Ibérica por la libertad
Volumen 3, N.º 11, 15 de noviembre de 1955

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Generalmente los hombres no nos damos cuenta de nuestro emplazamiento en el mundo que nos rodea. Tenemos el absoluto yo que nos basta y aun nos sobra en nuestra más o menos accesible intimidad. Y para el mundo de lo otro, de todo lo otro, una actitud defensiva de hombres prudentes o agresiva de animales de presa. Raramente una actitud de virtuoso entendimiento.
La síntesis de las dos actitudes la ignoramos. La hacen los demás y a ella se atienen y por ella nos juzgan. Todavía ignoramos más la significación de esa síntesis en el panorama del tiempo en el que está insertada y lo que añade o quita o modifica en esa perspectiva.
Con la sociedad pasa lo mismo. En general ignoramos lo que nuestro grupo social representa en relación con los anteriores y con los que están llegando. Se podría decir que la sociedad se ignora a sí misma igual que el individuo.
Todo esto es para dejar establecido simplemente que los españoles estamos entrando sin darnos cuenta en un nuevo periodo clásico en lo que se refiere a las artes y más concretamente a la literatura. Probablemente estarnos va en ese nuevo clasicismo. Es decir, en sus albores.
En los últimos tiempos he leído la mayor parte de lo que en España se escribe y publica porque no quiero ser ligero ni apasionado en mis opiniones. Por una casualidad pintoresca he leído también dos manuscritos, uno de teatro y otro de ensayos críticos que me han enviado dos autores jóvenes desde Madrid.
También he releído mucho de lo que los escritores han publicado en el exilio. La conclusión no puede ser más feliz. La verdad es que gracias a los escritores de dentro y de fuera estamos entrando en uno de esos periodos de abundancia y de riqueza que se producen rara vez en la historia de los pueblos.
Recuerdo que Valle Inclán me decía, a veces: «Vivimos en un tiempo ideal para producir una gran literatura. Estoy seguro de que alguien va a escribir un nuevo Quijote». Luego con aquella inclinación a un abandono casi infantil que pocos han visto en Valle Inclán y de la que nadie ha hablado aun, iba proponiendo nombres en broma. Reíamos cuando las hipótesis eran más absurdas.
Pero tenía razón. Una de las señales propicias es para mí la desaparición de la literatura literaturizante, es decir de lo obvio insistente en la expresión. Y de la retórica. No es que todas las formas retóricas estén mal. Pero siempre hay una clase de retórica que repugna y otra que atrae. Las dos señalan una moda literaria y a veces algo más: una época histórica.
De la abolición de una retórica establecida y de uso común nace la desnuda expresión de un tiempo nuevo. El final de un periodo clásico se define entre otras cosas por la creación de una retórica nueva que va ahogándolo todo en un océano de palabras. Así terminó el siglo XVII. ¿Cómo había comenzado ese mismo siglo? A fines del anterior todos los españoles que toman la pluma lo hacen para decir de un modo directo y desnudo algo substancial.
El santo del siglo XVI escribe igual que el soldado y el cronista ducho en humanidades. Santa Teresa escribe igual que Bernal Díaz del Castillo y que el Inca Garcilaso. Y los tres son poetas sin proponérselo. Esto suele pasar cuando la vida de cada uno está llena de sentido transcendente. Si los actos nuestros de cada día están llenos de significación el más mínimo de ellos contado de un modo directo y sin énfasis puede convertirse en una página inolvidable. Todas las páginas del siglo XVI son inolvidables.
Al menos en la prosa. Estamos hoy en camino de algo parecido. Nuestros actos tienen dimensiones más inefables que en las generaciones anteriores en las que lo convencional estaba sólidamente cristalizado y la virtud producía todavía dividendos en la tierra y en el cielo y el crimen era el crimen. Hoy, roto y superado lo convencional cada cual tiene que expresar un mundo moral propio. La vida ha puesto a casi todos los españoles de dentro o de fuera en la coyuntura fatal en la que sus nervios alcanzan la máxima tensión, su alma la máxima turbación, su mente la clarividencia o la confusión máximas. Es decir, todos hemos sido de un modo o de otro terriblemente desgraciados o monstruosamente -orgiásticamente- felices. Y no hemos llorado ni reído. Nadie llora. Ni ríe. Solo «nos fijamos mucho», como el búho del cuento.
Una parte de esta sociedad española de hoy escribe su pena sin retórica y a veces por un misterio que corresponde al sabido metabolismo de la conciencia transforma ese dolor en un sereno conocer. O tal vez en la risa de Sileno. O en locura lírica.
Como en todos los periodos clásicos en este que comienza hoy hay una plétora de poetas, es decir de autores de poemas. En el siglo XVII esos poetas escribían los gozos de San Antonio que recitaban los ciegos mendicantes en las esquinas. Hoy escriben las glorias de Stalin, por ejemplo. O de otros «santos». Es una forma de mendicidad que produce un poco más.
Pero hay menos poetas chirles que entonces, no porque sean más inteligentes sino porque han aprendido a salirse de la pauta del intelecto y han descubierto la gozosa facilidad de la incongruencia. En el siglo XVII se escribían sonetos con ideas. En el siglo XIX (en Francia e Inglaterra al menos) ya se escriben solo con palabras. Ahora se hace la poesía con insinuaciones de gestos, alusiones parabólicas a estados indefinidos de sensibilidad. Es difícil no ser inteligente porque la inteligencia tiene muy poco que ver en la lírica pura. La lírica moderna más que la develación de la inteligencia es la graciosa redención de la estupidez. Lo digo, sin intención peyorativa alguna.
La dificultad hoy como ayer está en la prosa. Un joven poeta suramericano me decía días pasados «Estoy tratando de escribir una novela, pero no sé si continuaré. La prosa es mucho más difícil que la poesía». Esa noción de l a dificultad de la prosa (de la responsabilidad de la mente analizadora y especuladora) se da también en los periodos clásicos. Algún lector preguntará: ¿no es la espontánea riqueza de la prosa uno de los hechos que caracterizan este periodo que vivimos? ¿Si es espontáneamente rica, cómo puede ser difícil?
Ah, ese es el secreto.
Porque siempre hay un secreto que no se puede revelar, en el arte. La última ventana sobre ese caos virgen sin el cual no hay arte posible. Lo que podemos hacer es señalarlo, pero no seré yo quien trate de explicarlo. Tampoco los religiosos (los verdaderos, no los usufructuarios de la iglesia) tratan de explicar a Dios.
La idea es platónica, pero es de hoy. En realidad la historia del arte será un proceso inacabable de neo-neo-neo... etc., platonismo.
No sólo tenemos más poesía lírica que nunca a lo largo de la historia sino también mejor teatro y ensayo. Y aunque en una dosis menor (el número y la cantidad importan poco) mejor novela, también. Demostrar esto me obligaría a largas y minuciosas argumentaciones, a citar nombres y compararlos entre sí y a otras muchas cosas incómodas y arriesgadas. No lo haré por ahora pero pondré un ejemplo limitándome a uno solo de los géneros. Los lectores advertidos encontrarán por sí mismos los ejemplos en lo que se refiere a la poesía, al ensayo o a la novela.
