Sala de una casa particular: las paredes blancas,
el techo de armadura en cuadros, con una moldura alrededor,
que forma un encasetonado sencillo. Sitiales de nogal y un
escritorio: a un lado un altar de San Juan con muchas luces
y muy adornado de colgaduras y flores. Óyense en la
calle músicas y gritería.
(Siéntase
en un sitial: ALFONSA coloca un escabel delante de MENDARIAS,
y sobre él se hinca de rodillas ELVIRA para dar lección:
santíguanse ambos antes de empezarla.)
Vamos
allá. No diréis
Que la letra es mala: copia
Es hecha por mí de un pliego
Del Rey, que me proporciona
Por gran favor el notario
Del concejo.
ELVIRA
(Aparte.)
¡Qué
enfadosa
Tarea!
MENDO
Sabéis
así
Cualquier novedad de monta
Que ocurre, al punto.
Empecemos
Por el trato de Bayona.
(Lee.)
ELVIRA «Trato
de paz habido entre los mensajeros2 del Rey Don Juan el primero
de Castilla, e el Duque de Alencastre, hermano del Rey de
Inglaterra, firmado en la cibdad de Bayona en este año
del nascimiento de N. S. de mil e trecientos e ochenta e
ocho años.»
MENDO
Bien: al primer otrosí.
Y va un punto.
BEATRIZ
Ese
se borra.
ELVIRA3 «Otrosí,
que finada ya la guerra, los dichos Rey de Castilla e Duque
de Alencastre, e la Duquesa Doña Costanza su mujer,
fija del Rey Don Pedro, farán que se faga casamiento
por palabras de presente entre el Infante Don Enrique, fijo
primogénito del Rey de Castilla, e Doña Catalina,
fija de los dichos Duque e Duquesa.»
MENDO
Aquí.
ELVIRA
«Otrosí, que el dicho
Rey de Castilla dará e pagará al Duque de Alencastre
seiscientos mil francos de buen oro e justo peso; e amén
desto, cada un año por toda su vida de los dichos
Duque e Duquesa, cuarenta mil francos puestos en la cibdad
de Bayona.»
JUAN
Ya
sabe el inglés
Vendernos cara la torta.
ELVIRA
¿Pero
Bayona en Francia
No está?
MENDO
Sí
tal.
ELVIRA
¿Se
aloja
Ese Duque inglés, o manda
Hoy allí?
MENDO
Vaya
de historia.
Bayona y Burdeos son
De los ingleses ahora.
JUAN
Seiscientos cuarenta mil
Francos se le desembolsan
Al Duque este año.
MENDO
Seguid.
ELVIRA«E que los dichos Duque
e Duquesa renunciarán e demitirán en el Rey
Don Juan e sus herederos todo el derecho que dijeren que
hubieren a los regnos de Castilla.»
MENDO
Vamos, estáis
mentirosa
Esta noche como nunca.
ELVIRA «Otrosí,
de los fijos del Rey Don Pedro que el Rey de Castilla tiene
presos, que esto fincará (ELVIRA lee «finará».)
en la cuerda...»
MENDO
¿Qué cuerda ni qué maroma?
En acuerdo... y porque vos
Os acordéis...
(Tómale
la mano.)
ELVIRA
Perdón:
otra
Vez lo haré mejor.
MENDO
Estudie,
Que no es ninguna mocosa.
(Le da palmetas.)
(Repitiendo)
MENDO y ELVIRA«De los fijos
del Rey Don Pedro que el Rey de Castilla tiene presos, que
esto fincará en acuerdo del Rey e del Duque.»
Escena IV
DON BELTRÁN, dichos.
BELTRÁN
Guárdeos Dios.
JUAN
¡Señor
alcaide!
BEATRIZ
Don Beltrán, su servidora.
BELTRÁN
Elvira, altar y lección.
Cosas son contradictorias.
ELVIRA
Ya; pero...
BELTRÁN
(A MENDO.)
¿Adelanta?
MENDO
Nada.
BELTRÁN
La tenéis medio llorosa.
MENDO
Si me
cuesta el enseñarla
Más que a vos regir la
tropa
Que tenéis de guarnición
En el alcázar
de Soria.
BELTRÁN
Don Juan, a buscaros vengo.
JUAN
¿Queréis que hablemos a solas?
BELTRÁN
Quiero
antes oír a Elvira.
MENDO
Esta letra es más
redonda.
(Dale otro papel.)
A ver.
(ELVIRA, lee,
y DON BELTRÁN le va diciendo las palabra en voz baja.)
«Hase ordenado en
las Cortes de Briviesca que para cobrar la cuantía
que el Rey ha de dar al Duque de Alencastre, que se demande
un empréstito general al regno.»
MENDO
Don
Beltrán, silencio.
¡Qué bien se va cuando
sopla
Algún espíritu santo!
Esta alumna me
deshonra.
Dos docenas de palmetas
Merece una perezosa
Tal.
BELTRÁN
Perdonadla.
MENDO
(A DOÑA BEATRIZ.)
El
señor,
Que siempre por ella aboga,
Me precisa a
conmutar
La sentencia percusoria.
No salga esta noche Elvira.
BELTRÁN
Eso...
ALFONSA
(Aparte.)
Mal
lobo le coma,
ELVIRA
¿Que no salga?
MENDO
Y
bajo llave
Esté encerrada en su alcoba.
ELVIRA
¿Por
qué?
BEATRIZ
¿Por
qué?
MENDO
Porque
estamos
En la víspera ruidosa
De San Juan, que a
las doncellas
El cerebro les trastorna.
ELVIRA
A las que
piensan casarse...
MENDO
Y ese altar con tanta rosa
Y tanta
luz, ¿no se ha puesto
Para hacer la ceremonia
Sabida de
orar al santo,
Y quedarse silenciosa
Con un pie en agua
después,
Atendiendo a ver si nombran
A alguno los
que vocean
Por la calle hasta la aurora?
BEATRIZ
No hará
eso Elvira.
JUAN
Sería
Pecar de supersticiosa.
BELTRÁN
No es capaz...
ELVIRA
(Aparte.)
No
había yo
Pensado en ello, y me acosan
Con prohibírmelo,
tanto,
Que ya...
BEATRIZ
¿Con
que habrá encerrona?
BELTRÁN
¡Pobre Elvira!
JUAN
Os
haré yo
Compañía.
BELTRÁN
Y
yo.
ELVIRA
Gustosa
La admitiera; pero ved
Que era entonces ilusoria
La pena.
(Aparte. Así me liberto
De la presencia enojosa
De Don Juan.) Adiós, señores.
(Vase.)
MENDO
Cuidado tú, cariboba,
Con la puerta.
ALFONSA
¿Abrirla
yo?
¡Pues ya! (Aparte. Lo he de hacer a posta.)
(Vase.)
BEATRIZ
Venid, por si la presencia
Nuestra a Don
Beltrán estorba.
(Vanse DOÑA BEATRIZ
y MENDARIAS.)
Escena V
DON BELTRÁN,
DON JUAN.
JUAN
Noble Don Beltrán de Eril,
¿Qué me tenéis que mandar?
BELTRÁN
De vos quiero confiar
Un negocio harto sutil.
JUAN
Cuando
salís del castillo
A tales horas, barrunto
Que es
gravísimo el asunto.
BELTRÁN
El venir es muy
sencillo
En noche de tal jarana:
Os hablo, y al paso noto
Si hay síntomas de alboroto
En Soria para mañana.
JUAN
¿Qué puede a este vecindario
Conmoverle, Don
Beltrán?
BELTRÁN
Ese préstamo a que
dan
El nombre de voluntario.
JUAN
Soria no lo paga.
BELTRÁN
Veo
Que ignoráis una noticia.
JUAN
¿Se deroga la franquicia
De la quema y el saqueo?
BELTRÁN
Señor, no
hay que hacer asombros:
Cura el tiempo los reveses.
JUAN
¿Qué dejaron los franceses
Aquí? Ceniza y
escombros.
BELTRÁN
Pero en diez y ocho años
Desde esa calamidad,
Bien pudo ya la ciudad
Reponerse
de sus daños,
Y fundada en esta base
Ya la nueva
ley de fisco.
Con todo, temo un pedrisco
Mañana,
y dudo que pase.
JUAN
Si ya la saben algunos,
Pondrán
el grito en los cielos
Desde hoy, y vuestros recelos
No
serán inoportunos.
BELTRÁN
Vamos ahora al encargo
Que hace poco recibí
Del Rey, y aunque me honra,
a mí
Me repugna, sin embargo.
Lo haré; pero
al Rey después
Diré en frases comedidas
Que
es mal averigua-vidas
Un soldado aragonés;
Y si
no lo escribí ya,
No fue por falta de gana,
Sino
porque esta semana
Parece que viene aca.
JUAN
¿Y qué
es lo que va conmigo
En tal averiguación?
BELTRÁN
El descubrir quiénes son
Los padres de vuestro amigo.
JUAN
¿Quién?
BELTRÁN
El
Bachiller.
JUAN
¿Mendarias?
BELTRÁN
Con él os habéis criado...
JUAN
¿Son para bien del Estado
Tales nuevas necesarias?
BELTRÁN
Trajo un caballero inglés
El pliego, y a lo que siento,
En ese descubrimiento
Pone el Rey gran interés.
JUAN
¿Un inglés?
BELTRÁN
Que
ha conocido
A Mendarias en Bayona.
JUAN
No equivoca la persona.
Mendo en Bayona ha vivido.
BELTRÁN
Es preciso hacer
que dé
Completa razón de todo,
Preguntándolo
de modo
Que hable y no sepa de qué.
Me lo previenen
así.
Vos que sois joven capaz,
Disimulado y sagaz,
¿Me haréis este encargo?
JUAN
Sí.
Pero vos cuya prudencia
Tal respeto en casa inspira,
Y
tiene en Beatriz y Elvira
Irresistible influencia,
¿No
haréis para que el desdén
De Elvira se disminuya,
Y pueda llamarla suya
Quien muere por ella?
BELTRÁN
Bien.
Pero no es fácil mandar
En el ajeno albedrío.
JUAN
Tampoco el encargo mío
Es fácil de ejecutar.
BELTRÁN
Malcasar a una mujer
Es exponerla a un desastre.
JUAN
Servir pudo al de Alencastre
El padre del Bachiller,
Y por secretas razones
Quizá les puede importar
Al Rey y al Duque a la par
Echar al hijo prisiones.
BELTRÁN
¡Oh! si hacéis un acertijo,
Lo armaréis según
os cuadre;
Pero en la culpa de un padre,
¿Qué tiene
que ver el hijo?
JUAN
Padece grave desmedro
Vuestra memoria,
por Dios.
¿No hay preso, encargado a vos,
Un hijo del Rey
Don Pedro?
¿Un Don Juan?
BELTRÁN
Sí,
señor, haile;
Y ni de él se me permite
Hablar,
ni que le visite
Sino un médico y un fraile.
JUAN
Niño era, y en reclusión
Le puso cruel decreto.
BELTRÁN
¿Es el Bachiller sujeto
De tanta suposición?
JUAN
No será ningún infante;
Pero el cura
que nos dio
Enseñanza, le crió
Con el esmero
bastante
Para poder afirmar
Que, enseñándole
latín,
No era hijo de un galopín.
BELTRÁN
Eso me habéis de aclarar,
Y os ofrezco en recompensa
Favorecer vuestro amor,
Aunque de uno a otro favor
Hay
una distancia inmensa.
Disimulad la lisura
Propia de un
guerrero anciano,
Que no adula cortesano,
Pero tampoco
murmura.
Si Elvira os hace penar
Porque prefiere el convento,
A tan respetable intento
No se puede replicar;
Pues aunque
seáis un lince,
Si a Cristo Judas tasó
En
treinta dineros, yo
No diera por vos ni quince;
Y la muchacha,
al revés,
Creo que es tesoro tal,
Que está
el doncel más cabal
Con mucho honor a sus pies.
Mas al fin, si ha de tener
Esposo, y pocos hay buenos,
El que la merezca menos,
Más la debe de querer.
¿Es con vos feliz? he sido
Casamentero de estrella.
Que
no lo es: os mato, y ella
Se buscará otro marido.
No hay, pues, en lo que ofrecí
Peligro que me acobarde.
Adiós, y en su gracia os guarde
Para guardaros de
mí.
(Vase.)
Escena VII
DON
JUAN
No le he replicado al viejo;
Mas no ha de quedar impune
Su amenaza, como pueda
Yo darle una pesadumbre.
Esa información...
En ella
Hay misterio a todas luces,
Y no debe ser misterio
Que en beneficio redunde
De Mendarias, cuando quieren
Que con maña le pregunte.
A él y a mí
juntos el cura
Don Celebrún Celebrúnez
Nos
recogió: diré a Mendo
Que necesito me busque
Noticias mías; y como
Las de entrambos se confunden,
Las suyas vendrán con ellas,
Y él las da
y no lo trasluce.
Escena VII
MENDARIAS, DON JUAN.
MENDO
Cuidado con que el encierro
(Cruzando
por el fondo.)
Por toda la noche dure.
Adiós, señora.
JUAN
(Llamando a MENDO.)
Chist.
MENDO
(Llegándose a DON JUAN.)
Presa.
Queda la niña; y no dudes
Que con haberle vedado
Que haga la oración y escuche
Las voces de los que
pasan,
Basta para que procure
Hacer uno y otro, y logren
Su fin tus solicitudes.
JUAN
Los músicos están
cerca,
Y así que yo les anuncie
Por mi ventana que
es tiempo,
Comenzarán.
MENDO
¡Qué
de embustes,
Qué de marañas te cuesta
La
ambición que te consume!
JUAN
Dirás el amor.
MENDO
El
tuyo
Es un amor ad utrumque:
A Elvira y al dote. Aquí
Tienes tu amor en resumen.
JUAN
¿Qué entiende un
capigorrón
De eso?
MENDO
Cuenta,
no me atufe;
Que aún puedo ceñir espada
El
día que me disguste
Del manteo.
JUAN
¿Y
la promesa
Que a Don Celebrún y al Duque
De Alencastre
hiciste? ¿Así
Lo que les juraste cumples?
MENDO
¡Pobre
cura! Era un presbítero
De apostólicas virtudes.
¡Qué de afanes y regaños!
¡Qué de
varas de acebuche
Le tengo de costa yo!
JUAN
Eras aquí
un bulle-bulle
Insoportable.
MENDO
Si
acierta
A ser de mayor volumen
Aquel ladrillo de marras,
Te dejo en el sitio.
JUAN
Estuve
Dos meses descalabrado.
MENDO
Desde entonces nos reúnen
Los lazos de una amistad
Que ha de ser indisoluble.
Tienes
derecho a mandarme.
JUAN
No verás que de él
abuse.
MENDO
¿No es abuso el exigir
Que atolondre y atribule
A esa pobre niña, ese ángel
De candor y mansedumbre,
Para que, harta de aguantar,
Case contigo? No supe
Lo
que hacía cuando aquí
De dómine me
introduje.
JUAN
Veo que te has hecho en Francia
Muy tierno.
MENDO
Soy...
homo duplex,
Mezcla de galán y docto:
Mendarias
lidia y arguye.
Y lo mismo es para él
Amo amas que musa musae
JUAN
¡Oiga!
MENDO
Díganlo
en Bayona
Damiselas y monsiures.
JUAN
¿Te querían?
MENDO
Todas:
yo
Odio las ingratitudes;
Correspondía: me hallaba
Con un rival; cada lunes
Y cada martes había
Pendencia.
JUAN
¡Buena
costumbre!
De fijo a Don Celebrún
Le diste mil inquietudes.
MENDO
Cuando yo maté al inglés
Que era de
la servidumbre
Del de Alencastre, por poco
Le cantan el
de profundis
Al viejo. El Duque también
Hizo por
mí cuanto pude
Apetecer: me escondió;
Si
no, mi garganta cruje.
JUAN
La gracia de Dios entonces...
MENDO
Por ella y la certidumbre
De que ordenándome
yo
Lograba quedar inmune
De la justicia seglar,
Dije:
-Ea, que me tonsuren.
Hago confesión; me importen
Una penitencia dulce,
Pero extravagante; mandan
Que vaya
a Inglaterra y curse;
Me gradúo; el pobre cura
De
gozo, y de cien octubres,
Se muere; torno a Bayona;
Al
de Alencastre le ocurre
Que entre religioso para
Que en
su gracia continúe;
Rehúso, enfádase
y vuelvo
A nuestros lares comunes.
JUAN
Y nuestra amistad
antigua
Se renueva.
MENDO
Me
seduces
Mostrando la cicatriz
Que hace en tu sien un pespunte,
Y de atormentar a Elvira
Entro en el villano ajuste.
JUAN
Por darte ocupación...
MENDO
Me
haces
Verdugo.
JUAN
Pronto
concluyes;
Y si quieres emplearte
En cosa que más
te guste...
MENDO
Desde luego.
JUAN
Pues
a ver
Si mis padres me descubres.
Tú, Elvira y yo
somos huérfanos:
No hay cosa que más abunde
En el día que los hijos
Fruto de amores volubles;
Pero se los reconoce,
Y a nosotros no: me aturde
Esto,
y me obliga a pensar
Si es que una sangre nos une.
MENDO
¡Hermanos tú y yo!
JUAN
A
la puerta
Del piadoso Celebrúnez
Juntos nos echaron.
MENDO
Tú
Envuelto en sedas y tules,
Y yo en estopa y sayal;
Tú
al cuello con un estuche
Verde y una alhaja; yo
Con unas
cuentas azules.
¡Vaya una igualdad!
JUAN
No
importa:
Yo estimaré que te ocupes
En esta investigación,
o muéstrame los apuntes
Que te dio Don Celebrún
Sobre los dos.
MENDO
Es
inútil:
Están en cifra.
JUAN
Recuerda,
Hombre, nuestras juventudes,
Y no me desaires. Mira
Esta
señal.
MENDO
Me
destruyes
Con ese argumento, al cual
Mi resistencia sucumbe.
JUAN
¿Y por qué es la resistencia?
MENDO
Razón
hay en que la funde.
¿No fuimos expuestos juntos?
Pues
cuantos datos ilustren
El hecho, revelarán
También
quién soy yo; y aburre
Mucho a un bachiller en cánones,
A quien hidalgo presumen,
Salir hijo de un pelgar
O de
una judía.
JUAN
Anduve
Con mi súplica imprudente:
Justo es que por ti renuncie
A saber mi origen.
MENDO
Eso
Es hacer que se estimule
Más mi generosidad,
Y
nadie excederme juzgue
En ella.
JUAN
(Aparte.)
Cayó
en el lazo.
MENDO
Mañana, así que despunte
El sol, corro las iglesias,
Y encargo en todas que anuncie
El predicador que importa
Mucho para un casus juris
Saber
quién abandonó
A la piedad transeúnte
Dos niños la noche tal;
Que hay prendas de que resulte
La identidad del sujeto,
Y que si él las restituye,
Por mucho que pida, nada
Habrá que se le rehúse.
¿Qué te parece?
JUAN
Soberbio.
MENDO
Cito a mi posada; acuden,
Y veremos si en tiniebla
Tal se nos da una vislumbre.
Dinero, ¿habrá?
JUAN
(Aparte.
Beltrán debe
Pagar... ) Sí. Adiós.
MENDO
Él
te ayude.
JUAN
Yo voy a mi cuarto.
MENDO
Yo
A ver qué galán se luce.
(Vanse.)
Escena VIII
ALFONSA, y luego ELVIRA.
ALFONSA
Ya los he visto salir;
El dómine me ha encargado
Con esta puerta cuidado:
Con cuidado voy a abrir.
El ama
se recogió,
Y Don Juan se encerrará:
Nadie
nos escuchará.
(Abre y llama a ELVIRA, que
contesta desde adentro.)
Chist, salid.
ELVIRA
¿No
hay nadie?
ALFONSA
No.
ELVIRA
¡Ay! es mucho rigorismo
Este.
(Sale con el
cabello tendido y vestida de blanco.)
ALFONSA
¡Calle!
¡Despeinada,
De blanco! ¿Hacéis la velada
Que os
prohíben?
ELVIRA
Por
lo mismo.
ALFONSA
Bien.
ELVIRA
Se
acaba la paciencia.
¡Una noche que deseo
Salir un rato
a paseo,
Se me ha de negar licencia!
ALFONSA
Señora,
si es un Nerón
El diantre del cleriguillo,
Y dais
en el estribillo
De no estudiar la lección.
ELVIRA
Es que a poco que estudiara,
Ya supiera yo leer.
ALFONSA
¿Y no queréis aprender?
ELVIRA
No por cierto.
ALFONSA
¡Cosa
rara!
No os debe dar escozor
La férula.
ELVIRA
Te
parece
A ti; pero, amiga, escuece
Más otra cosa
peor.
ALFONSA
Mi pobre discernimiento
Cuál sea no
ha conocido.
ELVIRA
En leyendo de corrido,
Me zampan en
el convento.
ALFONSA
Vos queréis con harto afán
Ser monja.
ELVIRA
¿Qué
he de querer?
ALFONSA
Casaos.
ELVIRA
No
puedo ver
Al maldito de Don Juan.
Por él he dicho
que dejo
El mundo: así tiempo gano;
Lo malo es que
cada mano
Lo paga con el pellejo.
ALFONSA
¿Por qué
dudáis en decir
A mi ama la verdad?
ELVIRA
¿Ir contra
su voluntad?
¡Jesús! Primero morir.
ALFONSA
Yo pienso
que por el gusto
De Doña Beatriz, no fuera
Don Juan
a quien escogiera
Para esposo vuestro.
ELVIRA
Justo.
Pero él rige el albedrío
De ella como por
milagro,
Y yo, por deber, consagro
A Doña Beatriz
el mío...
ALFONSA
A ser yo vos...
ELVIRA
¡Oh!
no se hable
De inobediencia formal
A una dama, sin la cual
Fuera yo una miserable.
Voy dando largas; resisto
A medias,
a ver si encuentro
Escape: si no le hay, entro
Monja, me
caso con Cristo.
ALFONSA
Pero, vamos, con franqueza:
Si
casaros no queréis
Con Don Juan, ¿es que tenéis
Quebradero de cabeza?
ELVIRA
Yo creo que pide a voces
Un
huésped mi corazón.
ALFONSA
¿A quién
diera habitación?
Decid.
ELVIRA
Si
no le conoces.
ALFONSA
¿Que no lo conozco? ¡Bah!
Esa disculpa
no pasa.
Veamos. ¿Quién entra en casa?
¿Es el maestro
quizá?
ELVIRA
¡Qué!
ALFONSA
No
merece desprecio.
ELVIRA
¡No, y aun digo sin rebozo
Que
me parece buen mozo
Cuando no sacude recio.
ALFONSA
¿Es
Don Beltrán?
ELVIRA
Loca
estás.
ALFONSA
Me habéis de decir su nombre,
Porque os di suelta.
ELVIRA
Es
un hombre
A quien no he visto jamás.
ALFONSA
Tal
querer se me figura
Un poquillo estrafalario.
ELVIRA
No
te diré lo contrario;
Pero amor todo es locura.
Ni es tampoco una pasión
Lo que siento, no lo creas:
Combato con mil ideas,
Y una vence a la razón.
En fin, de blanco vestida
Me ves, y el cabello suelto:
Es que a San Juan he resuelto
Pedir que de mí decida.
Tráeme agua.
ALFONSA
Aquí
está el lebrillo
De plata.
(Sácalo
de debajo de la mesa que sirve de altar.)
ELVIRA
Quítame
al pie
Izquierdo el chapín.
ALFONSA
Bien.
ELVIRA
Ve
Y echa ahora aquel pestillo.
ALFONSA
Sí, por si acaso.
(Mientras ALFONSA cierra, ELVIRA echa agua de uno
de los jarrones del altar en el lebrillo.)
ELVIRA
El
misterio
Empieza. ¡Dios de Israel!
¿Qué nombre oiré?
ALFONSA
Si
es Manuel...
ELVIRA
Entonces... al monasterio.
(Pone
el pie izquierdo desnudo dentro del lebrillo que ha colocado
ALFONSA frente al altar.)
Profeta
precursor, estrella hermosa,
Cuya luz anunciándonos
venía
La del místico sol que trajo el día
Término de la humana esclavitud;
Que
viste al Unigénito del Padre
Inclinar la rodilla
reverente
Cuando tus manos la divina frente
Regaron con
el agua de salud;
A ti en la noche de
hoy en que te place
Revelar a la virgen amorosa
Quién
ha de ser el que la llame esposa,
A ti los ayes de mi pecho
van.
Y el pie me baño en ceremonia
pía,
Y con túnica blanca el traje imito
Del
pueblo que buscándote contrito
Cercaba la ribera
del Jordán.
Tú ves mi corazón
desde la silla
Que gozas entre mártires triunfante;
Indeciso le ves y vacilante:
Dispón ahora de mi
honesta fe.
La voz de tus oráculos
decida
Entre el mortal y el vínculo divino:
Dime
a quién debo amar, y mi destino
Con el que tú
me nombres uniré.
(Suena dentro música
y cantan lo siguiente.)
Maravilla
siendo están
De
la gente de Teruel
Una
dama y un galán.
Finos
aman ella y él.
Aprender
podrán
El
cariño fiel
Las
doncellas, de Isabel,
Y
los hombres, de Don Juan.
ELVIRA
¡Don Juan! Don Juan dicen.
ALFONSA
¡Hemos
Hecho negocio! ¡Voto a!...
ELVIRA
Pero ¿qué Don Juan
será?
Juanes hay mil.
ALFONSA
Escuchemos.
(Cantan dentro.)
Los
amantes de Teruel
Ya es el nombre que
les dan;
Pero ¿cuándo se unirán?
Rica es ella, pobre es él.
Con
este afán
Que
es tan cruel,
Penando
están.
Pero Isabel
Quiere a Don Juan.
(Se
repite este verso varias veces.)
ALFONSA
Que améis
a Don Juan ordena
La voz.
ELVIRA
Si
un Juan indicara
Que yo sé, no me costara
Obedecer
mucha pena.
Escena IX
DON JUAN, saliendo por
la puerta que da a la calle; dichas.
JUAN
Elvira...
ELVIRA
¡Oh
Dios!
ALFONSA
(Aparte.)
¿Hay
hurón
Como él?
JUAN
¿Os
he sorprendido?
No hay por qué: sólo he venido
A sacaros de prisión.
Bajé a la calle, di
vuelta
Por la puerta principal,
Y no he de llevar a mal
Que vos...
ALFONSA
Yo
le he dado suelta.
ELVIRA
Os ruego que no digáis
A madre...
JUAN
¿Cuál
os encuentro?
No temáis. Vete tu adentro.
ELVIRA
Vete,
(Vase ALFONSA.)
JUAN
Hermosísima
estáis.
Un ser parecéis que dudo
Si a la
tierra pertenece,
Que adoraciones merece...
¡Ah! tendréis
el pie desnudo.
ELVIRA
¡Eh!...
JUAN
La
prueba.
(Señalando el chapín.)
ELVIRA
¡Qué
apurar!
Alzad ese chapín.
JUAN
. Le
alzo.
ELVIRA
Salid mientras me le calzo.
JUAN
No, que yo
os le he de calzar.
ELVIRA
No.
JUAN
Sí.
ELVIRA
No.
JUAN
La
noche que es
Lo dispensa.
ELVIRA
Lo
permito
Por San Juan.
JUAN
No
es un delito
El que me postre a esos pies.
(Pone
ELVIRA el pie sobre el escabel en que se apoyó para
dar lección, y DON JUAN le calza el chapín.
Vuelve a sonar la música dentro, y cantan.)
Sala en el castillo de Soria. Una puerta en el
fondo, otra a un lado, y al opuesto ventanas. Mesa y sitiales.
Escena primera
DON BELTRÁN, DON JUAN.
JUAN
Es echar por el atajo.
BELTRÁN
Todavía
estoy perplejo.
JUAN
¿No os parece mi consejo?...
BELTRÁN
Me parece vil y bajo.
JUAN
No sé qué tenga
de vil
Cumplir una orden real.
BELTRÁN
¿Es cosa noble
y marcial
Convertirme en alguacil?
Presos sabré
mantener
Aquí los que se me fíen;
Mas ¡que
a un alcaide le envíen
Mandato para prender!
JUAN
¿No fue el convidar a Mendo
Para ponerle a recado?
BELTRÁN
Sólo me estaba mandado
(Por eso en ira me enciendo)
Traerle, para que hablara
El inglés explorador
Con él; y mi buen milor
Ahora sus instrucciones
Me muestra, y su excelentísima
Dice cual vos, con
poquísima
Diferencia de expresiones:
«Que venga
la Melitona,
Que dé el título, y leído,
Se le hace a Mendo un cumplido,
Y se le encaja en chirona.»
¿Qué cumplido ni qué arenga
Tamaño
rigor ablanda?
JUAN
Añadid que el Rey lo manda,
Y
que a él tal vez le convenga.
BELTRÁN
¿A quién?
¿a Mendo? Eso irrita.
JUAN
Él ha sido un perdulario,
Y un retiro sedentario
Es lo que más necesita.
BELTRÁN
Si fuerais vos...
JUAN
¿Y
entendéis
Por qué el Rey prenderle quiere?
BELTRÁN
Mirad: lo que no os dijere,
Nunca me lo preguntéis.
A otra cosa menos seria
Pasemos, que si no...
JUAN
Hablemos
De Elvira.
BELTRÁN
Nada
tenemos
(Afectando despego y orgullo.)
Que tratar en la
materia.
(Aparte.
La muchacha no se libra
Del novio que
yo a propósito
Contemple: a ver si este expósito
Es hombre de buena fibra.)
Elvira no disimula
Que no puede
soportaros;
La promesa de auxiliaros
Que os hice, resulta
nula.
JUAN
Como yo la adoro aún...
BELTRÁN
No le hacéis grande merced.
JUAN
Ya no es mi igual;
mas creed
Que sale de lo común
Este amor que le
es molesto.
BELTRÁN
Resignaos.
JUAN
Me
resigno;
Mas fuera de amarla indigno
Si la olvidara tan
presto.
BELTRÁN
¿Queréis haceros justicia
Completa? Pues confesad
Que en vuestro amor, la mitad,
A lo menos, es codicia.
Vos vivíais hasta ahora
Con una niña hechicera,
Como vos coheredera
De vuestra
fiel protectora,
Y dijisteis: «No me prive
La partícipe
presunta
De nada: todo se junta
Si ella mi mano recibe.»
Hoy dan más brillo a sus prendas
Caudal nuevo y
jerarquía,
Y decís: «Bueno sería
Pillar
entrambas haciendas.»
Está muy bien calculado;
Pero
sírvaos de gobierno
Que no quiero para yerno
Un
huérfano desechado.
JUAN
No imaginéis que yo
tilde
Vuestra determinación:
Conozco mi situación,
Y me toca ser humilde.
Quizá hoy descubra en mi
abono
Que sangre noble heredé;
Pero me consolaré
Si no, que no lo ambiciono.
BELTRÁN
¿Cómo
no?
JUAN
Si
mi homenaje
Con gusto Elvira aceptara
Siendo yo hidalgo,
me holgara
De ser hombre de linaje:
Esto es poco meritorio
Para ella, y en consecuencia
Espero sin impaciencia
Noticias
de mi abolorio;
Y oigo sin indignación
Llamarme
hijo de desecho,
Porque os debo de derecho
Respeto y veneración.
BELTRÁN
Ese respeto es ya mengua;
Más hubiera
yo querido
Que con el rostro encendido,
Trémula
de ira la lengua,
Me dijeseis: «Don Beltrán,
No
hay que mirarme con ceño,
Porque el grande y el pequeño
Todos son hijos de Adán.»
¡Respeto! ¿Qué
hidalgo sufre
Lo que yo os digo, con calma?
Vos tenéis
de nieve el alma,
Y la del noble es de azufre.
Sabed que
un experimento
Fue esa palabra afrentosa:
Elvira por melindrosa
Me tenía descontento;
Que no es bien que me despoje
Yo, por ser ella una perla,
Del poder de establecerla
Con aquél que se me antoje.
Dijo con tal arrogancia
Que os aborrece, que el modo
Me irritó mucho, con
todo
Que no hace mal en substancia;
Y afirmo por San Jerónimo
Que si os me ponéis soberbio
Aquí, si me
habláis con nervio
Al nombraros hijo anónimo,
Me seducís, se me altera
El caletre, pierdo el tino,
Y emparentar determino
Con vos, quiera ella o no quiera.
JUAN
(Aparte.)
¡Ah!
BELTRÁN
Pero os vi tan flemático
En el instante fatídico,
Que tuve ya por verídico
Lo que antes fue problemático.
Debéis tener
sangre hebrea;
Yo gasto un humor diabólico,
Y no
trata un buen católico
Con gente de esa ralea.
Cuando
la llorona llegue,
Yo como real ministro
Haré con
vos el registro
De las señales que entregue;
Os
daré luego en dinero
De tal servicio el salario
(Porque oléis a mercenario
Vestido de caballero);
Y si aquí nunca volvéis;
Si en la calle,
al encontrarme,
Os pasáis sin saludarme,
Un grande
favor me haréis.
