Visibilidad y transgresión en «Un mundo para Julius» de Alfredo Bryce Echenique
Erika Almenara
University of Arkansas
Mundo no significa en absoluto un ente ni un
ámbito de lo ente, sino la apertura del ser.
Martin Heidegger
Recuerdo que leí Un mundo para Julius (1970) por primera vez cuando tenía diez años. Mi madre me hizo entrega del libro -una edición de Mosca Azul que aún conservo- sin saber que su lectura me conduciría a un movimiento interior que me acompaña en cada revisión que he procurado de la novela desde entonces. Es justamente de eso, del movimiento, de lo que me interesa hablar en el presente ensayo, específicamente de aquel que propone el texto a través de la transgresión de espacios que realiza el personaje de Julius, así como de la que lleva a cabo el narrador a nivel lingüístico1. Me propongo demostrar que dichas transgresiones producen la revelación de «un universo más vasto y completo» (Escajadillo, 1994: 131); uno que es más real y que hace visible las diferencias e injusticias que se producen entre un mundo cerrado y aparentemente perfecto -el de la clase social a la que pertenecen Julius y su familia- y un mundo imperfecto e ignorado -en el que se encuentran los miembros de la servidumbre y otros agentes que se insertan en la clase social del proletariado.
La novela tiene como personaje principal a Julius, quien, en palabras de Phyllis Rodríguez-Peralta, es «an outsider. Different from the other members of his family, he is out of place within his own family world» (1994: 154). Dicha descripción se puede evidenciar desde las primeras páginas del libro en las que se advierte que Julius es un individuo distinto, poseedor de una curiosidad y sensibilidad que, como veremos, son el detonante de las transgresiones que este realiza a lo largo de la novela. Al iniciarse el relato, leemos:
Julius nació en un palacio de la avenida Salaverry... donde a los dos años se perdía y lo encontraban siempre parado de espaldas, mirando, por ejemplo, una flor; con departamentos para la servidumbre, como un lunar de carne en el rostro más bello.
(UMPJ: 11)
Observamos que desde muy niño, Julius muestra una tendencia hacia el desplazamiento, la cual se extiende más allá de las zonas permitidas. Anida en él una necesidad de explorar otros espacios en los que le sea posible hallar situaciones, visiones y sentimientos distintos de aquellos que conserva el mundo al que pertenece. Julius, en palabras de Juan Lucas, «andaba metido siempre entre la servidumbre o conversando con el jardinero, con cualquiera menos con otros igual a él» (UMPJ: 98) o con los miembros de su familia y clase social.
Esta primera narración evidencia, de igual manera, una transgresión a nivel lingüístico desplegada por el narrador, en la medida en que consigna bajo un mismo contexto dos elementos que son antagónicos para la lógica de la familia de Julius: una flor y los departamentos para la servidumbre. Considero que esta decisión responde a la intención de colocar ambos componentes dentro de un ámbito de belleza y de oponerse, desde el principio, a la concepción que manifiestan los demás habitantes del palacio en cuanto a la servidumbre, pues consideran a ésta como «un lunar de carne en el rostro más bello». Esta última frase, a pesar de ser emulada por el narrador, corresponde a la valoración que presentan los familiares de Julius en cuanto a sus empleados domésticos. El narrador se burla constantemente, a través de la ironía, de dicha concepción por medio de la inserción de comentarios y opiniones que consigna dentro del texto.
Otro ejemplo, que hace manifiesta la curiosidad de Julius, radica en la fascinación que presenta ante las historias que narra Nilda «la selvática, la cocinera, la de olor a ajos» (UMPJ: 15) sobre su tierra. Julius es un niño al que no le interesan las historias propias de un individuo de su clase; no solicita, por ejemplo, la lectura de cuentos que incluyan a los personajes de esa «especie de Disneylandia» (UMPJ: 14) en la que almuerza y cena. Por el contrario, le concierne oír sobre la selva peruana y Tambopata. Es decir, le interesa conocer una realidad más compleja y real que involucre al resto de un país que sus familiares ignoran. Asimismo, no resulta gratuito que el narrador inserte esta característica de Julius justamente dentro de un ámbito que tiene que ver con la narración de historias, narración que además es oral. Esto parecería reforzar la intención del texto por transgredir las leyes propias de la escritura, así como su propósito de develar ese universo amplio y verdadero del que hablábamos en el párrafo introductorio, no solo a un nivel narrativo sino también lingüístico2.