El teatro es uno de los géneros en el que siempre hemos sido ricos, pero nunca tanto como ahora. Descontando a Benavente y a la caterva de los que siguen caminos trillados tenemos cinco autores de primer orden, lo que no ha sucedido en el periodo romántico ni en el clásico. Cinco autores con su propio mundo bien definido. Citándolos por orden de edad son jacinto Grau, García Lorca, Alejandro Casona, Buero Vallejo y Alfonso Sastre. A pesar de la juventud de algunos de ellos todos tienen va su obra maestra de la que se hablará en el futuro como hablamos hoy de La Estrella de Sevilla de Lope o del Alcalde de Zalamea de Calderón. Y no citamos a Valle Inclán cuya influencia en el teatro poético de ahora es evidentísima, por considerarlo en lo que a la escena se refiere como a un autor experimental que abre caminos y descubre tierras para que otros las colonicen.
Si la censura no agobiara la imaginación de los mejores en España veríamos maravillas. Las veremos así y todo, algún día. Si se compara el teatro de esos autores con los laboriosos y estériles esfuerzos de Azorín o con las manidas comedias de Benavente nos daremos cuenta del camino recorrido, de la enorme distancia que nos va separando de la literaturizante escena del primer cuarto de siglo.
El que pudo haber sido un innovador del teatro en el grupo del 98 fue Baroja cuyo verdadero talento estaba tal vez en el ensayo y en el teatro. Las pocas comedias que ha escrito son de una densidad psicológica y de una plasticidad -y lo qué es más raro, de una gracia- soberbias. Quizá lo alejó de la escena por un lado el rigor de la disciplina del dramaturgo y por otro el recelo de la convivencia con los cómicos, gente extravertida y amablemente incómoda para los caracteres taciturnos.
Fuera y dentro de España la vida intelectual es más rica que en periodos anteriores. Como es obligado entre los españoles, fuera y dentro de España, la política le va mal a la literatura. Dentro de España por el dogal de hierro de la censura. Fuera, entre los emigrados, por la indiferencia de los grupos políticos. Recientemente me he dado el gusto de ojear la colección de un semanario republicano en la emigración y aunque he visto a cada paso los elogios más disparatados dedicados al discurso de cualquier político de tercer o cuarto orden (lleno de lugares comunes) no he visto a lo largo de cinco años una sola alusión al éxito de una comedia de Casona, de un libro de ensayos de Madariaga o a la publicación de una novela mía. No es que me queje. Tiene mi modesta obra mucho más eco del que merece. Y además si no lo tuviera me daría lo mismo. A todos nos va a llevar la trampa, un día.
Sin embargo el hecho más importante de nuestros días es este renacer del genio hispánico dentro y fuera de España que restablecerá el crédito perdido por los grupos políticos. Lo que no quiere decir nada contra la política en sí misma, sino contra los que la representan hoy. No es raro que un periodo de esplendor de las letras corresponda a un periodo de envilecimiento político. España en el siglo XVII era por culpa de los Felipes el rigor de las desdichas. Se ha salvado al fin ese siglo en la historia por sus escritores.
Yo no sé si los escritores salvarán, en la historia, a la España de hoy, pero si las cosas siguen por el camino que llevan no sería raro. Los políticos como siempre hacen todo lo posible por evitarlo. Dentro de la península por el terror. Fuera, por la indiferencia, la ignorancia y la desidia que encubren un resentimiento latente. Sin embargo y por un curioso contrasentido son ellos los que hablan más de la patria y de sus glorias pasadas, presentes o futuras.
CARTA ABIERTA A CLAUDE BOWERS
Madrid
He leído el libro de Claude G. Bowers My Mission to Spain. Ha llegado a mis manos por conducto americano.
Soy una de esas mujeres españolas de ojos oscuros y piel bronceada que Mr. Bowers describe en su libro, y sé un poquito de inglés. Una mujer que tiene un hogar, un marido y unos hijos. Una mujer que empieza ya a peinar canas.
Justamente cuando el Mr. Bowers llegaba a España, por el año 33, iniciaba yo mis estudios universitarios. Mi adolescencia y juventud transcurrieron en el Madrid de la dictadura, de la caída de la monarquía y la implantación de la República. Viví aquellos días hermosos y ardientes en los que se vivía con el alma tensa y el espíritu abierto. De familia abierta y liberal, desde niña he aprendido a amar la Libertad, la Democracia y la Tolerancia. En aquellos hombres que nos trajeron la República veía yo una nueva era para nuestra patria: Alcalá Zamora; Azaña; Besteiro; Madariaga; Barcia; de los Ríos... Todos ellos -¡y tantos otros!- soñaron un nuevo renacer de España. Y todos ellos, quizá equivocados, tal vez vencidos, pero nunca traidores a su patria pasarán a la Historia como infames, ladrones y asesinos gracias a una propaganda injuriante y calumniosa, si nadie alza la voz, dentro y fuera de España, para demostrar la rectitud y la honradez de sus propósitos.
Mr. Bowers ha sido -con toda su aplastante y espléndida autoridad- la primera voz que ha llegado hasta mí en defensa de esos hombres, por eso escribo esta carta.
Ahora, cuando muchos hombres libres, dentro y fuera de España, hacen cucamonas al tirano, porque ha ganado; ahora, cuando las naciones liberales y democráticas le tienden la mano a cambio de unas bases o unos tratados comerciales, Mr. Bowers valientemente, gallardamente escribe su libro, mentís rotundo contra tanta infamia, tanta patraña y tanta mentira como se ha escrito y dicho contra la República Española.
Y yo, desde la oscuridad de mi hogar y el anonimato de mi persona, escribo a Vds. esta sencilla carta para por su conducto decirle al Mr. Bowers: «Gracias, Mr. Bowers, por su libro. Gracias porque ha reivindicado Vd. la memoria de los mejores y más valiosos hijos de España. Gracias porque ha restituido Vd. el honor y el orgullo de ser liberales y demócratas a nosotros, a la anti-España, como se atreven a llamarnos los que ahora nos gobiernan -nos desgobiernan, diría nuestro Unamuno. Gracias por todo esto en nombre de la España que aún alienta, de dentro y de fuera sus fronteras y que Vd. tanto amó: la España liberal y democrática».
Unas palabras más. Quizá se haya preguntado Mr. Bowers ¿cómo estará España ahora; cómo vivirá? Pues bien, España no está muerta, vive. España come -es decir, mal come- y se divierte: «Pane et circense», ora y eructa -como dijo nuestro gran Machado. Vive, sí... perno nos la han dejado sin alma. Es el alma lo que le falta a la España de hoy.
(Firmado)

«No intervención» y acción colectiva internacional1
Para los hispanoamericanos, el principio de «No Intervención» parece sagrado. Tras largos esfuerzos, lo lograron ver proclamado en la VII Conferencia Interamericana de Montevideo el año 1933. Y desde entonces lo han reafirmado y reforzado en sucesivas Conferencias ordinarias y extraordinarias, especialmente en la IX celebrada en Bogotá el año 1948.
Fue un principio necesario en décadas pasadas, cuando el intervencionismo norteamericano se hizo patente en el área del Mar Caribe. Y está basado en otro principio mucho más antiguo, el de la soberanía estatal.