JUAN
Veréis que sin vacilar
Os serviré complaciente.
(Aparte.)
¡Vive Dios viejo
insolente,
Que me las has de pagar!
(Vase.)
Escena II
ELVIRA, DON BELTRÁN.
ELVIRA
Padre...
BELTRÁN
¿Qué
ocurre?
ELVIRA
¿Son
ciertas
Las sospechas que he formado?
¿Estáis conmigo
enojado?
BELTRÁN
Me alegro de que lo adviertas.
ELVIRA
¿Porque os dije que se fragua
En mí cierta propensión?...
BELTRÁN
Es que tal declaración
Merece encierro
a pan y agua.
ELVIRA
Yo me someto al castigo.
BELTRÁN
¡Ah! ¡bueno!
ELVIRA
Pero
si erré,
Fue sólo que equivoqué
El
padre con el amigo.
BELTRÁN
Eso muda de apariencia.
Salvando la dignidad
paterna, ya la amistad...
ELVIRA
Permite
alguna licencia.
BELTRÁN
La mayor satisfacción.
ELVIRA
Lo de la inclinacioncilla
A Don Juan el de Castilla,
Fue solo una indicación
Hecha al amigo.
BELTRÁN
Muy
bien.
ELVIRA
Hubiera dicho a mi padre:
Haced de mí
lo que os cuadre,
Por siempre jamás, amén.
BELTRÁN
Esto es ser honrada y buena.
ELVIRA
Yo mi
obligación acato.
BELTRÁN
Eres el vivo retrato
De mi pobre Magdalena.
Sigue, con tu voz recréame.
ELVIRA
¿Filial o amistosamente?
BELTRÁN
Como a ti
más te contente.
ELVIRA
A lo amigo.
BELTRÁN
Pues
tutéame.
ELVIRA
Si nos oye algún soriano,
Dirá que os falto al decoro,
Que así se hablan
mora y moro.
BELTRÁN
También hermana y hermano.
ELVIRA
A ver si cojo el estilo.
Beltrán...
BELTRÁN
¿Qué
quieres?
ELVIRA
Pedirte
Un favor.
BELTRÁN
¿Puedo
servirte?
ELVIRA
¡Oh, sí!
BELTRÁN
Cuenta
con él: dilo.
ELVIRA
Como hago de piedad gala,
De
ver al Infante trato.
BELTRÁN
Le verás dentro
de un rato.
ELVIRA
¿En la torre?
BELTRÁN
En
esta sala.
ELVIRA
¿Sale de allí el prisionero?
¿Quién
ese milagro hizo?
BELTRÁN
Es que hay un Don Juan postizo
y otro Don Juan verdadero.
ELVIRA
El Don Juan original,
¿No es el que preso se encuentra?
BELTRÁN
No: quien
hoy en la cárcel entra
Es el Infante real.
ELVIRA
¿Y hasta hoy en la torre pena
Otro lo que no debía?
BELTRÁN
La deja un Don Juan vacía,
Y el otro
Don Juan la llena.
ELVIRA
No entiendo esa trapisonda,
Y
toma el diálogo un sesgo...
BELTRÁN
Oye, pues
que nada arriesgo,
La verdad monda y lironda.
Muerto Don
Pedro en Montiel
A manos de Don Enrique,
Se fue su poder
a pique,
Y rindiéronse en tropel
Al vencedor en
un punto
Los pueblos que aún peleaban,
Menos Carmona
en que estaban
Los hijos del Rey difunto.
Quitose al fin
el padrastro,
Y cuando en Carmona entró
El Rey,
un niño encontró
Que dijeron de la Castro.
ELVIRA
Pues yo estaba en la creencia,
Según es pública
fama,
De que a Don Pedro esa dama
No le dejó descendencia.
BELTRÁN
En la misma persuasión
Estaba el Rey;
mas se hallaron
Indicios que demostraron
Que le quedó
sucesión
De otra dama sevillana,
Que supo ocultarse
honesta;
Y por si era el hijo de esta
El que por de Doña
Juana
De Castro pasar se hacía,
Quedó en
la duda acordado,
Conforme a razón de estado,
Ponerle
en carcelería:
Libre pudiera intentar
Hacer su nombre
valer
Un día, y el precaver
Excusa de remediar.
Dieron a Beltrán Claquín
El niño de
unión bastarda
Para velar en su guarda,
Y aquí
el francés paladín
Le trajo cuando de Soria
Vino a tomar posesión
En virtud de donación
Del Rey de ilustre memoria.
ELVIRA
Y la ciudad al francés
No quiso feudo prestar...
BELTRÁN
Y él la
mandó saquear...
ELVIRA
Y quemarla luego.
BELTRÁN
Pues;
Y por esa rebeldía
De Soria, el aventurero
La vendió
al Rey por dinero
Y se me dio la alcaidía.
ELVIRA
(Aparte.)
¡Oh! ¡qué pormenores tan!...
BELTRÁN
Y yo en esta fortaleza
Respondo con mi cabeza,
Desde entonces,
de Don Juan.
Casi solo un sacerdote
Le ve, y al cabo se
ha hecho...
ELVIRA
Un galán de honra y provecho.
BELTRÁN
Un tonto de capirote.
ELVIRA
¿Cierto?
BELTRÁN
El
que te figurabas
Un mozo brillante, eximio,
Tiene una cara
de jimio...
ELVIRA
¡Ay Dios!
BELTRÁN
No
vale dos habas.
ELVIRA
¿Es por ventura bisojo?
BELTRÁN
Cabal. Y ha estado perlático.
ELVIRA
No tiene una
tos de asmático
También?
BELTRÁN
Y
es bastante cojo.
¿Le viste ya?
ELVIRA
Sí.
BELTRÁN
¡Prohibídolo
Tengo, y te le dejan ver!
ELVIRA
Yo no quería creer
Que fuera él.
BELTRÁN
Pues
es tu ídolo.
(Aparte.
Yo di la orden...) ¿Te entusiasma
Ese Adonis todavía?
ELVIRA
La obra de mi fantasía
Se trueca...
BELTRÁN
En
una fantasma.
Como que del cautiverio
Sale el pobrecillo
tal,
Que de aquí irá al hospital,
Y desde
allí al cementerio.
ELVIRA
El Don Juan de alto coturno
Será cosa muy distinta.
(Aparte.)
Si no tiene mejor
pinta,
El pronóstico nocturno
Queda sin ejecución.
BELTRÁN
(Aparte.)
Confundida ya la noto.
ELVIRA
Atemos
el hilo roto,
Beltrán, a la relación.
BELTRÁN
De un hombre de poco lastre
No has de ser tú.
ELVIRA
Cuando
gustes...
BELTRÁN
A efecto de los ajustes
Hechos
con el de Alencastre,
Dicen que ahora resulta
Por un examen
prolijo
Quién es de Don Pedro el hijo
Y de aquella
dama oculta.
La hermanastra del bastardo
Que hoy de Alencastre
es Duquesa,
Dio al Rey la noticia; y esa
Es la causa porque
aguardo
Que el descendiente genuino
De la prosapia que
se odia,
Sea bajo mi custodia
De una torre hoy inquilino.
ELVIRA
¿Con que si a Don Juan se encierra,
Sufre que se
le encadene
Su hermana?
BELTRÁN
Hija,
así conviene
A Castilla y a Inglaterra.
ELVIRA
Y
en caso de interesar
A los dos reinos coger
Y encerrar
a esa mujer,
¿Se dejaría pillar?
BELTRÁN
Como
amigo y sin enfado,
Te diré que una muñeca
Bien puede hilar a la rueca,
Pero no hilar tan delgado.
ELVIRA
¡Líbreme el señor San Roque
De tales
deudos y hermanas!
(Óyese a la lejos tocar
a rebato.)
¡Calle! tocan las campanas
En la ciudad.
BELTRÁN
Ese
toque...
ELVIRA
Es a rebato.
BELTRÁN
Ya
infiero
La causa: está alborotada
Ya Soria.
ELVIRA
Si
hay asonada,
El futuro prisionero
No vendrá.
BELTRÁN
No
iré a cogerle
Yo.
ELVIRA
Ni
yo lo permitiera.
Verle prender lo sintiera...
(Aparte.)
Pero mucho más no verle.
Escena III
DOÑA BEATRIZ, ALFONSA, DON BELTRÁN, ELVIRA.
BEATRIZ
¿Oís? ¿Oís? ¿Qué alboroto
Es éste, señor alcaide?
BELTRÁN
El
préstamo voluntario,
Sin duda.
ELVIRA
Decidme,
padre,
Si es voluntario ¿por qué
La gente ha de
alborotarse?
BELTRÁN
Es voluntario el pedirlo;
Pagarlo
es inevitable.
Repetir quiero a mi tropa
Las órdenes
dadas antes.
(Vase.)
Escena IV
DOÑA BEATRIZ, ELVIRA, ALFONSA.
ALFONSA
Mirad, mirad.
(Asomándose
a la ventana.)
ELVIRA
¡Cuántos
vienen
Al castillo a refugiarse!
(Llegándose a la
ventana también.)
ALFONSA
Son judíos de la
Aljama.
BEATRIZ
Gente opulenta.
ELVIRA
Y
cobarde.
BEATRIZ
Dos motivos de temer.
Inspiración
de algún ángel
Fue venirnos al castillo.
ELVIRA
Sí, señora: en todo trance
Estamos seguras.
BEATRIZ
¡Ay!
¿Y tu maestro?
ELVIRA
¡Qué
diantre!
Y es verdad. Estaré inquieta
Mientras que
Mendarias falte...
Y Don Juan.
BEATRIZ
Don
Juan aquí
Está.
ELVIRA
Si
son tres los Juanes.
Juan el de casa; otro Juan
Que entra
en ésta, y el que sale.
BEATRIZ
No entiendo...
Escena V
DON BELTRÁN, dichas.
BELTRÁN
No
hay que temer
Por ahora.
BEATRIZ
¿No
se sabe
De Mendo?
BELTRÁN
Pronto
estará
Aquí: con los capellanes
Nadie se
mete.
Escena VI
MENDARIAS, MELITONA, detrás
DON JUAN, dichos.
MENDO
Señores...
BELTRÁN
¿Veis?
MELITONA
¡Ah!
(Dejándose caer en una silla.)
JUAN
¿Puedo
presentarme?
(A DON BELTRÁN desde la puerta.)
BELTRÁN
Hombre, sí: luego que digo
Yo dos o tres sequedades,
Tan amigos como siempre.
MELITONA
¡Ay! ¡ay! ¡qué
miedo tan grande!
Nunca he llorado con menos
Esfuerzo.
BELTRÁN
¿Qué
novedades
Hay en Soria?
MENDO
Poca
cosa
Es gritos descomunales,
Carreras, pedradas, muchas
Lanzas y espadas al aire,
Ocho o diez vecinos muertos...
BEA., ELV. y ALF.
¡Muertos!
MENDO
. Unas
casas que arden,
Otras que se han de arrasar,
Orden de
fortificarse
Otras; en fin, todo es una
Miseria que nada
vale.
JUAN
¿Tan poca importancia das
A tales atrocidades?
BEATRIZ
En efecto...
MELITONA
(Sollozando.)
¡Ay
Jesús mío!
ELVIRA
Me pongo esta vez de parte
De Don Juan: es la primera.
MELITONA
(A ALFONSA.)
¡Diez
van ya!
ALFONSA
Esos
funerales
Más tenéis.
ELVIRA
Y
¿cómo ha sido
Que a esos infelices maten?
MENDO
Eran
los que sostenían
Que el préstamo se pagase.
JUAN
¿Y quiénes eran?
MENDO
Haedo,
Ruiz, Tello, Artal, los Garayes,
Monroy... en fin, los
que están
Libres de todo gravamen,
Porque no tienen
de donde
Una blanca se les saque.
BELTRÁN
Pues ¿y
los nobles?
BEATRIZ
¿Y
el clero?
JUAN
¿No resisten?
MELITONA
No
tal.
MENDO
Hacen
Causa común todos.
BELTRÁN
¿Cómo?
BEATRIZ
Explicad...
MENDO
Hasta
los frailes
Se proponen rechazar
La poca tropa que trae
El Rey, que se halla en un pueblo
Dos o tres leguas distante.
BEATRIZ
Pues ¿qué?...
MENDO
Si
el tributo alcanza
A todos.
BELTRÁN
¿A
toda clase?
MENDO
A toda: a nobles...
BELTRÁN
¡A
nobles!
MENDO
A damas...
BEATRIZ
¡Qué
disparate!
MENDO
A doncellas...
ELVIRA
¡A
nosotras
También!
MENDO
A
viudas...
MELITONA
¡Qué
infame
Ley!
MENDO
A
sirvientes...
ALFONSA
¡Qué
horror!
MENDO
Jornaleros, estudiantes,
A todos coge, hasta
al santo
Ministro de los altares.
BELTRÁN
Yo sólo
sabía el cupo,
Mas no cómo lo reparten.
Pues
entonces justo es
Que unos y otros se levanten.
BEATRIZ
Justísimo.
JUAN
¡Atropellar
Derechos tan respetables!
ELVIRA
Pague el pechero.
MELITONA
No
paso
Por eso: no pague nadie.
BELTRÁN
¿Qué
repúblico habrá sido
Autor de tan gran dislate?
JUAN
¡A una ciudad hasta ahora
Exenta de cargas casi,
Echarle
una!...
MENDO
Que
rehúsan
Pagar las demás ciudades.
ELVIRA
Todas,
en efecto.
BEATRIZ
Y
todas
Consiguen que se recaude
De otro modo.
MELITONA
(A
MENDO.)
Hablando
ahora
De recaudar, si aprontaste
Aquellos maravedís,
Según me has dicho, los traes,
Y te entregaré
los...
MENDO
(A DON JUAN.)
¿Tienes
Aquel dinero?
JUAN
Sí.
MENDO
Dásele
A esta mujer.
JUAN
Tomad.
(Da una bolsa a MELITONA, que vacía el dinero
sobre una mesa, y lo cuenta.)
MELITONA
¿Vos
Pagáis?
JUAN
Yo...
por el alcaide.
MELITONA
(Aparte a DON JUAN.)
¿Mendo es
rico?
JUAN
No.
MELITONA
¿Va
a serlo?
JUAN
Va a ser perpetuo habitante
Del alcázar.
MELITONA
¿Eso
hay?
BELTRÁN
Hija,
Puedes de aquí retirarte,
Porque debemos quedarnos
Solos.
ELVIRA
Haced
que me llamen
Si viene Don Juan.
BELTRÁN
Ya
estoy.
(Vanse ELVIRA y ALFONSA.)
MENDO
Yo
no trato de quedarme
Tampoco.
BELTRÁN
Sí
tal.
JUAN
Sí.
MENDO
Tú,
Que las nuevas deseaste,
óyelas y goza en ellas;
Noticias desagradables
Como las que espero yo,
Recíbalas
lo más tarde
Posible. Ahí va eso.
(Deja un
envoltorio sobre una mesa.)
BELTRÁN
Bien:
De todo os daremos parte
Después.
VOCES
(Dentro.)
¡Arma,
arma!
BELTRÁN
¡Demonio!
DENTRO
(Muy lejos.)
¡Vivan nuestras libertades!
BELTRÁN
¿Qué es esto?
DENTRO
(Más cerca.)
¡Viva
el Rey!
BELTRÁN
(A una ventana.)
¡Firmes!
Tratan de dar un ataque
Los sorianos al castillo;
Yo mando
en él: dispensadme.
Vos, señora, y vos, Don
Juan,
Mirad eso, y Dios os guarde.
MENDO
Yo os sigo; y si
hay cuchilladas,
Ya veréis ¡con qué donaire
Sacudo!
(Vanse DON BELTRÁN y MENDARIAS.)
Escena VII
DOÑA BEATRIZ, DON JUAN,
MELITONA.
MELITONA
¿Con
que a los dos
Se me remite?
JUAN
Sí:
dame
Los testimonios. Sentaos.
(Siéntanse
todos.)
BEATRIZ
¿Qué cosa va a averiguarse?
JUAN
Los padres de Mendo, y míos
Quizá.
BEATRIZ
Es
muy interesante.
JUAN
(Aparte.)
En verdad que el corazón
Ya fuertemente me late.
MELITONA
Tomad.
(Desenvuelve
un pañuelo, y saca de él un pergamino, un relicario,
un rollo de tiras de lienzo, unas cuentas azules, etc.)
JUAN
Venga:
un relicario
Cerrado. ¿Cómo se abre
Esto?
BEATRIZ
Ya
probaré yo
Luego.
JUAN
Unas
cuentas de jaspe
Azul compañeras de éstas.
(Tomando otras del envoltorio que dejó MENDARIAS.)
BEATRIZ
Unas tiras de pañales.
MELITONA
Unos
de lienzo muy rico;
Mas los otros...
JUAN
Una
clave.
Esto es lo que importa más.
Por ella ha de
descifrarse
El escrito que ha dejado
El Bachiller.
BEATRIZ
Confrontadle.
(DON JUAN pone la clave, que es un pergamino calado,
sobre otro pergamino o papel que trajo MENDARIAS.)
¿Sacas algo en limpio?
JUAN
Sí.
Cosas muy particulares.
(Aparte.)
Don Beltrán nada
me ha dicho
Del motivo de encerrarle...
¿Si será?...
BEATRIZ
Lee,
por Dios.
JUAN
(Aparte.)
¿Vendremos a ser rivales?
MELITONA
Leed.
(Lee.)
JUAN«En el nombre
de Dios, amén. Sepan cuantos esta carta vieren, cómo
yo Don Pedro, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, etc.»
BEATRIZ
¿Es
el Rey Don Pedro?...
JUAN
Sí, señora, el otorgante.
(Lee.)
«Por mi alma salvar
e desembargarme a fuer de caballero, declaro de haber conoscido
a una doncella sin decilla mi nombre, a la cual ansimesmo
voto jurado fice de callar el suyo.»
BEATRIZ
¡Otra desdichada,
víctima
De los caprichos reales!
(Lee.)
JUAN«E
porque la dicha dama, que agora va a ser casada en Soria,
si algún día le pluguiere, haya razón
e manera donde conoscer el fijo que ella puso en mi poder
para que fues criado, digo que a una legua de la mi cibdad
de Sevilla...»
BEATRIZ
De Sevilla...
(Lee.)
JUAN«Puse
en su cuello por mi mano un día de San Juan...»
BEATRIZ
¡De
San Juan!
(Lee.)
JUAN«Una
joya de oro de preciada labor e de finos balajes...»
BEATRIZ
¡Una joya de balajes!
(Lee.)
JUAN«Con una cifra como la que he fecho entallar por de dentro
en un relicario de cobre, que se abre sotil e disimuladamente
de la propia guisa que la joya.»
BEATRIZ
Ese relicario...
venga.
JUAN
Señora...
BEATRIZ
Sigue,
adelante.
JUAN
Os indisponéis.
BEATRIZ
No,
no.
JUAN
Pugnáis por abrir...
BEATRIZ
Dejadme.
Seguid, leed.
MELITONA
Sosegaos.
BEATRIZ
Leed.
JUAN
(Aparte.)
Principio
a inquietarme.
(Lee.)
«Este
relicario y carta habrá consigo, en señal de
su nascimiento, el Infante fijo mío e de la dicha
dueña, de quien me fice llamar Don Alfonso, como mi
padre.»
BEATRIZ
¡Él es!... y la cifra es esta:
(Abriendo
el relicario.)
Sobran las demás señales.
JUAN
¡Vos... de Don Pedro!...
BEATRIZ
¡Oh
rubor!
¡Madre de Dios! amparadme.
(Se desmaya.)
MELITONA
Señora... -¡Socorro!
JUAN
¡Cielos!
De Mendarias es la madre.
Escena VIII
ALFONSA,
dichos.
MELITONA
Venid, venid.
ALFONSA
¡Mi
señora
Desmayada!
JUAN
Pronto;
al aire:
En esa pieza estará
Mejor.
MELITONA
Vamos.
ALFONSA
Ayudadme.
(MELITONA y ALFONSA se llevan a DOÑA BEATRIZ
a un cuarto que está a un lado.)
Escena IX
DON JUAN ¡Qué descubrimiento! Adiós
Mis esperanzas y planes. Es Mendo su hijo; no heredo A
Doña Beatriz; va a amarle Elvira, y yo voy a ser
Blanco del común desaire; Voy a verme abandonado,
Escupido, miserable. Rasgara de buena gana El escrito...
Aunque lo rasgue, ¿Qué importa ya? Fuera en vano,
Pues todo Beatriz lo sabe. Concluyamos de leer Estas razones
fatales. ¿Dónde es la fecha? En Toledo, Poquísimos
días antes De partir para Montiel. Adivinaba el
desastre Sin duda que le esperaba, Y quiso reconciliarse
Con el cielo ese Rey Monstruo, Deshonra de cien linajes.
¿Cómo sigue?
(Lee.)
«Dicho
infante mi fijo ha sido dado criar ansimesmo con otra joya
de mediano valor que se guarda en un estuche verde...»
También
es
Verde el que al abandonarme Me pusieron.
(Lee.)
«Que
tiene labrada en marfil una figura del bienaventurado Ildefonso.»
¡Ildefonso!
(Lee.)
«Y ha sido baptizado
con el nombre de Don Juan.»
¡Don Juan! Un rayo me mate.
¡Don Juan! ¿Luego yo soy hijo Del Rey! -¿Será que
me engañe?
(Lee.)
No: soy hijo de Don Pedro, ¡Y
he maldecido a mi padre! Y la que allí de vergüenza
Casi sin aliento yace, ¡Es quien me tuvo en su seno! Madre
mía, perdonadme. Pero si aquí me declaro,
Van al punto a encarcelarme: A un hijo del Rey Don Pedro
No hay quien de prisión le salve. ¿Qué he
de hacer?
Escena X
MELITONA, DON JUAN.
MELITONA
Ya
ha vuelto en sí.
JUAN
¡Gracias a Dios! Voy...
MELITONA
Infante,
Oíd.
JUAN
¿Cómo
es eso? ¿Qué?
MELITONA
¿Os admiráis de que
os trate
Como debo?
JUAN
¿Sabes
tú?...
MELITONA
Sé que debéis contemplarme,
Si no queréis que os encierren
Para siempre en una
cárcel.
JUAN
¿Te has quedado con algún
Pergamino?
MELITONA
En
esta margen,
(La inferior de la clave.)
¿No veis unas ondas?
Prueba
De que han debido cortarle
Un pedazo.
JUAN
Y
tú le guardas.
MELITONA
Le guardaba para un lance.
JUAN
¿Le has leído?
MELITONA
Yo
no sé
Leer; pero el personaje
Que me lo entregó,
me dijo
Las palabras literales
Escritas allí.
JUAN
¿Y
qué?...
MELITONA
Si
uno
Las borrara, y en dos frases
Pusiera...
JUAN
Habla
bajo. ¿Qué?
MELITONA
¿No lo adivináis?
JUAN
Declárate.
MELITONA
Que a Mendo y a vos...
JUAN
¿Un
trueque?
MELITONA
Sí. -¿Qué os parece?
JUAN
Admirable.
MELITONA
Huir, no podéis: por una
De tantas casualidades,
El castillo está cerrado.
JUAN
¿Cómo he de
recompensarte?
MELITONA
No soy codiciosa yo,
Ni gusto de
estos enjuagues;
Pero porque cuando muera
Me pueda a mí
llorar alguien...
JUAN
Acaba.
MELITONA
Dadme
quinientos
Maravedís en rescate
(De plata se entiende),
y uso
De mis plenas facultades,
Y se os desinfanta.
JUAN
Advierte
Que
urge escribir al instante
Eso.
MELITONA
Donde
presos hay,
Como aquí, ¿pensáis que falte
Algún escribiente diestro
En esas habilidades?
Corre de mi cuenta.
JUAN
Yo
No tengo suma tan grande
conmigo; pero esta noche
Ve a
casa.
MELITONA
Quiero
fiarme
De vos esta vez.
JUAN
Pues
corre
A eso.
MELITONA
Voy.
JUAN
Y
no tardes.
MELITONA
(Aparte.)
Él nunca dirá
que es hijo
Del Rey: bien hago en pelarle.
(Vase.)
JUAN
Encubramos, por ahora,
El esplendor de mi sangre,
Que día vendrá después
En que se muestre
brillante:
Orgulloso Don Beltrán,
Tiembla ya del
que injuriaste:
Elvira será mi esposa.
Y tendrás
que resignarte
A consentirlo.
Escena XI
DON BELTRÁN, MENDARIAS, ELVIRA, DON JUAN.
MENDO
Tuvieron
Por fuerza que retirarse.
JUAN
¿Los amotinados?
MENDO
Pues.
BELTRÁN
Que ellos alboroten, pase:
Razón tienen;
mas pensar
Que había yo de entregarles
El fuerte,
eso no: primero
Sufrir que me despedacen.
ELVIRA
Y mientras
tanto Don Juan...
BELTRÁN
Le vas a ver. -¿Aclarasteis
Aquel negocio?
JUAN
No
falta,
Para que todo se aclare,
Sino un escrito que pronto
Veréis... (Aparte.) ¡Dios mío! ¿quién
sale?
Escena XII
DOÑA BEATRIZ, que
sale apoyada en ALFONSA; dichos.
BEATRIZ
Don Beltrán...
un caballero
(Hablando con fatiga.)
Como vos, que por oficio
Tuviera el bien, el servicio
Del Rey Don Juan el primero...
Que por la guerra civil
Hubiera visto arrasados
Pueblos,
montes y sembrados
Desde el Ebro hasta el Genil;
Que temblara
con la idea
De ver entre furia y duelo
Nuevamente en este
suelo
Arder la extinguida tea...
Si supiese de un contrario
Del Rey, que blasfema de él,
Y del que murió
en Montiel
Fue constante partidario,
¿Cómo con ese
enemigo
Vasallo tan fiel obrara?
¿Qué afecto en
vos excitara
Esa persona que os digo?
BELTRÁN
Mientras
un real mandato
Me dejara algún residuo
De albedrío,
a ese individuo
Le dijera: «Mentecato,
Si no quieres dar
lugar
A que te eche la garra,
Cállate, o vete a
Navarra
o Aragón a blasfemar.»
BEATRIZ
¿Y si en su
acaloramiento
Vuestro aviso no admitiera?
BELTRÁN
Yo el aviso repitiera
Una vez y otra, hasta ciento.
BEATRIZ
¿Y si a vos la comisión
Os dieran de la captura
De esa persona?
BELTRÁN
Ya
apura
Mucho la suposición.
El propio Amadís
de Gaula
Dijera: «Ya hice, y no poco,
Por vos: ¿disteis
en ser loco?
Pues os zampo en una jaula.»
BEATRIZ
Pues bien:
yo que no me arredro
Ante el poder que hoy blasona
Real,
yo soy la persona
Que fue parcial de Don Pedro.
BELTRÁN
¿Vos?
MENDO y ELVIRA
¿Vos?
BEATRIZ
Yo
la que en ardientes
Quejas sin cesar insulta
A quien en
vida sepulta
A sus deudos inocentes.
JUAN Y BELTRÁN
Señora...
BEATRIZ
Yo
rica fembra,
Con villas fortificadas,
Unida con los Moncadas
Y Haros; yo la que si siembra
Hoy sediciosa semilla,
Puede
harto más al Estado
Dañar, que ese desdichado
Mozo, Don Juan de Castilla,
Cuya verde juventud
Hoy va
en prisión a gemir,
Para ya sólo salir
Llevado
en un ataúd;
Yo, en fin, la que con sollozo
Triste
pido se conceda
A Don Juan que partir pueda
Conmigo su
calabozo.
JUAN
¿Con vos?
BELTRÁN
¿Por
qué?
ELVIRA
(Aparte.)
¡Ah!
ya comienzo
A adivinar el por qué.
BEATRIZ
Sobrado
tiempo callé:
Ya mis escrúpulos venzo.
Deje
de dama el pudor
Quien madre mostrarse debe.
TODOS
¡Madre!
BEATRIZ
Sí:
porque la plebe
Con su dedo mofador
No me señale,
yo elijo
No traspasar el umbral
De este castillo fatal,
Que si no, me roba un hijo.
ELVIRA
¿Hijo vuestro?
BELTRÁN
¿Vuestro?
MENDO
¿Quién?
JUAN
(Aparte.)
¡Qué ansia!
BEATRIZ
El
del Rey destronado,
El que hoy será encarcelado,
Ese es el mío también.
MENDO
¿Vos madre de
Don Juan?
BEATRIZ
Sí,
De Don Juan que está presente.
ELVIRA
¿Con su nombre
o diferente?
MENDO
¿Aquí está el Infante?
Escena XIII
MELITONA, dichos.
MELITONA
Aquí.
Leed.
(Dando un pergamino a DON BELTRÁN.)
JUAN
Leed.
(Dándole la clave y el otro pergamino.)
MENDO
No
seáis tardo.
BEATRIZ
¿No le dice una voz fiel
Aquí
a alguno que es aquél
Cuyos abrazos aguardo?
MENDO
Eh, la voz del corazón
Es de las más engañosas:
A mí me dice mil cosas,
Y todo será aprensión.
(Leyendo.)
BELTRÁN«Seyendo
cercano de mi finamiento yo Lope Arias, conoscido por Aniceto
Barragán, declaro haber confesado al clérigo
Celebrúnez, cómo he tomado para mí (que
non debiera) el cabdal que me dio el Rey para la crianza
de un su fijo; e atraído por el deseo de mejorar al
que hobe yo de mi difunta, cambié ropas y señas
a dambas criaturas para echarlas; e por ende, el niño
que llevaba un papel en que decía haberse baptizado
con el nombre de Don Juan, es mi fijo legítimo Mendo,
y el que decía llamarse Mendarias es el verdadero
Don Juan, fijo del Rey Don Pedro.»
MENDO
¡Ah! mi pecho no
mentía.
BEATRIZ
¡Hijo querido del alma!
(Se
abrazan.)
JUAN
(Aparte.)
Me salvé.
MELITONA
Ved
cómo empalma
Un trozo y otro.
(Juntando los de la
clave.)
BELTRÁN
(Llamando.)
¡García!
ELVIRA
¡Mi maestro!
BELTRÁN
(Aparte
a ELVIRA.)
La
verdad,
Hija. ¿este Don Juan inclina
Tu amor?
ELVIRA
Dios
me le destina:
Cúmplase su voluntad...
Y sea la
vuestra.
(Sale un soldado con una bandeja cubierta con un
tafetán.)
BELTRÁN
Infante
(De rodillas con la bandeja en las manos.)
Don Juan, en
la precisión
De cumplir mi obligación
(Que
es hoy harto repugnante),
Ya que a mi Rey satisfice,
Desquitarme
con vos quiero,
Reparando caballero
El mal que súbdito
os hice.
Esto os da mi soberano:
(Descubre la bandeja: hay
en ella unas prisiones.)
Bajada desde la ermita de San Julián, en
el término de Sepúlveda, a la orilla del río
Duratón, que corre por entre una quebrada profundísima.
Árboles, peñascos y matas por todas partes;
del horizonte se ve muy poco.
Escena primera
HONORIA, DESIDERIA.
(HONORIA desciende con tristeza
y lentitud una de las sendas que serpentean entre los peñascos.
DESIDERIA baja de puntillas por otra senda observando a HONORIA,
y al llegar a lo llano, la alcanza y la toca en la espalda.)
HONORIA
¡Ay!
DESIDERIA
Te
observé, te cogí:
Te vi registrar el árbol.
HONORIA
¡Qué susto!
DESIDERIA
Bien
cerca tienes
Agua, si te has asustado;
Limpio corre el
Duratón,
Y traje en mi cesta vaso:
Beba y sosiéguese
el ídolo
Del pueblo sepulvedano.
HONORIA
Déjate
de chanzas.
DESIDERIA
Tú
Que conmigo te has criado
En San García, tú
que hoy
Vives como yo al amparo
De Doña Inés
en Sepúlveda,
¡Te reservas de mí tanto!
¿Qué
es esto, Honoria?
HONORIA
Cumplir
Un juramento sagrado.
DESIDERIA
¿Juramento de callar?
No
es delito quebrantarlo
Entre mujeres.
HONORIA
Hoy
cesa
La obligación; hoy el plazo
De mi silencio
se cumple.
DESIDERIA
Auto en favor. Ea, vamos;
¿Para qué
ha sido el hacerme
Levantar hoy tan temprano?
HONORIA
Para
subir de las huertas
Fruta.
DESIDERIA
Y
luego que llenamos
Las cestas, ¿no me has traído
Poco a poco paseando
Hasta San Julián? ¿No has hecho
Que entrara en el santuario,
Para que no reparase
Cómo
en el hueco del álamo,
Que hay junto al pozo sin
fondo,
Introducías la mano?
¿Qué buscabas
allí?
HONORIA
Cosa
Que no hallé.
DESIDERIA
¿No?
(Poniéndose la mano delante de la boca, para
que HONORIA no la vea sonreírse.)
HONORIA
Condenado
Vicio tienes de reírte
Cuando una está suspirando.