Por otro lado, notamos que, a través de estas tempranas transgresiones, Julius comienza a resistir al sistema de police, el cual lo posiciona como un niño oligarca que debería presentar cierto comportamiento, gustos y tratos. Utilizo el término police según lo define el filósofo francés Jacques Ranciére, «an order of bodies that defines the allocation of ways of doing, ways of being, and ways of saying» (Rancière, 1999: 29). Julius, pues, descoloca dicho sistema, lo irrumpe, lo cuestiona y, es más, se declara en oposición de él, como veremos a lo largo de este ensayo a través de tres personajes principales que he elegido para desarrollar el análisis. Considero, de igual manera, que dicha resistencia es también desplegada por el narrador, ya que como hemos visto, se niega a restringir su escritura a unas leyes en las que la oralidad con la que relata no tendría cabida, así como las constantes intervenciones que realiza dentro de la misma narración.
Pero ¿con qué propósito hace esto el autor? Estimo que se vale de dicha locución para dar cuenta del poder de la palabra como resistencia y apertura, en el sentido en que esta, al negar los límites impuestos -tanto en el caso de Julius como en el de la misma novela- los difumina y hace posible que se devele una visión real y completa de los mundos cerrados, expuestos en el libro.
Como hemos mencionado en el primer párrafo de este ensayo, el cosmos en el que habita Julius es uno que se pretende perfecto y en el cual se lleva a cabo una negación de aquello que no se considere como tal. Esto produce que se busque ocultar todo suceso o realidad penosa e imperfecta que no colabore con la construcción de un reino aparentemente feliz y bello. De ahí que Susan, la madre biológica de Julius, no pueda cumplir con su rol materno, especialmente en lo que concierne a lo afectivo, debido a que esta se encuentra abocada a mantener una vida de «compostura y elegancia, sin dejar de ser linda» (Escajadillo, 1994: 31).
Frente a esta carencia, Julius transgrede el espacio de Susan -el materno biológico- a través del personaje de Vilma, «una muchacha, una que su mamá, que era linda, decía hermosa la chola, debe descender de algún indio noble, un inca, nunca se sabe» (UMPJ: 12). Vilma, pues, «se armaba de toallitas jabonadas y jabones perfumados para niños, y empezaba a frotar dulce, tiernamente, con amor el pecho, los hombros, la espalda, los brazos y las piernas del niño» (UMPJ: 12). Las características que deberían presentarse en la figura de Susan se desplazan hacia la de Vilma, personaje por el que Julius demuestra un fuerte apego y con quien construye un vínculo afectivo de tipo materno-filial. Esto demuestra que Julius no se contenta con la conexión fría, egoísta y despreocupada que le ofrece su madre biológica, sino que la complementa y supera con los atributos que halla en la figura de Vilma.
Otro pasaje que ilustra el vínculo entre Julius y Vilma es el que narra la muerte de Bertha. En este, observamos que Vilma comparte el sentimiento de tristeza que se produce en Julius, lo reconoce como válido y llora junto a él ante la pérdida de la fallecida empleada. Este acto resulta sumamente significativo en la medida en que Julius puede desplegar libremente su sensibilidad, transgrediendo aquello que es considerado como inadecuado para los miembros de su familia -sufrir por la muerte de una empleada doméstica-. De igual manera, este episodio sirve para demostrar que Julius se resiste a vivir dentro de un mundo de falsa perfección, en el cual se niega la existencia de la muerte y el sufrimiento: «y ahí sí que todos soltaron el llanto, al pobre Julius la corbata le ardía como nunca y los mocos le colgaban hasta el suelo. ¡Qué triste era todo!» (UMPJ: 23). Notamos, pues, una conexión entre Julius y los miembros de la servidumbre puesto que estos presentan sentimientos más acordes a su personalidad; lo que lo lleva a sentirse, hasta cierto punto, familiarizado con su mundo, el mundo de los pobres, a pesar de que reconozca que en este «todo es más chiquito, más ordinario, menos bonito» (UMPJ: 19). Al respecto, Rodríguez-Peralta sostiene que «as he [Julius] matures, his developing consciousness absorbs the social distinctions around him, and gradually he begins to touch the borders of existence in those positioned lower than his family» (1994: 145). Por otro lado, Vilma despliega un sentimiento de protección hacia Julius inexistente en la figura de la madre biológica. Como ejemplo de ello podemos mencionar la situación que se produce en casa de los primos Lastarria, cuando Rafaelito lanza trozos de tierra húmeda a Julius v Cinthia: «Vilma los envolvía con sus brazos y trataba de esconderlos entre sus piernas, como fuera con el uniforme» (UMPJ: 27).