Sin embargo, es el principio llamado a desaparecer, del mismo modo que está desapareciendo el principio de la soberanía nacional en que se basó. El movimiento internacionalista marcha por nuevos rumbos, que las Américas han avanzado más deprisa que otros sectores del mundo. Hora es ya de revalorar la realidad jurídico-política actual y pensar en nuevas soluciones. La Humanidad no puede detenerse, y nuevas realidades exigen nuevas soluciones.
Recientemente Salvador de Madariaga ha expuesto sus ideas al respecto en las páginas de Ibérica2. Él justifica la intervención en un país cuando existe un régimen de fuerza, falte la libertad de expresión, o no se respete la libertad individual; como ejemplos que señalan los peligros de la No Intervención absoluta recuerda los casos de Lenin y Hitler, cuya eliminación a tiempo hubiera evitado posteriores peligros y catástrofes para la Humanidad; lo que no ve aun es el órgano que intervenga, por no parecerle apropiadas las Naciones Unidas donde esos regímenes están representados.
Hace muchos años que vengo exponiendo ideas aun más amplias en mis cátedras y escritos, sobre todo en un artículo que publiqué en la Revue de Droit International Public el año 1951. Cada vez me reafirmo más en esas ideas, y no me convence ninguna de las que escucho como refutación. Porque el principio de No Intervención ya no es tan evidente como parecía, y se discute; se discute en conversaciones técnicas o generales, y se ha discutido más de una vez en el seno de las Naciones Unidas.
Mi punto de vista es el siguiente: Rechazo totalmente la intervención unilateral de un Estado por intereses egoístas; y defiendo la acción colectiva internacional en virtud de principios comunes que han sido adoptados internacionalmente. Seguidamente desarrollaré estos puntos.
* * *
Mis ideas al respecto se basan en la existencia de una comunidad internacional en progreso, y sobre todo en la existencia de varias convenciones y declaraciones aprobadas continental y mundialmente contentivas de principios básicos comunes.
En primer lugar, ya no es posible mantener más como cierto el principio de la soberanía estatal absoluta. Fue superada primeramente en los Estados federales donde fue preciso construir una teoría de esferas concéntricas de jurisdicción, en que los Estados miembros se reservaban algunas facultades y cedían otras al Estado federal; ante el dilema de reconocer la soberanía a uno de los dos Estados superpuestos, se fue llegando al concepto de soberanía relativa. Un segundo aspecto del mismo problema se presentó al iniciar los ensayos de comunidad internacional, completada hoy con los intentos de federaciones o al menos organizaciones permanentes de alcance continental. Es cierto que ni las Naciones Unidas ni la Organización de los Estados Americanos tienen hoy una estructura completa semejante a la de los Estados federales, pero es indudable que se camina en esa dirección. Podrá tardarse más o menos en llegar a las Comunidades jurídicas continentales o mundiales, que engloben en su seno los antiguos Estados soberanos, pero nadie puede ser tan ciego como para no ver los avances ya logrados.
La soberanía absoluta pertenece al pasado, aunque aun parezca perdurar. Y el principio de «No Intervención» era consecuencia de esa soberanía.
Cuando exista una Comunidad continental o mundial, el Estado supranacional actuará sobre los Estados miembros en los mismos casos y con la misma intensidad, más o menos, con que hoy el Estado federal puede actuar sobre los Estados miembros de la Federación. Es decir, cuando así lo dispone la Constitución general aprobada por todos. Y eso no es intervención, eso es simplemente acción colectiva.
Naturalmente todo esto exigirá un largo proceso de desarrollo. No soy tan optimista como para pensar que lleguemos a ese estado en un plazo cercano. Ahora bien, acabe entre tanto alguna forma de acción colectiva parcial? Así lo creo.
Me baso para ello en la existencia ya de una serie de Convenciones y Declaraciones continentales o mundiales, aprobadas por todos o casi todos los Estados que componen la respectiva Organización internacional en proceso. Existe la Carta de las Naciones Unidas, existe la Carta de la Organización de los Estados Americanos, existen las Declaraciones de Derechos Humanos mundial e interamericana, en las Américas existen varias Convenciones y Declaraciones en que se proclaman una serie de principios básicos aceptados por todos.
Sobre esta base innegable, mi teoría se desarrolla como sigue. Ya no es posible alegar que la democracia o los derechos humanos competen sólo a la jurisdicción interna de cada Estado soberano; porque muchos de esos Estados, y desde luego todos los Estados americanos, han firmado y a menudo rectificado convenciones o declaraciones en que esos principios se han transformado en internacionales. No es posible alegar con razón que el principio de No Intervención protege la violación de esos principios.
Concretamente, en las Américas se ha proclamado repetidas veces y se dice en la Carta de la Organización de los Estados Americanos en vigor que «La solidaridad de los Estados Americanos y los altos fines que con ella se persiguen, requieren la organización política de los mismos sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa». Por otra parte los derechos humanos están proclamados en la Declaración Interamericana de Bogotá y en la mundial de París, ambas aprobadas el año 1948.
Sé de sobra que en ambos casos se trata simplemente de principios declarados como aspiración, y que no existe todavía un instrumento coactivo para exigir su cumplimiento. Pero esta coerción es sólo un paso más a dar en el futuro. Lo que me interesa sentar ahora es que esa misma declaración, aprobada unánimemente, resta toda fuerza absoluta al principio de No Intervención. Para el mañana, cuando un asunto sea de la competencia internacional, porque su principio básico ha sido comúnmente aceptado como tal, su violación no podrá respaldarse en excusas de soberanía estatal, de jurisdicción interna, del principio de No Intervención.
Del mismo modo que los principios de una Constitución federal son obligatorios en los Estados miembros.
Lo que pasa es que la Comunidad internacional está hoy en las primeras fases de su desarrollo. Yo suelo compararla con ciertas etapas de la organización estatal, en la Edad Media, cuando los grandes Señores tenían más fuerza que el rey nacional; entonces la fuerza se imponía sobre el derecho, la fuerza individual. Pero poco a poco se llegó a la organización estatal, y poco a, poco la ley dominó a la fuerza. Hoy será difícil imponer estos principios porque todavía las Grandes Potencias son más fuertes que la Comunidad Internacional; pero el camino a recorrer es claro.
Tan claro es que ya es visible la discrepancia de criterios en los mismos instrumentos internacionales. Las Repúblicas hispanoamericanas han tratado de reforzar el principio de No Intervención a partir de su primera declaración en 1933 hasta la última por ahora en 1948. Si se comparan los textos de Montevideo y de Bogotá se notarán diferencias esenciales; hoy se dice: «Ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo en los asuntos internos o externos de cualquier otro». ¿A qué se debe esta reelaboración y repetición? La respuesta está en el número 7 del art. 2 de la Carta de las Naciones Unidas.
El principio interamericano vigente en 1945 no hablaba de «grupo de Estados», ni aclaraba «y sea cual fuere el motivo»; estas dos frases se agregaron en 1948. Desde 1945 hasta 1948 el problema de la No Intervención se había discutido varias veces en el seno de las Naciones Unidas (por ejemplo en los casos de la España franquista, de la política discriminatoria en Sudáfrica, etc.); y toda la discusión había girado en torno a ese párrafo de la Carta de San Francisco. Cada vez que lo citaba un delegado hispanoamericano se olvidaba deliberadamente de un adverbio en él inscrito, adverbio que es la clave de su aplicación y del progreso en el camino que he señalado.