Descubre esa boca; y hagas
Burla o no, véase claro.
DESIDERIA
Vaya en gracia. -¿Y qué debías
Hallar?
¿Papel o regalo?
HONORIA
Papel.
DESIDERIA
¿De
un galán?
HONORIA
Galán
En todo.
DESIDERIA
Por
muchos años.
¿Algún muchacho del pueblo?
HONORIA
Ni es del pueblo, ni es muchacho,
DESIDERIA
¿Con que forastero?
HONORIA
Sí.
DESIDERIA
¿Labrador?
HONORIA
No,
cortesano.
DESIDERIA
¡Oiga! ¿Un caballero?
(Mordiéndose
los labios.)
HONORIA
Mucho.
DESIDERIA
¿Rico?
HONORIA
Pobre.
DESIDERIA
¡Ah!
ya.
HONORIA
Soldado.
DESIDERIA
Y ¿a quién sirve, hoy que Castilla
Está
dividida en bandos?
¿Al Infante Don Alonso?
HONORIA
Al Rey
Don Enrique cuarto.
DESIDERIA
¿Dónde has conocido
tú
A ese hombre? ¿Cómo fue? ¿Cuándo?
HONORIA
Hace tres años, aquí.
DESIDERIA
¿En
sitio tan solitario?
HONORIA
Cuando recia enfermedad
En
Doña Inés se cebó,
Cuya incesante bondad
Desde siete años cuidó
Nuestra mísera
orfandad,
Por ella el ánimo inquieto
A rogar aquí
me trajo;
Pues trabajando a destajo
Muchas noches en secreto,
Del precio de mi trabajo
Gasté parte en cera, y
pan
De ofrenda, y en el bolsillo
Guardé el resto
con afán
Para echarlo en el cepillo
Del bendito
San Julián.
Hecha con alma contrita
La humilde oración
al santo
De quien fiaba mi cuita,
Bajaba yo de la ermita
Vertiendo mis ojos llanto,
Y exclamé: -«¿Quién,
quién ahora
Su amparo me prestará,
Si falta
mi bienhechora?»
Y oyose una voz sonora
Que dijo: «No faltará.»
Mi pasmo llegó a su colmo.
Dar gracias al santo
quiero;
Torno a subir el sendero...
Y veo detrás
de un olmo
Asomar un caballero.
Me habló; yo, sin
escuchar,
Emprendí la senda abajo;
Siguiome; empecé
a temblar,
Tomé entonces un atajo;
Mas él
me vino a atajar.
Me ofreció en la senda inhiesta
Su apoyo; yo rehusaba;
Pero de instancia en respuesta,
Él ya la mano me daba
Desde el medio de la cuesta:
Mi susto cediendo fue
Al verle tan cortesano,
Y hasta
llegar a lo llano,
Por hacer caso del pie,
Abandonele la
mano.
Dijo que con su bandera
Recorría la Castilla,
Y andando por mí en espera,
¡Me había seguido
fuera
De los muros de la villa.
Me llamó lucero
y sol
Y cielo; yo le traté
De mentiroso y fistol;
y él me juró quererme, a fe
De caballero
español.
Bien que nada le creí,
Dejé
seguir el quillotro;
Rogome volviese allí;
Respondí
que no... y volví
Otro día, y otro y otro.
La bandera al fin partió;
Él prometió
que vendría;
Yo lo dudé, y él cumplió
Estando en la ermita el día
Mismo que me señaló.
Y siempre le encontré lleno
De amor, libre de resabios
Marciales, tan noble y bueno...
(Reparando en la acción
de DESIDERIA.)
¡Eh! no te muerdas los labios
Al oír
el bien ajeno.
En suma: ¿a quién no interesa
Tanto
y tan fiel testimonio
Del amor que se profesa,
Y más
con una promesa
Jurada de matrimonio?
La muchacha más
esquiva
Se rindiera: de mí sé
Decir que aunque
no reciba
Más nuevas de él, le querré
Siempre, siempre mientras vivo.
Buena prueba ahora doy
De mi cariño profundo:
Tres años, que cumplen
hoy,
Me mandó que a todo el mundo
Callara que amada
soy;
Pero si hoy amanecía
Y él no estaba
en mi presencia,
Ni el álamo contenía
Papel
que como solía
Justificara la ausencia;
Pudiera
yo revelar
Misterio tan escondido,
Y puesta al pie del
altar
De San Julián implorar
Venganza de un fementido;
Y tú ves que aunque me toca
Temer, pues a todo falta,
Me tiene de amor tan loca,
Que aún la duda que me
asalta
No ha salido de mi boca;
Pues juzgándole
por mí,
Cuando me pregunto yo
Si volveré
a verle aquí,
Por más que el juicio que no,
Siente el corazón que sí.
DESIDERIA
¡Amor
bien encarecido,
Aunque un poco temerario!
Crionos una
villana;
Falleció sin declararnos
Nada del origen
nuestro;
Que no hay entre las dos lazo
De parentesco, es
lo sólo
De que informadas estamos.
Recogionos Doña
Inés,
Puramente por un rasgo
De piedad, en San García;
Y aunque nos haya educado
Aquí luego cual pudiera
Perteneciéndola en algo,
«Las bastardas» es el título
Que la villa nos ha dado.
Bastarda, huérfana y pobre,
¿Son circunstancias acaso
Propias para que a nosotras
Nos quiera ningún hidalgo?
¿O pasas tú con
el tuyo
Por nieta de Don Pelayo?
HONORIA
Sabe que huérfana
soy
Sin parientes ni allegados;
No sabe más: atenciones
Debidas a un tío anciano,
Dijo que le precisaban
A ocultar nombre y estado,
Y que por eso tampoco
Recibir
quería en cambio
Más noticias de mí.
DESIDERIA
¡Qué!
¿Ni siquiera le has hablado
De las cajitas de acero,
Que
a modo de relicario,
Cuadrada una, otra redonda,
En San
García llevábamos?
HONORIA
Sí; pero
ya Doña Inés
Nos las había tomado
Cuando a Jimén conocí,
Y luego se las llevaron
Los soldados del infante
Que entraron la villa a saco.
DESIDERIA
¿Jimén se llama tu fiel
Y puntual enamorado?
HONORIA
¡Puntual! No me aflijas: tiempo
Queda para un desengaño.
Respeta a Jimén, cual yo
Respeto a ese desdichado
De Bonifaz, que te quiere.
DESIDERIA
¿Bonifaz? ¿Le hago
yo caso?
HONORIA
Es rico, es gran pescador.
DESIDERIA
No
me echará un mentecato
El anzuelo a mí. Yo
vivo
Sin amorosos cuidados.
Muy feliz: nada me inquieta,
Nada deseo.
HONORIA
¡Qué
engaño!
¿Nada? Ya, ya.
Escena II
BONIFAZ,
con caña de pescar, chistera y red; dichas.
BONIFAZ
¡Desideria!
¡Honoria!
HONORIA
¡Feliz
hallazgo!
Tu galán.
BONIFAZ
¡Qué
par de truchas
Entrambas para mi plato!
DESIDERIA
¿Entrambas?
HONORIA
Eso
es hacer
A Desideria un agravio.
DESIDERIA
Bonifaz no sabe
nunca
Lo que se pesca.
BONIFAZ
¡Canario!
En querer pescarte a ti,
No anduve muy acertado,
No.
HONORIA
¿Por qué?
BONIFAZ
¿Por
qué ha de ser?
Porque no muerde en gusano,
Ni entra
en la red. ¡Si supieras,
Honoria, cuál me ha tratado
Ayer! Señor, que le den
Calabazas a un cristiano,
Vaya con Dios; pero, amiga,
Que le llamen ranacuajo
A
uno, y chisgarabís
Y aguilucho de retablo
Por añadidura,
¡tiene
Escama! Renuncio a barbo
Con tantas espinas.
DESIDERIA
¡Oiga!
BONIFAZ
¡Qué manteo has estrenado
Tan garrido, Honoria!
Ayer
Con el disgusto del chasco
No reparé; pero
¡vaya
Si te está pintiparado!
¿Sabes que me gustas?
¿Sabes
Que en ti venía pensando?
DESIDERIA
Honoria
no piensa en ti,
Bonifaz.
BONIFAZ
. Ya
me hago el cargo
Señor, sin que se eche el cebo,
No viene el pez; eso es claro.
Antes que lo olvide, torna
Todo lo que hoy ha picado.
(Dándole los peces
que trae en la chistera.)
¡Harto me picas a mí
Tú!
HONORIA
No,
gracias.
BONIFAZ
O
aceptarlos,
O creeré que me tienes
También
por un monicaco.
(Echa los peces en la cesta de HONORIA.)
Chica, ya lo sabes, yo
Ni soy carne ni pescado;
Pero a hombre de bien no cedo
Ni al Rey Don Gaspar el mago.
Si necesitas un día
Novio, a falta de hombre honrado,
Aquí estoy yo. Adiós; me voy
Hacia el puente
de Talcano:
Echaré la red a ver...
Y si alguna anguila
atrapo,
Vuelvo y te la doy.
DESIDERIA
¿Y
a mí?
BONIFAZ
Linda pesca: a ti, ¡cañazo!
(Vase.)
Escena III
DESIDERIA, HONORIA.
DESIDERIA
¡Miren el mueble!
HONORIA
Ten,
es
(Echa los peces en la cesta de DESIDERIA.)
Tuyo de ley su regalo.
DESIDERIA
¿Qué mas da que
tú lo lleves?
¿Y sabes que ahora caigo
En que dice
bien? Ningún
Traje tan bien te ha sentado
Como ese.
HONORIA
Tú
lo elegiste
Para mí.
DESIDERIA
Visto
despacio,
Parece mejor que en pieza.
HONORIA
Haré
que me dejen dártelo,
Pues te gusta.
DESIDERIA
¡Oh,
no!
HONORIA
Con
él
Agradará más tu garbo
A Bonifaz.
DESIDERIA
Bonifaz,
Dime ¿será el reemplazo
De Jimén, si no parece?
HONORIA
¿Te han dado envidia las cuatro
Flores que me ha
dirigido?
DESIDERIA
No; pero me pesa el trato
Que le hice
sufrir ayer
En un momento de enfado.
Así es que
deseo...
HONORIA
Sí,
Todo cuanto ves, llevártelo.
Mi manteo y mi obsequiante
Aquí se te han antojado
En un momento: convéncete
De que todos deseamos,
Y tú más que nadie.
Escena IV
JIMÉN, dichas.
JIMÉN
¡Honoria!
(Saliendo por lo llano.)
¡Honoria!
HONORIA
¡Dios
soberano!
¡Es Jimén!
JIMÉN
Sí,
tu Jimén,
Sí.
HONORIA
No
me has abandonado:
Ya soy feliz. ¡Ay! estaba
Con tu tardanza
penando.
JIMÉN
Verás como no era mía
La culpa.
HONORIA
No
es necesario.
DESIDERIA
(Aparte.)
Nació con ventura
Honoria.
Jimén es mozo gallardo.
Retirémonos,
no piensen
Que me propongo estorbarlos
(Apártase
hacia el fondo, y poco después se va por un costado.)
Escena V
HONORIA, JIMÉN.
HONORIA
Ya del susto me desquito.
JIMÉN
¿Dudaste que yo viniera?
HONORIA
No es mucho lo que quisiera
Quien no dudara un poquito;
Pero yo con vanagloria
Me decía sin cesar:
¿Ha
de poder encontrar
Quien le ame como su Honoria?
JIMÉN
Sol mío, tengo también
El orgullo por mi parte
De que no supiera amarte
Ninguno como Jimén.
Ya
podemos sin reserva
Tejer el lazo amoroso,
Y ser esposa
y esposo.
HONORIA
Di señor y humilde sierva.
¿Cómo
es?...
JIMÉN
Entre
tantas vidas
Que hoy por toda la comarca
Lleva al sepulcro
la parca,
De incógnito mal heridas,
La de mi tío
el tributo
Pagó de la humanidad.
HONORIA
Es triste
felicidad
La que ha de costar un luto.
¿murió en
Segovia?
JIMÉN
No
obstante
Que allí es donde residía
Y tiene
casa, seguía
Al Rey, cuya corte errante
De lugar
en lugar anda;
Y así la incomodidad
Del viaje y
su ancianidad
Le postraron en Aranda.
Ahora ¿crees que
quepa
Resistencia en Doña Inés
A unirnos?
HONORIA
No;
mas ya ves
Que es necesario que sepa
Tu condición
y apellido;
Y yo, a mi ver con justicia,
Deseara una noticia
Del tío que ha fallecido.
JIMÉN
¿Oirás
de disgusto absorta
Que era Conde?
HONORIA
Di
primero:
¿Te dejó por heredero?
JIMÉN
No.
HONORIA
Pues entonces
no importa.
JIMÉN
La riqueza ¿no te agrada?
HONORIA
Villana, es mala pareja
De Conde.
JIMÉN
Aunque
no me aqueja
Por mi la codicia nada,
Yo quisiera engalanar
A la hermosura que adoro
Con sederías del moro,
Con perlas del indio mar;
Yo quisiera en un bridón
Verba cabalgar, asida
En una mano la brida,
Llevando en
otra un halcón;
Quisiera yo que con trajes,
De amor
espléndido señas,
Sirviéranla en casa
dueñas,
Fuera escuderos y pajes;
Que sólo
sobre tapetes
Pisara su pie gentil;
Que aspirara ella el
abril
En esencias y en pebetes;
Que lo más precioso
y rico
Su camarín ostentase,
Y una princesa envidiase
Las plumas de su abanico;
En fin, quisiérate dar
Cuanta dicha se conoce,
Guardándome sólo
el goce
De vértela disfrutar.
HONORIA
Y a mí,
entre tanto oropel
Que te prenda imaginario,
Me afligiera
de ordinario
La certidumbre cruel
De que, cuanto más
empeño
El grande pone en brillar,
Tanto más
hace envidiar
Y padecer al pequeño.
JIMÉN
La suerte así lo dispuso.
HONORIA
Muerto ya el Conde
tu tío,
¿Quién hereda el señorío?
JIMÉN
Una hija suya que expuso,
De la cual nunca
saber
Quiso mientras que vivía,
Y cerca de la agonía
Se dignó reconocer.
Es su última voluntad
Que la busque y dé su hacienda,
Y en pago se me
encomienda
A su generosidad;
Por lo cual voy con un juez
A que su partida apreste
A Segovia, y culpa de este
Fue
mi tardanza esta vez.
Él a Doña Inés
visita
Ahora (es su conocido),
Y yo en tanto, conducido
Por mi amor, cumplo la cita.
HONORIA
¿Luego esa vida opulenta
Que me desea tu amor.
Pende sólo del favor
Dudoso
de tu parienta?
JIMÉN
El heredero presunto
Del tío
era yo; mas luego
Que supe de su hija, el ruego
Mío
decidió al difunto
A no dejar despojada
A la huérfana
infeliz,
Siendo ella, por un desliz
De su madre, castigada.
Hay además un secreto
Que mi esperanza resguarde.
HONORIA
¿Lo podré saber?
JIMÉN
Más
tarde.
HONORIA
¿No ahora?
JIMÉN
No.
HONORIA
Me
sujeto.
(Con cierta repugnancia.)
JIMÉN
Ya ves que
si mi leal
Porte la heredera estima...
HONORIA
¿Qué
deudo tenéis?
JIMÉN
Es
prima
Mía.
HONORIA
¿Qué
prima?
JIMÉN
Carnal.
HONORIA
¿La tratas?
JIMÉN
¿Cómo
he podido?
Aún no la conozco.
HONORIA
¿Sientes
Que seáis los dos parientes
En un grado prohibido?
JIMÉN
¡Qué temores!
HONORIA
No
son raros,
Porque el secreto me agita.
Gracias que la Condesita
Y tú no podéis casaros.
JIMÉN
¿Casarnos?
En ley cristiana
Eso no pudiera darse:
Lo mismo es para
casarse
Una prima que una hermana.
HONORIA
Cierto: a un
Rey que haga consorcio
Con deuda, si se divulga,
Su Santidad
le excomulga
Como resista el divorcio.
JIMÉN
Esto
al caso no nos hace,
Pues antes de ir a encontrar
A mi
prima, he de ajustar
Con Doña Inés nuestro
enlace.
¿Quieres más?
HONORIA
No
me atrevía
Tanto como eso a pedir.
¿A dónde
tienes que ir
Por tu prima?
JIMÉN
A
San García.
HONORIA
¡Cómo! ¿A la villa de fama
Por sus lindas hijas?
JIMÉN
Sí:
Paso por Segovia.
HONORIA
Di:
Tu Prima ¿cómo se llama?
JIMÉN
Flor.
HONORIA
No
es nombre conocido
En el pueblo que has citado.
JIMÉN
¿Cómo sabes?...
HONORIA
Me
he criado
En él, y acaso he nacido.
JIMÉN
¡Dios mío! ¡Qué duda estalla
En mi pecho!
Tranquiliza
Mi afán: tu madre o nodriza
¿Cómo
se llamaba?
HONORIA
Olalla.
JIMÉN
¿Ruiz?
HONORIA
Sí.
JIMÉN
¿Ruiz? ¡Cielos! En poder
De una Olalla Ruiz
estaba
Mi prima Flor.
HONORIA
¡Qué!
¿Cuidaba
De tu prima esa mujer?
JIMÉN
¿Y tu origen
es incierto
También?
HONORIA
Nada
sé de mí.
JIMÉN
La nodriza...
HONORIA
La
perdí
A los siete años.
JIMÉN
¿Ha
muerto?
¿Sabes si hay algo escondido
En la caja o medallón
Que?...
HONORIA
Para
más confusión,
Esa caja se ha perdido.
JIMÉN
¿Será tal nuestra miseria?...
HONORIA
¡Oh! se ha criado
también
Conmigo otra joven.
¿Quién?
HONORIA
A verla vas. -¡Desideria!
(Llamando.)
Escena
VI
DESIDERIA, dichos.
DESIDERIA
¿Qué
ocurre?
HONORIA
Por
Dios, responde
A una duda que se ofrece.
Una de las dos
parece
Que ha de ser hija de un Conde.
JIMÉN
Del
Conde de Valabril.
DESIDERIA
¿Una?
HONORIA
Sí.
HONORIA
¿Hija...
natural?
JIMÉN
No.
DESIDERIA
¿Legítima?
HONORIA
Sí
tal.
En nuestra edad infantil,
¿Recuerdas te hayan contado
Algo que deje a entender
Cuál de entrambas puede
ser
La heredera del condado?
Siempre a nuestra guardadora
Distinciones mereciste
Que yo no, y además fuiste
Siempre más observadora.
JIMÉN
Decid, que
nos interesa
Infinito...
DESIDERIA
Sentiría
Dar pena a quien le vendría
Mejor que a mí
lo condesa
JIMÉN
No obstante...
HONORIA
Dí.
DESIDERIA
Yo
imagino
Que Honoria, si lo olvidó,
Recordará
se me dio
Siempre a mí el traje más fino.
JIMÉN
¿Es verdad?
HONORIA
Sí.
DESIDERIA
Que
aunque de ello
Nada se infiera quizás,
Yo no la
he puesto jamás
Las manos en el cabello;
Y ella,
que me sobrepuja
En todo, hizo mi tocado
Siempre, y aun
este labrado
(Señalando el colchado de la cocina.)
Lo debo a su hábil aguja.
HONORIA
No hay duda.
JIMÉN
Es
otra señal...
DESIDERIA
El recuerdo que no exijo,
Pues Olalla no lo dijo
A mi amiga servicial,
Es el de
una rara especie
Que yo te debí encubrir,
Por ser
mal hecho afligir
A persona que se aprecie;
Y porque la
confidencia
Se me hizo en tan corta edad,
Que pude, por
vanidad
O por mala inteligencia,
Sufrir equivocación
Que sería de interés,
Y más si entendí
al revés
Quizá la revelación.
JIMÉN
¿Y es?...
DESIDERIA
Que
una... gobernadora...
Me dio a luz.
JIMÉN
¿Fue?...
DESIDERIA
Burgalesa.
HONORIA
¿Y a mí?
DESIDERIA
Decirlo
me pesa.
Una renegada o mora.
HONORIA
(Aterrada.)
¡Mora!
JIMÉN
(A HONORIA.)
¿Y
qué? -En Burgos nació
La Condesa: allí
mi tío
Fue Gobernador. -Bien mío,
No somos
primos tú y yo.
HONORIA
Seré morisca.
JIMÉN
Blasones
Para los dos mi nobleza
Tiene: la mejor limpieza,
De sangre
son las acciones.
DESIDERIA
Pero...
JIMÉN
Ven,
que a Doña Inés
Voy a demandar tu mano.
(Tomando de la suya a HONORIA y partiendo ambos.)
HONORIA
Ella nos dirá...
DESIDERIA
Es
en vano:
Ella...
HONORIA
(A DESIDERIA.)
Ven.
DESIDERIA
Oíd.
JIMÉN
Después.
(Vanse HONORIA y JIMÉN.)
Escena VII
DESIDERIA
Satisfagan su capricho;
Pregunten sobre
el asunto
A Doña Inés, que por junto
Sabe
lo que yo le he dicho.
Id con Dios, primo Jimén.
Sí, porque se mi figura
Que la condesa futura
Soy
yo. -Pues señor, muy bien;
Por fin el deseo ardiente
Aquél, que me mortifica
Siempre que miro una rica,
Se cumple de repente.
Voy a heredar un condado,
Luciré
joyas y galas,
Tendré en magníficas salas
Mi habitación y mi estrado;
Pero por más
que me sobre
Todo en el fausto que espero,
No tendré
yo un caballero
Que me haya querido pobre.
De modo que
comparando
Suerte con suerte, en rigor
Honoria con el amor
De Jimén sale ganando.
¡Ojalá ella la heredada,
y yo la querida fuera!
De cualquier modo sintiera
No ser
condesa y amada.
Es dura cosa en verdad
Dos bienes apetecer,
Y venir a poseer
Solamente la mitad.
Única dueña
me veo
(Saca de la faltriquera dos medallones de acero,
uno cuadrado y otro redondo, pendiente cada uno de un cordón
o cinta.)
De estas prendas tan buscadas,
Que cogí
y di por hurtadas
En el día del saqueo.
Deseaba
yo inquirir
Lo que hay dentro, y no he sabido
Nada: no
las he querido
Romper, ni las pude abrir,
Ni a un artífice
fiar
Para tal operación,
Pues por ellas un pregón
Hizo Doña Inés echar.
Humana persona sabe
(Sonriéndose.)
Nada sobre el nacimiento
De las
dos: si no presento
Los medallones, no cabe
Justificar
en rigor,
Porque yo lo diga y crea,
Cuál entre Honoria
y yo sea
La Condesa Doña Flor.
¡Pobre Honoria! En
tal enredo
No se podía casar.
¡Buen chasco se iba
a llevar!
Ya; pero entonces no heredo,
Y fuera el abrir
la puerta
A tan malignos antojos
Sacarme yo entrambos ojos
Por dejar a Honoria tuerta.
Haré con habilidad
Que parezcáis de contado,
¡Malditos! que habéis
burlado
Toda mi curiosidad...
(Da enojada contra una peña
un golpe a uno de los medallones, que tiene asidos de las
cintas, y el medallón se abre. Dentro hay un papel
doblado, que toma con una mano, mientras que, conservando
en la otra el medallón, examina su mecanismo.)
¡Ah!
rompí el medallón. -Pero
No. ¡Qué dicha!
no está roto.
Cedió el muelle, y según
noto,
Se abren por el asidero.
Ya puedo salir de afanes.
Leamos este papel.
(Lee.)
¿Qué descubro? -¡Suerte
infiel!
¿Soy esta yo? Adiós, mis planes.
Viene gente.
¿Los escondo?
No; me infaman: abismarlos
Debo. Sí,
voy a arrojarlos
Dentro del pozo sin fondo.
(Sube
precipitadamente la senda que guía a la ermita.)
Escena VIII
HONORIA, JIMÉN, DON GARCILLÁN;
luego DESIDERIA.
HONORIA
Veréis a mi compañera
De suerte.
JIMÉN
Don
Garcillán,
Habladla vos como juez
Y decidnos qué
pensáis.
GARCILLÁN
Hasta ahora nos hallamos
En profunda obscuridad.
Visito a Doña Inés
hoy:
Ella, como es natural,
A dónde voy me pregunta;
Principióselo a contar,
Y averiguo con asombro
Que aquí la huérfana está
Que en San
García los dos
Entendíamos hallar.
Por eso
venía a daros
Cuenta de la novedad.
HONORIA
¡Desideria!
-¡Ah! ya la veo.
(Al tiempo que HONORIA la llama,
aparece DESIDERIA en lo alto de la senda, y baja.)
HONORIA
Baja pronto.
GARCILLÁN
Os
es fatal
La pérdida de las cajas.
Doña Inés
no sabe más
Que esos indicios que ahora
De descubrir
acabáis.
HONORIA
Ven, Desideria.
DESIDERIA
Señores,
¿Qué me tenéis que mandar?
GARCILLÁN
El Conde de Valabril,
Señora (Dios le dé paz),
Figurándose una ofensa
Contra la fe conyugal
(Que
luego tuvo al morir
Por una ilusión falaz),
Cuando
su esposa murió,
De su casa hizo lanzar
Una hija
nacida a costa
De la vida maternal.
Una tal Olalla Ruiz
Encargose de criar
La niña; y dudoso el Conde
Entre
cólera y piedad,
A esa mujer un papel
Dio, guardando
copia igual,
Que a la huérfana proscripta,
Si en
su estado de humildad
Importaba conocerla,
Sirviese de
credencial.
Hoy la expósita su nombre
Y herencia
va a recobrar.
Yo tengo el traslado; falta
El escrito original:
Vos, que, según se me dice,
(A DESIDERIA.)
Con
algún dato contáis
Para presumiros hija
Del
Conde Don Sebastián,
Dignaos manifestarme
Cómo
lo habré de buscar,
Y decidme todo cuanto
Pueda
servir además
Para que pronto se os pueda
Por Condesa
saludar.
DESIDERIA
Ignoro si en San García
Luz mayor
daros sabrán
Personas que con Olalla
Mantuviesen
amistad:
Lo que yo sabía, téngolo
A Doña
Inés dicho ya,
Y aun eso con el temor
De poderme
equivocar.
JIMÉN
(A las dos.)
¿Nunca os mostró
ese papel
Olalla?
DESIDERIA
Nunca.
HONORIA
Jamás:
Recuerdo, sí, que mil veces
Nos ha dicho a cada
cual
Que ella misma fue quien hizo
Las dos cajitas labrar,
Y que bien que no tuviesen
Ningún valor material,
Nos importaba muchísimo
Guardarlas. Es de pensar
Que cuando nuestra nodriza
Les daba importancia tal,
Contendrían
los papeles
Que hacen falta.
DESIDERIA
Es
regular;
Pero los hemos perdido:
Tal vez no parecerán,
Y este misterio sin ellos
Difícil es de aclarar.
GARCILLÁN
Y vos ¿podéis acordaros
Con toda
seguridad
De lo que Olalla os decía
Buen número
de años ha?
HONORIA
¿Te dijo que era mi madre
Mora?
JIMÉN
¿Lo
podéis jurar?
DESIDERIA
Hasta ahora lo creí;
Mas como vos observáis,
Siete años tenía
entonces,
Y pude entenderlo mal:
Aventurarme a jurarlo
Fuera una temeridad.
JIMÉN
Me parecisteis más
cierta
Antes.
HONORIA
¿Te
vuelves atrás
De lo que has dicho?
DESIDERIA
¿Apeteces
El origen musulmán?
HONORIA
Jimén no repara
en ello.
JIMÉN
Moros bien hidalgos hay.
HONORIA
Peor
que la sangre mora
Es la consanguinidad.
JIMÉN
A
San García es forzoso
Partir.
GARCILLÁN
Hay
que pregonar
Los medallones.
DESIDERIA
Ya
se hizo:
¿Quién sabe dónde estarán?
Escena IX
BONIFAZ, descalzo de piernas; dichos.
BONIFAZ
Desideria, Honoria... -Guarde
Dios a todos.
DESIDERIA
(A DON GARCILLÁN y JIMÉN.)
Bonifaz
Es un amigo.
BONIFAZ
Un
amigo,
Sí, que os viene a regalar,
Entregando a
cada una
De su pesca la mitad.
HONORIA
Eh, déjanos.
BONIFAZ
A
otro día
Después del saqueo, Blas
El pregonero
anuncio
Que os importaba cobrar
A toda costa unos dijes
Perdidos. -¿Os acordáis
De las señas?
HONORIA
Demasiado.
DESIDERIA
¿Y qué?
BONIFAZ
Os
voy a aturrullar.
Frente al desembocadero
De un copioso
manantial
Acabo de echar la red;
Y al ir tentando, mirad,
Envuelta con unas ovas,
¡Qué pieza vine a sacar!
(Saca de la chistera los dos medallones.)
DESIDERIA
¡Los medallones!
HONORIA
(Tomándolo.)
¡El
mío!
¡El tuyo!
JIMÉN
¡Oh
felicidad!
GARCILLÁN
¿Es posible?
DESIDERIA
Pero
¿cómo
Irían allí a parar?
BONIFAZ
El
caso es que no se cría
Ova en aquel arenal,
y la
que traían era
Del pozo de San Julián.
HONORIA
¿Del pozo sin fondo?
BONIFAZ
Así
Lo llaman por ignorar
Todos que no se le encuentra
Fondo,
porque es un canal
inclinado que recoge
Varios hilos de
agua, y va
Con ellos dentro del río
justamente a
desaguar
Donde esas prendas hallé
A mi ver, si algún
secuaz
Del Infante las robó,
Las ha debido arrojar
Allí arriba.
(Señalando hacia la ermita.)
HONORIA
¡Ah!
me has salvado.
Gracias.
DESIDERIA
(Aparte.)
Me
perdió.
HONORIA
(A DON GARCILLÁN.)
Tomad.
Este es el mío: rompedlo.
GARCILLÁN
Sé
yo abrirlos.
BONIFAZ
(A DESIDERIA.)
¿No me das
Gracias tú?
DESIDERIA
¿No
se podía
Por ahora dilatar
El registrarlos?
HONORIA
No.
JIMÉN
No.
GARCILLÁN
Decid sólo, si gustáis,
Cuál
es vuestro y cuál de Honoria.
HONORIA
¡Qué!
no hay posibilidad
De trocar uno por otro,
Porque nos desmentirán
Doña Inés y mil testigos,
El redondo es propiedad
De Desideria; el cuadrado
Mío.
DESIDERIA
¿Quién
lo ha de negar?
Es público.
HONORIA
Abrid.
GARCILLÁN
(Abriendo el medallón.)
Hay
dentro
Un papel.
JIMÉN
Él
nos dirá.
HONORIA
Leed.
(GARCILLÁN lo
desdobla y lee.)
BONIFAZ
(Aparte.)
Mi
pesca produce
Sobrada curiosidad.
DESIDERIA
(Aparte.)
¡Qué
ansia!
JIMÉN
¿Es
lo que se esperaba?
HONORIA
Oigamos.
DESIDERIA
(Aparte.)
¡Estoy
mortal!
(Lee.)
GARCILLÁN «La niña que lleva
este papel por señal, que le será puesta al
cuello dentro de una caja de acero de figura cuadrada, es
Doña Flor, hija de la Condesa de Valabril, Doña
Florentina Girón.»
JIMÉN
(Aterrado.)
¡Mi tía!
HONORIA
(Aterrada.)
¡Qué
oigo!
BONIFAZ
¡Hija
Honoria
De un Conde!
HONORIA
¿No os engañáis?
(Dando el papel a HONORIA.)
GARCILLÁN
Leed. -Y la nota tiene
Completa
conformidad
Con la del Conde.
JIMÉN
(A HONORIA.)
¿Sospechas
Que hayan podido trocar
Esa seña?
DESIDERIA
Se
la he visto
Desde su más tierna edad...
HONORIA
Es
cierto; mas no es posible
Que sea tan principal
Mi cuna.
Abre tú esa caja.
(A DESIDERIA.)
JIMÉN
No tengáis
dificultad
En permitirnos...
DESIDERIA
Pudiera
Negarme; mas por sacar
A Honoria de dudas... Ten.
(Abre el medallón redondo, saca el papel y dásele
a HONORIA.)
(Lee.)
HONORIA«Por
este papel, que yo Olalla Ruiz he mandado escribir y guardar
dentro de una caja redonda de acero, será conocida
Violante, hija natural de una señora cuyo nombre me
está prohibido revelar, la cual ahora vive en tierra
de moros.»
Sala en casa de los Condes de Valabril, en Segovia.
DESIDERIA, con un rico traje de dama;
BONIFAZ.
BONIFAZ
¿Con que no está?
DESIDERIA
Debe
pronto
Volver.
BONIFAZ
¡Oh!
pues yo sin verla
No me voy.
DESIDERIA
¿Y
qué me dices
Del lujo, de la grandeza
De esta casa?
BONIFAZ
Que
no habrá
Así ni media docena
Aquí
en Segovia.
