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Ibérica por la libertad

Volumen 11, N.º 3, 15 de marzo de 1963

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«In our sacred cause of the fight for freedom, wath's in it for me if I let you have a Polaris base in Spain, Mr. Kennedy?»

Fischetti from New York Herald Tribune Service

«In our sacred cause of the fight for freedom, wath's in it for me if I let you have a Polaris base in Spain, Mr. Kennedy?»

«En nuestra sagrada causa de la lucha por la libertad, ¿qué hay para mí si le dejo disponer de una base para los Polaris en España, señor Kennedy?»

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

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  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA is published monthly on the fifteenth of the month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1963, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajo El personaje olvidado

Gregorio López Cid2


Parece que conviene denunciar cuando se habla, como en este caso, de la política internacional española, el error en que se cae midiendo por unidades de meses y días lo que exige medidas de mayor extensión. La política internacional no cambia, normalmente, en un día. Tarda años en montarse un nuevo equilibrio o reconstruir situaciones perdidas. Quienes se asustan, alegran o entristecen por que el General De Gaulle se ha aproximado internacionalmente al General Franco se asustan, alegran o entristecen a quince días vista. Es muy difícil y está en cierto modo más allá de la voluntad de los hombres romper de buenas a primeras una política de protección y sumisión, respectivamente, que lleva cerca de quince años de actividad. Puede afirmarse, diríamos con certidumbre estadística que las bases americanas continuarán en España, por lo menos en Rota, hasta que el régimen político español cambie de signo por un giro de bastantes grados. Los intereses del General Franco y de la minoría dominante en España están vinculados con tanto vigor a la política americana que es prácticamente imposible que se separen de ella. La necesidad de la alianza no procede esencialmente de los americanos sino del General Franco y de su sistema.

Pero, ¿cómo puede explicarse, ante hechos tan evidentes, la gestión del General De Gaulle cerca del gobierno del General Franco? Hace meses que en Madrid oía quien esto escribe jactarse a un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de «que en febrero ocurrirán cosas de importancia, pues por una vez los franceses habían picado el anzuelo español». Parece, en efecto, que el General De Gaulle esté repitiendo, con poquísima oportunidad, la política de Napoleón III, reconstruyendo el principio de las nacionalidades a nivel de la integración europea. ¡La Europa de las Patrias con Francia a la cabeza! La idea no parece acertada porque tropieza con dos hechos irrebatibles. Uno, que el espacio económico de la comunidad atlántica absorbe y condiciona el espacio económico de la comunidad europea. Otro, que los intereses de la convivencia USA-URSS rebasan y condicionan cualquier posible libertad de maniobra con la que el General De Gaulle quiera evadirse de ambas potencias para regir, desde París, un espacio político específicamente europeo. Nadie diría que cosas tan ciertas se debían a la reflexión de un político francés. ¡Qué verdad es que los sueños de la razón principalmente de los dictadores producen monstruos! Cabe suponer que el jefe del Estado francés ha iniciado la acción en España para obstruir su entrada en Europa y crear una dificultad lateral a Inglaterra, pero este tipo de maniobras no responde a la psicología del General De Gaulle, al menos no responde a lo que de él sabemos.

Admitamos que la política de evasión que el General De Gaulle sigue en el orden internacional le ha llevado a meter a destiempo la cuchara en la olla hispano-norteamericana. Por Madrid se dice -sólo Dios sabe qué pueda tener de verdad- que el Ministro de Asuntos Exteriores español comentó en una tertulia de cómplices y amigos: «Pero, ¿es posible que crean que se van a repetir los Pactos de Familia?». En todo caso, el General De Gaulle no puede ofrecer al General Franco sino un puesto satelital en torno a Europa, concretamente a Francia, una mínima seguridad en África y ayuda económica interesada, pues para los franceses no es mal negocio ayudar a la capitalización del mercado español. Que el Gobierno republicano y los exilados activos españoles se vayan o se queden en París es cuestión secundaria que se exhibe a falta de algo más concreto que decir. Pudiera también suceder que si la política del General De Gaulle respecto de España fracasara, el pueblo francés se sintiese más próximo al español en la tensión común contra las dictaduras.

Por otra parte, los funcionarios del Departamento de Estado americano saben todo esto. Incluso lo han comentado con ellos algunas de las personas más caracterizadas de la oposición española, y están satisfechísimos porque la actitud de De Gaulle les sirve de pretexto moral ante el lector común del New York Times (esperemos que la huelga no destruya tan sutil estratagema) para hacer más concesiones al sistema español y asegurarse más este enclave en Europa. Parece pues seguro que la base de Rota y otras bases menos visibles y denunciables, seguirán en manos americanas y que los americanos han mandado, mandan y mandarán durante algún tiempo en la política exterior española.

El Gobierno español está utilizando la gestión del General De Gaulle como un instrumento para la propaganda y como un arma convencional para discutir con los americanos. Los funcionarios del Ministerio Español de Asuntos Exteriores propalan a los cuatro vientos que si América no cede les queda la carta de De Gaulle. Pero decía uno de ellos a un amigo común: «Demasiado sabemos todos que es hablar por no callar».

Debemos, por consiguiente, para reflexionar con seguridad, partir del hecho incuestionable de que habrá bases y que España seguirá atada al pescante del carro americano.

En un plano relativamente superficial las cosas pueden presentarse así: Los españoles ceden las bases, los americanos dan protección y dinero a la minoría dirigente de modo directo y de modo indirecto y siempre ayudando a la desigualdad y miseria espiritual reinante, al desdichado pueblo español. Nadie parece haber pensado en ese pueblo ni en la mecánica inexorable del proceso social y económico en el que está envuelto. Insistamos en que nadie parece haber pensado tampoco en el pueblo francés, al que se puede considerar, hoy por hoy, como otro personaje olvidado.

Me gustaría, y creo conveniente declarar esto antes de proseguir, encontrar la suficiente comprensión en el lector para que no juzgue este artículo como esencialmente político, sino como esencialmente patriótico, pues esa es, al fin de cuentas, la intención con que está escrito. Considerando los hechos desde este punto de vista resulta que el pueblo español necesita algo que, al parecer, no está en manera alguna incluido en el trueque bases-contra-permanencia del actual sistema. Sin embargo pensando a unos años vista el pueblo español es quien, en resumidas cuentas, va a decidir.

El ciudadano medio español se estaba persuadiendo desde hace relativamente poco tiempo de que en la minoría dirigente se iniciaba el criterio de la necesidad de liberalizar el país y que la aparición de este nuevo y buen criterio se debía a la presión de las necesidades económicas y sociales y, en parte a los consejos de la administración Kennedy, sin olvidar a los consejeros inmediatos y a los grupos de presión que orientan y participan del poder del Pardo. El mensaje de fin de año del jefe del Estado español y las declaraciones, quizá exageradas por el optimismo juvenil y profesional del Ministerio de Información y Turismo y del Embajador del General Franco en Washington, autorizaban a que el español medio pensase: «Esto va a cambiar, lentamente, pero va a cambiar y USA no es extraño a este cambio». El ciudadano medio, conservador o liberal, conjetura que USA buscaba el comienzo de una liberalización efectiva en España antes de comprometerse con nuevos convenios sobre las bases, ya que, con la claridad que emana del sentido común, el ciudadano medio creía que los Estados Unidos tenían en este aspecto el dominio de la situación. No obstante, la liberalización está congelada y no por razón de la ola de frío que sufre Europa hoy, sino por otro frío, el frío del miedo a lo que pueda ocurrir si se abre la mano. Es necesario que los españoles que gobiernan y sus amigos y consejeros internacionales se percaten de este hecho, cuya evidencia nunca reiteraremos bastante: O en España se inicia una reforma política que abra el camino a la discusión libre y auténtica de los problemas nacionales e internacionales, o de aquí a unos años, quizá meses, los problemas se querrán resolver sin crítica ni discusión, desde la urgencia de la obstinación y el odio.

Nada se adelanta con la falsedad o la hipocresía en las situaciones extremas. Ningún sentido tiene hoy con respecto a España la política de los paños calientes y de las promesas ambiguas. Poco o ningún valor tiene saliendo de las unidades que miden por días o meses, que las potencias atlánticas se admiren, conscientes de su falsedad, de la nueva vía española que llaman liberalización en el ámbito político. Una liberalización en la que muchos ingenuos creyeron, arrastrados quizá por la necesidad de creer, pero que hoy se toma a burla en España. No hace mucho me encontré en los pasillos de la Universidad a un profesor que explica una cátedra de Derecho Público en Madrid. Me sorprendió, en persona que propende como él a la máxima sobriedad en el atuendo, verle una corbata de colores vivos. Debió sin duda notar mi sorpresa, pues llevando la mano a lo corbata me dijo con un gesto de resignación irónica: «Qué quiere Vd., me liberalizo». Esa es la liberalización de España, la liberalización cromática de la corbata. Los testimonios de esta liberalización no son perceptibles hasta la fecha al nivel de las instituciones políticas. Sólo se ha notado al nivel estético, contando con la complicidad de sectores de opinión franquistas o abiertamente sumisos. Se permite por ejemplo que salgan dos nuevas revistas importantes, Atlántida, controlada por el Opus Dei (¡vade retro, Satanás!) y la Revista de Occidente, que tiene un nombre antiguo y muy respetable pero que seguramente será algo nuevo si se compara con la anterior publicación del mismo nombre. Esta liberalización cómoda y confiada se justifica por ciertos escritores partidarios del régimen diciendo: «Si se abriera más la mano autorizaríamos a los irresponsables, pues no se trata de que no queramos que haya buen cine, buena crítica, etc., es que no hay nadie con suficiente preparación, nadie hace nada, no hay talentos». Precisamente ahí está el quid de la cuestión. No hay talentos ni los habrá hasta que no exista libertad política. Las libertades políticas y la desaparición del sistema policíaco son condiciones imprescindibles para que la originalidad y el trabajo intelectual despierten. Nadie crea que con Atlántida y la Revista de Occidente pero sin libertad de asociación ni libertad de prensa, van a surgir talentos a docenas. La libertad es la condición para que aparezca la inteligencia, y quiérase o no la libertad hay que impulsarla y el precio de la libertad pagarlo. Si reflexionamos, volviendo al principio, sobre la situación de la política exterior e interior española, concluiremos que todo es negativo. Se puede exponer mediante una serie de frases que niegan y que, atendiendo a la verdad de los hechos sería muy difícil que afirmasen:

1) España no entra en el proceso de la integración europea.

2) España no sale de la dependencia exclusiva, militar y política, respecto de USA.

3) España no tiene una política internacional orientada según sus intereses históricos presentes y futuros.

4) España no sale de las estructuras políticas totalitarias.

5) España no resuelve los problemas económicos y sociales más urgentes.

6) España no ofrece nada al mundo salvo el espectáculo de su modorra.

7) España no tiene instituciones que garanticen normalidad para su futuro.

