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Un recurso clásico en la prosa de fray Luis de León: las parejas de sinónimos en la «Exposición del libro de Job»

Javier San José Lera





La recuperación de la retórica clásica a las puertas del Renacimiento es un hecho que se comprueba con las traducciones que humanistas como Villena o Alfonso de Cartagena realizaron de obras de Cicerón (el De inventione, por Alfonso de Cartagena y la Rhetorica ad Herennium -atribuida en la época a Cicerón- por Villena)1. Estas traducciones fueron filtrando la teoría retórica que llegará a ser esencial en la formación del hombre nuevo y en la constitución del humanismo2.

A la hora de caracterizar la prosa del humanismo español, se acepta sin discusión la presencia activa del modelo clásico latino, predicado desde las retóricas y representado por Cicerón. Así, los humanistas españoles, que se esforzaron por dotar a la prosa romance de la dignidad de la latina, habrían utilizado como plantilla el periodo de la prosa de Tulio. No es extraño que esto ocurriera, puesto que cualquier universitario de la época se había visto obligado a seguir en su programa académico la teoría retórica y la práctica concreta a través de textos ciceronianos que, por otra parte, tuvieron una indudable difusión editorial3. Los discursos de Cicerón fueron particularmente útiles por su riqueza de recursos retóricos, pero también para el estudio de la gramática, la ética o la lógica.

Cualquier escritor que quisiera dotar a su prosa de la facundia del periodo latino, tenía que recurrir a la imitación de recursos consagrados, como señala Fernando Lázaro4. Y esos recursos consistían básicamente en la repetición de estructuras paralelas, y más concretamente, en el paralelismo y la sinonimia. Las obras de San Ildefonso o de San Isidoro, traducidas también en el siglo XV, ofrecían la clave formal. Cicerón aportaba la base teórica: a mayor abundancia de palabras, más significación5. Es la misma idea que defiende Juan de Valdés para justificar el uso de parejas de términos sinónimos:

Y si deste refrán: «Quien guarda y condessa, dos vezes pone mesa», donde lo mesmo es guardar que condessar, quitássedes el uno dellos, aunque no gastaríades la sentencia, quitaríades el encarecimiento que suelen hazer dos vocablos juntos que significan una mesma cosa6.


El uso de las parejas de sinónimos es precisamente uno de los rasgos más repetidos para caracterizar la prosa del siglo XVI. Escribe Menéndez Pidal:

Este curso lento de la palabra, este deleite moroso que se entretiene a cada paso en la yuxtaposición de sinónimos, es, sin duda, el carácter más saliente de la lengua de casi todo el siglo XVI. Tiene de humanismo el apoyarse en el estilo de Cicerón y de otros oradores latinos, que también gustaron de esta repetición de sinónimos y otras tautologías; y tiene de hispanismo el responder a la natural facundia española7.


Por este recurso pasan gran parte de los esfuerzos estilísticos de los prosistas españoles. El especial gusto de fray Antonio de Guevara por este tipo de construcción bimembre se manifiesta con fuerza en el encabezamiento de muchas de sus Epístolas familiares8, donde leemos fórmulas como las siguientes:

Serenísima y muy alta señora.


(27)                


Muy ilustre señor y cesáreo capitán.


(48)                


Muy ilustre y muy particular deudo y señor.


(114)                


Muy reverendo y assaz religioso padre.


(124)                


Espectable señor y magnífico caballero.


(129)                


Moço señor y recién casado caballero.


(363)                


Honrado señor y viejo remozo.


(406)                


O en los títulos con que divide la materia de una de sus cartas, la número 55, «para dos recién casados» (363-90):

Que la muger sea vergonzosa y no muy parlera.

Que la muger sea recogida y poco ocasionada.

Que la muger casada no sea soberbia y brava.