DESIDERIA
La
Infanta
Doña Isabel y la Reina,
Que hoy se hallan
en la ciudad,
Seguro que no se hospedan
En palacio más
magnífico.
Bien puede vivir contenta
Con su estado
Honoria... digo,
Mi señora. la Condesa.
BONIFAZ
¿No
lleva el nombre de Flor?
DESIDERIA
Ella, como yo, conserva
El del pueblo: había sido
Confirmada con él,
suena
Bien, es algo singular
y mil dichas le recuerda,
y, es claro, le gusta.
BONIFAZ
¿Cómo
Logró la reconocieran
Condesa de Valabril?
DESIDERIA
Porque nació con estrella,
Nada más. En San
García
No se halló ninguna prueba
Del nacimiento
de Honoria;
Y tan sólo por la seña
Del medallón
y el papel,
Se le abandona la herencia.
Jimén, que
es el inmediato
Pariente, abogó por ella:
Ningún
juez peca de rígido
Sí están las partes
contentas.
BONIFAZ
Pues, amiga, ese es un rasgo
Nada común
de nobleza.
DESIDERIA
¡Simple! Eso es amor.
BONIFAZ
¿Qué
gana
Jimén si su prima hereda?
Ella se puede casar,
Menos con él, con cualquiera.
DESIDERIA
No se casará;
no hay miedo.
BONIFAZ
Si quiere, ¿quién se lo veda?
DESIDERIA
Hay dos estorbos: el uno,
Que ella también
sigue muerta
Por Jimén.
BONIFAZ
¿Y
el otro estorbo?
DESIDERIA
El otro es cosa secreta.
BONIFAZ
Quedo enterado: es razón
Que hace muchísima
fuerza.
DESIDERIA
El Conde de Valabril
Fundó un convento:
¿creyeras
Que me parece que en él
Ha de ocupar una
celda
Honoria?
BONIFAZ
Más
natural
Es que se quede soltera,
Si quiere al primo.
DESIDERIA
Pues
no:
Me alabo yo de profeta.
BONIFAZ
¿Y qué tal hace
de dama
Honoria.
DESIDERIA
Bien
mal: no acierta
A comprender que en su clase
Todo el mundo
tiene puesta
La mira; y así comete
Gravísimas
imprudencias.
BONIFAZ
Vaya, ¿qué sucede?
DESIDERIA
Yo
Soy de Honoria compañera,
Soy (puede decirse) hermana
Suya, según me contempla;
Y me desazona mucho
Cuando
hay aquí concurrencia
O asistimos al alcázar,
Oír tantas indirectas,
Y aun tantas acusaciones
Formales, con que se afea
Que vivan en una casa
Ella y
Jimén, que no niegan
Tenerse inclinación.
Esto
Da lugar a mil sospechas
Injustas, pero que ofenden
A su crédito.
BONIFAZ
¡Pamema!
Si dan en decir que yo
No sé coger una tenca,
Y
traigo todos los días
Rebosando la chistera,
¿Qué
importa? Pesque yo bien,
Y hablen de mí lo que quieran.
DESIDERIA
Ellos están casi siempre
En una sala; en
presencia
De la familia hablan bajo;
Comen juntos, juntos
cenan;
Él sale poco, sin él
No pisa las calles
ella;
Pero en todo esto no hay ápice
De malicia;
ligereza,
Imprevisión, sí: es muy poco
Previsora
la inocencia.
BONIFAZ
Ya, ya: libre está que tú
Imprevisiones cometas.
¡Pobre Honoria! Lo que extraño
Yo mucho es que andando en lenguas
Su fama, la trate nadie.
DESIDERIA
Y aun en casa la festejan
Los que fuera la murmuran.
BONIFAZ
¿Y a ti?
DESIDERIA
¿A
mí? Nadie se acuerda
De mí.
BONIFAZ
¿A
que sí?
DESIDERIA
¿No
ves que otra
Toda la atención se lleva?
BONIFAZ
Entonces,
¿por qué rehúsas
Mis amorosas ofertas,
Mujer?
DESIDERIA
Te
lo he dicho ya:
No gusto de hombre que pesca.
BONIFAZ
El
medalloncito es
El pez que se te indigesta.
¡Rencorosa!
DESIDERIA
¡Yo!
BONIFAZ
¡Envidiosa!
DESIDERIA
¿Yo envidia? Pues a tenerla,
¿Viviera yo aquí?
BONIFAZ
Es
verdad.
En parte: ajustemos cuentas.
Eres pobre, y sin
embargo
Me das calabazas; dejas
A Doña Inés
que te trata
Como hija predilecta,
Y te vienes aquí,
donde
Eres casi una sirvienta.
¡Huy, huy, huy! No puede
estar
La maula más descubierta.
DESIDERIA
¡Qué
aprensión!...
BONIFAZ
Siempre
pecaste
De ambiciosa y altanera.
DESIDERIA
¡Bonifaz!
BONIFAZ
Sí
tal: si vives
Con tu amiga...
DESIDERIA
Es
por quererla.
BONIFAZ
Sí, por quererle quitar
Su
amante.
DESIDERIA
(Con rabia.)
¡Infeliz!
BONIFAZ
¿Te
quemas?
Otra señal.
DESIDERIA
Calla,
calla,
Te digo.
BONIFAZ
Porque
padezca
Honoria el dolor de ver
Que con toda su opulencia
No puede quitarte el gusto
De inspirarla celos, fueras
Tú capaz de enamorarte
De un forzado de galera,
De un judío, hasta del hijo
De la hija de mi abuela.
DESIDERIA
Bonifaz, oye.
BONIFAZ
Soy
sordo.
(Yéndose.)
Adiós.
DESIDERIA
Ven.
BONIFAZ
No
me detengas.
DESIDERIA
Dime...
BONIFAZ
Dime
tú, sí quieres
Que algún favor te agradezca,
Dónde tiene su posada
Don Rui-Beltrán de
Valera.
DESIDERIA
Pues ¿qué?...
BONIFAZ
Le
traigo unos pliegos.
DESIDERIA
¿De quién?
BONIFAZ
No
sé de quién sean.
DESIDERIA
Te aconsejo...
BONIFAZ
¿No
respondes?
DESIDERIA
Usa de alguna reserva
Para hablar con
él.
BONIFAZ
¿Me
dices
Dónde vive?
DESIDERIA
Es
que se arriesga...
BONIFAZ
¡Dale!
DESIDERIA
Se
asegura...
BONIFAZ
¡Toma!
DESIDERIA
Y es fácil que piensen...
BONIFAZ
¡Vuelta!
(Vase.)
Escena II
DESIDERIA
Vaya bendito
de Dios,
Pues no quiere que le advierta
Que acusan a Rui-Beltrán
De seguir correspondencia
Con el Infante, y espían
A cuantos con él conversan.
¿Pudiera hacer ese estúpido
Con su informe, que resuelva
Doña Inés mandar
llevarme
A Sepúlveda? ¿Partiera
Yo? Jamás,
y eso que todo
Aquí, todo me atormenta.
Persuadiré
a Bonifaz.
Jimén y su prima llegan.
Escena
III
HONORIA, JIMÉN, una Criada, DESIDERIA.
HONORIA
(A la Criada.)
Sí, sí: que
con todo espacio
Venga Bonifaz: me agradan
Sus visitas...
cual me enfadan
(A JIMÉN.)
Las de convento y palacio.
(La criada quita a HONORIA el velo y se retira.)
A la Infanta y a las monjas
(A DESIDERIA.)
Vimos.
DESIDERIA
¿Y
a la Reina?
HONORIA
No:
Un palaciego salió,
Y en medio de mil lisonjas
Dijo que a su alteza era
Imposible recibirme;
Que enviaría
a decirme
Cuándo, y su silla o litera
Para ir.
JIMÉN
Don
Lope de Utiel
Fue.
DESIDERIA
¿Te
recibió la Infanta
Bien?
HONORIA
¿Pues
no? Si es una santa
Princesa Doña Isabel:
Admira
al mozo y al viejo
Su virtud y discreción.
JIMÉN
Deja esa conversación.
HONORIA
Se acabó, Jimén;
la dejo,
DESIDERIA
Si otra de más importancia
Vais
a emprender...
JIMÉN
Sí,
de mucha.
DESIDERIA
Me voy: hablad sin escucha.
JIMÉN
No, no salgáis de la estancia.
DESIDERIA
¿Les habrá
dado materia
(Aparte desviándose a un lado.)
De
disgusto la visita?
HONORIA
Jimén, ¿qué hay?
JIMÉN
(En voz baja.)
Honoria,
evita
El hablar con Desideria
Sobre aquella indicación
De la Infanta.
HONORIA
Y
yo ¿qué pierdo
Con que lo sepa? Recuerdo
Enterita
la expresión.
«Ya que no tenéis malicia,
Dijo, portaos de modo
Que, como yo, el pueblo todo
También
os haga justicia.»
JIMÉN
Pues tiene su fundamento
Advertencia tan enfática.
Recuerda luego ¡qué
plática
Sufrimos en el convento!
HONORIA
Estuvo la
madre Cruz
Aún más cansada que estila,
Con
la eterna retahíla
De: «Dios os preste su luz,
Presérveos
de toda mengua
Su santo conocimiento,
Y líbreos
de un juramento
Falso y una mala lengua.»
Pero, señor,
porque habito
Contigo, ¿pueden culparnos?
Habernos amado,
amarnos,
¿Es por ventura delito?
(DESIDERIA se retira.)
JIMÉN
Y dime, ángel de candor,
¿Piensas que
el mundo comprende
Cómo a entrambos nos defiende
Nuestro amor del mismo amor?
A una pasión permitir
En nuestro pecho la entrada,
Y por una ley sagrada
Tenerla
que reprimir,
Y hacer en bárbara guerra
Que el rebelde
corazón
Arrojara la porción
Que le prestaba
la tierra,
¿Es tan fácil sacrificio,
Que posible
se contemple
Por espíritus de temple
Medio entre
virtud y vicio?
No: palma tan meritoria
La negarán
suspicaces
Cuantos fueren incapaces
De imitar nuestra victoria.
HONORIA
¿Qué importa si yo la vía
Del bien
impávida sigo,
Y tengo a Dios por testigo
y a mi
conciencia por guía?
No repitas el capítulo
De cargos que refuté
Al tiempo que recobré
Mi condición y mi título.
Dijiste que a no
habitar
Los dos casa diferente,
Iba en nuestra fama el
diente
La murmuración a hincar;
Y de modo asegurarme
De su garra pretendiste,
Que sin compasión quisiste
De tu presencia privarme
Sin fruto, pues no hay poder
Con que al vulgo restringir
La libertad de mentir
Ni el
deleite de morder.
Desideria o Garcillán
Nuestro
afecto revelaron,
O más bien lo publicaron
Nuestros
ojos sin guardián;
Y así resistí y
resisto
A tus ruegos sempiternos:
Cuanto perdamos de vernos,
Ha de dársenos por visto.
Dichosa yo en tal estado
Seguir en él me propongo:
El honor tuyo, supongo
No será más delicado.
JIMÉN
¿Y es justo,
siendo mentira,
Exponerme a ocasionar
Que me puedan achacar
Una interesada mira?
HONORIA
¿Cuál?
JIMÉN
Pensarán
que dependo
De ti.
HONORIA
¿Y
bien?
JIMÉN
Que
mi hospedaje
Se parece a un pupilaje.
En fin...
HONORIA
¿Eso
irán diciendo?
Toléralo, aunque batalles
Con tu honradísimo orgullo,
Como sufro sin murmullo
Que aquel secreto me calles.
Y al fin, si tendrán
razón.
Sí tal; yo no lo recato:
Por sujetarte,
dilato
Hacerte una donación.
Si yo te enriquezco,
dejas
De verme diariamente,
Y aun veo, si habla la gente,
Que de Segovia te alejas.
La oferta testamentaria
Que
abandonó a mi querer
Mi buen padre, es menester
Que te sea necesaria.
No lo es aún: ten paciencia.
Si precisa la contemplo,
Si te casas, por ejemplo,
Cesará
tu dependencia.
JIMÉN
¡Yo casarme, Honoria! Arguyo
Que olvidas lo que juré.
Yo sólo me casaré
Por gusto y servicio tuyo.
HONORIA
Yo de tu promesa en pos,
Yo en premio de ella, me obligo,
Ya que no viva contigo,
A guardarme para Dios;
Y si violencias o dolo
No me hacen
la vida amarga,
Sólo la codicio larga
Para existir
por ti solo.
Imítame tú a despecho
De necios
o maldicientes:
Si de ellos herir te sientes,
Huye y ven
bajo este techo
Que por asilo seguro
La paz doméstica
elige:
Aquí la virtud erige
Aras al afecto puro.
Puro, sí; que destinadas,
JIMÉN
Nuestras almas
fueron
A unirse; y cuando se vieron,
Una a otra desaladas
Se vinieron a arrojar;
Y al ceder su amor fogoso,
La amistad
forma el reposo
En que han debido parar.
Hay sobre el piso
convexo
Que forma el globo terrestre,
Hay quien por obra
demuestre
Que no tiene el alma sexo.
Y si al girar en sus
gonces
Por ti la puerta del ser
Nacieras cual yo mujer,
Lo mismo te amara entonces.
Así mi pecho se ufana
De sentirse palpitante
Con la viveza de amante,
Con la
blandura de hermana.
JIMÉN
Basta ya, luz de los ojos
Que en ti se ceban sedientos:
Tú elevas mis pensamientos,
Cobardes antes y flojos.
Ceda el pundonor mundano
A virtud
más eminente:
Cuando contemplo tu frente,
Cuando
te estrecho esta mano,
(Bésasela)
¿Cómo
entrar en tu mansión,
Cómo llegar a mi oído
Pudiera el sordo zumbido
De la voz de la opinión?
En tal bienaventuranza,
En este goce inefable,
Si el corazón
insaciable
Algo a pretender alcanza,
Sería mi único
anhelo,
Por no ver mi bien cesar,
Morir en él para
entrar
Desde un cielo en otro cielo.
Escena IV
DESIDERIA, HONORIA, JIMÉN.
DESIDERIA
Perdonad
la distracción
Que a causaros he venido.
Don Lope
Utiel me ha pedido
(A JIMÉN.)
Que os diga si la
atención
Tendréis de oírle un instante.
JIMÉN
¿Don Lope?
HONORIA
Ve
con presteza;
Quizá le envía su alteza.
DESIDERIA
Con recado terminante
De la Reina viene.
JIMÉN
Acudo
A saber qué se nos manda.
HONORIA
Sí, no te
detengas, anda.
(Vase JIMÉN.)
Escena
V
DESIDERIA, HONORIA.
(Va anocheciendo.)
DESIDERIA
Semblante menos ceñudo
Te advierto
ya. ¿Se disipa
La seriedad que trajiste?
HONORIA
Cualquiera
pesar de un triste
Mengua si se participa...
DESIDERIA
Con
un primo: ya.
HONORIA
Un
asunto
Quisiérate consultar
Que dejamos por tocar.
DESIDERIA
Sí, nunca salís de un punto.
HONORIA
Se trata de la persona
Que para ser abadesa
Debo designar
en esa
Fundación, como patrona.
Tú que a
las monjas conoces
Cual yo, pues las has tratado,
¿Propusieras
al prelado
A la madre Ana Quincoces?
DESIDERIA
Para gobernar
se pinta
Sola en su cargo interino;
Sin embargo, yo me
inclino
A otra elección muy distinta.
Cuando una
comunidad
Se funda, siempre se cuenta
Con que hija, amiga
o parienta
Se lleve esa dignidad;
Y no faltará en
Segovia
Muy a propósito alguna
Que, bien porque
la fortuna
La destituyó de novio,
Bien porque a
las repetidas
Voces del Señor atienda
Solícita,
y ser pretenda
Una de las escogidas,
Tomará de buena
gana
Por la prelacía el velo,
Y desplegará
más celo
Que puede una pobre anciana.
Una joven
hermosura
Capaz de amar con ardor
Su deber y al Criador
En vez de la criatura,
Me parece en sí juntar,
A lo que puedo entender,
Cuanto cabe para hacer
Una prelada
ejemplar.
HONORIA
Lo mismo digo; y no es cosa
De dejar que
me la roben,
Si sabes de alguna joven
Así para religiosa.
DESIDERIA
Tal vez.
HONORIA
¿Quién
es?
DESIDERIA
Por
las señas,
A quién aludo verás.
HONORIA
Dí el nombre.
DESIDERIA
Tú
lo dirás.
HONORIA
Señala, ya que te empeñas.
DESIDERIA
Es una que goza el don
De una extrema candidez,
Y a la moral rigidez
Debe una satisfacción.
HONORIA
¿Una muchacha?
DESIDERIA
Pues:
una
Que, por esa tiranía
Del qué dirán,
debería
Acordarse de su cuna.
HONORIA
Ya.
DESIDERIA
Pues: una que al
abrir
Los ojos, verá espantada
Que está de
escollos cercada
De que no puede salir,
Que al mar que
la asalta rudo
Soltó ella el soplo del austro;
Que
sólo la salva un claustro;
Que... ¿Sabes a quién
aludo?
HONORIA
Amiga, el rumbo perdí
En la borrasca
alegórica.
Declárame sin retórica
Si tratas quizá de ti.
DESIDERIA
¿De mí? Llevo
una lección
Que en verdad no la esperaba.
Creí
que te retrataba
A ti, facción por facción.
HONORIA
¿Quién me impone a mí el deber
De
entrar en un monasterio?
¿Por qué culpa? Esto es
ya serio.
DESIDERIA
¿Por qué has llegado a entender
Tú que yo lo necesite?
HONORIA
Perdona mi arranque
arisco:
Fue...
DESIDERIA
Ser
de origen morisco
No es óbice que me quite
Amar
a cualquier cristiano;
Y a ser de él correspondida
No hay parentesco que impida
Que pueda darle la mano.
HONORIA
Deja ese entrecejo torvo,
Mujer; que harás maliciar
Que ya principiaste a amar
y yo te sirvo de estorbo.
DESIDERIA
¿Estorbo? ¿De dónde infieres?...
Escena VI
BONIFAZ, dichas.
BONIFAZ
El santo de los
cobardes
Me socorra. -Buenas tardes,
O buenos anocheceres.
HONORIA
¡Bonifaz! ¡Tú aquí!
BONIFAZ
Yo
mismo.
Del alcázar vengo, y traigo
Tal prisa, que
a un tris me caigo
Y en las gradas me descrismo.
Salvadme.
HONORIA
¿Qué
te alborota,
Buen Bonifaz? Yo te ofrezco...
BONIFAZ
¡Yo
bueno! ¡Yo que merezco
Estar en una picota!
HONORIA
¿Tú?
BONIFAZ
Yo:
un hombre de pericia
Me acaba de hacer patente
Que soy
un gran delincuente,
Sin tener de ello noticia;
Y que si
al buscarme un juez,
Tú (digo, vos), vos... me fallas,
Colearé de las agallas
En el aire como el pez.
HONORIA
¿Qué ocurre?
BONIFAZ
¿Qué
ha de ocurrir?
Que por ser yo tan babieca,
Tomé
de Gil Raspaseca
Unos pliegos al venir,
Los que me rogó
el truhán
Que entregara en propia mano
A un señorón
segoviano
Que llaman Don Rui Beltrán.
DESIDERIA
El
secuaz de Don Alonso.
HONORIA
Hombre temible.
BONIFAZ
Por
cuyo
Temor a un agente suyo
Pueden cantarle un responso.
DESIDERIA
A más de uno han castigado
Ya.
HONORIA
Si Rui Beltrán
no aboga
Por ellos...
BONIFAZ
Siempre
la soga
Quiebra por lo más delgado.
Yo, ajeno de
todo, busco
A mi hombre: había salido,
Al alcázar
dirigido;
Voy al alcázar; me ofusco
Entre tanto
personaje,
Y digo a cuantos encuentro:
«Don Rui Beltrán
¿está dentro?
Porque le traigo un mensaje.»
Unos,
como con enojo,
Miran, bufan y se largan;
Otros, como que
me encargan
Silencio, guiñando el ojo.
Hallo por
fin en efecto
Al Don Rui tan deseado:
Nos apartamos a un
lado;
Me habla al pronto circunspecto;
Pero apenas en la
sarta
De preguntas que dirige
Respondo que a todos dije
Que le traía la carta,
¡Huy! fue tal su indignación,
Que a ser menos diligente
Yo, me deja sin un diente
Allí
de un sornavirón.
Y vi entonces, al compás
De sus ternos escapando,
Que era del contrario bando.
Ese hombre de Barrabás;
Que he sido sin advertirlo
Traidor a la real corona,
Y que el Don Rui me abandona
Porque canté como un mirlo.
Condesa de Valabril,
A quien sin querer tuteo,
Guárdame de un lance feo
En cualquier chiribitil;
Que si en dos riesgos me quiso
Poner mi bachillería,
Antes con ella te había
Salvado de un compromiso.
HONORIA
Gracias: de cualquiera
suerte,
Te tuviera y tendré oculto.
BONIFAZ
Y perdóname
el insulto
Del tú.
DESIDERIA
¿Qué
ha de agradecerte
Honoria.
BONIFAZ
Mientras
andaba
Dando en el alcázar vueltas,
Por unas palabras
sueltas
Que oí, vi que se trataba
De ti.
HONORIA
¿De
mí?
BONIFAZ
En
un corrillo
De unos cuantos mozalbetes.
DESIDERIA
¿Qué
decían?
BONIFAZ
(A HONORIA.)
¿Me
prometes
No enfadarte?
HONORIA
Sé
sencillo:
Dinos...
BONIFAZ
Es
que tal maldad
No le ocurre a Belcebú.
DESIDERIA
¿Y es?
BONIFAZ
Que
dais Jimén y tú
Escándalo en la ciudad.
HONORIA
¡Escándalo!
DESIDERIA
¿Dicen
eso?
BONIFAZ
Angelitos patizambos
Les mueven la lengua.
-Que ambos
Viváis aquí ¿es un exceso?
HONORIA
¿Luego hasta con ignominia
Nos tratan ya?
BONIFAZ
. «Les
agravia
Quien piensa mal,» dije; «rabia
Es todo, y no más,
inquinia.
Que al heredar ella el feudo
Se amaban... ¡Valiente
oprobio!
Se quisieron a lo novio,
Y se quieren a lo deudo.
Que algo hay en casa que tire
A Jimén, pues nunca
sale.
Y Desideria, ¿no vale
La pena de que la mire?»
DESIDERIA
¿Eso has dicho?
BONIFAZ
Inspiración.
Grande fue: ¿verdad?
DESIDERIA
¡Qué
flujo:
De hablar!
BONIFAZ
Pues
mira, produjo
Efecto la insinuación.
DESIDERIA
¿Efecto?
BONIFAZ
Y
de magnitud.
HONORIA
Fuiste sobrado atrevido
En fingir...
BONIFAZ
Pero
he fingido
Con verosimilitud.
HONORIA
Permite que te recuerde...
DESIDERIA
Te he dicho...
BONIFAZ
(A HONORIA.)
¿También
me acosas?
¡Eh! no seáis melindrosas:
Tú
ganas, y ésta no pierde.
DESIDERIA
¿Y mi crédito?
Un embuste
¿Ha de hacérmelo arriesgar?
BONIFAZ
Vamos,
que lo regular
Es...
HONORIA
¿Qué?
BONIFAZ
. Que
Jimén le guste.
DESIDERIA
¿A mí?
HONORIA
¿A
Desideria?
BONIFAZ
Puedo
Engañarme; pero el trato,
El...
DESIDERIA
Eres
un mentecato.
BONIFAZ
Quizá.
DESIDERIA
Un
idiota.
BONIFAZ
Concedo.
DESIDERIA
Un hablador.
BONIFAZ
No
te azores,
Y véase si hay error,
Juzgando de lo
interior
Por señales exteriores.
Dime tú...
o decidme vos
(A HONORIA.)
Qué hay: la verdad pura
y tersa.
Mi antigua novia, ¿conversa
Con Jimén a
gusto?
DESIDERIA
Adiós.
Voy a preparar un cuarto
Donde ese necio se esconda.
BONIFAZ
Espérate a que responda.
(Deteniendo a DESIDERIA.)
DESIDERIA
Apártate...
BONIFAZ
No
me aparto.
Más: ¿no es justo se cavile,
Al verla
con relumbrones
En casa, que habrá razones,
Para
que se emperejile?
DESIDERIA
Honoria me está mandando,
Sin cesar que me aderece.
HONORIA
¡Oh! y en eso se obedece
Puntualmente lo que mando.
BONIFAZ
Más: es de tal
calidad
La amiguita (y no se enoje),
Que es fácil
que se le antoje
Bien de ajena propiedad.
DESIDERIA
¡Que
oigas a un loco villano!...
BONIFAZ
Más: ella debe
atender
A sí, pues tú no has de ser
El perro
del hortelano.
HONORIA
Luego...
BONIFAZ
Más
(y de los mases
Aquí va el de más valor):
Ganará mucho tu honor
En que con Jimén la
cases.
HONORIA
¡Casarla!
BONIFAZ
. Porque
se evite
La común vocinglería.
A las dos
os convenía;
Con que... ¿cuál es mi escondite?
HONORIA
¿Lleva eso alguna vislumbre
(Asiendo de la
mano a DESIDERIA y apartándose con ella a un lado.)
De verdad? Habla sincera.
Responde.
DESIDERIA
Para
ti, ¿fuera
Una grande pesadumbre?
HONORIA
Fuera tan duro
tormento,
Fuera tan cruda agonía,
Que no la resistiría.
DESIDERIA
Pues, mujer, mucho lo siento.
HONORIA
¿Le amas?
DESIDERIA
Oye
con templanza.
Iba a decir que no sé
Qué
prueba te ofreceré
Que me sirva de fianza.
Para
que quedes en paz,
¿Qué se te ocurre mandarme?
HONORIA
Casar con otro.
DESIDERIA
¡Casarme!
Cuando tú. -Ven, Bonifaz.
(Vanse los dos.)
Escena VII
HONORIA
Le ama. -¡Y yo no lo advertía!
No, que en mi dulce bonanza
Me cegó la confianza
Y confié en demasía.
¡Le ama! -Es una alevosía.
Me debe ella respetar;
Debe, pues yo del altar
No espero
la bendición,
Dejarme por compasión
Libre
de celos amar.
Pero el interés villano
Me responderá
soberbio
Con ese vulgar proverbio
Del perro del hortelano.
Mío es Jimén: si su mano
Me deniega la fortuna,
Basta que amor nos reúna;
Yo su promesa admití:
Su corazón para mí,
Su mano para ninguna.
¿Para ninguna? ¿Podrá
Jimén cumplir lo jurado?
Hasta ahora no he dudado:
¿Por qué, pues, recelo
ya?
Otra le ama: lo sabrá,
Querrá agradecido
ser,
Él es hombre, ella mujer,
Yo prima... ¡Ay Dios!
Me estoy viendo
Sufrir el martirio horrendo
De envidiar
y aborrecer.
¿Qué procedimiento es ese?
¿Manda eso
la amistad? ¿Mándalo
El honor? -Ya: doy escándalo;
Mi amiga quiere que cese.
Pues cuidado no le pese
La caridad.
-¡Oh! no tal;
Jimén ha de ser leal:
Yo lo conozco
por mí.
No la querrá, no; y así
¿Qué
me importa una rival?
¡Mas ¿y el empeño cruel
Con
que en mí cebarse anhela
Esa voraz sanguijuela
Pegada
siempre a mi piel?
Nada: yo le haré un papel
De
una donación; reciba
De mí esta merced, y
viva
Donde nada menos eche,
Ni a mí ni a Jimén
aceche,
Ni sepa de él ni le escriba.
Escena
VIII
JIMÉN, DON LOPE; dos pajes que sacan
luces; HONORIA.
LOPE
Esto hay.
(Aparte a JIMÉN
al salir.)
JIMÉN
Era
natural.
Honoria, por ti Don Lope
Viene.
HONORIA
Enhorabuena
sea.
LOPE
Condesa, quiere esta noche
Veros la Reina, y me
manda
Que os acompañe en su nombre.
Tenéis
su litera pronta.
HONORIA
Agradezco sus favores,
JIMÉN
¡Hola!
(Llamando.)
HONORIA
¿Sólo
vos me habéis
De acompañar?
LOPE
Se
supone
Que irá con vos una dueña.
HONORIA
¿Y nadie más?
LOPE
Mil
perdones.
Esa pregunta
(Habla aparte a HONORIA.)
Escena IX
DESIDERIA, una criada, HONORIA, JIMÉN,
DON LOPE.
DESIDERIA
¿Quién
llama?
JIMÉN
La Condesa se dispone
(A DESIDERIA y
a la criada o dueña.)
A salir.
HONORIA
(A DON LOPE.)
Hablad.
LOPE
Señora,
Vuestro primo se conoce
Que se olvida de informaros
De
los usos de la corte.
HONORIA
Soy yo quien no los aprende,
No obstante que se me informe.
LOPE
No hacéis bien.
Mirad: la Reina
Se negó a veros...
HONORIA
¡Negose
Decís!
LOPE
Se
negó, repito,
Porque iba con vos entonces
Don Jimén.
HONORIA
¿Qué
me anunciáis?
LOPE
Y extraño en verdad que
ignore
Que no parecéis bien juntos
En todas las
ocasiones.
HONORIA
Él antes me lo previno,
Y yo...
LOPE
Debéis
ser más dócil.
Esto por mi boca os dice
La
Reina, y cumplo sus órdenes.
HONORIA
¡La Reina!
(Aparte.) ¡Otra nueva afrenta!
LOPE
. Oíd las insinuaciones
De Jimén en adelante,
Y ahora vamos.
HONORIA
Disponte
Para acompañarme tú,
(A DESIDERIA.)
Si gustas.
DESIDERIA
¿Yo?
Unas labores
Quería concluir.
HONORIA
¡Ah!
(Aparte. ¿Se quedará por él?) Oye,
Jimén:
veo que te debo
(Hablan aparte los dos.)
Mil sacrificios
enormes,
Porque me has cumplido mil
Antojos que eran errores:
Haz el último.
JIMÉN
¿Y
es?
HONORIA
Haz
Que a Sepúlveda se torne
Con Bonifaz Desideria:
Irá colmada de dones
Míos.
JIMÉN
Pero...
HONORIA
A
ti y a mí
Nos importa. -Adiós, señores.
(Hace una seña a la criada, y se va con DON LOPE
y con ella.)
Escena X
DESIDERIA, JIMÉN.
JIMÉN
(Aparte.)
¡Despedir a esta mujer!
¡En buen empeño me pone!
DESIDERIA
¿Se ofrece algo
que decirme
De parte de vuestra noble
Prima?
JIMÉN
¡Eh!...
DESIDERIA
Sí
habrá, sí, pues hemos
Tenido contestaciones.
JIMÉN
¿Se puede saber la causa?
DESIDERIA
Era de interés
muy pobre:
Se trató de mí.
JIMÉN
Pues
era
Interés de los mayores.
¿Por qué ha sido
la cuestión?
DESIDERIA
Porque Honoria se propone
Darme estado, y yo le digo
Que...
JIMÉN
¿Qué?
DESIDERIA
Que
no se incomode;
Que sigo el ejemplo vuestro;
Que mientras
no se despose
Ella, y mientras no caséis
Vos, no
quiero relaciones.
JIMÉN
Bien dicho. Ella ¿manda en
vos?
El día que se os antoje
Podéis volver
a Sepúlveda.
DESIDERIA
Cierto, no hay quien me lo
estorbe.
JIMÉN
Y en verdad, aquí debéis
Sufrir hartos sinsabores.
DESIDERIA
Más que pensáis.
JIMÉN
Ver
a Honoria.
Cercada de adoraciones
Y obsequios, mientras
que vos...
DESIDERIA
Astro de luces menores,
Desaparezco
a su vista.
JIMÉN
Allá en Sepúlveda...
DESIDERIA
Dóblese
Esa hoja: todo menos
Volver a pisar terrones.
En casa
de los amigos,
Si hay causas que desazonen,
Las hay de
consuelo.
JIMÉN
¿Acaso
Tenéis en Segovia amores?
DESIDERIA
Hay mil obstáculos.
¿Quién
Ha de querer a una joven
De sangre infiel?
JIMÉN
Buena
sangre
Tiene quien tiene buen porte.
DESIDERIA
La falta
de hacienda...
JIMÉN
Honoria
Va a daros un rico dote.
DESIDERIA
¡Oiga! ¿Sí?
JIMÉN
Lo
ha prometido;
Lo sé.
DESIDERIA
Dios
la galardone.
Es un gran favor.
JIMÉN
Que
debe
Pagarse.
DESIDERIA
Estoy
tan conforme,
Que ya tal vez lo he pagado
Con más
que le corresponde.
JIMÉN
¿Con qué?
DESIDERIA
Con
un sacrificio
De aquellos de primer orden.
JIMÉN
¿Cuál es?
DESIDERIA
Callar
un secreto,
Seguir vuestras intenciones.
JIMÉN
¿Un
secreto?
