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Ibérica por la libertad

Volumen 11, N.º 10, 15 de octubre de 1963

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1963 igual a 1953

1963 igual a 1953



IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

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IBÉRICA is published monthly on the fifteenth of the month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Iberica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1963, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajoPor una oposición realista

Dionisio Ridruejo


Con toda seguridad, en el seno de la sociedad española se van produciendo transformaciones a las que la eliminación de los cuerpos intermedios y representativos privan de traducción política. En su defecto, esas transformaciones -determinadas por causas tan distintas como la evolución económica o la promoción de generaciones nuevas, el mimetismo ante los modelos europeos o la pluralización y desgaste de los apoyos a la Dictadura- se traducen en presiones sociales directas de diverso orden, a las que el Gobierno tiene que dar respuesta, brutal algunas veces, asimilativa casi siempre.

Todo esto significaría un cierto recobro de la energía social, sofocada durante años por el terror, en unos casos, y narcotizada, en otros, por el beneficio de una seguridad excesiva. Los centros de presión tenderían así a ponerse en su sitio y los grupos sociales -recobrando su conciencia y la noción de su poder- volverían a ser sus administradores; en tanto que el Gobierno y sus grupos auxiliares, que hasta ayer monopolizaban toda iniciativa, pasarían ahora, en ciertos aspectos, a un vivir reactivamente.

Más o menos exactamente, eso parece haber pasado con la política de liberalización económica, exigida por la burguesía industrial y financiera con el concurso de una presión internacional muy concreta. Ha sucedido y va a suceder más con la política laboral y sindical, reactiva respecto a las huelgas obreras, si, como ahora vuelve a demostrarse, la confianza en la propia razón y la propia fuerza no hace más que crecer en el grupo obrero, el cual sigue señalándose objetivos sin limitarse a la conquista de unas reivindicaciones salariales. Ha sucedido con las medidas de liberalización cultural, por las que el grupo intelectual, tímidamente si se quiere, ha venido batiéndose. Y ha sucedido, en esos y en otros casos, con la ayuda del centro de presión más facultado, libre y auto-defendido: el que se apoya en las organizaciones que la Iglesia preservó, por privilegio, de la disolución general.

Es evidente que cada uno de estos movimientos de presión, va formando, definiendo, liberando, los sentimientos de autonomía en el cuerpo social. Ello no significa la politización del país y hasta pudiera retrasarla algún tiempo si el proceso se dejara a su aire. Pero presupone una condición previa para que esa politización pueda ser profunda y certera: esto es, que sea ajustada a la descripción y representación del país en sus verdaderas líneas de conflicto. Porque donde la política ha de limitarse a ser el desvelo de unas minorías suplentes y de poco arraigo, no puede decirse que haya política, tal como se concibe en nuestro siglo.

Este vacío de política -en su sentido hondo de traducción del juego social- es característico de nuestra situación. Las fuerzas de sostén que tuvo el sistema se fueron desecando y viven ya encapsuladas dando giros de mariposa en torno a las instituciones armadas, sin nutrición social alguna. Pero también los grupos de la oposición se nutren pobremente, aunque está en su potencialidad unirse representativamente a la corriente social viva.

En realidad la prueba que ha de celebrarse entre el Régimen y sus antagonistas políticos no será auténtica más que convirtiéndose en una lucha por la mejor interpretación de las aspiraciones de los grupos sociales en evolución. Porque una disputa ideológica por el poder, entre una minoría superpuesta y cada vez más extrañada de la base y una minoría soterrada que no puede vivir «en sociedad», es una disputa absurda. Particularmente si la prueba «de fuerza» no es posible porque la primera monopoliza la que hay.

La verdad es que hasta ahora faltaba el campo mismo de esa disputa, pues el Régimen lo había eliminado puramente, por reducción a la pasividad, poniendo policías en la entrada.

Expulsada de ese campo, la oposición ha tenido que vivir ensimismada, reducida a sostenerse en lo que pudiéramos llamar sus definiciones inactivas: por una parte el testimonio crítico y por otra el «desideratum» ideológico, no limitado, con frecuencia, por el trabajo de confrontación y el cálculo de posibilidades. Entre lo uno y lo otro faltaba lo más «real»: el contacto interpretativo y estimulador con la sociedad misma; el negocio cotidiano con los españoles cotidianos: obreros o burgueses, estudiantes o profesores, profesionales o labriegos. Minoría aparte, todas esas especies sociales, cubiertas por la coraza de una despolitización impuesta de muchos modos; y compatible, incluso, con los sentimientos íntimos de discrepancia, tenían que seguir enfrentándose con los problemas de su propia vida, profesionales o privados, en el encofrado político que se les había puesto encima y que no podían soñar en romper, ni siquiera en los casos en que su opresión se hacía más patente. Porque la despolitización no ha sido ni es en España una modalidad del conformismo más que ciertos sectores satisfechos. Más generalmente ha sido y es el resultado de un cálculo realista de riesgo y posibilidades, con el desánimo abonado por una experiencia dramática.

¿Empieza a cambiar todo esto? Si la vida social se reanima, el cálculo entre riesgo y posibilidad tenderá a invertirse sin duda. Pero ello ha de obligar a las minorías politizadas que no lo han hecho aun, a salir de las catacumbas puras -y peligrosas sin duda- pero un tanto propicias a la vida sedentaria, para lanzarse a una brega algo más impura quizá, no menos arriesgada y más eficaz. Pero para que tal cosa sea útil habrá que prepararla mediante un esfuerzo de reconversión.

Me parece que la oposición puede concebirse de tres modos. Primero, como espera. Esta sería la oposición de testimonio, reservada para «en su día», lo que no excluye una cierta actividad de crítica, proselitismo y negociación internacional. Ésta ha sido la más generalmente practicada hasta ahora. No podía haber más. Segundo, como desesperación resuelta jugando al todo o nada, a cara o cruz. Esta sería la de la reconquista armada o subversión frontal que nos prometen y nunca nos cumplen los fanfarrones simpáticos que edifican y deshacen frentes revolucionarios de urgencia. Es una oposición que a veces da víctimas y que nunca da resultados más que a favor del adversario. Las dos formas de oposición, pese a su mucha distancia, se parecen en su no igual ignorancia de los obstáculos y en el uso de la previsión imprevisible. Porque nunca cabe imaginarse en concreto qué es lo que permitiría una libre, pura y descomprometida ocupación del poder para proceder luego a la transformación o reajuste de la sociedad o simplemente para poner en marcha al país. Que es en lo que exclusivamente se piensa.

Pero el país, la sociedad básica, marcha entre tanto como puede. Y el Régimen, que le está más cerca que la oposición porque le está encima, tiene que ejercitarse a encajar la presión social, aunque para esconder sus debilidades descargue, de tanto en tanto, el terror sobre los puntos más frágiles. Pues bien, la tercera forma de oposición posible, sería la que se ajustase a aquella marcha, no para encajarla como el Régimen, sino para desencajarla del Régimen y de sus maniobras y mantenerla, sin mucho aparato, en la dirección de un desenlace racional.

Sin duda la oposición que necesitamos tiene sus dificultades, pues no puede ser otra que la misma que hay con nuevo estado de ánimo. Nadie va a ponerse a inventar la pólvora. Las condiciones que esa oposición habría de cumplir para dar la batalla a la Dictadura en el terreno ineludible de la sociedad española que hay, son de enunciado fácil, aunque no cabrá decir tanto de su traducción a la práctica.

Ante todo se necesita una oposición bien definida. Tal definición no podrá acotar el campo oposicionista pero lo clarificará. Hemos comprobado que existen dificultades para concretar esa definición en un programa superpartidista de excesivo compromiso, pero sería suficiente un pacto honrado de buena vecindad y cooperación democrática, para ahora y para luego. Un pacto de cooperación democrática define el sistema que se quiere, garantiza a cada uno contra las pretensiones monopolísticas de su rival y compromete a todos los grupos representantes de intereses a contender libre y pacíficamente con la voluntad mayoritaria como árbitro.

En segundo término se necesita afirmar el pluralismo y, al mismo tiempo, organizar tácticamente su unidad. Si se trata de penetrar vectorialmente en los grupos sociales reales esto no puede hacerlo en cada caso más que el grupo ideológico que se identifica con las aspiraciones del grupo social correspondiente. La cuña de la misma madera. Por otra parte es imposible que un grupo solo cumpla toda la misión opositora. Los grupos sociales españoles saben muy bien cual es su límite de autonomía y posibilidad y los más oprimidos no buscan la disputa con un competidor que puede convertirse en refuerzo para el dominador de todos. Pero la unidad táctica es igualmente necesaria, incluso a los efectos de la expansión de cada grupo específico. Solo un conjunto coherente da la idea de un antagonista proporcionado a la fuerza del Régimen y puede anticipar la imagen de seguridad del régimen sucesivo. El hombre medio puede politizarse a través de un grupo que forme sistema con otros y sugiera así seguridad y potencia. No se politizará, salvo caso especial, a favor de un grupo aislado.

En tercer lugar se necesitaría prevenir una estrategia precisa con tácticas flexibles y realistas. Se trata de estar en el proceso social ordinario y procurar acelerar su curso; pero no será posible violentarlo ni llevarlo precipitada y directamente, a la consecución de un desenlace político. Tal pretensión amedrenta a los grupos por su dificultad y ese desenlace ha de ponerse en la perspectiva del proceso, como una consecuencia lógica. Porque efectivamente lo será.

Es claro que la estrategia no pensada de los grupos sociales va siendo una estrategia de objetivos escalonados que tiende a crear situaciones irreversibles de más libertad, más autonomía y mayor disponibilidad de medios para cada grupo. Se puede considerar, porque es bueno, el ejemplo del grupo obrero, que, adversario nato del sistema, rehúye la politización explícita y la elección de un objetivo total y dilatorio, ateniéndose a la posibilidad de cada día. Ahora bien, está claro que si primero ha apuntado a las reivindicaciones salariales, ahora apunta ya al recobro de su libertad de agrupación o a su derecho de autodeterminarse en el seno del sindicato único. Y ¿es que la oposición sabría proponerse algo que fuera más político que eso?