Y en la prosa de sus epístolas, a pesar de que se trata, en opinión de Cossío, del libro más representativo de Guevara, por su estilo «menos afectado que en sus restantes libros»9, encontramos abundantes construcciones de dos términos: «auctores y escriptores», «sabio y discreto», «castigadas y polidas», «triumphos y mercedes», «ingrato y desconocido», «desacato y inobediencia», «digo y afirmo», «vaivenes y desmanes», «tristezas y congoxas», «tribulaciones y adversidades», «triste y lastimado», «clandestino y abscondido»; estas construcciones se acumulan, a veces, en párrafos como el siguiente: «La muger grave y de auctoridad no se ha de presciar de ser donosa y dezidora, sino de ser honesta y callada, porque si prescia mucho de hablar y mofar...» (371)10.

La característica semántica básica de estas parejas es su estatismo, es decir, apenas se produce aporte significativo en uno de los términos implicados. En algunos casos se combina un cultismo con un término tradicional11 («ingrato y desconocido») y a lo más se produce una ligera intensificación en el matiz significativo en el segundo término («tristezas y congoxas», «triste y lastimado»). Sin embargo, lo más frecuente es la sinonimia casi plena.

Si de la epístola pasamos a otro de los géneros característicos de la prosa renacentista, como es el diálogo, en el Viaje de Turquía12, la Dedicatoria se abre con la siguiente frase: «Aquel insaciable y desenfrenado deseo de saber y conoscer...»; y más adelante encontramos abundantes sinonimias, como las siguientes: «fábulas y fictiones», «ánimo y entendimiento», «padre y autor», «estriba y se sustenta», «mayor contrario y capital enemigo», «rectórica y elegantia», «remedios y consejos», «paganos y infieles». El anónimo autor de esta Odisea de Pedro de Urdemalas ni siquiera se permite las libertades creativas de Guevara. La sinonimia es en estos casos estricta.

Todavía dentro del diálogo, Juan de Valdés, que recoge y expresa, como hemos visto, la teoría de Cicerón, usa también esta construcción en su Diálogo de la lengua, donde podemos leer párrafos como el siguiente:

... avemos tomado mucho descanso, pasatiempo y plazer, porque con la lición refrescávamos en nuestro ánimos las memoria del amigo ausente, y con los chistes y donaires de que continuamente vuestras cartas venían adornadas, teníamos de qué reír y con qué holgar; y notando con atención los primores y delicadezas que guardávades y usávades en vuestro escrivir castellano, teníamos sobre qué hablar y contender13.


En Valdés, no se alcanza la desmesura de Guevara o del Viaje a Turquía. En este caso el encarecimiento está controlado por la naturalidad expresiva.

Hasta tal punto estas construcciones bimembres se apoderan de la prosa del XVI, que cuando Cervantes, ya a finales del siglo, quiere caracterizar el habla pretendidamente retórica de la pastora Marcela, lo hace con continuas parejas de términos: «enamorasen y rindiesen», «confusas y descaminadas», «voluntario y no forzoso», «adornan y hermosean», «intención y prosupuesto», «fiera y basilisco», «perjudicial y mala», «honesto proceder y recato»14.

Fray Luis de León, embarcado en el empeño de levantar la prosa castellana de su «descaymiento ordinario», no es una excepción a este recurso de las parejas de sinónimos. Sin embargo, en su construcción y su uso se comprueba la madurez del procedimiento y la evolución de la prosa luisiana hacia nuevos hábitos estilísticos. Lo apuntó ya Menéndez Pidal:

Al comienzo, Fray Luis está aún ligado a muchos usos del periodo anterior que luego el trabajo de lima le hace desechar. Por ejemplo, usa de las parejas de sinónimos que tanto hemos mencionado [...] En Los nombres de Cristo y La perfecta casada, editados en 1583, escribió muchas de estas sinonimias; pero cuatro años después, en la reedición de 1587, las suprimió15.