Ante esta serie de negaciones la reacción política internacional es olvidarse de la única realidad de la que pueden salir las afirmaciones; el pueblo al que no se consulta y al que se da por inexistente. Es un olvido que no conviene a nadie. El pueblo, el proletariado y gran parte de la clase media española, avanzan, inexorablemente, hacia la radicalización. Según aumenta el engaño y el olvido, la radicalización aumenta. Quizá se trate de un radicalismo de protesta en muchos casos irreflexivo, pero ahí está precisamente su peligrosidad. El país se diferencia claramente en dos grupos, cuyas diferencias son antes que nada, morales. Unos no quieren que ocurra nada y otros comienzan a querer o ya lo quieren, que en pocos días ocurra todo. Inexorablemente, el tiempo juega a favor de los últimos. Es inútil engañarse con fórmulas, «elevemos primero el nivel de vida, la democratización vendrá después». Es una fórmula falsa en su raíz. No hay tal desarrollo, ni una elevación de vida suficiente, ni es cierto que después de treinta años de inmovilidad política y totalitarismo se pueda reformar la estructura económica y social si previa o paralelamente no se reforman las instituciones políticas.

Todo esto hay que tenerlo en cuenta para valorar debidamente la conexión entre política internacional y política interna en el caso español. Hoy la política internacional define la política interior española por la sencilla razón de que el pueblo español no interviene. Este es un hecho incuestionable y de él hay que partir para que quede claro esto otro, que puede parecer, porque en cierto modo lo es, una acusación: que la responsabilidad inmediata respecto de la democratización o no democratización del régimen español corresponde íntegra a los Estados Unidos de América del Norte. Desgraciadamente hemos llegado a este extremo. La discusión sobre las nuevas bases debe implicar condiciones políticas, con vista a la democratización por las siguientes razones:

a) porque el pueblo español no debe estar permanentemente ajeno a los destinos de su país, no sólo por razones morales, quizá las que menos pesen, sino por razones de conveniencia, porque este alejamiento es la amenaza de una fuerza incalculable que puede estallar pidiendo todo y ahora;

b) que la democratización puede incluso considerarse como un factor estratégico en la estrategia global;

c) que en Europa laten neofascismos cuyo porvenir, por precario que parezca, hay que tener en cuenta y que el mejor medio de evitarlos no es, precisamente, sostenerlos;

d) que el proceso político español no se puede medir por unidades de meses o simplemente con relación a la hora actual; pueden ocurrir muchas cosas de aquí a unos años y este porvenir incierto tiene una sola garantía: democratizar. Cuanto antes se pague el precio de la libertad, mejor. Si no el precio de la libertad se llama revolución.

Una vez que han llegado los hechos a este límite, si las bases americanas en España se negocian sin exigir que comience de veras la democratización, se podrá afirmar con certidumbre absoluta: «América es culpable». Y quizás sea entonces cuando le toque: intervenir al personaje olvidado, al pueblo.

GREGORIO LÓPEZ CID




ArribaAbajoLa transición española

Julián Gorkin


En la historia de la recuperación española, 1962 será el año de las primeras grandes huelgas contra las pésimas condiciones salariales y, políticamente, el del encuentro de las oposiciones democráticas -de dentro y de fuera- en Munich. ¿Qué puede y debe ser el año de 1963? Si juzgamos por los factores objetivos que se enumeran seguidamente, el año crucial de la transición española. Sean cuales fueren las peripecias inmediatas y sea cual fuere el desenlace final -si es que puede hablarse de un final en política-, es evidente para mí que el proceso de la transición ha empezado ya.

¿Dentro de los cuadros del régimen o en contra suya? Esta cuestión reviste hoy suma importancia. Desde hace unos años y, más concretamente, desde la demanda de asociación al Mercado Común y el reajuste ministerial subsiguiente a las huelgas y a Munich, tanto los ministros como los servicios diplomáticos franquistas se hacen lenguas sobre la progresiva liberalización del régimen. En su mensaje de Año Nuevo, el propio Franco ha dicho que no es la suya una simple evolución de fachada. Por extraño que parezca, he de reconocer que por una vez estoy de acuerdo con él: no se trata de una evolución de fachada; por el contrario, se trata de una evolución profunda y creo que decisiva. ¿Hija de la voluntad, espontánea y sincera, del dictador y de los componentes del régimen? Eso es harina de otro costal.

Tratemos de comprender ante todo los factores reales y determinantes de esta evolución. Viene el primero de la vejez y el desgaste, no sólo físicos, sino económico-político-sociales -es decir: estructurales- de los estamentos y los cuadros dictatoriales, empezando por la persona del dictador. Un simple balance de la situación del país, de su gran atraso en todos los órdenes, sobre todo respecto de los países occidentales, demuestra que el régimen no ha representado nunca el auténtico interés nacional, si se entiende por tal el interés progresivo de las mayorías e incluso del conjunto; pero es que hoy ha dejado incluso de constituir una garantía para las propias minorías que venía representando dictatorialmente. Viendo en cualquier periódico ilustrado una fotografía de Franco o leyendo cualquiera de sus discursos, con afirmaciones fuera de toda realidad y toda actualidad -en sus aberraciones ya no es posible discernir dónde acaba el cinismo y dónde empieza la inconsciencia-, yo imagino que cada financiero o industrial, cada terrateniente y cada militar, clérigo y funcionario, debe hacerse esta pregunta: «Y después ¿qué?». Un «qué» doblemente angustioso: porque no se sabe cuándo será exactamente el después y porque detrás de lo actual no existe nada serio y relativamente sólido, estructurado y solvente, capaz de asegurar la continuidad o una transición normal.

¿Se dirá que la sucesión está prevista mediante la restauración monárquica? No está eso muy claro para nadie, ya que seguidamente surgen numerosas interrogantes. ¿En la persona de quién? Mejor dicho: ¿qué candidato puede aspirar a ser el rey, si no de todos, de la mayoría de los españoles? ¿Y qué régimen se propone instaurar: un régimen absolutista, constitucional o mixto? ¿Significará el continuismo -una especie de franquismo coronado- o irá, derecha o gradualmente, al restablecimiento de los derechos y las libertades fundamentales y a los cambios estructurales sin los cuales seguiría España al margen de la evolución del mundo? Todo son, lo repetimos, interrogantes y misterios; lo único claro parece ser que Franco sueña con el continuismo coronado, aun a sabiendas -pues supongo que tiene conciencia de ello- de que a eso se le puede llamar cualquier cosa menos una solución. Por lo demás, ninguno de los candidatos -empezando por Don Juan- parece saber muy bien lo que quiere y cada una de las corrientes monárquicas parece querer una cosa distinta. Sin embargo, y por encima de todas estas nebulosas, una cosa parece cierta: es que los intereses conservadores y una parte de los liberales creen que la transición sólo puede asegurarla la monarquía.

Pero volvamos a lo que cuenta realmente: al problema de la liberalización o democratización de España. Nace ésta, fundamentalmente, de la conciencia cada día más acusada de un contraste: mientras el régimen dictatorial español ha envejecido y se ha gastado, los regímenes democráticos circundantes no han dejado ni pueden dejar de renovarse, de rejuvenecerse; mientras las estructuras españolas, económica, política y culturalmente, siguen bajo el dominio de unos intereses monopolistas y jerarquizadas, las estructuras occidentales se transforman, se adaptan a las condiciones de una sociedad industrial y desarrollan decididamente la productividad, la producción y el consumo de mases. El signo revolucionario de esta segunda mitad del siglo XX, determinado por las grandes conquistas científicas y técnicas, es profundamente universalista: sean cuales fueren los obstáculos y las resistencias, las viejas naciones europeas se ven obligadas a articular y a fundir sus estructuras económicas, políticas y sociales; paralelamente con este proceso supernacional, se viene desarrollando, otro no menos importante: un proceso universal de descolonización y de transformación de las relaciones entre las metrópolis superdesarrolladas y las vastas regiones subdesarrolladas, determinante a su vez de la articulación supernacional, principalmente africana y latinoamericana. ¿Puede España -mejor aún: la Península Ibérica-, punto de confluencia o puente geográfico y natural entre tres continentes decisivos, seguir siendo lo que es prácticamente hoy: un cuerpo extraño y aislado en medio de esa rápida y revolucionaria evolución universal? La respuesta es obvia.

Es un hecho que España no puede vivir, desarrollarse y prosperar de espaldas o al margen de las comunidades europeas. En mayor o menor grado, la vocación europeísta arrastra hoy a todas las clases y a todos los sectores de la sociedad española. Tan fuerte es esa vocación, que después de haberlo combatido y ridiculizado desde la firma del Tratado de Roma, en febrero del año pasado, se vio el gobierno franquista ante la imperiosa necesidad de solicitar su asociación al Mercado Común. Puede decirse que de entonces acá, y cada día de manera más perentoria, viene centrando el gobierno franquista su política exterior en esa aspiración. ¿Con posibilidades de éxito? Resulta curioso observar que el tándem De Gaulle-Adenauer, que aspira a construir la nueva Europa e incluso la futura Euráfrica en torno al eje Francia-Alemania, parece convertirse en el padrino europeísta de la España actual mientras se opone obstinadamente a la entrada de Inglaterra en el Mercado Común. ¿Qué la España de Franco sirvió como pudo la causa de Hitler mientras Inglaterra le ofrecía cobijo y ayuda a de Gaulle para la liberación de Francia, a la que siguió la de la Europa occidental? Sabido es que ese que llaman realismo político a corto plazo constituye una esponja histórica. En nombre del realismo político, económico y social, ya que se nos impone crudamente, hemos de decir que la España actual es una carta archigastada y superada, que no reúne ninguna de las condiciones básicas previstas en el Tratado de Roma y que la única España real y auténticamente europeísta es la que, en contra a la vez del franquismo y del comunismo, se da como misión fundamental desde Munich el restablecimiento de la convivencia democrático-civil española. Es decir, la España real, normal y universal de mañana, cuyo advenimiento nada ni nadie puede impedir ya.

Ninguna de las condiciones básicas... Parémonos brevemente y en primer lugar en las condiciones económicas. Los economistas del régimen nos aseguran que, durante los últimos años, se ha venido elevando la renta nacional per capita en un cinco por ciento y que el mismo ritmo seguirá hasta 1970. A primera vista, parece esto por demás alentador, pues el ritmo europeo viene siendo entre el cinco y el siete por ciento. Pero mientras los obreros alemanes, franceses e ingleses vienen trabajando cuarenta y cuatro e incluso cuarenta horas semanales, los españoles tienen que trabajar un mínimo de setenta y dos. Un simple cálculo demuestra, por otra parte, que siguiendo ese aumento del cinco por ciento, los salarios españoles equivaldrán en 1970 al cincuenta por ciento de los salarios europeos de 1960. ¿Pero qué serán los salarios europeos en 1970, sin hablar de los seguros sociales y de otras substanciales ventajas? Muy ufano y orgulloso, Franco ha prometido en su mensaje de Año Nuevo un salario de sesenta pesetas diarias. Eso hace poco más de cuatro francos y medio y menos de un dólar. Que nadie lo dude: Franco justifica ante el mundo el pomposo título de salvador de España. No menos ufano y orgulloso que su jefe, el ministro del Trabajo dio el 3 de enero este triunfante dato: en 1962 los trabajadores españoles arrojados por el hambre a la emigración han enviado a España 250 millones de dólares. Por lo visto el papel de un ministro del Trabajo franquista consiste en proporcionarles mano de obra alquilada a los países prósperos. Así se piensa reactivar y transformar las estructuras económicas españolas para ponerlas a la hora europea.

