Menalcas es el nombre de un pastor virgiliano. Aparece en las Bucólicas III y V. (N. del E.)
avena es otro nombre, más clásico, de la flauta pastoril. Se encuentra en el principio de la Bucólica I, de Virgilio: «silvestrem tenui musam meditaris avena». (N. del E.)
Según Rodríguez Marín: «Tirar, por quitar, como el francés tirer. En tal acepción se usaba este verbo con alguna frecuencia por nuestros antiguos escritores». (N. del E.)
En una amplia y documentadísima nota, Rodríguez Marín dice que «el sustantivo hombre solía emplearse como pronombre indeterminado, en significación de alguien». (N. del E.)
diosa Flora es una antigua divinidad que representaba el eterno renacer de la vegetación en primavera y presidía la floración. No encuentro en ningún tratado el desprecio de la diosa por el color blanco, que puede ser una invención de Filón para molestar aún más al pastor Salicio. (N. del E.)
El texto trae perfectas, y más abajo, imperfectas, aunque eliminamos la -c-, como era frecuente en algunos textos áureos, para que la rima sea más completa con el término violeta. (N. del E.)
escombras, término poco claro en este contexto, al que aquí parece convenir el sentido de «miras» o «penetras». Covarrubias, junto con otros significados más frecuentes, como «despejar, quitar de delante», añade «quasi desumbrar, quitar sombra». No hay que descartar que tenga un significado propio en la forma de expresión típica del mundo pastoril antiguo, en el llamado sayagüés. (N. del E.)
Menalca, Coridón, Amintas, Dametas, son nombres de pastores de las Bucólicas de Virgilio; el primero ya se anotó antes. Coridón es el personaje central de la Bucólica II y también se incluye en la VII, Dametas aparece en la III y Amintas es un pastorcillo, compañero de Menalcas, que se menciona, por ejemplo, en la misma Bucólica III, v. 66. (N. del E.)
Melampo es el nombre de uno de los perros de Acteón, tal como se menciona también en la «Fábula de Acteón», de Barahona:
| Luis Barahona de Soto, La dulce lira, ed. José Ricardo Morales, op. cit., p. 96. | ||
El origen de estos nombres se encuentra en las Metamorfosis de Ovidio. (N. del E.)
El verso original, hipermétrico y poco conseguido, seguramente por error del editor, es el siguiente: «No hay lobo ni oso no hay en todo el campo». Proponemos la corrección expresada. (N. del E.)