DESIDERIA
Vuestro.
JIMÉN
¿Mío?
DESIDERIA
Ya os asoman los colores.
No hay por qué:
no puede haber
Un rasgo que más os honre.
JIMÉN
¿Qué queréis decir?
DESIDERIA
Que
oí
Lo que con un sacerdote
Y un escribano en Aranda
Tratasteis el diez o el once
Del mes pasado.
JIMÉN
¿Es
posible?
¡Desideria! ¿mis acciones
Andáis espiando?
DESIDERIA
Pché;
Soy mujer: esto me abone
O disculpe el ser curiosa.
JIMÉN
¡Por Dios, que!...
DESIDERIA
Hablabais
a voces.
Y se leyó tantas veces
Aquella carta del
Conde,
Que pude tomar la pluma,
Y, con mil interrupciones
Y enmiendas, copiar lo escrito.
JIMÉN
¿Copiarlo?
DESIDERIA
Ya
se supone
Que de malísima letra:
La mía.
A ver si está acorde.
(Saca un papel.)
JIMÉN
¡Cielos!
DESIDERIA
(Lee.)
«Hija
mía, firmado ya mi testamento, con arreglo a la generosidad
de Jimén, te dirijo esta carta para que sepas que
voy a morir en medio de una cruel incertidumbre. Si tu madre
fue esposa leal, yo he sido injusto contigo separándote
de mi lado; si fue culpable, no deberías tú
heredar ni transmitir mi nombre. No pretendo forzar tu voluntad;
pero si quieres cumplir el último deseo de un anciano
pundonoroso, renuncia a la grandeza de tu estado, sé
religiosa.»
Habitación de JIMÉN en casa de HONORIA.
En el fondo la puerta de entrada; a la derecha del espectador
la puerta de un dormitorio, y más arriba una mesa
o bufete; a la izquierda un balcón, y un biombo formando
ángulo saliente entre el balcón y la puerta
de entrada. El techo, todo de madera, compartido en casetones
o cuadros, uno de los cuales es un ventanillo, cerrado con
una portezuela. Es de noche y la pieza está a obscuras.
Escena primera
HONORIA, que sale en traje
de recogerse, con una luz en la mano y pisando con sigilo;
después JIMÉN.
HONORIA
No me engañé: descansará sin
duda;
Cerrado tiene ya su dormitorio.
Sí: mañana
Jimén verá el escrito
Que con furtiva mano
aquí depongo.
Tiempo es ya por mi mal de que se cumpla
La voluntad de un padre.
(Va a dejar el papel en
una mesa y se detiene al sentir a JIMÉN.)
JIMÉN
Pasos
oigo.
(Asomándose a la puerta de su alcoba
y saliendo al conocer a HONORIA.)
¿Quién
es? -¡Honoria!
HONORIA
¡Ay
Dios!
(Llena de turbación, trata de ocultar
el papel y se le cae al suelo.)
JIMÉN
En
estas horas
Que te llaman al plácido reposo,
¿A
qué vienes aquí? ¿Qué pliego es ese
Que tratas de ocultar? Cayó. ¿Lo tomo?
HONORIA
Para
ti lo escribí. Si has de leerlo,
No en mi presencia.
Adiós.
JIMÉN
¡Ídolo
hermoso!
(Viendo el papel y deteniéndola.)
Detente, que ya entiendo... sí, ya he visto
Lo que has trazado en él. No me sonrojo
De admitir
este don: al hombre nunca
Cubrirle debe de vergüenza
el rostro
Una merced de amor.
HONORIA
Eres
ya rico;
Satisfechos, Jimén, dejo tus votos.
Hoy
por última vez morada tuya
Este asilo será
tan venturoso:
Quiérelo así la Reina; así
me dice
Que lo manda mi honor y mi decoro.
JIMÉN
¿La Reina?
HONORIA
Una
región desconocida,
Un mundo que contemplo con asombro,
Me descubrió su voz: en ese mundo,
Contra el cual
combatir es peligroso,
Consiste la virtud en la cautela,
Y es delito la falta de rebozo,
La ingenuidad inútil
o nociva,
La verdad nada, la apariencia todo.
Callado nuestro
amor, lícito fuera;
Reos de haberle descubierto somos,
Y es fuerza para amarnos todavía
Que uno haya de
vivir distante de otro.
JIMÉN
Modera tu pesar, dueño
querido:
No porque nos separen queda roto
El tierno lazo
que nos une. El mundo
Que reclama un esfuerzo tan penoso,
Harta razón para exigirlo tiene:
La voz de la experiencia
habla en su abono.
¿Qué hallarás en Castilla
si diriges
Una mirada perspicaz en torno?
Raudal de corrupción
pujante brota
Bajo las gradas del augusto solio,
Que las
chozas y alcázares inunda,
Y aun salpica el altar
de cieno hediondo.
Cuando del regio tálamo los velos
Arrastra la malicia por el lodo,
¿Cómo cabe esperar
que se establezca
Privilegio especial para nosotros?
No
quiso el cielo que visible al hombre
Pudiera ser del corazón
el fondo:
Yerran los que tan mal juzgan del nuestro;
Pero
es error que se repite poco.
HONORIA
¡Ojalá que a
mi vista fuera dado
Penetrar en tu pecho misterioso!
Comprendería
entonces cómo puedes
Un lenguaje emplear declamatorio
Cuando me dejas ¡ay!, cuando obedeces
Un precepto tiránico
y odioso,
Que arrancar a tu labio debería
No más
que acentos de dolor y enojo.
Tú no sabes amar cual
yo te amo.
JIMÉN
¿Qué hablas de más
amor? ¿Qué de abandono?
Me verás en tu calle
cada día
Regir ufano mi alazán fogoso:
En
la corte, en la iglesia, en tu sarao
Me encontrarás
también: siempre que el soplo
De la calumnia emponzoñar
no pueda
La expresión de la fe con que te adoro,
Mira en tu alrededor; no estará lejos
De ti Jimén,
en tu beldad absorto.
Caballero nací, viví
soldado,
Y al numen del honor la frente doblo:
De una separación
que la honra libra
Y deja a mi querer su casto logro,
No
me puedo quejar. Tú que lanzada
Del paternal alcázar
ostentoso,
Flor solitaria, cándida creciste
Bajo
las ramas de la vid y el pobo;
Tú cuyo espejo allí
desde la cuna
Fue la virtud, la sencillez tu adorno,
Aunque
ames tanto como yo, no debes
Ni pudieras amar del mismo
modo.
Sin miedo tú del qué dirán te
ríes,
Tranquila con el noble testimonio
Que la conciencia
da; yo no, bien mío:
Para mí la opinión
es un tesoro
Cuyo valor a inestimable suben
Pérdida
fácil y difícil cobro.
HONORIA
Tú más
noble serás, yo más amante,
Y es el único
timbre que ambiciono.
JIMÉN
Dividirlo conmigo necesitas;
De merecerlo bien me vanaglorio.
Yo de cada capricho de
los tuyos
(Perdón te pido porque así los nombro),
De cada inocentísimo deseo
Para la fama tuya pernicioso,
Yo el inmediato efecto presentía;
Yo lo pronosticaba,
y en mi apoyo,
Del amor a las artes acudiendo,
Luchar quería
contra ti brioso.
¡Ay! en vano: a un acento, a una mirada,
Mi razón ofrecía por despojo
Las armas a
tus pies, y el caballero
En ciego amante se trocaba sólo.
Por fin, al culto fiel de tu hermosura
Me puedo consagrar
con desahogo:
Un muro entre los dos alce el respeto,
Y
por la inmensa redondez del globo
Vuele después la
fama del cariño
Que obsequios mil difundirán
famoso.
De tus colores sacaré libreas,
Entallado
tu nombre en letras de oro
Mi escudo lucirá, y en
un torneo
A donde acudan de país remoto
Cien guerreros
de prez, el brazo mío
Siempre por ti lidiando victorioso,
A todo paladín que lid me ofrezca
Le hará
rodar por el menudo polvo,
Si de virtud y de beldad la palma
Niega a tu corazón, niega a tus ojos.
Pide mi vida,
mi ventura pide:
Si importan a tu honor, te las inmolo.
HONORIA
Quietud y obscuridad es lo que quiero,
No servicios
brillantes y ruidosos:
Aldeana primero que señora,
Con el retiro y el silencio gozo;
Y si alguna merced por
despedida
Pretendiera de ti, de precio corto
Fuera no más.
JIMÉN
¡Oh!
dila!
HONORIA
Desideria
Ya no me inspira ni temor ni encono.
Aunque te ame...
JIMÉN
¿Tú
crees?...
HONORIA
Nada
importa.
De mi primer impulso me abochorno.
Ruines los
celos son: si yo los tengo,
Nobles los he de hacer y generosos.
JIMÉN
No cabe amor en Desideria: envidia
Tan solo
sentirá.
HONORIA
Yo
lo supongo
Envidió a los principios mi atavío;
Mi fortuna después; más ambicioso
Luego su
corazón, que solamente
Creo que se deleita con el
robo,
Por envidia es quizá de que me ames,
Capaz
de amarte con ahínco loco.
Sea: lícito le
es, ¡por mi desgracia
Más lícito que a mí!
No me alboroto
Ya por su inclinación: conmigo viva.
El obsequio, Jimén, satisfactorio
Más quizá
para mí que un sacrificio
De resolver y ejecutar
costoso,
Sería...
JIMÉN
¿Cuál?
HONORIA
Que
revelar quisieras
Aquel secreto por el cual malogro
En
tu tesón mil súplicas.
JIMÉN
¡Honoria!
HONORIA
¡Estréchasme la mano cariñoso!
¡Pones
el labio, suspirando, en ella!
Nada de ti consigo, lo conozco.
JIMÉN
Sí: cuando puedas renunciar a verme.
Sin que baje tus párpados el lloro,
Cuando abra
el tiempo con su dura diestra
En tu frente y la mía
surcos hondos,
O cuando creas que Jimén ha sido
Desleal a tu fe, vil, codicioso,
Mal caballero, te lo juro,
entonces
El secreto diré que tanto escondo.
HONORIA
¡Ah! nunca lo sabré.
JIMÉN
Será
entre tanto
Joya que en tempestad cayó en un golfo
(Golpean adentro blandamente la puerta del fondo)
Escena II
BONIFAZ, HONORIA, JIMÉN.
BONIFAZ
Don Jimén.
(Desde dentro a media voz.)
JIMÉN
Que
no te vean
Aquí a estas horas: retírate.
HONORIA
Detrás del biombo...
(Se oculta.)
BONIFAZ
(Entreabriendo
la puerta.)
Señor
Don Jimén.
JIMÉN
¿Qué
hay que motive
Esta llamada?
BONIFAZ
(Saliendo.)
¿Qué
hay? Hay
Un miedo atroz. Me persiguen.
JIMÉN
¿Cómo
lo sabes?
BONIFAZ
Arriba
Donde tengo mi escondite,
Hay un tragaluz: por él
He visto lo menos quince
Fariseos de una traza
Fatal (traza
de alguaciles);
Y rondan la casa, y temo
Que soy a quien
se dirigen.
JIMÉN
¿Has visto bien?
(Óyense
aldabazos dentro.)
BONIFAZ
A
la puerta
Llaman. ¡Válgame la Virgen!
JIMÉN
Escuchemos quién se anuncia.
(Llégase al balcón.)
Es Don Garcillán.
BONIFAZ
Lo
dije:
Prendimiento al canto.
JIMÉN
Sube
Al cuarto de que saliste:
No es fácil que allí
te encuentren.
BONIFAZ
Yo no lo creí difícil,
Y quería por lo mismo
A campo raso escurrirme.
JIMÉN
Pasa entonces por mi alcoba.
(Llegándose con
él a la puerta del dormitorio, y señalándole
lo interior.)
Ven, mira: en ese tabique
De enfrente
hay puerta; la cierras
Por el lado opuesto...
BONIFAZ
Y
firme.
JIMÉN
Tiene un cerrojo por dentro
Y otro por
de fuera: sigues
El corredor, y hallarás
La bajada
a los jardines.
Con esta llave un postigo
(La saca de un
cajón.)
Abres, y si no percibes
Ruido ni gente,
sal.
BONIFAZ
¡Bravo!
Hágame Dios invisible
Por las calles; que en el
muro
Ya sé por dónde me tire
Sin peligro.
JIMÉN
Para
darte
Tiempo, si acaso nos piden
Tu persona, haré
que el juez
Toda la casa examine,
Llevándole muy
despacio.
Vete, pues, y no vaciles.
Deja al paso este papel.
(Dándole el que trajo HONORIA.)
Ahí.
BONIFAZ
San Pedro
me libre,
Que fue pescador.
(Entra en la alcoba,
y HONORIA se asoma desde el biombo.)
HONORIA
¿Qué
ha sido
Eso?
JIMÉN
¡Qué!
¿No nos oíste?
HONORIA
No.
JIMÉN
Que
Bonifaz recela
Que la justicia le espíe.
Escena
III
DESIDERIA, JIMÉN; HONORIA, oculta.
DESIDERIA
(Dentro.)
¡Jimén!
JIMÉN
¡Desideria!
(Al oír la voz de DESIDERIA, HONORIA vuelve
a esconderse)
DESIDERIA
(Saliendo.)
El
juez
GARCILLÁN
está aquí, y dice
Que
desea hablar con vos
Un momento, si es posible.
JIMÉN
¿Conmigo a estas horas?
DESIDERIA
Viene
Sin apariencias hostiles;
Quiero decir, sin la ronda.
JIMÉN
¿Sin ronda? (Aparte. El otro belitre
Visiones, de miedo,
vio.)
Sepamos, pues, con qué fines
Me busca. -Pasad.
DESIDERIA
Me
quedo.
JIMÉN
¿Aquí?
DESIDERIA
Si
se me permite.
JIMÉN
¿Para qué?
DESIDERIA
Para
esperaros,
Para saber el origen
De esta venida nocturna
Cuando volváis.
JIMÉN
(Aparte.
No
malicie
Si me opongo.) ¡Ah! bien. Adiós.
DESIDERIA
Traed noticias felices.
(JIMÉN se encamina
lentamente a la puerta; DESIDERIA se llega al balcón
y observa la calle.)
Alguna novedad hay
(Al balcón)
En Segovia. Se distinguen
Muchas luces por las calles.
(JIMÉN, aprovechando la distracción
de DESIDERIA, dobla una hoja del biombo, hace salir a HONORIA,
y ambos se colocan en la puerta.)
JIMÉN
(Aparte
a HONORIA.)
Ahora.
HONORIA
Ve
a referirme
(A JIMÉN en la puerta.)
Lo que el juez
te diga.
JIMÉN
Sí.
(Vase JIMÉN por un lado; HONORIA se oculta
por el otro algunos instantes.)
DESIDERIA
Parece
un anuncio triste
Ese movimiento sordo,
Ese silencio terrible
De los que vienen y van.
¿Qué habrá que así
los agite?
Escena IV
HONORIA, apareciendo
por la puerta del fondo, como si viniera de su cuarto; DESIDERIA.
HONORIA
¿Tú aquí, Desideria?
DESIDERIA
Ha
sido
Que vine a dar un recado
A Jimén: en casa ha
entrado
El juez.
HONORIA
Sí:
ya lo he sabido.
¿Sospechas tú cuál objeto
Aquí a Garcillán le traiga?
DESIDERIA
Un recelo
se me arraiga,
Y tal que con él me inquieto.
¿Habló
por casualidad
La Reina de si se iba
A hacer una rogativa
Pública en esta ciudad?
HONORIA
Sí, porque
paz y concordia
Tenga el reino.
DESIDERIA
Oigo
decir
Que aún hay más por qué pedir
Al cielo misericordia.
HONORIA
¿Sí?
DESIDERIA
Y
es voz de mal presagio
Cuando principia a extenderse.
HONORIA
¿Qué es?
DESIDERIA
Que
comienzan a verse
Los indicios de un contagio.
HONORIA
¡Su
Majestad nos defienda
Del mayor de los azotes!
DESIDERIA
Por eso los sacerdotes
Encargan tanto la enmienda
De las
costumbres, que están
¡Huy! en una corrupción
Espantosa.
HONORIA
Es
ocasión
De volver en sí.
DESIDERIA
Un
volcán
Pisamos, un precipicio
Se abre bajo nuestra
planta.
HONORIA
Un contagio ¿a quién no espanta?
DESIDERIA
¿Te ha encargado algún servicio
La Reina. ¿Para qué
fue
Llamarte?
HONORIA
Benevolencia
Pura: me hizo una advertencia
Útil, y la cumpliré.
DESIDERIA
Como ella plática enjergue,
Dicen que habla
de provecho.
HONORIA
Mañana bajo este techo
No tendrá
Jimén albergue.
DESIDERIA
¿Tan gran novedad ocurre?
(Sonriéndose.)
¡Vaya! ¿Con que?...
HONORIA
¿Eso
te alegra?
DESIDERIA
Así os libráis de la negra
Nota con que se os aburre.
Ello, sí, te habrá
costado
Mucho: las separaciones
Exigen explicaciones...
HONORIA
Pues no se han necesitado.
DESIDERIA
Estará
muy bien resuelto
No darlas; pero en tan crítico
Lance, fuera muy político
No dejar un cabo suelto
Que luego a dar guerra vaya.
En caso tal se cancela
Todo
escrito, y se revela
Cualquier secreto que haya.
HONORIA
¿Cualquier secreto?
DESIDERIA
Es
razón.
HONORIA
Ya: pueden tanto los buenos
Modos...
DESIDERIA
Vaya,
tú echas menos
Alguna revelación.
HONORIA
Cierto.
DESIDERIA
¿De
Jimén?
HONORIA
Pues
ya.
DESIDERIA
¿Tú le rogaste?...
HONORIA
Y
se niega.
DESIDERIA
¡Miren qué gracia! Y ¿qué
alega?
HONORIA
Que si habla, me pesará.
DESIDERIA
¡Oh! como den en ser cautos
Los hombres, todo lo abultan.
Si fuera la que te ocultan
Cosa que constara en autos...
En papeles.
HONORIA
Sí.
¿Qué harías?
DESIDERIA
Aprovechar un momento,
Y hacer un allanamiento
Sin andar en niñerías.
HONORIA
¡Registrar con tan endeble
Motivo!... ¡Idea siniestra!
DESIDERIA
Tú tienes llave maestra
Para toda puerta
y mueble.
HONORIA
Se va mañana.
DESIDERIA
Este
juego
La diligencia lo gana:
Hoy es antes que mañana,
Y ahora es antes que luego.
HONORIA
No, no.
DESIDERIA
Pronto
se escudriña
Lo que hay dentro de un bufete.
A no
ser que...
HONORIA
Basta:
vete
DESIDERIA
¿Si temerás que te riña?
HONORIA
¡Mujer! Por Dios... -Pero dime:
¿Y si hago un descubrimiento
Fatal?
DESIDERIA
¡Qué
presentimiento!
Jimén es hombre sublime:
De su carácter
estoico
Es muy propio colegir
Que así trata de encubrir
Algún rasgo suyo heroico.
HONORIA
Él afirmó
que a excitarse
Entre ambos la disensión,
Haría
esa confesión.
DESIDERIA
Pues, para justificarse.
¿Cuánto va que es una oferta
De una boda ilustre
y rica?
HONORIA
Eso no me perjudica.
DESIDERIA
¿Quedaría
brecha abierta
Quizás en la sucesión?
¿Guardará
algún documento
Que a tu reconocimiento
Hiciera
contradicción?
Eso sí que el ocultarlo
Era
un deber por su parte,
Y a ti podría dañarte
Quizás el averiguarlo.
HONORIA
También por
delicadeza,
Por un escrúpulo urgente
De conciencia,
es conveniente
Procurarse la certeza.
DESIDERIA
(Aparte.
Es mía.) Era aventurar
Mucho; no te lo aconsejo:
Ya me desdigo, y te dejo.
Buenas noches; descansar.
HONORIA
¿Te vas?
DESIDERIA
Antes
que me acueste,
Quiero ver a qué el alcalde
Viene,
que no será en balde.
¡Dios nos libre de la peste!
(Vase.)
HONORIA
Amén. Adiós.
-Tal vez labro
Mi mal; más no hay quien reprima
Tal ansia. Ya se fue: encima
Tengo la llave; entro y abro
(Entra en la alcoba.)
DESIDERIA
Clavado quedó el
arpón:
(Apareciendo furtivamente en la puerta.)
¿Habrá sido bueno el tiro?
Sí; por aquí
no la miro:
Entró en esa habitación.
Tengo
de acechar antojo...
Por la otra puerta, se entiende.
¿Y
si sale y me sorprende
Allí? Pasaré el cerrojo.
El hidalgo desvarío
De Jimén debe acabarse.
¿No empiezan a separarse?
Que los separe un monjío.
(Vase.)
Escena V
BONIFAZ
(Abriendo
con precaución la ventanilla del techo y asomándose
por ella.)
¿A dónde va la trampilla
Esta que por
ver me queda?
Ya estoy: a donde se hospeda
El primo de
la primilla.
Pues por el observatorio
De al lado, si por
lo listo
Que miré no erré, la he visto
A
ella abrir un escritorio.
No hay que pensar por ahora
En
salir a cielo raso;
Nada: hay gente a cada paso
Que transciende
a prendedora.
Quédome en este desván
A pagar
aquí metido
La culpa que han cometido
Raspaseca
y Don Beltrán.
(Cierra la trampa.)
Escena
VI
JIMÉN, DON GARCILLÁN, DON LOPE,
alguaciles, criados; HONORIA, dentro de la alcoba, BONIFAZ,
arriba.
LOPE
La Reina propia me dijo
(A DON GARCILLÁN.)
Que estabais aquí.
GARCILLÁN
Sí,
vine
A dar aviso a Jimén,
Pues me encargan que le
invite
A la junta que esta noche
De pronto ha de reunirse.
JIMÉN
Es favor...
GARCILLÁN
Me
coge al paso.
LOPE
Concurro también.
GARCILLÁN
Asisten
Nobles, médicos, teólogos
Y otras personas
visibles,
Entre ellos un forastero
Que quiere a vos dirigirse:
(A JIMÉN.)
El Doctor Almoravid.
JIMÉN
No
le conozco. -Indecible
Es mi sorpresa: creía
Que
eran temores pueriles
Los del contagio.
GARCILLÁN
No
puede
El hecho contradecirse.
Abundan las pruebas, y antes
Que la ciudad se contriste,
Importa infinito ver
Bien
lo que se determine.
LOPE
Pero antes de todo quiere
La Reina
que se averigüe
Dónde para un Bonifaz,
Que
parece que les sirve
De correo a los rebeldes:
A entrambos
se nos remite
Este encargo, y así traje
Vuestra
ronda que os auxilie
Para prenderle.
JIMÉN
Os
afirmo
Que no es persona temible
Ni culpable: ha visitado
A Honoria, como os previne;
Después se marchó:
veréis,
Si mandáis que se registre
La casa,
que no está aquí.
GARCILLÁN
Haced que
nos autorice
La Condesa con su venia,
Y si ella no lo resiste...
LOPE
Como se trata de un reo
De estado, no es presumible
Que se niegue.
JIMÉN
Ved
mi cuarto
Primero, y luego seguidme
Al de Honoria.
HONORIA
¡Ah!
(Entreabriendo la puerta de la alcoba para salir,
y volviéndola a cerrar al ver gente.)
GARCILLÁN
¿Qué
sonó?
LOPE
Cerraron, sin advertirse
Quién.
GARCILLÁN
¿Puede
esconderse ahí
Bonifaz?
JIMÉN
No
es verosímil.
(Aparte.)
Desideria se quedaba
Aquí:
es ella.
LOPE
¿Se
decide
Que entremos, ya que Jimén
Consiente que
se principie
El registro?
GARCILLÁN
No:
que él entre,
JIMÉN
Bien.
LOPE
¿Él
solo?
JIMÉN
Permitidme,
Don Lope, que os diga...
GARCILLÁN
Entrad:
Amáis al Rey Don Enrique,
Y no negaréis un
hombre
Que se teme que conspire
Contra él.
JIMÉN
Obraré
de suerte
Que esa opinión justifique.
(Aparte.)
Habrá corrido el cerrojo
Bonifaz, y eso le impide
a Desideria salir.
(Llégase a la puerta, levanta
el picaporte y no puede abrir.)
¿Cómo?
LOPE
¿Qué
hay?
GARCILLÁN
¿No
puede abrirse
La puerta?
JIMÉN
Con
llave está
Cerrada.
LOPE
Todo
coincide
Para creer...
JIMÉN
(Alzando la voz.)
Quien
seáis,
Dejad que el cuarto visite
Yo solo. Abrid.
(Entreábrese la puerta y pasa JIMÉN;
BONIFAZ abre la trampilla.)
Jardín de una casa de campo a una legua de Segovia.
Una elevada escalinata en el fondo; a la derecha del espectador
el muro de la casa con ventanas y puerta; a la izquierda
dos pedestales o machones, coronados con una escultura cualquiera,
que indiquen ser aquella la entrada o paso a una calle del
jardín.
Escena primera
JIMÉN,
DESIDERIA, GARCILLÁN, damas y caballeros, todos de
caza.
(Aparecen bajando por la escalinata a la parte inferior
del jardín, donde hay una mesa que varios criados
están acabando de servir. JIMÉN da la mano
a DESIDERIA y trae una saeta en el cinto.)
DESIDERIA
En el jardín se descansa
Hoy de nuestra
cacería;
Con que bajad: no permito
A ninguna que
se vista
Ropa casera, sin que antes
El agasajo se sirva.
Vamos, señores, aquí
Todos: yo mando en mi
quinta.
DAMA 1.ª
Señora Condesa, el Conde
(En tono
de chanza.)
Dar la mano debería
A una huéspeda,
y no a vos,
JIMÉN
Viene de la caza herida...
(De chanza
también.)
DESIDERIA
Y a título de doliente,
Mi buen esposo me mima.
DAMA 1.ª
¿Sentís, en efecto?...
GARCILLÁN
¿Es
algo
Más de lo que parecía?
DESIDERIA
No es
nada, Don Garcillán:
Una saeta perdida,
Tirada desde
muy lejos,
Que ya al suelo se caía,
¿Qué
daño puede hacer? Cuanto
Saltó la sangre.
DAMA 1.ª
Expuestilla
Habéis estado.
DESIDERIA
Eso
es cierto
Haré decir unas misas,
Para dar gracias
a Dios
Que del peligro me libra.
Dame tú la flecha.
(A JIMÉN.)
JIMÉN
Ten.
(DESIDERIA rompe la flecha por medio.)
DAMA
1.ª
¿Para qué es el dividirla
Por la mitad?
DESIDERIA
(A un criado.)
Lucas,
lleva
Este trozo a la capilla
De San Sebastián;
este otro
Lo guardo para que sirva
De memoria del suceso
En casa.
(Da al criado la punta de la flecha y el
criado se va. DESIDERIA clava el otro pedazo en la tierra
de un jarrón.)
JIMÉN
Desearía
Saber quién la disparó.
UN CABALLERO
Es a
la verdad distinta
De las nuestras.
DESIDERIA
Algún
pobre
Cazador sin duda iba
En lo espeso del Pinar
Siguiendo
al corzo la pista:
Tiró la flecha sin vernos;
Y
oyendo después la grita
Que movisteis al mirármela
En una manga prendida,
Calló y se fue.
JIMÉN
Puede.
DESIDERIA
Aquí
Hay fiambres, golosinas,
Frutas, vinos... Cada uno
puede
ver a qué se inclina.
(Siéntase.)
DAMA 1.ª
Señora Condesa, ya
Que Segovia queda limpia
De la
peste, ¿cuándo vemos
El Azoguejo?
DESIDERIA
¿Qué
prisa
Corre? Estamos a una legua:
El día que se
decida,
Pasamos.
GARCILLÁN
Es
mi cuñada
Leonor algo antojadiza,
Y quiere saber...
DAMA 1.ª
Queremos
Todas saber mil noticias.
¡Tanto luto como habrá,
Tanta herencia repentina!...
DESIDERIA
Lo pensaremos.
DAMA
1.ª
Cuidado,
Que a la primera visita
Que hagáis a Honoria, yo
quiero
Ir en vuestra compañía.
DAMA 2.ª
Y
yo también.
DAMA 3.ª
Y
yo.
TODAS LAS DAMAS
Todas.
JIMÉN
Anda hace tiempo enfermiza
¿No te escribe eso?
DESIDERIA
Pues.
DAMA 1.ª
Hoy
Es ella la maravilla
De Segovia.
GARCILLÁN
Le
llamaban
Antes la santa novicia,
Y ahora la santa madre
Honoria.
DAMA 2.ª
Dios
la bendiga,
Porque a ella sola se debe
Que mil infelices
vivan.
JIMÉN
Ella dio de sus riquezas
Una parte muy
crecida
En favor de los dolientes
Que la epidemia sufrían.
Ella sugirió al Obispo
Que se hiciese enfermería
De mujeres su convento.
GARCILLÁN
¡De qué
modo hizo asistirlas,
Aunque no mandaba, pues
No quiso
la prelacía
De la fundación! Os debe
Dar
orgullo vuestra prima.
DESIDERIA
Seguro: yo en especial
Le estoy muy agradecida.
Me casó, dejó a mi
esposo
Todo lo que no podía
Quitarle, cediendo el
vínculo...
JIMÉN
¡Condesa!
(Aparte a ella.)
DAMA 1.ª
Ahí
va esa píldora.
(Aparte a GARCILLÁN.)
GAR.,
CAB. y DAM
La madre Honoria es un ángel.
DESIDERIA
(Aparte.)
¡Qué enfadosa letanía
De elogios!
GARCILLÁN
Curas
se cuentan
A su cuidado debidas,
Que a milagro se atribuyen.
DESIDERIA
¿De ella o de la medicina?
Debe tenerse presente,
Señores, que allí asistía
Ese Doctor
a quien nadie
Conoce y todos admiran.
GARCILLÁN
¿El
doctor Almoravid?
DESIDERIA
Que parece de familia
Mora,
como su apellido.
Seco, alto, cara cetrina,
Pronunciación
extranjera
Y unos ojos que intimidan.
JIMÉN
Cierto,
es hombre misterioso.
DESIDERIA
A mi casa vino un día;
Me hizo una pregunta o dos
Sobre dónde fui nacida
Y educada; respondí;
Se le escapó una sonrisa
Como de burla o disgusto,
Y va y me pide en seguida
Que
en el convento de Honoria
Le procure una entrevista
Con
ella.
GARCILLÁN
¿Con
ella?
DAMA 2.ª
Es
raro.
GARCILLÁN
¿La vio?
DESIDERIA
Sí.
GARCILLÁN
¿Y
qué le quería?
DESIDERIA
Eso... los dos lo
sabrán;
Pero es tanta la malicia
De las gentes...
JIMÉN
¡Desideria!
DAMA 1.ª
¿Qué? ¿Qué es eso?
(A DESIDERIA con
sencilla curiosidad.)
DESIDERIA
La
porfía
Del Doctor, en verla cada
Vez que se lo permitían,
Hizo pensar...
DAMA
¿Con
que dio
En hablarla?...
DESIDERIA
Y
disuadirla
De ser monja.
JIMÉN
Mas
Honoria
Rechazó sus tentativas.
DESIDERIA
¿Lo niego
yo?
DAMA 2.ª
¿Es
el Doctor
Amante de la monjita?
JIMÉN
No lo creáis.
DESIDERIA
La
primera
Soy yo que la santifica.
Solo que como el doctor
Almoravid prefería
Él asistir a las madres,
Hay infinitos que opinan
Muy poco piadosamente
De su presencia
continua
En el monasterio: en fin,
Murmuraciones...
JIMÉN
(Levantándose.)
Mentiras.
DESIDERIA
Mías no son.
JIMÉN
Estas
damas
Querrán quitarse de encima
el traje de caza.
DAMAS 1.ª y 2.ª
Sí.
DESIDERIA
Ya veis que mi esposo os cuida.
No os detengáis.
GARCILLÁN
(A la DAMA 1.ª)
La
Condesa
Tiene una lengua de víbora.
DAMA 1.ª
Sí;
mas, ¿por qué no hace Honoria
Que a ese Doctor le
despidan?
(Vanse GRACILLÁN, las damas y los
caballeros.)
Escena II
DESIDERIA, JIMÉN.
JIMÉN
¡Muy bien! ¡Os portáis, señora!
¿Con que ello no ha de bastar
Orden ni ruego a enfrenar
Vuestra lengua detractora?
En un estado brillante
Os veis
por esa mujer:
Os dio por satisfacer
La envidia vuestra,
su amante;
La gala que lleváis puesta
Es suya, ¡y
no os contentáis,
Que aún su opinión
envidiáis,
Que es sólo lo que le resta!
DESIDERIA
¡Qué acusación tan fogosa!
Yo siento haberte
enojado:
Perdona si he blasfemado
Un momento de tu diosa,
Y alaba la bizarría
Menos de la noble dama,
Que
si conserva su fama,
Le cuesta un poco a la mía.
