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Ibérica por la libertad

Volumen 10, N.º 1, 15 de enero de 1962

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Una estrategia.



IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

  • VICTORIA KENT

Presidentes de Honor:

  • SALVADOR DE MADARIAGA
  • NORMAN THOMAS

Consejeros:

  • ROBERT J. ALEXANDER
  • ROGER BALDWIN
  • CLAUDE G. BOWERS1
  • FRANCES R. GRANT
  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA is published on the fifteenth of every month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1961, by Ibérica Publishing Co.

Price: Single copy, 25 c. Year's subscription: $ 3.

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ArribaAbajoDos mensajes sobre la visita del Secretario de Estado Rusk a Madrid

Telegrama del Consejo Ibérico al presidente Kennedy

New York, 19 de diciembre, 1961

El Consejo Ibérico protesta contra los elogios hechos por el Secretario de Estado Dean Rusk al régimen de Franco durante su visita a Madrid el 16 de diciembre.

Esas amables apreciaciones oficiales a la impopular y cruelmente represiva dictadura española son humillantes para los norteamericanos que quieren la libertad, y lesivo para las relaciones futuras entre España y los Estados Unidos. Bien pudiera costarnos en el futuro el acceso a nuestras bases en España.

Además los elogios del Secretario Rusk a la dictadura española destruyen el valor de su llamamiento para la «eliminación de la tiranía», hecho ese mismo día en Venezuela.

Entre otras cosas lamentamos especialmente la alusión del Secretario Rusk a la relación «triangular» entre los Estados Unidos, España y América Latina. Precisamente las distintas normas aplicadas en nuestras relaciones respecto a las dictaduras de España y América Latina, proporcionan amplio material para la propaganda comunista y se oponen a los espléndidos ideales de su programa «Alianza para el Progreso».

Salvador de Madariaga, Norman Thomas, Presidentes; Roger Baldwin, Louise Crane, William Ebenstein, Frances R. Grant, Victoria Kent, Arthur P. Whitaker, Comité Ejecutivo.


Carta de algunos grupos de la oposición al secretario Rusk

Madrid, 16 diciembre, 1961

Al Honorable Dean Rusk, Secretario de Estado, U.S.A. Señor Secretario de Estado:

Ya que la brevedad de su estancia en Madrid impide otros contactos, le enviamos estas líneas con todo respeto, a fin de que, en ausencia de una Prensa representativa, pueda Ud. llevarse junto a la opinión del Gobierno español la del país.

No es difícil comprender la brevedad de su visita. Los problemas españoles parecen pequeños comparados con otros que internacionalmente agobian a los Estados Unidos. En este país aparentemente hay paz y orden. En el esquema mundial del mundo libre, ello refuerza su seguridad militar. Ya que España no pertenece a la N.A.T.O., Uds. están interesados en mantener las Bases y demás instalaciones militares.

La alianza con España pertenece pues a la Estrategia de la Guerra de los Estados Unidos. Pero el mundo libre también tiene la Estrategia de la Paz, imprescindible si la guerra no sobreviene. La nueva actitud de los Estados Unidos en América del Sur y otras zonas, lo refleja.

Esta Estrategia de la Paz no parece haber pensado aún en España. Ello no hace sea menos necesaria, pues si lo que depara al mundo en los próximos años es la resolución gradual y pacífica de los conflictos internacionales sin una guerra universal, los Estados Unidos deben prepararse para no perder en España la paz.

El precedente de Santo Domingo puede servir de modelo para prever lo que puede ocurrir en España y Portugal cualquier día a partir del comienzo de 1962. Una Península Ibérica en tal situación sería evidentemente una seria perturbación para el sistema de seguridades del mundo libre en Europa.

No tiene sentido que los Estados Unidos se preparen en España sólo a ganar la guerra y puedan por ello perder la paz en una nación más. Una política realista de los Estados Unidos debiera prever ambas eventualidades.

¿Cómo prever el futuro de España? Consiguiendo que en 1962 se inicie el tránsito pacífico y gradual de las actuales estructuras políticas a las Instituciones previstas en la mente de cuantos, dentro y fuera de España, deseen a este país mejor suerte que la de Santo Domingo. Estados Unidos, que por temor a la guerra, ha colaborado en la estabilización de las citadas estructuras, es de esperar halle también la forma de colaborar en su democratización y tránsito por temor a la paz.

Si esta carta le ha servido, Señor Secretario de Estado, para que junto a la impresión del Gobierno lleve Ud. de España el recuerdo de que existe un pueblo que algún día se expresará libremente, los abajo firmantes se sentirán satisfechos y por ello le envían el testimonio de su consideración personal más distinguida.

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Otra estrategia.




ArribaAbajoContradicciones graves

Miguel Ortega López2


Un hecho constante de la política internacional es que las ideologías políticas nunca se han concertado plenamente con las conductas. No se trata del triunfo continuo del Maquiavelismo, sino de algo más simple e irracional: que la mecánica de los hechos no responde al proceso de las ideas e intenciones. Desde muy antiguo, países que crean e imponen orden y derecho practican el abuso o la ilegalidad. Desde muy antiguo países liberales han practicado la tiranía colonial. No obstante, la contradicción entre el plano de las ideas y el de la conducta en el orden internacional nunca, o casi nunca, ha llegado a establecerse en oposición tan firme y generalizada, que sea fuente constante de mala conciencia y de continuas incongruencias. Hoy, sin embargo, así ocurre, al menos en el ámbito político occidental. La característica más clara de la política internacional, tal y como la practican los países que dirigen el Occidente, es la contradicción manifiesta entre sus principios y su conducta. En otros momentos de la historia del mundo este hecho ha tenido menos importancia porque no existía una tensión ideológica universal, pero ahora que el mundo se ha dividido, casi regionalmente, en totalitarismo y democracia ¿qué sentido tiene que la democracia proteja uno u otro totalitarismo?, ¿qué sentido tiene que en el seno del llamado bloque occidental se protejan directa o indirectamente regímenes antidemocráticos o se establezcan alianzas firmes y cordiales con sistemas políticos totalitarios? Porque no se trata de coexistencia, o de convivencia, sino de la aceptación abierta en todos los niveles de esos sistemas y de protegerlos y legitimarlos. Es casi seguro que si el General Franco se encuentra, hoy o mañana, en una situación difícil o simplemente incómoda, un alto funcionario de la administración americana le visitará, con el cuidado de fortalecer la flaqueza o remediar el desánimo. Pero lo curioso y grave del caso está en que los países totalitarios que piden ayuda y consuelo de las grandes potencias rectoras tienen derecho a pedirlo, son «aliados» y con un aliado hay que satisfacer deberes y compromisos. Si no son aliados, son protegidos alentados durante años y adulados. Tal es, por ejemplo, el caso de Oliveira Salazar.

Algún lector me dirá: «Sí, tiene Vd. razón ¡pero hay intereses tan poderosos!». Desde luego, sé que hay intereses poderosos, muy poderosos, no lo discuto. Pero también es cierto que nunca la contradicción entre ideas y conductas ha sido tan visible y opuesta ni ha producido tanta vergüenza, amargura y situaciones anómalas como hoy. Además hay muchos y contrapuestos intereses. Es cierto que tiene mucha importancia el control militar de la península Ibérica, pero ¿y los cientos de presos y perseguidos políticos y el embrutecimiento sistemático de parte de la población y la corrupción y podredumbre moral?

Pero no nos alejemos de nuestro tema. ¿Cuáles son las razones que explican tanta anomalía? Y sobre todo: ¿es esta situación corregible? Si es corregible conviene intentarlo. Conviene vencer esa ironía por la cual el país más generoso del mundo, el de más honda y auténtica moral democrática, aparece a ojos de millones de seres como un monstruo de egoísmo y frigidez de sentimientos.

Por otra parte esto también se refleja en los intereses prácticos, pues la simpatía de los aliados y militar de buena fe bajo la misma bandera son quizás la mejor garantía.

Antes de intentar descubrir las razones de la contradicción, resumamos lo hasta ahora dicho en la siguiente fórmula: que al parecer la política internacional de las potencias que dirigen el sector occidental del mundo, está subordinada a intereses que la obligan a contradecir sus propios principios.

Veamos ahora cuáles son esos intereses y si realmente exigen contradicción tan profunda.

1.º -En primer lugar están los intereses que llamaremos estratégicos. Son los intereses militares. En este aspecto, la contradicción que venimos comentando ha estado institucionalizada. La Casa Blanca y el Pentágono expresaban la realidad institucional de un comportamiento incongruente. Los políticos, que recogen y orientan la opinión pública, decían blanco, pero el Pentágono afirmaba negro y triunfaba el Pentágono. Ahora bien, ¿hasta qué punto han disminuido o es necesario aún que disminuyan las oportunidades de que el Pentágono decida blanco o negro?, ¿ha de ser el mecanismo rector en el orden internacional?

La complejidad de la política internacional de nuestros días suele esconderse detrás de una aparente simplificación: la simplificación Oriente-Occidente. Sin embargo, esta idea tan simple es falsa. No hay dos bloques. Hay dos sistemas de intereses contrapuestos, cuya unidad interna es discutible y zonas amplísimas a las que no se puede encuadrar de modo explícito en uno u otro sistema. Al acabar la segunda guerra mundial la idea de «bloque» tenía vigor porque se apoyaba en los hechos. Pero según los años han transcurrido, la política internacional se ha ido haciendo fluida. Ha vuelto en cierto modo a la estructura clásica de constelaciones de fuerzas en movimiento y cambio. Han aparecido terceras y cuartas fuerzas e incluso zonas que hasta hoy eran políticamente inactivas, como ocurre con muchos países africanos. Incluso el bloque oriental tiene tensiones internas, desde que China inició el despegue económico y el desarrollo de la autonomía política. Pero ¿la mayor fluidez política, que parece un hecho innegable, ha sido paralela a una fluidez estratégica? Esta es la cuestión. Cuestión que podemos plantear de modo más radical, de la siguiente manera: ¿No estará yuxtapuesta la fluidez política, es decir, la multiplicación de fuerzas y posiciones, a un predominante bloque estratégico? En la medida en que esto sea así la política es una actividad secundaria, en el orden internacional, respecto de los intereses militares que serán el interés y la actividad primarias.