Dice así el número 7 del art. 2 de la Carta de las Naciones Unidas: «Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados...». El adverbio «esencialmente» es la clave a que aludo. Porque de acuerdo con ese párrafo, si un asunto es de la jurisdicción internacional, ya no es esencialmente de la jurisdicción interna; y los órganos de las Naciones Unidas podrán actuar aun en el seno de Estados miembros. Las Repúblicas hispanoamericanas trataron de cubrir la brecha en Bogotá agregando esas dos frases; sin darse cuenta de que el desarrollo de la vida misma se impone a principios caducos por mucho que se remachen en documentos del pasado.
Si un asunto no es esencialmente de la competencia interna por serlo ya de la competencia internacional, cabrá la actuación de los órganos supraestatales. Y cabrá precisamente en virtud de la aprobación y ratificación previa de los documentos internacionales por los distintos estados.
En las Américas de hoy, el ejercicio efectivo de la democracia representativa y los derechos humanos han alcanzado ya una esfera interamericana; aunque todavía no exista el instrumento eficaz para exigir su cumplimiento en todos y cada uno de los Estados miembros. Eso irá viniendo; la base del futuro sistema ya está echada.
Y véase que con esto no se justifica propiamente intervención alguna. De nuevo es necesario precisar conceptos. La intervención rechazada en Montevideo suponía la acción unilateral de un Estado en otro Estado, por motivos propios. Lo que estoy defendiendo es una acción de órganos colectivos en virtud de principios comunes previamente adoptados por todos, incluyendo el Estado que sufrirá esa acción. No es Intervención, es Acción Colectiva.
Creo que hoy ya nadie dudará sobre la posible Acción Colectiva de un Organismo internacional sobre un Estado miembro, en casos que afectan a la paz y seguridad internacional. El principio está expresamente salvado tanto en la Carta de San Francisco como en las Convenciones Interamericanas; en las Américas se ha ido mucho más lejos en el Tratado de Río de Janeiro el año 1947.
La brecha ya abierta en materia de paz y seguridad internacional, marca el camino que un día se seguirá en materia de derechos humanos, democracia efectiva, etc. La pregunta que resta es tan sólo ¿cuándo le pondremos el cascabel al gato? Quizás la mejor respuesta sea que comenzaremos poniéndole el cascabel a los ratones. Pero que el cascabel empiece a sonar, que nos acostumbremos a escucharlo. No quiero cerrar estas consideraciones sin recordar algo que se dijo hace más de cuatro siglos. El Padre Francisco de Vitoria, fundador del Derecho Internacional, más o menos defendió esta misma doctrina en sus proféticas Relaciones. Vitoria proclamó la libertad e igualdad de todos los Estados, precisamente en un momento de apogeo imperialista, de conquista del Nuevo Mundo; rechazó la guerra de conquista y la guerra religiosa. Pero el Padre Vitoria fue quien sentó las bases del futuro Derecho Internacional, de la futura comunidad internacional; y expresamente justificó algunas especies de guerras justas, concretamente cuando un príncipe violare esos principios del Ius Gentium en que él basó toda su teoría, «iniuria accepta». No voy en mala compañía.
Hace cuatro siglos parecía locura, si no blasfemia, decir «Imperator non est dominus totius orbis». Algún día tendrá realidad lo que nos parece sueño: que la comunidad internacional de pueblos democráticos ponga el cascabel a los dictadores rebeldes. Las Grandes Potencias se someterán al Derecho Internacional, como los Grandes Señores se sometieron al Derecho Nacional. El futuro nos dará la razón a los idealistas de hoy. Pero ese futuro sólo se acelerará si empujamos; con sinceridad, y con tenacidad.
Jesús de Galíndez.

En el Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona, figura entre los trofeos carlistas una inscripción que en otros tiempos se encontraba a la entrada del Casino Liberal de Bilbao: «Aquí no puede entrar ningún carlista». Y debajo, leíase: «¡Pero entraron!». Había resistido Bilbao tres sitios durante las dos guerras carlistas, mereciendo el título de «muy noble, muy leal e invicta ciudad»; pero en 1937 sucumbió ante las huestes carlistas. El gran bastión liberal cayó y yo me propuse constatar qué suerte le cupo bajo sus nuevos ocupantes.
No es posible hacer siquiera una breve visita a Bilbao sin percatarse de que el régimen hace sentir su presencia en la ciudad con un vigor y una violencia en su lenguaje que no tiene paralelo en el resto de España. Parece como si comprendiera que la tierra le es hostil. En el Arenal -el corazón de la ciudad- se ha erigido una estatua al general Mola, caudillo de los carlistas, que al igual que Moisés murió a la vista de la tierra de promisión sin haber llegado jamás a pisarla. Hay junto a este monumento una lápida en la que se conmemora la construcción de un puente flotante en 1937 «como expresión del vigoroso resurgimiento del país y la muy noble y leal ciudad de Bilbao, después de haberse liberado de la barbarie rojo-separatista que destruyó los puentes». Puede vese en el Ayuntamiento inscripciones similares y una de ellas concluye con una cita de Fuenteovejuna acerca del amanecer español que los falangistas han interpretado identificándola con su llegada. Léese en el pórtico de la iglesia de Nuestra Señora de Begoña que fue allí donde Tomás Zumalacárregui «recibió de una bala el mensaje de la muerte, retrasándose así durante un siglo la unidad de España». La Diputación Provincial recuerda a aquellos de sus miembros «asesinados por los enemigos de Dios y de la unidad de España». Lo mismo acontece en todo el País Vasco. A ambos lados de la estatua que se había erigido a Ignacio de Loyola, frente a la casa en que nació, había los escudos heráldicos de las tres provincias vascas y Navarra; mas, ahora, los corona el águila falangista. Y en la Casa de las juntas, en Guernica, hay un retrato de Franco con la boina requeté.
El lenguaje que se usa en Bilbao corresponde al empleado por su primer ayuntamiento formado por fanáticos carlistas y falangistas. Irónicamente, éste se impuso al baluarte del liberalismo después de haber sido derogados solemnemente sus fueros por un régimen que pretendía defender las antiguas tradiciones de España. Tal fue el momento de ocaso del liberalismo bilbaíno. Mas, en algo resurgió con Joaquín Zuazagoitia, nombrado alcalde en 1942 y que desde esa fecha dirige con acierto y competencia la administración de la ciudad.
A él se debe la integración actual de Bilbao formada por la unión de 25 municipios. Tal innovación no dejó de suscitar dudas en los liberales de viejo cuño. Pero el alcalde declaró que en la primera Carta Puebla dada a la ciudad por López de Haro en 1300 se concedía jurisdicción a Bilbao sobre todas las tierras hasta la desembocadura del río Nervión.
