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José Lara Garrido, Poética manierista y texto plural (Luis Barahona de Soto en la lírica española del siglo XVI), Málaga, Universidad, 1980, p. 138, nota 113. Cfr. ahora del mismo autor, el libro fundamental sobre Barahona de Soto, La poesía de Luis Barahona de Soto. (Lírica y épica del Manierismo), Málaga, Diputación Provincial, 1994, p. 253, nota 113. (N. del E.)



 

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Primera parte / de las Flores / de poetas ilustres de / España, dividida en dos libros./ Ordenado por Pedro / Espinosa natural de la ciudad de / Antequera./ Dirigido al Señor / Duque de Bejar / Van escritas diez y seis odas de Horacio, tra-/ducidas por diferentes y graves autores / admirablemente / [grabado]/ Con privilegio./ En Valladolid, por Luis Sanchez / año MDCV /. Es el ejemplar R/2757 de la Biblioteca Nacional de Madrid; actualizamos grafías en esta descripción. (N. del E.)



 

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Son las ocho siguientes: Licdo. Luis de Soto, «Son estos lazos de oro los cabellos», f. 8 r.-v.; Soto, «Cuando las penas miro», f. 64 r.; Soto, «Las bellas hamadríades, que cría», ff. 66 r.-71 v.; Luis de Soto, «De los más claros ojos», f. 78 r.; Luis Barahona de Soto, «Genil que ves la sombra en tu corriente», f. 78 r.; Licdo Soto, «Cual lleva de rocío», ff. 99 v.?-95 v.? [debe de existir un error en la paginación]; Licdo. Barahona de Soto, «Quién fuera cielo, ninfa, más que él clara», ff. 101 v.-102 v.; y Luis de Soto, «Ve suspiro caliente al pecho frío», f. 128 r. (N. del E.)



 

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Cfr. el apéndice sobre las Hamadríades (N. del E.)



 

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Dauro. La referencia al río Dauro, o Darro, al igual que la que sigue algo después a la Nevada Sierra, implica la localización del bosque en que se encuentran los pastores en un lugar cercano a Granada. Barahona emplea topónimos referidos a esta ciudad y a sus alrededores en la mayoría de sus églogas, de la misma manera que Garcilaso situaba la acción de las suyas en las orillas del río Tajo. Otro topónimos granadinos: Genil (Égloga II), Eliberia, por Granada (id.), la fuente de Alfácar (Égloga III), Dinadámar (id.), Zafarraya (Égloga IV), Algaida (id.), etc. (N. del E.)



 

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los versos y canciones escuchando. La personificación que se advierte en el texto, esa cualidad de los ganados de escuchar el canto de los pastores, se documenta también en la égloga primera de Garcilaso, como tantos otros elementos de esta composición. Allí aparece una expresión bastante parecida a la de Barahona:


«cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
de pacer olvidadas, escuchando»

(Égloga, I, vv. 4-6)                


(N. del E.)



 

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una mal lograda ninfa. La situación inicial de la égloga, una ninfa muerta a la que otras divinidades silvestres hacen ofrendas funerales, puede proceder, al mismo tiempo que de otras fuentes clásicas, de la Égloga III de Garcilaso, de aquellas estancias en las que se recuerda la muerte de Elisa, ya incorporada al mundo mítico de los dioses. Las estrofas que describen el hecho son un modelo de contención expresiva:


«En la hermosa tela se veían,
entretejidas, las silvestres diosas
salir de la espesura, y que venían
todas a la ribera presurosas,
en el semblante tristes, y traían
cestillos blancos de purpúreas rosas,
las cuales esparciendo derramaban
sobre una ninfa muerta que lloraban.
Todas, con el cabello desparcido,
lloraban una ninfa delicada
cuya vida mostraba que había sido
antes de tiempo y casi en flor cortada;
cerca del agua, en un lugar florido,
estaba entre las hierbas degollada
cual queda el blanco cisne cuando pierde
la dulce vida entre la hierba verde»

(Égloga III, vv. 217-232)                


Barahona, sin modificar radicalmente el relato, lo adorna considerablemente, lo carga de sensualidad, al mismo tiempo que ofrece un gusto curioso por las enumeraciones; entre un texto y otro se advierte la diferencia que va del contenido clasicismo renacentista a la expresividad descriptiva del manierismo. (N. del E.)



 

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bledos, tomillos y cantuesos. Se trata de plantas silvestres aromáticas, como el tomillo, comestibles, como los bledos, o con alguna propiedad medicinal, como el cantueso; «Hácese de la flor del cantueso una conserva excelente para todas las enfermedades frías de cabeza», Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española [1611], Madrid, Turner, 1979, p. 291, grafía actualizada. Todas se documentan en este lexicógrafo. (N. del E.)



 

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cedros, mirras, bálsamos, palmas, encienso, cinamomo. Otra seria de plantas exóticas; la mayor parte de ellas son olorosas. Una de las más raras, el cinamomo, lo relaciona Covarrubias con el árbol de la canela. (N. del E.)



 

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vidas. Quizás se refiere a la savia, que puede entenderse como la vida de las plantas. Estas savias abandonan sus tallos («de sus tallos partidas») y participan de algún modo en la sinfonía de perfumes silvestres que evoca el texto. Es posible que la puntuación no sea sumamente correcta, tal como la transmite Espinosa. La idea general es la formación de canastillos con flexibles varas olorosas que perfuman el aura, junto con el mirto y los lirios azules y blancos. El empleo de vidas y partidas en plural puede deberse a necesidades de rima, que no es especialmente rica en esta estancia; obsérvese que el primer verso de la estrofa finaliza con el mismo término que el verso cuarto, palmas, aunque el significado sea distinto en ambas ocasiones: en el primer caso se refiere a un árbol y en el segundo a las manos de las hamadríades. (N. del E.)



 
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