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II

Por los años de 1626 nació en la isla de Tenerife don Pedro Bethancourt, descendiente del francés don Juan de Bethancourt, conquistador de Canarias, a quien el rey don Juan II de Castilla ennobleció dándole el gobierno de esas islas. Las armas de los Bethancourt eran escudo mantelado, en gules y azur, con cinco flores de lis en oro y león rampante, teniendo por orla once armiños con cuatro roeles en plata.

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Don Fernando y don Jacinto Bethancourt, hermanos de nuestro don Pedro, vinieron al Perú por los años de 1648, alcanzando el primero a investir la dignidad de canónigo en Quito, y el segundo llegó a desempeñar alto empleo en las Cajas Reales.

Un año después de embarcados sus hermanos para el Perú, Pedro de Bethancourt llegó a la Habana, de donde, tras corta residencia, se trasladó a Guatemala.

Allí, por los años de 1652, vistió el hábito de la Orden Tercera, y dio principio a la fundación de un hospital de convalecientes, al que bautizó con el nombre de Bethlem. Poco a poco fueron agregándose devotos, y a su muerte, acaecida en Guatemala el 25 de abril de 1667, eran ya más de treinta los hospitalarios.

Don Jorge de Benavente

Don Jorge de Benavente
decimoctavo arzobispo de Lima

Sobre Pedro Bethancourt, más generalmente conocido por el venerable Pedro de San José, hemos leído crónicas que enaltecen su santidad y virtudes.

El padre Juan Carrasco, uno de los biógrafos de nuestro belethmita, dice ingeniosamente parangonándolo con el fundador de los juandedianos:


   «San Juan de Dios en Gra-nada,
y este Pedro en Guate-mala,
realizaron, Dios mediante,
una cosa nada-mala».



Y sería interminable nuestro escrito si fuéramos a relatar los infinitos milagros practicados o que se atribuyen al venerable Bethancourt, del que se cuenta que tenía largas pláticas con las ánimas benditas, y que una de éstas, para poner término a la curiosidad del belethmita por saber lo que pasa en el otro barrio, se amostazó hasta el punto de decirlo:


   «Amiguito, amiguito,
en el otro mundo se hila
      muy delgadito».



Tengo para mí que en nuestro siglo de espiritismo y de espiritistas habría sido Bethancourt un excelente medium.

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Pero si no puede negarse que el venerable Bethancourt puso los cimientos de la orden belethmítica, no fue él, sino su sucesor don Rodrigo Arias de Maldonado, o sea fray Rodrigo de la Cruz, quien la dio verdadera organización.

Don José Sebastián de Goyeneche

Don José Sebastián de Goyeneche
vigésimo segundo arzobispo de Lima

Era don Rodrigo Arias de Maldonado un galán mancebo, nacido en Málaga en 1637 y de la familia de los condes de Benavente. Nombrado su padre capitán general de Costa Rica, vino con él don Rodrigo en la clase de alférez de milicias; y por muerte del autor de sus días lo reemplazó, cuando sólo contaba veintidós años de edad, en el desempeño de la capitanía general. Cuatro años después, terminado su período de gobierno, el rey lo hizo marqués de Talamanca, y entonces fue de paseo a Guatemala, donde se enamoró locamente de una mujer casada. Ella aficionose también del gallardo don Rodrigo, y una noche acudió a una cita, y fue el caso que la dama se le quedó muerta en casa de éste. ¡Aquí de los aprietos del mancebo! Acudió al venerable Bethancourt, le reveló el conflicto en que se hallaba, y el siervo de Dios hizo el milagro de resucitar a la difunta. Parece que las damas guatemaltecas tenían la feísima costumbre de morirse en casa de sus amantes, a juzgar por dos o tres milagrosas resurrecciones de este calibre, relatadas en la Vida del venerable Pedro de San José.

Resultó del percance la conversión del ex capitán general de Costa Rica y flamante marqués de Talamanca, quien sin pérdida de tiempo vistió el hábito de hospitalario, tomando el nombre de fray Rodrigo de la Cruz.

Fue en 1667 cuando fray Rodrigo redactó la Constitución o Estatutos de los belethmitas, que Clemente X sancionó por bula de 2 de mayo de 1672, si bien ya la reina gobernadora doña Mariana de Austria, por cédula de 26 de junio de 1667 había autorizado la erección de hospitales belethmíticos en el Perú y Méjico.

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En 1671 vino a Lima fray Rodrigo de la Cruz, y patrocinado por el virrey conde de Lemus, procedió a la fundación del hospital, fundación aprobada después por Roma en bula de 3 de noviembre de 1674.

Don Manuel Antonio Bandini

Don Manuel Antonio Bandini
vigésimo cuarto y actual arzobispo de Lima

Con motivo de la fundación del primer hospital, que se llamó del Carmen y que fue destinado a la convalecencia de las enfermas del de Santa Ana, un señor, don Juan Solano de Herrera, le asignó una renta de dos mil pesos al año sobre un capital de cuarenta mil, impuesto en las Cajas Reales; pero fray Rodrigo se empeñó en que el donante emplease mejor esa suma en la fundación de un monasterio en Guatemala. Solano Herrera le contestó que caudal tenía para ambas fundaciones; pero pocos días antes de morir, pretendió que lo gastado ya por él en Guatemala se reintegrase en beneficio del hospital de Lima. El hijo de Solano Herrera, que era un clérigo, quiso obligar a su padre a que desistiese de tal determinación; pero no cediendo éste, convinieron en someter el asunto a la decisión de la suerte. «Al efecto (dice un cronista), escribieron tres cédulas con los nombres Santa Rosa, Carmen y Jerusalén, y llamaron a un niño para que de una ánfora extrajese una de ellas, saliendo la papeleta Carmen en las tres veces que se hizo el sorteo». De esta manera, casi prodigiosa, se acrecentó la renta del hospital.



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