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Entre los modelos franceses que mejor representan este movimiento en favor del mobiliario escolar, deben citarse: el de Lenoir, para dos plazas, muy semejante al de Guillaume, y en el que se emplea el hierro fundido; el de Bapterosses y Loreau, dispuesto para una plaza, construido también con hierro, y en el que el asiento, en forma de taburete, se sube y se baja a voluntad del maestro (y no del niño), con la que una misma mesa puede utilizarse para alumnos de diferente talla: se ha perfeccionado este asiento poniéndole el respaldo de que en un principio carecía; el nuevo Bapterosses, de que más arriba hemos hablado; el individual de Lecœur, en el que también una misma mesa puede servir para diferentes tallas, merced al movimiento ascendente y descendente que puede darse al asiento, como en el modelo André, pero con un mecanismo distinto; el de Greard (director de la enseñanza primaria de Sena), dispuesto para dos, tres, cuatro y cinco plazas (según las necesidades), con asientos aislados, y en el que con la sencillez y la baratura se ha tratado de conciliar las exigencias de la Pedagogía y la Higiene: consta de tres tipos o tamaños diferentes; y, en fin, para no citar otros, el de Train, para dos plazas, muy sencillo también, y construido con madera y hierro fundido: este modelo se presta grandemente a la vigilancia por parte del maestro, y puede adaptarse a las clases dispuestas en forma de anfiteatro sin entorpecer los movimientos de los alumnos.



 

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El asiento, se dice, tomando la forma de escabel, se compondrá de una tablilla de madera sostenida por un pie de fundición cilíndrico, fijo mediante un circulo ancho, al pavimento como al asiento y a la mesa. El respaldo, unido al asiento por un montante metálico, lo formarán dos travesaños de madera, y tendrá la altura que se expresa en el cuadro precedente; el asiento será fijo, como se ha dicho, y estará ligeramente inclinado hacia atrás: sus dimensiones quedan indicadas en el referido cuadro.



 

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El Sr. TORRES CAMPOS, que tan grande y acertada intervención tuviera en la reforma a que aquí aludimos, y muy especialmente en lo concerniente a la distribución del nuevo local, la confección del mobiliario y la adquisición del material de enseñanza, dice a propósito del punto sobre que versa nuestra indicación: «Previas numerosas medidas tomadas por las alumnas normalistas en sus compañeras y en las niñas, cuyas estaturas varían de 1'30 a 1'65 metros, y de 1 a 1'59 respectivamente, han resultado necesarios tres tipos para la Escuela Normal y cuatro para la práctica.- El número de alumnas en cada grupo en el curso último, hecha la clasificación por estaturas, ha servido para fijar la proporción entre los diferentes tamaños.- Mientras un trabajo de carácter general, basado en numerosos datos estadísticos de las distintas regiones de España, no venga a determinar las dimensiones medias y las proporciones correspondientes de los diversos tipos de mobiliario en cada clase, esta medición de los alumnos de las escuelas será el mejor medio de aproximarse a lo conveniente». -La Reforma de la enseñanza de la mujer y la reorganización de la Escuela Normal Central de Muestras, págs. 21-22.



 

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Se propone, por ejemplo, que aun en este caso los bancos sean de dos plazas con tablero lateral destinado a poner el papel y el brazo para tomar notas; por debajo del asiento habrá una tablilla para dejar los libros y los cuadernos. Las dimensiones de este mobiliario deben ser: 45 centímetros, la altura del asiento desde el suelo; 40, la del respaldo desde el asiento; 1 m 10 centímetros el espacio del banco para dos asientos, y 4-5 centímetros la profundidad del asiento.



 

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Téngase en cuenta que el modelo de mesas y bancos que propone M. GUILLAUME es de dos plazas, o sea para dos alumnos, a cada uno de los cuales corresponde, por lo tanto, la mitad de la longitud que aquí se indica.



 

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Las mesas a que aquí aludimos se hallan fijas al suelo; así, pues, teniéndolas de varios tamaños (como en la Escuela Normal Central de Maestras sucede) para poderlas acomodar a la talla de los niños, y reemplazando la silla libra por un banco fijo también al suelo (a fin de hacer conservar a los alumnos la actitud normal) y dispuesto a la manera de los de los modelos de Kaiser o André, es decir, de modo que puedan variarse las distancias entre el borde posterior de la tabla del pupitre y el anterior del asiento, se obtendría con poco esfuerzo el resultado que buscamos.



