobabais mis ardores,
Me ocultasteis, cruel, un bien tan raro?
¡Quán parecido al aborrecimiento
315
Es vuestro amor! Amais, y sin embargo
Una muerte inhumana es el objeto
Que vos me preferis, el solo amparo
Que aquí vos implorais; ¿y quién pudiera,
En medio del furor con que batallo,
320
Privarme del bien único á que aspiro,
Bien por el qual solo el vivir me es grato?
Ya no es de hoy mas una beldad ingrata
Á la que quiero conceder mi amparo,
Sino á una amante triste y perseguida
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Á quien yo quiero, que me está adorando,
Y que sensible al fin á mis peligros,
Se ha dexado vencer de los alhagos.
Es mi bien, mi consuelo, mi alegría,
Y el premio del amor mas acendrado,
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Cuya vida, aun á costa de mi muerte,
Y á pesar suyo, defenderla trato.
(Sale TESANDRO.)
TESANDRO.-
Ya, príncipe y señor, todos los Griegos,
Del zelo religioso estimulados,
[XVIII] Piden á Polixena conmovidos:
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Calcas, ministro de los soberanos
Dioses, ya junto al túmulo de Aquiles
El altar mismo tiene preparado;
Con ese objeto el odio se renueva,
En sus gritos se atreven á nombraros,
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Y acusan vuestros pecho compasivo
De que quiere su víctima robarlos.
PIRRO.-
No sin pesar de este lugar me ausento,
Señora; mas volver bien pronto aguardo
Contento y victorioso (pues seguro
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De mi valor y de mi zelo me hallo),
Á traeros las prósperas noticias
De un destino feliz, que hoy os preparo,
Porque, sin abusar de vuestra suerte,
Dispongais de la mia á vuestro salvo.
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(Vanse PIRRO y TESANDRO, y sale EGINO.)
POLIXENA.-
No estoy inquieta yo de mi destino,
Sé que mi muerte es cierta, bien alcanzo
Que de mi loco amor, gracias al cielo,
Pronto he de recibir el justo pago.
Inútilmente el valeroso Pirro,
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Dándome entre las tropas libre paso,
[XIX] Hace ver el esfuerzo que le anima;
Pues sabré á pesar suyo armar mi brazo,
Y con los filos de mortal acero
Teñirle en una sangre demasiado
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Criminal. Si se atreve todavía
Á gloriarse de un hecho tan extraño,
No gozará (yo, Egino, lo aseguro)
Por largo tiempo tan indigno aplauso,
Y hubiera tal vez sido mas felice,
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Si hubiera mis afectos ignorado.
No obstante, atento al órden que te dexo,
Guárdate, Egino, de seguir mis pasos,
Y si mi madre aquí se presentase
Ocultarla procura estos arcanos;
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Los dioses son testigos, que mis penas
No siento mas que su pesar y llanto.
EGINO.-
¡Cielos! ¿qué me decis? ¡vais á la muerte,
Y no quereis que os vaya acompañando!
POLIXENA.-
Si tu amor en mi gloria se interesa,
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Debes rendirte, Egino, á mis mandatos,
Tus lágrimas deten, y advierte solo
Que á obedecer naciste en todo caso.
(Vase.)
EGINO.-
¡Ah! no creais que pueda obedeceros;
[XX] Ántes pruebe el suplicio mas tirano:
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Buscaré á Pirro, para descubrirle
Un proyecto que ignora, y me ha pasmado.
(Salen PIRRO y TESANDRO por medio del teatro.)
PIRRO.-
Bien dixe yo que mi presencia sola
Confundiria al pueblo temerario;
¿Pero qué? Ya no veo á Polixena
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En este sitio: ¿sabe que he triunfado?
EGINO.-
¡Ah Pirro! no un error aquí os conduzca,
Ni es discursos el tiempo así perdamos,
Quando ya la princesa se dispone
Á sufrir de la muerte el crudo fallo;
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Y acaba de salir con el designio
De cumplir los decretos inhumanos.
PIRRO.-
¡Oh dioses! ¡es posible que mi dueño
Con tan fatal designio haya marchado!
Vosotros de su vida responsables
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Me habeis de ser, vosotros que encargados
De custodiar su vida...
([XXI] Sale POLIXENA, y dice á los guardias que la impiden salir.)
POLIXENA.-
Basta, digo:
¿Hasta quándo, crueles, hasta quándo
Me privareis de las dulzuras gratas
De una muerte que ha tanto tiempo aguardo?
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¿Pero qué es lo que advierto? ¿aun se presenta
Pirro á mi vista? ¡Dioses inhumanos!
(Aparte.)
Ó volvedme mi gloria en tal momento,
Ó dexadme morir con mi quebranto.
PIRRO.-
Señora, disipad vuestros pesares;
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Yo triunfo, y todo cede á vuestro encanto:
Unidos contra vos y vuestra vida,
Pedian vuestra muerte cien airados
Pueblos furiosos: presénteme al punto,
Pidiéndole justicia á todo el campo,
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Y dudan del oráculo á mi aspecto
Cobardes, irresueltos y temblando.
Yo, á quien anima tan hermosa causa,
Aun á vista de Calcas irritado,
Ardiendo mas que nunca por mi zelo,
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Postré á sus plantas el altar profano.
El cielo, pronto en castigar al crímen,
[XXII] Confundiendo un ministro cruel y falso,
Os justifica.
POLIXENA.-
Y yo á mí me condeno,
Pues de este modo al cielo satisfago.
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(Dase.)
PIRRO.-
Dioses, ¡qué advierto!
POLIXENA.-
Que este es mi destino,
Que hubiera sido el mas amable y grato
Para mí en vuestra dulce compañía,
Si de los dioses el enojo insano
Entre nuestras familias no sembrara
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La división y el odio mas extraños;
Pero el cielo permite que yo os pierda
Para salvar mi gloria y mi recato.
No obstante, Pirro, una merced tan sola
Á pediros me atrevo y suplicaros;
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Suavizad la miseria de mi madre;
Que Pirro, sus victorias olvidando,
Quiera escuchar la voz de los vencidos,
Y que la infelice madre de héroes tantos
No se vea postrada á vuestras plantas,
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Ni rendida por vos al triunfal carro.
Dignaos libertarla de sus tristes
Hierros de esclavitud, penosos lazos,
[XXIII] Y defendedme su preciosa vida,
Sin acordaros de mi fin infausto.
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(Muere.)
PIRRO.-
¡Ah! no creais que tarde yo en seguiros,
Ni que pueda en un lance tan amargo
Sobrevivir: traspasaré furioso
Un triste corazon abandonado,
Y con mi pronta muerte voluntaria
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Evitaré el horror que estoy mirando.
(Va á darse, TESANDRO le detiene, haciendo llevar á POLIXÉNA por los guardias, y vase EGINO.)