Pero el factor que ha contribuido principalmente al desarrollo de Bilbao -al igual que en el caso de otras ciudades españolas- ha sido la afluencia de forasteros procedentes de las regiones rurales de España. Procedían éstos antaño principalmente de La Rioja y las zonas adyacentes de Castilla la Vieja. Pero desde la guerra, proceden de regiones tan remotas como Galicia y Andalucía. Y han llegado en tales cantidades que se consideró inadecuado el castizo nombre de paletos, y los bilbaínos lo han sustituido por el de coreanos. Estos coreanos son en cierto modo los responsables de la prosperidad de Bilbao y también la causa de los problemas de más difícil solución que se plantean a la ciudad. Me dijo una señora bilbaína que en el barrio donde vivía apenas había una cara entre diez que fuese conocida entre los antiguos vecinos de la ciudad. Y añadió «Claro está, es tremendo». Algunos de los recién llegados son tan pobres que los sacerdotes tienen que hacer periódicamente desde los púlpitos peticiones de ropas y alimentos para estos necesitados. La escasez de viviendas es aguda, al igual que en las demás regiones del País Vasco. En Eibar, cuando se construyeron 306 pisos las autoridades municipales recibieron 1500 solicitudes de cabezas de familia que reunían los requisitos necesarios. Pero si bien hay en Bilbao barrios pobres y sucios hasta ahora no existen allí Somorrostros.
No cabe duda de que el tradicional liberalismo de Bilbao ha sobrevivido al cambio de régimen, aunque hasta cierto punto se le ha constreñido a refugiarse en la clandestinidad. En muchos aspectos este liberalismo es diferente del que prevalece en el resto de España, particularmente en Madrid y en Barcelona. Como decía el himno de los Voluntarios de Bilbao, de 1874: «Somos liberales sin color ni grito».
El liberalismo bilbaíno es más semejante al inglés que al francés. Es empírico y económico más bien que doctrinal y político. Halló su expresión económica en la sociedad por acciones de estilo inglés en vez de la asociación personal o las compañías limitadas que predominan en Cataluña. Tras el intervalo de la guerra, esta influencia inglesa se ha hecho patente en forma bien marcada. Los muchachos bilbaínos vuelven otra vez a ir a Inglaterra para adiestrarse en un trabajo y estudiar el idioma; y millares de bilbaínas hacen también lo propio, colocándose principalmente como enfermeras y sirvientas.
Pueden apreciarse diferencias similares entre los obreros de Bilbao y los del resto de España. Mientras que los anarquistas eran, por ejemplo, la fuerza principal en las organizaciones de trabajadores en Barcelona, los socialistas contaban en Bilbao con una influencia idéntica e indiscutible. Los sindicatos bilbaínos eran parecidos a los ingleses. Existían y existen entre las masas trabajadoras grupos minoritarios comunistas y nacionalistas vascos, fue Aguirre el organizador de los sindicatos nacionalistas llamados Solidaridad de Trabajadores Vascos. Los anarquistas van muy a la zaga.
Ha complacido a la clase media aquellos aspectos del régimen que prometen asegurar «paz y orden». Pero otras facetas de él la desagradan. Por ejemplo considera excesiva la influencia del clero en el ambiente general. No es esto decir que jamás haya sido anticlerical. Lejos de esto, fue esa clase media la que erigió el gigantesco monumento al Sagrado Corazón que domina la parte nueva de Bilbao y que sobrevivió a las convulsiones de la guerra y a la revolución. Ni una sola iglesia fue incendiada en la ciudad. Pero se considera que la iglesia vasca se muestra demasiado complaciente con un régimen que, al fin y al cabo, es responsable de que muchos sacerdotes vascos hayan perdido sus vidas y su libertad. Los liberales y socialistas bilbaínos, por el contrario, la consideran harto arrogante en sus tratos con ellos. Los nacionalistas tienen a mal que se haya prohibido predicar en vascuence, porque así los viejos aldeanos se quedan sin entender los sermones. También les desagrada que no se haya nombrado obispo a ningún vasco para los obispados vascongados.
Otra de las razones que tienen los bilbaínos para sentir antipatía hacia el régimen se refiere más concretamente a Falange. El próspero burgués de Bilbao, que se diferencia de su equivalente barcelonés, más llamativo, en que pone especial cuidado en vestir como pudiera hacerlo su escribiente, no ha visto con buenos ojos la abundancia de uniformes falangistas. Me dijo en cierta ocasión un alto funcionario municipal que cada vez que presencia el paso de una comitiva de jerarquías de Falange, vistiendo sus guerreras blancas, se le antoja que todos los barberos de Bilbao han cerrado sus peluquerías para irse a desfilar por las calles. El mismo a quien me refiero, que por exigirlo así su cargo ha tenido que participar en desfiles de esa índole, pone gran cuidado, siempre que se encuentra en tales circunstancias, en llevar puesto un impermeable, ya llueva o haga sol.
Pero lo que realmente importa para Bilbao no es la política y los uniformes, sino la economía. Esta, juntamente con la de Barcelona, constituye en España un bastión de la libertad de empresa, siendo ahora el blanco de un ataque de la nueva economía patrocinada por el estado. Parece a primera vista que el Instituto Nacional de Industria y sus gigantescos Altos Hornos de Avilés amenazan a las dos principales bases de la prosperidad de Bilbao: los bancos que prestan ayuda financiera a la industria, y el acero. Pero las apariencias son un poco engañosas. Bilbao se defiende. Los Altos Hornos de Bilbao, la Empresa Siderúrgica Euskalduna y Compañía Aznar han interpuesto su influencia industrial para llegar a poseer un número estimable de acciones en los Altos Hornos de Avilés, cuya capacidad de producción se valora en 500000 toneladas de acero anuales.
En vista de que se van agotando rápidamente las minas de hierro vascas, las empresas siderúrgicas de Bilbao buscan otras con que sustituirlas. La empresa siderúrgica Sagunto, que es propiedad de Altos Hornos, está ya explotando la mina de Ojos Negros, en la provincia de Teruel, y en breve Avilés procederá a explotar los yacimientos de pirita de hierro que recientemente se han descubierto en Ponferrada.
Esto no es más que un ejemplo de lo que bien pudiera llamarse la «habilidad yanqui» de Bilbao. Con facilidad se adaptan las industrias de la ciudad a las exigencias del momento. Producen acero cromado y aparatos de radio, habiéndose anunciado recientemente que en breve se construirán anualmente en Bilbao 6000 máquinas para lavar ropa. Es ciertamente una ciudad próspera. Mas, en este proceso de adaptación a las nuevas circunstancias, algo se ha perdido: la tradicional honradez en las relaciones comerciales y en las actividades de la industria. Existe ahora el deseo de enriquecerse pronto. El negociante bilbaíno de vieja cepa tardaba 20 ó 30 años en amasar su fortuna. Su equivalente contemporáneo anhela conseguirlo en semanas. Y si resulta burlado el cliente, peor para éste.
La economía de Bilbao decide, en grado considerable, su política. Pero hay ciertas actitudes peculiares que deben tomarse en consideración. Es una de ellas las relaciones entre los vascos y Castilla. Escritores y pintores vascongados -como Unamuno y Maeztu, Zuloaga y Echevarría- ocuparon un lugar preeminente en la empresa de la revaloración de Castilla, después que la cuna de la unidad española quedó reducida durante siglos al papel de la grande muette. Los orígenes de esto tienen hondas raíces en la historia vasca. Voluntariamente se sometieron las provincias vascongadas a los reyes de Castilla. Grandes figuras vascas -S. Ignacio de Loyola, S. Francisco Javier y Vitoria, por no mencionar más que algunas un tanto remotas- escribieron en castellano o latín y no en vascuence. Y el más reciente biógrafo de Ignacio de Loyola hace notar que el viaje que éste hizo en su calidad de paje al palacio de Cuéllar ríe Velázquez le causó esa convulsión emotiva que siente todo vasco al ver por vez primera el austero paisaje castellano. Crean estas circunstancias un clima político muy distinto al de Cataluña, donde un admirador de Castilla como Santiago Rusiñol es, más bien, una excepción que confirma la regla. Están los vascos profundamente divididos entre nacionalistas y unitarios, mientras que los catalanes tienden a una mayor identidad en sus opiniones.
Debe también tenerse en cuenta que las provincias vascongadas mantienen contactos más íntimos con los países extranjeros que cualquier otra región de España, incluso Cataluña. En tanto que los nombres de otras personalidades republicanas son meramente nombres -particularmente para las generaciones jóvenes- Indalecio Prieto sigue siendo una figura viva y palpitante para sus paisanos de adopción. Se le menciona en casi toda conversación seria y son muy conocidos los discursos que ha pronunciado en México al igual que sus artículos. Tienen una gran circulación clandestina los periódicos que publican en Francia los socialistas, comunistas y nacionalistas vascos (llamado el de estos últimos Euzko Deya o la voz vasca); y Radio Euzcadi, que oficialmente no existe, es escuchada oficiosamente con gran satisfacción por muchos oyentes que están aburridos de Radio Nacional. Sostienen los nacionalistas una organización clandestina a la que no le faltan fondos. Inviértese una gran cantidad de dinero en ayudar a correligionarios necesitados y en sobornar a las autoridades.
Si bien los nacionalistas no han conseguido eliminar la divergencia a que previamente me he referido, sí han logrado que disminuya la tensión. Entre los vascos han forjado suficiente solidaridad para que las autoridades locales se valgan del espectro del nacionalismo vasco como chantaje para obtener de Madrid concesiones otorgadas de mala gana, siguiéndose así la antigua táctica catalana.

No es muy halagüeña la situación cultural vasca. Tardará mucho en morir la lengua vascuence en las aldeas, pero en San Sebastián y en Bilbao hace ya mucho tiempo que es una realidad («Las únicas personas que hablan vascuence en Bilbao son las aldeanas que traen la leche todas las mañanas desde los pueblos»). La política cultural que a este respecto sigue el régimen, está calculada para acelerar ese proceso. Se permite a los editores de obras en vascuence que desarrollen sus actividades, pero siempre en un grado muy limitado. Sin embargo, aparte de la censura, el vascuence todavía no ha producido una literatura -ya sea medieval o moderna- que pueda compararse con la catalana o gallega. Ahora, se estudia en una cátedra creada en la Universidad de Salamanca y ocupada por el rector Antonio Tovar; y en las publicaciones de la Real Sociedad de Amigos del País, la Revista de Estudios Vascos, el Anuario de Zumárraga y otras, aparecen estudios vascos. Mas, esa corriente tiende a ser harto anémica. ¿Cómo podría ser de otra manera en un ambiente en que se ve con suspicacia cualquier manifestación de la cultura vasca que no sea oficial? En San Sebastián se celebra anualmente, bajo el patronato gubernamental, una Semana Vasca. Pero cuando la revista literaria Índice publicó un número especial dedicado a Baroja, la censura únicamente autorizó su circulación fuera de España.
Guernica ha sido reconstruida, pero la herida de Guernica sigue abierta.
George Dennis.
Bilbao, Noviembre 1955.
Farsa del plan de la vivienda
Después de una conmoción tan grande, como nuestra guerra civil, desarrollada por las fuerzas reaccionarias con la ayuda de los nazi-fascistas contra el Gobierno legalmente constituido de la República, es natural que el franquismo se encontrara con graves problemas que resolver creados por él mismo, con su traición; y digo creados por él mismo, porque la destrucción, particularmente de las grandes capitales, tales como Madrid, Barcelona, Valencia, etc., no fue hecha precisamente por los ejércitos leales, sino por los ejércitos franquistas y por la aviación nazi al servicio del hoy dictador Franco.
El Plan Sindical de la Vivienda para su programa 1954-55, pretende construir un total de 52275 viviendas repartidas por Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Valladolid, etc. De dicho total se han construido, hasta el momento de escribir estas líneas, 46523, y el resto aseguran que se terminará dentro del primer semestre de 1956. El importe de las 52275 viviendas incluida la urbanización y terrenos, ascienden a 2.497.923.739,26 ptas. (según sus cálculos). Asimismo, afirman que han alcanzado un auténtico récord de velocidad en la construcción de las mismas, habiendo hecho una vivienda cada diez minutos durante el transcurso del año.
Para cualquier persona que esté de paso por Madrid, y que no conozca los entresijos de la actual política española, y de su descarado cinismo, creerá que aquello del Paraíso terrenal bíblico no es nada comparado con nuestro paraíso nacional. Y para aquellos, extranjeros y particularmente americanos, que tan «magnífica información» sobre España adquieren paseando en Cadillac por la Gran Vía, y bebiendo whisky en Chicote, sin preocuparse de dar una vuelta por los arrabales madrileños de Legazpi, Vallecas, Tetuán, etc., van estos datos: Si el importe total de las viviendas del programa 1954-55 que como decimos anteriormente suman 2.497.923.739,26 ptas. los dividimos entre las 52.275 viviendas, tendremos un término medio de 47.784,28 ptas. por vivienda.
La «cuota mínima» mensual por inquilino es la siguiente: Diez años a 220 ptas. mensuales que hacen un total de ptas. 26400; y treinta años restantes a 120 ptas. que suman 43200 ptas. Lo que quiere decir que al cabo de los cuarenta años, que es cuando pasarán a propiedad de los que las habiten (si es que las casas no se han hundido dado lo deficiente de su construcción) habrá pagado a la Obra Sindical de la Vivienda 69600 ptas. sin contar los gastos de administración, portería, agua, etc., que de momento se calculan en 50 ptas. mensuales. Toda esta serie de datos creo que por si solos, demuestran lo que realmente es el tan cacareado Plan de la Vivienda. Y ahora pasemos a analizar a quienes han sido otorgadas la casi totalidad de las viviendas y como se ha efectuado la «legalidad del sorteo» entre los «necesitados».
¿Quienes son los favorecidos?
No ha habido ninguna clase de sorteo legal, todo sigue siendo palabrería del régimen, y el hecho real es que las viviendas han sido adjudicadas por los Sindicatos a las empresas fuertes, y estas a su vez a sus empleados paniaguados, y no a quienes realmente las necesitaban por vivir hacinados como bestias en insalubres habitaciones realquiladas, chavolas o cuevas. De las tres barriadas inauguradas últimamente en Madrid, la mejor acabada y mejor situada «La Quintana» con 744 viviendas, ha sido adjudicada casi totalmente a enlaces sindicales, falangistas, ex-divisionarios (División Azul), y toda clase de solapados esbirros franquistas. Como detalle paradójico, hemos observado que a unos 200 metros de dicha barriada, se encuentran en una hondonada 4 cuevas donde habitan personas como si estuviéramos en la época de las cavernas. A pesar del plan sindical, y a pesar de sus carteles de feria por las esquinas, esta pobre gente seguirá viviendo allí, por no disponer de un buen enchufe en un centro estatal, y para demostrar una vez más la falsedad de toda la vocinglería del régimen opresor.
-Su carta de recomendación dice que es primo del cuñado del sobrino de la madre del tío del yerno del director. Pero debe de haber algún fallo.
ABC, Madrid, 14 Octubre 1955.
«Viviendas de renta limitada», para obreros, se llaman a todas estas últimamente inauguradas; mas primeramente vamos a analizar si a un obrero con el jornal que gana en la actualidad le es posible habitar una vivienda de esas, contando con que se la otorgaran.
Un oficial albañil gana 36,05 ptas. al día o sea 216,29 ptas. a la semana; un ayudante albañil 170,01 ptas. a la semana y un peón 134,73 ptas. (Estas cantidades son líquidas, puesto que ya está incluido el 25% de plus de carestía de vida, y descontado la cuota sindical, seguro de enfermedad, etc.).
Comparemos estos salarios reales, con la renta mínima de una de las viviendas de renta limitada que son 270 ptas. incluidos gastos, y apreciaremos una vez más la imposibilidad de que un obrero puede tener un hogar un poco decente.
La prensa y la realidad
Por último pasamos a analizar la prensa de estos días con relación a las inauguraciones de viviendas. Así en Arriba, periódico falangista, con grandes titulares podemos leer: «Primer parte victorioso de la operación vivienda». En la Vanguardia de Barcelona, también con grandes titulares (es una de las especialidades del régimen) «Viviendas de renta limitada».
«Importantes discursos» (siempre son importantes sus discursos demagógicos), de Franco; Solís, delegado nacional de Sindicatos y Fernández Cuesta, jefe Provincial del Movimiento y traidor a ellos mismos (puesto que según los mismos falangistas es un traidor a la Falange), han aparecido en toda la prensa nacional. No nos detenemos a comentar los discursos pues nuestro silencio es la mejor respuesta.
En el diario de la noche Madrid (Oct. 27), se lee lo siguiente: «Desde temprana hora aguardaban en el poblado de la Quintana, situado a la derecha de las Ventas, numerosísimas personas la llegada del jefe del Estado. Los niños de las escuelas portaban banderas españolas. Al aparecer la caravana de coches, un gran vítor acogió al Generalísimo. Este y los ministros descendieron, y los aplausos no cesaron durante toda la estancia de Su Excelencia en el nuevo poblado».
«El Caudillo, acompañado de los ministros, autoridades y representaciones oficiales, visitó la barriada y expresó al delegado nacional de Sindicatos su complacencia por la labor realizada».
El que escribe estas líneas que estuvo presente en dicho poblado, no vio por ninguna parte «numerosísimas» personas esperando al jefe del Estado a no ser que para ellos unos cuarenta agentes secretos, y algunos periodistas y curiosos sean «numerosísimas personas». Niños de escuela portando banderas españolas, no se vieron por ninguna parte. El «generalito» y sus esbirros no descendieron de sus coches blindados para visitar La Quintana, sino que pasaron de largo.
Por otra parte y en contrapartida a la falta de viviendas asequibles a los obreros, se ha inaugurado en el Paseo del Prado, frente al Museo del mismo nombre, un gran edificio, la Casa Sindical, con todas las comodidades que puede ofrecer la técnica moderna, y dispuesto a servir las necesidades burocráticas de los mal llamados Sindicatos Obreros.
Como dijo Lincoln en cierto y célebre discurso: «Se puede engañar a todo el mundo por algún tiempo. Se puede engañar todo el tiempo a algunos. Pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo».
Y el cinismo y la hipocresía de todo el tinglado cirquense del franquismo, no puede ya engañar a nadie, aunque siga pretendiéndolo con sus ferias propagandísticas de «viviendas económicas».
Los agentes de Franco en los E. U.
El informe del Procurado General sobre las actividades de los agentes extranjeros en los Estados Unidos durante el año 1954 contiene algunos datos interesantes sobre la nutrida lista de los agentes y lobbyists a sueldos del gobierno de Franco.
Debemos señalar como primero en la lista Charles Patrick Clark de 2303 California St., N. W., Washington, D. C., que figura con un sueldo de $75,000 anuales, aparte de sus gastos.
El Sr. Clark tiene la reputación de ser hombre muy social, organiza con frecuencia reuniones como un medio de atracción e influencia sobre algunos miembros del Congreso. Asociado con él, según su última declaración, figuran: John A. McGuire, consejero jurídico; Herbert N. Maletz, Alfred J. Nelson y Joseph A. Roney, abogados, y John V. Munley, ayudante administrativo.
Según la declaración del Sr. Clark que figura en los archivos del departamento de justicia, tiene establecido un contrato con el Encargado de Negocios de la Embajada española en Washington desde 1949, del que se deduce que tenía seña lado como sueldo en ese año $15000 y recibiría $50000 anuales por el periodo de los dos años subsiguientes, además de los gastos ocasionados fuera de Washington. Pero al año siguiente, 1950, obtuvo un contrato de $75000 y esa asignación ha sido desde entonces la base de su sueldo. Podemos decir que entre sueldos fijos y otros gastos ha recibido hasta $121000 por año. Entre los servicios que presta por estas asignaciones, según consta en su declaración, están «el aconsejar y advertir sobre procedimientos en relación con la UNO y también combatir, refutar y rechazar de palabra propagandas comunistas viciosas, envidiosas e insidiosas en este país, así como combatir toda otra propaganda de oposición al régimen que hagan las organizaciones "izquierdistas"».
También figura registrada en el departamento de justicia la compañía Kelly Nason, Co. Inc. de 247 Park Avenue, New York, con una asignación de $111988 por el año 1954, más que el doble del año anterior, «para servicios de anuncios y publicidad».
En la lista de Agencias de 1935 del Standard Advertising Register, publicada por el National Register Publishing Co., Inc., figuran también como clientes de la compañía Kelly Nason las siguientes organizaciones:
Catholic Charities, Archdiocese of New York, 122 East 22 St., New York.
Catholic Near East Welfare Association, 480 Lexington Ave., New York.
The Christian Brothers, 218 West 57 St., New York.
Spanish State Tourist Department, 485 Madison Ave., New York.
William P. Carney, ex-corresponsal del New York Times, que estuvo en España durante la guerra civil representando al Times, también figura en la lista de agentes del gobierno de Franco desde Marzo de 1953 con un salario mensual de $800 al mes. Da su dirección en el Hotel Shelton, calle 49 y Lexington Avenida, New York. Hay una nota curiosa en el nombramiento de este hombre. La nota dice que el salario está sujeto a modificaciones y estas dependen de la eficacia de su trabajo. Esta declaración deja en el aire la cantidad que ha recibido por sus servicios porque, según él dice, en el momento de hacer la declaración no había empezado recibir su sueldo.