 

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Ya se ha indicado que en la Escuela Normal Central de Maestras se han introducido diferentes modelos del nuevo mobiliario, y ahora añadiremos que todo él se halla barnizado sobre el color natural de la madera, que es de pino. Pues bien: al terminar el primer año de estar en uso dicho mobiliario, que había servido a más de 120 alumnas, llamaba la atención el perfecto estado de limpieza en que se hallaba (y continúa), al punto de parecer que no había servido; otro tanto aconteció respecto de las mesas-bancos de la misma clase, que sirvieron a las alumnas del curso especial para maestras de párvulos. Relativamente a estas alumnas recordamos que, habiéndose notado que uno de los pupitres se hallaba algo manchado de tinta, se llamó la atención de la respectiva alumna, dejando de su cuenta ponerlo en la condición de limpieza, en que antes estaba; al día siguiente no se distinguía el pupitre en cuestión de los demás, y desde entonces no volvió a observarse en ningún otro semejante falta, a lo cual debió contribuir, no sólo la advertencia indicada, sino el Lecho de poner todo el mobiliario y material del Curso bajo la custodia de las alumnas, con el encargo de tenerlo constantemente ordenado y limpio, lo que cumplieron a maravilla.

En la Escuela práctica de dicha Normal hay 120 pupitres de condiciones análogas a las mencionadas, y a pesar de que muchos de ellos están ocupados por niñas pequeñas, todos ofrecen el aspecto más agradable en lo tocante a su limpieza. Claro es que aunque dicha práctica se halla dividida en tres secciones en locales completamente independientes, constituyendo tres clases de 40 alumnas cada una, hay que atribuir en su mayor parte semejante lisonjero resultado al celo de las respectivas maestras. Esto justifica la observación que más arriba hemos hecho, relativamente al influjo que el número de alumnos y, sobre todo, las condiciones del maestro pueden ejercer en la elección del mobiliario al respecto que nos ocupa.



 

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Aparte de la Escuela Normal Central de Maestras, se han introducido las mesas-pupitres individuales en la práctica de la Normal Central de Maestros, en la del Colegio de San Ildefonso, en la clase superior de los Jardines de la Infancia, en las de la Escuela-Modelo del Ayuntamiento de Madrid y en algunas otras de las que el mismo sostiene, en las primarias creadas por la Asociación para la enseñanza de la mujer, en las establecidas en Madrid y Cuenca por la testamentaria de D. Luces Aguirre, y en algunas otras más, como la escuela francesa establecida en la calle del Prado, 20. Este movimiento, favorable a la reforma del mobiliario, se propaga, aunque algo despacio, en nuestro país, pues son ya varias las escuelas de provincias en las que se ha hecho o se intenta algo en este sentido, como sucede en varias de las de párvulos regentadas por Profesoras formadas en el Curso especial creado por el Sr. Albareda en 1882 (en las de Andújar, Alcázar de San Juan, Requena y Salamanca, por ejemplo). Para las de Vigo (Pontevedra), Los Corrales (Santander) y Zumárraga (Guipúzcoa), Santa María de Fe, en Finisterre, y una de la provincia de Burgos, se ha construido recientemente mobiliario con arreglo al sistema americano de Illinois, Cardot y modelo de la ciudad de París, basado sobre el del mismo Cardot y modificado por nuestro Museo pedagógico. Se prepara mobiliario nuevo para las escuelas de Navalcarnero (Madrid), Ateneo de obreros de Gijón (Oviedo), Villablino (León) y de párvulos fundada en Málaga por D. RICARDO SCHOLTZ. También la establecida en Navalmoral de la Mata (Cáceres) por la testamentaría de D. Antonio Concha, posee un excelente mobiliario ajustado a las indicaciones que más adelante hacemos, relativamente a las escuelas de párvulos.



 

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Fuera notoriamente injusto no citar a esta respecto los nombres de los señores D. Justo GÓMEZ CHECA y D. CIPRIANO MORENO LÓPEZ, que tanto han hecho para mejorar el material de las escuelas municipales de Madrid.



 

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Lo más notable que se presentó en esta Exposición, al respecto que nos ocupa, fue la instalación del industrial de Madrid, D. EUSEBIO MORENO MARTÍNEZ, que obtuvo por ello premio de primera clase, justificado, en nuestro concepto, no sólo por el mérito de algunos de sus modelos de mesas-bancos, sino especialmente por ser el primero en consagrarse entre nosotros con algún sentido pedagógico o higiénico al estudio y construcción del nuevo mobiliario escolar.

Por lo demás, la Exposición nada de notable tuvo con relación al punto que nos ocupa, y aunque fue pobre en mobiliario escolar, hubiera sido mejor que no hubiesen figurado en ella algunos modelos, como, por ejemplo, varios dispuestos para cuatro, plazas y sin respaldo. Verdad es que a la sazón las cuestiones relativas al mobiliario de las clases no se miraban entre nosotros con todo el interés que después han inspirado.



 
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