Si contigo me casé,
A Honoria libré de afrenta,
Porque aquello fue una venta
En que, es verdad, yo gané;
Mas desde que nos ha unido
El cura, si bien atiendo
A
mi porte; no comprendo
Que conmigo hayas perdido.
JIMÉN
Era sobrado excusada
Para tu abono esa arenga:
Cualquier
mujer que yo tenga,
Bien sé que ha de ser honrada.
Pero tu denigrativa
Comezón, ya me disgusta:
Sé,
pues, con Honoria justa,
Ya que no caritativa.
No creas
que no penetra
Tu esposo tus intenciones:
Cualquier plan
que te propones,
Te lo conozco a la letra.
DESIDERIA
Tu
gracia divinatoria,
¿Sabe por qué vegetar
Quiero
aquí?
JIMÉN
Por
no escuchar
Las alabanzas de Honoria.
DESIDERIA
Cabal: oír
ensalzarla
Tanto, aburría. -No entro
Más
en Segovia, si dentro
Queda Honoria.
JIMÉN
¿Irás
a echarla
De su convento?
DESIDERIA
Soy
terca,
Si mi bienestar padece:
La rival que me obscurece,
Yo no la quiero tan cerca.
¿No hay conventos a millares
Donde viva sosegada
Una virgen consagrada
Al culto de
los altares?
Vaya su camino arriba,
Y hasta el cielo se
remonte,
Con tal que yo en mi horizonte
Ni la sienta ni
perciba.
Y luego que, en realidad,
Sólo el doctor
afianza
Que la cure una mudanza
De aires de su enfermedad.
JIMÉN
¿Se le agravó la dolencia?
DESIDERIA
Un poco.
JIMÉN
¡Y
sin ver su escrito,
Por bien de paz, te permito
Llevar
la correspondencia!
¡Oh vergonzosa desidia!
Mira si partir
prefieres:
Yo voy a Segovia.
DESIDERIA
¿Y
quieres
Que no tenga a Honoria envidia?
Parte, sube en
tu alazán,
Cruza el camino volando,
Y déjame
devorando
Celos que me matarán:
Harto ha que me
persuadí
Que de mí prófugo vives,
Y que aunque no ves ni escribes
A Honoria, tu alma está
allí.
Solamente en ella piensas,
Y en su efigie
idolatrando,
Mi cariño estás pagando
Con
celos que son ofensas;
Y no miras lo que excede
La pasión
de que hago alarde,
Al amor de una cobarde
Que se encierra
y te me cede.
A mí no se me enclaustrara
Si en su
puesto hubiera estado:
Yo a mi rival, del trenzado
La hubiese
llevado al ara.
La razón aquí me inspira
Que mi violencia modere:
Mujer a quien no se quiere,
Malogra
el llanto y la ira.
Me dirijo a un hombre cuerdo
Capaz
de considerar
Que nos importa marchar
Ambos de común
acuerdo
Bien que morisca y bastarda
Exigente y caprichosa,
Desideria, que es tu esposa
De ti respetos aguarda.
Para
que de un día hermoso
Recibamos los reflejos,
Trasládese
Honoria lejos;
Y de que en nuestro reposo
No verás
hora turbada,
Por fiadora te salgo.
Si conozco yo que valgo
Menos, y a su vista, nada.
En fin, aunque una merced
De
rival debe dolerme,
Ella te mandó quererme:
Cúmplamelo
vuesarced,
Y no pediré tenaz
La ausencia con que
te asedio:
Mientras tanto, ese remedio
Es el único
eficaz;
Y por esta convicción,
Contento con tu indulgencia,
Ya di alguna providencia
Relativa a traslación.
JIMÉN
Veo, por más que ingeniosa
Te me vengas
vindicando,
Que por la envidia empezando,
Concluyes en
ser celosa.
¡Buena prenda has descubierto
Para vivir sin
disputa!
Será preciso una gruta
Ir a buscar al desierto:
En cualquier otro retiro
Damas hemos de encontrar,
y te
vas a accidentar
Si una me mira o la miro.
Bien: mi noble
proceder
Te servirá de lección:
A ver, según
mi opinión,
Si el marido hace mujer.
Que deje se
tratará
Su pacífica morada
Honoria, y bien
apartada
De ti se la llevará.
Mas si soy condescendiente
Así, cuenta no me apures;
Cuenta que de ella murmures,
Ni aun que tu boca la miente;
Que si llegas a irritar
Al que tu bien te aconseja,
La celda que Honoria deja
Tú
la puedes ocupar.
DESIDERIA
Para indicarme un deber,
No
es preciso amenazarme.
(Aparte.)
Lo veo: no podrá
amarme
Mientras viva esa mujer.
Escena III
DON LOPE, de camino; dichos.
LOPE
¡Ah de casa! ¡Hola!
JIMÉN
¡Don
Lope!
Recibid mi bienvenida.
DESIDERIA
¿Qué tal venís
de Madrid?
LOPE
Bueno. A Segovia volvía
Y quise veros.
DESIDERIA
Veréis
Otros amigos y amigas.
JIMÉN
(A DESIDERIA.)
Manda
que dispongan...
DESIDERIA
Voy
Al instante.
(Vase.)
LOPE
Juraría
Que os llega otro huésped.
JIMÉN
¿Quién?
LOPE
A la entrada de la villa
El doctor Almoravid
Está.
JIMÉN
¿El
Doctor?
LOPE
Y
ya había
Pasado adelante; pero
Una de las averías
Propias del viaje, parece
Que a retroceder le obliga.
Ello es que una gran porción
De gente va dirigida
A una litera parada
Debajo de unas encinas.
JIMÉN
El Doctor es buen jinete:
Supongo que no vendría
En litera.
Escena IV
DESIDERIA, DON GARCILLÁN,
damas, caballeros, JIMÉN, DON LOPE.
DESIDERIA
Vedle
allí.
TODOS
¡Don Lope!
LOPE
Señoras
mías,
Señores... ¡Qué buen encuentro
Me proporciona mi dicha!
Leonor, Garcillán, Vitoria,
Bien hallados.
VOCES
(Dentro muy lejos.)
¡Viva!
¡viva!
DESIDERIA
¿A qué será esto?
VOCES DENTRO
Allí,
allí.
Escena V
BONIFAZ, dichos.
BONIFAZ
Dios guarde a la compañía.
DESIDERIA
¡Bonifaz! ¡Tú por acá!
BONIFAZ
Señora,
soy espolista
De una amiga vuestra.
DESIDERIA
¿Quién?
BONIFAZ
¿Quién ha de ser, voto a cribas?
¿Por quién
puedo yo emplearme
En funciones tan indignas,
A no ser
Honoria?
TODOS
¡Honoria!
DESIDERIA
Ya. ¿Con que esa vocería?...
BONIFAZ
Es
por ella. ¡Qué! Si está
Alborotada la villa
De gozo, de gratitud,
De... Pues ¡y cuándo salía
De Segovia! Pero viene
Tan mala la pobrecilla...
TODOS
¿Viene enferma?
BONIFAZ
Pues
si no,
¿Para qué se pasaría
A otro monasterio?
JIMÉN
¡Cielos!
DAMAS
Corramos a recibirla.
BONIFAZ
Ya entrábamos
en el bosque;
Mas se sintió acometida
De un accidente,
y paramos
A ver si se tranquiliza.
DAMA 1.ª
Vamos a ver
a la santa.
TODAS
Vamos.
DESIDERIA
¡Oh
qué algarabía!
(Aparte.
¡Honoria aquí!) Reparad
Que está enferma; no aturdirla
Con voces: una emoción
Fuerte le será nociva.
Jimén, ¿no vienes?
JIMÉN
(Aparte a DESIDERIA.)
Lograste
Por fin lo que pretendías:
De Segovia sale.
DESIDERIA
Sí,
Y viene a mi casa misma:
¡Logro bastante!
GARCILLÁN
(A DON LOPE.)
Aguardad
Vos.
JIMÉN
(Aparte.)
¡Cuánto temo su vista!
(Vanse DESIDERIA, JIMÉN,
BONIFAZ, las damas y caballeros.)
UNA VOZ
(Dentro.)
Que se abran todas las puertas
De los jardines.
MUCHAS
VOCES
(Dentro.)
Abrirlas.
GARCILLÁN
Ya viene.
(Van saliendo aldeanos,
aldeanas y niños por la izquierda, y criados por la
puerta de la casa, todos los cuales van colocándose
a los lados de la escalinata, a la puerta o en las ventanas.)
VOCES DE LOS QUE SALEN
Aquí estamos bien.
LOPE
Al jardín se precipita
Todo el pueblo.
BONIFAZ
(Dentro)
Coged
flores:
Lo manda el amo.
GARCILLÁN
¡Sencilla
Demostración, pero bien
Justa y significativa!
UNOS
¡Viva nuestra madre Honoria!
OTROS
¡Viva muchos años!
TODOS
¡Viva!
Escena VI
HONORIA, sostenida en una hermana
lega, y acompañada de un religioso; DESIDERIA, JIMÉN;
damas, caballeros, pueblo; DON GARCILLÁN, DON LOPE.
(Al aparecer HONORIA en lo alto de la escalera, los
aldeanos tiran las gorras al aire; las aldeanas arrojan flores
al suelo, y todos se hincan de rodillas conforme va descendiendo.)
HONORIA
Levantaos por Dios. -¿Qué se reserva
Para Aquel que nos ve desde la altura,
Si ante una miserable
criatura
La rodilla dobláis? Indigna sierva,
Quise
ambiciosa de renombre vano
Socorros dar a la ciudad doliente;
Fue falsa caridad, y justamente
Dios me castiga con mi
fin temprano.
GARCILLÁN
Viviréis, viviréis.
HONORIA
Si
mi existencia
Lejos de mi convento finaliza,
Sólo,
padre, mi pecho tranquiliza
(Al religioso.)
Que lo dejé
por vos, por obediencia.
Mas ya que de mi celda desterrada
El pie de nuevo por el mundo traigo.
La dicha tengo de
que en brazos caigo
De aquella amiga con quien fui criada.
Ven, Desideria, ven: ¿dónde te has ido?
Vea tu rostro
yo, que me comprende.
¡Cuán feliz has de ser si el
cielo atiende
Los ruegos que por ti le he dirigido!
Hay,
Desideria, un vínculo precioso
Entre las dos que
nuestras almas liga,
¿Cómo?... Empiezo a sentir nueva
fatiga.
¿Cómo no me presentas a tu esposo?
DESIDERIA
Mira a mi esposo aquí.
JIMÉN
Tu
amigo tierno.
(¡Cielos! ¡cuánto dolor leo en su frente!
Aparte.)
HONORIA
(Aparte.)
Le miraré, pues ya
el Omnipotente
Calmó el afán que imaginaba
eterno.
(Alza los ojos para mirarle.)
Jimén... vengo
por fin a ser testigo...
(Aparte.
No sé qué
turbación involuntaria
Me priva de la fuerza necesaria...)
Jimén... nos une Dios... Él sea conmigo...
(Se siente desfallecer.)
JIMÉN
¡Honoria!...
DESIDERIA
Se
desmaya.
HONORIA
Aturdimiento
(Esforzándose a serenarse, pero sin poderse sostener.)
Del viaje, nada más.
DESIDERIA
(Aparte.
Fingir no
pudo.
Ella le ama también: ya no lo dudo.)
Esposo,
dirigidla a mi aposento.
(Vanse HONORIA, JIMÉN,
el religioso, el pueblo y algunas damas y caballeros; otros
se quedan.)
Escena VII
DESIDERIA, DON GARCILLÁN,
DON LOPE; damas, caballeros.
DESIDERIA
(Aparte.
Lleva
testigos: bien puede
Acompañarla Jimén.)
Se cumplió vuestro deseo:
(A la DAMA 1.ª)
Ya lograsteis
conocer
A la santa religiosa
Que inspira tal interés.
GARCILLÁN
Es un entusiasmo justo:
El aplauso que
se dé
A la virtud, es estímulo
Que la puede
promover.
DESIDERIA
Todo requiere fortuna.
Don Garcillán
siempre fue
Apasionado de Honoria.
GARCILLÁN
Cierto;
pero ¿no es cruel
El ver a esa criatura
Enferma?
DESIDERIA
No
os asustéis:
Me parece que su mal
No es cosa muy
de temer.
La presencia de su primo
Quizá la cure:
es muy buen
Específico la vista
De un deudo fino
y cortés.
Escena VIII
BONIFAZ, por
la escalinata; dichos.
BONIFAZ
(Aparte.
¡Para buen
asunto el médico
Me ha venido a detener!)
Señora...
(Aparte. ¡Jesús! ¡Qué lance!
Se armará
aquí una Babel.)
DESIDERIA
¿Qué hay, Bonifaz?
¿Quieres algo?
BONIFAZ
Lo diré a solas.
DESIDERIA
Después:
Antes di, ¿cómo es que vienes
Con Honoria?
BONIFAZ
Me
arruiné;
Digo, me arruinaron. Cuando
Salí
del arresto aquel
Para Sepúlveda, había
Producido
un somatén
La noticia del contagio.
Voy a entrar.
¡Dios de Israel!
Cien paisanos míos, hecho
Cada
uno un lucifer,
Gritan que traigo la peste,
Que no se me
da cuartel.
Los arengo; no consigo
El poderlos convencer;
Viene una razón de a libra
Y me santigua una sien;
Huyo, declara el concejo
Que contagiar intenté
La población, y aplicándome
Su vil codicia
por ley,
Me lo venden todo, y quedo
Per istam sanctam,
amén.
DESIDERIA
¡Hombre! ¡Qué calamidad!
GARCILLÁN
Se puede ahora poner
Una demanda...
BONIFAZ
A
Segovia
Me volví, echando la hiel,
Y dije: «No pesco
ya,
No; pero yo cazaré.»
Allá en la ronda
de afuera
Ballestero quise ser:
Paró en la ciudad
la peste,
Y al cesar, picó también
Dentro
de mi pueblo; un día
Vino a Segovia a vender
Frutas
el de la pedrada,
Y pagómela, pardiez.
DESIDERIA
¿Cómo?
BONIFAZ
Se
empeñó en entrar;
Me opuse, instó;
y a las tres
Advertencias, cogí el arco
Y una jara
le fleché.
DAMAS 1.ª y 2.ª
¡Qué horror!
BONIFAZ
La
orden era esa:
Yo cumplí con mi deber.
DESIDERIA
Tiro tan cercano...
BONIFAZ
Como
Era yo arquero novel,
Primero que los avíos
Aquéllos
acomodé,
Ya el otro estaba de mí
Lo menos
a veintiséis
Pasos.
DESIDERIA
¡Ah!
de esa manera
Sólo le pudiste hacer,
Si le acertaste,
una herida
Leve.
BONIFAZ
Cuanto
le toqué:
Se iba riendo; con todo,
Rió por
última vez.
DESIDERIA
¡Calle! Pues ¿qué?...
BONIFAZ
Es
un secreto
De la ronda.
DESIDERIA
¿Correré
(Dirigiéndose en tono de chanza a las damas.)
Peligro
por el flechazo
Que hoy me tiró no sé quién?
BONIFAZ
¿A vos?
DESIDERIA
Sí,
junto al camino.
Jimén se empeñó en
traer
La saeta: ve allí un trozo.
BONIFAZ
¡El arcángel
San Miguel
(Aparte examinándola.)
Me asista!
DESIDERIA
No
la conoces,
Verdad?
BONIFAZ
(Aparte.
Yo me adelanté
Dos horas con el Doctor,
Y hemos cazado también.)
(Alto.)
¿Tenía el otro pedazo
Una señal?
¿Una B?
DESIDERIA
No hice alto: en la iglesia está,
Si quieres satisfacer
Tu curiosidad.
BONIFAZ
La
tengo
Y bien grande; pero... ved
Que me ha encargado el
doctor
Que a vos, cual amiga fiel
De Honoria, diga un recado.
DESIDERIA
¿Qué doctor?
BONIFAZ
¡Ah!
¿No sabéis
Que el doctor Almoravid
Se halla aquí?
DESIDERIA
¿Se
halla aquí?
BONIFAZ
Pues,
Toma, si acompaña a Honoria.
DESIDERIA
¿La acompaña?
¿Qué tal, eh?
(A las damas.)
GARCILLÁN
Está
enferma y necesita...
DESIDERIA
Que vos la justifiquéis.
¡Cuidado si tiene empeño
En curar a esa mujer
El
tal Doctor!
BONIFAZ
(Inadvertidamente.)
¡Desideria!...
Señora... No deliréis.
(Reparando.)
Precisamente...
Escuchad.
(Hablan aparte DESIDERIA y BONIFAZ.)
DAMA 1.ª
Hijas, principio a temer
Que no es Honoria tan santa
Como
yo me figuré.
GARCILLÁN
Nada en contra de ella
prueban
Indicios de ese jaez.
LOPE
Imprudente siempre ha
sido.
DESIDERIA
(Aparte a BONIFAZ.)
¡Eso dice!
BONIFAZ
Y
que no andéis
Con dilaciones.
DESIDERIA
¡Jesús!
¡Qué compromiso! -Veré
De anunciárselo.
Aquí llega.
BONIFAZ
Sí, si quería coger
El aire. (Aparte.) Le diré a Honoria
Lo que me temo.
(Vase llevándose el pedazo de la flecha.)
DESIDERIA
(A las damas.)
Tened
La bondad de perdonarme:
Aquí sale, como veis,
Nuestra enferma, y he de hablarla
a solas.
DAMA 1.ª
Está
muy bien.
BONIFAZ
Lo que es cierto, no estoy; pero
(Al salir, hablando aparte con HONORIA.)
Al Doctor
le prevendré,
Y corro a la iglesia: está
Lejos, y por no perder
Tiempo, mientras vuelvo a casa,
La campana tocaré.
HONORIA
¿Con que si oigo tocar,
hablo?
BONIFAZ
Si no, no la amedrentéis.
(Vanse
DON GARCILLÁN, DON LOPE, BONIFAZ, las damas y caballeros.)
Escena IX
HONORIAy la religiosa, en la cual
sale apoyada; DESIDERIA.
DESIDERIA
(Aparte.)
¿Cómo
la he de preparar
A la noticia?
HONORIA
Me
alivia
El salir a respirar
El aura olorosa y tibia
Del
jardín. Podéis marchar.
(A la religiosa.)
DESIDERIA
A mi esposo prevenid
Que estoy en este paraje.
(Vase la religiosa.)
HONORIA
Salió a ofrecer hospedaje
Al doctor Almoravid.
DESIDERIA
Tu compañero de viaje.
HONORIA
En verdad que no quisiera
Que a casa nos le trajera.
DESIDERIA
A él parece que le gusta
Sentarse a tu
cabecera.
HONORIA
Ese médico me asusta.
DESIDERIA
Pues sabe mucho el Doctor.
HONORIA
Perdóneme si le
ofendo.
Ha poco me dio un licor,
Y desde entonces sintiendo
Me voy cada vez peor.
Verdad es que lo bebí
Con
tan fuerte repugnancia...
DESIDERIA
¿Por?...
HONORIA
Porque
al Doctor le oí
Decir una extravagancia
Que es blasfemia
para mí.
DESIDERIA
¿Cuál?
HONORIA
Hablando
de mis votos,
Dijo: «Poca es mi pericia
En esto; mas con
justicia
Me atrevo a dejarlos rotos
Sin dispensa pontificia.»
Me irritó aquella impiedad.
DESIDERIA
Supongamos
que lo fuera,
Y no una vulgaridad:
Yo no creo que perdiera
Por ello su habilidad.
Sé con el docto varón
Más tolerante, hoy que tienes
Esa gran satisfacción
Digna de mil parabienes.
HONORIA
¿Cuál?
DESIDERIA
Tu
triunfal procesión.
HONORIA
Más vale el placer
de hallarte
En este segundo Edén
Feliz con tu esposo.
DESIDERIA
En
parte
Lo soy; mas puedo mostrarte
Mujer más dichosa.
HONORIA
¿Quién?
DESIDERIA
¿Quién? El lucero que brilla
En Segovia,
y es el pasmo
De gente docta y sencilla,
Que no duda en
su entusiasmo,
Inclinarle la rodilla.
HONORIA
Basta.
DESIDERIA
Oye
la distinción
Entre ambas, y di si es leve:
Un pueblo,
media nación
Te ama, y a mí ni el que debe
Amarme de obligación.
Si ocurre que Jimén
pierda
Su frialdad lo que baste
A que conmigo malgaste
Un halago, es que se acuerda
De que tú se lo mandaste.
Yo entre sedas y entre alhajas,
Tú en humilde desaliño,
Dime si no me aventajas,
Pues vivo de las migajas
Que
sobran de tu cariño.
HONORIA
Mucho en verdad me entristeces
Con la nueva que me das;
Pero ¿y si acaso mereces
Todas
esas esquiveces
Que ponderándome vas?
Yo casi a
creer me inclino,
Conociendo el noble y fino
Corazón
de tu consorte,
Que la culpa de su porte
La tenga tu poco
tino.
A poder mi voz lograr
Que tu pecho desampare
La
propensión a envidiar,
Como a él le puedo
mandar
Que sus desdenes repare,
Santuario esta vivienda
Hicierais de paz los dos;
Mas ya que de mí no penda
Que ella a vosotros descienda,
Puedo implorarlo de Dios.
Haz tú de ti más caudal;
Mira lo que has
adquirido,
No lo que goza tu igual;
No canses a tu marido,
Y no hables de nadie mal.
Nuestro loco devaneo
Los objetos
hermosea
En que se fija el deseo:
La posesión vuelve
feo
Cuanto engalanó la idea.
Y no fuera muy extraño
Que examinando con pausa
Si hay en tus celos engaño,
Sólo fuera cierto el daño
Siendo aparente
la causa.
Yo los tengo por un sueño,
Si de Jimén
por mí juzgo,
Y sostendré con empeño
Que, pues mi pecho sojuzgo,
Él será del suyo
dueño;
Y de su pasión primera
Ya ni vestigio
existiera,
Si tu insano frenesí
Haciéndole
no estuviera
Siempre acordarse de mí.
DESIDERIA
¿Con
que, según decidiste,
Queda por cosa sentada
Que
en mí tan solo consiste
Si yo no soy la casada
Más
venturosa que existe?
Creo que lejos del blanco
Tu ingenio
los tiros hizo,
Y así no me satisfizo:
No obstante,
séame franco
Tu labio, y me tranquilizo.
Juzgas
de Jimén, atenta
A que tú vives en calma;
Y es la razón, a mi cuenta,
Porque parece os alienta
A entrambos a dos un alma.
Yo creeré que he soñado
Todas cuantas amarguras
Por Jimén he devorado,
Si me afirmas y me juras
Que tú nunca le has llorado;
Que con el santo sayal
Contra el amor escudada
En el recinto
claustral,
Nunca has vuelto una mirada
A mi lecho conyugal;
En suma, que esa incidencia
De perder voz y color
De Jimén
a la presencia,
Efecto fue de dolencia
Y no falta de valor.
Con tal, pues, que se me dé
A esta pregunta por
ti
Un sí en respuesta, perdí
Mi temor, y
esperaré
Que Jimén adore en mí.
HONORIA
Por lo mismo que no miente
Mi boca, no estoy dispuesta
A contestar: es patente
Que a una pregunta imprudente
Fuéralo
más la respuesta.
DESIDERIA
No así mi afán
se mitiga:
Cuando callas, con razón
Temes la revelación.
HONORIA
No temo lo que te diga,
Sino la interpretación.
Tomará un día otro sesgo
Tu genial, que hoy
no lo admite;
Y con el tiempo, en desquite,
Día
vendrá en que sin riesgo
El alma en ti deposite.
Si yo de mi enfermedad
Supiera que fallecía,
Toda
la dificultad
Cesaba, y satisfaría
Tu inútil
curiosidad.
Quizá ese día veremos
Pronto.
DESIDERIA
(Aparte.)
Ella
me abre carrera
Para que el anuncio ingiera;
Mas temo...
HONORIA
¿Nos
estaremos
Viendo por la vez postrera?
DESIDERIA
¿Por qué
tan desalentada
Te entregas a la zozobra?
HONORIA
¡Ay! me
encuentro tan postrada...
Quien da esta vida prestada,
Cuando quiere la recobra.
DESIDERIA
Joven eres.
HONORIA
Mi
mal dura
Tanto... ¿Sabes en conciencia
Tú lo que
de mí se augura?
DESIDERIA
Yerra mil veces la ciencia.
HONORIA
Pienso que el Doctor procura
Que el daño
se me reboce.
Dime, por Dios Uno y Trino,
Si es verdad
lo que adivino.
DESIDERIA
(Aparte.
Ella su estado conoce.)
Por Bonifaz me previno
El Doctor...
HONORIA
¿Qué?
DESIDERIA
Me
ha encargado...
HONORIA
Di.
DESIDERIA
No
vayas a creer
Que es caso desesperado.
HONORIA
¿Te puedo
ya responder
(Mirando fijamente a DESIDERIA.)
A lo que me has preguntado?
(DESIDERIA baja los ojos
y calla.)
¡Ah, sí! El riesgo es inminente.
DESIDERIA
No...
HONORIA
Sí:
la muerte me aguarda.
Tu silencio te desmiente.
DESIDERIA
Perdón si fui...
HONORIA
¡Dios
clemente!
¡Venga! la culpé de tarda.
¿Qué
me podrás exigir
Que yo te niegue en albricias
De
venirme a transmitir
La mejor de las noticias
Que pudiera
recibir?
¿Cuando, como aletargada
Con apacible beleño,
Llego a la muerte anhelada,
Como quien se rinde al sueño
Tras fatigosa jornada?
Si antes no te satisfice,
Razón
es que ya sucumba
La resistencia que hice,
Que a la margen
de la tumba
Toda la verdad se dice.
Sí: cuando entre
honor y saña
Tendí al altar la cerviz,
Quedó
en la equívoca hazaña
En mí el amor
cual cizaña
Que no perdió la raíz.
Germen fue emponzoñador
Que, produciendo sus frutos,
Hizo que nunca el dolor
Mis ojos tuviera enjutos
De llanto
consumidor.
Tormenta fue de pujanza
Que amansó con
lentitud,
Hasta que allá en lontananza
Formó
el iris de bonanza
El rayo de la virtud.
Vi entonces la
suavidad
De la ley de mi Hacedor,
Y usé de su libertad,
Amándole a Él por amor
Y a Jimén por
caridad.
Y nunca la frente lacia
Eché en el rudo
terliz,
Sin rogar con eficacia
Para él al Señor
la gracia
De ser contigo feliz.
Que esto y nada más
quedó
De mi pasión a Jimén.
Todo el
deseo murió...
O si no... se convirtió
En
deseo de su bien.
Este afecto permitido,
Este amor enaltecido
Fue del alma dulce pasto,
Con el amor confundido
A Dios,
reverente y casto;
Bien que, por la misma unión,
Tal vez me aterraba austera
La voz de la religión,
Para que no le ofendiera
Con una profanación.
Ya
con el afán termino
Que tuve de poner freno
Al ánimo
de contino,
Porque huyese lo terreno
Y abrazara lo divino.
Ya mi pie firme vadea
El peligroso remanso:
¡Mil veces
bendito sea
Quien después de la pelea
Me premia
con el descanso!
¡Bendito el que, al desatar
Los lazos
de mi existir,
Los aparta sin sentir!
DESIDERIA
¡Ah! ¡Se
te debe envidiar
Hasta el modo de morir!
Añade a
tanto prodigio
Que obrar donde quiera sueles,
Por colmo
de tus laureles,
El sobrehumano prestigio
Con que a tus
plantas me impeles.
(Arrodíllase.)
HONORIA
¡Oh! no.
DESIDERIA
Deja
que humillada
Te ruegue que me perdones...
HONORIA
¿Alguna
culpa olvidada?
DESIDERIA
Mil.
HONORIA
Quiero
excusar cuestiones
Al salir de esta morada.
DESIDERIA
¡He
sido tan criminal!...
HONORIA
Deja mi pecho contrito
En
paz.
DESIDERIA
Ven
donde tu mal
Cuiden.
HONORIA
Sólo
necesito
El médico espiritual.
DESIDERIA
¡Oh! Dios
tu fin no consienta
Cuando desterrada sale
De mí
la envidia sangrienta,
O haga, porque no lo sienta,
Que
una suerte nos iguale;
Y si la sentencia airada
Que sobre
ti dar le plugo
Ser no puede revocada,
La víctima
no manchada
Que muera con su verdugo.
(Tocan a la
lejos una campana.)
HONORIA
¡La campana! ¡Oh Dios!
DESIDERIA
¿Qué
es esto?
¿Quién a estas horas la toca?
HONORIA
(Aparte.)
Es Bonifaz.
DESIDERIA
Ven,
ven presto
A casa.
HONORIA
¡Oh!
no. Dios te ha puesto
Las palabras en la boca.
¡Es nuestro
ser tan precario!
¿Podrás (y esto no te agite)
Dar
el perdón necesario,
Si por yerro involuntario
Hay
quien la salud te quite?
DESIDERIA
¿Quitar la salud has dicho?
HONORIA
Ya ves que hoy te hirieron...
DESIDERIA
¡Oh!
Esto...
HONORIA
Aunque
apenas brotó
La sangre...
DESIDERIA
(Aparte.
¡Monjil
capricho!)
Yo perdono a quien me hirió.
HONORIA
¿Cierto?
DESIDERIA
Cierto.
HONORIA
No
lo olvides,
Y promete obedecerme.
DESIDERIA
¿En qué?
HONORIA
En
curarte.
DESIDERIA
¡Ponerme
En cura!...
HONORIA
Y
no te descuides.
DESIDERIA
¿Pretendes loca volverme?
Yo
manejo brazo y mano
Bien, y siento apenas...
HONORIA
Haz
Cuenta que no hablaré en vano.
DESIDERIA
Recuerdo
el sepulvedano
(Medio para sí.)
Herido por Bonifaz.
¿Me podrá en riesgo poner
Mi herida? ¿Será
creíble?
HONORIA
En esta época terrible
Verías
establecer
Alguna medida horrible,
Jamás usada,
inaudita,
Para que no se extendiera
Por una provincia entera
Un mal que sólo se evita
Cuando y como Dios lo quiera.
DESIDERIA
Sí: tenía en general,
Quien de enferma
población
Fuese a otra libre del mal,
Inmediata
imposición
De la pena capital.
Pero ¿a dónde
me conduces
Con esto? Que me acobarda
El afán que
en mí produces.
HONORIA
Segovia formó una guarda
Que, por falta de arcabuces,
Fue casi toda de arqueros;
Y el jefe quiso lograr
Que en llegando a disparar
Los
tiradores certeros
Al que intentara escapar,
Sin remedio
pereciera
El prófugo brevemente
Solo con que se
le hiriera,
Aunque, herido y todo, huyera
En un caballo
excelente.
DESIDERIA
Y bien...
HONORIA
Cada
flecha dada
Con este fin exclusivo
A la gente asalariada...
DESIDERIA
Por Dios...
HONORIA
Estaba
empapada...
DESIDERIA
¿En qué?
HONORIA
En
un veneno activo.
DESIDERIA
Y la que a mí me ha tocado...
HONORIA
Medio hay que su acción destruya.
Bonifaz
la ha examinado...
DESIDERIA
¿Él?
HONORIA
Y
el toque que ha sonado
Dice que la flecha es suya.
DESIDERIA
¡Suya! ¡Oh Dios!
HONORIA
Sí,
pero espera.
DESIDERIA
¡Suya! ¿No habrá salvación
Para mí?
HONORIA
¿Te
descubriera
Yo el riesgo, si antes no hubiera
Pensado la
curación?
DESIDERIA
¿Tú? ¿Qué me puede
valer
Tu auxilio? (Gritando.) ¡Criados! ¡Hola!
¿Me
dejarán perecer
Sola aquí?
HONORIA
Conmigo
sola
Tienes cuanto has menester.
DESIDERIA
Quita, mujer,
que nació
(Queriendo separarse de HONORIA,
y llevándosela consigo hacia la casa.)
Para
la vergüenza mía.
Tú en mi pena gozas.
HONORIA
¿Yo?
(Soltándola con un movimiento de indignación.)
DESIDERIA
¡Socorro!
(Precipítase por
la puerta del costado derecho.)
HONORIA
Merecería...
(Mira hacia adentro.)
No, no, que se desmayó.
(Va a socorrer a DESIDERIA.)
Escena X
JIMÉN
y BONIFAZ, bajando la escalinata.
BONIFAZ
Que me
perdone.
JIMÉN
¡Oh
Dios! ¡Ambas
Expuestas a perecer!
No vuelvas sin el Doctor.
BONIFAZ
Con sus criados se fue
A ver esas ruinas góticas
Que cerca de aquí se ven.
JIMÉN
¡Honoria!
-Mas antes debo
Acudir a mi mujer.
BONIFAZ
Al recogerse
a los guardas
Las flechas, las entregué
Todas, menos
esa sola
Que yo no debí de ver.
Cruza el venado
el camino...
JIMÉN
Vete.
BONIFAZ
. Me
inspira Luzbel
Que entre en el monte y le ataje;
Le tiro,
¡y vengo a coger,
La saeta envenenada!