Algunos piensan que la táctica de objetivos escalonados, en cuanto puede traducirse en mejoras, favorecería a la Dictadura. Me parece absurdo. Ante todo, ninguna oposición que merezca ese nombre podría complacerse en la perpetuación de las peores condiciones para todos. Pero es que, además, todo lo real es operativo y si los grupos sociales crecen en autonomía y vivacidad, ello hará imposible la Dictadura y, lo que es más importante, creará las bases del vigor y la estabilidad de una democracia que sería enfermiza si se concibiese como pura forma a ensayar sobre una sociedad desentrenada.

El peligro estaría, si acaso, en que el crecimiento de conciencia de los grupos rompa los esquemas ideológicos que esperan en la oposición y se oriente en otras direcciones. Razón de más por la que la oposición ha de entregarse ya y del todo a la tarea de conocer las aspiraciones de los grupos sociales y a anticiparse a ellas, servirles de estimulante y resonador, de programador y hasta de profeta. Porque así se encontrará, en el camino, siendo una con los grupos sociales, que es como decir siendo la sociedad española en movimiento, mientras la Dictadura y todo lo que le pertenece van quedándose en mero residuo y cáscara vacía.

Naturalmente esos ejercicios de presión, respaldados por un centro opositor bien definido y coordinado, pueden seguir encontrándose con las respuestas obstativas y violentas de su adversario y también con sus respuestas imitativas y negociadoras o con soluciones intermedias de hecho. Hay que decir que estas zonas de conjetura son las que oponen más reparos a la conversión que estamos considerando. No me pararé a pensar si esos reparos ocultan alguna forma de inseguridad en las propias fuerzas o en los propios deseos. En todo caso es claro que una oposición que quiera servir para sacar a España del atolladero, no podrá pecar ni de inflexible ni de oportunista. Deberá estar flexiblemente atenta a las situaciones de hecho que puedan producirse, pero ha de estarlo para responder y exigir desde su propia definición y no para mixtificarse. Para imponer el juego limpio y no para perderse en la ambigüedad. Pensemos, sin embargo, en los reparos. No se me ocurre, por de pronto, más que el método simple de la misma acción. No la acción frontal que es quimérica. No la acción oportunista que es inútil. La acción autónoma dentro del cuerpo social en evolución.

Seguramente un pacto detallado de lo que cada cual debería ceder al otro o todos a un tercero, cuando haya algo que ceder, es más difícil -y más bizantino- que un acuerdo para acciones concretas y bien objetivadas, referidas a los problemas concretos de la sociedad española y particularmente a sus grupos más oprimidos. A cuento de ello diré que conservo un recuerdo emocionado y fresco de lo que fue la solidaridad interna de la oposición en las huelgas del 62 y un recuerdo fatigado, ya que no desagradable, de otras tentativas más profundas y ensayadas en épocas diversas. Y es que para que las de este segundo orden valgan hay que injertar en ellas la referencia a lo próximo a cuyo orden pertenecía la primera: la acción modesta de cada día.

La acción, claro es, no tiene sentido más que en función de un proyecto, pero es igualmente evidente que los proyectos son para ejecutarlos. Lo que exige su desglose en objetivos de acción concreta y sucesiva. Es cierto que no sólo hay que oponerse sino oponer; pasar de la fase negativa a la fase propositiva. Pero si la proposición no puede ser estrictamente ideológica porque la oposición debe ser ideológicamente compleja, la unidad proponente tendría que hacerse con respecto a un objetivo práctico general. Nuestra sugerencia consiste en suponer que las líneas de detalle y formalidad de ese objetivo se irán dando por tacto, ante las exigencias de la acción cotidiana y seguida por grados de comprensión y confianza, el aparato planeador y ejecutivo de esas acciones.

Poner la oposición «en sociedad» y no encima ni debajo ni al margen. Ponerla tácticamente unificada, por referencia a acciones concretas. Clarificar la voluntad de cooperación democrática como forma de previsión del futuro. Y vivir, en la evolución de nuestra sociedad, el entrenamiento psicológico para esa forma de vida política. Esas son las condiciones que, a mi modesto juicio, se exigen a la oposición -exige ella misma- para estar al nivel de su responsabilidad y su buena ocasión.

DIONISIO RIDRUEJO




ArribaAbajoBalance de un año de «Liberalización»

Juan Goytisolo2


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Hace exactamente un año el nombramiento del Sr. Fraga Iribarne para el cargo de Ministro de Información fue saludado con esperanza por la totalidad de los escritores, artistas e intelectuales españoles. Después de largos años de inmovilismo -encarnados por la figura legendaria del Sr. Arias Salgado- las medidas de liberalización anunciadas por el Ministro y el tono nuevo de sus declaraciones a los periódicos justificaban la tesis optimista de que el Régimen había entrado en un período de evolución y su integración al sistema político occidental era una simple cuestión de tiempo. La ocasión escogida para el cambio de rumbo no podía ser más oportuna. En mayo 1962 -con motivo del Premio Formentor primero y del Congreso de Editores de Barcelona después- los escritores y editores extranjeros habían podido comprobar por sus propios ojos las condiciones precarias en que se desenvolvía la vida cultural en España. En diferentes circunstancias las figuras más representativas de las artes y las letras de nuestro país elevaron su voz de alarma. En diciembre de 1960, doscientos diez intelectuales, encabezados por el presidente de la Real Academia, don Ramón Menéndez Pidal, expresaba su «zozobra próxima a la exasperación» ante el sistema de censura previo, tal como se concibe y practica en España, sistema que obliga a numerosos escritores, investigadores científicos de valía a buscar refugio en las editoriales, universidades y centros de estudio extranjeros, con la consiguiente pérdida de talentos y energías para el país. A guisa de respuesta, el Ministerio de Información se limitó a desempolvar viejas tesis, según las cuales, «todo escritor moral se autocensura» y «lo que es permisible y hasta bueno para una selección, puede ser dañino y hasta gravemente nocivo para la mayoría» que, con constancia verdaderamente ejemplar, repite desde hace un cuarto de siglo. Según el anónimo autor del editorial publicado en el semanario El Español, «la censura previa existió en todos los países del mundo durante los siglos XVI, XVII y XVIII». Lo que el editorialista parecía olvidar era que, al cabo de tantos años de vigilancia cuidadosa, escritores y lectores empiezan a preguntarse cuándo alcanzarán la mayoría de edad que les permitirá liberarse de una vez de la tutela bienhechora del Ministerio. En un momento en que el gobierno español aspira a integrarse económicamente a Europa, es natural que unos y otros quieran saber en virtud de qué principio lo que es válido y deseable en el campo de la economía no lo es en el de la política ni en el de la cultura.

El nombramiento del Sr. Fraga Iribarne respondía cabalmente a estas cuestiones. En una declaración al corresponsal de Combat el nuevo Ministro afirmaba: «Ni una sola consigna ha sido dada a la Prensa desde que yo ocupo este Ministerio... Los teatros serán ayudados y la libertad artística favorecida... Se trata de encontrar una fórmula de creación que haga nacer un gran cine español». Para Fraga Iribarne el Estado no podía pretender «ser el creador ni de la verdad, ni del arte, ni de las grandes creaciones representativas de la cultura»; entre la «inhibición absoluta» y la «planificación absorbente» había un amplio margen de actividades cuyo objetivo fundamental debía consistir en «favorecer el diálogo» y desempeñar un papel «orientador».

Desde entonces ha transcurrido un año entero y, pese a los buenos propósitos del Ministro, la realidad sigue siendo, aproximadamente, la misma de antes. La censura de libros funciona con la única diferencia que el Ministro justifica las razones de la prohibición o la conveniencia de los cortes y las normas de censura de las obras teatrales y cinematográficas, publicadas el pasado mes de marzo, impiden, entre otras cosas, la justificación del suicidio, el homicidio por piedad, el divorcio, el adulterio, el aborto y cuanto atente contra la Iglesia y los principios fundamentales del Estado. Si las películas de Antonioni se proyectan -con cortes y modificaciones, es verdad- en los cines de Madrid, si La Colmena de Camilo José Cela ha sido, finalmente, autorizada, Buñuel no ha podido filmar Tristana, las obras del joven dramaturgo Alfonso Sastre siguen prohibidas y la triple censura político-religiosa-moral actúa despiadadamente contra las novelas y poemas de los autores de la nueva ola. En lo que a la literatura se refiere, al mantener el principio ineficaz de la censura previa, los proyectos iniciales de Fraga Iribarne se han quebrado ante el engranaje montado por sus antecesores. Independientemente de su voluntad renovadora las relaciones entre los intelectuales y el Poder conocen de nuevo un período de tensión. Un breve análisis de la situación actual de nuestra literatura nos permite aclarar las razones de su fracaso.

Para condenar la censura previa basta examinar sus resultados, no ya desde el punto de vista de la literatura que ha impedido circular -la lista de títulos prohibidos desde El Discurso del Método a La Condición Humana rebasa la cifra de tres mil- sino del de la literatura que indirectamente ha originado, es decir, del de su eficacia en cuanto censura. En un país donde las cuestiones políticas y sociales, el adulterio, el suicidio, la religión, son temas tabúes y no pueden tratarse de otro modo que de acuerdo con el dogma político-religioso defendido por el Ministerio, al cabo de veintitrés años de vigilancia rigurosa se podría esperar que la literatura española fuese conformista y aséptica, alejada de las asperezas y problemas del universo real; en otras palabras, una literatura neutra, no comprometida.

Una somera ojeada a nuestra producción más reciente, nos autoriza a afirmar, por el contrario, que las mejores novelas y libros de poemas publicados en España se sitúan en los antípodas de dicha concepción. Nuestro gran Larra, al analizar las letras españolas del Siglo de Oro, había observado con gran acuidad: «Géneros enteros de la literatura han debido a la tiranía y a la dificultad de expresar los escritores sus pensamientos francamente, una importancia que sin eso rara vez hubieran conseguido... La lucha que se establece entre el poder opresor y el oprimido ofrece a éste ocasiones sin fin de rehuir la ley, y de eludirla ingeniosamente». La anotación es perfectamente aplicable a la literatura española de hoy. Si algún mérito hay que reconocer a la censura es el de haber estimulado la búsqueda de las técnicas necesarias al escritor para burlarla e introducir de contrabando en su obra la ideología o temática «prohibidas». Bregados por la experiencia de nuestros fracasos, los escritores hemos aprendido el manejo de la astucia. Numerosas novelas y poemas que salen a luz en España rehúyen la ley y la eluden ingeniosamente. Quien el día de mañana pretenda estudiar las innovaciones formales de los novelistas y poetas españoles, deberá tener en cuenta la existencia de la censura que las originó. Sin ésta, por ejemplo, el objetivismo, behaviorismo y otros procedimientos narrativos de despersonalización del autor no hubieran obtenido la aceptación que han tenido -y tienen aún- en los últimos años. Para enfrentarse mejor al obstáculo, la literatura ha adoptado las armas del enemigo, y a la postre ha salido fortalecida de la prueba. Si, como decía Gide, la obra clásica nos emociona en virtud de un romanticismo dominado, la presencia invisible de la censura impregna las creaciones literarias de nuestros autores de una tensión secreta que constituye la clave de su dinamismo e interés.