A partir de esta primera transgresión del espacio materno, Julius niega su origen, el oligárquico, al alejarse afectiva y políticamente de su madre biológica. De igual manera, hace visible la frialdad e indiferencia que se respira en dicho mundo, tanto como la compleja relación que existe entre este y el de la servidumbre, en la medida en que ambos «están enfrentados entre sí» (Escajadillo, 1994: 133). Esto debido, principalmente, a que el mundo de los familiares de Julius es uno en el que la expresión no tiene cabida, pues se le es indiferente e incluso prohíbe reconocer todo aquello que no encaje dentro de la esfera de perfección en la que se pretende vivir.
En el caso del mundo de la servidumbre sucede todo lo contario, puesto que este es en sí mismo una representación de aquello que no se estima perfecto y en el que sus miembros buscan constantemente la expresión hacia afuera, lo que se traduce en bulla, desorden y barbarie. Esta transgresión, asimismo, sirve de trampolín para que Julius intente nuevas transgresiones, las cuales no solo se perpetran dentro del espacio familiar, sino que se extienden hacia fuera, hacia la ciudad, hacia la realidad del país.
El ingreso de Julius al colegio es, así, una oportunidad para llevar a cabo nuevas transgresiones, debido a que comparte dicho espacio con compañeros que provienen de un estrato social diferente al suyo, como es el caso de Cano. Las diferencias entre este y el resto de sus compañeros comienzan a aflorar desde el momento en que declara cuál es su equipo de fútbol favorito. A Cano, pues no le interesa ser hincha de Universitario de Deportes o Alianza Lima, los dos equipos hegemónicos del fútbol peruano; sino que apoya a los jugadores del Sport Boys, considerado por los demás muchachos como un equipo «de chaveteros del puerto» (UMPJ: 147). A partir de dicha confesión, los estudiantes caen en cuenta de que:
además de la corbata vieja, medio arrugada y desteñida, el uniforme de Cano brillaba y el pantalón corto le quedaba más debajo de la rodilla, demasiado largo; y era medio encorvado, ojeroso también y muy flaco, y muy pálido, y se rascaba siempre la cabeza corno si tuviera pulgas; alguien dijo que venía a pie al colegio y que lo había visto cruzar un pampón, total que lo descubrieron distinto esa mañana.
(UMPJ: 147)
Observamos que a través de este pasaje el autor da cuenta del proceso por el cual los estudiantes llevan a cabo la construcción del Otro, que en este caso está representado por la figura Cano; el cual es distinto y subsecuentemente rechazado debido a que se sale de los patrones considerados como propios de aceptación e inclusión. Es remarcable, asimismo, que por medio de este personaje Bryce Echenique muestre una consecuencia inversa a la que resulta cuando Julius transgrede los límites que le son impuestos por su clase social, puesto que en su caso, la vida y la realidad se aperturan, mientras que en el de Cano sucede todo lo contrario, ya que se le inserta bajo una categoría de la cual no es posible escapar. Sin embargo, tanto Julius como Cano son considerados seres distintos y alienados por presentar una conducta diferente a la que muestran los demás alumnos del colegio.
Por otro lado, a través del personaje de Cano, Bryce Echenique propone un nuevo acercamiento hacia la realidad por medio del lenguaje, ya que como consigna la novela «Cano no sólo tocaba las cosas, sino que además les ponía un nombre que no era precisamente el que les correspondía» (UMPJ: 335). Notamos así que se lleva a cabo una suplantación y resignificación de las circunstancias, que, podemos decir, se realiza también en la novela; puesto que, el autor otorga una nueva perspectiva a los dos mundos que presenta. Con esto quiero decir que en el caso del mundo de los familiares de Julius, el cual se supone perfecto, Bryce Echenique devela toda la miseria, caos e injusticias que anidan en él, resignificándolo como un mundo contrario a lo que parece. En el caso del mundo de la servidumbre, considerado como desordenado, peligroso, ordinario y feo, el autor lo resignifica como un mundo en el que es posible hallar belleza, sentir y expresar emociones. Es decir, el autor no solo nos narra la historia de dos mundos antagónicos, sino que los resignifica y nos propone una nueva concepción de ambos, una que es más real y completa.
Otro episodio importante en el que notamos las transgresiones que Julius lleva a cabo fuera de su entorno familiar, es el que acontece durante la visita que realiza, junto al arquitecto, a la construcción de la nueva casa. La narración da cuenta de cuán singulares son los albañiles que trabajan en la obra, a los cuales se les describe de la siguiente manera:
no paraban de gritar lisuras, estaban semidesnudos y todos pintarrajeados. Parecían unos payasos que se habían trompeado desgarrándose las ropas y que ahora, de albañiles, seguían con sus bromas circenses mientras subían por andamios sin barandas de los cuales no tardaban en caerse.