He comprobado la afirmación de Pidal en las dos ediciones de La perfecta casada16. En efecto, hay ya en la edición de 1586, una clara tendencia a suprimir parejas de sinónimos, cuando no existe un claro avance significativo entre los términos:

EDICIÓN 1583 > EDICIÓN 1586
cosas agenas y extrañas > cosas agenas
desee y ame > ame
cargo y suerte > suerte
silban y burlan > silban
orden y estilo de bivir > estilo de bivir
señalarse y vencerse > vencerse
vence y sobrepuja > vence
no abraça ni allega > no allega
merecer y alcançar > alcançar
contrario y demasiado > demasiado
estados y condiciones > estados
conservará y tendrá > conservará
pecar y faltar > pecar
aborrescibles y odiosas > aborrecibles
amor y amistad > amor
negocio y cuydado > cuydado
perpetua y biva > biva

No he comprobado la afirmación de Pidal en De los nombres de Cristo, para lo cual sería imprescindible una edición crítica del diálogo del agustino, de la que aún carecemos. He repasado el nombre de «Cordero», que fray Luis no incorporó a la última edición de la obra que pudo revisar, la de 1587, y que sí aparece en la edición de 1595, lo cual podría hacernos pensar en una fecha más tardía de composición17. No encuentro ninguna diferencia notable en la frecuencia de uso que fray Luis hace en este capítulo de las parejas de sinónimos respecto a su presencia en el resto de la obra. Sí me llama la atención el hecho de que las construcciones bimembres son, cada vez con más frecuencia, no parejas de términos sinónimos, sino de términos que se complementan en su significado; son parejas menos estáticas y más dinámicas, desde el punto de vista semántico: «ascondido y misterioso» (recuérdese que Guevara escribe «clandestino y abscondido»), «impertinencias y vilezas», «riñe y corrige», «terrible y fiereza», «amarga y espantable», «adoravan y servían», «amoroso y manso», «amor y mansedumbre», «desama y maltrata», «abrojos y espinas», «declara y engrandece» (Guevara escribe a menudo «dice y affirma»). La perfecta distribución semántica en parejas complementarias se puede comprobar en el siguiente fragmento del nombre «Pastor»:

Con la qual región si comparamos aqueste nuestro miserable destierro es comparar el desassossiego con la paz y el desconcierto y la turbación y el bullicio y desgusto de la más inquieta ciudad con la misma pureza y quietud y dulçura. Que aquí se afana y allí se descansa, aquí se imagina y allí se vee, aquí las sombras de las cosas nos atemorizan y assombran, allí la verdad assossiega y deleyta.


(225; subr. mío)                


Los distintos términos que se emparejan pertenecen al mismo campo semántico, pero no son sinónimos: «desconcierto y turbación» pertenecen al ámbito de los movimientos del ánimo, pero expresan grados distintos de "inquietud"; de igual manera funcionan los verbos «atemorizan y assombran»; «bullicio y desgusto» establecen entre sí una relación de causa-efecto; lo mismo puede decirse de «assossiega y deleyta»; «pureza y quietud y dulçura» solamente comparten el estereotipo positivo y es lo que les permite funcionar con coherencia semántica. No es que en De los nombres de Cristo hayan desaparecido las parejas de sinónimos, que perduran abundantemente aún («claridad y evidencia», «cante y alabe», «flores y rosas», «trabajasse y labrasse la tierra», «quietud y sossiego», «libros y letras», «cerca y rodea», etc.); pero sí se puede comprobar un fermento nuevo, una cierta evolución hacia formas más expresivas, formas de intensificación semántica, de «encarecimiento», como decía Juan de Valdés.

Este proceso se confirma cuando nos enfrentamos con la prosa de fray Luis en el mismo momento del proceso creativo, tal y como nos lo ofrece el manuscrito de la Exposición del Libro de Job18.

En el folio 4r encontramos la siguiente corrección:

1) Mas no la prueua por esta vía antes, multiplicando cosas agenas y (razones) impertinentes la escurece y confunde.