Recuerdo que hace ya bastantes años, en el Ministerio del Aire, en Madrid, hablaba con un funcionario de la administración americana y le decía con algún acaloramiento: «¿hasta cuándo va a durar esto, hasta cuándo van a ayudar a la dictadura de España?» El funcionario escuchó con sorna mi catilinaria y señalando a un oficial del ejército americano que acertó a pasar en aquel momento, me respondió: «Pregunte Vd. a este caballero».

La respuesta me hizo ver que la política internacional era un elemento de la estrategia militar y que sólo en este sentido tenía interés y autenticidad.

Pero han transcurrido bastantes años y en el pasar de esos años han ocurrido algunas cosas de suma importancia.

En primer lugar, los intereses militares tienden a retroceder lenta, pero continuamente, convirtiéndose en sistemas colectivos de defensa que sólo en circunstancias graves coinciden con el proceso político. Tal ha ocurrido al retirarse las tropas de ocupación en Europa y dejar las primitivas bases americanas en manos de los diversos países. La estrategia se ha nacionalizado, digámoslo así, con lo que ha perdido rigidez y prioridad.

En segundo lugar, la asombrosa onda de prosperidad por que pasa Occidente ha producido un nuevo desarrollo de los ejércitos y del armamento nacionales que ha contribuido a suprimir rigidez de bloque a los intereses militares de Occidente. Es un buen ejemplo, en este caso, que Francia tenga, aunque su valor militar sea mínimo, sus propias armas atómicas.

En tercer lugar, el desarrollo y configuración cada vez más precisa de Europa, como una región económica y política con instituciones propias, ha contribuido a que los intereses militares del «bloque» occidental tengan una estructura menos monolítica y en muchos casos secundaria.

En cuarto lugar, la aparición, a la que ya hemos aludido, de nuevas zonas de interés político que no están bajo un control estratégico riguroso, han multiplicado y dispersado los intereses militares.

En quinto lugar el poder destructivo de las nuevas armas y su alcance universal, han disminuido el interés de muchas bases y han abierto el paso a la primacía de la política. Muchas de las posiciones que antes tenían un interés estratégico de primer orden han pasado a ser elementos de lo que el general Taylor llama «guerra convencional».

De todo esto se puede inducir que, en general, los intereses militares han perdido el predominio absoluto y la dirección total y que alternan con los intereses políticos según las circunstancias, avanzándose lentamente a la situación normal de que sea la política quien defina las áreas de acción y la importancia de los intereses militares.

No se puede decir que ahora, por las propias razones que venimos exponiendo, la dirección del mundo esté en el Pentágono. Vuelve a estar en las Asambleas, en las Conferencias, en los Parlamentos. Hoy el funcionario que me respondió, como he dicho, en Madrid, tendría que intercalar «quizás»: «Pregunte Vd. a ese caballero, quizás él lo sepa».

De tal modo, no tiene fundamento decir que la contradicción entre los principios políticos de las democracias rectoras y su comportamiento se justifica por las necesidades militares. Hoy ya no es así. Los intereses políticos vuelven a prevalecer.

Cabe ahora plantear las preguntas del principio de manera más clara y más de acuerdo con la situación actual: ¿Es necesario hoy poner entre paréntesis las soluciones políticas que podrían transformar un régimen totalitario en otro democrático en obsequio a intereses de carácter militar?

Se puede, en términos generales, responder que no y con referencia concreta a España, la negación aún es más segura. La situación económica y política de España, la indiscutible disociación entre el pueblo español y su gobierno y el general descontento y recelo y los compromisos contraídos, impiden al General Franco maniobrar con soltura e intentar una acción hostil peligrosa para Estados Unidos y el conjunto occidental.

Algo semejante ocurría con la República Dominicana; tampoco existía razón estratégica suficiente para ayudar a la crudelísima dictadura de Trujillo, aunque en este caso se podían alegar, además de las razones estrictamente políticas, razones económicas.

2.º -Este es el otro gran argumento que se alega para justificar la contradicción entre ideas, programas y opinión pública y comportamiento. Se ha pretendido subordinar política a economía, es decir, dar una preferencia absoluta a la política económica. Por este camino se ha llegado a una limitación inadmisible en las perspectivas. Los expertos en economía elaboran sus planes sin tener en cuenta los problemas políticos tanto institucionales como psicológicos. Es cierto que urge ayudar a los pueblos subdesarrollados a que salgan de esta situación, pero ¿en qué medida esta ayuda es eficaz, e incluso lícita, si las instituciones y la práctica política son hostiles al proceso normal de despegue? En ciertos niveles de economía y cultura puede ser necesaria una ayuda económica que no tome en cuenta las estructuras políticas, pero en niveles relativamente superiores este criterio no tiene justificación científica ni tampoco, como veremos, moral. Con relación a España, por ejemplo, la comisión del Banco Mundial que ha estado estudiando la situación española, prepara un informe, que aún no ha sido entregado por la inclusión a última hora, de la cuestión carreteras. En este informe parece que se eluden las referencias a la estructura política. Sin embargo, en un país sin derecho a la huelga, con privilegios de monopolio protegidos por el Estado, sin libertad legal de despido, pero con posibilidad real de despedir a los obreros; con sindicatos no libres, es decir, un sindicato único al servicio del Estado y de las empresas y con una banca que monopoliza gran parte de la inversión y de los beneficios en la industria, ¿qué valor tiene la ayuda económica internacional? Es simplemente un medio de proteger y garantizar el sistema político del generalísimo Franco. Si las potencias democráticas adecuasen su conducta a sus ideas, las concesiones económicas estarían condicionadas por exigencias de carácter político, que llevarían a una paulatina democratización institucional del Estado español. Pero todo lo contrario. Se ha llegado a una situación tal que el temor de las democracias rectoras no parece que recaiga en un posible endurecimiento del sistema político español, sino en la posible liberalización. Detrás de la mueca mecánica de amabilidad del rostro democrático, a veces se piensa que hay otra mueca dura y una mirada inexorable que dice: «Continúe Vd. General. No ceda».

Resulta pues de lo que vengo diciendo que tanto la justificación estratégica como la justificación económica son insuficientes y que en la actual situación fluida se han invertido los términos y la contradicción democrática se fundamenta en tensiones y necesidades peculiarmente políticas, de tal modo que su solución, si se soluciona, ha de ser también política.

Quizás convenga que reflexionemos sobre el alcance y urgencia de las necesidades, pues pudiera ocurrir que tampoco justificasen contradicción tan profunda y constante como la que venimos comentando.

A primera vista parece que la política internacional tiene hoy dos centros de gravitación claros: uno es África -concretamente Angola, Katanga y Argelia- y otro Berlín. Berlín es en cierto sentido un mal conveniente. Los occidentales lo aprovechan para sostener la dictadura del bienestar de los demócratas cristianos en Alemania y para mantener un escaparate de la abundancia y felicidad democráticas frente a la sordidez soviética. Las huidas folletinescas a través del telón de suspiros que divide Berlín son una propaganda formidable para las democracias occidentales. En este sentido Berlín es una espina en el costado soviético. A su vez los rusos utilizan Berlín como el instrumento clave para la guerra fría. Con acierto o sin él -en general sin él- cuando desean provocar agitación política o tensión psicológica recurren a Berlín. Hasta ahora la tragicomedia de Berlín ha favorecido sistemáticamente a las potencias occidentales.

En todo caso, alegar Berlín como problema político internacional que justifique la alianza y ayuda con las dictaduras dentro del Bloque Occidental es risible. Berlín es el testimonio menor de una situación más general que seguirá una u otra dirección a pesar de Berlín. Los lugares de tensión internacional cuidadosamente controlados no son peligrosos.

El problema de Angola y de África en general sí afecta de modo directo a las dictaduras occidentales, en particular a la península Ibérica.

La tendencia inglesa a vincular el transcurso del tiempo a las soluciones políticas, confiando en el proceso natural de los intereses y en la renovación de las generaciones, parece que ha triunfado. Las censuras en la O.N.U., los comités de investigación, etc., etc. son procesos dilatorios para ver si se suaviza el régimen colonial y madura y se organiza la oposición «sensata» en Angola, al mismo tiempo que la oposición conservadora portuguesa se prepara. De este modo a la muerte o claudicación de Salazar se corresponderían en Angola y Lisboa las fuerzas susceptibles de pactar. Por otra parte se evita la posibilidad para el futuro de una ayuda violenta o exagerada a la oposición política española a través de la raya de Portugal, por parte de un gobierno portugués más o menos revolucionario.

Este criterio, cualquiera que sea la calificación moral que merezca, es en el orden de la política práctico, inteligente y positivo. Va, por otra parte, de acuerdo con la falta de entrenamiento del pueblo portugués para las alteraciones violentas. La política británica se preocupa, en este caso, del futuro y no descuida los factores que van a ser decisivos en él. Al fin y al cabo protegen un proceso evolutivo. Cabe inducir, aunque quizás pequemos de maliciosos, que el gobierno británico ve los últimos acontecimientos en Goa como parte de este proceso. Sin embargo, con relación a España la situación cambia. El gobierno británico, por razones que no se alcanzan a ver, quizás por prejuicios de su política interna y por el apocamiento actual del partido laborista, se desentiende de la cuestión española que cae de lleno en manos norteamericanas. Quizás los británicos piensen que mientras Norteamérica tenga allí sus bases, España está segura, en cuyo caso las bases más que bases militares, serían políticas. En todo caso la política inglesa respecto de España se puede decir en una frase: «que las cosas continúen por ahora como están».

Para Norteamérica, el problema es más urgente. Lo es por las siguientes razones: a) sus bases en España; b) la repercusión de las cuestiones españolas en Hispanoamérica; c) el problema franco-argelino que concierne directamente al aumento o disminución del comunismo en Francia y a sus intereses generales en Europa y África.

No es necesario que analice con pormenores todas estas cuestiones, pues todas se reducen a una: ¿el inmovilismo político español y la ayuda al régimen del Generalísimo Franco, favorecen o no para encontrar una solución a los problemas internacionales que hemos formulado? Según los hechos se suceden, la respuesta parece más clara: no favorecen. Pensemos por ejemplo en el caso franco-argelino. La política del gobierno de Madrid, es, como siempre, oportunista y aumenta las dificultades para el futuro. En todo caso y pase lo que pase, el pueblo francés y el pueblo argelino considerarán al gobierno de Madrid desleal y torpe. Cuando el pleito de Ceuta y Melilla, las plazas de soberanía española en el Norte de África, se plantee, el General Franco se encontrará solo y con la opinión francesa y norte-africana en contra. Su único apoyo será, como hasta ahora, Norteamérica, con las consiguientes dificultades e impopularidad. Una de las razones, y no la menor, por la que el General de Gaulle ha tenido que hacer concesiones al General Franco, ha sido la presencia protectora de los Estados Unidos en España.