Dos Españas se plantean hoy el problema de la sucesión o de la transición, necesaria y cabe decir que urgente: la España directamente responsable de la guerra civil y de los veinticuatro años de dictadura franquista y la que, sin contar la del destierro o peregrina, se ha ido formando en oposición a la primera. Cree o simula creer la oficial o dictatorial que es posible una evolución en sus propios cuadros, hacia una especie de franquismo sin Franco, mediante unos cambios de estructuras económicas sin tocar a las estructuras políticas o modificándolas parcial y paulatinamente gracias a unas concesiones liberalizadoras más de forma que de fondo y dentro siempre de la llamada democracia orgánica. Sin un recurso a la violencia, como se establece en la ya histórica resolución de Munich, cree la segunda, la potencialmente democrática, que sea cual fuere el régimen de transición o sucesorio una auténtica solución implica ante todo el restablecimiento de las libertades y los derechos fundamentales y, consecuentemente, una transformación a fondo de las estructuras económicas y sociales y de las superestructuras políticas. Es decir, un cambio de régimen.

Que la evolución real implica lo último, lo demuestran todos los síntomas que se ofrecen a nuestro examen. Síntomas de una democratización a mi juicio irreversible y que interesa a los diversos sectores de la sociedad española. Lo mismo en la novela, en la poesía que en el teatro, el inconformismo, la protesta más o menos declarada y el contenido social constituyen la tónica casi general. ¿Y no ocurre lo mismo en la mayoría de los cineastas y de los pintores? ¿Y qué periodista no suspira por una mayor libertad de prensa? Desde hace varios años ya, los principales colegios de abogados se manifiestan consecuentemente por sus fueros y por la independencia de la función judicial. Los profesores, principalmente de Madrid y Barcelona, han hecho público su propósito de «promover la transformación y el mejoramiento de la Universidad española». Tanto en las organizaciones estudiantiles como en los sindicatos verticales, es cada día más fuerte la lucha contra el monopolio falangista y en favor de una democracia interna. ¿Y quién puede poner en duda la evolución que se viene observando en amplísimos sectores de la Iglesia, con todo el instinto de conservación y el oportunismo que se quiera, más fuertemente influenciada por la cuestión social y por el europeísmo democristiano? Si se tiene en cuenta su tradicional política, constituye esta evolución un barómetro de indiscutible importancia. ¿Y qué decir del Ejército? El viejo generalato africanista ha ido desapareciendo o está tan viejo y gastado como el propio Franco y, según parece, los cuadros jóvenes no manifiestan un gran interés por la política. No me parece un mal en el país de los pronunciamientos. ¿Mas no se puede suponer que se sienten en el fondo doblemente humillados; por sus bajos emolumentos -después de todo pertenecen a las clases medias semiproletarizadas- y por el hecho de que, al margen de la NATO, es prácticamente el Pentágono quien determina la estrategia española?

Tal es, someramente examinado, el panorama a la vez real y potencial. ¿Qué es lo que necesitan todos esos factores objetivos para convertirse en conciencia política de presión y de acción? ¿Qué para que el proceso de la transición no se detenga y conduzca a la necesaria solución? Reuniendo a los representantes de las oposiciones españolas de derecha y de izquierda, del interior y de la emigración, y adoptando por unanimidad la ya famosa resolución democrático-europeísta, Munich dio la primera respuesta e indicó el camino a seguir. Conduce éste, en lo inmediato, a la creación del instrumento de pensamiento y de acción, capaz de disciplinar las voluntades y los núcleos oposicionistas en torno a un programa de soluciones, de provocar la diferenciación y la dualidad entre la democracia y lo que no lo es, y capaz, en fin, de inspirar confianza nacional e internacionalmente. La transición incruenta y el porvenir de España, de una España reconciliada consigo misma y con el mundo democrático y libre, depende hoy de eso. Y a eso se va.

JULIÁN GORKIN

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ArribaAbajoArticulación del país en la justicia

Carlos Alonso3


Con un artículo de D. Manuel de Irujo, comienza Ibérica el estudio del problema de España: el Régimen que ha de darse al término de la Dictadura franquista. El contenido del tema, en realidad, es: cómo debe producirse el cambio y finalidad de este.

A nadie se le oculta la transcendencia de la cuestión planteada. Depende de su solución que nuestra patria emprenda el camino ascensional hacía el futuro dentro del ritmo y articulación europea, o continúe rodando hacia el abismo.

Es para sentirse hondamente preocupado, y el primordial deber a cumplir es colaborar en el encauzamiento del asunto. España, la España encadenada, calla, y este forzado silencio hace correr el peligro de equivocada interpretación. Mi voz aún no ha podido perder las tonalidades impresas por la España muda, por ser muy reciente mi destierro y esta condición me impele a escribir este artículo con gran esfuerzo para tratar de dar concisión a las ideas y sentimientos que largo tiempo refrenados, pugnan ahora por salir a la vez. La convivencia española es un ideal y una necesidad. Se tiene el vivo deseo de disfrutarla, más intenso por lo mismo que de ella se carece. La convivencia es fruto de civilización, de cultivo del espíritu, que falla en la España de nuestros días. No se logra por la defensa que de ella se haga desde el campo vencido y expulsado de la patria; únicamente depende de la voluntad del vencedor. Éste ha nutrido su sustentáculo, azuzando los odios de la guerra civil, enardeciendo al sector sobre el que influye en la pasión de repulsa a los vencidos. Los que lucharon al lado de Franco y los beneficiados del triunfo, están totalmente impregnados del sentimiento de animadversión, y aún muchos de los que se dicen enemigos de Franco y aquellos que se titulan monárquicos liberales, alimentan el mismo sentimiento hacia los enemigos del 36. La guerra civil, pues, no ha terminado y hay que tenerlo en cuenta.

Otro aspecto importante que hay que aclarar es que el ambiente en España no es monárquico, y que el pequeño número de partidarios de esa antigua forma de gobierno son absolutistas, en armonía con la tendencia totalitaria de los pretendientes a la corona española. No es caprichosa tal atribución. Basta hacer resaltar el hecho de que maniobran e intrigan para la implantación de la Monarquía sin previa consulta electoral, y si eso es confesión de la seguridad de que el pueblo español no les asiste con su adhesión, lo es también de que tal institución tiene por sí derecho divino o patrimonial a la Soberanía, superior, por tanto, a la nación, lo que es clara y rotunda negación de la Democracia. ¿Y que medios propugnan para establecer la Monarquía? La voluntad de Franco, ya en donación intervivos o testamentaria, no resuelve el problema español. La continuación del régimen actual, merecería la misma conceptuación y concentraría contra sí los odios que vienen incrementándose desde hace un cuarto de siglo.

¿Un pronunciamiento militar? No hay motivo para creer en el fervor monárquico de los militares. Llevan años sin rey y han aprendido a pasarse sin él; ni la defensa de sus intereses particulares le reclama, ya que han de considerar que quedan mejor atendidos por ellos mismos adueñados del Poder. Ha de suponerse un poco de prudencia. Podrá creerse que, aún arrostrando el odio popular, pudieran establecer la monarquía, lo que nadie cree ya es que pueda consolidarse... y es una aventura peligrosa.

El problema español no puede resolverse, como en los viejos tiempos, por camarillas, de espaldas a España. La hecatombe ha sido demasiado trágica para que se trate livianamente; no tiene solución sino frente a la patria auscultando con amor sus ansias y su voluntad para ser fieles intérpretes. Los pactos entre las fuerzas opositoras deben ir derechos al derrocamiento de la tiranía eliminando toda cuestión de matiz partidista y personalista para prever deslealtades en los pactantes. El problema español tiene que resolverlo España. El sentimiento en el pueblo español es hambre de justicia, de anulación de los particularismos para supeditarlos al Derecho, es la solución jurídica. Y ya tenemos precedentes: en la Edad Media pueblos españoles sometieron la cuestión dinástica en el Compromiso de Caspe, del que este año se ha celebrado el 450 aniversario. ¿No seremos nosotros dignos de nuestro pasado?

Jurídicamente no hay otra solución que el Gobierno legítimo, el Gobierno de la República española: la fuerza, la intervención extranjera, o el crimen -medio empleado por Franco para apoderarse del poder- no son títulos de transmisión de Soberanía.

No comprendemos la defensa de un Gobierno Provisional sin signo institucional como salida a la situación actual. No debemos desconocer que ha transcurrido mucho tiempo sin el funcionamiento normal de la democracia y es necesaria la consulta electoral al país, por acatamiento de la Soberanía nacional. Es decir, la solución que propugnamos es esta: que la Institución republicana delegue funciones en un gobierno, dándole la autoridad de la legitimidad, en el que se incluyan representaciones de todas las tendencias, no totalitarias, del país, rectificar las injusticias cometidas por el gobierno de hecho instituido y llevar a cabo la consulta electoral.

Pero este procedimiento que ha de conducir al resultado señalado, tiene que iniciarse fuera de España: los juristas españoles en el exilio y en representación de los forzosamente mudos del interior de España, declararán A) La legitimidad del Gobierno de la República en exilio; B) Usurpador, ilícito y tiránico el régimen franquista; C) Armonizarán sus esfuerzos para movilizar los medios jurídicos del extranjero para la actuación relacionada con las declaraciones de los apartados anteriores. Por parte del Gobierno mencionado se impulsará en España y fuera de ella la oposición al franquismo y se buscará el momento psicológico para hacer un llamamiento a la opinión pública solicitando su cooperación a los ideales señalados. El apoyo popular contagiará a los funcionarios del Estado y hasta a los individuos de los institutos encargados de la represión. El Ejército, además, comprenderá y cumplirá el deber de disciplina con la Autoridad legítima. Las Cancillerías se inclinarán ante la potencia del sentir español, y por acatamiento del deber de solidaridad en el Derecho y en la Civilización.

Es la única solución que garantiza el mínimo de violencia. Cualquier otra solución, desentendida del acatamiento al Derecho, que no sirva como eficaz afirmación de éste, en relación con el pasado y con el futuro, conducirá, más pronto o más tarde, a la reproducción de desastres.

CARLOS ALONSO


Carta al director

Estimada señorita Kent:

Permítaseme por adelantado el declararme por la presente cuanto placer me causa el leer una revista de este calibre y tema.

Cuando leo los numerosos planes y aspiraciones con relación a la democratización de la España del futuro, me causa una grande nostalgia el pensar que entre esos planes y aspiraciones no se encuentra en parte alguna un plan, más o menos delineado, para «la libertad de religión», o al menos una libertad mínima de cultos.

En nuestro concepto occidental la nación verdaderamente libre no puede existir sin la libertad completa en asuntos de religión individual y pública. La famosa libertad «de cultos», como ha existido en España en el pasado, no se puede aceptar como suficiente ya que per se no incluye el respeto individual, y de la sociedad, a la libertad de conciencia, de pensamiento, de expresión pública, de propaganda y, mucho menos, la consideración igualitaria debida a todas las religiones.

Cuando hablamos de libertad religiosa al estilo de las naciones libres del Oeste no hablamos de sentimientos anti-católico-romanos, ni hablamos del concepto del Dios verdadero (el mío) o del Dios falso (el tuyo). La verdadera libertad de religión significa que respetamos de palabra y de obra el derecho que cada individuo, o grupo, tiene a expresar sus puntos de vista religiosos. Tal libertad debe reconocérsele al católico-romano, al protestante, al judío, al mahometano, al ateo, a cualquier otra expresión religiosa. La coexistencia religiosa en los EE. UU. de Norteamérica, de la Gran Bretaña, de Alemania en la República Federal, es un ejemplo de la clase de libertad religiosa que España necesita si nuestra patria ha de tomar su lugar en la línea de formación de las naciones libres.

Por regla general nos repugna hablar de monopolios económicos, mas cuando hablamos del monopolio religioso que existe, y que ha existido, en España no hay quien frunza el cejo aun entre los españoles más liberales. Este derecho a la libertad de conciencia y de pensamiento no existe solamente como un privilegio al placer del gobierno, sino que hay que reconocerlo como un derecho que es parte de la personalidad humana desde la cuna hasta el sepulcro y con las debidas consideraciones que se remontan hasta ultratumba. Hablamos aquí de un derecho natural y por eso es que la ley propuesta por el Sr. ministro de negocios extranjeros (Castiella) para el beneficio del turismo y del comercio nacional, no es suficiente. Repetimos, la libertad de religión no es un privilegio que se concede al albedrío del gobierno, sino un derecho natural del individuo que sobrepasa las cortes y los gobiernos nacionales. Las conciencias, que han aprendido a vivir sin regimentación religiosa, y que han percibido el fruto producido por la convicción y la libertad en asuntos religiosos, nunca se prestan a vender sus fueros a los mercaderes que ofrecen yugos totalitarios con espejismos de solidaridad, seguridad y protección de ideas e instituciones arcaicas.

Permítaseme reiterar que una de las bases de la España del futuro deberá ser una completa libertad religiosa. En su ausencia las otras libertades se verán siempre expuestas al ataque de un grupo, o jerarquía monolítica de un grupo privilegiado, que ejercerá el poder religioso en la nación al costo de la conciencia nacional y de cada ciudadano en particular.

Deseándole toda clase de felicidades y un gran éxito en la publicación de Ibérica.

S.S.S. y Amigo,

JOSÉ GREGORI

Rev. JOSÉ GREGORI, Rector

St. Thomas' Episcopal Church

Sioux City, Iowa




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Información de nuestro corresponsal en España


La cuestión de fondo

En este mes de febrero tan frío, en que Madrid ha conocido una de las mayores nevadas de los últimos diez años, en que el termómetro marcaba varios grados bajo cero y las familias modestas no encontraban ya carbón ni de estraperlo, en este mes que termina por las dolorosísimas inundaciones de Andalucía, se enfriaron también algunas pretensiones de la diplomacia que cuece sus marmitas en los palacios de El Pardo y de Santa Cruz. Suspendieron sus viajes a Madrid, por razón es muy diferentes, los Srs. Gilpatric, Giscard d'Estaing y Couve de Murville. Celebrose, en cambio, la entrevista de generales (Ailleret y Muñoz Grandes) y el Sr. López Rodó hizo sus maletas y se fue a París, para tratar con las personalidades económicas del vecino país. El Sr. López Bravo fue a Londres, y también hizo una gira por las orillas del Támesis una misión militar española con varios generales. El Estado Mayor planeó nuevas reuniones con el italiano (ya ha habido otras mantenidas, por lo general, en secreto) pero la situación electoral del país de los Apeninos -donde tienen el «mal gusto» de seguir con «la democracia inorgánica»- paralizó esta nueva entrevista por la cumbre militar que se le iba a deparar al antiguo jefe de la División Azul.

Todo esto, que vamos a explicar ordenada pero sucintamente, ofrece el aspecto de una de esas cintas cinematográficas de actualidades en las que no se ven más que personajes oficiales que viajan y pasan revista en el aeródromo a la compañía que rinde honores, colocaciones de primeras piedras y tempestades que arrasan regiones. Así, a primera vista, parece una sucesión de hechos tan superficial como incoherente. No es verdad. Cada gesto que emana de la dirección del Estado español responde a un criterio político determinado: se trata de mantener en el poder al equipo gobernante o a los equipos de repuesto totalmente fieles al régimen salido de la guerra civil, con exclusión de todo el que pretenda considerar ésta como un acontecimiento de la Historia. Se trata -y ahí le duele- de mantener contra viento y marea los intereses de casta de una minoría que suscitó aquel drama y se aprovechó de él. Se trata, para decirlo con una expresión técnica, de mantener la terriblemente injusta distribución de la renta nacional, cuya desigualdad se ha agravado en el último cuarto de siglo, y para ello se necesita, sin duda, un régimen autoritario y de fuerza. De nada valen los buenos deseos -que no vamos a poner en duda- de algunos colaboradores jóvenes, de un grupo de economistas, de otro núcleo procedente de Acción Católica. Su buena voluntad se deforma o se rompe desde el momento en que se expresa dentro del engranaje del régimen.

Y vamos a los hechos.

Oídos sordos al «chantage» español

Sabemos cuales eran las pretensiones del Gobierno para la «novación» de los Acuerdos hispano-americanos. En el orden militar esas pretensiones consistían en el equipamiento gratuito durante los cinco próximos años de aviones modernos, misiles antiaéreos, armamento de la marina de guerra y dotación moderna de cinco divisiones a base de infantería de género «atómico» como se suele decir. Todo ello supone un costo muy cercano a los trescientos millones de dólares. Además, se especula con la base de La Rota, pues pensaban aquí que era imprescindible para los submarinos provistos de «Polaris». En el orden diplomático, se ha pedido una alianza política, en vez de una cooperación técnica. En el orden económico, aumento de la ayuda y que todos los gastos norteamericanos se paguen en divisas. Para remate, el Caudillo proponía nada menos que una entrevista personal con el Presidente Kennedy.

Siguiendo los métodos clásicos del regateo, se empezó a coquetear con las fechas del viaje del Sr. Gilpatric; que si tal o tal ministro estaban ocupados, que si el Caudillo tenía una cacería... No se daban cuenta de que la persona que había venido a fines de enero era un consejero personal del presidente norteamericano y de que la misión que sigilosamente visitó España pocos días después, había hecho su informe. Y cuando, a las pocas horas de anunciar el Sr. Fraga que estaban esperando al Sr. Gilpatric, les anunciaron de Washington que éste no venía por ahora y que había que estudiar más detenidamente las propuestas españolas, la verdad es que se quedaron un poco sorprendidos.

Habían seguido las negociaciones con Francia. El viaje del general Ailleret dio muy buenos resultados sobre la cooperación militar, que se han traducido pocos días después, en la primera escala que parte de la flota francesa del Mediterráneo ha hecho en Canarias, para dirigirse después al Senegal. Hay acuerdo sobre esto, sobre la actitud a seguir en África. Además, este año tendrán lugar cuatro maniobras conjuntas navales y aéreas franco-españolas (en realidad este género de maniobras, de las tres armas, vienen realizándose desde hace unos dos años, pero con menos ruido). Sin embargo, la sorpresa aquí fue mayor cuando se supo que los ministros franceses de Hacienda y de Asuntos Extranjeros habían decidido no venir a España por ahora. No se habían dado cuenta los diplomáticos de Madrid, de que habían obrado con poco tacto y de que sus proposiciones y ofertas tan exageradas incitaban a cierta cautela a sus interlocutores. Cautela que, probablemente, viene de la necesidad de no llamar demasiado la atención pública sobre las relaciones con la España de Franco y de la inevitable sospecha de que éste utilizase las buenas relaciones con Francia como arma de «chantage» en las negociaciones con los Estados Unidos. Las negociaciones continuarán, seguramente, pero privadas de su carácter publicitario.

Recogiendo velas

Vinieron también los contactos con Inglaterra y la preparación de la visita a Madrid, en el mes de mayo, del jefe del Estado Mayor italiano, general Aloia. Como a los servicios del Sr. Fraga les faltó tiempo para hablar de esto, se armó la gran tremolina en Roma, y todo ha quedado en suspenso hasta ver en que quedan las elecciones en aquel país; sólo una evolución hacia la derecha posibilitaría tales contactos. Además, la prensa española no se priva de atacar a Italia, ejercicio de redacción que se ha convertido en habitual.

Pasaron unos cuantos días y el Gobierno se entera de que los Estados Unidos pueden prescindir tranquilamente de La Rota como base de submarinos con «Polaris». Esto era lo contrario de su tesis y la quiebra de su mejor argumento para la entrada en la OTAN.

Ya Habíamos previsto que el Gobierno español pedía veinte para obtener diez. La maniobra se perfila ya. Probablemente se contentarían con no tener alianza «política» y desisten, por el momento de la OTAN; quieren ayuda económica, armamentos y la cooperación que hasta ahora han explotado con éxito para fines políticos. Es muy significativo un artículo del general Martínez Campos, que acaba de aparecer en ABC, en el que se hacen dos afirmaciones fundamentales: a) «el valor de nuestras bases ha cambiado. De entre ellas, la que permita estacionarse al submarino atómico, contribuirá sin duda a la defensa; pero las restantes -las destinadas al servicio de los grandes bombarderos o eventualmente al de una cohetería de mediano alcance- tienen ya más importancia como centros de atracción de trayectorias enemigas que como centros de partida de trayectorias occidentales»; b) «En cuanto a entrar en la OTAN, hay que pensarlo. El asunto es caro y tenemos serias obligaciones».

El asunto parece claro. Se trata ahora de poner precio al riesgo, que es el riesgo que sufren los treinta millones de españoles (a quienes no se les consulta para nada) confesando al mismo tiempo que la aportación es menos eficaz. En segundo lugar, curarse en salud -una vez más- del fracaso con vistas a la OTAN.

Un editorial, igualmente «inspirado», del Ya dice que, «lejos de suscitar dificultades, España quiere que su esfuerzo común a la defensa del mundo libre sea más eficaz». Y pide, muy concretamente: créditos a largo plazo y bajo interés, ayuda de excedentes agrícolas y «posibilidad de ejercer su derecho al diálogo en el ámbito internacional de Occidente». Mucho más modestos, ahora ¿No es verdad? Y es así, porque en todas estas negociaciones internacionales el gobierno del Caudillo no persigue otro fin que el de consolidar sus posiciones políticas como tal gobierno y no el de asegurar ventajas a la comunidad nacional.

Le changement, c'est «La Condition Humaine» I...

-Le changement, c'est «La Condition Humaine» I...

Aux Ecoutes, 8-2-63

El Mercado Común se aleja y el plan de desarrollo vuelve

Sería ingenuo pensar que en el Gobierno no hay personas inteligentes. Si así no fuera no habría Gobierno desde hace mucho tiempo. Por eso saben perfectamente que no se puede tirar de la cuerda indefinidamente en el orden económico y social. Jamás hasta ahora se ha dado un paso para la mejoría económica del país en su totalidad ni del bienestar material de la mayoría de los españoles. En cambio, se tapan agujeros, se apuntalan muros resquebradizos, se impide que las cosas vayan a peor.

Sin esperanzas momentáneas de Mercado Común, hay, que acometer el Plan de desarrollo. ¿Se cumplirá? ¿No se cumplirá? Sábelo Dios. Pero es una pauta de actividad que es preciso trazar. Teniendo esta idea en la mente, sale el Sr. López Rodó para París. Aprovecha el viaje para tratar algunos otros asuntillos que el Sr. Giscard d'Estaing hubiera tratado con Ullastres y Navarro Rubio de haber venido a Madrid. El Sr. López Rodó se ha entrevistado con el ministro de Hacienda francés, con el director del Plan de aquel país, con los propietarios de las grandes empresas y también -hecho curioso- con ese gran amigo del Caudillo (algunos mal pensados han dicho que es del «Opus») que es el Sr. Pinay. En el fondo, todo ello es natural. Y el Sr. López Rodó ha vuelto, pensando en el Plan de desarrollo que debe entrar en vigencia el l.º de enero de 1964. ¿Qué se propone o parece proponerse el Plan? Una ordenación de las inversiones, obligatoria en las públicas y de simple orientación en las privadas, una exploración previsora del mercado, la transferencia del sobrante de mano de obra agrícola a la industria, la absorción de la mano de obra que ha emigrado los últimos años al extranjero, la transformación de la infraestructura ferroviaria... y paro de contar. Se necesitaría un trabajo de muchas páginas para comentar tales proyectos, pero algunas cuestiones saltan a la vista. En primer lugar, nada se puede hacer sin la aquiescencia y participación activa de los dueños de las grandes empresas de España que, como todo el mundo sabe, son un puñado de familias que hasta a hora no se han mostrado muy flexibles en cuanto se trata de ceder un solo céntimo. En segundo lugar, sin darle la voltereta a la estructura agraria, el país seguirá arrastrando el pesado grillete de su agricultura con consecuencias en el bajo poder de compra, la estructura del comercio exterior, la falta de productividad, etc. Todo ello requiere inversiones fabulosas; es verdad que las inversiones en 1962 aumentaron mucho (140000 millones de pesetas, de los cuales 10500 de inversiones extranjeras según el IEME) pero ese volumen de inversiones tendría que ser ligeramente superado en los años próximos para conseguir algún resultado; el capital español no parece dar más de sí y busca cada vez más acuerdos con el extranjero; las inversiones extranjeras parecen marchar por mejor camino y el Sr. López Rodó ha traído muy buenas impresiones de Francia. ¿Entonces? me dirán ustedes. Entonces, se trata de no negar las realidades, pero de volver al eje de nuestro tema. Esas inversiones ¿van a aplicarse, como pretenden los expertos, en sentido racional, incluso si eso supone momentáneamente menos ganancias para los inversores? Los inversores extranjeros ¿van a repatriar sus beneficios como lo autoriza la actual legislación? Es evidente que no hay todavía acuerdo entre expertos y «sindicalistas» sobre la participación de los trabajadores en los beneficios del Plan. Hasta ahora, todos los hombres de negocios, financieros, etc. que hablan, dicen que «los salarios subirán en la misma medida que suba la productividad». Lo cual quiere decir que la manera de repartirse la renta no cambiará. Porque aquí está la clave de la cuestión. En la situación actual de distribución de la renta, más de la mitad de la población española no dispone de los ingresos necesarios para comer, vestir, alojarse y atender a las necesidades más perentorias. Si se cree a la Contabilidad Nacional los ingresos del trabajo en 1962 han sido el 42% de la renta nacional mientras que de 1954 a 1957 eran el 45% (otras estimaciones procedentes de la Organización Sindical, estiman que la renta del trabajo no ha pasado jamás del 37% de la renta nacional). Se trata, en suma, de mantener todo esto, con Plan o sin Plan. Y para mantenerlo hace falta un régimen de fuerza. Este es el fondo de la cuestión.

France-Observateur, 7-2-63

France-Observateur, 7-2-63

Eso mismo explica la importancia y el carácter de los Consejos de Guerra que se han visto la semana pasada contra numerosos miembros del Frente de Liberación Popular. Uno de los procesados, Pablo Bordonaba, joven economista de 27 años que ha hecho sus estudios en Francia, después de explicar ante el Tribunal que el F.L.P. no es una organización comunista (él mismo es miembro activo de «Pax Christi») decía, sin embargo: «el F.L.P. se propone que la sociedad, que hoy está basada sobre el capital, esté basada sobre el trabajo». A esa situación se ha llegado en España por el egoísmo de los que han confundido la defensa de sus privilegios con el interés nacional.

Procesos y consejos de guerra

Y vamos a los procesos. El primero ha sido el seguido contra veintisiete acusados de Valencia, el segundo contra diecisiete de Barcelona, el tercero contra cinco del País Vasco. Queda otro por verse contra los acusados de Madrid y algún caso suelto de Santander y País Vasco. En todo y por todo ha habido cuatro absoluciones. Entre los valencianos había obreros, estudiantes, campesinos... don José Galán, presidente de «Caritas» de la diócesis, un locutor de la Radio, el Sr. Gener, el Sr. Pestaña... Todos acusados de incitar a la huelga por solidaridad con los mineros asturianos, de difundir propaganda ilegal y de tener contactos con comunistas y con el padre Baylos, ya condenado a ocho años de prisión.

Dos días después, Consejo de Guerra contra los catalanes, entre ellos cinco abogados. Doce abogados del Colegio de Madrid, vestidos con su toga, están presentes en la sala Don Ángel Abad, contra el que recaen mayores acusaciones (todas análogas a las del Consejo anterior) explica por qué no es comunista: «Pertenezco al F.L.P. precisamente porque es una organización que no obedece a consignas extranjeras». Con él, en el banco de los acusados están el dirigente de la HOAC, Sr. Verdura, dos antiguos seminaristas y el Sr. Benet, antiguo oficial del Ejército republicano. Este último declaró ignorar la razón de todas las acusaciones. El Sr. Abad ha sido condenado a seis años de prisión, pero las penas contra el Sr. Pestaña y otros de Valencia se elevan hasta diez años.

El Tribunal ha sido más benévolo para con los acusados del País Vasco, probablemente por la personalidad de algunos de ellos. El Sr. Recalde, abogado de San Sebastián, muy conocido en los medios católicos, colaborador de «Pax Christi» y de varias publicaciones católicas francesas, comparecía acusado de ser el responsable de Guipúzcoa del F.L.P., de haber mantenido contactos con los exilados, de haber colaborado a las huelgas de abril y mayo... Pero en la sala se hallaban también varios abogados franceses e ingleses, una decena de sacerdotes y el ex-ministro Sr. Ruiz-Giménez. Junto a él, en el banquillo, don Pablo Bordonaba y los Srs. Arrausquin, López González y Elorrieta, de Bilbao. Los acusados han mantenido valientemente sus posiciones; el Sr. Recalde ha mostrado la incongruencia de llamar comunistas a los afiliados a una organización, el F.L.P., cuyo programa, táctica, etc., discrepa de los del Partido comunista. La operación, iniciada hace meses por una nota de la Dirección general de Seguridad, consistente en hacer una amalgama entre F.L.P., comunistas, anarquistas y nacionalistas vascos ha quedado desmontada. El hecho de que la pena impuesta al Sr. Recalde sea de año y medio de prisión, de dos años y un día al Sr. Bordonaba y de un año a cada uno de los tres acusados bilbaínos, confirma la pobreza de las tesis acusatorias. Sólo ha quedado probado, porque nadie lo niega, la existencia del F.L.P. y su solidaridad activa con las huelgas iniciadas por los mineros asturianos. Sin embargo, la mala fe de los servicios del Sr. Fraga ha quedado establecida una vez más con un despacho de la agencia oficiosa «Cifra», reproducido por numerosos diarios: «Ante el consejo de guerra se ha visto la causa seguida contra diecisiete acusados de pertenecer a organizaciones clandestinas con fines subversivos, algunas de inspiración y matiz comunista». Así se informa de la verdad en España. La estafa intelectual del Sr. Fraga (que supera, por su hipocresía, a la que dirigió el difunto Arias Salgado) debe ser conocida en todo el mundo verdaderamente libre. ¿Por qué no citan las agencias a sus órdenes la frase del comandante que defendía al Sr. Abad: «Condenar a estos hombres equivaldría casi tanto como a condenar a la Iglesia»?

Una vez más el problema es el mismo. No se trata de comunismo, ni de anarquismo, ni de republicanismo. Se trata pura y simplemente de mantener el «statu quo» en provecho de unos cuantos nobles (que prescinden mejor del Rey que de sus tierras), del puñado de financieros que monopoliza la economía nacional, del puñado de generales que arrastran sus sables y, naturalmente, de los asalariados de lujo que desde altos puestos del Estado se hicieron cómplices de tanto delito y se aterrorizan ante la idea del más leve cambio.

Catástrofes y subida de precios

Se desbordaron el Guadalquivir y el Genil. Las casas se han derrumbado, las casucas modestas y encaladas de los campesinos andaluces; los daños materiales se calculan oficialmente en 3400 millones de pesetas, superando a los de la catástrofe de Cataluña en otoño. Solamente en Cádiz, 30000 trabajadores han quedado sin trabajo, sin su ya escaso jornal. El Caudillo, rodeado de Solís, de Fraga, de ese Sr. Cánovas (ustedes se acuerdan, ¿no? es ministro de Agricultura) ha recorrido las regiones devastadas, rodeado de policías. Una vez más, cualquier contratiempo, aunque venga de la naturaleza, descarga sobre los desamparados de la fortuna. ¿Cuáles son los daños que sufren los propietarios? Algunos miles de pesetas menos a ganar. ¿Y cuántos, decenas de miles de familias andaluzas? Todo: el hogar deshecho, el jornal perdido.

Y ayer y hoy, de nuevo sube todo en los mercados de Madrid. El litro de aceite, que hace un año estaba a 24 pts., hace un mes a 31, ahora está a 38. Las patatas han pasado en unos días de 3,80 a 6 pts.; las judías siguen la misma carrera. ¡Y decían que con los descargos de arbitrios municipales bajarían los precios al por menor! Este es un problema vivo, diario, que llega al alma de cada familia española a través del ama de la casa, como lo reconocía hace poco la revista Ecclesia. ¿Se arregla esto con las inversiones extranjeras? ¿Y con el Plan?

Que los lectores de Ibérica funcionarios del régimen (que los hay, queridos amigos y no pocos) no me tachen de parcial ni de demagogo. También ellos saben dónde reside la cuestión de fondo. Es una cuestión que interesa a todos, a España entera. Que interesa también a los «conservadores» (en el sentido del término que emplea el profesor Tierno Galván). No es posible que la diplomacia, la economía, el funcionamiento de las instituciones, la estructura sindical, la información, la edición, etc. se sigan haciendo -o deshaciendo- en función de un «status» de privilegio del que sólo goza una ínfima minoría. Ese «status» es el cuerpo extraño introducido en el organismo nacional que paraliza su marcha y lo amenaza de muerte. No es un asunto de «rojos» ni de «azules» sino de españoles a secas, de españoles de cuerpo entero.

TELMO LORENZO

Madrid, 26 de febrero de 1963



Índice del volumen 10

Enero-diciembre 1962

    Temas político-sociales

  • Contradicciones graves (Miguel Ortega López) [N.º 1]
  • Problemas nuestros: Cataluña y España (Ignacio Iglesias) [N.º 1]
  • España, 1961 (Xavier Flores)
    • II. La persistencia de los grandes males [N.º 2]
    • III. Las tareas de la oposición [N.º 3]
  • La lección de Punta del Este (Salvador de Madariaga) [N.º 2]
  • El absurdo asegura las dictaduras ibéricas (Henrique Galvao) [N.º 3]
  • El contenido ideológico del Opus Dei (Eugenio del Castillo) [N.º 3]
  • Otro 14 de Abril (José María de Semprún Gurrea) [N.º 4]
  • ¿Frente popular? (Salvador de Madariaga) [N.º 4]
  • ¿Qué puede ocurrir? (Miguel Ortega López) [N.º 4]
  • Así cayó Alfonso XIII (Preludio del libro de Don Miguel Maura) [N.º 5]
  • La tendencia europeizante del Opus Dei (Eugenio del Castillo) [N.º 5]
  • Hilo de Ariadna (Alfredo Mendizábal) [N.º 6]
  • Declaraciones del Sr. Sánchez-Albornoz [N.º 6]
  • La censura bajo Franco (Fernando Entreríos) [N.º 6]
  • Comentarios al artículo de Xavier Flores:
    • ¿Frente Común? (Víctor Hurtado) [N.º 6]
    • Un gobierno estable (anónimo) [N.º 6]
    • Jóvenes y viejos (Ernesto Navarro) [N.º 6]
    • El resurgir de España (Santos Martínez) [N.º 6]
    • Declaración de Izquierda Democrática Cristiana [N.º 6]
  • El «contubernio de Munich» (Xavier Flores) [N.º 7-8]
  • La Iglesia y las huelgas de España (Entrevista celebrada con una personalidad católica del interior) [N.º 7-8]
  • ¿Hacia una más justa distribución de la renta? (Steparius) [N.º 9]
  • ¿Es posible una dictadura sin censura? (Carta de España) [N.º 9]
  • España frente a Europa (Jesús Prados Arrarte) [N.º 10]
  • Notas sobre la vida cotidiana en Cataluña (Juan Castellá-Gassol) I [N.º 10]
  • Notas sobre la vida cotidiana en Cataluña (Juan Castellá-Gassol) II [N.º 11]
  • La alternativa. Articulación del país en la democracia (Manuel de Irujo) [N.º 11]
  • Declaraciones de Dionisio Ridruejo [N.º 11]
  • Punto de partida. Hacia la implantación de una auténtica democracia (Alfredo Mendizábal) [N.º 12]
  • La explosión de una nova en el firmamento económico. El caso de España (Gonzalo de Villafranca) [N.º 12]
  • Planes para el futuro (Ernesto Navarro) [N.º 12]
    Editoriales

  • Difícil equilibrio [N.º 1]
  • Comunidad ibérica [N.º 2]
  • España y el Mercado Común [N.º 3]
  • El Congreso Sindical [N.º 4]
  • Inquietudes africanas [N.º 4]
  • Estado de Excepción en España [N.º 5]
  • Dos poderes y un hombre [N.º 6]
  • La evolución de España [N.º 7-8]
  • La reorganización ministerial y su significado [N.º 9]
  • Propósitos claros [N.º 10]
  • Tema a discusión [N.º 11]
  • De espaldas a la Ley [N.º 12]
    Portugal

  • Portugal después de Goa. Entrevista con un emigrado político (De nuestro corresponsal en París) [N.º 2]
  • El absurdo asegura las dictaduras ibéricas (Henrique Galvao) [N.º 3]
  • La justicia en Portugal. La «PIDE» y los tribunales especiales (Entrevista con un abogado lisboeta en el exilio) [N.º 5]
    En recuerdo

  • Diego Martínez Barrio [N.º 1]
  • Indalecio Prieto [N.º 3]
  • Luis Nicolau D'Olwer [N.º 3]
  • Ángel del Río [N.º 4]
    Sin permiso de la censura

    (Crónicas de nuestro corresponsal en Madrid)


  • Viejas y nuevas inquietudes [N.º 1]
  • Las falsas reformas [N.º 2]
  • ¿Renovación o crisis? [N.º 3]
  • Marasmo [N.º 4]
  • La oposición de verdad... y la otra [N.º 5]
  • En España empieza a amanecer [N.º 6]
  • El fracaso de cinco años de diplomacia [N.º 7-8]
  • Extraño liberalismo [N.º 9]
  • Preocupaciones estivales [N.º 9]
  • Hoy, igual que ayer [N.º 10]
  • La fachada [N.º 11]
  • Tríptico [N.º 12]
    Documentos

  • Dos mensajes sobre la visita del Secretario de Estado Rusk a Madrid:
    • Telegrama del Consejo Ibérico al Presidente Kennedy [N.º 1]
    • Carta de algunos grupos de la oposición al señor Rusk [N.º 1]
  • La situación de los emigrantes vista por un capellán español (de Comunidad, Ginebra) [N.º 1]
  • Castiella solicita la entrada de España en la C.E.E. (Texto de la carta del ministro) [N.º 3]
  • Los obispos y la injusticia social:
    • Una circular del obispo de Bilbao [N.º 4]
    • Carta pastoral del arzobispo de Sevilla [N.º 4]
  • El dictador Franco (Extracto del discurso del senador Stephen M. Young) [N.º 5]
  • Declaraciones del Sr. Sánchez-Albornoz [N.º 6]
  • Declaraciones de las organizaciones obreras católicas [N.º 6]
  • Un discurso histórico (Texto íntegro del discurso pronunciado por Don Salvador de Madariaga ante el Congreso del Movimiento Europeo en Munich) [N.º 7-8]
  • La oposición democrática y la visita del Sr. Stevenson (Declaración del Comité Coordinador) [N.º 9]
  • Declaraciones de Walter Reuther (ante el Congreso Mundial de los Sindicatos Libres en Berlín) [N.º 9]
  • Voces liberales de la Iglesia:
    • Un discurso del R. P. Escarré [N.º 10]
    • Y unas palabras de un párroco [N.º 10]
  • Acuerdo de la Alianza Sindical [N.º 11]





ArribaAbajo Editorial

Al descubierto


Nuestro editorial del pasado mes de febrero terminaba señalando la necesidad de impedir que España siguiera jugando en los dos tableros: Washington y París. Veíamos, pues, claro que el general Franco llevaba un doble juego, pero lo que no aparecía claro era si pretendía ganar en ambos o si su secreta intención era oponer uno al otro.

Las intensas actividades de carácter militar desarrolladas en Madrid durante la primera quincena de febrero; los comentarios de la prensa española respecto a esa pretendida alianza militar entre Francia y España que llegaban a señalar la posibilidad de utilizar el Sahara español como base de experiencias atómicas francesas y ofrecer el uranio español a Francia; el énfasis puesto en presentar los proyectos de De Gaulle de una tercera fuerza en Europa, con la ayuda de España y Portugal, y la audacia con que han sido tratados estos temas, han podido inducir a la creencia de que España, es decir, el general Franco, apostaba fuertemente a la carta francesa y se alistaba en el proyecto de esa «tercera fuerza capaz de oponerse a los Estados Unidos y a Rusia».

Al mismo tiempo la prensa y la radio anunciaban la visita de los ministros franceses de Relaciones Extranjeras y de Hacienda y la del subsecretario americano de Defensa Sr. Roswell Gilpatric. Pero he aquí que, de la noche a la mañana, se desmiente oficialmente el proyecto de viaje de los ministros franceses y queda suspendida la visita del Sr. Gilpatric a España.

Se ha insinuado si esta ofensiva de amistad hacia España, dirigida por el general De Gaulle, no envolvía dos finalidades: una el decidido propósito de ayudar y favorecer la entrada de España en el Mercado Común, en oposición a la candidatura de Inglaterra; otra una intencionada maniobra para crear nuevas dificultades en el seno de la Alianza Atlántica.

Examinando fríamente los acontecimientos desarrollados en España, y otros en conexión con ella, se puede apreciar claramente la situación. El general De Gaulle, sintiéndose respaldado por los acuerdos con Alemania, inició la ofensiva con la finalidad de anexionar España a sus acariciados proyectos de la «nueva Europa», anexión que, de haberse llevado a cabo, implicaba pactos militares, económicos y diplomáticos. Por su parte el general Franco abrió las puertas de par en par a unas negociaciones que, según sus cálculos, no podían menos que favorecerle, de una u otra manera; pero entendámonos, el abrir las puertas a una negociación preñada de riesgos, no significa ni significará nunca en la táctica franquista cerrarlas para otras. Así, el general Franco ha escuchado las propuestas francesas con su mejor semblante, ha dado amplia publicidad a los requerimientos del país vecino y, a continuación, se ha parado en medio de la ruta que Francia abría delante de él.

Como las pretensiones francesas -que no ofrecían ventajas substanciales a Franco- no han sido aceptadas en su integridad, el general De Gaulle se ha apresurado a de tener el curso de las negociaciones. Ya no pasarán los Pirineos el Sr. Couve de Murville ni el ministro de Hacienda Sr. Giscard d'Estaing. El general Franco no ha tragado el anzuelo que podía arrastrarle sin probabilidades de resurrección.