(UMPJ: 185)
Sin embargo, observamos nuevamente la apertura de Julius con respecto a aquellos que son distintos, y en este caso, marginales; aquellos que al comer «llevaban la cara hacia el plato y no la cuchara hacia la boca, como Julius había aprendido desde chico» (UMPJ: 187). En este pasaje, pues, Julius bebe cerveza con los albañiles e incluso los ayuda en su tarea de llevar, por los andamios, el cemento hacia lo alto de la construcción. Se pone en el mismo lugar que estos momentáneamente, «y siguió y pujó una vez más como los albañiles pujaban horas seguidas» (UMPJ: 190).
Este episodio, además de representar una nueva transgresión, expresa, dentro de la realidad de la novela, la imposibilidad de negociación entre los dos mundos, el de Julius y el de los "pobres", ya que cuando este solicita a Juan Lucas mayor cantidad de dinero para los obreros, su padrastro se desinteresa del asunto e incluso se ofusca ante dicho pedido. De ahí que sea significativo el que Bryce Echenique haya logrado conciliar ambos mundos en la novela a través de las transgresiones que lleva a cabo Julius, así como de la resignificación de los mismos, lo cual produce, como ya se ha dicho, que se haga visible la verdadera esencia de ambos mundos. Es decir, que aquello que no es posible de suceder en la realidad, se torna viable a través del lenguaje como en el caso de Un mundo para Julius.
En el siguiente pasaje, el autor logra conjugar los dos niveles a los que me refería en los primeros párrafos, puesto que incluye una escena que es en sí misma transgresora del espacio social al que pertenece Julius. Este acontecimiento, sin embargo, se narra con un lenguaje oral en el que la voz narrativa cambia de tercera a segunda persona con el propósito de ser más intimista y de acercarnos a una nueva ruptura y confesión que realiza Julius, esta vez sobre su soledad, al entrar en escena algún miembro de la servidumbre, como en este caso lo es Arminda:
En la pena que tú nunca olvidarás, Julius. Porque cuando se es así, cuando el día de tu santo o el de Año Nuevo o el de Navidad o cualquier otro día en que haya que querer y ser querido, cuando un día como hoy te entristece hasta regresar del Golf e irte a pasear por la piscina ya vacía y oscura, cuando se es así, cuando toda esperada alegría lleva su otra cara de pena inmensa, de pena que tiene que llegar en algún momento... para que escucharas esas palabras tipo... de mi voluntad, de mi voluntad niño, y ella terminaba de abrirte el paquete y hubo el momento en que somos mudos y sentimos como un vértigo negro y el momento que ellos agradecieron para marcharse, de mi voluntad, Julius, esas son tus palabras y otros nunca conocerán tu significado para esas palabras en una suite del Country Club, un día de tu santo.
(UMPJ: 233)
Arminda detiene la soledad por la que viene atravesando Julius e ingresa a su intimidad, rescatándolo del vacío que le genera la falta de afecto demostrado, al parecer, por sus familiares el día de su cumpleaños. Esta irrupción de la servidumbre en un espacio tan íntimo ha sido posible debido a las transgresiones que Julius ha venido llevando a cabo desde muy pequeño, las cuales han estado narradas a través de una oralidad también transgresora. Bryce Echenique, pues, en un constante contrapunto entre las transgresiones perpetradas a nivel lingüístico y del argumento, da cuenta de «la vida privilegiada de los señores y la precaria de los siervos... la injusticia social de un hogar de familia» (Sánchez, 1994: 125). Sin embargo, hace posible que estos mundos tan disímiles lleguen a una suerte de negociación e incluso reconciliación en el terreno de la novela, ya que los abre, haciéndolos interactuar de forma distinta a través del personaje de Julius y del lenguaje del que se vale para narrarnos su historia.
Esta transgresión afectiva, además, permite a Julius llevar a cabo un gran desplazamiento físico, puesto que parte junto con Arminda y Carlos rumbo a la barriada en el que habita la lavandera. Así, Julius ingresa por primera vez a una casa de pobres, experiencia que describe como:
una casa, en pleno comedor y la sala no está por ninguna parte, una gallina lo estaba mirando de reojo, nerviosísima, y bajo la media luz de una bombilla colgando de un techo húmedo, todo al borde del corto circuito y el incendio, familia en la calle [...] porque el piso esta frío y es de tierra, porque la cocina es de ladrillo, porque en la vitrinita no como las enormes del palacio tres saleritos enverdecen porque no son de plata y hay una tacita rajada y una naranja y tres plátanos mosqueados y las cuatro sillas alrededor de la mesa son distintas y la cocina que es de ladrillo está en el comedor.