Considerando las cosas desde un lejano origen, las vacilaciones y contradicciones de la política americana respecto de España han contribuido a que los socialistas y sindicalistas españoles en Francia hayan perdido sus medios más idóneos de expresión pública, que de Gaulle se ha encontrado a sus espaldas con una dictadura de carácter totalitario protegida por la potencia piloto del mundo occidental. Y esto, la supresión de los periódicos españoles en Francia, es un hecho moralmente muy grave. El gobierno de Madrid sabe que el socialismo español no va a desaparecer porque se suprima un par de periódicos. Lo que el gobierno de Madrid quiere es el silencio. Encarcelar y perseguir en silencio. Parece que lo ha conseguido.

Por otra parte, la repercusión en Hispano-América de la política de Estados Unidos respecto de España es muy honda. Tanto que uno de los factores negativos del viaje del Presidente Kennedy a Sudamérica es el viaje, casi simultáneo, del Secretario de Estado Mr. Rusk a España. No nos sorprendería nada que al decir el Presidente Kennedy en Caracas, en el seno de la ironía a la que aludíamos en un principio, que es, sinceramente, un defensor de la democracia, le hubiesen preguntado: «¿Y Franco?».

Midiendo con unidades de presente, con una medida que no salga de los límites angostos de hoy y mañana, la política americana se entiende, pero midiendo con unidades que incluyan el futuro, y en el ámbito internacional así y no de otro modo hay que medir, la política americana con relación a las dictaduras occidentales, es inexplicable.

Quizás alguien arguya diciendo: «Pero, no puede América entrar en los asuntos internos de otro país». No es un argumento válido. En el mundo occidental la categoría domestic affairs tiene hoy un valor secundario. Sobran los medios económicos y de otra clase para condicionar las políticas nacionales. Lo mismo que se protege a Franco, se le puede no proteger.

Por otra parte, fomentar una revolución en España sería disparate tan grande como cuidar y tener en buenas condiciones una bomba de efecto retardado en la propia casa, como hacen con España las potencias occidentales. Pero, ¿no hay un tercer camino? Parece claro que lo hay. Si no existen limitaciones estratégicas absolutas, ni tampoco limitaciones económicas, si la política ha vuelto a prevalecer sobre los exclusivos intereses militares y económicos, mantener el inmovilismo en España es algo peor que un error, es una tontería.

Es un error creer que el gobierno de Madrid, compuesto por una minoría de personas astutas, medrosas e infatuadas al mismo tiempo, va a salir por sí solo de la pequeña intriga y del oportunismo infecundo. Es menester una política de presión y orientación para que se inicie un cambio que no sólo resolverá la contradicción, fuente de mala conciencia, entre las ideas democráticas y la conducta de las potencias democráticas, sino que permitirá el desarrollo de la oposición moderada dentro de España, que pueda cuando el momento llegue, negociar y convivir con dignidad y buenos resultados. Entonces y sólo entonces podrán los Estados Unidos hablar de un aliado.

Cuando en las últimas elecciones presidenciales se produjo el cambio en la administración americana, la mayor parte de los españoles e hispano-americanos antitotalitarios, pensamos de la siguiente manera: «es incuestionable que no se va a producir un cambio radical, pero el nuevo Presidente y su equipo evitarán inmovilismos peligrosos y contradicciones inexplicables. Provocarán, pensábamos, una reacción dinámica que abra el camino a la transformación que todos esperamos». No sospechábamos que mientras que el juicio de Eichmann ponía de relieve los horrores del nazismo, el Secretario de Estado americano de la Administración Kennedy, haría una visita a Franco.

Parece que la ironía lejos de resolverse se hace cada vez más profunda. No hace mucho leíamos en un artículo de Chester Bowles (The New York Times Magazine, Diciembre, 10-1961, pág. 12): «La visión de Jefferson de la revolución democrática, cuyos beneficios han de ser compartidos por todos los hombres, no nos ha abandonado en el transcurso de toda nuestra historia. Presidente tras Presidente han fomentado con palabras y hechos este entusiasmo en las almas de los hombres».

Unos días después de escritas estas líneas, Mr. Rusk dedicaba al General Franco grandes elogios.

MIGUEL ORTEGA LÓPEZ

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ArribaAbajoProblemas nuestros: Cataluña y España

Ignacio Iglesias


¿No han observado cuantos españoles habitan fuera de España lo alto que hablan nuestros compatriotas? Aquí, en París, son los únicos que llaman la atención de la gente, a causa del griterío que arman. Muchas veces me he preguntado si este hábito de hablar a voz en grito no es consecuencia directa de nuestra congénita incapacidad para escuchar a los demás. O sea: hablamos alto con el deliberado propósito de obligar a nuestro interlocutor a que nos escuche, quiera o no, pues sabemos muy bien -¡ay!- que de hablar con tono mesurado, tranquilo, civilizado, cual suele hacerlo la gente de la mayor parte de los países, ningún español nos prestaría la menor atención.

No, mal que nos pese no sabemos escuchar; ni por lo tanto dialogar. El homo hispanicus prefiere el monólogo o la discusión airada. El diálogo es afán de comprensión y todos nosotros -catalanes, vascos, castellanos, etc.- no tratamos de comprender a los demás, sino de imponerles nuestros puntos de vista. Comprender, como recordaba no ha mucho Laín Entralgo en un hermoso librito titulado precisamente Ejercicios de comprensión, es estar dispuesto en todo instante a aceptar lo distinto, es deseo de mutuo entendimiento, anhelo de convivencia cualesquiera que sean los pareceres particulares de cada cual. ¿Y sabe el español convivir? Pregunta inútil, a decir verdad; nuestra actitud no es otra, en general, que la de o yo o tú, o nosotros o vosotros. Por algo aquel español integral que fue don Miguel de Unamuno estaba en todo momento «contra esto y aquello», contra todo y contra todos, y a veces, bastantes, contra sí mismo. Al igual que Unamuno, casi todos los demás. Hace algunos meses leí La arboleda perdida, libro de memorias del poeta Rafael Alberti; pues bien, en una de sus páginas relata que pocos días antes de la proclamación de la República -reténgase la fecha-, al iniciarse en Cádiz una conferencia suya, hizo expulsar previamente del local al Sr. Pemán, también poeta y también gaditano, «pues donde hablaba Alberti no podía estar presente dicho señor». Así nos fue ello y así nos va todavía...

Todo lo dicho viene un poco a cuento de un libro de pocas páginas y de mucha enjundia, que a fin de cuentas es nada menos que un ejercicio de comprensión y un deseo de diálogo sobre uno de los problemas más importantes y a la par más disparatados que nos hemos planteado los españoles -catalanes y castellanos, todos al alimón-, como si España no tuviese otros más apremiantes: refiérome al de las futuras relaciones entre Cataluña y España. Este librito (Ediciones de «Las Españas», México, 1960) se compone de dos ensayos, uno del catalán Pedro Bosch-Guimpera -«Cataluña, Castilla, España»- y el otro del castellano Anselmo Carretero y Jiménez -«La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos»-, ambos de sumo interés en la hora actual.

Se me antoja que tal libro ha visto la luz en momento oportunísimo, pues va siendo hora de que se deje oír alguna voz sensata en medio de la algarabía separatista y a la par absurdamente rencorosa en que desde hace algún tiempo se empeñan en hacer gala diferentes publicaciones catalanas, que tal vez por editarse lejos de Cataluña acentúan hasta el paroxismo su catalanismo. (Y no digamos nada de las de los separadores, los falsos tradicionalistas de un centralismo a ultranza, los franquistas y otros que no lo son, los cuales tratan asimismo de avivar un antagonismo del que esperan sacar beneficio.) «Si algo puede contribuir a la comprensión mutua de los españoles -escribe el Sr. Bosch-Guimpera- es tratar de eliminar la confusión que reina en la manera de apreciar el papel que en nuestra historia han representado los distintos pueblos, y particularmente el de Castilla en relación con los demás». Por su parte, el Sr. Carretero afirma: «Debemos acercarnos con propósitos de ilustración a la historia de los demás pueblos y recibir sus enseñanzas sin alimentar artificiosos tradicionalismos ni estúpidas patrioterías...»

Cataluña y España. He aquí un problema bien nuestro que merece particular atención, diálogo franco, discusión serena. Pero ante todo y sobre todo, como medida previa, habrá que acercarse a él arrumbando con los viejos tópicos, con los mitos ya superados, con los clichés desdibujados por más de veinte años de amarga experiencia y duras lecciones. Y se tendrá que huir como del diablo de esa trampa en la que desde tiempo inmemorial se empeñan en hacernos caer los separatistas y los separadores, cara y cruz de la misma medalla, enemigos todos ellos, en curiosa coincidencia, de un mínimo de comprensión y de un inicio de diálogo. Temen éste porque no están muy seguros de las posiciones o actitudes políticas que defienden a capa y espada, puramente emotivas, sentimentales si se quiere, pero opuestas a todo sentido común y a toda razón histórica. Basta echar una ojeada a lo que escriben unos y otros para comprobar cuán lejos se sitúan de la convivencia necesaria, cómo extreman sus actitudes y de qué modo y manera se ofuscan en convertir en insoluble un problema que, como casi todos los problemas humanos, tiene sin duda su solución.

¿Y cómo no ha de tenerla? Todo consiste, sobre todo y ante todo, en no empeñarse en convertir lo particular en general, sino tratar de resolver dentro de lo general lo particular. Para los catalanes el problema puede ser Cataluña, pero la solución tiene que ser España. Queremos decir con esto que mientras no se logre rescatar España para todos los españoles, los catalanes no verán cumplida ninguna de sus aspiraciones; y que éstas podrán sólo colmarse cuando España sea de todos los españoles. ¿Se le puede ocurrir a nadie medianamente sensato que Cataluña puede liberarse del franquismo sin que al mismo tiempo se libere toda España? Indudablemente que no. Esta es la prueba concluyente e indiscutible de que los destinos de España y de Cataluña se hallan indisolublemente ligados. Es un imperativo histórico contra el cual nada se puede.