¿Oponía el Caudillo el juego francés al americano? A nuestro juicio, sin la menor duda. Las condiciones que el general Franco pretendía imponer para la renovación de los acuerdos con los Estados Unidos -a las que se les ha dado una publicidad oficiosa-, la coincidencia de las negociaciones franco-españolas con la revisión de los acuerdos norteamericanos, la actitud descortés del gobierno franquista simulando pretextos para diferir el viaje del Sr. Gilpatric y, en fin, el doble juego descubierto, patentizan que la apuesta firme estaba sobre el tapete americano. Pero por esta vez las habilidades franquistas no han tenido éxito. Queda señalado el punto en que se encuentran las negociaciones con Francia; respecto a los Estados Unidos, España proclama con insistencia que la base de La Rota es la prenda de más peso que tiene Franco en sus manos para formular sus exigencias.

Pues bien, las autoridades bien calificadas americanas se han expresado de manera inequívoca sobre el asunto (véase). El senador Morse ha declarado que las bases de España están ya anticuadas añadiendo que esas bases nunca debieron haber sido construidas y que ha sido un error histórico de los Estados Unidos ayudar a los países fascistas, España y Portugal. De otro lado fuentes oficiales han declarado que la Marina de los Estados Unidos tiene a su disposición otras tres bases en el Mediterráneo más convenientes que La Rota.

Por último debemos anotar esta reciente noticia: El Departamento de Defensa ha dado detalles sobre una propuesta al estudio según la cual se podría disponer de una fuerza multinacional de Polaris montada en barcos sobre la superficie, disfrazados como barcos mercantes, en el mediterráneo y en el Norte de Atlántico. Esta flota la integrarán 20 ó 30 unidades.

El dictador español ha quedado al descubierto. Los coqueteos con las propuestas de Francia, en definitiva, no han llegado a nada positivo y las exigencias para la renovación de los acuerdos con los Estados Unidos tendrá que olvidarlas si quiere que el contrato se revalide. Por esta vez los procedimientos «hábiles» del general Franco le han dado un resultado negativo, gracias a ellos queda a merced de su «partner» de más calidad los Estados Unidos.




ArribaResumen de noticias

Trayectoria de las relaciones París-Madrid

MADRID, 2 marzo, Ibérica: -El 30 del pasado mes de enero, el general Franco recibía al ministro francés del Interior, Sr. Roger Frey, a quien acompañaba el ministro español de la Gobernación D. Camilo Alonso Vega. Ese mismo día el periódico ABC, en un comunicado de París de la agencia EFE bajo el título «¿Un eje París-Madrid?», decía lo siguiente refiriéndose a un editorial de Le Monde:

El presidente de la República francesa siente cierta admiración por la habilidad política del Caudillo. Existe entre ambos un evidente parentesco filosófico y, más marcadamente aún, una misma obstinación en defender, a través de todas las vicisitudes de una época confusa, la soberanía nacional.

El Jefe del Estado español no oculta la admiración que le inspira la manera con que el general De Gaulle ha restaurado en Francia el orden y la autoridad. Hoy ve la posibilidad de utilizar la actitud espontánea adoptada por el presidente de la República francesa respecto a Estados Unidos, como un argumento suplementario para tenérselas tiesas a Washington en negociaciones que van a iniciarse para la revisión de los acuerdos bilaterales de 1953.



El general Ailleret

El día 3 de febrero llegó a Madrid el general Ailleret, ese mismo día el periódico falangista Ya sugería hacer extensiva la cooperación militar que el general Ailleret venía a ofrecer, al terreno nuclear y resaltaba el valor incuestionable del Sahara español, señalando que podía llegar a convertirse en una base de experiencia y una plataforma de lanzamiento. Apenas llegado a Madrid el general Ailleret la radio española anunciaba en todas sus emisiones que el Sr. M. Roswell Gilpatric, subsecretario americano del Departamento de Defensa, llegaría a Madrid para entablar conversaciones sobre la revisión de los acuerdos sobre las bases militares que deben renovarse en septiembre. Al mismo tiempo los periódicos anunciaban la llegada en plazo breve del ministro francés de Negocios Extranjeros, Sr. Couve de Murville.

El barómetro desciende

Todas estas actividades internacionales llenaban de regocijo a los círculos franquistas, oficiales y no oficiales, pero el horizonte cambió de la noche a la mañana. La visita del subsecretario americano del departamento de Defensa, Sr. Gilpatric, se suspendió, el anunciado viaje del ministro francés de Negocios Extranjeros se borró del calendario cuando el Gobierno francés desmintió la noticia, sin que la prensa española haya insertado la menor rectificación. Respecto a la visita del Sr. Gilpatric se dijo que se aplazaba «para poder estudiar ambas partes los términos de los acuerdos con los Estados Unidos».


El aplazamiento de la visita del Sr. Gilpatric

MADRID, 12 febrero, Ibérica: -Aunque las noticias que han circulado por aquí atribuyen a la iniciativa española el aplazamiento de la visita del subsecretario norteamericano, la vaguedad de las declaraciones sobre el particular del ministro de Información Sr. Fraga y el ambiente oficial que hemos podido apreciar, dejan ver que la visita ha sido aplazada por decisión de los Estados Unidos.

El gobierno de Franco ha pedido «el oro y el moro» y el gobierno de Norteamérica ha estimado que debía estudiar con detenimiento las inauditas pretensiones del general Franco, ¿Cuáles son estas pretensiones? Según nuestras informaciones las siguientes:

a) Que el Tratado sea de alianza y no de ayuda, lo que implicaría la paridad política y el derecho a ser consultado en una serie de aspectos de la política internacional.

b) Explotar a fondo el interés que pueda tener la base de La Rota en dos direcciones; una presionando para su entrada en la OTAN, otra hacerse pagar un precio más elevado.

c) Obtener aviones modernos, mísiles antiaéreos, nuevos equipos para la flota y armamento moderno para cinco divisiones de infantería. Todo lo cual equivaldría en costo a unos 250 millones de dólares que el gobierno de Madrid desea se le otorgue como ayuda gratuita.

Al parecer, estas peticiones han sido formuladas hace dos semanas a una comisión norteamericana que estuvo aquí y se entrevistó con el general Muñoz Grandes.


Los acuerdos con Francia

MADRID, 16 febrero, Ibérica: -Después de varias entrevistas, consultas y cabildeos se ha llegado con las autoridades francesas a un acuerdo militar que comprende principalmente la utilización de las islas Canarias como base para la flota francesa. En el momento de escribir estas líneas la flota francesa del Mediterráneo ha salido de Tolon con dirección a dichas islas. Se han adoptado también puntos de vistas comunes hacia una posible coordinación militar para la política a seguir en África del Norte y del Noroeste. Otros acuerdos políticos y diplomáticos se han insinuado, pero, no se ha llegado a ninguna conclusión definitiva. Las dificultades vienen de Francia ante la actitud poco clara del gobierno franquista, que se interpreta como maniobra para negociar con los Estados Unidos.


La televisión francesa y la española

PARÍS, 22 febrero, Ibérica: -El diario París-Presse-L'Intransigeant en su edición del 16 de este mes, inserta la noticia siguiente: «Robert Bardaz, director general de la Televisión francesa, ha estudiado con el conde de Motrico, embajador de España en Francia, las posibilidades de colaboración técnica sobre las televisiones de los dos países».


Comentarios de la prensa

The Washington Post

Extractamos de un editorial del Washington Post del 8 de febrero los siguientes párrafos:

En los asuntos interiores como en los internacionales, Franco ha demostrado ser un maestro en el juego de oponer un bando a otro. En España interviniendo entre el Ejército, la Iglesia, los negocios y entre los terratenientes, monárquicos y Falange. Ha hecho las mismas maniobras en los asuntos extranjeros, tomando lo más y dando lo menos.

El Secretario de Defensa McNamara ha indicado claramente que el día de las bases en el extranjero está pasando, y pronto los Polaris y los mísiles harán anticuadas las instalaciones como las de España... Si hay un olor de chantaje en las peticiones españolas, los Estados Unidos no pueden prestarse al juego necio del maestro de maniobras de Madrid.



El mismo periódico en su edición del 14 del mismo mes, insertaba una comunicación de S. Hensley de la que acotamos lo siguiente: «En la actualidad fuentes oficiales afirman que la marina de los Estados Unidos tiene la posibilidad de elegir entre tres bases en el Mediterráneo para los Polaris, cualquiera de las cuales puede ser más conveniente que la de La Rota. No se dio ninguna información sobre los emplazamientos de estas bases».

The Christian Science Monitor

De Boston, del 15 de febrero, en una crónica de su corresponsal en Washington, R. Brunn, dice, entre otras cosas lo siguiente:

En los círculos oficiales de Washington sé cree que España espera obtener ven tajas con la «apuesta De Gaulle». Quizá espera obtener una ayuda económica más importante de los Estados Unidos y presionar para su entrada en la OTAN y posiblemente para su ingreso en el Mercado Común.

El senador J. W. Fulbright, de Arkansas, presidente de gran influencia en el Comité de Relaciones Extranjeras (Foreign Relations Committee), dijo con firmeza: «No queremos conceder nada. El contrato debe quedar como es. O tomarlo o dejarlo».



Le Journal de Genéve

Genéve, 8 febrero, Ibérica: -El Journal de Genéve publicó ayer en su primera página un artículo de Raymond Silva del que reproducimos el párrafo siguiente:

Los avances del general De Gaulle son siempre calculados. En todo caso constituirán una carta para el gobierno español cuando negocie con el presidente Kennedy. Pero así y todo, a menos que un cambio inesperado se produzca, España no volverá nunca la espalda a América, nunca renunciará a la seguridad militar, económica y financiera que le procuran los Estados Unidos en favor de una Europa salida directamente del cerebro del general De Gaulle y de la que lo menos que se puede pensar es que su último estallido no ha contribuido a reforzar la unidad.



El mismo periódico, en su edición de hoy publica otro; artículo sobre las probables alianzas, del que reproducimos lo siguiente:

El general De Gaulle y los otros europeos pueden interesar a Moscú bien oponiéndose a América bien poniendo a Alemania en cuarentena. La conducta actual del presidente francés respecto al presidente Kennedy es en extremo satisfactoria desde el punto de vista soviético. Por el contrario, su conducta respecto a Alemania y España se juzga en extremo chocante.



Le Peuple de Bruselas

En su edición del 7 de febrero y bajo el título «La volonté de déduaner Franco» (El deseo de sacar a Franco de la Aduana), inserta un artículo del que reproducimos lo siguiente:

La ofensiva de los medios de derecha para integrar la España en Europa se precisa ya. Pero para los socialistas de los seis países de la Comunidad, hacer Europa no es una finalidad en sí, no puede tratarse de una Europa cualquiera, esta es inseparable de un cierto contenido democrático.

La Francia gaullista, sometida ella misma a un régimen autoritario, ha saboteado la entrada en Europa de la Gran Bretaña, tierra de tradición democrática si las hay. No es para el régimen gaullista el sustituir un régimen nacido en las mismas condiciones que el nazismo en Alemania y él fascismo en Italia y que no ha podido sobrevivir sino por el oportunismo de Franco.