Y no hay duda: las
marqué.
La conozco.
JIMÉN
¿Y
se consigue
La ponzoña detener
Del modo que tú
me has dicho?
BONIFAZ
A todo el mundo lo oiréis.
JIMÉN
Basta: corre.
(Vase BONIFAZ.)
Escena XI
JIMEN
Yo
remedio
Tan extraño probaré,
Si me informo
del Doctor,
No me dejará exponer
Mi vida, que juzgará
Llena de venturas él.
Aun mi esposa ha de ignorarlo:
Dormida la curaré.
¡Desideria! Vivirás.
No sabrá bien absorber
Un irracional el tósigo
De tu herida: yo lo haré.
Si muere mi Honoria, quiero
Morir a la par también.
¡Traérmela aquí
a espirar!
¡Dios mío! Es rigor cruel.
¿No adora
mi esposa en mí?
(Con amarga ironía.)
Justo
es mi vida ofrecer
Por ella. Sí: yo el veneno
De
su herida chuparé.
(Se dirige resuelto a la casa,
y en el umbral de la puerta se halla con HONORIA, que le
ha estado escuchando un instante.)
Escena XII
HONORIA, JIMÉN.
HONORIA
Sería ya inútil.
JIMÉN
¡Ah!
HONORIA
Como por dicha has tardado,
Mi labio se ha adelantado:
Salvada tu esposa está.
JIMÉN
¿Tú?...
HONORIA
Cuando
ella en su sentido
Vuelva...
JIMÉN
¡Tú
te envenenaste!
HONORIA
Le dirás que tú sanaste
La herida.
JIMÉN
¡Oh!
No. -¡Te has perdido!
HONORIA
No es culpa de gravedad:
Siempre
de mi mal muriera.
Lo que hoy en ti crimen fuera,
En mí
es generosidad.
JIMÉN
¡Honoria! ¡Y has de dejarme!
HONORIA
Y aun con ánimo gozoso.
Muerta yo, serás
dichoso;
Muerta, podrás olvidarme.
JIMÉN
¡Olvidarte!
(Tiéndele los brazos para sostenerla, porque
la ve apoyarse en una silla; ella le rechaza blandamente.)
HONORIA
Si
hoy de mí
Te apartan mis brazos yertos...
Jimén
con ellos abiertos
Te voy a esperar allí.
(Señala el cielo, y toda trémula se entra en
la casa.)
Vista exterior de las ruinas de un palacio gótico,
las cuales ocupan un tercio del tablado y casi todo el telón
de fondo. En este la puerta principal con dos hojas estropeadas
y endebles; sobre la puerta, una ventana grande, a la derecha
del espectador, y frente a él, otra puerta también
de dos hojas medio carcomidas. Al lado izquierdo, árboles
corpulentos y espesas matas. Es de noche.
Escena primera
DON GARCILLÁN, DON LOPE, damas, caballeros,
un criado con un farol.
GARCILLÁN
En estas ruinas,
aquí,
Sin dársele sepultura,
Quedará
depositada,
Mientras el Obispo juzga
Qué nos corresponde
hacer
En tan ardua coyuntura.
DAMA 1.ª
¡Jesús! ¡Qué
lance!
DAMA 2.ª
¡Qué
escándalo!
LOPE
¿Quién lo imaginara nunca?
DAMA 1.ª
Estaría loca Honoria
Cuando le dio aquella
furia.
LOPE
Mas ¿quién oye lo que dijo
Que no se
aterre y confunda?
Corre la voz de que está
Cercana
de ser difunta
La santa, y el pueblo todo
Acude y la casa
ocupa.
Un desmayo hace que Honoria
La confesión
interrumpa;
Llega el Doctor; da un encargo
Al padre, que
se apresura
A cumplirlo; Almoravid
Queda con la moribunda
Un instante; acude luego
La Condesa, y de su aguda
Voz
llamados, no tan solo
Nosotros, sino la turba
De afuera,
oímos aquellas
Expresiones que espeluznan.
GARCILLÁN
«¡No soy cristiana! ¡No estoy
Bautizada!»
LOPE
Y
aquí anuda
Su lengua la muerte, y rinde
El alma.
DAMA 1.ª
Eso
fue locura,
Fue un extravío; y sostengo
Que sin
razón dificultan
El sepultarla en sagrado.
LOPE
Sabéis
la respuesta pública
Del Doctor, cuando la gente
Le preguntaba confusa.
Dijo que no estaba loca
Honoria;
que era la pura
Verdad cuanto había dicho,
Y que
a él le constaba.
DAMA 1.ª
Y
cruza
La alcoba al decirlo; sale,
Y por más que
el Juez le busca,
(Señalando a DON GARCILLÁN.)
No se le ha podido hallar
Desde entonces.
GARCILLÁN
Esa
fuga
Da motivo de creer
Que es todo tramoya suya.
Pero
es negocio eclesiástico;
Y luego la gente rústica
Que ve así morir a aquella
Mujer a quien se tributa
Veneración como a santa,
Se escandaliza y murmura.
Cuanto más la idolatraron,
Repugnancia más
profunda
Tal descubrimiento causa.
DAMA 2.ª
Si el médico
disimula,
No hay nada.
GARCILLÁN
Pues
la Condesa
Merece menos disculpa.
Si hace al escuchar a
Honoria
Que su confesor acuda
Solamente, y no vocea
Para
que allí se reúnan
Todos, se ignora el suceso
Y el escándalo se excusa.
LOPE
Ya; pero si muere
Honoria
Sin que el escándalo cunda,
Quedaba su nombre
ileso;
Hubiera metido bulla
Su entierro, y vendría
a verle
Media España: era una angustia
Para la rival
de Honoria
Semejante baraúnda.
DAMA 1.ª
¿Con que
la envidia también
Después de la muerte dura?
LOPE
¿Por qué no, si sobrevive
Todo lo que al muerto
ilustra?
GARCILLÁN
Bien pudiera la Condesa
Suspender
el que conduzcan
Aquí el cadáver, teniéndolo
En casa mientras pronuncia
Su fallo el Obispo. Fue
Desde
Segovia a Sepúlveda;
Pero mañana a las diez
Su decisión absoluta
Nos traerá un propio.
DAMA 1.ª
Luces
Allá abajo se vislumbran.
GARCILLÁN
Sí:
vienen ya con el féretro.
DAMA 1.ª
Mirad: ¡es cosa
que asusta!
¡Ni un clérigo!
DAMA 2.ª
¡Ni
una cruz!
GARCILLÁN
No reza nadie.
LOPE
Circundan
El ataúd en silencio.
GARCILLÁN
¡Hoy entre
vítores triunfa,
Y hoy, sin que nadie la llore,
Con infamia la sepultan!
Escena II
DESIDERIA;
aldeanas vestidas de blanco que traen en el ataúd
a HONORIA, vestida también de blanco. Acompañamiento
de duelo. Pueblo, criados con hachas, dichos.
DESIDERIA
Tomad y abrid, ya que es fuerza
(Dando una llave a un criado,
que abre la puerta del palacio.)
Que un triste deber se
cumpla.
Aquí espero que volvamos
Pronto con la pompa
augusta
De la religión a dar
A esa infeliz criatura
Descanso en tierra sagrada,
Que por hoy se le rehúsa.
GARCILLÁN
Sí; pero como personas
Que su crédito
repugnan
Al mal; como agradecidos
A una bienhechora; en
suma,
Como fieles imploremos
De la Inteligencia justa
Piedad para esa mujer
Que con su fin nos conturba.
Señor,
virtuosa siempre
La vimos; de su hora última
No
nos es dado juzgar;
Pero a mí mi fe me anuncia
Que
le abres tu seno tú
Que reinas en las alturas.
(Pausa,
durante la cual oran todos.)
DESIDERIA
Id.
(Entran
el ataúd en las ruinas: síguenle los del acompañamiento.)
LOPE
Jimén
no habrá querido
Ver la traslación nocturna.
DESIDERIA
Pues, y me encargó del duelo.
LOPE
¿Y eso?
(Designando la herida de DESIDERIA.)
DESIDERIA
Novedad
ninguna
Siento en el brazo: el Doctor,
Al tiempo de hacer
la cura,
Me dio por libre de todo
Riesgo.
DAMA 1.ª
Por
vuestra fortuna,
De rozarse la saeta
En la aljaba por la
punta
Tanto tiempo, había ya
Desgastádose
la untura
Del veneno.
LOPE
Si
el Doctor
Sostiene que de su ayuda
No necesitáis,
podéis
Vivir tranquila y segura.
No se engañó
en el pronóstico
Funesto que hoy os enluta.
DESIDERIA
Ya observaría que a Honoria
La mataba la clausura.
Se consumía de pena
Ella de verse reclusa.
GARCILLÁN
Libre fue su vocación.
DESIDERIA
Murió, y es
inoportuna
La reticencia: no importa
Ya que todo se descubra.
Si mi prima tomó el hábito,
Fue porque está
muy en duda
Si su madre ingirió o no
Sangre bastarda
en la alcurnia
Del Conde.
GARCILLÁN
¿Es
posible?
DESIDERIA
Es
cierto.
Y allá cuando la aventura
De prender a Bonifaz,
La dama que estaba oculta
En el cuarto de Jimén
(Aunque yo tuve la culpa),
Era Honoria.
LOPE Y GARCILLÁN
¡Honoria!
DESIDERIA
Allí
Colocada en la estrechura
De quedar sin opinión
La encontré; allí la renuncia
Del mundo y
mi casamiento
Le inspiró el cielo: resulta,
Señores,
que no fue todo
Virtud lo que se gradúa
De tal;
fue interés, deseo
De mantener incorrupta
Su reputación;
en fin,
Lo que se ve en la conducta
De la mujer casi siempre,
Que es vanidad y tontuna.
LOPE
¡Excelente oración
fúnebre!
DESIDERIA
Puede que sea la única
Donde el orador se atiene
A la verdad, y no adula.
(Salen de las ruinas los que entraron, habiendo dejado dentro
las luces.)
GARCILLÁN
Ya salen.
DESIDERIA
Vamos.
Yo es cierto
(Un criado cierra y da la llave a DESIDERIA.)
Que fui mil veces injusta
Con ella, y solemnemente
Lo declaro. Oiga la súplica
De perdón que
le dirijo
A la región donde alumbra
Luz de desengaño
eterna,
Paz que la pasión no turba,
Y desde allí
me verá
Mi compañera de cuna
Reconciliada
con ella
Al fin.
GARCILLÁN
(Aparte.)
Sí:
sobre la tumba,
Cubierta de deshonor,
Donde tu piedad la
insulta.
(Vanse todos.)
Escena III
JIMÉN
Todo se desvaneció:
(Saliendo por entre
los árboles últimos de la izquierda.)
Lúgubre
susurro, luces,
Túnicas blancas, capuces,
Palmas...
ya nada quedó.
En silencio indiferente
Yacen las
ruinas que habita
Allí una beldad marchita,
Aquí
un corazón doliente.
¿Por qué la razón
no ahuyenta
De mí este afán, como anhelo,
Si aun de que pise este suelo
Podrá pedírseme
cuenta?
¡Honoria! No; no esa tez
Han de ver descolorida
Los ojos que allí la vida
Bebieron alguna vez.
No; tu voto me sujeta
Cuando conmigo contiendo:
Como tu
celda viviendo,
Jimén la tumba respeta.
Solo, mi
Honoria, a hurtadillas
He llegado a estos umbrales,
Y de
tus restos mortales
Me despido de rodillas,
Para rogarte,
pues ya
Que te olvide has exigido,
Que tú me des
el olvido,
Pues en mi poder no está.
(Mirando a la
ventana grande sobre la puerta.)
Mas ¿qué es esto?
El resplandor
De las hachas disminuye.
Hielo por mis venas
fluye.
Percibo un sordo rumor.
Detenerse es por demás.
La puerta resiste en vano.
La forzaré.
(Abre la
puerta de una patada.)
Escena IV
Un embozado
con antifaz, que aparece en el umbral de la puerta cuando
JIMÉN va a entrar; dicho.
EMBOZADO
Atrás,
profano.
JIMÉN
¡Jesús
mil veces!
(Retrocediendo.)
EMBOZADO
¡Atrás!
(Retírase el embozado y ciérranse las
hojas de la puerta.)
JIMÉN
¿Ha sido una aparición?
¿Es un viviente? -¿Qué dudo?
Con el estoque desnudo
Arranco tras la visión.
Ningún pensamiento
impío
Me mueve. (Abre.) ¡Nueva sorpresa!
Ya
todo en tiniebla espesa
Está. -¡El ataúd vacío!
¡Qué esperanza! ¡qué recelo!
¡Me la roban!
-Luz se ve
Allí... ¡Oh! No la cederé
Ni a
los ángeles del cielo.
(Entra.)
Escena V
DESIDERIA; BONIFAZ, con un farol.
DESIDERIA
Es inútil, no me niegues
Que hacia aquí se
encaminó
Jimén.
BONIFAZ
Porque
daros pude
Muerte, aunque sin intención,
Tenéis
derecho de hacer
De mí un lacayo, un pastor...
A
todo me avengo, menos
A serviros de soplón.
Ha salido
el Conde, sí:
No sé hacia dónde salió.
DESIDERIA
¡La puerta abierta!
BONIFAZ
¡Caramba!
¿No tenéis la llave vos?
DESIDERIA
¡Apagadas las
antorchas!
Llega con ese farol.
BONIFAZ
¿Qué habrá
ocurrido?
DESIDERIA
¡El
cadáver
No está! Desapareció
De aquí.
BONIFAZ
¡Virgen
de la Peña!
DESIDERIA
No está.
BONIFAZ
¡Virgen
de la Hoz!
DESIDERIA
¿Habrá sido arrebatado,
Por
divina permisión?
¿Habrá?... Jimén
ha venido
Aquí...
BONIFAZ
¿Si
resucitó
Para cristianarse, y luego
Morirse en gracia?
DESIDERIA
El
Doctor
Que se oculta... mi marido...
¡Espantosa confusión!
Ánimo. Da esa luz. Sígueme.
BONIFAZ
¡Por la
madre que os parió
Y no conocéis, no hagáis
Desatino tan atroz!
DESIDERIA
Sígueme.
BONIFAZ
No
entréis, no entréis
En esa horrible mansión.
Aunque os pertenece, ha un siglo
Que no tiene habitador:
Visiones horribles dicen
Que al temerario que entró
Le persiguen sin descanso.
DESIDERIA
¡Cuentos!
BONIFAZ
Quizá
un malhechor,
O muchos, tienen aquí
Su guarida,
y ellos son
Los que el cadáver se llevan
Para que
la población
Se asuste, y huya y no pare
Diez leguas
alrededor.
Volvámonos, reunamos
Toda la gente de
pro
De la villa, y que ellos vengan
A hacer la requisición.
DESIDERIA
Sí, vamos: es más seguro.
BONIFAZ
Más prudente.
DESIDERIA
Loca
voy.
Haré que cerquen las ruinas.
BONIFAZ
Bien: yo
seré un cercador.
(Vanse.)
Escena VI
JIMÉN, tres embozados.
JIMÉN
Bandidos,
no os libraréis.
(Dentro de las ruinas, a lo lejos.)
EMBOZADO 1.º
(Dentro.)
Romped por aquí.
EMBOZADO
2.º
Cedió.
(Ábrense las puertas de la derecha: dentro
de este ángulo del edificio aparecen con antifaces
tres embozados, uno de los cuales tiene un hacha y otro cuida
de HONORIA, que inmóvil como un cadáver yace
recostada en unas gradas.)
Huyamos: estás
herido.
EMBOZADO 1.º
Levemente.
EMBOZADO 2.º
Huye,
señor.
Abandona tu proyecto
Quédese en esta
región
Esa infeliz. O atacar
Todos a Jimén...
EMBOZADO 1.º
¡Qué
horror!
EMBOZADO 2.º
O desistir de llevarla.
EMBOZADO 1.º
¿Y ha de ignorar mi intención?
¿No ha de conocerme
nunca?
¡Ah! todo se me frustró.
EMBOZADO 2.º
Escríbeselo
y salvémonos.
EMBOZADO 1.º
Sé feliz, Honoria.
Adiós.
(Vanse los tres por la derecha.)
Escena VII
HONORIA, sin sentido, y luego JIMÉN,
ambos en el portal que se ve a la derecha.
JIMÉN
(Dentro.)
No saldréis con vuestra empresa:
Ya en
vuestra sangre teñí
La espada. (Sale.)
¡Ah! vencí, vencí:
Abandonaron la presa.
Huyeron. -¡Ay Dios! ni el sello
De la muerte descompone
Su rostro: respeto impone,
Tan candoroso, tan bello.
¿Por
qué profana esa gente
Tu morada mortuoria?
Yo no
sé, yo no sé, Honoria,
Más que te tengo
presente.
¡Ay! aun aquí eres ajena,
Y no me debo
atrever
Ni una lágrima a verter
En tu frente de
azucena.
Y cuando el pecho se parte
Del dolor que le devora,
¡Ay! ¡El solo que te llora
Se esconde para llorarte!
¡Honoria!
-¡Y se ha reducido
A esto la que amaba! -Inerte
Cual piedra...
-¿Por qué la muerte
No nos habrá reunido?
Mucho el premio ha de valer
Que Dios nos ha de guardar,
Para podernos pagar
Tanto y tanto padecer.
Horrible es
que se dilate
Por tanto tiempo el martirio.
¡Santos del
cielo! ¿es delirio?
Creo que su seno late,
Creo notar que
respira.
Querer llevarla robada...
¡Dios mío! No
me persuada
Yo lo que será mentira.
Sienta yo su
mano, sienta
Circular...
(Ásela una mano.)
No,
no es prestigio.
Honoria vive. ¡Oh prodigio!
HONORIA
¡Ay!
(Abriendo los ojos.)
JIMÉN
Honoria
mía, alienta.
HONORIA
¡Ay!
JIMÉN
Gracias,
mi salvador:
Volvisteis por vuestra esposa.
Mírame.
HONORIA
Padre...
me acosa
Una duda.
JIMÉN
El
confesor
Me cree. Soy Jimén.
HONORIA
(Sin comprender
aún.)
Él
Me ha de llevar al abismo.
¿Creeréis... que ahora
mismo...,
Temo quererle?...
JIMÉN
(Aparte.
¡Más hiel
Sobre la herida enconada!)
Calla, que
Jimén lo exige.
Yo soy Jimén.
HONORIA
¡Tú!
¿Qué dije?
¿Por ventura?...
JIMÉN
Nada,
nada
Ni lo sientes ni imaginas,
Ni lo creo: no pensemos
En esto; pensar debemos
En que salgas de estas ruinas.
HONORIA
¿Ruinas? Cierto: no descubro
La ostentosa colgadura
Del cuarto. ¿Qué vestidura
Es ésta con que
me cubro?
¿Dónde estoy? No es esta ropa
La de mi
Orden.
JIMÉN
A
mejor
Ocasión diré...
HONORIA
El
Doctor
Al presentarme una copa,
Si no confundo el sentido,
Me anunció...
JIMÉN
¿Qué
te decía?
¿Qué?
HONORIA
Que
se me creería
Muerta. ¿Si lo habréis creído?
JIMÉN
Sí, sí.
DESIDERIA
(Dentro.)
A
este punto acudid.
JIMÉN
De Desideria es la voz
Que
oigo.
HONORIA
Búscame
veloz
Al doctor Almoravid.
Él un horrible alboroto
En mi razón ha excitado;
Él es el que se
ha empeñado
En que era nulo mi voto.
Escena
VIII
DESIDERIA, DON GARCILLÁN, DON LOPE, y
caballeros con espada en mano; pueblo, damas.
GARCILLÁN
Los que huyen no se la llevan.
DESIDERIA
Aquí debe
estar.
JIMÉN
¡Miradla!
(Saliendo con HONORIA.)
TODOS
¡Milagro!
DESIDERIA
¡Vive!
¿Es verdad?
JIMÉN
El cielo quiso salvarla.
(Las damas llegan a sostener a HONORIA, y la traen a un lado
de la escena, donde hay unos trozos de las ruinas sobre los
cuales se sienta.)
Yo la liberté de manos
De unos viles que intentaban
Llevársela.
DESIDERIA
¿Y
quiénes eran?
JIMÉN
A ninguno vi la cara.
GARCILLÁN
Ya los persiguen. Honoria
Pudiera indicarnos...
DESIDERIA
Habla,
Honoria.
HONORIA
Nada
comprendo.
Habláis de robo, con arma
Venís...
El Doctor podrá
Daros alguna luz.
DESIDERIA
Falta
Del pueblo.
JIMÉN
(Aparte.)
Debió
ser él
A quien di la cuchillada.
DESIDERIA
¿Recuerdas,
Honoria, habernos
Dicho que no eras cristiana?
HONORIA
Sí.
¡Qué horror!
GARCILLÁN
Deliraríais
Entonces.
HONORIA
No
deliraba,
No.
JIMÉN
¿Cómo?
HONORIA
Jura
el Doctor
Que yo he sido bautizada
Con agua de flores.
GARCILLÁN
Era
Nulo el bautismo. Sin agua
Natural no hay sacramento.
LOPE
Pero el decirlo no basta.
JIMÉN
Debería darnos
pruebas
El Doctor.
HONORIA
Me
ofreció darlas.
DESIDERIA
Y no lo ha cumplido, y huye,
Con ser la cuestión tan ardua.
HONORIA
¡Oh! Si ha
mentido, es un monstruo:
Por poco el susto me mata.
DESIDERIA
No temas: tu enfermedad
También será imaginaria.
HONORIA
¿También?
DESIDERIA
A
favor de pócimas
Para que te desmayaras,
Habrá
logrado el Doctor
Que tú de Segovia salgas,
Para
simular tu muerte
Fuera del claustro.
HONORIA
¿Qué
causa
Pudiera el Doctor tener?...
DESIDERIA
Eso cualquiera
lo alcanza.
JIMÉN
¡Desideria!
DESIDERIA
Ya
es forzoso
Creer que el Doctor te ama.
HONORIA
¡Oh! vergüenza!
JIMÉN
¿Piensas?...
DESIDERIA
(A JIMÉN.)
Pienso
Que como la circunstancia
De nulidad del bautismo
Los
votos invalidaba
De Honoria, quiso el Doctor
De esta manera
engañarla,
Para que se figurase
Que podía
ser casada.
HONORIA
¡Casada!
DESIDERIA
Y
comprometerla
Con el rapto a ello.
HONORIA
Calla,
Que es un puñal para mí
La menor de tus palabras.
DESIDERIA
Yo no te culpo.
HONORIA
Me
culpa
La suposición, me ultraja,
Sí; que
todos creerán
Que para usar esa traza
De robar una
mujer
Ella debió autorizarla.
Mejor sabes tú
que nadie
Que es imposible que amara
Yo más que
a un hombre... que a Dios...
No sé qué digo:
se abrasa
Mi frente, y a un tiempo juicio
Y paciencia se
me acaban.
Si puede hallarse al Doctor,
Si lo que afirma
se aclara,
No volveré yo al convento,
Cuyos muros
no me salvan
De calumnias afrentosas
Y traidoras asechanzas.
Abrazar no quiero vida
Que tantos me hacen amarga,
Ni
imponerme obligaciones,
Pues no me dejan guardarlas.
DESIDERIA
Honoria es muy concienzuda,
Y no olvidará la carta
De su padre.
HONORIA
¡Oh
Dios! ¡Qué dije!
Fuerza es que mis votos vaya
A
renovar en el claustro.
(Mi padre y su honor lo mandan.
Aparte.)
Escena última
BONIFAZ, el
EMBOZADO 1.º con un brazo vendado, aldeanos armados; dichos.
BONIFAZ
Cuidado, que no se escape.
EMBOZADO
Dejadme
paso, canallas.
(Se descubre.)
TODOS
¡El doctor Almoravid!
DOCTOR
Yo soy: así se me llama,
Y ese es mi oficio
y mi origen:
Mi nombre cierto es Audalla.
TODOS
¡Un moro!
DOCTOR
Cabal:
un moro
Noble y rico de Granada.
JIMÉN
Estáis
herido: vos sois...
DOCTOR
Soy el que a Honoria robaba;
Soy el que le dio a beber
Una poción que aletarga;
Soy el que para evitar
Que viva la sepultaran,
He descubierto
que fue
Con engaño bautizada.
HONORIA
Pero ¿es verdad?
DOCTOR
Me
lo ha dicho
Tu madre... que fue mi hermana.
HONORIA
Es imposible.
DOCTOR
Era
mora.
DESIDERIA
¿Mora?
DOCTOR
Sí.
-Fue cautivada
Niña; a Segovia trajéronla;
Prendó a su señor la esclava;
Murió
aquel sin que los vínculos
Del amor legitimara;
Y firme ella en su creencia
(Cual buena mahometana),
Al
dar a luz una hija
Cuya vida peligraba,
Para no imprimirle
el sello
Que al nazareno señala,
Mandó que
un siervo ignorante
La frente infantil regara
Con agua
de olor.
BONIFAZ
¡Huy!¡Qué
Mora tan mala cristiana!
DOCTOR
Supimos de ella; partí
Y la conduje a la patria;
De la hija, ya en secreto
A
San García enviada,
El nacimiento calló;
Fue luego esposa Zoraida,
Y ya es polvo.
DESIDERIA y HONORIA
¿Ha
muerto?
DOCTOR
Sí.
Al morir me lo declara
Todo y me entrega papeles,
Para
que venga en demanda
De mi sobrina: la encuentro,
Y viéndola
tan fanática
En su fe postiza, tuve
Que apelar para
llevármela
A ese medio extraño.
HONORIA
Estáis
En un error.
DESIDERIA
La
bastarda
Hija de mora, soy yo.
JIMÉN
Sí.
DOCTOR
Quien lo crea se engaña,
Tú, cuya insaciable envidia
(A DESIDERIA.)
Despuntó
desde la infancia,
Codiciosa de la joya
Que al cuello Honoria
llevaba,
Cual otra tú, precisaste
A tu nodriza a
trocarlas.
TODOS
¿A trocarlas?
DESIDERIA
Falsedad.
Yo no me acuerdo de nada.
HONORIA
Ni yo.
DOCTOR
Teníais
tres años.
DESIDERIA
Siempre con la misma alhaja
Se nos vio.
DOCTOR
No
permitiste
Que dos horas disfrutara
Honoria su distintivo.
DESIDERIA
¿Y cómo nuestra encargada
No habló
de ese trueque a nadie?
DOCTOR
Cuatro años después
Olalla
Te dijo que era tu madre
Una noble castellana,
Mujer de un gobernador
De Burgos, y que ignoraba
Si era
la madre de Honoria
Una mora o renegada.
Esto deshacía
el trueque,
Y la nodriza contaba
No morirse tan de pronto
Sin hacer que destrocarais.
GARCILLÁN
¿Consta eso?
DOCTOR
De
todo hay pruebas,
Ya por mí justificadas.
Míralas
tú, que eres juez,
Y di si aparecen válidas.
(Entrega unos papeles a DON GARCILLÁN.)
Olalla menciona
aquí
El trueque de las medallas
Y los nombres que
os pusieron
Para que ocultos quedaran
El de Flor y el de
Violante.
En este papel se marca
Entre las señas
de Honoria
Un lunar en la garganta.
TODOS
No hay duda.
DOCTOR
No
la hay: tú eres
La de estirpe musulmana
Honoria;
tú, Desideria,
La Condesa propietaria,
Prima de
Jimén.
DESIDERIA
¡Su
prima!
BONIFAZ
¡Casado con prima hermana!
¡Jesús!
Matrimonio nulo.
HONORIA
¿Podrá ser?
DESIDERIA
(A
DON GARCILLÁN.)
Hablad, y salga
De duda si soy esposa
O si quedo divorciada.
GARCILLÁN
No hay tribunal que no juzgue
Evidente la probanza.
DESIDERIA
¡Ay! ¿Y los votos de Honoria?
BONIFAZ
¡Toma! No siendo cristiana,
Tampoco pudo ser monja.
GARCILLÁN
Si los hizo voluntaria,
Entonces...
HONORIA
Los
pronuncié
Creyendo que ejecutaba
La voluntad de
mi padre.
GARCILLÁN
Quedáis libre.
DOCTOR
(A
DESIDERIA.)
Y
a ti pasa
La obligación.
JIMÉN
Y
el condado,
Pues la donación firmada
Por Honoria
es nula.
DESIDERIA
Sí.
Todo es nulo por desgracia.
HONORIA
(Aparte.)
¡Infeliz!
DOCTOR
(A JIMÉN y a HONORIA.)
Vosotros,
creo
Que os amasteis y os amabais...
JIMÉN
Por compasión...
(Señalando a DESIDERIA.)
HONORIA
Respetad...
DOCTOR
Vuestra suerte fue cambiada;
(A las dos.)
Destrocáis:
a ella tu claustro;
A ti su marido.
DESIDERIA
(Aparte.)
¡Oh
rabia!
JIMÉN
Desideria...
HONORIA
Amiga
mía...
DESIDERIA
Basta de consuelos, basta.
Yo tu
galán te usurpé;
Tú mi esposo me arrebatas:
Monja te hice; monja me haces:
Lícita es la represalia.
BONIFAZ
Bautizo y boda en un día
Vamos a tener en
casa.
DOCTOR
La primera ceremonia
No la veré yo:
mañana
Torno a mi país.
HONORIA
¡Tan
pronto!
DOCTOR
Con el oro que guardaba
Para ti, volveré
luego.
HONORIA
Señor...
DOCTOR
Pero
antes que parta,
¿No me dará mi sobrina
Los brazos?
HONORIA
Ellos
y el alma.
DOCTOR
Los tuyos, Jimén.
JIMÉN
Señor...
DOCTOR
Hijos, Alá os destinaba
El uno al otro; yo
tengo
Vuestras manos estrechadas.
¿Pudiera uniros?
JIMÉN
Aún
No es tiempo.
HONORIA
No.
DOCTOR
En
mí recaiga
La culpa.
(Hace que se abracen.)
GARCILLÁN
Y
en mí.
JIMÉN
¡Bien
mío!
HONORIA
¡Jimén! -¡Dios eterno, gracias!
¿Quién más dichosa que yo?
DESIDERIA
Ninguna:
huérfana, dama,
En el siglo, en el convento,
Enferma,
resucitada,
Tu vida feliz ha sido,
Mi vida triste y amarga.
HONORIA
¡Siempre envidiándome!
DESIDERIA
Siempre
Mereces ser envidiada.
Notas
1.ª Este drama va dividido
en dos partes, no porque el autor crea que comprende dos
acciones, sino porque abraza dos épocas y corresponde
en cierto modo a dos géneros. Los tres primeros actos
pertenecen algo más a la comedia que al drama; en
los dos últimos casi todo es drama y nada es comedia.
El lector a quien incomode ese renglón de primera
y segunda parte, considérelo como una errata y bórrelo
de su ejemplar.
2.ª El desenlace producido por la nulidad
de los votos religiosos, es una imitación de En el
mayor imposible nada pierda la esperanza, comedia de Moreto,
el cual tomó esta idea de una anécdota o cuento
que se halla repetido en varias obras, y en el acto 5.º de
Romeo y Julieta; y en cuanto al trueque de los distintivos
de ambas huérfanas (medio comunísimo sin ir
a copiarlo de La Recherche d'un père), hay que prevenir
que, cuando se empezó a escribir este drama, el autor
creía que no debería representarse El Bachiller
Mendarias, por lo cual no reparó en echar mano de
un recurso que le resulta empleado dos veces de seguido.
PARA SOLEMNIZAR EL NATALICIO DE D. PEDRO
CALDERÓN DE LA BARCA.
Se estrenó en Madrid
en el teatro del Príncipe a 17 de enero de 1856.
Personas
DON APOLINAR
ROSITA (Niña de doce años)
FABIÁN
DON CLETO
UNA SEÑORA
UNA SEÑORITA
La función ordenada con el objeto expresado ya,
y con el de ofrecer al público una muestra de las
representaciones ordinarias del teatro Español en
el siglo XVII, se compuso de las piezas siguientes: La Loa;
el acto primero de La Dama Duende.; el paso de Lope de Rueda,
titulado Las aceitunas; el acto segundo de La Dama Duende;
El entremés de D. Agustín Moreto, La Mariquita;
Tercer acto de La Dama Duende; La mojiganga de Calderón,
titulada La Muerte, que finalizaba con baile.
¡Cómo escribía
este hombre! ¡Venturoso tú! pudiéramos decir
a Calderón sus discípulos: floreciste como
el almendro, y conservas aún la frescura del lirio,
la fuerza del roble.
Escena II
ROSITA, DON APOLINAR.
ROSITA. -(Aparte, abriendo la puerta del fondo con mucho
cuidado para no ser sentida. No tenía echada la llave
ni el cerrojo: le sorprendí.)(Acercándose
de puntillas a DON APOLINAR.) ¡Ah, señor quimerista!
Ya le pillamos. ¡A la cárcel, a un calabozo!
DON
APOLINAR. -¡Rosita! ¿Quién te ha dicho que estaba
yo aquí?