Esta astucia, como es lógico, no engaña a nadie. Los censores se dan perfecta cuenta del ardid y su segundo fracaso radica en el hecho de que no pueden impedirlo. Una vez más, cuando Larra escribe «la represión... no basta a contrarrestar la fuerza de la opinión; el escritor de cada época se hace respetar hasta de sus enemigos», su observación ilustra claramente el dilema que se plantea a la censura de un tiempo a esta parte. El contenido de muchas obras autorizadas, imaginamos, no debe ser precisamente de su agrado y satisfacción. Si las aprueba -después de haber cernido en su tamiz las más «audaces»- lo hace, pura y simplemente, porque no tiene otra cosa entre sus manos. Frente a la tónica general de nuestra literatura no caben, en efecto, más que dos actitudes: prohibirla en bloque, o intentar limitar sus desperfectos. Rindiéndose a los imperativos económicos de la industria editorial, los censores optan por la solución más fácil.

Los autores hemos aprendido también la lección a este respecto y -después de largos años de resignación bochornosa, durante los que la resistencia nos parecía imposible- un día comprendimos que nos equivocábamos. La polémica entre «posibilistas» ante quienes la censura aparecía como un muro contra el que era inútil darse de cabezadas -e «imposibilistas»- según los cuales para que las cosas fueran posibles un día, había que reivindicarlas antes, cuando todavía eran utópicas -se saldó con la victoria de éstos. «En la censura -concluía un novelista de la nueva promoción- ocurre como en los toros. Antes de Belmonte los terrenos del toro y del torero estaban teóricamente limitados. Eran los terrenos "posibles". No podía el matador al decir de la cátedra, meterse en la zona del toro. Pero llegó Belmonte y cambió el panorama: el torero se metía en terrenos hasta entonces vedados. Y, ante el estupor de la cátedra, no solamente se podía torear en ese terreno, sino que, tras Belmonte, todos ya fueron achicando el campo del toro. Así en la censura. ¿Dónde está el campo de ésta y dónde el de los escritores?»

En el Congreso de la Comunidad Europea de Escritores celebrado en Florencia en 1962, el primer encuentro entre españoles y soviéticos reveló un hecho sorprendente: mientras los rusos hablaban del arte abstracto y poesía lírica, Paul Klee y Saint-John Perse, los españoles defendían acerbamente el realismo y citaban a Lukaks y Bertold Brecht. Sin pretender equiparar con ello dos sistemas político-sociales radicalmente opuestos en la teoría y en la praxis, la línea ordenancista de uno y otro habían conducido, de modo paradójico, a un mismo resultado: situar a los mejores escritores de cada campo en los antípodas de lo que se proponían. Al escapismo lírico de los jóvenes poetas soviéticos los españoles oponían un anhelo furioso de realidad. Frente a la tentativa idealista de la censura, el realismo se ha convertido en nuestro único medio de evasión.

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Llegados a este punto, podemos explicar por qué motivo los escritores del país más retrógrado de Europa producen la literatura más realista y comprometida del momento: originariamente creada para impedir ésta, la censura ha actuado de modo involuntario como catalizador. Mientras los novelistas franceses, pongamos por caso, escriben sus libros independientemente de la panorámica social en que les ha tocado vivir -hasta el extremo de que puede hablarse de divorcio entre la obra de sus autores más representativos y la sociedad francesa actual- los novelistas españoles -por el hecho de que su público no dispone de medios de información veraz respecto a los problemas con que se enfrenta el país- responden a esta carencia de sus lectores trazando un cuadro lo más justo y equitativo posible de la realidad que contemplan: De este modo la novela cumple en España una función testimonial que en Francia y los demás países de Europa corresponde a la prensa, y el futuro historiador de la sociedad española deberá apelar a ella si quiere reconstituir la vida cotidiana del país a través de la espesa cortina de humo y silencio de nuestros diarios.

Víctimas del mecanismo que ellos mismos pusieron en marcha los aprendices de brujo de la censura han tenido que seguir el camino que sus antecesores. El remedio, sin embargo, está a la vista de todos: la «subversión» es y ha sido siempre directamente proporcional a la intervención del Estado en actos que, normalmente, deberían escapar a su control. Cuando el Estado fiscaliza todos los órdenes de la vida cultural de un país, cualquier poema, ensayo o novela literariamente inconformista, se convierte de manera automática en obra «subversiva». Al politizar los hechos más nimios el aparato montado por los censores se vuelve implacablemente contra ellos.

Si, renunciando al empleo de la violencia, se avinieran a razones, les daríamos un consejo infalible: marcharse. Entonces, únicamente entonces, la literatura volvería a ser literatura, y no política y, entregados a ocupaciones más útiles que la que ahora ejercen, dejarían medrar, al fin, las obras intrascendentes y evasivas -los cuentos de hadas, los poemas bucólicos- que su infortunada gestión ha asfixiado.

JUAN GOYTISOLO




ArribaAbajoEl régimen sigue en cuarentena

La política interior del régimen español viene siendo definida desde su nacimiento por la política internacional. Esto es consecuencia lógica de dos factores bien conocidos, primero, una ausencia total de libre opinión pública nacional y segundo, la existencia de una opinión pública internacional, salida de una guerra mundial, precisamente en contra del fascismo. Pero a pesar de los esfuerzos de adaptación, y a pesar de las inyecciones del tío Sam, el régimen presente en España no acaba de lograr vía libre en la circulación internacional.

Todos sabemos lo que representó, en su momento, política, militar y económicamente, el Acuerdo hispanoamericano: por una parte, la posibilidad de entrar en una fase de desarrollo económico; por otra la de incorporarse a la llamada defensa de Occidente. Pero además suponía, y esto era lo importante, superar la crisis internacional del régimen sin cambiar su estructura institucional.

Hoy, transcurridos diez años, firmado el nuevo Acuerdo, ¿dónde estamos? ¿Adónde nos han conducido las paradójicas contradicciones americanas de legalizar y fortalecer un régimen fascista o neo-fascista pretendiendo a la vez su democratización?

Al cabo de estos años podemos sacar una conclusión: el régimen franquista sigue sin salir de la cuarentena impuesta por Europa y lo que es más, se enfrenta con una crisis interna, sumamente peligrosa.

Desde 1953 el viejo continente cambia: surge un mercado común, una nueva Europa que obliga a una nueva readaptación del franquismo, a la estabilización y a la liberalización. Pero este Mercado Común demuestra con una política mucho más coherente que la americana, las incompatibilidades del totalitarismo español con la ideología liberal europea. La crisis se acentúa; la llamada campaña antiespañola arrecia, no se logra una ayuda internacional, privada o estatal, suficiente, no se participa en el sistema de defensa europeo, la OTAN, y no se entra en el Mercado Común. En el interior, la liberalización económica se politiza y por primera vez surge una crisis sindical de grandes repercusiones en la opinión pública nacional e internacional. El régimen se endurece, con lo cual aumenta la reacción internacional.

En estos momentos surge la revisión del convenio hispano-americano y el Gobierno español busca una posición más fuerte para negociar. Son seis meses de falsa política en los que se insinúa un viraje hacia Europa que queda reducido a las concomitancias con el gaullismo, llegando a crear un ambiente de agresividad antiamericana controlada, y aún iniciando con timidez un simulacro de política internacional neutralista. Seis meses en los que la nueva estrategia militar, el tratado de suspensión de pruebas nucleares y en general un cierto deshielo parecían dar una mayor capacidad de maniobra a USA en las negociaciones.

¿Por qué esta tensión? ¿Por qué se pensaba que España denunciaría el acuerdo? En 1953 España se conformaba con un acuerdo de este tipo. En 1963 lo que busca es algo más que el apoyo moral, la conversión del acuerdo en alianza o pacto que le abriese las puertas de Europa. Los españoles quieren ser tratados como verdaderos aliados y no como auxiliares a los que se recibe por la puerta de servicio, señalaba el pasado mes de julio el diario madrileño YA. Aquí estaba la madre del cordero. Al cabo de diez años descubre España que no ha avanzado mucho por el camino de su incorporación a Europa a pesar del apoyo de la gran potencia interlocutora. En las relaciones hispanoamericanas hubo siempre una ambigüedad peligrosa que el régimen franquista nunca se atrevió a despejar y hoy ha creído llegado el momento de salir de ella.

Al parecer, dentro de la incompleta información que se tiene sobre las negociaciones, las peticiones básicas se centraban en tres puntos: acuerdo militar, acuerdo económico y acuerdo político. En el aspecto militar se trataba de lograr un ejército moderno y potente para interesar a la OTAN. En el aspecto económico se pretendía obtener una ayuda suficiente para iniciar un rápido desarrollo económico que permita alcanzar el nivel económico exigido por el Tratado de Roma. En cuanto al aspecto político se pedía una verdadera alianza que le permitiese salvar las dificultades políticas que le impiden entrar en la OTAN y en el Mercado Común. Ni alianza, ni tratado, ni pacto. Un simple convenio defensivo que deja en pie las ambiguas relaciones políticas hispanoamericanas. La gran potencia americana, modelo de democracia a exportar en el mundo, renueva con el neofascismo, reincidiendo, el acuerdo defensivo pretendiendo no tenga implicaciones políticas. Pura paradoja. Como decía el editorial de 2 de Octubre del New York Times justificándose ante la opinión pública americana: «Hay que tragar la píldora; el Pentágono estimó necesarias para la defensa las bases españolas, especialmente la de Rota (Cádiz) ». Pero nosotros demócratas españoles, no americanos, nos preguntamos: ¿Para quién es la píldora? ¿Cuándo la democracia americana va a dejar de pensar en puro presente y preocuparse por el posible y futuro desarrollo de la democracia en el mundo?

El convenio defensivo bilateral, ahora firmado, no es más que una prórroga por cinco años, no por diez, seguida de una organización burocrática y unos textos interpretativos, lo suficientemente ambiguos para no salir y seguir en la misma situación.

En cuatro anejos se centran los puntos básicos del convenio:

Del primer anejo se desprende la consideración de convenio y no de alianza. ¿Un ataque de una tercera potencia a España podría considerarse como «casus belli» para los Estados Unidos? El texto es claro; «adoptaría aquella acción que considerase apropiada dentro del marco de sus normas constitucionales». El mismo ABC reconoce que «esta cláusula no tiene una redacción tan tajante que permita considerarla como un estricto y recíproco compromiso de intervención militar en caso de agresión».

Por el segundo anejo se crea un Comité Consultivo Conjunto para la Defensa; aparato burocrático con competencia exclusivamente militar, no política como se pretendió, ya que «en otros asuntos», como señala el párrafo 6, sólo tiene la facultad de «recomendar».

El tercero trata de contribuir a la modernización de las Fuerzas Armadas españolas y prestación de ayuda técnica científica. Sería perfecto sin la frase que acompaña a esta declaración: «sin perjuicio de la acción del Congreso». Con este límite, todo depende de los grupos del Congreso americano, quienes definirán la amplitud de esa ayuda en consonancia con la orientación política y presupuestaria.

Anejo cuarto: ayuda económica. Es el Export-Import Bank quien cede cien millones de dólares para el próximo quinquenio. En este sentido no hay cambios con respecto al decenio 53-63.

Hay un hecho básico a destacar: con excepción de los cien millones del E.I.B. nada queda establecido y delimitado en el convenio. Detrás del aparato exclusivamente burocrático y de la futura ayuda, está el Congreso de los Estados Unidos, órgano político, quien en definitiva tiene que decidir hasta donde llegará el compromiso «dentro del marco de sus normas constitucionales».

El convenio, pues, no pasa de ser una renovación con nueva presentación. España tiene que empezar a pensar a la escala europea. Es un país europeo y lógicamente tiene que orientar su futuro en función de la nueva Europa. Pero una nueva Europa exige una nueva España y la nueva España no saldrá del régimen de Franco. España sigue extranjera a Europa a pesar de la cordialidad con que los pueblos de Europa comunican con el pueblo español.

Hay un hecho básico, y es que el régimen español es un régimen derrotado ideológicamente por la segunda guerra mundial. Ni una ni otra de las dos ideologías que la derrotaron y que hoy legitiman a los regímenes existentes, la democracia liberal o la democracia popular, o socialista, aceptan su legitimación.

Es hora de superar este paréntesis histórico. La subordinación de la política nacional a la internacional, carece de sentido. Ni los Estados Unidos, ni ninguna otra potencia pueden resolver la cuestión de fondo. La única vía de acceso a la política y a la comunidad europea es el cambio radical de la política nacional a través de la creación de un nuevo Estado democrático, con todas las consecuencias que puedan derivarse del sistema de partidos políticos ideológicos y del control parlamentario de uno de ellos o de una coalición, sea de derechas o de izquierdas.




ArribaAbajoLos intelectuales contra las represiones en Asturias

Un centenar de intelectuales, artistas y profesores universitarios españoles han dirigido al Ministro español de Información y Turismo, Sr. Fraga Iribarne, el siguiente escrito:

«Excmo. Sr.:

En correspondencia al diálogo entablado con V.E. sobre determinados hechos que nos producen una viva inquietud como españoles, nuevamente tratamos de interesar la atención de V.E. ya que, según el testimonio de espontáneos corresponsales que quizás se dirigen a nosotros en nuestra calidad, pública y visible, de intelectuales que han manifestado en más de una ocasión su postura humanista, se están produciendo en Asturias, hechos como los siguientes:

1.- La muerte del minero RAFAEL GONZÁLEZ, de 36 años, a consecuencia de los malos tratos recibidos el día 3 del actual mes de septiembre en la Inspección de Policía de Sama de Langreo. La responsabilidad de éste y de otros hechos de los reseñados a continuación se atribuye al capitán de la Guardia Civil don FERNANDO CARO, de 28 años, natural de Melilla, destinado a aquella Inspección hace aproximadamente un mes, y al cabo Pérez, hoy ascendido a sargento, y desde hace tiempo residente en la citada localidad de Sama de Langreo. Se dice que el citado capitán CARO viste un traje de deportes durante los «interrogatorios».

2.- En el mismo día y lugar, a las 4 de la tarde, se produjo la castración del minero SILVINO ZAPICO, que tuvo que ser hospitalizado. A su esposa se le cortó el pelo al cero.

3.- Al minero VICENTE BARAGAÑA, de la barriada de Lada (Sama de Langreo), le han sido quemados los testículos.

4.- Un minero llamado ALFONSO, vigilante de primera del Fondón, retirado por silicosis y actualmente cobrador de la Previsora Bilbaína de Seguros, fue maltratado por el hoy sargento Pérez, el cual le había amarrado previamente. Como quiera que esto se hacía en presencia de la esposa de ALFONSO, ésta se arrojó sobre el sargento, con objeto de impedir que continuara; el cual la golpeó y cortó el pelo al cero, operaciones que se realizaron a la vista de su marido, cuyo cuerpo fue después abandonado en el exterior y recogido por un compañero suyo, de nombre SENEN, que lo transportó a su casa de Lada. Avisado un médico, «cuyo nombre se oculta por razones de seguridad», éste manifestó que «no sabía por dónde empezar», tantas eran las lesiones que presentaba el cuerpo de ALFONSO.

5.- El minero ALFONSO ZAPICO, de Lada, fue maltratado hasta producírsele una fractura de pómulo, boca reventada, etc. Fue hospitalizado (puede tratarse del caso anterior).

6.- Los mineros JERÓNIMO FERNÁNDEZ TERENTE (casado, un hijo) y JESÚS RAMO TAVERA, como otros diez que con ellos están en la cárcel de Carabanchel (Madrid), fueron objeto de malos tratos.

7.- EVERARDO CASTRA, casado, con tres hijos, sufre desequilibrio mental como consecuencia de las torturas, y está internado en el Manicomio Provincial «La Cadellada». Fue detenido cuando escribía un letrero -«El pueblo se vengará»- en una tubería de la Duro Felguera.

8.- CONSTANTINA PÉREZ MARTÍNEZ («Tina»), de la Jocara, y ANITA BRAÑA, de Lada, fueron maltratadas y se les cortó el pelo al cero. El marido de TINA está en la cárcel desde las huelgas anteriores.

9.- JUAN ALBERTI, de Lada, y otro minero cuyo sobrenombre familiar es «CHOCOLATINA», fueron obligados a golpearse entre sí, en la Inspección de Sama de Langreo. Como realizaron un simulacro de pelea, fueron golpeados brutalmente, después de lo cual les visitó el capitán CARO, que comentó: «¡Qué burros sois. Cómo os habéis puesto!»

10.- Una mujer, cuyo nombre se desconoce, fue golpeada en el vientre, cuando ella trató de hacer valer su estado de embarazada para evitar sus malos tratos.

El capitán CARO replicó al golpearla: «Un comunista menos». El hecho se dice sucedió en la mencionada Inspección de Sama de Langreo.

Son hechos, Excelencia, que, de ser comprobados, cubrirían de ignominia a sus autores, ignominia que también nos cubriría a nosotros en la medida en que no interviniéramos para impedir que tales vergonzosos actos se produzcan.

Es por lo que, respetuosamente, rogamos a V.E. interese de las autoridades competentes una investigación sobre las presuntas actividades de dicho capitán CARO y sobre todos estos presuntos hechos en general, asimismo que solicitamos de V.E. la pertinente información sobre todos ellos. Ruego que elevamos a V.E. sin otros títulos que los que nos confiere nuestra condición de intelectuales, atentos a la vida y a los sufrimientos de nuestro pueblo.

Atentamente saludan a V.E.

(Ciento diez firmas figuran al pie de este escrito).

Entre las personalidades que firman esta carta figuran:

Vicente Aleixandre (Académico de la Lengua)

Pedro Laín Entralgo (Académico de la Lengua y ex Rector de la Universidad de Madrid)

Valentín Andrés Álvarez (Catedrático y ex Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Madrid)

José Luis Aranguren (Catedrático de Ética de la Universidad de Madrid)

Enrique Tierno Galván (Catedrático de Derecho Político de la Universidad de Salamanca)

José Luis Sureda (Catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona)

Ángel Latorre (Catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Barcelona)

Gabriel Celaya, poeta.

Alfonso Sastre, dramaturgo.

Antonio Saura, pintor.

Francisco Fernández Santos, ensayista.

Juan Goytisolo, novelista.

José María Moreno Galván, crítico de arte.

Consuelo Berges, escritora.

Angelina Gatell, poetisa.

Luis Goytisolo, novelista.

José María de Quinto, novelista y director teatral.

Millares, pintor.

César Santos Fontenla, crítico cinematográfico.

José Ares, (profesor de la Universidad de Madrid).

Ángel Fernández Santos, escritor y critico literario.

Leopoldo de Luis, poeta.

Continúan llegando adhesiones de intelectuales españoles y extranjeros a esta protesta.




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Información de nuestro corresponsal en España


Campanas al vuelo

Sí, señores. Campanas al vuelo han echado los medios oficiales, los servicios de prensa, los correveidiles que se afanan oficiosos por antesalas y pasillos. Campanas al vuelo desde El Pardo al Pazo de Meirás, desde Cádiz (tierras de los Domecq y La Rota) hasta el Bilbao de los altos hornos, desde Torremolinos, cosmopolita y ocioso, hasta los Estados Mayores en «cualquier lugar de España».

¿Por qué? Porque el Gobierno norteamericano ha aceptado llegar a una transacción con el español, consistente en una prórroga de cinco años de los Acuerdos de 1953 con innovaciones sustanciales expresadas en nuevos textos calificados de anejos. Los textos en cuestión los supongo harto conocidos del lector norteamericano y me excuso por ello de su reproducción íntegra que sería estéril. Sin embargo, no está de más subrayar algunos de sus aspectos: «El Gobierno de los Estados Unidos reafirma su reconocimiento de la importancia de España para la seguridad, bienestar y desarrollo de las zonas del Atlántico y del Mediterráneo. Los dos Gobiernos reconocen que la seguridad e integridad, tanto de España como de los Estados Unidos, son necesarias para la seguridad común. Una amenaza a cualquiera de los dos países, y a las instalaciones conjuntas que cada uno de ellos proporciona para la defensa común, afectaría conjuntamente a ambos países, y cada país adoptaría aquella actitud que considerase apropiada dentro del marco de sus normas constitucionales».

¿Tienen o no razón quienes hacen derroche de júbilo en el escaparate de la política nacional e internacional?

Si el asunto se plantease en la más estricta objetividad, como con ojos que mirasen desde la estrella Sirio, podría decirse que no es para tanto, puesto que los anejos suplementarios a los Acuerdos contienen más promesas que realidades, declaraciones altisonantes pero fácilmente escurridizas, que las ayudas y atenciones de que será objeto el Gobierno de España quedan ampliamente compensadas con las facilidades que éste otorga al de Estados Unidos, cuyos intereses quedan perfectamente protegidos. También se diría, y con mucha razón, que al limitar la prórroga a cinco años, los Estados Unidos han manifestado su incertidumbre sobre el futuro político de España y la poca confianza que tienen en que ésta siga regida por el Caudillo más allá de este primer lustro.

Sin embargo, plantear la cuestión así, en los términos de «¿quién ha ganado?», falsea todo de cabo a rabo. Lo falsea porque el Gobierno de España está jugando la carta de los Acuerdos como un problema político y, sobre todo, de política interior; porque dentro de esta política las declaraciones y las apariencias ocupan uno de los primeros planos.

Todos sabemos, y nosotros venimos diciéndolo desde hace seis meses que el Gobierno español había desatado el clásico truco del regateo para, llegada la hora de la renovación, no quedarse con las manos vacías. Se pidió un tratado de Alianza, se pidió el ingreso en la OTAN, se pidió una entrevista con Kennedy, a sabiendas siempre de que no se iba a obtener. Se habló pestes de los Acuerdos y del triste resultado que habían dada para España (lo más fuerte lo dijo el pío Ullastres cuando su viaje a Chicago) a sabiendas de que se mentía. Se coqueteó con países europeos. Se hizo, en suma, todo lo que prescribe el manual del perfecto chalán cuando quiere subastar sus jamelgos en la feria comarcal.

Por parte de Estados Unidos se dijo o hizo creer que había poca o ninguna disposición a acceder a las pretensiones del dictador de España. Hoy hay que convenir en que, o bien los diplomáticos norteamericanos hilan tan basto que no comprendieron el juego del regateo, o bien trataban de apaciguar momentáneamente a una opinión hostil al franquismo a sabiendas de que sus intereses estratégicos les obligarían a hacer algunas concesiones.

Porque esa cuestión, la del egoísmo estratégico de Estados Unidos, es de primera importancia si se plantea este asunto desde un punto de vista estrictamente español. Una parte de la oposición, la de más genuino arraigo liberal y democrático, insiste en pensar que los Estados Unidos conceptúan mal a Franco y que verían bien que España, por procedimientos pacíficos, entrase por los caminos por que suelen discurrir la mayoría de las democracias occidentales. La extrema izquierda, así como el falangismo y cierta extrema derecha, no esperan nada bueno de Estados Unidos. Los gubernamentales de diverso pelaje, aparte de los exabruptos del período de «negociación» se llenan siempre la boca cantando las excelencias de sus amigos y aliados de Norteamérica.

En esas circunstancias políticas se producen los hechos que todos conocemos. Pase -y es mucho pasar- que el Gobierno democrático de Estados Unidos negocie con ese personaje que responde «sólo ante Dios y ante la Historia» importándosele un comino la opinión de los treinta millones de sus compatriotas. Ese dictador, para asegurar sus posiciones políticas, aumenta sus peticiones. Ocurre entonces, que la estrategia mundial de esa democracia que es Estados Unidos necesita -según su Estado Mayor, que tampoco es infalible- de las bases de España, ahora que ya no hay en Marruecos, ni en Italia, ni en Turquía... Esto es lo mejor que se nos ocurre pensar, porque no queremos hacer la afrenta, a los gobernantes estadounidenses, de suponer que apoyan a Franco por razones políticas, esto es, por miedo a que un cambio desplace demasiado la situación hacia la izquierda.

El caso es que lo que menos les importa a esos señores es la situación interior de España, el pisoteo cotidiano de los derechos del hombre, la situación de los presos políticos, la arbitrariedad erigida en sistema de gobierno, etc. En el fondo, todo eso es muy lógico, pues los asuntos de los españoles deben interesar a los españoles, y los norteamericanos deben preocuparse de los suyos propios. Pero, ocurren dos fenómenos que enturbian la cuestión: uno, que de vez en cuando, alguien hace creer desde Norteamérica que se piensa en los medios oficiales de allí en la conveniencia de liberalizar España; otro, que los españoles tienen (contra lo que muchos creen y dicen por esos mundos) la inevitable propensión, desde 1936, a creer que van a venir de fuera a arreglarles sus asuntos. Confesemos que demasiados españoles suenan con el «tío de América» que les traerá un día la democracia como si fuera un regalo del día de Reyes.

La crudeza de los hechos

Estos son los hechos crudos, y no siempre agradables. Y si hay que reprochar a los españoles su candor y excesiva confianza, si hay que reconocer que el egoísmo norteamericano es un rasgo común de la política internacional, no estaría demás que los amigos -los de verdad- que España y su libertad tienen en Estados Unidos reflexionasen sobre los hechos. Un gesto, como el que acaba de realizar la administración norteamericana, da la razón, por un lado a comunistas, anarquistas y otros sectores de extrema izquierda; y por otro, a todos los sostenedores de la dictadura. En cambio, quita la razón y mina el prestigio de la oposición liberal y democrática de muy diversos matices. Esta es la primera consecuencia; pero la segunda es que esta oposición liberal y democrática, por mucha simpatía que puedan inspirarle ciertos aspectos de la política norteamericana, no puede ser más «papista que el papa», porque está integrada por españoles hasta la médula y no por servidores o aduladores de ninguna gran potencia. No son pocas las personas de esta oposición que comprueban, con amargura, que las concesiones hechas al franquismo por el equipo Kennedy-Rusk son mayores que las que hizo el equipo Eisenhower-Dulles (¿Para cuándo un viajecito y otro abrazo filmado en Barajas?). Con la siguiente diferencia: que hoy existe en España una oposición intelectual, católica, universitaria, etc., entonces casi inexistente, que ha venido a sumarse a la tradicional de izquierda.

Límites de la «Cacareada Victoria»

Pese a lo antedicho, y aunque creamos que la dictadura española se ha visto favorecida por la prórroga renovada de los Acuerdos (elevados pragmática sino teóricamente a la categoría de cuasi-Pacto, y situando a España a un nivel paralelo al de los países que integran la OTAN), el sano juicio debe también marcar los límites de esta victoria que -digámoslo una vez más- es sobre todo de utilidad política doméstica para el Gobierno del Caudillo.

El primer límite está marcado por la fecha: cinco años. Esta es la prueba de que el Caudillo no está ya en condiciones de firmar letras a largo plazo y de que para todo el mundo la cuestión de la sucesión acarreará consigo la cuestión del régimen.

El segundo, es la forma ambigua de la garantía: «aquella acción que considerase apropiada dentro del marco de sus normas constitucionales». El editorialista de ABC quiere asegurarse y dice: «parece obvio que un ataque de una tercera potencia contra España habría de ser considerado como "casus belli" para los Estados Unidos». Y añade, algo que preocupa en Madrid, pero que no parece nada claro en los Acuerdos: «Y no hay razón alguna para que esta situación no se aplique también a las provincias españolas de ultramar».

Eso ya -y que nos perdonen Luca de Tena y sus amigos- nos parece un poco fuerte. Porque no van los Estados Unidos a considerar «casus belli» un proceso de descolonización.

El tercer límite, aunque a la letra de los Acuerdos no lo parezca, es el militar. Sin duda, las vanidades están colmadas por la creación del Comité Consultivo Conjunto, pero ¿quién garantiza al Gobierno español que el material que le darán ahora no va a ser tan «detestable» como el que le dieron antes? Y conste que nosotros no sabemos nada, pero a juzgar por lo que dijo el Sr. Ullastres este verano eso no era más que pura chatarra.

En fin, en el orden económico, las promesas no son brillantes. El Gobierno norteamericano no dará nada directamente. Aquí se dice, en los medios oficiales que «no se podía esperar otra cosa, debido a la difícil situación de la balanza de pagos norteamericana». En cuanto al Banco Export-Import promete préstamos «para financiar equipos y servicios» que «podrán sobrepasar los cien millones de dólares durante el período de los próximos años». Se entiende que debe tratarse de esos cinco años, y como desde 1953 el Export-Import prestó una suma ligeramente superior a los 200 millones, se trata, por lo visto, de mantener el mismo ritmo. No creemos que con eso vaya a montar el Sr. López-Rodó el Plan de desarrollo. Aunque, si tomamos al pie de la letra las palabras del Sr. Ullastres, los préstamos norteamericanos sólo servirían para desnivelar contra España la balanza de comercio de los dos países.

¿Qué seguridad puede desprenderse de los acuerdos?

Todavía queda algo que decir sobre la seguridad para España que pueda desprenderse de los Acuerdos. En los medios oficiales de Madrid se venía insistiendo mucho en que pedirían que la base de Torrejón fuese desafectada para evitar riesgos nucleares a la capital de España. Nada se ha dicho sobre el particular. Tal vez se ocupe de ello el Comité Conjunto. Tal vez se den aquí por satisfechos con la cláusula general de seguridad (que no impediría nunca que Madrid fuese «volatilizado» en unos minutos), porque la verdad es que en El Pardo hay escepticismo sobre los peligros de guerra. Pero también puede ocurrir que, por inconsciencia o mala fe, no les inquiete el peligro. En realidad, ahora hemos descubierto que durante diez años España ha estado prestando tierras, aguas, bases e instalaciones como en simple arriendo, sin tener ninguna garantía en contrapartida. ¿Y todavía dicen que vivimos en «Estado de Derecho»? Si eso fuese así, ¿cuál no sería la responsabilidad a exigir jurídicamente a quienes comprometieron, por designios políticos, la seguridad y la existencia física de España entera?