Vivimos un período en el que el compromiso político se diluye en palabras. Jamás la más vulgar palabrería tuvo tanto uso y abuso como en nuestros días. Y es que ni tan siquiera se intenta ofrecer una explicación e interpretación -certera o aproximada, justa o no- de los hechos, de las realidades que nos atañen. Se grita para intentar mostrar que se tiene razón, cuando en verdad es todo lo contrario. Mientras los españoles todos -y, claro está, los catalanes- no nos decidamos a desprendernos de esa ganga inútil de la palabrería para enfrentarnos serenamente no sólo con lo que queremos, sino asimismo y muy particularmente con lo que podemos -¿quién dijo que la política era la ciencia de las posibilidades?-, nada conseguiremos. Continuaremos, eso sí, en plena algarabía, destrozándonos laringes y tímpanos, mostrando ostensiblemente nuestros «ismos» -izquierdismo, nacionalismo, revolucionarismo, etc.-, pero sin avanzar lo más mínimo en el camino de la solución de nuestros problemas.

Es hora, pues, si no de soluciones osadas que hoy por hoy no están a nuestro alcance, al menos de ideas claras. Un problema de la anchura y a la par calado histórico cual es el problema español actual, ofrece factores diversos y situaciones contradictorias que no siempre es fácil comprender y que provocan ineluctablemente confusiones en el pensamiento y actitud de cada cual. Por eso se precisa un examen concienzudo de los hechos, de las realidades, sin apresuramientos, sin dogmatismos. Repito: hay que saber lo que se quiere y al mismo tiempo lo que se puede. La polémica inútil y la propaganda baldía deben de ser reemplazadas por el diálogo y por la consiguiente comprensión. El problema de Cataluña, el problema de España y Cataluña y en general el problema de España precisan de ideas nítidas que únicamente pueden hallarse en diálogos comprensivos y en reflexiones silenciosas. Guerra, pues, al griterío, a la inconsecuencia, a la irresponsabilidad.

IGNACIO IGLESIAS

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ArribaAbajoDon Diego Martínez Barrio

En París ha muerto el día primero de este mes don Diego Martínez Barrio. Él asumía la Presidencia de la República en el exilio que, derrotada por la victoria de las armas rebeldes en el año 1939, seguía y sigue sosteniendo sus fueros.

Martínez Barrio nació en Sevilla, donde ejerció el oficio de tipógrafo; era un hombre culto, fino y ponderado y su cultura, que fue autodidacta, era vasta y sólida, buen orador y escritor correcto. Desde muy joven perteneció al partido Radical y al advenimiento de la República ocupó el cargo de Ministro de Comunicaciones en el Gobierno Provisional, más tarde fue Ministro de la Gobernación y Presidente del Gobierno. En 1933 se separó del partido Radical y fundó el de Unión Republicana, con más amplia ideología liberal que el Radical. Fue Presidente de las Cortes después de las elecciones de 1936.

Debemos destacar una de sus actuaciones que marca sus condiciones políticas: cuando el Ejército se sublevó contra el Gobierno, el Sr. Martínez Barrio rápidamente formó un Gobierno con la misión de negociar con los jefes de la sublevación, pero fracasó en su noble intento. Presidió la última sesión de las Cortes republicanas que se celebró en Figueras en febrero de 1939 y por resignación del Presidente don Manuel Azaña, al final de ese mismo mes, ocupó el cargo de Presidente de la República, que confirmaron las Cortes celebradas en el exilio, en México.

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Deja escritas unas memorias que, por voluntad suya, no se han publicado en vida, esperamos que sus amigos y correligionarios saquen a la luz ese trabajo que ha de aclarar situaciones y actuaciones políticas de gran interés para el esclarecimiento de ese período heroico y trágico de la vida española.

Hombre íntegro, leal, noble y patriota ha servido sus ideales sin desfallecimientos ni concesiones. Su muerte es una gran pérdida para sus amigos y colegas; IBÉRICA comparte esta aflicción.





ArribaAbajoLa situación de los emigrantes vista por un capellán español

De un corresponsal particular

Bueno será, en este momento en que el gobierno franquista prepara la emigración en masa de los trabajadores españoles, que demos a conocer a nuestros lectores un artículo publicado en el número de octubre de Comunidad, boletín informativo de la comunidad católica de lengua española de Ginebra. Como siempre, resulta que las autoridades franquistas no habían previsto nada. Lo único importante para ellas es deshacerse del «sobrante» de españoles que puede contribuir en el interior a agravar la tensión social. ¡Al emigrante que huye, puente de plata! Y si pasa hambre y calamidades ¡allá él! No han tenido hasta ahora tiempo las autoridades de consagrar su atención a esta masa transhumante que recorre Europa en busca del pan que la patria le niega. ¿Cuesta acaso tanto montar en cada uno de los países adonde acuden los emigrantes, centros de acogida apropiados para orientarles, ayudarles a defender sus derechos y resolverles en la medida de lo posible sus tragedias? ¿No tiene acaso dinero para ello el Estado que tanto derrocha en la represión? ¿No son capaces sus diplomáticos de negociar con los gobiernos extranjeros acuerdos que garanticen un mínimo de seguridades al emigrante español? No, no lo son. Si lo fueran, no tendríamos nosotros que reproducir aquí este tremendo grito de alarma del padre Estanislao M. Ramos.

No hay derecho

por el P. Estanislao M. Ramos, Capellán

Quizás la expresión suene demasiado fuerte, pero creemos que es lo único que podemos decir ante tantos y tantos casos que vienen sucediendo a nuestros queridos emigrantes.

Por una vez más nos perdonarán los fieles católicos de habla española, que no sean españoles, si hoy vamos a referirnos, exclusivamente a estos últimos. Es que la situación en la que se encuentran muchos españoles que han emigrado a Suiza, sobre todo, que trabajan en el campo, es alarmante, inhumana e indigna de nuestro siglo XX. ¿Cómo podremos hacer abrir los ojos a las autoridades españolas, a nuestros compatriotas, a todas esas personas que encuentran satisfacción en mandar en esas condiciones a muchos españoles?

Los apuntes y consideraciones de este artículo son verídicos. Y no podemos callar ante tanta injusticia y despreocupación. Tenemos delante la Encíclica «Madre y Maestra» de S. S. el Papa Juan XXIII. El Sumo Pontífice habla de las condiciones de trabajo de hace 70 años, cuando salió a la luz la primera encíclica social, la «Rerum Novarum», y dice así: «Como es sabido, en aquel entonces los salarios eran insuficientes o de hambre, agotadoras las condiciones de trabajo, sin ninguna consideración a la salud física, a las costumbres morales y a la fe religiosa. Inhumanas, sobre todo, las condiciones de trabajo. La familia sujeta a un proceso de desintegración...» ¡Así era tratado el obrero hace 70 años!

Nosotros podríamos asegurar que las condiciones en las que se encuentran la mayor parte de los campesinos españoles en Suiza no se apartan mucho de lo que se vivía «en aquel entonces».

Los salarios eran insuficientes o de hambre, y lo siguen siendo. Por nuestra Sede van desfilando compatriotas con las mismas quejas: «no nos dan de comer, nos tratan peor que a los perros, nos pagan el salario después de 45 días de trabajo; mi salario es de 150 francos mensuales y tengo que ayudar a mis cinco hijos que he dejado en España...» etc., etc. Cuando todos ellos han firmado un contrato en España que dice así: «La remuneración en metálico es de 220 francos al mes; será pagada mensualmente, lo más tarde los días 15 del mes siguiente». Hay que reconocer que el patrón suizo no sabe, por lo general, cómo come el campesino español en España y es por eso por lo que creen suficiente darle un poco de leche y verduras, después de haberse pasado todo el día en las faenas del campo. Y se llega a la situación que describía así uno de estos obreros:

«como mal y poco, pero trabajo hasta reventar y estoy quedando en los huesos, y, lo que es peor, el sufrimiento interior, debido al mal trato».



Agotadoras las condiciones de trabajo. Se les ha informado mal en España. Se les ha dicho que trabajarían las 8 horas y que las demás, si querían trabajar, se las abonarían como extraordinarias. ¿Qué sucede en la práctica? Que desde las 5 de la mañana que se levantan hasta las 8 de la tarde no tienen más que el tiempo estrictamente necesario para comer. «Nos hacen trabajar de sol a sol y siempre nos dan el mismo salario; no conocemos las horas extraordinarias. A veces, cuando aún no se ve, nos hacen trabajar en los invernaderos, con luz eléctrica, y cuando se ve fuera salimos al campo; cuando va oscureciendo volvemos a los invernaderos hasta las 8 o más tarde de la noche». «Muchas veces preferiríamos ser el perro de la familia, que es mejor tratado que nosotros. Después de tantas horas de trabajo nos dejan arrinconados sin preocuparse de nosotros...»

Sin consideración a la salud física, a las costumbres morales y a la fe religiosa. Lógicamente, cuando se es tratado así y con el escaso alimento recibido, la salud física se resiente, viene el agotamiento y la imposibilidad de trabajar.

La fe religiosa y el cumplimiento de los deberes religiosos son, en general, dificultados. El domingo tienen que trabajar, la iglesia católica cae lejos. Hace muy pocos días hablamos con un campesino que para poder oír una misa al mes tiene que andar 20 kilómetros.

Y después podemos leer, en leyes suizas o de cantones: «los domingos y días festivos el empleado ejecutará solamente los trabajos estrictamente necesarios»; «el empleado goza de la libertad necesaria para el cumplimiento de sus deberes religiosos». Está escrito así, pero ¿en la práctica?

Como se ve la situación no es tan halagadora como la pintan en muchas partes; y cuando se es tentado hasta por las organizaciones oficiales no cabe más que gritar: ¡no hay derecho!

Todos estos obreros se quejan del poco o ningún apoyo de las autoridades consulares existentes en Suiza: la Agregaduría Laboral no les puede, por lo menos en práctica, resolver ninguno de sus problemas. Es muy fácil el desentenderse de estos problemas, cuando se quedan estos hombres y mujeres desmoralizados, con hambre y sobre todo con el ansia de volver a España.

He aquí una materia grave para que todos hagamos una seria reflexión y para que nos demos cuenta que todavía queda mucho por hacer para que desaparezcan tantas injusticias que se vienen cometiendo con el obrero en países que se dicen de lo más adelantado y de más alto nivel de vida. Y una llamada a nuestras autoridades, de España y de los consulados, para que nuestros emigrados sean protegidos y defendidos.