(UMPJ: 237)
En esta cita notamos cómo se han abierto los propios límites de las transgresiones realizadas por Julius en cuanto a que la novela comenzó con la visita de este a los cuarteles de la servidumbre y, en el pasaje que acabamos de revisar, el universo perteneciente a la servidumbre dentro del Palacio se ha extendido hasta el espacio de donde provienen estas personas, vale decir, las barriadas y pueblos jóvenes donde la noción de Julius se amplía enormemente porque el viaje que lleva a cabo para llegar hasta ellas le delinea la realidad de un país fragmentado y disímil. Julius, pues, se percata en su descenso de que «las casas dejaron de ser palacios o castillos y de pronto ya no tenían esos jardines enormes, la cosa como que iba disminuyendo poco a poco» (UMPJ: 235).
Después de este episodio, las relaciones entre Julius y la servidumbre parecen haberse hecho más estrechas. Muestra de ello es el que Carlos le enseñe cómo defenderse ante la violencia física que se genera entre él y un compañero de colegio. Resulta remarcable que el autor haya construido una realidad en la que la fuente de aprendizaje de Julius proviene del mundo de la servidumbre en mayor medida que del suyo propio; es decir, Julius halla recursos que le permiten defenderse a través del desplazamiento que realiza de su mundo al mundo de los pobres:
Oye Julius, dijo de pronto: ¿tú qué le hiciste al que te sonó?, ¿le mentaste la madre?, ¿sabes mentar la madre? ... Pues escucha porque te voy a enseñar unas cuantas para que le digas al próximo que te suene, escucha... tienes que aprender a usar la cabeza también... ¿o tú crees que la cabeza sólo sirve para pensar?
(UMPJ: 299)
De esta manera, Carlos, el chofer, le ofrece a Julius una posibilidad para defenderse y mejorar sus relaciones en el colegio. Resulta interesante que Bryce Echenique proponga que los recursos que se utilizan en el mundo de los pobres tengan un efecto positivo en el mundo de los ricos, difuminando las grandes diferencias que se plantean los miembros de ambos mundos en cuanto al otro, demostrando, hasta cierto punto, que en realidad no son tan distintos y no tienen por qué considerarse como uno al extremo del otro, es decir binarios.
Un mundo para Julius, en conclusión, es una novela que se insubordina a toda definición estanca que produzca diferencias e injusticias perpetradas desde una clase dominante hacia una dominada. Bryce Echenique, sin embargo, extiende esta insubordinación al plano narrativo pues en lugar de plantearnos esta rebeldía únicamente a un nivel argumentativo, nos entrega una novela escrita cargada de oralidad. Un mundo para Julius es un texto que nos habla a los lectores a partir de la visibilidad de un universo real y completo donde los mundos no están cerrados.
Obras citadas
Bryce Echenique, Alfredo
- 2001 Un mundo para Julius. Barcelona; Editorial Anagrama.
Escajadillo, Tomás G.
- 1994 Bryce: elogios varios y una objeción. En C. Ferreira e I. P. Márquez (eds.), Los mundos de Alfredo Bryce Echenique: nuevos textos críticos (pp. 129-144). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial.
García Bryce, Íñigo
- 1997 Julius, Martín Romana y otros personajes marginales de Bryce Echenique. Plaza, (12), 16-20.
Ferreira, César
- 1997 Viaje al fondo del espacio de Un mundo para Julius. Revista Hispánica Moderna, (50), 144-158.
Oquendo, Abelardo
- 1994 El largo salto de Bryce. En C. Ferreira e I. P. Márquez (eds.), Los mundos de Alfredo Bryce Echenique: nuevos textos críticos (pp. 123-128). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial.
Ranciére, Jacques
- 1999 Disagreement: Politics and Philosophy. Minneapolis: University of Minnesota Press.
Rodríguez-Peralta, Phyllis
- 1994 Narrative Access to Un mundo para Julius. En C. Ferreira e I. P, Márquez (eds.), Los mundos de Alfredo Bryce Echenique: nuevos textos críticos (pp. 145-157). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial.
Sánchez, Luis Alberto
- 1994 Julius, protagonista peruano. En C. Ferreira e I. P. Márquez (eds.), Los mundos de Alfredo Bryce Echenique: nuevos textos críticos (pp. 119-121). Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial.