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ROSSELOT. Pédagogie à l'usage de l'enseignement primaire.- RIANT. Leçons d'hygiène.



 

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GRATIOLET. Anatomie comparée du système nerveux et de la Physionomie. A propósito del punto que nos ocupa, dice que es menester habituar a los niños «a mirar con ojos moderadamente abiertos, sin fruncir las cejas, y a llevar cortos los cabellos, o al menos peinados hacia atrás, para que la frente quede bien descubierta. Debe desconfiarse de la sonrisa precoz, sobre todo cuando la acompañan guiños de los ojos, porque ésta es una actitud de doblez; el niño debe reír a carcajadas y con los ojos abiertos».



 

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VOLNEY, por ejemplo, coloca el aseo en el rango de las virtudes; para ROUSSELOT (ob. cit.), es la mitad de una virtud, o al menos, el signo exterior de la dignidad humana. BACON, por su parte, afirma que hay razón para mirar el aseo del cuerpo y un exterior cuidado, como el efecto de cierta modestia de carácter, y de cierto respeto, primero hacia Dios, de quien nosotros somos las criaturas, y después hacia la sociedad en que vivimos, y, en fin, hacia nosotros mismos, para quien no debemos tener menos respeto que para los demás. Por el contrario -añade el pedagogo citado- la negligencia del cuerpo y de los vestidos, inspirando el despego y el disgusto, aproximan al hombre al animal; pues parece que el desaseo sea como la envoltura natural del cuerpo, y esta idea, que concluye por implantarse en el espíritu, es como un velo echado sobre todo lo que es puro y bello.



 

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«Parece verdad, dice GRATIOLET (ob. cit.), que el ejercicio aumenta el volumen del cerebro, al mismo tiempo que mejora su forma. El cráneo de los hombres distinguidos por su inteligencia y sus costumbres, el de los artistas hábiles, el de los que piensan e imaginan mucho, es, en general, mayor y, sobre todo, más hermoso que el de los que se escogen entre el vulgo. Nada es más raro que un hermoso cráneo en los anfiteatros de anatomía, porque no es entre los parias de la civilización moderna donde se complace en estar la belleza, esa expresión viviente de la virtud y de la inteligencia. Recíprocamente, a un gran desenvolvimiento de la vértebra frontal corresponde una mayor rectitud del perfil de la cara, y al mismo tiempo una reducción relativa de los huesos que la componen, y la poca prominencia del rostro, expresando un desenvolvimiento mayor del cráneo, es un signo de belleza; pues ésta no es otra cosa que la perfección hecha inteligible por la forma».



 

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La prueba de que el ejercicio es condición del desarrollo orgánico la suministra, no sólo el modo de realizarse en los niños el proceso de su desenvolvimiento físico, sino el hecho vulgar de que mediante la gimnástica y otros ejercicios corporales podemos desarrollar todo el cuerpo o parte de él. Otra prueba de ello nos la da el hecho de que en la juventud, y aún en la edad madura, los miembros empleados en un trabajo constante adquieren un desarrollo notable, mientras que los que quedan inactivos son más pequeños y débiles. Así, por ejemplo, los sastres y los zapateros tienen los brazos fuertes y las piernas débiles, mientras que a los peones camineros les sucede lo contrario; los que, como los herreros y caldereros, emplean en su trabajo de un modo más enérgico el brazo derecho, tienen la espalda, el brazo y la mano de este lado mas desarrollados que los del izquierdo.



 

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ROUSSELOT. Ob. cit.



 

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M. ALEXI, Director del Gimnasio de Saargemünd, emitía con gran laconismo esta opinión en el Congreso internacional de la enseñanza, celebrado en Bruselas en 1880, contestando al tema: ¿Son necesarias las recreaciones en la escuela? He aquí sus afirmaciones: «La experiencia prueba que la disminución hecha en las lecciones con el objeto de encontrar el tiempo necesario para las recreaciones, es una ventaja positiva, pues el éxito de las lecciones no depende tanto del tiempo que duran, como de la buena disposición de espíritu de los niños; y para mantenerlos en esa disposición son absolutamente necesarias las recreaciones».



 

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Creemos que en las escuelas no debe llevarse muy allá la gimnasia que requiere aparatos, de los que conviene prescindir en absoluto, salvo aquellos que, como las pesas, por ejemplo, suelen emplearse en la llamada de sala. Tal es la recomendación que a este propósito hacemos a los maestros.



 

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A propósito de los juegos, debemos advertir que existe hoy una dirección muy pronunciada a resumir en ellos los ejercicios corporales propios de las escuelas, sobre todo los gimnásticos, que desde luego no dejan de ofrecer inconvenientes y son dados a que se les tome con un formalismo impropio de la escuela, en la que vienen a ser, como se ha dicho, una lección más. Esta tendencia, iniciada realmente en la práctica por FRœBEL, se halla hoy representada en el extranjero por autoridades tan respetables como SPENCER, JOLY GUILLAUME y PECAUT, por ejemplo. El DOCTOR FONSSAGRIVES, entusiasta partidario de la gimnástica, aun con aparatos (dentro de cierta medida y con la debida graduación), dice en su obra citada, Tratado de la Higiene de la Infancia (página 539) lo siguiente: «Los juegos gimnásticos son el eje alrededor del cual gira la educación de los músculos (este autor define la gimnasia diciendo que es la educación de los músculos). Realizan la utopia del trabajo atractivo, son «libres aun cuando vigilados» según el programa muy exacto trazado por uno de los maestros de la educación, Mons. Dupanloup; ponen a los escolares en la pendiente de sus gustos, y por lo tanto, no encuentran jamás oposición: la emulación es la garantía de su cumplimiento, y excluye asimismo la fatiga y el desagrado».



 

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La insistencia con que estos ejercicios son aconsejados por la Pedagogía moderna, y la utilidad y trascendencia educativa que tienen, nos aconseja incluirlos aquí y recomendar a los maestros su adopción, que cada día se generaliza más en las buenas escuelas de Europa.



 
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