La garantía de seguridad e integridad del territorio y el hecho de que «el Convenio forme parte de los arreglos de seguridad de las zonas del Atlántico y del Mediterráneo», son probablemente los puntos en que más hincapié hacen los gobernantes españoles, y así se desprende de la conferencia de prensa que ya en la madrugada del viernes dio el Sr. Fraga.

Y esto es de primer orden. Si España es importante para la seguridad, bienestar y desarrollo del Atlántico y del Mediterráneo, si España forma parte de los arreglos de seguridad de estas zonas, lo que quiere decir que puede articularse con el sistema de la OTAN (y si es verdad que el fin de ésta es la defensa de los regímenes de libertad), es imprescindible que el público norteamericano conozca qué pasa en esa España, cuál es la seguridad y el bienestar de los ciudadanos de ese país que resulta tan importante para el mundo.

No tema el lector que empiece a exhumar viejos temas. Ni siquiera los de relativa actualidad, como el crimen de Estado cometido en la persona de Julián Grimau, la ejecución sin pruebas de los hechos imputados, de los jóvenes Delgado y Granados, la farsa de las elecciones sindicales, el escarnio de la «liberalización» de la prensa... ¡No! Me paro. Sólo quiero poner unos cuantos botones de muestra, porque pertenecen a este mismo mes de septiembre.

Conocer lo que pasa en España

El capitán Fernando Caro, de la Guardia Civil, dirige detenciones y torturas entre los mineros huelguistas de Asturias. Este héroe, cuando la mujer de un obrero de Sama, brutalmente apaleado, se le presenta y le dice que si es hombre, que pelee con su marido sin guerrera ni pistola, la golpea y ordena que le corten el pelo. Como la mujer estaba embarazada, el capitán Caro le dio un puñetazo en el vientre diciendo, «un comunista menos».

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En Asturias, el obrero de la «Duro-Felguera», Everardo Lastra, ha ingresado en el manicomio de «La Cadellada», después de haber sido torturado por la Guardia Civil, que lo sorprendió pintando en las grandes tuberías de la fábrica, carteles contra Franco.

En Asturias también, el minero de la mina «El Fondón», Vicente Baragaño, residente en la barriada de Lada (a un kilómetro de Sama) fue torturado quemándole los testículos y ha quedado impotente.

En Asturias, los huelguistas y sus familias han resistido comiendo patatas y cebolla. Pero Arriba y las hojitas que hace el ministerio de Información, han escrito que «esos mineros son muy ricos, que viven de "sus tierras" cuando están en huelga, y que hace poco una empresa minera del Aller, que tuvo que vender a sus obreros las viviendas que tenían éstos alquiladas, se encontró con que todos podían pagar: treinta o cuarenta mil duros no representaban gran cosa para aquellos mineros». ¡Pobrecita empresa! ¡Felices mineros! Estamos viendo que cualquier día los Srs. Fraga y Jiménez Quílez dejan el ministerio y se van de picadores a «La Camocha» o a la «María Luisa» para luego comprarse un piso con los ahorrillos.

Claro que también los mineros piden libertad sindical y derecho de asociación. De eso tal vez sabe algo el Sr. Solís.

Prosigamos. En este mes de septiembre se le niega al R. P. José Bailo, que cumple condena de ocho años en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, el derecho a redimir pena por el trabajo. No se le da ni rancho, so pretexto de que era oficial (capellán castrense, pero fue degradado por la sentencia).

En este mes de septiembre se sanciona con pérdida de curso a los estudiantes de la universidad de Barcelona Rodrigo Bercovitz, Francisco Sandoval, José María Elizalde, Antonio Sama y Francisco Gallifa, a base simplemente de la acusación de la Dirección General de Seguridad (no es afirmación gratuita sino que así reza el «Considerando», redactado por el juez-instructor, profesor Garrido Falla) por haber gritado «Libertad y Amnistía» en el paraninfo, durante la celebración de un acto académico.

En este mes de septiembre la policía se incauta (por mandato del Ministro de Información, el «liberal» Fraga), del órgano de la juventud Obrera Católica (Juventud Obrera) que tenía la osadía de criticar la ausencia de libertad existente en España. En la operación, parece haber participado, indirectamente, el cardenal-arzobispo de Sevilla, Dr. Bueno Monreal (no es extraño, tiene aspiraciones a la silla de Toledo, para suceder a Plá y Daniel). Se sabe, además, que el Gobierno quiere entenderse con la jerarquía para amordazar a este valiente periódico, que sólo ha dependido de la censura eclesiástica.

En este mes de septiembre continúa en la cárcel de Carabanchel el poeta Carlos Álvarez por haber denunciado el crimen contra Grimau en carta dirigida al plumífero Sr. Fernández-Cuenca y por haber criticado también los métodos de la policía.

Y por último, en la madrugada del sábado 28 de septiembre, ha sido detenido por la brigada político social, en su domicilio madrileño de la calle de Gaztambide, el joven intelectual don Ángel Fernández Santos, uno de los más sólidos valores de la nueva generación española. Ángel Fernández-Santos, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, de 29 años de edad, es colaborador de las revistas Primer Plano e Índice de Madrid, y de Cuadernos de París. En estos momentos se encuentra en la Dirección General de Seguridad y se ignora qué acusaciones se le hacen por los órganos policiales. Esta detención ha causado viva emoción en los medios intelectuales y estudiantiles de Madrid, donde Fernández Santos goza de grandes simpatías.

España no es sólo Franco

Esta es la España que debe garantizar la seguridad, el bienestar y el desarrollo del Mediterráneo, del Atlántico y de todos los océanos que ustedes quieran.

Se me olvidaba decir que también en este mes de septiembre van explotando petarditos casi todos los días; una vez delante de la casa del gobernador civil, otra delante del domicilio del ministro de Industria, otra delante de la mansión del embajador de Estados Unidos, otra delante de la Embajada alemana, otra delante del Banco Ibérico...

No se sabe quién los pone. Se habla de un comando, que dirige cierto misterioso coronel. Será verdad o no lo será. Inútil repetir que no parece eso la mejor manera de devolver a España su libertad (y conste que los petardos de estos días no son muy mortíferos), pero también hay que decir, que no se debe jugar con fuego o, para seguir de refranes, que «tanto va el cántaro a la fuente... que al fin se rompe».

Que en el extranjero, Estados Unidos o cualquier otro país, piensen que España no es sólo Franco, sus ministros, cuatro generales y tres banqueros. Y si así no lo piensan y continúan ignorando a la inmensa mayoría de los españoles, puede que un día se les agote a éstos la paciencia. Y entonces, amigos de otros países, tendrán ustedes que reclamar, como dicen en la «mili»... ¡al maestro armero!

TELMO LORENZO

Madrid, 29 de Septiembre de 1963






ArribaAbajoEditorial

Cuando la Sevicia es la norma


Los movimientos de huelgas que se producen actualmente en España, no son reprimidos por las ametralladoras ni por los fusiles. En el año 1962 el gobierno decretó el «estado de excepción» y las huelgas fueron reprimidas por la fuerza pública. Las huelgas siguen siendo en España ilegales, y dadas las facultades sin control de que dispone el gobierno, puede tomar medidas draconianas en masa, contra los huelguistas, como puede aplicar el decreto de 26 de septiembre de 1960 que amplía el concepto de «rebelión militar» y que faculta a los tribunales, en su caso, a calificar como tales delitos las huelgas y hasta los plantes. Pero no. Las circunstancias han cambiado y España ha evolucionado.

Hoy, la «democracia orgánica» de que disfrutan los españoles, emplea otros procedimientos para «persuadir» a los huelguistas de que deben cesar en su actitud: directos, individuales y «a puerta cerrada». Uno o dos miembros de la policía o de la Guardia Civil buscan al obrero sospechoso de alentar la huelga, lo golpean, lo reducen a la impotencia y lo detienen; si en esa búsqueda van a su domicilio y no lo encuentran, ejercen la violencia contra la mujer: se le corta el pelo al cero -como en los casos señalados en la protesta de los intelectuales- o se le brutaliza, llegando hasta el extremo de golpear con violencia el vientre de una mujer embarazada. Se señalan casos, citándose nombres y detalles precisos, en que la ferocidad de la violencia obliga a esas mismas «autoridades» a internar a sus víctimas en un manicomio.

Tan lejos como pueda ir nuestra memoria, no encontramos paridad en el empleo de procedimientos similares en los países democráticos, que son los únicos en los que los movimientos huelguísticos se producen los Estados Unidos han soportado una huelga de más de cuatro meses de linotipistas y grabadores de los periódicos más importantes de New York, en la que las únicas actividades de obreros y patronos fueron reuniones conjuntas entre los representantes de ambos sectores. En Francia, y en las circunstancias actuales, la huelga de mineros, larga y de difícil solución por entrar en el movimiento obreros y técnicos, es decir, obreros e ingenieros, fue solucionándose parcialmente, sin violencias ni coacciones; así, pacíficamente, fueron resueltas también las huelgas ferroviarias y la del personal de los grandes mercados. Nos concretamos a citar los casos más recientes de huelgas importantes para evidenciar que sólo el estudio de las causas que determinan esos problemas y las transacciones subsiguientes, son los caminos que llevan a soluciones normales y humanas de esos movimientos sociales naturales, tengan mayor o menor justificación.

Pero España es una «democracia orgánica», una democracia orgánica que no se conforma con codearse con las verdaderas democracias que la toleran y le ayudan, sino que sin pudor y sin hacer honor al honor que le hacen, no sólo no ceja en sus métodos de crueldad contra sus ciudadanos, sino que los exporta. Entendámonos, exporta esos métodos fuera de su territorio con la ayuda que le prestan autoridades complacientes. Así se han producido recientemente los encarcelamientos de más de veinte españoles refugiados en Francia, que estaban en posesión de la carta de refugiado político. Unos son combatientes de la guerra civil española, otros son hijos de combatientes que lucharon en los maquis franceses durante la segunda guerra mundial.

