También la calefacción mediante las estufas se combina en las escuelas con la ventilación de invierno. El citado M. WAZÓN resume del modo que sigue, los principios que deben tenerse presentes en la combinación de lo que él llama estufa ventilador salubre, a sabor: 1º debe recubrirse el hogar de la estufa en su interior con ladrillos refractarios a fin de evitar que el aparato se enrojezca y se trasmita por difusión el óxido de carbono al aire de la pieza; 2º, el hogar y el cañón del humo deberán sobre todo presentar superficies de caldeo verticales que lleguen hasta el techo de la clase, y rodeadas de una capa de mampostería que sirva de paso al aire puro que desembocará en el techo: esta disposición asegura un fuerte tiro de humo y de aire puro y evita además los depósitos de hollín en las superficies de caldeo del aire puro; 3º, una segunda envoltura vertical que baje a un metro cerca del suelo, recogiendo el conducto metálico del humo, y desemboque cerca del techo, servirá especialmente para la extracción del aire viciado, el cual deberá salir a veces por una segunda boca de extracción agujereada poco más abajo del techo; 4º una abertura de corredera, dispuesta en la base de la envoltura vertical del aire puro, permitirá hacer circular en ésta el aire de la pieza.- Semejante disposición debe completarse con un vaso saturador movible que permita humedecer suficientemente el aire puro durante el tiempo seco.
«Id, dice M. SAFFRAY, a las crèches, a las salas de asilo, a las escuelas de las grandes poblaciones, y contemplad esas pobres criaturas, ruines descendientes de una generación débil. Ved a ese pequeñuelo: miembros empobrecidos, andar vacilante, movimientos indecisos, carnes flacas, piel seca de un amarillento cenizoso, cuello largo y delgado, cabeza grande en apariencia, porque el cuerpo está poco desarrollado, pomelos salientes, nariz pellizcada, orejas planas y transparentes, ojos hundidos en un círculo azulado, expresión ansiosa y fisonomía de viejo; ese niño ha vivido en un mal medio, privado de aire y de luz». -Observemos, por nuestra parte, que la falta de luz engendra en las habitaciones la lobreguez y alimenta la humedad, que tantas enfermedades originan, según dijimos al tratar del terreno en que deben construirse las escuelas.
La miopía, por ejemplo. Recuérdese a este propósito lo que dijimos en la introducción al tratar de las enfermedades escolares.
La luz recibida por la derecha proyecta sombras que perjudican a la vista. La cenital exige un techo de cristales, que hace que la clase sea muy caliente en verano y muy fría en invierno, además de requerir una construcción especial. No tiene menos inconvenientes, la luz que se recibe por delante o por detrás: en el primer caso, hiere directamente la vista del alumno y la ofusca; en el segundo, proyecta delante de la sombra de su cuerpo y sume su trabajo en la oscuridad.
El doctor JAVAL, por ejemplo, que en el Congreso internacional de la enseñanza de Bruselas (1880), ha sostenido que la opinión que considera la luz bilateral como dañosa, para la vista no descansa sobre base alguna científica. Según él, en las escuelas donde existe esta luz, la miopía es relativamente poco frecuente; donde se halla establecida la unilateral en las condiciones más perfectas, es tan frecuente como en las escuelas peor acondicionadas. En cambio, la opinión más general afirma, al parecer con mayor copia y solidez de razones y hechos, lo contrario, pronunciándose en favor de la iluminación unilateral, que, además del doctor LIEBRIECH, PÉCAUT, NARJOUX y otros, la han defendido vigorosamente M. REDAM en Alemania, M. TRÉLAT en Francia y M. RECORDON en Suiza, donde generalmente es rechazada la iluminación bilateral, que también FONSSAGRIVES cree preferible a la unilateral.
Aunque el punto no se halle determinado con precisión en los reglamentos escolares de los diversos países en los que se observa bastante indecisión a este respecto, en la generalidad de ellos se nota cierta tendencia en favor de la iluminación unilateral de la izquierda. En Suiza, dice MME. F. ESCALI (L'instruction primaire en Suisse, Paris, A. Ract et C.ie éditeurs, 1885), no se admite nunca una iluminación bilateral, es decir, a derecha y a izquierda; se exige siempre la de sólo la izquierda, evitando que baje mucho la ventana (próximamente un metro sobre el suelo).
Como puede observarse por las indicaciones hechas, la mayoría de los higienistas están de acuerdo con lo que se piensa y practica generalmente en Suiza.
M. TRÉLAT estima que esta superficie debe ser la sexta parte de la total del suelo y no bajar nunca de la cuarta.
Lo que se procura en todos los reglamentos escolares, que tampoco a este respecto ofrecen prescripciones precisas, es que la luz sea tal en cantidad, que ilumine por entero todas las mesas de la clase: a esto es a lo que ante todo debe atenderse.
Respecto de este sistema de ventanas a ambos lados, que sin duda es una solución ingeniosa, dice M. NARJOUX que en la práctica hay motivo para temer que los maestros no comprendan siempre la importancia y distinción del papel de las ventanas de iluminación y del de las de ventilación, pudiendo suceder que no abran y no cierren con oportunidad las unas y las otras. La práctica y un poco de celo alejará este peligro en las clases construidas con dichos dos órdenes de ventanas. En las construcciones nuevas se evitará haciendo que las clases sean altas y oblongas, y valiéndose de los medios que hemos indicado para la ventilación, de modo que no sea necesario abrir ventanas más que por el lado que corresponda a la izquierda de los alumnos.
Écoles primaires et salles asiles, Construction et installation. Paris, 1875. pág. 107.
«No debe perderse de vista, por otra parte, dice el citado M. NARJOUX, que un hombre encontraría ciertamente muy penosa la obligación de trabajar entra cuatro muros, encerrado en una verdadera prisión, y que semejante situación no debe ser más agradable para un niño, cuyo trabajo debe resentirse de ella necesariamente». Ob. cit., pág. 108.