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Viejas y nuevas inquietudes

Si se cree a los «providencialistas» el destino de España se jugó sobre el canto de un duro el domingo 24 por la tarde. Aunque el tiempo no estaba muy bueno no quiso el Caudillo abandonar su deporte favorito: la caza. Y se echó al monte de El Pardo, seguido de su yerno, el marqués de Villaverde, de un ayudante y de la habitual escolta. Pero esta vez el deporte pudo serle fatal: el cañón izquierdo de la escopeta del Jefe del Estado estalló. Le llevaron al Hospital Central del Aire en la calle de la Princesa y allí le apreciaron fractura del segundo metacarpiano y del dedo índice.

La noticia del accidente se dio a la mañana siguiente, mientras los madrileños dormían a pierna suelta tras los tradicionales excesos de la Nochebuena. Se movilizaron, para la una de la tarde, buen número de policías, miembros de la escolta presidencial vestidos de paisano y los inevitables falangistas sin más oficio ni beneficio que hacer de «claque» en algunas ocasiones. Se avisó a la Televisión, al «NO-DO», etc., y así se lograron los suficientes grupos para hablar del «numeroso público que tributó al Caudillo una calurosa salva de aplausos». Nada; en verdad, la total indiferencia, si no es el rumor aquí o allá, el chiste inevitable, etc. Precisamente, a causa de los rumores, hicieron los medios gubernamentales que fotógrafos y cineastas se precipitasen en la calle de la Princesa. En efecto, allí estaba el Caudillo con la mano escayolada y el brazo en cabestrillo, el rostro fatigado y una sonrisa forzada. Han transcurrido sólo cuarenta y ocho horas y resulta aventurado cualquier comentario sobre este incidente. No hay sino que extrañarse de la falta de seguridad de una escopeta de caza en personaje que tan bien guardado suele estar.

Con accidente de caza o sin él esta Navidad no podía ser la de una alegría fácil para los que, a trancas y barrancas, dirigen el carro del Estado. Varios géneros de inquietud dominan sus conciencias, pero una con carácter prioritario, y no lo ocultó el Caudillo en su conversación con el Sr. Dean Rusk. Se trata del llamado «Tercer Mundo», que para los gobernantes españoles tiene nombre y lugar geográfico precisos: Marruecos. Estos días los acontecimientos de Goa han conmovido a ministros, diplomáticos, generales, directores de periódicos, etc.

El tono violentísimo de la prensa, la declaración oficial del Gobierno, etc., no respondían solamente a las obligaciones derivadas del Pacto Ibérico, sino a una asociación de ideas entre el problema colonial portugués, y el de los territorios españoles en África. Aquí se sabe perfectamente que tras Goa van a venir Guinea portuguesa y Angola (en cuanto a descolonización como fin, no me refiero a los medios, aunque me los supongo), y todo eso puede ser definitivo no sólo para los territorios de Ifni, Río de Oro, Muni, islas de Fernando Póo, sino también para Ceuta y Melilla, objeto siempre del irredentismo marroquí. Por fuentes dignas de fe se sabe que el gobierno marroquí ha prometido no plantear a fondo el problema antes de que se haya solucionado la cuestión de Argelia, pero que una vez ésta emancipada -de una u otra forma- el gobierno de Hassan II se lanzará a fondo en el asunto de las posesiones españolas, ayudado sin duda por los de Túnez y el futuro de Argelia. Si esta cuestión llega a plantearse a fondo no habrá otra disyuntiva que la guerra o el descrédito total del Ejército (unido al malestar de sus jefes), lo cual, si se produce al mismo tiempo que una crisis aguda en la dictadura de Salazar, no promete días muy tranquilos.

Todas estas razones no sólo explican el nerviosismo oficial ante el asunto de Goa, sino muchas más cosas: Franco se ha quejado ante el Sr. Rusk de que Estados Unidos sigan suministrando armas a Marruecos, al que han querido presentar como en manos del Estado Mayor del mariscal Malinovski. Ha insistido sobre el peligro de penetración soviética en Marruecos, aunque le consta perfectamente que Hassan II es un hombre moderado y que en Rabat ni siquiera gobierna la izquierda democrática. Franco dice más: según él las cabezas principales de puente que tiene el Kremlin en África son Guinea y el Malí, seguidos de cerca por Marruecos y Egipto. Naturalmente, presentando la posición de España en este contexto, resulta que una pulgada de tierra que cedan los generales franquistas es una concesión irremediable al comunismo. La treta es vieja, pero a Franco le ha dado muchas veces resultado; no es extraño que intente seguir utilizándola.

Campaña contra la O.N.U.

A la luz de esta visión general de la política africana del Caudillo, se explica otro fenómeno de las últimas semanas: la campaña sistemática de descrédito contra la Organización de las Naciones Unidas. Con su irrefrenable apego por la «ley del embudo» los expertos franquistas creen que la ONU falla por demasiado enérgica en el Congo y por impotencia en Goa; ya no se acuerdan de lo que ellos mismos dijeron de la ONU a fines de 1946 ni tampoco de cuando, con criterio diametralmente opuesto, reventaban de gozo a fines de 1955 al encontrarse admitidos aunque fuera en cambalanche con cualquier democracia popular. Ahora resulta que «la ONU va al fracaso». Que ABC haya publicado un artículo de don Camilo Barcia Trelles en ese sentido es más que significativo. Se trata del jusinternacionalista de servicio, pese a su avanzada edad o tal vez por ello, del Instituto de Estudios Políticos. Don Camilo habla sin remilgos del «cadáver insepulto de la Organización de las Naciones Unidas». Inútil decir que esta actitud está coreada por los portugueses. Pero en El Pardo hay mucha prudencia para lanzarse a cualquier asunto del solo brazo de Oliveira Salazar. La prueba es que su «solidaridad» actual se ha reducido a unas docenas de artículos de prensa. La diplomacia del Caudillo lanza hoy la consigna del «descrédito de la ONU» porque responde a una serie de contactos y conversaciones que ha establecido previamente: responde, en primer lugar, a la identidad de puntos de vista en política exterior entre el gobierno del Caudillo y el de la República Francesa, a la «unidad de destino» con el de Alemania, pero también a conversaciones sostenidas por los diplomáticos españoles en Inglaterra y Estados Unidos con personas de extrema derecha de ambos países. Que nadie se extrañe, luego. El régimen de Franco, si llega el momento en que le convenga, será el primero en torpedear la ONU.

La gran inquietud es, sin duda, la descolonización. Resulta curioso en el gobierno de un país casi sin colonias; pero no comprenderlo sería ignorar que los que hoy son dueños de España aprendieron todo, lo fueron todo y lo deben todo a las campañas coloniales de la monarquía española. Pero hay también las inquietudes no por menos intensas menos graves. La primera sigue siendo la de las relaciones con Estados Unidos. Gran bien ha hecho al Caudillo y a sus ministros el viaje del Sr. Rusk que no ha querido romper la tradición de la visita a El Pardo tras la reunión de la OTAN establecida por el Sr. Dulles, y también las frases amables y el tono a veces castrense empleado por el Secretario de Estado en sus brindis. El Caudillo está preocupado por la revisión de los Acuerdos en 1963; pero el Caudillo ha considerado prudente no importunar al Sr. Rusk con este asunto. Y ha dejado el «globo-sonda» a su fiel ministro Sr. Castiella. Las impresiones, naturalmente, son buenas. Norteamérica sigue teniendo necesidad de las bases (esto es lo que le interesaba confirmar al Caudillo). Y ya se verá poco a poco la cuestión del armamento. El Caudillo es un pragmatista; no lo olvidemos.

Perspectivas incómodas

Sin duda, la política internacional es la que turba las noches de los gobernantes españoles. Y sin miedo a equivocarse cabe apostar que cuando el Caudillo se dirija a los españoles para demostrarles que hace su discurso de fin de año -con el brazo en cabestrillo y todo- colocará su buena parrafada sobre «la penetración soviética en África», la «solidaridad hispano-portuguesa en defensa de la civilización cristiana», etc., etc.

Un observador superficial pensaría que esas son las únicas preocupaciones de los gobernantes españoles, porque las otras... ¡no hay tales preocupaciones! El ministro de Hacienda, Sr. Navarro Rubio, acaba de declarar triunfalmente ante las Cortes que el presupuesto de 1961 se ha saldado con superávit, que el presupuesto para 1962 será un 25% mayor (86.800 millones de pesetas) y que la presión fiscal en España es inferior a la media de los países de Europa. Pero el curioso que quiere ver las cosas de cerca descubre que ese superávit -el que sale en los periódicos- es el de las letras A) y C), mientras que el de la B), que es el de «gastos e ingresos de organismos autónomos» (INI y compañía) es aplastantemente deficitario. Pero esto lo ha olvidado ya el hombre de la calle. En segundo lugar, por mucho que lo decore el Sr. Navarro Rubio con aquello de «trascendencia social del gasto público», resulta que el aumento de 25% de gastos del Estado no corresponde en absoluto al desarrollo de la renta nacional (no hay todavía datos, pero difícilmente pasará de un aumento del 3 o 4%); la puerta de la inflación está, pues, entreabierta, aunque verdad es que hay maneras aún de cerrarla. En cuanto a la presión fiscal, la cuestión esencial no es cifrar su volumen total, sino cómo se reparte entre los ciudadanos. Si es verdad lo que dice el Sr. Navarro Rubio de que en Inglaterra alcanza al 29% del producto nacional bruto y en España no pasa del 20,2%, cabe preguntarle: ¿cuál es la parte de impuestos que pagan los grandes propietarios, los grandes capitales, en Inglaterra y en España?

Pero con ser esto importante, lo son más los problemas de estructura, sobre los que el ministro ha sido bien parco. ¿Se acuerdan ustedes de la reforma agraria?, ¿se acuerda de cómo la han jaleado los neo-falangistas desde que Franco «descubrió» esta primavera la realidad del campo andaluz? Nada. El tiempo pasa y los campesinos andaluces habrán comido en esta Nochebuena su «turrón del pobre» y muchos ni eso. Y ahora nos han salido con la reforma bancaria que, pudiendo realizarse en su aspecto técnico sin tocar su aspecto social, bien pudiera realizarse. Pero los intereses opuestos son sumamente poderosos. Y el Sr. Navarro Rubio ha estado prudente, muy prudente, al referirse a la reforma bancaria. Y todo queda ahora pendiente de un dictamen del Consejo de Economía Nacional que, a su vez, pasará a estudio de los ministros. Y... a esperar el «plan de desarrollo». En un momento de sinceridad, al terminar su discurso, Navarro Rubio ha dicho: «Ciertamente, que ni la Administración ni el empresario privado tienen en el horizonte perspectivas cómodas».

No solamente no las tienen sino que, como se trata de un andamiaje montado frágilmente, sobre una economía y una estructura social arcaicas, por menos de nada surgen las dificultades. Ahora, en plena cosecha de aceituna, cuando se pensaba que es te año seguirían siendo buenas las exportaciones de aceite, surge un montón de problemas. Al finalizar diciembre sólo se han solicitado 2.725 licencias de exportación contra 7.736 solicitadas en 1960. Resulta que la buena cosecha en Túnez, Argelia e Italia destroza las exportaciones españolas. Además, durante el año que termina se había estado exportando el aceite español a un precio medio de 546 dólares por tonelada, mientras que los precios que hoy se pagan raras veces llegan a 490 dólares.

Tensión social

La situación económica acarrea inevitablemente la tensión social. Y lo ocurrido en Guipúzcoa no deja de alarmar al gobierno. Las reacciones son distintas; unos creen que se arreglará todo con convenios colectivos y una ligera subida de salarios, otros (los del «garrotazo y tente tieso» estilo Barroso y Alonso Vega) no ven más solución que encerrar a tanto «comunista y cura vasco» que, según la nueva muletilla oficial, son los agentes subversivos causantes de tanto mal. La verdad es que ni siquiera las notas oficiales o sindicales pueden ya resolver todo lo que pasa achacándoselo a los comunistas. Si en Madrid se dictan condenas monstruosas a obreros de la fábrica «Vespa» acusados de pertenecer a una organización comunista, el editorial publicado en varios periódicos del Norte sobre «el enemigo emboscado, de matices diversos pero conjuntados», el artículo de un periodista extranjero muy a bien con ciertos medios oficiosos atacando abiertamente al clero vasco, todo ello es reflejo, aunque imperfecto, de la existencia real de una oposición heterogénea.

La tensión entre los medios católicos y las autoridades ha subido de punto en Cataluña, mezclada, como otras veces, con cuestiones que afectan a la personalidad catalana. Verdad es que el gobernador de Barcelona, Sr. Matías Vega, no quiere repetir la experiencia de su antecesor, y deja que los sacerdotes prediquen en catalán. Pero el nuevo gobernador de Tarragona, Sr. Fernández Martínez, se ha acordado de que las disposiciones dictadas para Cataluña en 1939 no han sido derogadas por nadie. Por consiguiente, ha prohibido todos los actos, conferencias, reuniones literarias, etc., en lengua catalana, tanto en la capital como en Reus, Tortosa y otras localidades; ha hecho que la prensa publique las disposiciones de policía y censura dictadas en 1939 y ha ordenado que se le comunique previamente el orden del día de la reunión de cualquier asociación y el contenido de cualquier acto público. De estas medidas no ha excluido a las organizaciones de Acción Católica con lo cual ha puesto el dedo en la llaga, pues no ha hecho sino remover la querella entre Solís y el Primado. Tanto es que, el cardenal Arriba y Castro (cuyo franquismo nadie pondrá en duda) ante las peticiones de los directivos de Acción Católica creyó oportuno recordar al Sr. Fernández ciertas disposiciones del Concordato vigente.

El balance oficial y la realidad

Otra cuestión que envenena la situación en Barcelona es la prosecución de la causa contra quienes denunciaron los excesos policíacos de mayo de 1960. Se recordará que como consecuencia de la farsa organizada por un juzgado civil declarando «correctísima la actitud de la policía», se ha intentado procedimiento a quienes presentaron la querella judicial. Como el hecho parecía monstruoso, la propia jurisdicción militar «largó el paquete» a la jurisdicción civil quien, a su vez, abre causa por «difusión en el extranjero» de la querella en cuestión. Al principio sólo fueron convocados por el juez una decena de firmantes, entre ellos el ingeniero y colaborador de El Ciervo, Sr. Comín, y el catedrático Sr. Jiménez Parga. Ahora pasan de cuarenta los convocados, entre ellos el escritor Sr. Castellet, el catedrático de Hacienda Sr. Sureda, etc., etc. Y lo más tremendo es que figuran en los autos de la citada causa, el padre jesuita don Juan Bautista Bertrán y los sacerdotes Bigordá, Martí, Dalmau, Sáez y Sagués, el último de los cuales es el que tuvo la discusión con Galinsoga cuando este último insultó a los catalanes en la sacristía de su iglesia. Claro que para procesar a un sacerdote, como no se trate de delito «in fraganti», se requiere la autorización previa del superior jerárquico de su diócesis. Sabemos, por lo menos, de dos de ellos a quienes sus respectivos prelados (el de Barcelona y el de Solsona) les respondieron que sí, «que se presentaran a la citación del juez», pero eso no implica que se admita su procesamiento. No sería raro que la cuestión estuviese en vías de examen y que haya sido tratada, en la entrevista de dos horas que celebraron recientemente el arzobispo-obispo Dr. Modrego y el Ministro de la Gobernación. Pero, el tono que dominó en esta entrevista parece que fue el de un relativo apaciguamiento. Se trata por parte del gobierno, de evitar en Cataluña una repetición del paso a la oposición de la mayoría del clero.

Las inquietudes no faltan, pues, en estas jornadas que suelen ser de balance del pasado y proyectos para el porvenir. A solas con ellos mismos, los gobernantes saben que no dieron un solo paso adelante en 1961, como no fuera el de «ir tirando», que para ellos ya es mucho. Un año más se acaba y los cánticos ingenuos de los que irán a la Puerta del Sol infundirán confianza a los gobernantes en desazón. Pero la «hibernación» de las conciencias no es definitiva; que lo digan si no los de Beasain y otras localidades de Guipúzcoa, los de Altos Hornos de Sagunto, los sacerdotes vascos y catalanes, los estudiantes esos de Madrid a quienes se les acaba de prohibir que conmemoren públicamente el 25 aniversario de don Miguel de Unamuno.

No han convencido, don Miguel; no han convencido a nadie. Y su victoria, que tantas lágrimas ha costado a España, está construida sobre cimientos de barro.

TELMO LORENZO

Madrid, 27 de diciembre de 1961






ArribaAbajoEditorial

Difícil equilibrio


Para aquellos españoles que tenían puestas sus esperanzas en la nueva Administración demócrata, la visita del Secretario de Estado americano al general Franco ha sido un rudo golpe.

Pocos días antes el Presidente Kennedy recibía en la Casa Blanca con cortesía y cordialidad a Pablo Casals, uno de los exponentes más calificados de la emigración republicana española. Evidentemente, una invitación hecha al violonchelista de fama mundial no debe prejuzgar nada, pero el caso es que la figura de Casals, desde hace veinticinco años, la integran dos fuertes características: su arte, no superado hasta hoy, y su actitud de firme y manifiesta oposición al régimen que impera en España.

Era pues normal que la invitación hecha al artista de inequívoca actitud política por la Casa Blanca, fuera interpretada por muchos demócratas españoles como un gesto esperanzador de un suave viraje de la política americana respecto al régimen franquista. Días después de este recibimiento, el Secretario de Estado Dean Rusk rendía visita al general Franco. Aquellos que habían puesto sus esperanzas en un cambio de actitud de la Administración americana, vieron caer una a una sus ilusiones.

Analizando fríamente estas dos actuaciones de las autoridades americanas, estamos obligados a reconocer que la recepción de Pablo Casals ha sido un gesto de significación democrática, y si se quiere, hasta de simpatía hacia los refugiados españoles y que la visita oficial del Secretario de Estado americano al general Franco ha sido una actuación innecesaria; en el lenguaje diplomático cuando se dice «actuación innecesaria» se señalan conceptos más elocuentes. La Administración americana está obligada a seguir la línea trazada por su Presidente, reafirmada no hace mucho en sus discursos pronunciados en Venezuela; seguir los pasos del Sr. Dulles no es el mejor camino para cimentar una nueva política exterior.

El Gobierno español ha interpretado la visita del Sr. Rusk como signo de continuación de la política de la anterior Administración, así lo ha interpretado la prensa y así lo ha manifestado el ministro Sr. Castiella en el discurso pronunciado en el almuerzo ofrecido al Secretario norteamericano. «Sabemos apreciar en lo que vale -dijo- los gestos de buena voluntad como los que llevó a cabo aquel hombre recto y ejemplar John Foster Dulles». El Presidente Kennedy, demócrata sincero, pretende dar a sus riendas direcciones opuestas: de un lado sostiene -y con cuánta clarividencia- la doctrina anticolonialista, de otro su representante en las Naciones Unidas se opone a la liberación de Goa; de un lado tiende los brazos a un genuino representante de la oposición antifranquista, de otro envía al Secretario de Estado a entrevistarse con Franco.

No creemos que este pretendido equilibrio de la política del Presidente Kennedy llegue a convencer ni a los unos ni a los otros, privará siempre el acto de mayor trascendencia y ese acto será el que califique su política. Así, esa innecesaria visita ha desvirtuado el acto cordial celebrado en la Casa Blanca y ha obligado al Sr. Rusk a oír cosas como éstas: «la necesidad de aquella guerra civil española»; «para España la libertad es un principio sagrado, pero tiene que ser organizada no en el fácil terreno de la teoría, sino conforme a la difícil realidad de las circunstancias de cada país».

Nos damos cuenta de que manteniendo los Estados Unidos como mantienen su interés en las bases establecidas en España, tienen que seguir sus negociaciones con el Gobierno español, pero esas negociaciones se pueden llevar sin que se den muestras de amistad y se viertan conceptos de apreciación a una dictadura tan cruel y retrógrada como la española. «El amigo aliado» -frase del Sr. Castiella- que tienen los Estados Unidos en España, al día siguiente de la visita del Sr. Rusk, criticaba duramente a las Naciones Unidas y pocos días después el Sr. Salazar anunciaba ante el Parlamento portugués, sin señalar fecha, la retirada de Portugal de la citada organización; éstas son pruebas de la leal amistad de las dictaduras.

No, no hay razón de fuerza mayor que pueda aconsejar actos contrarios en sí mismos a la doctrina democrática de un gobierno, la práctica de ese sistema de equilibrio puede ser, a la larga, perjudicial para las relaciones futuras de algunos países y lo que es peor, daña la propia doctrina democrática.




ArribaResumen de noticias

La visita del Secretario de Estado

MADRID, 20 dic., Ibérica: -Vino el Sr. Dean Rusk y conferenció durante 96 minutos con el general Franco. Se dice que la conversación fue más complicada que en las horas felices en que el Sr. Foster Dulles se personaba en El Pardo. Con su habilidad proverbial, Franco no ha atacado de frente la cuestión de la revisión del Pacto y de los armamentos nucleares; el asunto quedó para ser tratado, de una manera en extremo diplomática, por el Sr. Castiella.

Se habló de política internacional y Franco se alineó en las posiciones de De Gaulle. Pero la cuestión se hizo todavía más ardua al tocar los problemas del Tercer Mundo, desde las colonias portuguesas hasta las relaciones entre España y Marruecos. Parece que el Caudillo, preocupado por el porvenir de Ceuta y Melilla, Ifni, etc., tocó el problema esgrimiendo el tema ya manoseado de «España baluarte africano contra la penetración soviética».

La impresión dominante aquí es que los Estados Unidos, aunque discrepan en tantísimas cosas de la política del general Franco, siguen manteniendo su interés militar en conservar las bases.

En el almuerzo que dio Castiella al Secretario de Estado, el jefe de la diplomacia española volvió a contar aquello de que España no recibió ayuda del Plan Marshall, de que tuvo que rehacerse entre ruinas, para terminar con un boletín de victoria: «Hemos llegado a la situación de hoy con una moneda estable, una fuerte reserva de oro y divisas, un crédito indiscutible y una economía que se prepara a iniciar su fase de desarrollo». (Estamos seguros de que el Sr. Rusk sabe que «no es oro todo lo que reluce».)


Resumen de prensa de la visita del Sr. Rusk

El New York Times, en su edición del 17 de diciembre, inserta una crónica de su corresponsal en España, Benjamin Welles, de la que reproducimos los párrafos siguientes: «El Secretario de Estado Dean Rusk, ha tenido frases de viva alabanza para España como aliado de los Estados Unidos en la defensa mundial contra la agresión comunista». «La amistosa conferencia del Secretario de Estado respecto a España ha sido muy estimada por los responsables españoles».

«En España se esperaba con mucho interés un gesto público por parte de la Administración Kennedy. Se ha elogiado ampliamente la visita de Mr. Dean Rusk así como sus manifestaciones sobre la asociación de España con los Estados Unidos».

«Noticias recogidas de fuente autorizada indican que Mr. Dean Rusk se ha ganado la completa aprobación del general Franco para la política norteamericana en cuanto se refiere a mantener una actitud firme en defensa de los derechos del Occidente en Berlín, insistiendo al propio tiempo en que se celebren nuevas negociaciones con la Unión Soviética en lo que se refiere a la antigua capital alemana».

«Parece ser que el general Franco ha hecho saber también el claro apoyo de España para su aliado y vecino, Portugal, en su disputa con la India sobre el minúsculo territorio de Goa».

«También parece que el general Franco ha manifestado su desaprobación para el continuo suministro de armas norteamericanas a Marruecos».

El Times de Londres, dice, en su edición del 17 de diciembre, bajo el título «Mr. Rusk conferencia con el general Franco», lo siguiente: «Mr. Dean Rusk, el Secretario de Estado americano, siguiendo el precedente establecido por Mr. Dulles, se detuvo ayer en Madrid por seis horas en el transcurso de su viaje de París a Washington, para discutir con el general Franco después de las reuniones de la NATO en la capital francesa. Otros asuntos importantes de especiales intereses comunes, fueron discutidos también».

«Aunque no se facilitó declaración oficial alguna sobre lo tratado en la entrevista, según fuentes generalmente bien informadas, la conferencia de París, la situación internacional (incluido Katanga, Goa, Angola y Portugal), la cuestión de las bases americanas en España y el suministro de armas modernas por los Estados Unidos fueron los asuntos discutidos».

Le Monde, 18 de diciembre: -Bajo el título «Subsisten notables divergencias entre Washington y Madrid», publica una crónica de su corresponsal en Madrid, José Antonio Novais, de la que reproducimos los párrafos siguientes: «Al aceptar la invitación de su colega español M. Castiella, de hacer escala en Madrid a su regreso de la conferencia de la OTAN, para celebrar una entrevista con el general Franco, M. Rusk ha recogido una "tradición" inaugurada por M. Foster Dulles».

«Para Madrid esta visita significa que no hay diferencia, en cuanto a España, entre el Washington de Eisenhower y el actual. "Si las cabezas son otras, la trayectoria es la misma". Por lo demás M. Rusk es el cuarto ministro de Kennedy que visita España; antes que él habían venido los ministros del Ejército, de la Marina y el de Comercio».

«Se cree saber que no es solamente el aspecto internacional del que M. Rusk ha tratado con el generalísimo, del que ha señalado la riqueza de información y la vitalidad de espíritu. En la mirada de conjunto que han echado juntos a los problemas del mundo occidental, y que duró veinticinco minutos más del tiempo previsto, se piensa que en el asunto de Berlín el general Franco se habrá puesto al lado del general De Gaulle. En cuanto a la política africana, existen grandes divergencias: el Pacto Ibérico es difícilmente conciliable con el pensamiento americano sobre "las provincias de ultramar".

Combat, 18 de diciembre: -«El Secretario de Estado americano entró ayer tarde a Washington después de haber tomado parte en París en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN y haber hecho una escala en Madrid, durante la cual celebró una conferencia con el general Franco.

«A los periodistas que le preguntaron sobre la entrevista con el general Franco, M. Rusk rehusó todo comentario».

«La mayor parte de la conversación de los dos hombres de Estado estuvo consagrada a las cuestiones internacionales: Congo, Cuba, República Dominicana, Angola, Goa, reivindicaciones marroquíes sobre los territorios bajo soberanía española.

«Estas conversaciones constituyen una especie de preámbulo a las negociaciones en vista de poner al día los acuerdos entre Washington y Madrid, que expirarán en 1963, y gracias a los cuales los Estados Unidos disponen en España de cinco grandes bases aéreas y de numerosas facilidades militares.

«En cambio de todo lo cual, España recibe de los Estados Unidos una ayuda económica importante, aunque en disminución ahora».


Declaraciones de Lord Altrincham

LONDRES, 26 dic., Ibérica: -El periódico The Guardian de ayer inserta unos comentarios de Lord Altrincham en relación con los enclaves portugueses en la India, de los que reproducimos los párrafos siguientes: «A mi parecer Nehru tenía razón al invadir Goa, Dama y Diu. En la perspectiva de la historia tendrá seguramente más importancia el que la India libre y democrática esté unida contra la amenaza china -con los comunistas indios, incluso, apoyando al Gobierno contra Pekín- que el que unos cuantos puestos avanzados de una desagradable dictadura europea hayan sido eliminados por la fuerza.

«Es posible que sea muy otro el juicio de la historia sobre la actitud occidental respecto a España y Portugal. El frente anti-comunista no se derrumbaría -por el contrario, se fortalecería- si Franco y Salazar fueran ignorados por las democracias occidentales. Y no sugiero con esto que habría que negarles el reconocimiento diplomático, sino que habría que rechazarlos como aliados. El valor estratégico que suponen es insignificante comparado con la responsabilidad moral que representan.

«Es un gran error por parte del Presidente Kennedy haber adoptado una posición contra la India en el problema de Goa. Inglaterra se hallaba más o menos obligada a apoyar a Portugal, pues hacer otra cosa hubiera sido tanto como invitar a los españoles a que ataquen Gibraltar y a los chinos a que se anexionen Hong Kong».


¿Revisión de alianzas?

PARÍS, 4 enero, Ibérica: -El diario Combat de hoy inserta un artículo bajo el título «Posibilidad de una revisión de las alianzas entre Portugal y la Gran Bretaña», del que reproducimos los siguientes párrafos: «Aunque las declaraciones del presidente Salazar sobre una revisión de las alianzas anglo-portuguesas no hayan suscitado, hasta ahora, ningún comentario oficial, no se descarta en los medios autorizados de Londres la posibilidad de una tal revisión, pero subrayando que no se trata sino de una iniciativa portuguesa».

«En lo que respecta a la prensa británica, desde ayer viene tratando el problema de las alianzas de la Gran Bretaña con Portugal, después del discurso del presidente Salazar. El Times escribía: «El verdadero obstáculo hoy, para una alianza clara entre la Gran Bretaña y Portugal, reside en la divergencia fundamental de puntos de vista en lo que concierne a los problemas coloniales. Nada puede suprimir ese hecho y existe el riesgo de otra colisión en lo que respecta a África, con las mismas desilusiones posibles para Portugal que las sufridas respecto a Goa».

«El Daily Mail, a su vez, recuerda que en 1954 se le advirtió al Sr. Salazar que en ningún caso la Gran Bretaña intervendría contra un miembro del Commonwealth y añade: «Cuando el Dr. Salazar acusa a la Gran Bretaña de robar Goa por su propia cuenta por el camino del Commonwealth, no se puede sino concluir que la prueba que sufre le hace perder el sentido de la realidad».

«El Daily Sketch hace notar a propósito del mismo problema: "No hemos debido dejar esta iniciativa al Dr. Salazar. Es evidente que desde hace años la frase: 'el amigo más viejo de la Gran Bretaña' no se aplica a un régimen cuya política colonial nos da horror"»...


La prensa española

MADRID, 19 dic., Ibérica: -Toda la prensa española, sin excepción, ha dado vivas muestras de satisfacción por la visita del Sr. Rusk; sería superfluo citar el mismo clisé repetido en toda ella, pero citamos si n embargo unos párrafos del diario ABC. Su número del mismo día 18 de enero, está dedicado a la visita del Secretario americano; reproducimos algunos párrafos de uno de sus editoriales que comienza así: «La visita de Dean Rusk a Madrid significa la continuidad de una relación amistosa entre España y los Estados Unidos, iniciada por el almirante Sherman que tomó forma concreta en unos convenios económicos y militares firmados en 1953. Al margen de los conceptos puramente defensivos de la alianza, concertada para contribuir al mantenimiento de la paz y seguridad internacional, es justo reconocer que de la amistad con los Estados Unidos se han conseguido muchos beneficios para España».

Y más adelante dice el editorial: «Dean Rusk, experto conocedor de los problemas que afectan al Viejo Continente, sabe muy bien lo que significa la alianza de España para la defensa de Occidente, por su situación geográfica, sus bases, sus costas y lo que vale más que todo eso: su unidad política y su inmunidad contra el comunismo. (El subrayado es nuestro).