En este caso, se produce la supresión de una pareja de adjetivos, «cosas agenas y impertinentes», ni siquiera sinónimos, para evitar un periodo excesivamente estructurado y que podía resultar tedioso, al cerrarse dicho periodo con una bimembración, «escurece y confunde», formada por términos no sinónimos, sino que establecen una relación semántica de causa-efecto. Por otra parte, comprobamos cómo fray Luis no olvida el encarecimiento, ya que sustituye la palabra cosas de la redacción inicial, sin apenas aporte significativo, por la más expresiva razones, que remite además al campo de la argumentación escolástica, como conviene al contexto19.

Otros casos de supresión de una construcción bimembre son los siguientes:

2) no quiere mostrarse vencida, para quedar después más vencida y confusa


[fol. 27r],                


donde se evita la repetición del participio vencida.

3) Porque en tal caso y sospecha era más de elegir


[fol. 46r],                


donde la simplificación de la estructura se justifica por el hecho de que la bimembración se produce en una secuencia de enlace prácticamente lexicalizada, y no es rentable desde el punto de vista semántico.

4) en las criaturas espirituales, de cuya naturaleza es más apartado el peccar, hallan culpas y faltas.


[fol. 61v]                


En este caso, se suprime una auténtica pareja de sinónimos, cuyo aporte significativo es escaso y que además no contribuye a la estructuración rítmica del periodo.

5) y le diessen a entender si podían, aquello en que se engañaua y erraua su engaño (si se atreuían).


[fol. 106v]                


La simplificación estructural es más radical en este caso, en el que la pareja de verbos sinónimos, «se engañaua y erraua», es sustituida por un sintagma nominal equivalente, «su engaño».

6) mas también ponen en estima y (en admiración) con sus estudios y pretensiones con su manera de biuir aquesta su secta de vida y hazen y en admiratione con y en admiración con su manera de biuir esta soberuia y grandeza (esta secta de vida).


[fol. 145r]                


En este pasaje, intensamente trabajado, el esfuerzo creador de fray Luis se muestra con especial fuerza. Hay, en primer lugar, una tendencia a la simplificación de las estructuras bimembres:

con sus estudios y pretensiones > con su manera de biuir.
esta soberuia y grandeza > esta secta de vida.

Y se suprimen precisamente las que semánticamente aportan menos a la frase, por construirse con términos casi sinónimos («estudio» debe entenderse como cultismo semántico, 'empeño'), o por quedar el segundo elemento sin expresividad, eclipsada por la fuerza del primero: «soberuia y grandeza». Se mantiene en cambio la pareja de términos que contribuye al encarecimiento, al suponer el segundo término un avance de matiz semántico respecto al primero: «en estima y en admiración».

Podríamos señalar otros casos de supresión de construcciones bimembres, sean o no parejas de sinónimos. Prefiero centrarme ahora en otros casos igualmente significativos. Me refiero a aquellos en los que fray Luis reforma, pero mantiene, una bimembración inicial. Es el caso que encontramos en el folio 26v:

7) que en orden de lo que Dios pretendió quando le dio licencia con este poder (açote) y licencia.


Inicialmente la pareja de términos son casi sinónimos para expresar la "capacidad", el «poder» o la «licencia» que Dios otorga. En la redacción definitiva, fray Luis sustituye el primero de los términos implicados por el sustantivo azote. Con ello se construye una pareja de términos de significado complementario, una pareja no estática, sino dinámica: azote resume el padecimiento de Job, y licencia el poder de Dios que lo autoriza. No se produce aquí un «remansarse el pensamiento», como dice Lapesa, sino un claro avance significativo.

Otros casos de este tipo son:

8) y quám no euitable el daño miedo y temblor que padecen


[fol. 207r],                


en donde la cohesión semántica de la pareja definitiva, que reproduce un esquema de causa-efecto, es mayor que la inicial, y por lo tanto potencia con mayor eficacia la expresión de la idea de 'temor' (no de 'daño'), que conviene al contexto de la frase.

9) respondo que eso es lo que quiero espero y deseo.