Todos esos hombres son trabajadores con oficio conocido. Pues bien, la policía francesa ha recurrido para detenerlos a una ley de hace 70 años, ley de «represión de las asociaciones de malhechores». Entre los encarcelados en la prisión de la Santé, los hay de más de 67 años, tuberculosos, afectados de silicosis, etc. La ley francesa a que aludimos fue dictada a raíz de atentados anarquistas individuales en Francia que provocaron persecuciones contra los militantes de esa asociación que tenían el propósito de destruir el régimen político y social de aquella época mediante explosiones localizadas, en Francia.

Se señala que esas detenciones de españoles refugiados estaban ya decretadas entre las bases de la cooperación París-Madrid cuando visitaron España el general Ailleret y los ministros Frey y Giscard d'Estaing, que se dejaron dormir por las consecuencias internacionales que produjo el fusilamiento de Grimau, pero recientemente se ha vuelto a insistir sobre las mismas después del proceso y ejecución de Granados y Delgado. La conexión que se establece es esta: en el proceso parece que declararon los encartados que preparaban un atentado contra el general Franco -decimos «parece» porque la vista de la causa se celebró a puerta cerrada.

Sea como sea, y dejando sentado que reprobamos todas las acciones que llevan aparejadas la violencia, levantamos nuestra voz contra esos atropellos -contra la justicia y contra toda ley- de que han sido víctimas esos españoles que no han cometido ningún acto merecedor de sanción ni en Francia ni en España. Triste espectáculo es ver que la sevicia de un Estado opresor puede pasar sus fronteras y encontrar auxiliares en otros países.




ArribaResumen de noticias

Detenciones y represiones

MADRID, 1 oct., Ibérica: -Las primeras detenciones de mineros de las que se han tenido noticias, se retrotraen al 24 y 25 de julio; fueron las de seis obreros de la empresa «Nueva Montaña Quijano». A partir de esa fecha siguieron otras; unas se han mantenido y otras no. Pero se puede asegurar que hay más de cincuenta obreros detenidos. Doce de ellos están ya en la cárcel de Carabanchel. En Mieres fueron detenidos 25 denominados «comunistas», pero el Sr. Fraga Iribarne declaró que, por lo menos, ocho son miembros del Partido Socialista.

Varios sacerdotes consiliarios de HOAC están vigilados por la policía, algunos los han seguido hasta dentro de las iglesias; un párroco de una localidad cercana a Mieres, está bajo la amenaza de un proceso y ya se ha pedido autorización al obispo de Oviedo. Se le acusa de alentar a los huelguistas en su «Hoja Parroquial».

Otras detenciones

Ángel Fernández Santos, 29 años, escritor y crítico literario; Javier Pradera, 29 años, abogado, ex teniente del cuerpo jurídico, Director del Fondo de Cultura Económica en España; Gabriela Sánchez-Mazas, esposa del anterior; José Sánchez-Mazas, licenciado en Filosofía y Letras. Éste y la anterior, hijos del escritor y falangista de la vieja guardia, Rafael Sánchez-Mazas. La esposa de José Sánchez-Mazas. Fernando Sánchez Drago, 29 años, escritor; Lector de Español en la Universidad de Padua (Italia). Una estudiante de nacionalidad italiana, cuyo nombre se desconoce, y varios estudiantes españoles más sin identificar.

También fue detenido, pero puesto en libertad tras varias horas de interrogatorio policíaco, Gabriel Tortella, economista del Estado, de 30 años de edad. El resto de los detenidos continúan incomunicados en los sótanos de la Dirección General de Seguridad.

Aunque se continúa desconociendo el motivo de estas detenciones, se dice que pueden estar relacionadas con el documento de los intelectuales y con otras cuestiones en conexión con las huelgas de Asturias. Sin embargo, la policía pudiera querer relacionar las detenciones, a efectos de provocación, con los petardos que han estallado en Madrid durante las últimas semanas.


Nuevas condenas

MADRID, 24 sept., Ibérica: -El Tribunal Militar acaba de condenar a dos anarquistas, Manuel Borrego López y Juan Salcedo Martín. El primero ha sido condenado a dos penas de treinta años, y el segundo a veinte años de prisión, acusados de haber depositado artefactos explosivos en las oficinas de las Líneas Iberias en Roma y Valencia, en 1962 y 1963. Salcedo tiene 23 años y Borrego López 24. El segundo estaba acusado de haber depositado una bomba delante de la puerta de la casa del gobernador militar de Valencia.


El trato carcelario que recibe el padre Bailo

MADRID, 18 sept., Ibérica: -El abogado del Padre don José Baillo, que era capellán castrense y sufre condena de ocho años de prisión, en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, ha hecho saber que a su patrocinado le ha sido negada la posibilidad de redimir la pena por el trabajo, de manera completamente arbitraria. En consecuencia, a pesar del decreto reciente de remisión de penas, el Padre Baillo tendrá todavía que cumplir 3 años y 4 meses de prisión, esto es, contando con que le concedan los 547 días de libertad provisional, pero si se redimiera por el trabajo, sólo le quedaría un año y once meses.

Debemos señalar otra prueba del mal trato que recibe este sacerdote. Como ha sido oficial del Ejército no le dan rancho, pero como el Consejo de Guerra lo degradó, tampoco recibe un céntimo. Se ve obligado a alimentarse con las aportaciones de los amigos.


El Conde de Montarco procesado

MADRID, 4 octubre, Ibérica: -Se acaba de abrir un proceso contra el conde de Montarco, director del semanario agrícola La Gaceta Rural. Se le acusa de «provocación a la sedición» por un artículo publicado en esa revista en el que se propone que «los dirigentes de los sindicatos agrícolas españoles actúen de la misma manera que los sindicatos franceses». «Los dirigentes de los sindicatos verticales agrícolas -añade el artículo- no reflejan las aspiraciones de los hombres que representan». El conde de Montarco es el único fundador de Falange que pertenece al consejo privado de don Juan.


El «Liberalismo de Fraga»

MADRID, 29 sept., Ibérica: -El periódico de la J.O.C. Juventud Obrera del mes de septiembre ha sido confiscado por la policía. La Comisión Nacional de la entidad ha dirigido una carta a sus abonados en la que dice: «El 11 de este mes los funcionarios de la brigada social de Madrid, provistos de una orden judicial y a la demanda del ministerio de Información y Turismo, se han apoderado de los ejemplares, planchas y otros objetos que integraban la edición de juventud Obrera».

La carta añade, «a manera de reflexión», estas palabras de Pío XXII: «La justa libertad no existe allí donde la opinión de los que comparten el poder, la de los jefes y directores, está autorizada a hacer oír su voz».

Fuentes autorizadas del ministerio de Información señalan que la decisión fue tomada después de conversaciones sostenidas con el cardenal arzobispo de Sevilla. El citado periódico no está sujeto más que a la censura eclesiástica.


Se aplaza la visita soviética

PARÍS, 23 sept., Ibérica: -El periódico Le Monde del sábado publicó el siguiente telegrama de la agencia A.F.P. desde Moscú:

«Troud, órgano del Consejo Central de los Sindicatos soviéticos, anuncia que ese organismo, por solidaridad con los mineros españoles en huelga, acaba de comunicar a la UNESCO su decisión de aplazar el envío de sus representantes a la Conferencia Sindical que se celebrará en España próximamente bajo sus auspicios.

No se hace necesario decir -añade Troud- que no se debe interpretar ese viaje como una visita a los sindicatos de Franco ni como que se iba a establecer contactos con esos sindicatos, como la prensa burguesa ha tratado de hacer creer en algunos países occidentales».




Prudentes aproximaciones hipano-soviéticas

PARÍS, 25 sept., Ibérica: -Bajo el título que encabeza estas líneas y con el subtítulo «En vista de una renovación de las relaciones Madrid Moscú», el periódico Le Figaro de ayer inserta una extensa crónica de su corresponsal en Madrid, Guillemé-Brûlon, de la que reproducimos los párrafos que siguen:

«La política del gobierno de Madrid respecto al mundo comunista conoce, desde hace algunos meses, una evolución prudente en el sentido de la coexistencia, a la que responde, si no es que le precede, los avances indirectos de Moscú».

«Para volver a las realidades presentes, no podemos negar que desde el comienzo de este año el calendario de las "aproximaciones" hispano-soviéticas, ha estado bien cargado. Es así que señalamos:

En la primavera pasada los soviéticos han dirigido a España como a los Estados miembros de la NATO, rivereños del Mediterráneo, el memorándum referente a la desnuclearización de esa zona. Parece que Madrid hizo notar que España no estaba integrada en ese organismo».

«Después de un examen serio del expediente y teniendo en cuenta, la evolución de las relaciones hispano-americanas y de sus repercusiones en la política internacional de España, el gobierno de Madrid ha firmado abajo el tratado de Moscú».

«Con ocasión de la catástrofe de Skoplje, España envió socorros al pueblo yugoeslavo. Si recordamos que el presidente Tito fue uno de los comandantes más célebres de las Brigadas Internacionales durante la guerra civil española, este gesto destaca bien el camino recorrido por España desde 1936».



Petición de los Sindicatos soviéticos

«Los sindicatos soviéticos han pedido, por medio de la UNESCO, visitar la organización sindical española, cuyas realizaciones les interesan vivamente. Madrid respondió después de 18 meses de formulada la petición. La visita ha sido aplazada por decisión de los soviéticos».

«Conociendo de los peones en el tablero de la política española, este polvo de realidades toma su significación real. Simboliza el proyecto de una aproximación que podría anunciar, al menos parcialmente, la renovación de ciertas relaciones entre Madrid y Moscú».

«El punto de partida de una tal negociación no será, evidentemente, otro que el oro enviado a Rusia en 1939 por los republicanos españoles. No sorprendería, pues, que expertos de ambos lados se ocuparan de esta cuestión. A partir de ahí, y en la medida que el apaciguamiento Este-Oeste se confirme por los acontecimientos, el cuadro de la coexistencia hispano-soviética podría ensancharse progresivamente».