El discurso del Caudillo

MADRID, 2 enero, Ibérica: -El discurso del primero de año pronunciado por el general Franco, ha estado tejido sobre el cañamazo de sus lugares comunes habituales, la única novedad es que esta vez ha acentuado más el tema místico y ha tratado de ateos a sus antiguos amigos del Eje fascista. Y vamos a acotar el párrafo correspondiente: «En la última gran contienda se puso de manifiesto que Dios castiga a los gobernantes que le agravian, pues pese a los primeros triunfos deslumbrantes, Dios no pudo permitir la victoria de los que obraban contra su ley, y así tenía que llegar su final».

El caudillo se ha vanagloriado del «panorama económico español plenamente satisfactorio» y ha rendido elogios a los sindicatos verticales. Refiriéndose al sector agrario dijo: «Nuestras anárquicas estructuras agrarias están frenando el desarrollo económico del país e impidiendo que lo conseguido en otros órdenes de la economía nacional repercuta equitativamente en el nivel de vida de los sectores sociales más necesitados».

En el orden internacional, y como cabía esperar, el caudillo ha proclamado «nuestra fidelidad al Pacto Ibérico» y ha acusado a la ONU de que «va a ser en el futuro un medio impune para la agresión de los más fuertes contra los más débiles».

Aunque el jefe del Estado nos tiene acostumbrados a las paradojas, vamos a citar una que colma la medida. Después de repetir, una vez más, aquello de «los crímenes del comunismo», hace por carambola un elogio de aquello que pretende atacar al decir: «Sólo por un imperativo insoslayable, pueden quienes compartieron con Stalin las responsabilidades de sus crímenes, adelantarse a acusarlos gravemente confiando en que la ola de la reacción pública no les alcance. Evidentemente, ya no es lo mismo gobernar a ciento y pico de millones de analfabetos y de siervos que a un pueblo de doscientos millones de habitantes, con una indiscutible elevación cultural, donde despierta un espíritu crítico y se hacen impracticables el dogmatismo rígido y la obediencia ciega a consignas propagandísticas». Escuchando estas palabras no sabe uno el terreno que pisa, si estamos oyendo a un anticomunista o escuchamos una propaganda de las modalidades del comunismo actual. Sin duda alguna, en este último discurso de Franco se notan rasgos de menor cohesión intelectual, sin hablar de repetidos lugares comunes.

Debemos añadir que, aunque este discurso pretende, como todos los de los años anteriores, dar el tono de la actualidad del comienzo de año, otras preocupaciones políticas internacionales reinan en los medios diplomáticos; una procede de los acontecimientos en Portugal, pues aunque se ha pretendido presentar los sucesos de Beja como una actuación comunista, los sectores oficiales no ignoran que la situación en Portugal pudiera llegar a dar hondas preocupaciones en el año que acaba de empezar; la otra preocupación viene del lado de Alemania, en relación con las repercusiones del problema alemán en la marcha del occidente.


Un artículo de un embajador

MADRID, 20 dic., Ibérica: -En el periódico ABC apareció ayer un artículo de Torcuato Luca de Tena que merece ser reproducido, si no íntegramente, al menos en sus párrafos esenciales. El artículo comienza así: «La guerra declarada por las Naciones Unidas contra Katanga es una afrenta a la justicia, es una torpeza política, es un error histórico de consecuencias incalculables.

«Es una afrenta a la justicia, porque no puede combatirse, en nombre de la libre autodeterminación de los pueblos, a un pueblo que no ha cometido otro delito que el de pretender autodeterminar su destino». Nos vemos obligados ante este párrafo a preguntarle, desde esta columna al Sr. Luca de Tena: ¿Qué piensa Vd. sobre la autodeterminación del pueblo español?

Después de deducir el autor del artículo, por sus citas anteriores, «que la política africana del Departamento de Estado es exactamente la que quieren los comunistas», continúa diciendo: «claro está que la razón de esta política africana no debe en modo alguno buscarse en un deseo consciente de hacer el juego al comunismo». «Las fuentes de la paradoja son muy otras, y son lejanas». «Hace ya diez años, siendo yo a la sazón corresponsal en Washington, publiqué en estas mismas páginas lo siguiente: "Los Estados Unidos han derivado del glorioso vocablo 'imperio' la infamante palabra 'imperialismo', confundiendo la divina misión que embelleció al mundo, con la agresión fronteriza. Los Estados Unidos no tienen vocación imperial. Tienen por el contrario 'complejo colonial' que lastra su voluntad directora como si fuera un complejo de bastardía. Sin vocación imperial, sin voluntad directora, ¿sabrán responder a todo cuanto el momento exige de ellos? No olvidemos que no forman parte de una aristocracia creadora, sino de una democracia conservadora. ¿Será suficiente el instinto conservador para suplir el ímpetu creador?"»...

Estas líneas citadas han salido de la pluma de D. Torcuato Luca de Tena, Embajador de Franco en Atenas y miembro del Consejo privado de Don Juan de Borbón.


Viajes de don Juan

MADRID, 22 dic., Ibérica: -Don Juan de Borbón se entrevistó en Roma con los cardenales Ottaviani, Cicognani y Larraona para tratar del próximo matrimonio de su hijo. Estaba prevista una visita a S.S. Juan XXIII, pero contra lo que estaba previsto, el pretendiente no ha sido recibido por el Papa. Se dice que la visita ha sido aplazada hasta que la Santa Sede examine diferentes cuestiones relacionadas con el objeto de la visita.

De regreso a Estoril pasó don Juan por el aeródromo de Barajas, donde fue cumplimentado por dos representantes de la casa civil del Caudillo.


Declaraciones de Salazar «después de Goa»

PARÍS, 25 dic., Ibérica: -El periódico Le Figaro del 23 publica, con el título arriba indicado, una interviu concedida por el Presidente Salazar a su colaborador Serge Groussard. De ella reproducimos los siguientes párrafos:

El periodista pregunta:

-¿Cree Vd. que el voto del Consejo de Seguridad ha sido moralmente útil?

Salazar respondió:

-¿Útil? ¡Pero es inútil! ¡Inútil como las Naciones Unidas! Y cuando digo que las Naciones Unidas son inútiles, debo añadir que son dañinas. Al presentar su queja ante el Consejo de Seguridad, Portugal ha querido probar, una vez más, la acción nefasta de las Naciones Unidas que no son sino un terreno de demagogia... ¿Y quién paga esta lamentable institución internacional?... ¿Quién le permite vivir?... ¡Los Estados Unidos!

El periodista pregunta:

-¿No teme Vd. que la caída de Goa no sea sino un comienzo de otros contratiempos?

Salazar respondió:

Yo no sé. Lo peor es posible hoy. Nuestras provincias de ultramar pueden sangrar. Pero lo que yo sé es esto: nosotros no arriaremos nunca, en ninguna parte, nuestro pabellón. Nos batiremos en todo sitio. Además las organizaciones internacionales son casi ridículas, después las alianzas de nación a nación... Lo de Angola está terminado, ya no quedan enemigos... ¿Cuáles son los medios de un pequeño país para mantener sus territorios en paz? Primero, las organizaciones internacionales (ellas son casi ridículas); luego, las alianzas de nación a nación.

Si Francia deseara apoderarse de Bélgica o de Luxemburgo, lo podría hacer cómodamente. En ese caso ¿cuál sería la defensa de ese país? 1) El reconocimiento por el mundo del principio de su soberanía nacional (ya sabemos lo que eso vale); 2) La asistencia de sus aliados. Pero las alianzas actuales conocen muchísimas dificultades. Mire Vd. la OTAN. A pesar de las buenas palabras ¡cuántas quiebras!, ¡cuántas querellas!

El periodista pregunta:

-¿La actitud americana respecto a Goa le ha satisfecho?

Salazar contesta:

-Veamos; han votado por nosotros en el Consejo de Seguridad. Pero al mismo tiempo han votado en las Naciones Unidas una condenación de la política de Portugal en África, desaprobación al mismo tiempo de vendernos armas. Es muy delicado de su parte. ¡Qué quiere Vd.!, los Estados Unidos son una joven nación de doscientos años de edad. Están llenos de candor... El Sr. Stevenson es un intelectual puro; es ingenuo, sin experiencia de la vida real; muy inteligente, pero únicamente guiado por su inteligencia. Mañana podrá pronunciar en las Naciones Unidas un discurso contrario al de ayer.


Nuevo embajador a España

El nombramiento del nuevo Embajador de los Estados Unidos en España ha recaído en el Sr. Ellis O. Briggs.

El Sr. Briggs tiene 62 años, nació en el Estado de Massachusetts e hizo sus estudios en la Universidad de Dartmouth. Empezó su carrera diplomática como vicecónsul en Lima, en 1925; fue Consejero de la Embajada de La Habana, Embajador en Santo Domingo en 1944 y en Uruguay en 1947-49; Embajador en Checoeslovaquia en 1949-52, en Corea en 1952, en Perú en 1955-56 y en Brasil en 1956. Por último fue nombrado Embajador en Grecia en 1959, donde ha desempeñado el cargo hasta este nuevo nombramiento en España.

El Embajador Ellis Briggs está reputado como hombre de principios liberales y así lo ha demostrado en los cargos que ha desempeñado.


Portugal. La sublevación en Beja

Aunque las noticias que poseemos sobre la sublevación de Beja, ciudad situada al sur de Lisboa, son muy fragmentarias, sacamos de esas informaciones los siguientes datos:

«Hacia las 3 de la madrugada del 1 de este mes, grupos de civiles armados atacaron el cuartel del regimiento de infantería de Beja. Aunque los efectivos estacionados en el cuartel no eran numerosos, el comandante organizó rápidamente la resistencia y dio la alarma. La guardia republicana (especie de policía armada) ocupaba posiciones de combate. El ministro del Ejército tomaba en Lisboa disposiciones y envió a Beja refuerzos dirigidos por el coronel y subsecretario del Ejército Jaime Fonseca.

Los rebeldes se apoderaron del cuartel, a pesar de la resistencia opuesta por los soldados que había en el interior y de su comandante. El coronel Fonseca llegó al lugar de los sucesos mientras que la lucha continuaba y fue matado en el combate. Del lado de los rebeldes el capitán Varela Gomes, que conducía un grupo de civiles bien armados, fue herido gravemente; se encuentra en el Hospital de Beja bien guardado. Se han registrado cuatro muertos.

Después de algunas horas de desórdenes las fuerzas del gobierno triunfaron y la sublevación fue aplastada. Se han practicado numerosas detenciones entre los civiles y el estado de alerta ha sido proclamado en todo el territorio de Portugal.



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