[fol. 184v]                


Conociendo el modus scribendi de fray Luis me inclino a pensar que inicialmente no iba a aparecer una construcción de tres miembros en esta frase, sino que se trataba de una bimembración, como la de la redacción definitiva, pero con cambio de verbo. Así, la sustitución de quiero por espero, formas verbales equivalentes desde el punto de vista estructural y rítmico, busca el avance significativo que apenas se produciría en una estructura como «quiero y deseo», a pesar del pequeño matiz intensificador del segundo verbo, y que sí se da en «espero y deseo», verbos con sentidos distintos, pero referentes ambos a movimientos del ánimo.

10) y por su vileza [encima:] bajeza y peccados dellos muchas vezes no es entendido.


[fol. 383v]                


Inicialmente, la pareja «vileza y peccados» no suponía ningún aporte significativo a la frase, pues se mencionaba un pecado concreto y el término genérico, que perdía así su capacidad expresiva. En la redacción definitiva, en cambio, el sustantivo bajeza no se refiere a una acción infame, un pecado, sino a la condición inferior del hombre, con lo que la bimembración «bajeza y peccados» recoge la condición humana y la consecuencia efectiva de esa condición en un comportamiento concreto.

11) y que como halague y ennoblezca (deleite) el oydo con la dulçura de la palabra.


[fol. 385r]                


En este caso la sustitución de un término por otro tiene repercusiones semánticas que trascienden el ámbito de la retórica. En el verbo elegido en la redacción inicial parece funcionar un concepto platónico de consecución de la virtud por la belleza: la palabra dulce (bien compuesta) es capaz de ennoblecer a quien la escucha. En la redacción definitiva se sustituye el verbo ennoblecer por el verbo deleitar, que remite a la forma de expresión de todas las retóricas del efecto del ritmo sobre el oído del oyente, el deleite, la voluptas aurium. En este caso fray Luis prefiere el verbo que remite a la teoría retórica, a pesar de que la pareja resultante es en este caso menos dinámica que la inicial.

12) es muy efficaz y muy cierta [encima:] cierto aquesta esta [encima:] este sentencia (argumento) y conclusión de Eliú.


[fol. 400v]                


El sustantivo sentencia, que aparecía inicialmente resultaba poco adecuado al contexto, ya que no se refería ni a una frase grave, ni se usaba, como lo utiliza fray Luis abundantemente, como tecnicismo exegético con el significado de 'sentido'. Por el contrario, el término que le sustituye y que se integra en la bimembración «argumento y conclusión», es perfectamente coherente, puesto que define el discurso de Eliú como una serie de razonamientos, un argumento, que termina con una conclusión. Se menciona, pues, la estructura general del discurso y se especifica la parte final del mismo.

Debemos, por último, referirnos a aquellos casos en los que fray Luis crea una pareja de términos que no existía previamente. Encontramos el primero de esos casos en el folio 13r:

13) no solamente por lo pegajoso que todo y atractiuo que todo lo malo tiene.


Se trata, en efecto, de la creación de una estructura bimembre que responde al deseo de completar el significado de la frase. El adjetivo pegajoso, usado en su sentido figurado que se refiere a la facilidad con que se comunican los vicios, tiene claramente un estereotipo negativo; el adjetivo que se combina con él para formar pareja, atractivo, usado en su sentido recto, tiene un estereotipo claramente positivo. El doblete de adjetivos se complementan, ofreciendo una visión coherente del mal, desde el punto de vista ideológico: apariencia engañosa del bien.

14) y por esto fue mortal como se escriue su enfermedad y desesperada.


[fol. 29r]                


Se crea, en este caso, la bimembración «mortal y desesperada», adjetivos no sinónimos sino claramente complementarios en la idea de 'destrucción': «mortal» ('destrucción física') y «desesperada» ('destrucción moral').

15) Y de ser (rico y) dichoso viene a ser esclauo y a ser miserable.