ROSITA. -Nadie; pero hace días que
no se abre este gabinete: mi mamá y mi hermana cuchichean
a todas horas; apartan comida, y no es para los pobres del
barrio: con que por fuerza había de maliciar que teníamos
huésped.
DON APOLINAR. -Tu madre y tu hermana, ¿se
han vuelto contigo?
ROSITA. -No: mamá y Clarita salían
a una diligencia, que se me figura ha de ser negocio de usted.
Me las he encontrado en la calle, cuando volvía del
colegio con la criada...
DON APOLINAR. -¿Cómo has
despachado en el colegio tan pronto!
ROSITA. -Muy fácilmente:
no entrando en él.
DON APOLINAR. -¿Por qué,
desaplicada!
ROSITA. -¡Ay, Don Apolinar! Ha sido por miedo.
DON APOLINAR. -¿De qué? ¿De quién?
ROSITA.
-¡Ay! de un difunto. La vista de un muerto me infunde un
terror, que me saca de juicio. Ha fallecido en la casa misma
del colegio un señor, que de vivo asustaba de feo:
imagínese usted, ahora, ¡qué hermoso estará!
Tenían en el portal la caja; esperé un rato
a ver si le subían al carro; no llevaban prisa: con
que le dije a la criada que nos volviéramos. Hallé
abajo a mamá y a Clarita, que parece que iban...
DON APOLINAR. -A casa de mi editor, sí.
ROSITA. -Ello
es que se llevaron a la criada y me dieron las llaves, encargándome
que me encerrara a estudiar en subiendo. He querido estudiar
con usted.
DON APOLINAR. -Enhorabuena. Tus lecciones de
historia últimas eran sobre el reinado de Carlos V.
¿Qué quieres que te explique?
ROSITA. -Explíqueme
usted por menor la causa de... de...
DON APOLINAR. -¿Del
retraimiento del Emperador en Yuste?
ROSITA. -No: de su
retraimiento de usted. Sé que ha mediado un desafío;
pero...
DON APOLINAR. -¡Chiquilla! ¿Te figuras que yo?...
ROSITA. -¿Se figura usted que una muchacha lista, que anda
acechando por espacio de quince días, no ha de oír
lo bastante para enterarse de cualquier secretillo?
DON
APOLINAR. -Vamos, y ¿de qué te has enterado ya?
ROSITA.
-De que usted y un Don Cleto Chinchilla, que ha de ser un
calaverón, disputaron en un café, de resultas
de lo cual se desafiaron.
DON APOLINAR. -Y ¿qué más?
ROSITA. -Que tuvo usted un miedo... como el que tengo yo
a los difuntos.
DON APOLINAR. -¡Miedo yo, picaruela!
ROSITA.
-A la justicia, señor, no al desafío; porque
parece que el Gobierno, cansado ya de tantos como hay, se
ha propuesto castigar de firme a los primeros que se sacudan.
¡Oh! Y en eso hace perfectamente.
DON APOLINAR. -¿Qué
entiendes tú de semejantes materias?
ROSITA. -Entienda
o no, usted trató de asegurarse la fuga; sacó
un pasaporte para Francia con nombre fingido; tornó
un billete en el correo; envió su maleta a la casa
de postas, y el día de los Inocentes por la tarde
fue a batirse con el señor Chinchilla junto al camino
de Fuencarral.
DON APOLINAR. -¿Todo eso has oído,
bellaca?
ROSITA. -Y se entraron ustedes a reñir en
una casucha desmantelada que hay por allí; tiraron
los gabanes, y al estar ya con charrasca en mano, apareció
la Guardia civil a terciar en el lance, y hubieron ustedes
de escapar corriendito.
DON APOLINAR. -No: yo me quedé
oculto en la casa. Como trataban de arrestarnos, me propuse
aguardar allí a que pasara el correo, hacerle que
se detuviera, diciendo que tenía billete para ir en
él, y subir en seguida.
ROSITA. -Sí;
pero Don Cleto lo arregló de otro modo.
DON APOLINAR.
-¿Sabes también que al coger los gabanes Don Cleto
y yo?...
ROSITA. -Con la prisa, los trocaron ustedes, y
usted no lo advirtió hasta que sintió llegar
el correo.
DON APOLINAR. -Eché mano al bolsillo,
y me hallé sin la cartera en que tenía mi billete
de berlina y el pasaporte...
ROSITA. -Y cuando, al emparejar
el correo, quiso usted entrar en explicaciones con el conductor,
el insigne Don Cleto, que habría conocido el trueque
de ropa al instante y hecho ánimo de aprovecharse
de él, asomó la cabeza por la puertecilla del
coche, y le dijo a usted riéndose: «Desde Bayona enviaré
el gabán; cúideme usted el mío.»
DON
APOLINAR. -Y se marchó con mi pasaporte, con mi nombre
supuesto de Don Lucas Lafuente, y mi equipaje real y efectivo.
ROSITA. -Para día de los Inocentes no fue mal chasco.
DON APOLINAR. -Como Don Cleto es hombre que ni teme ni debe...
ROSITA. -Deber, sí parece que debe; pero como no
teme, no paga.
DON APOLINAR. -Por eso le convenía
un viaje al extranjero, sobre todo con asiento pagado.
ROSITA.
-Y mientras él iba por esos caminos echando niebla,
usted andaba huyendo de los alguaciles, hasta venir a refugiarse
a este nido.
DON APOLINAR. -Mi amistad con vosotras...
ROSITA. -¡Amistad! ¿Si pensará usted que soy ciega?
Señor Don Apolinar de Aganipe, ¿no trata usted de
ser mi hermano político?
DON APOLINAR. -¿También
has adivinado eso?
ROSITA. -Ya lo ve usted.
DON APOLINAR.
-¡Cuidado, no tengas que arrepentirte de tus curiosidades!
A los atisbadores, que andan acechando a los vivos, tal vez
se les aparecen los muertos.
ROSITA. -¡Ay! no me diga usted
eso: me moriría si se me apareciese una persona del
otro mundo. No lo haré ya más: no se sabrá
por mí que se halla usted en este rincón.
DON APOLINAR. -¡Mira!...
ROSITA. -No, señor, no.
Pero ¿por qué fue la quimera entre usted y Don Cleto
Chinchilla?
DON APOLINAR. -Por esa función que han
de hacer hoy en el teatro del Príncipe a fin de solemnizar
el nacimiento de Calderón. (Suena dentro una campanilla.)
ROSITA. -Llaman. Voy allá fuera, que será
mi mamá.
Escena III
DON APOLINAR. -Sí:
Clara, la amable hermana de esta graciosa niña, me
dará pronto la mano de esposa. He revisado mis escritos,
publicados e inéditos; les he hecho correcciones considerables,
y mi editor, que tiene interés en imprimir una colección
de mis obras mejorada y completa, me abonará por ella
60.000 reales, cantidad con la cual podré atenderá
los primeros gastos, imprescindibles cuando toma uno estado.
Como él no sabe que estoy aquí, mi futura suegra
se entenderá con él en este negocio, mediante
un poder y un recibo, firmados por mí con fecha atrasada.
Escena IV
ROSITA, DON APOLINAR.
ROSITA. -Don Apolinar,
¿sabe usted quién llamaba?
DON APOLINAR. -¿Quién?
ROSITA. -Fabián, el criado gallego que sirve a su
editor de usted, Don Remigio Durán. Dice en su lengua
que tray un mandadu para la señora mamá, de
parte del señor Don Ramigiu.
DON APOLINAR. -Será
sobre la edición de mis obras. Dile que pase y te
dé a ti el recado. Yo le escucharé tras estas
cortinas. (Ocúltase detrás de ellas.)
ROSITA.
-Bueno, bueno.-Adelante, Fabián.
Escena V
FABIÁN,
con un gran legajo de papeles debajo del brazo; ROSITA.
FABIÁN. -¿Dónde posaré bien estos papelorius?
ROSITA. -Ahí en la mesa. Ahora, dígame usted
lo que había de decir a mi mamá. Ea, ¿qué
se ofrece?
FABIÁN. -Ufrecer... mi amu, el señor
Don Ramigiu, ufreciome hartare de varadas, si non daba bien
el recadu que traigu. Para eso hízumelo deprendere
de memoria.
ROSITA. -Vamos, pues yo le tomaré a usted
la lección, a ver si la sabe. Repásela usted
un poquito, de cara a la pared. (Aparte a DON APOLINAR, que
entreabre las cortinas.) ¿Qué le pregunto?
FABIÁN.
-(Para sí.) ¿Qué fue lo que díjume
el señor lo primeru?
ROSITA. -(A FABIÁN.)
¿Por qué no viene su amo de usted en persona?
FABIÁN.
-Porque parece que los señores poeitus y las señoras
poeitas se enfurruñan cuando non se ajusta con ellus,
y riñen con él: por si son ustedes de sa familia,
envíame a que regañen conmigu.
(Vuelve a otro
lado la cabeza, y hace ademanes como de quien trata de recordar
algo. ROSITA aprovecha el instante para dirigirse a DON APOLINAR
en secreto, lo cual se repite varias veces en esta escena.)
ROSITA. -¿No sabe escribir ese caballero?
FABIÁN.
-Es que luegu le ponen sus cartas en los periódicus
para hacerle rabiare.
ROSITA. -Y ¿qué! ¿No le gustan
las obras del señor de Aganipe?
FABIÁN. -Gústanle
mucho; mas non le gusta dare por ellas diñeirus.
ROSITA. -¿Sí? Pues... Pues Don Apolinar tratará
en París, donde actualmente se halla, con otro editor.
FABIÁN. -Non tratará. Dice mi amu que esas
obras son suyas, porque él compróselas una
por una al Don Pulinar, y el Don Pulinar sólo se reservó
los derechos póstumos.
ROSITA. -Dice Don Apolinar...desde
allí donde está, se supone... que él
ha corregido de manera sus obras, que ya son diferentes.
FABIÁN. -Dice mi amu que lu diferente es de Don Pulinar,
la verdá por delante; pero que lo non diferente es
de mi amu; y como lo diferente non se puede vender sin lo
non diferente, es lo mismu que si non valiera nada, y non
quiere dare un ochavu por ellu.
ROSITA. -Pero las obras
de Don Apolinar ganan mucho con las correcciones que les
ha hecho.
FABIÁN. -Pero mi amu despacha bien esos
libros así cual están.
ROSITA. -Con las enmiendas
los venderá mejor.
FABIÁN. -Mas tendrá
que hacer otra imprimidura, que le costará un montón
de dublones; de modo que e Don Pulinar aún debiérale
dar una ayuda de costa a mi amu.
ROSITA. -Con que ¿quiere
las obras y dinero encima?
FABIÁN. -Pudiera querer;
mas él se contenta con que se las regalen.
ROSITA.
-Primero las haré yo ceniza.
FABIÁN. -Haría
usted muy mal, señurita. Guarde usted esos cartapacius
donde non se apulillen, mientras viva Don Pulinar; y en muriéndose
que se muera, mi amu se los comprará.
ROSITA. -¡Qué!
Las obras escritas ¿no valen dinero hasta que se muere el
autor?
FABIÁN. -¡Ah! ¡señurita! usted no sabe
el tratu que tienen hecho el Don Pulinar y mi amu, conforme
a la ley de propiedá luteraria.
ROSITA. -¿Qué
propiedad de Lutero es esa?
FABIÁN. -Non me atropelle
usted, que voy a embarullare la mía lición.
Es una ley que dice... u parece que dice... que si un escribidor
vende sus obras a un aditor, y después de vendidas
las gubierna y las recumpone, estas obras recumpunidas tienen
el derecho de obras postumas: derechu algu torcidu, que,
si non lo disputan, puédelu disfrutar el autor en
seguidita que le entierren; y, con toda seguridad, cincuenta
años después de difuntu5.
ROSITA. -Hombre,
usted está loco.
FABIÁN. -Aténgume
a la ley luteraria. Si Don Pulinar hubiese muerto en ese
desafío que le hizo marchare a París de Francia,
los herederos de Don Pulinar eran dueños de los malmutretus
que yo he traído; y mi amu, que non quiere pleitus,
los compraría porque non los atrapase un librero de
Burusuelas venidu a Madrid, que le haría muy mala
obra si os imprentulaba. Non ha muerto el Don Pulinar; non
los necesita mi amu, y mándame que los deje posare
aquí hasta que Dios tenga a Don Pulinar en la gloria.
Beso a usted la mano, señurita.
(Vase retirando.)
ROSITA. -El suelo te haría yo besar de un puntapié,
si fuera quien...-Por ahí no, hombre; por el otro
lado. Venga usted, venga usted.
(Vase, guiando a FABIÁN.)
Escena VI
DON APOLINAR. -Como yo estaba en Francia, según
ha dicho mi cuñada futura, no he debido salir a dar
las gracias a mi editor en la persona de su sirviente. El
buen Don Remigio se había explicado conmigo de tal
manera, días antes de mi cuestión con Chinchilla,
que yo contaba ya de cierto con esos 3.000 duros, de que
a prevención extendí recibo. Ya comprendo lo
que será. Parece que había llegado a Madrid
un librero belga, encargado de adquirir obras del teatro
español moderno, con objeto de imprimirlas para los
Estados de América: lo sabría Don Remigio,
y por eso me dio a entender que se arreglaría conmigo;
el extranjero se habrá marchado, y a Don Remigio se
le desvaneció también el deseo de gastar en
mi colección.
Escena VII
ROSITA, DON APOLINAR.
ROSITA. -Me he detenido para recibir la Gaceta. (La pone
en la mesa.) ¿Es verdad lo que sostenía ese bárbaro
sobre la ley de propiedad literaria?
DON APOLINAR. -Sí,
hija, es verdad. Con arreglo a esa ley, el autor que refunde
sus obras después de vendidas, no puede formar colección
de ellas en tanto que vive; pero, según el espíritu
de un artículo, que es el 8.º, goza indisputablemente
ese derecho medio siglo después de su muerte.
ROSITA.
-Eso me recuerda una fábula de Samaniego en que se
dice:
«Señor Galeno, su
consejo alabo:
Al asno muerto, la cebada al rabo.»
DON
APOLINAR. -Mudemos de conversación, porque la materia
no me divierte.
ROSITA. -No hay que apurarse; que si esa
ocasión se ha perdido, otra se logrará. Yo
quiero distraerle a usted leyéndole algo de su poeta
favorito, Calderón de la Barca.-Aquí dentro
tiene usted un recibo... ¡Ah! ya sé: lástima
que esté ya de más.-A propósito del
señor Calderón... El altercado con don Cleto
Chinchilla provino de la función para celebrar el
nacimiento de ese poeta, ¿no es esto? Cuénteme usted
lo que pasó.
DON APOLINAR. -La cuestión principió
por ahí; pero luego nos corrimos a otro terreno...
De Calderón hablamos Don Cleto y yo en los términos
que se merece.
ROSITA. -Era hombre que valía mucho,
¿no es verdad?
DON APOLINAR. -Es el mejor poeta dramático
que ha producido España, lo cual equivale a decir
que en su género es el más eminente escritor
del mundo. Fue soldado y fue sacerdote: mientras permaneció
seglar, descolló modelo de caballeros; en la Iglesia
resplandeció con los rayos de la virtud heroica; a
los once años compuso la primera comedia; a los ochenta
escribió la ciento diez y nueve, que fue la última;
en el orbe literario nació gigante, creció
coloso, envejeció sin decadencia, y de todos los escritores
de su arte sólo él entre sus coetáneos
mantuvo encadenada a la envidia. A Lope, creador de nuestro
teatro, le disputaron varios ingenios el cetro de la monarquía
escénica: Don Pedro Calderón de la Barca, heredero
de Lope, reinó sin competidor, como el sol en el ámbito
de su esfera.
ROSITA. -Y ¿es de Calderón toda la
función de esta noche?
DON APOLINAR. -No: solamente
la comedia y la mojiganga.
ROSITA. -¿Qué significa
eso de mojiganga?
DON APOLINAR. -En el teatro antiguo se
llamaban así los entremeses con disfraces.
ROSITA.
-Y ¿a qué llamaban entremeses? Porque yo tampoco lo
sé.
DON APOLINAR. -¿No has visto sainetes?
ROSITA.
-Sí: la Casa de Tócame Roque y aquel otro de
Los Zapatos.
DON APOLINAR. -Pues el entremés viene
a ser un sainete muy corto, que se hacía antes, y
esta noche se hará, entre los actos de la comedia.
ROSITA. -¿Y el paso?
DON APOLINAR. -En la esencia es lo
mismo: un lance chistoso, desenvuelto en un diálogo
de diez minutos de duración. El paso fue la primera
forma de nuestro arte dramático: fue verdaderamente
el primer paso que dio la comedia en España.
ROSITA.
-¡Con qué gusto vería yo la de hoy en el Príncipe!
DON APOLINAR. -Pues ¿y yo! Y eso que la disposición
del espectáculo no me gusta del todo.
ROSITA. -¿Por
qué?
DON APOLINAR. -Porque tras el felicísimo
pensamiento de dar al público una función tal
como se hacían en el siglo XVII en España,
no debía el teatro del Príncipe haber adoptado
un término medio, que ni es la representación
de ahora ni la representación del teatro antiguo.
ROSITA. -Pues ¿cómo?
DON APOLINAR. -En primer lugar,
no van a salir guitarras antes de la loa.
ROSITA. -Y ¿a
qué salían las guitarras antiguamente?
DON
APOLINAR. -Equivalían a la orquesta de ahora.
ROSITA.
-Pues teniendo orquesta, ¿para qué se necesitan guitarras?
DON APOLINAR. -Luego, parece que la loa se va a representar
a telón alzado.
ROSITA. -¿Habían de hablarla
detrás del telón?
DON APOLINAR. -Detrás,
no; delante, sí, que era donde se recitaban ordinariamente
las loas6.
ROSITA. -Allí no hay lugar para que luzca
nada, sino los mecheros del gas.
DON APOLINAR. -La Dama
Duende la van a poner con decoraciones.
ROSITA. -Con decoraciones
se pone toda comedia.
DON APOLINAR. -Ahora sí, pero
no en tiempo de Calderón. Las funciones que llamaban
de apariencia o de teatro, se exornaban con el aparato correspondiente;
las comedias de capa y espada, como La Dama Duende, se representaban
entre cortinas.
ROSITA. -¿Entre cortinas!
DON APOLINAR.
-Cabalito. El teatro del Príncipe era un corral con
unos corredores a los lados y el tablado enfrente: la parte
superior de los corredores formaba los aposentos, palcos
ahora; en la parte inferior estaban las gradas, que hoy son
galerías; el sitio de las butacas lo ocupaba el patio,
es decir, unos bancos bajos y estrechos, donde se mojaban
los espectadores cuando llovía.
ROSITA. -¿No tenía
techo el teatro?
DON APOLINAR. -El de los corrales, azul
celeste.
ROSITA. -¿Ni siquiera había un toldo?
DON
APOLINAR. -Sí; pero ya ves de qué aprovecharía
en lloviendo como este año7; para quitar el sol, vaya,
serviría algo más. La escena tenía un
dosel en el fondo, y cortinas por ambos lados, con los huecos
precisos para la salida de los actores. Aquellas cortinas
figuraban sala y caverna, cárcel y bosque, marina
y calle, el cielo y la tierra. Para dar a entender que la
acción de la comedia pasaba a otro sitio, se entraban
los actores por un lado, y salían (ellos u otros)
por el opuesto: seña convencional de que estaban en
otro punto. Con unas colgaduras de indiana, y con un alguacil
delante de cada pilastra de la embocadura, debieran representar
esta noche La Dama Duende.
ROSITA. -Para ciegos, ¡excelente
función! Para un auditorio con vista... (Llaman.)
Ahora sí que son las señoras de casa.
(Vase.)
Escena VIII
DON APOLINAR. -Pues, señor, de la
colección de mis obras no hay que esperar un cuarto:
dirijamos a otro lado la mira. La pobre Clarita, que había
ya consentido... Para desechar ilusiones... leamos la Gaceta.
(Lee.)
«Correspondencia de
nuestro periódico. En las inmediaciones de Behovia
se ha suicidado un viajero que hizo sacar en Irún
su maleta, la cual se halló intacta junto al cadáver.
Reconocidos varios papeles, ha resultado ser el difunto el
conocido escritor Don Apolinar de Aganipe...» ¡Jesucristo!
¡Yo suicidado! ¡En Behovia yo! ¿Qué es esto, Dios
mío! -(Lee.) «Ha resultado ser Don Apolinar de Aganipe,
que salió de Madrid en la noche del 28 de diciembre
último, con el supuesto nombre de Don Lucas Lafuente.»
-Ya lo comprendo. Este infeliz es sin duda alguna Don Cleto
Chinchilla, que llevaba mi maleta y mi pasaporte. -¡Clara!...
¡Doña Asunción!... Deben haber entrado por
la otra parte. (Vase.) ¡Clara!
Escena IX
ROSITA, FABIÁN.
ROSITA. -Ésta es ya la segunda vez que alzo el picaporte
para usted, figurándome que venían mi madre
y mi hermana.
FABIÁN. -Non tenga usted miedu de mí.
ROSITA. -Yo no tengo miedo de persona viva ninguna; los
muertos, sí, me asustan muchísimo.
FABIÁN.
-Lo que es yo, non he muerto aún, que yo sepa: el
que ha muerto es el pobre Don... (Aparte. Detente, lengua.)
ROSITA. -¿Aquel tan feo, que vivía en mi colegio?
No me le recuerde usted, que me parece se me pone delante.
¿A qué vuelve usted?
FABIÁN. -Yo sientu, par
Dios mi alma, incomodar a usted; pero es empeño de
mi amu. Topé con él al dublar la esquina...
y tiene un bastón de la Habana que se vence y non
se quiebra, y puede quebrar la mejor custilla...
ROSITA.
-Y ¿qué me importa a mí el bastón de
ese amigo?
FABIÁN. -A mí, señurita,
impórtame mucho. Él díjume... yo repliqué...
en fin, él mandóme que subiese corriendo a
platicar con usted otra vez, ya que platiqué la primera.
ROSITA. -Pues yo no estoy ahora para pláticas: ¿oye
usted?
FABIÁN.-Encargóme mi amu que le preguntara
a usted con muchísimu disimulu, con muchísima
de la maña... (Aparte. ¡Ay! Creo que estoy haciendu
una barbaridad.)
ROSITA. -Pero, en fin, usted ¿qué
quiere?
FABIÁN. -Diga, señurita: aquel papelón
que recibió cuando yo salía, ¿era, non lo permita
Dios, la Gaceta?
ROSITA. -Sí.
FABIÁN. -¡Virgen
de Cuadonga! Y usted... ¿ha tenido usted la mala tentación
de leer la Gaceta?
ROSITA. -Nunca. Se la recogemos a un
suscriptor que está fuera; pero yo... ni aun la miro.
FABIÁN. -¡Bendiga Dios la boquilla de pimientu que
tal me dice! Usted es una niña de muchu saber y de
buen corazón, y me va a perdonar una picardigüela.
ROSITA. -¡Picardigüela! A ver: sepamos cuál.
FABIÁN. -Usted quisu que le diera el recadu que yo
traía para la señora Doña Mamá...
ROSITA. -Y ¿qué tenemos?
FABIÁN. -Que yo,
señurita... por gracia... por broma... por oír
ese picu de oro, non respondí verdá.
ROSITA.
-Pues ¿cuál era el recado de Don Remigio?
FABIÁN.
-¿Cuál habiera de ser? Que él se quedaba con
los derechos póstumos de Don Pulinar, dándole
por ellos... estos sesenta mil reales.
(Los saca en billetes,
desenvolviendo una cubierta de papel.)
ROSITA. -¡Sesenta
mil reales!
FABIÁN. -Véalos aquí...
Billetes de Banco.-Tómelos, tómelos para dárselos
a la señora madre.
ROSITA. -(Aparte. Con este dinero
se casarán Don Apolinar y mi hermana, y me pondrán
de largo con miriñaque.) Venga, venga.
FABIÁN.
-Haberá usted de darme un recibu que andará
por ahí.
ROSITA. -Sí, aquí estaba.
(Lo saca del libro.) Lléveselo usted.-Cargue también
con ese legajo.
FABIÁN. -Llévume el recibu,
y también las postumerías. (Coge uno y otro.)
Quede cun Dios. (Aparte. Que venga ahora a ufrecer mil y
ducientos dublones el librero de Burrusuelas.)
(Vase.)
Escena X
ROSITA, y después DON APOLINAR.
ROSITA.
-No está en el despacho: se habrá ido por el
pasillo de la derecha. (Sale DON APOLINAR.) Don Apolinar,
Don Apolinar, aquí tiene usted los sesenta mil reales
que le hacían falta: Don Remigio acaba de enviarlos
con el gallego.
DON APOLINAR. -¡Acaba de enviarlos! Ese
maulón acaba de leer la Gaceta.
ROSITA. -Fabián
me preguntó si la había yo leído.
DON
APOLINAR. -Justamente. No podía menos.
ROSITA. -Lo
que extraño es cómo ha venido ese hombre tan
pronto por las obras de usted, habiendo dicho que no volvería
mientras usted viviera.
DON APOLINAR. -Han cumplido su palabra
el señor y el criado. No te asustes de lo que te voy
a decir.
ROSITA. -¿Qué va usted a decirme?
DON APOLINAR.
-No tengas miedo. Yo, Rosita, aunque parece que estoy vivo
aquí donde me ves, he muerto en otra parte.
ROSITA.
-¡Usted! ¡Ay, Jesús! ¿Dónde?
DON APOLINAR.
-En la raya de Francia.
ROSITA. -¿Cómo?
DON APOLINAR.
-De un tiro.
ROSITA. -¿Por?... ¿Por?.... ¿Por?...
DON APOLINAR.
-Por mi mano.
ROSITA. -Pero ¿por qué?... Pero ¿cuándo?
¿Quién lo dice?
DON APOLINAR. -Te lo digo yo; la
Gaceta lo anuncia, y mi editor lo ha creído.
ROSITA.
-Entonces, es verdad; si no, ese hombre no hubiera aflojado
sesenta mil reales. Usted se ha hecho el vivo para asustarme
por ser curiosa; usted es un muerto; usted viene del otro
mundo: váyase usted de aquí.
(Huye.)
DON
APOLINAR. -¡Rosita!
ROSITA. -Apártese usted.
DON
APOLINAR. -Ven, mujer; oye.
ROSITA. -¡Mamá! ¡Que
me coge un muerto! ¡Clarita! ¡Mamá! ¡Mamá!
¡Mama!
(Vase.)
Escena XI
DON APOLINAR; luego UNA SEÑORITA,
UNA SEÑORA y DON CLETO.
DON APOLINAR. -¡Rosita!
¡Muchacha!
UNA SEÑORITA. -(Dentro.) ¡Apolinar!
¡Apolinar!
UNA SEÑORA. -(Dentro.) ¡Don Apolinar!
DON APOLINAR. -Son Clarita y su madre.
UN CABALLERO. -(Dentro.)
¡Señor Don Apolinar!
DON APOLINAR. -Llaman desde
el patio.
(Va a abrir la ventana.)
EL CABALLERO. -(Dentro.)Baje
usted el gabán y descambiaremos.
DON APOLINAR. -(Asomádose
a la ventana.) ¡Canario! ¡Que es el difunto de Behovia!
¡Jesús! ¡Don Cleto es!
DON CLETO. -(Dentro.) No
se santigue usted; el suicida no he sido yo, sino otro a
cuyo cadáver arrimé la maleta de usted: ha
sido una farsa para librarme de un apuro. Salga usted sin
reparo, que ya no nos persigue nadie.
DON APOLINAR. -¡Don
Cleto! ¿Vive usted de veras?
DON CLETO. -(Dentro.) Pregúnteselo
usted a su novia, a quien doy el brazo.
DON APOLINAR. -Mi
sombrero... mis guantes... los billetes de Don Remigio...
DON CLETO. -(Dentro.) Despáchese usted, que le
aguarda el librero belga, y vamos a ir luego al teatro del
Príncipe.
DON APOLINAR. -¡Rosa! Vamos al Príncipe.
(Vase.)
Sube el telón de foro, y aparece la compañía
del Teatro del Príncipe: los actores que toman parte
en la representación de La Dama Duende, salen con
los trajes que les corresponden en dicha comedia. Se recitarán
las siguientes décimas:
Se repitió
esta Loa en el Teatro del Príncipe a 17 de enero de
1861, precediendo a la comedia de Calderón, Bien vengas,
mal, si vienes solo, refundida por el Sr. D. Ángel
María Dacarrete. Los papeles de la Loa estaban repartidos
de esta manera:
DON APOLINARD
D. José Calvo.
ROSITA
Doña Elisa
Boldún.
FABIÁN
D. Mariano Fernández.
DON CLETO
D. Juan Casarer.
UNA SEÑOR
Doña
Lorenza Campos.
UNA SEÑORITA
Doña Pilar Boldún.
En la comedia de Calderón representaban las Sras.
Doña Teodora Lamadrid y Doña Adela Álvarez.
En la escena VII de la Loa, después del elogio de
Calderón, que concluye diciendo «reinó sin
competidor, como el sol en el ámbito de su esfera,
se sustituyó lo siguiente:
ROSITA. -¡Con qué
gusto vería yo la comedia de Bien vengas, mal, que
se representa en el Príncipe!
DON APOLINAR. -Pues
¿y yo! Y eso que no me gusta que sea refundida.
ROSITA.
-¿Qué quiere decir comedia refundida?
DON APOLINAR.
-Comedia antigua, con algunas alteraciones para que el público
la reciba mejor.
ROSITA. -Pues eso no me parece ningún
disparate.
DON APOLINAR. -Es falta de respeto venir, al
cabo de doscientos años, a corregir la plana a tan
grande escritor.
ROSITA. -Y, doscientos años hace,
¿no se refundía comedia ninguna?
DON APOLINAR. -¡Oh!
más que ahora, infinitamente más. Calderón
mismo refundió varias; y, durante su vida, le refundieron,
o por mejor decir, le estropearon casi todas las suyas.
ROSITA. -¿Cómo se atrevían a eso!
DON APOLINAR.
-Verás. Figúrate que Calderón escribía
una comedia, esta de Bien vengas, mal, por ejemplo.
ROSITA.
-Sí, señor: ¿qué?
DON APOLINAR. -Supón
que la cedía, para que la representasen, a un jefe
de compañía cómica, que eran los empresarios
de entonces, y que el tal empresario le pagaba por ella setecientos
reales, que era el precio corriente.
ROSITA. -¡Gran dineral!
DON APOLINAR. -Pues por esa enorme suma el empresario se
consideraba tan dueño de la obra de Calderón,
que le añadía y le quitaba versos y lances
a su gusto; y desfigurada de este modo, se la revendía
a un impresor, el cual, con el nombre de Calderón
al frente, se la daba a leer al público tan distinta
de la que el autor escribió, que a veces únicamente
por el título podía conocerla.
ROSITA. -Y
¿sufrían eso los autores de antaño?
DON APOLINAR.
-Tuvieron que sufrirlo, porque llevado a la justicia el negocio,
decidieron los tribunales que el comprador de una comedia,
como dueño de la compra absoluto, podía hacer
con ella lo que se le antojara.
ROSITA. -De suerte que una
comedia vendida era entonces una pella de barro, de la cual
lo mismo podía el comprador sacar una imagen que un
barreño para fregar.
DON APOLINAR. -Precisamente,
Rosa.
ROSITA. -Y la comedia de Bien vengas, mal, ¿tendrá
también retazos antiguos de otra mano que la de Calderón?
DON APOLINAR. -Más o menos, tendrá como todas.
Un amigo del gran poeta decía que D. Pedro Calderón
era el escritor más afortunado del mundo; pues como
él no había impreso por sí ni siquiera
una comedia suya, y había declarado solemnemente que
se las habían impreso viciadas, era justo creer que
todo lo bueno que tenían era de Calderón, y
todo lo malo era obra de sus remendones.
ROSITA. -Pues si
en esa refundición de hoy han acertado a quitarle
a la comedia lo malo, esto es, lo que no era de Calderón,
la tal comedia más habrá ganado que perdido.
DON APOLINAR. -¿Y lo que le hayan puesto?
ROSITA. -Váyase
por lo que le pusieron antes.
DON APOLINAR. -Siempre la
comedia es ya otra de lo que fue.
ROSITA. -Mire usted, Don
Apolinar: cuando usted principió a venir a esta casa
traía usted melenas largas, y barbas más largas
que las melenas, y uñas larguísimas; después
se cortó usted el pelo y las uñas, y se afeitó,
y, sin embargo, es usted la misma persona que antes, a pesar
de que le falta aquella pelambre y aquellas garras: una comedia
de Calderón, peinada a la moda, creo yo que, como
hija de un padre tan guapo, no dejará de mostrar la
fisonomía de su papá. (Llaman.) Ahora sí
que son ellas. (Vase.)
Al fin de la loa, D. Mariano Fernández
recitó la décima de Fabián; Doña
Elisa Boldún la de Rosa, y después se leyó
esta que se añade: