41
J. M. GORDILLO, El caldero de Gundestrup, Valencia, 2003 (tesis doctoral inédita).
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La plástica da fe, asimismo, de estos ritos funerales, hay escenas en las que buitres, cuervos o aves rapaces, apenas esbozados, están devorando a guerreros yacentes en la cerámica numantina, en estelas, en monumentos funerarios del ámbito ibérico del Valle del Ebro. Además se da la asociación en la iconografía de aves rapaces a cabezas humanas, como en la urna de Uxama (Soria). También más allá de los Pirineos hay representaciones iconográficas aludiendo a un ritual como el expuesto, por ejemplo en la estatua jánica de Roqueperteuse, y desde luego en la urna de Cittè delle Pieve, en la que un ave rapaz está devorando el ojo de un guerrero. Así pues el rito de exposición de los cadáveres a la intemperie es asimismo, como no podía ser menos, característico de otros pueblos celtas europeos. Y a más de por la plástica se deduce de un texto de Pausanias (10, 21, 3 ss.) sobre la sorpresa que produce a los griegos el que los galos, que a las órdenes de Breno invadieron la Hélade, no entierren a sus muertos en combate. Y es probable que la cremación de huesos descarnados de determinados santuarios célticos, como el de Ribemont-sur-Ancre, o los huesos que aparecen en Gournay-sur-Aronde, estén apuntando hacia un ritual funerario de exposición.
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Espigando entre el enorme número de rosáceas que se hallan en estelas o aras funerarias a partir de las civilizaciones autóctonas hispanas, he ahí unos ejemplos tomados de forma no selectiva: estela de Antiola, procedente de Osuna, probablemente de finales del siglo II o primera mitad del siglo III. Tiene forma de medio punto; el texto está enmarcado por triple moldura rectangular, sobre las que rematan otras tres que forman frontón semicircular, en el que hay una flor de siete pétalos con botón central (J. GONZÁLEZ, Addenda et corrigenda. epigraphica, Habis 12, 1981, p. 140). Inscripción de la finca «La Dueña Baja», Osuna. En la parte superior hay tres motivos decorativos, una pátera y a ambos lados dos rosáceas de ocho pétalos, con botón central. Debajo de ellos se halla el campo epigráfico. Pudiera ser de época tardía romana (J. F. RODRÍGUEZ NEILA, «Tres inscripciones de Urso (Osuna)», Habis 7, 1976, pp. 371-373, XXV). Dos aras funerarias de Clunia, datadas en el siglo I, en una el coronamiento, con foculus circular, está formado por un frontón triangular entre dos volutas con un par de rosetas de ocho pétalos (P. DE PALOL, F. VILELLA, «Clunia II. La epigrafía de Clunia», p. 58, n. 58); en la otra la cavidad de sacrificios está constituida por una doble voluta terminada en sendas rosáceas de ocho pétalos (P. DE PALOL, F. VILELLA, «Clunia II. La epigrafía de Clunia», p. 63, n. 68). Estela discoidea de Ronda, época nazarí: en la misma hay una rosácea hexapétala (M. A. MARTÍNEZ NUÑEZ, «La estela funeraria en el mundo andalusí», C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internacional de Estelas Funerarias. Actas, vol. II, p. 442, V, 10). Estela discoidea medieval del entorno de la iglesia de San Miguel de Fuentidueña, Segovia: ocupa la totalidad del campo del disco una rosácea hexapétala de hojas nervadas que se unen en círculo central; entre ellas alternan botones hemisféricos, técnica bajo relieve. La rosácea se orienta con referencia al eje de simetría de la estela (fig. 16). Cf., además, J. M. BLÁZQUEZ, M. P. GARCÍA-GELABERT, «Estelas del Valle de Arán (Lérida)», VII Congreso Internacional de Estelas funerarias, (Santander 2002), en prensa. En la comunicación estudiamos estelas en las que las rosáceas son parte integrante de la iconografía.
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Estela de Nice, con rueda solar y dos rosáceas hexapétalas, San Esteban de Gormaz, Soria. Estela de Ano Medutino, aludida en nota 28 ( F. GARCÍA PALOMAR, «Decoración funeraria en la epigrafía celtíbero-romana de San Esteban de Gormaz (Soria)», pp. 323, 1. 326, 4).
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Siguiendo por la senda de atribuir una derivación del creciente lunar a la hoja acorazonada, al respecto de la hoja de la ventana n.º 6 no sería posible. En todo caso se la tendría que hacer derivar del menguante, y tal fase lunar nunca aparece en la iconografía funeraria prerromana, romana, etc., por la lógica de su significado. Cabe la posibilidad, remota, que el artesano no se atuviera a los cánones de representación en esta hoja, para adaptar el anagrama JHS a la concavidad de la misma.
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La flor de lis es más frecuente en estelas funerarias relacionadas con la religión de Cristo, que en estelas de civilizaciones anteriores, quede claro que para todos los ejemplos únicamente me refiero a la Península, cf. la estela discoidea de Salvatierra de Esca, Zaragoza, con un doble monograma de Cristo, una estrella de ocho puntas, una t en el otro extremo, y una cruz rematada por flores de lis, cronología entre los siglos XV-XVI (F. LEIZAOLA, «Estelas discoides en Ansó, Hecho (Huesca) y Salvatierra de Esca (Zaragoza)», C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internaci onal de Estelas Funerarias. Actas, vol. II, p. 532, 1); o la estela discoidea n.º 3 de San Leonardo, Soria, tal vez procedente de la antigua iglesia románica del lugar: en el reverso rosácea hexapétala, en el anverso cruz patada, existiendo entre los brazos cuatro flores de lis, técnica bajo relieve (E. HERAS, «Estelas medievales de la provincia de Soria III», C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internacional de Estelas Funerarias. Actas, vol. II, pp. 573-574). He ahí pues en una sola estela tres de los integrantes decorativos de las ventanas. La flor de lis es muy frecuente en heráldica.
47
J. M. LOIZAGA, F. RELLOSO, «Las estelas desaparecidas de época romana documentadas en Navarra», p. 240, 4.
48
R. SCHILLING, Historia religionum. I. Religiones del pasado, Madrid, 1973, p. 475.
49
F. MARCO, J. L. ONA, «Un grupo de estelas discoideas del siglo XIII de Jaca (Huesca)», C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internacional de Estelas Funerarias. Actas, vol. II, p. 546.
50
M. ELIADE, Historia de las creencias y de las ideas religiosas, vol. II, Madrid, 1979, p. 279.