[fol. 31v]                


En este caso, la creación de la bimembración se deba a motivos rítmicos, en concreto equilibrar el periodo, que inicialmente quedaba descompensado. Sin embargo, a la hora de crear una estructura bimembre, fray Luis no recurre a términos sinónimos, sino complementarios.

16) no se encuentra con la paciencia que sienta lo que le duele el herido y que el herido que el puesto en desuentura y herido sienta lo que le duele y publique lo que siente.


[fol. 34v]                


Nos interesa de este caso cómo el sintagma inicial «el herido» se amplifica en la redacción inicial y pasa a ser «el puesto en desuentura y herido». Con ello se consigue dar una visión completa del dolor, tanto espiritual como físico; y así se intensifica la valoración de la paciencia de Job, sometido a ese dolor completo.

17) se las dize en lo muy hondo (y secreto) del alma.


[fol. 61v]                


Tampoco en este caso la pareja de términos que crea fray Luis es estática desde el punto de vista semántico, sino que se produce un avance de matiz significativo hacia lo íntimo, hacia lo místico, en su sentido estricto.

18) Porque su alma, esto es, su razón (y deseo) juzga (y apetece).


[fol. 1 54v]                


En esta ocasión se produce una doble creación de parejas para completar el sentido de la frase, dentro de la concepción tradicional del alma, formada por la «razón» y el apetito sensitivo, el «deseo»20. En este sentido, la inserción de «deseo» completa la visión del alma, y la de «apetece» completa su actividad, en perfecta distribución: razón juzga / deseo apetece.

19) le quedaua otra vida como esta para gozarla en (alegría y) descanso.


[fol. 1 94v]                


Se trata una vez más de intensificar el significado de la frase mediante una pareja de términos no sinónimos, sino complementarios, que inciden en la idea de 'bienestar futuro', frente a la de 'trabajo presente' que antecede en el contexto.

20) aduirtió en el sembl rostro y meneos de Job algún semblante de enfado.


[fol. 397r]                


El sustantivo inicial, semblante, significa la expresión de un estado de ánimo en el «rostro». Así, en la redacción definitiva se establece claramente la diferencia entre la parte visible del enfado, mediante una pareja de términos complementarios, «rostro y meneos», y la repercusión emocional, «semblante».

Otros muchos casos podrían aducirse para mostrar la actividad creadora de fray Luis de León en este campo concreto. Creo que los analizados son suficientemente explícitos y permiten concluir que tanto en la supresión, como en la reforma y en la creación de construcciones bimembres, fray Luis avanza un rasgo nuevo de estilo en la prosa del siglo XVI: las parejas de términos no son estáticas, sino dinámicas, no remansan el pensamiento, sino que lo intensifican y potencian, haciéndolo avanzar hacia nuevas significaciones que enriquecen la capacidad expresiva de la construcción21. No han desaparecido todavía por completo las parejas de sinónimos, pero sí se muestran en clara evolución, a pesar de que fray Luis se mantiene fiel a la idea central de su poética: el equilibrio.

Un dato cronológico viene a aportar nueva luz al fenómeno. De los veinte casos que he analizado, dieciséis pertenecen a la copia autógrafa, es decir, la parte que fray Luis corrigió en último lugar, probablemente el último año de su vida22, y que nos muestran al fray Luis más maduro. Y es este fray Luis el que construye, ya casi sistemáticamente, las parejas dinámicas.

Si la afirmación de fray Luis de que «el bien hablar no es común, sino negocio de particular juyzio, ansí en lo que se dize como en la manera como se dize»23, nos lleva a considerar al escritor agustino como el punto de inflexión hacia un nuevo estilo24, su práctica concreta respecto a un recurso tan característico como es el de las parejas de términos sinónimos, la conversión de las parejas estáticas en parejas dinámicas, nos abre las puertas hacia una nueva etapa, hacia un nuevo estilo, ya no renacentista, sino más claramente prefigurador del manierismo barroco.





 
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