Acuerdos «Liberalizadores»

MADRID, 10 sept., Ibérica: -El último Consejo de Ministros celebrado en la residencia veraniega del general Franco, Pazo de Meirás, tomó el acuerdo, entre otros, de suprimir los visados de salida para todos los españoles. Como alguna prensa ha recogido la noticia como «un paso más hacia la "liberalización"», aquí, los españoles, nos reímos del «generoso» acuerdo, por la muy obvia razón siguiente: a los españoles que no se les permite salir al extranjero no se les concede el pasaporte y punto terminado. Ejemplos: a los sacerdotes vascos no se les concede pasaporte; el Sr. Satrústegui, recientemente, pidió pasaporte para asistir a la boda del hijo de Gil Robles, que debía celebrarse en Biarritz, y no se le ha concedido. El cacareado acuerdo no surte otros efectos que suprimir trámites burocráticos que, en efecto, son innecesarios. La discriminación se hace al conceder o no los pasaportes.


Mensaje al Cardenal Primado

Los jóvenes del penal de Burgos han dirigido un mensaje al Cardenal Primado de España en el que exponen la vejatoria situación a que están sometidos los jóvenes políticos obligados a convivir en las mismas galeras con los detenidos por delitos comunes; la ofensa que significa para los creyentes y no creyentes, la obligación, para todos, de asistir a la misa; la inmoralidad de la convivencia con los hombres tarados en varios aspectos de la moral; la prohibición de recibir visitas y sostener correspondencia con toda persona que no sea familiar en primer grado y la prohibición de la entrada y lectura de las publicaciones que se señalan: Juventud Obrera, Gaceta Ilustrada, Boletín de la H.O.A.C., Triunfo, Vallecas, Destino, Actualidad Española, Fotogramas, Cine, Miroir Sprint, Vida Nueva, Acento, Ínsula, Estafeta Literaria y Goya.

Las mencionadas revistas están señaladas en una hoja titulada Aviso, colocada en los sitios más visibles del penal para conocimiento de todos los reclusos y ordenada por la dirección de la prisión.

El Mensaje fue enviado al Cardenal Primado en el mes de septiembre.


Homilía pronunciada por el Abate de Montserrat

BARCELONA, 20 sept., Ibérica: -Con motivo de la festividad del 8 de este mes, fiesta en que se celebra el día de la patrona de Cataluña, la Virgen de Montserrat, el abate del Monasterio, Dom Aureli Escarré, pronunció una homilía en catalán. De ella reproducimos los párrafos siguientes:

«Conmemoramos hoy la gran fiesta de Montserrat. La nuestra, la de los monjes y la de los fieles. Es la gran fiesta de los monjes, fiesta de nuestra vocación monástica. Fiesta de los fieles, de vuestra vocación a una vida cristiana. La última encíclica es la adaptación evangélica más apropiada a nuestra época. Los intérpretes y los orientadores de esta adaptación son el Concilio y el Papa actual. El Papa mismo nos ha proclamado la vigencia de los principios de la Revolución, esos principios que son cristianos, porque son también humanos: libertad, igualdad y fraternidad. Actualmente se dice: justicia y libertad.

El gobierno español quiere adaptarse pero no lo hace sobre los verdaderos principios. Nos da un progreso material de propaganda y de deslumbramiento, pero no un progreso de libertad y de justicia. La libertad es uno de los dones de Dios, esenciales al desenvolvimiento del hombre; no solamente en el aspecto de la iniciativa, sino para que tenga la responsabilidad; por consecuencia, una conciencia, una inteligencia, un juicio y una voluntad. En una palabra, si no hay una libertad auténtica, no puede existir la justicia, y eso es lo que ocurre en España.

¡Hay tantas cosas entre nosotros que deben cambiar! Principios que hasta ahora parecen inquebrantables y realidades concretas. Habrá que cambiar muchas cosas».



La homilía fue pronunciada ante 3.000 espectadores.


¿Revisión del concordato?

LONDRES, 11 sept., Ibérica: -El diario Scotsman de Edinburgh, de ayer, inserta con el título «La Iglesia en España», el editorial siguiente:

«Desde la elección del Papa Pablo, observadores políticos españoles han venido anunciando una revisión del Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno español. Durante recientes semanas la prensa española ha venido insertando artículos preparando el terreno para ello. Uno de esos artículos era del Sr. Martín Artajo, que fue ministro de Asuntos Extranjeros cuando se negoció el Concordato. Ese artículo decía, persuasivamente, que desde que el Concordato fue firmado en agosto de 1953, han pasado diez años.

El Concordato estableció la poderosa posición de que disfruta hoy la Iglesia en España, pero también da al general Franco importantes privilegios, entre ellos el derecho de veto sobre el nombramiento de cualquier obispo. El asunto de los obispos es la cuestión principal que se espera será tratada por el Papa.

El arreglo lleva a la alta jerarquía de la Iglesia en España a ser pro Franco y en última instancia a no proporcionarle la menor perturbación y también puede conducir a sacerdotes ambiciosos en los rangos inferiores a evitar la desaprobación del Gobierno. La Iglesia sin embargo durante algunos años ha tratado de contrarrestar la impresión de que es el aliado del dictador. Miembros pertenecientes a la presente jerarquía han formulado un número de protestas pidiendo más libertad de palabra, derechos civiles y justicia social. Esta tendencia será igualmente acentuada bajo el nuevo Papa».




El Abad de Montserrat censurado

Con retraso nos llega copia de la carta que el Abad de Montserrat, Aurelio M. Escarré, dirigió con fecha 29 de junio al Delegado de Información y Turismo de Barcelona. Creemos de interés para nuestros lectores reproducir algunos de sus párrafos:

«Le dirijo estas líneas con tristeza, desengañado. Hace unas semanas me pidieron para la radio unas palabras sobre Montserrat, que grabaron en catalán en cinta magnetofónica. Sé ahora que Vd. ha prohibido su radiación -la fórmula es que "no la ha autorizado"- y se da el caso de que hasta ahora no he recibido ninguna excusa ni explicación de parte de Vd., cuando debiera dármelas, no sólo por mi dignidad, sino también por tratarse de un asunto religioso.

Permítame unas afirmaciones en conciencia ante esa prohibición de Vd. (Y digo de Vd., aunque tal vez responda a órdenes y consignas superiores, porque por el hecho de seguirlas las ha asumido Vd. personalmente, cuando resulta claro que las indicaciones injustas no se pueden seguir.

Si los gobernantes tienen en España la misión de gobernar a todos, los españoles, sin discriminaciones injustificables y ya superadas, ¿cómo van a sentirse bien gobernados los catalanes que, aun reconociéndose españoles, se ven perseguidos y separados, no por las ideas de unos separatistas, sino por la actuación de unos separadores?»




Circular a los soldados

El Boletín de la HOAC ha reproducido el siguiente texto dirigido a los soldados, previa censura oficial, con la finalidad de reclutar miembros de la Policía Armada y la Guardia Civil:

«¿HA PENSADO EN EL PORVENIR QUE LE AGUARDA CUANDO ACABE EL SERVICIO MILITAR?

¿Será Agricultor?

Tendrá que trabajar de sol a sol, siempre sufriendo las inclemencias del tiempo: el frío, la lluvia y la nieve en invierno, y bajo un sol abrasador y asfixiante en verano. Vivirá con la constante angustia de si las lluvias llegarán a tiempo, si el granizo o la piedra destruirán el trabajo de todo un año, de si la suerte no arruinará el campo. Nunca tendrá un momento de descanso ni sosiego, siempre estará preocupado, no llegando a lograr nunca las comodidades de que disfrutaría en una ciudad. En una palabra: un porvenir incierto al que no tiene por qué resignarse.

¿Será Obrero?

Tendrá que someterse siempre a los trabajos más rudos; sufrirá el sueldo más bajó de cualquier reglamentación y nunca podrá llegar a disfrutar de las comodidades que usted anhela. Cualquier otro empleado tendrá siempre más categoría que usted. No es, por lo tanto, el futuro halagüeño que debe desear.

¿Será Empleado?

Tendrá que empezar por un puesto sin pretensiones, con sueldo bajo y pasará bastante tiempo antes de que le aumenten. Sufrirá un período inicial de prueba de meses, durante el cual tendrá la constante inseguridad de si le permitirán, conservar su puesto y no le despedirán. Para abrirse camino tropezará con personas que, valiendo menos que usted, disfrutarán del favoritismo del dueño de la empresa y le anularán sus méritos. Dependerá de una sociedad comercial cuyos negocios pueden ir bien o mal, y, por tanto, nunca tendrá la garantía de que su futuro esté asegurado.

¿Y USTED SE RESIGNA CON ESTE PROVENIR?

Si es un hombre consciente se dará cuenta que puede ser en la vida mucho más que todo eso. Usted tiene la obligación de lograr para sí, para su hogar y sus hijos, un porvenir seguro y desahogado, sin privaciones, sin inseguridades, sin dejar al azar el futuro de los suyos, dándoles las comodidades que usted puede lograr: una casa confortable, una alimentación sana y el disfrute de una vida mejor. En fin, todo cuanto un hombre de hoy ha de considerar necesario para su felicidad y la de su familia.

Todo esto puede lograrlo pronto y por Vd. mismo, ingresando en la POLICÍA ARMADA o en la GUARDIA CIVIL.

LA POLICÍA ARMADA Y LA GUARDIA CIVIL le abren sus puertas y le ofrecen un porvenir seguro, un futuro digno y absolutamente firme, con un sueldo, para empezar, equivalente a 2.443 pesetas mensuales nada más ingresar, aparte de otros muchos beneficios (casa, puntos, trienios, etcétera). Su uniforme le transformará en una autoridad, dándole mayor honorabilidad.

Si usted es hombre de acción que ama la justicia y siente en sus venas el deseo de colaborar activamente por la paz y seguridad de España, venga a engrosar las filas de uno de estos dos Cuerpos.

Todo español lleva dentro de sí una faceta de Quijote; el constante afán de proteger el bien y eliminar el mal nos demuestra nuestros innatos sentimientos. Esta noble aspiración puede convertirse en su profesión».



(Impreso autorizado por la Censura Oficial)

He aquí algunos comentarios hechos por la HOAC:

«Es bastante raro este llamamiento a los Quijotes para que vengan a "colaborar activamente por la paz y la seguridad de España", paz y seguridad que, según los primeros párrafos de este documento, tiene una expresión tan poco atractiva para los agricultores, obreros y empleados, o sea, una inmensa mayoría de la población española». «Dudamos de que se haya podido inventar un mayor rebajamiento de esa dignidad del trabajo que proclaman tantos "slogans" del actual Gobierno. O bien todos esos "slogans" son falsos o bien hay algo que no funciona en la censura oficial».




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