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En España no se han dado más disposiciones acerca de la materia que la circular antes citada del Patronato general de las escuelas de párvulos, en la que se fijaba 1 m 50 centímetros cuadrados por escolar, y el decreto del Sr. GAMAZO, antes citado (5 de Octubre de 1883, vigente), en que se prescribe 1 m 25 centímetros, 1'86 para los alumnos de cinco a doce años, y 3'09 para los de trece a diez y seis, son los tipos adoptados para sus clases por la Institución libre de Enseñanza.



 

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Para que se comprenda que no hay exageración en la superficie que pedimos, conviene tener presente que en estos 75 metros incluimos, además de la de los alumnos, la correspondiente al maestro, así como los espacios necesarios para entrar a los asientos, marchas y evoluciones, etc.



 

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«La ciencia -dice M. CRUVEILHIER en su Hygiène générale- demuestra que un hombre de mediana corpulencia, respirando 16 o 17 veces por minuto, e introduciendo a cada inspiración en sus pulmones un tercio de litro próximamente, hace pasar por estos órganos de 7 a 8 metros cúbicos de aire en veinticuatro horas, y consume en una hora toda la cantidad de oxígeno, poco más o menos, que contienen 90 litros de aire, es decir, 116 gramos, o 2.160 litros en veinticuatro horas, o sea poco más de dos metros cúbicos. La cantidad de aire estrictamente necesaria al hombre, sería, pues, de 7 a 8 metros cúbicos por día; pero se incurriría en un grave error si se creyera que un hombre reducido a no recibir más que esta cantidad continuaría viviendo sin sufrimiento; los hechos demuestran que esta provisión no bastaría, y que un hombre tiene necesidad de 8 a 10 metros cúbicos, o 6 como mínimo por hora, pues que no le basta encontrar el oxígeno necesario para su consumo, sino que necesita todavía que este gas se halle convenientemente diluido. Un individuo cualquiera que respirase durante algún tiempo en un aire confinado de 7 a 8 metros cúbicos, no tardaría en sentir los signos precursores de la sofocación y de la asfixia; y si quedase encerrado en un espacio de 3 a 4 metros, muy pronto quedaría asfixiado». M. PECAUT, apoyándose en los datos del fisiólogo Kuss, dice en su Cours d'Hygiène, que para que la atmósfera permanezca pura, es decir, para que quede salubre, es preciso suministrar al hombre 10 metros cúbicos de aire por hora.- Y M. RIANT, en su Hygiène scolaire, sienta la conclusión -que razona con datos irrecusables- de que el aire de una clase no conserva su pureza para los sentidos y su inocuidad sino en tanto que se suministran de 10 a 15 metros cúbicos de aire puro por niño y por hora.- A conclusiones análogas, aunque deducidas de una manera más minuciosa y científica, llega M. CHAUMONT, en su citada Memoria.



 

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He aquí la cubicación por alumno que se pide en los reglamentos y otras disposiciones escolares de varios países: en Bélgica, 4 m 250; en Holanda, 3 m 500, 3 m 727 y 4 m 054; en Francia, 5 m y 4 como mínimo; en Inglaterra, de 3 m 650 a 4 m 250; en Baviera, 3 m 900 para los alumnos de ocho años y 6m 500 para los de doce; en Sajonia (Dresde), varía de 1 m 700 a 9 en las escuelas públicas, y 1 m 400 a 21 m 400 en las particulares; en Francfort, de 8 m 050 a 9 m 200; en Suiza, de 4 m 210 a 4 m 670, y en algunas partes hasta 6 m; en Suecia, de 5 m 330 a 7 m 550; en Rusia, de 6m 500 en la escuela modelo del Museo pedagógico, y de 6 m 620 como mínimo y 9 m 300 como máximo, en la modelo de Erismann; en fin, en los Estados-Unidos, de 2 a 2 m 870, habiéndose encontrado no hace mucho una escuela con 0 m 420 por alumno.- Para nuestras escuelas de párvulos se fijaba por el Patronato ya citado, una cubicación de 5 m por alumno, que es la misma que se fija para las demás escuelas en el decreto vigente del Sr. GAMAZO, fecha 5 de Octubre de 1883, ya citado.



 

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El referido doctor CHAUMONT, partiendo del dato de que la impureza del aire respirable, no debe pasar de 0 m 300 por 1.000 al cabo de una hora -que es lo verdaderamente higiénico- formula en un cuadro la cubicación necesaria para cada alumno, según la edad de éste, en cuyo concepto dice que es menester:

Para los alumnos de cuatro años, 5'500 metros cúbicos.

Para los de cinco, 6'120.

Para los de seis, 6'620.

Para los de siete, 7'400.

Para los de ocho, 8'140.

Para los de nueve, 8'820.

Para los de diez, 9'520.

Para los de once, 10'160, etc.

«Se verá, dice, que a partir de la edad de siete años, se puede aumentar (en números redondos) un metro cúbico por cada año hasta trece, y dos, también por año, desde esa edad en adelante: un adulto necesita una cubicación de 24'940 metros».



 

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En los Jardines de la infancia de Madrid, por ejemplo, las salas de clase que miden una superficie de 9 m 20, 8'80 y 8'50 de longitud por 6'10 de latitud, la altura es de 5 m 75.- Las clases del edificio que proyectara la Institución libre de enseñanza, debían tener una altura de 5 m 50.



 

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Después de afirmar M. NARJOUX que la ventilación natural es la más sencilla, la más fácil y la más eficaz, dice que es la que más sometida se halla a las condiciones de variación de la temperatura exterior, por lo que apenas puede utilizarse más que en los meses del estío, y se hace impracticable desde que una causa cualquiera -el ruido de la calle, por ejemplo- obliga a cerrar las ventanas. Además, añade, exigiría, para ser constante, que se estableciesen corrientes de aire que ciertamente dañarían a la salud de los alumnos y de los maestros. Nos parece que hay algo de exageración en las afirmaciones de M. NARJOUX, pues que la ventilación natural puede aprovecharse bien y con buenos resultados, evitando en gran parte los inconvenientes apuntados, según en lo que sigue podrá verse.

En concepto de otros autorizados higienistas, la ventilación natural es superior a todas.



 

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Y esto, no ya tanto por el frío excesivo, como por las malas condiciones de las clases (orientación, espesor de los muros, estado y situación de las ventanas y las puertas, techumbres, etc.)



 

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Se estima generalmente que una chimenea no da de ordinario como utilizable para la calefacción, más que del 6 al 12 por 100 del calor de los combustibles, por lo que los higienistas están poco dispuestos a admitir semejante aparato como medio de caldeo de las clases. M. WAZÓN, ingeniero de París, describe un sistema de chimeneas, mediante el cual puede utilizarse el 25 por 100 de dicho calor. Como semejante sistema no deja de ofrecer inconvenientes, especialmente tratándose de las clases, nos creemos dispensados de tomarlo en consideración, máxime cuando respondiendo principalmente a la idea de combinar la ventilación de invierno con la calefacción, sólo resulta utilizable en nuestras escuelas durante una época muy corta del año.



 

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El calorífero-Geneste calienta menos por radiación que esparciendo en las clases el aire puro tomado del exterior y cuya temperatura eleva. El aparato de hierro fundido donde se quema el cok está colocado en el centro y en la base del calorífero, y se halla rodeado primeramente por una ancha columna de aire en movimiento que preserva de la radiación, y después por una especie de manguito de palastro de dobles paredes entre las cuales hay una espesa capa de arena; en la parte superior del calorífero hay un depósito de agua, por el que pasa el aire caliente antes de esparcirse por la habitación, y pierde su sequedad.



 
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