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No todos están conformes con esta exposición, que algunos -TRÉLAT, por ejemplo- consideran nociva por lo que contribuye a mantener la humedad; de aquí que otros recomienden como mejor la opuesta a los vientos reinantes, a fin de que los gases y miasmas no se introduzcan en las demás dependencias de la escuela.



 

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En el caso de que las clases tengan pocos alumnos, nunca debe haber menos de dos retretes para los niños y tres para las niñas, entendiéndose esto por clase y no por escuela.



 

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Tanto se atiende a esto en Inglaterra, que en las escuelas que carecen de terreno para el campo de juego, se suple la falta con un terrado, que generalmente coge toda la extensión del edificio: la mitad de este terrado es cubierto y sustituye al préau couvert, de que más adelante hablamos.



 

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En los reglamentos franceses se dispone que la superficie de este patio se calcule a razón de cinco metros como mínimo por alumno, no pudiendo tener nunca menos de 200 metros. Para las escuelas maternales (las antiguas salas de asilo que corresponden a nuestras escuelas de párvulos) se prescriben tres metros por alumno.



 

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Cuando la escuela tenga el jardín de que a continuación tratamos y se halle situado lindante con el patio, puede prescindirse en éste de la fuente, los bancos y, en muchas partes, hasta de los árboles, pues todo ello estará más en su sitio en el jardín, sobre todo si es reducido el patio, al que conviene dejar todo lo libre posible para no estorbar los juegos de los niños, que es su principal objeto, ni la aeración del edificio.



 

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Desde hace algunos años han tomado gran importancia en todas partes los jardines escolares, cuya utilidad es cada vez más reconocida por cuantas personas se consagran a las cuestiones relacionadas con la educación de la niñez. En Francia se prescribía ya, en 1867 que no se aprobara o ningún plano de escuela e n que no figurase el jardín, el cual podrá comprenderse dentro del patio de recreo, según la instrucción de 28 de Julio de 1882, resultando de este modo la formación del campo escolar de que a continuación hablamos.



 

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A propósito de la dependencia que nos ocupa, y muy especialmente para conocer los fines con que la Pedagogía novísima la recomienda, debe leerse el interesante folleto de D. FRANCISCO GINER, titulado: Campos escolares. Madrid, 1884.



 

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GASQUÍN Conférences pédagogiques faite à la Sorbonne aux instituteurs primaires. Paris, Hachette, 1868.



 

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Después de lo dicho respecto del patio abierto y el jardín en particular, y del campo escolar en general, se comprenderá con cuánta razón hemos afirmado antes de ahora que en la escuela son necesarias otras dependencias que contribuyen tanto y con tanta eficacia como las clases, por lo menos, a la cultura que deben recibir los niños en una buena educación. Toda administración celosa o inteligente se halla, pues, obligada a procurar, por cuantos medios estén a su alcance, que se dote a nuestras escuelas del terreno necesario para que no carezcan del patio y el jardín indicados (campo escolar). Los maestros, por su parte, no debieran dejar el asunto de la mano y trabajar sin descanso para formar opinión en este sentido, pues que nadie mejor y con más autoridad puede hacerlo, toda vez que ellos son los que por sus conocimientos teóricos y sus experiencias prácticas, están en condiciones de emitir un voto debidamente razonado, de verdadera calidad, respecto del particular a que nos referimos, si con bien entendido celo y libres de todo linaje de prejuicios se consagran a estudiar la cuestión.



 

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BOUVIER. Dictionnaire encyclopédique des sciences médicales, 1866. Repetimos aquí lo que ya indicamos en el lugar a que acabamos de hacer referencia, a saber: que cada día se acentúa más la tendencia entre los pedagogos, los higienistas y aun los profesores de gimnasia en favor del juego para reemplazar a la gimnástica en las escuelas. A este propósito es digno de especial mención un informe relativo al particular que nos ocupa, leído en el Congreso de profesores de gimnasia celebrado en Zurich en Octubre de 1885; en él encontrará quien lo consultare reflejada con tanta viveza como fuerza de razonamiento la tendencia indicada, en la que, sin dada, ha influido poderosamente el movimiento que desde 1882 ha iniciado en Alemania la circular del ministro GOSSLER, recomendando seriamente la restauración del juego, al lamentar que las escuelas alemanas no hacían bastante en pro del desarrollo corporal de la juventud.



 
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