Le Nouveau Candide

Bajo el título «El Eje del que se habla», dice en su edición del 8 de febrero: «El presidente de la República tiene por costumbre, al comenzar los Consejos de Ministros, de excusar con cierta elocuencia las ausencias. El miércoles 30, hablando de Roger Frey dijo: "El señor ministro del Interior está en España. Esto va a permitir a nuestros amigos anglosajones hablar de un eje París-Madrid"».

A continuación y bajo el título «Franco escoge su regalo», dice el citado periódico: «En Madrid se cree firmemente, a pesar de haberse negado la noticia en París, que el general Franco visitará al general De Gaulle este año y se dan detalles del regalo que piensa ofrecerle: una colección de proyectos de dibujos de Goya».

Le Canard Enchainé

Este semanario satírico publica desde hace algún tiempo una sección titulada «La Cour». En ella, su redactor André Ribaud comenta en el estilo de Saint-Simon los acontecimientos más importantes de la política francesa y sobre todo cuanto se relaciona con la actitud o el pensamiento de De Gaulle. En la crónica de hoy, 13 de febrero, se expresa en estos términos respecto a las relaciones hispano-francesas:

En cuanto al Rey de España, sobrepasa a su primo de Francia por su manera oblicua, los pensamientos retorcidos y las maneras sinuosas. Confinado en el extremo meridional de Europa, ejercía en su distrito una dictadura y una cautela socorridas durante diez años por el oro de América. El Rey había pensado separarle de la protección de los señores de Washington para ofrecerle sus subsidios y subsistencias. Franco aceptó las caricias, las salidas ofrecidas, pero eludió las redes y no quiso morder el anzuelo medianamente engrasado. Después de algunas gentilezas, hizo comprender a los emisarios reiterados de París que el Rey de Francia era demasiado pequeño compañero, y tenía muy poca gracia para que el Rey de España prefiriera su protección a la de Kennedy.



La prensa inglesa

El Sunday Express de Londres, en su edición del 3 de febrero, inserta una crónica de Wilfrid Sendall bajo el título «¿Pide De Gaulle que termine Franco con las bases de los E. U.?» de la que reproducimos los siguientes párrafos:

Los pasos dados hacia un tratado militar entre el general De Gaulle y el general Franco, han despertado el temor de una crisis diplomática que puede resquebrajar la alianza del Oeste.

Se cree que el presidente francés va a proponer al dictador español concluir una alianza militar a condición de que éste ponga fin al convenio establecido con los Estados Unidos, en virtud del cual disponen de cuatro bases estratégicas en España. Es significativo que esta rápida reanudación de los íntimos contactos entre Francia y España lleguen en el mismo momento que se están revisando el contrato con los Estados Unidos.

Del Daily Herald, de Londres, del 4 de febrero, reproducimos el texto siguiente: «El embajador británico en Washington, Sir David Ormsby, dijo a los americanos hoy que teme que el Presidente De Gaulle pueda proyectar una alianza con Rusia».

La prensa escandinava

Estocolmo, 12 febrero, Ibérica: -El periódico Expressen (liberal) de esta capital en su edición del10 de este mes, publica un editorial titulado «Cortejando a Franco». De él reproducimos los siguientes párrafos:

Ahora que Francia se pone a cortejar a Franco hay motivos para recordar que los Estados Unidos dan nuevos pasos en el mismo sentido con la finalidad de renovar los acuerdos este otoño. Franco sacará provecho de esta rivalidad tratando de conseguir ventajas de una y otra parte. Como los Estados Unidos pueden pagar más, es de suponer que el jefe del Estado español insistirá en que se le reconozcan similares derechos a los de la Alianza occidental, preferentemente que se le acepte como miembro de la OTAN.

Pero Franco tiene muy pocas probabilidades de ver cumplidas esas exigencias. El diario Aktuelt, órgano del gobierno danés, ha dicho recientemente que «una España bajo el gobierno del general Franco es inadmisible como miembro del Pacto Atlántico. Parece que hay más miembros de la OTAN que piensan de la misma manera. Y todos tienen el derecho al veto cuando se trata de ingresar en el "club"».




«Mourir á Madrid»

PARÍS, 22 febrero, Ibérica: -Toda la prensa parisién, diarios y semanarios, publican comentarios valiosos sobre ese film de Frédéric Rossif «Mourir á Madrid», presentado el martes 19 en su versión íntegra en una sesión de gala privada. Se anunció que sería proyectado en los cines de París en la semana próxima. El ministro de Información concedió el permiso, el de Asuntos Extranjeros lo negó.

Le Monde del 20 de este mes dice: «El film no será presentado el viernes como estaba anunciado. Se trata de un aplazamiento y será presentado a partir del 15 de abril. Como se trata de un film exultante por los documentos impresionantes, el valor y el combate de los republicanos españoles, ciertas personas pensarán que este aplazamiento no es debido a retrasos administrativos, sino a razones de oportunidad política». El periódico Combat del 20 decía: «Después de una semana de incertidumbre el ministro de Información concedió la "luz verde", pero los distribuidores no tenían aun el visado de la censura. Ayer se anunció que se aplazaba la proyección hasta el 15 de abril. En este asunto si se trata de un veto que nos lo digan. ¿No tendrá la censura ya el valor de sus decisiones?».

Le Canard Enchainé del mismo día se expresa así: «He aquí el documento más conmovedor, más doloroso, más noble y el más objetivo de la guerra de España. Delante de nuestros ojos aparece Guernica, los combates del Alcázar de Toledo, el asesinato de Federico García Lorca, las brigadas Internacionales y los aviones de Malraux... los mercenarios italianos y los nazis que tomaron esta guerra como banco de ensayo de sus bombarderos. Verdaderamente no es posible dejar de ver "Mourir á Madrid"».

L'Express del 21 de febrero y bajo la firma de Françoise Giroud, directora del prestigioso semanario, inserta una extensa, profunda y conmovedora crítica de la que extraemos los párrafos siguientes: «"Mourir á Madrid" no es una obra de arte, regada de sangre todavía fresca y de la emoción particular de un escritor. Es un film sencillo, como lo que cuenta: el asesinato de un pueblo por su Ejército y su Clero». «¿Por qué una generación entera tiene el mal de España? ¿Por qué ese film es infinitamente más doloroso y, en cierto sentido, más actual que otros relatos más próximos a nosotros por el tiempo?».

«Es que, yo así lo creo, porque pone al desnudo, voluntariamente o no, la clásica traición de la izquierda por ella misma»: «Aunque el film está meticulosamente trabajado, "Mourir á Madrid" parece fluir de una fuente, como una lágrima».


Los senadores americanos y las bases

Los párrafos siguientes son extractos de varios discursos pronunciados en el Senado americano. Hemos recogido los que hacen referencia a la renovación de los acuerdos sobre las bases en España.

8 de febrero

Senador Richard R. Russell, Demócrata. Es presidente del Comité de los Servicios Armados:

...Para mí es muy difícil entender que pueda surgir cualquier dificultad respecto a la prolongación del arriendo de las bases en España. No me acuerdo de la cantidad exacta que hemos gastado para construir esas instalaciones, pero estoy seguro que será más que un billón de dólares...

No se me alcanza ninguna razón válida para un aumento, sea de la clase que sea, en los pagos por estas bases. Hemos sido muy generosos con España. Hemos renovado su Marina. Hemos suministrado aviones para su fuerza aérea. Hemos suministrado una gran cantidad de productos agrícolas... Sería para mí ciertamente una gran perturbación si tuviera que creer que España está a punto de exigir un gran aumento... cualquier aumento en los pagos por estas bases está completamente injustificado.



Senador Leverett Saltonstall, Republicano. Es el primer miembro republicano del Comité de los Servicios Armados:

Sr. Presidente: como persona que ha visitado esas bases en España, estoy absolutamente de acuerdo con lo que el distinguido presidente del Comité ha dicho.



11 de febrero

Senador Ernest Gruening, Demócrata:

...el miércoles pasado el distinguido senador Russell, quien ha servido por mucho tiempo como presidente del Comité de Servicios Armados, ha prestado un servicio público de gran valor llamando la atención sobre un editorial aparecido en el periódico matutinal bajo título «España parece evasiva en las discusiones sobre las bases».

El senador Russell merece todo el crédito por haber dado esta voz de alarma porque, parece probable, juzgando por la experiencia del pasado, que el dictador Franco va a probar de «subir su apuesta».

El llamar la atención a esta posibilidad inminente sin duda ha provocado un excelente editorial aparecido en The Washington Post el viernes pasado con el título «Las Bases Españolas». Termina con esta sabia sugestión:

"Si hay un olor de chantaje en las demandas españolas, los Estados Unidos no deben permitir que les tome por tonto este maestro de maniobra de Madrid.

"Naturalmente el 'maestro de maniobra' es el Dictador Franco.

"España es un claro ejemplo de un país sacado del marasmo económico hasta la prosperidad, gracias a los dólares de los contribuyentes americanos. Franco debiera haber recibido con regocijo nuestras bases como ayuda para combatir el comunismo, al que suponemos que él se opone, y no haber tratado de exigir hasta el último dólar".



14 de febrero

Senador Wayne Morse, Demócrata. Miembro del Comité de Relaciones Extranjeras:

...Hemos leído relatos sobre la visita del Sr. Gilpatric a España para negociar con un portavoz del gobierno español el asunto de las bases de los Estados Unidos, y que ha sido insultado y desairado por dicho portavoz español en una declaración hecha a la prensa, en la que se decía que iba a cazar y no estaría disponible para ver al representante de los Estados Unidos. En lo que se refiere a mí, este portavoz español puede seguir cazando indefinidamente, porque estas bases están ya anticuadas. Nunca debieron haber sido construidas; estaré siempre orgulloso de haberme opuesto desde el principio. Ha sido un error histórico para los Estados Unidos ayudar a los países fascistas, España y Portugal. En lo que a mí se refiere, anuncio ahora que no voy a votar, en el Comité de Relaciones Exteriores, un solo dólar más para ninguno de estos países... estoy cansado de la clase de cooperación que hemos venido recibiendo de España y Portugal.



Senador Frank Carlson, Republicano. Miembro del Comité de Relaciones Extranjeras:

En mi opinión, la colaboración no es tan importante para nosotros que debamos seguir pagándola para siempre. Por ejemplo, si Portugal y España quieren ahora subir el precio de las bases, sería mejor para nosotros retirarnos y dejar a estos países presentar sus demandas a De Gaulle, y ver lo que él está dispuesto a pagar yo me refiero tanto a las peticiones financieras como a las políticas.



Senador Frank Church, Demócrata. Es miembro del Comité de Relaciones Extranjeras:

Yo alabo al senador mayor de Oregón (Senador Morse) por el gran servicio que está prestando hoy al Senado.





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