Hay otro nombramiento un poco extrañó en la lista y es un ex-ruso, naturalizado americano en 1946, llamado Anatole Visson con domicilio en 2730 Wisconsin Ave., N. W., Washington, D. C. Este agente recibe $400 mensuales además de otros gastos. Su declaración muestra que en una ocasión recibió $266,50 por «servicios de taxi, teléfono e invitaciones».
El estudio jurídico de Cummings, Stanley, Truitt, Gross y Reeves ha llevado los asuntos de la embajada española desde 1950. Las declaraciones hechas por esta entidad prueban haber recibido $18000 en 1950; la misma suma en 1951; $12000 en 1952; $1000 en 1953; no existe declaración sobre el último año, sin embargo la entidad está registrada todavía como activa.
Esta misma razón social es también uno de los agentes activos que trabaja por el Presidente Trujillo de la República Dominicana. Uno de los miembros de esta entidad es Max O'Rell Truitt, yerno del ex-Vice-Presidente Barkley.
Todas estas declaraciones están registradas en el departamento de justicia de Washington. El informe del Procurador General se presenta en el mes de junio de cada año y corresponde al año precedente; hay que esperar, pues, al próximo junio para el resumen de este año.
Bart Allan.
Washington, Noviembre 1955.
La muerte deja detrás del que se va un vacío sin medida, cuando el desaparecido es un símbolo nacional y un indiscutible valor internacional se precipitan en ese vacío comentarios y discusiones, ditirambos y críticas apasionadas pretendiendo explicar la trayectoria de esa vida que se extinguió, llegar por la inmensa puerta abierta al silencio a un análisis de la irradiación de una vida.
Es un fenómeno que se repite. Unamuno como Ortega, símbolos de una España neo-renacentista, han despertado apasionados comentarios después de su muerte, pretendiendo unos y otros valorar desde ángulos opuestos esas dos vidas luminosas.
Caben distintas interpretaciones ante el análisis de una vida silenciosa, oscura, no caben ante una vida vertida generosamente, día por día, sobre los espíritus de su época. Ninguna interpretación falsa puede darse a una conducta que abrió surcos indelebles. No caben interpretaciones partidistas frente Ortega muerto, hay que meterse en esos surcos profundos que trazó su vida. Intenciones mal dirigidas pretenden situarnos de espaldas a lo que ha sido Ortega, escritor y orador, a lo que Ortega ha expresado siempre, ha señalado siempre. Sin equívocos encontramos en sus escritos y en sus palabras una rotunda negativa a aceptar una España caduca y su angustiosa preocupación por encontrar otra.
La España oficial de hoy ha pretendido arrastrar su vida y llevar su muerte hacia ella, pero en Ortega, como en Unamuno, su obra queda por encima de todos dando la respuesta a las interpretaciones partidistas.
Ortega en el año 1904 -tenía entonces 22 años- escribía a Unamuno: «Prefiero para mi patria la labor de cien hombres de mediano talento, pero honrados y tenaces que la aparición de ese genio, de ese Napoleón que esperamos, y que llamaba Baroja con el nombre de Dictador en un artículo...». En 1914 escribía en sus Meditaciones del Quijote «Tenemos que ir contra la tradición, más allá de la tradición». Y así podríamos seguir señalando todas sus obras y acotando su pensamiento inicial. En toda su obra escrita y en toda su labor docente la inquietud de Ortega está marcada con un mismo signo. En 1930 su artículo «Delenda est monarquia», publicado en el cotidiano El Sol, fue la sentencia de muerte de la monarquía. Diputado a Cortes en la República fundó el partido republicano «Al Servicio de la República», y criticó cuando lo creyó oportuno algunas actuaciones del gobierno, como cualquier otro republicano, ejerciendo el derecho que tiene todo ciudadano dentro de un régimen de libertad.
Después de la sublevación militar Ortega examinaba con el gobierno la posibilidad de la entrada de los rebeldes en Madrid y señalaba el camino posible, «El Camino que habían tomado todas las invasiones», y acertó. Llegó hasta señalar los años que podía durar, si triunfaba el levantamiento militar, la dictadura que se implantaría.
En exilio permaneció desde el año 1936 -año en que comenzó la guerra civil- hasta 1948; entró en España, pero ni se reintegró a su cátedra ni aceptó ningún ofrecimiento del gobierno franquista, su estancia en la patria era de poca duración. Hizo viajes por Europa y los Estados Unidos en gira de conferencias, lo que le permitía ir viviendo. No puede señalarse un gesto ni una frase suya que haya significado su conformidad con el régimen actual de España, pero en cambio podemos señalar algunas de sus frases de desacuerdo: él calificó al régimen franquista de «Régimen de asnos tonsurados» y al preguntarle algún amigo la razón de no ocupar su cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid, respondió: «En tiempos de grandes pasiones el deber de un intelectual es guardar silencio, porque en tiempos de pasión uno debe mentir y el intelectual no tiene derecho a mentir». Este silencio de Ortega ha marcado con elocuencia su oposición al régimen.
La trayectoria de la vida va desde el nacer hasta el morir, ninguno de los dos extremos nos pertenecen, en ninguno de ellos actúa nuestra inteligencia ni nuestra voluntad, son los que nos rodean los que pueden marcar y marcan ambos polos.
Ortega y Gasset fue una antena de las inquietudes del pensamiento contemporáneo, es inútil que los que no han podido someterle en vida traten de apropiarse de su muerte, a Ortega y Gasset no se le puede arrastrar como banderín de banderías. Ortega es una bandera de la España de pensamiento y acción, de la España futura.
Entrevista Franco-Dulles
Sobre la conferencia celebrada entre el general Franco y el Secretario de Estado norteamericano Mr. Foster Dulles no hay una versión que merezca absoluto crédito, porque el alcance de esa entrevista es un secreto. La prensa de todos los países ha señalado los puntos probables de discusión y se apuntan estos tres temas:
1. Pacto del Mediterráneo.
2. Marruecos.
3. La entrada de España en la ONU.
Nosotros señalamos el primer punto como el único que Mr. Dulles haya expuesto durante su entrevista. El proyectado Pacto del Mediterráneo parece que es acariciado por el Departamento de Estado en Washington como solución feliz de los problemas que presenta el sistema defensivo del Occidente.
Se apunta que, de continuar el conflicto entre Israel y los países árabes, los Estados Unidos se verían obligados a suministrar a Israel armas y municiones. Como es sabido los rusos ayudan a los árabes, sería pues un conflicto sin solución visible si se alimentara por uno y otro país el conflicto armado entre Israel y los árabes.
La virtud del Pacto
El proyecto de pacto del Mediterráneo tendría la virtud -a juicio de los norteamericanos- de sacar a Israel de su aislamiento y asociarla a la defensa establecida para los otros Estados. Se formaría así una cadena desde Turquía a España.
Este parece que ha sido el tema central expuesto por Mr. Dulles que encierra una petición, la que habrá tenido su contrapartida por parte del general Franco: aumento de la ayuda económica, entrada de España en la ONU, etc.
Otro aspecto del ofrecimiento de la entrada en el futuro Pacto es el de hacer entrar a la España franquista en una asociación internacional de defensa. Si no fuera viable ahora la entrada de España en las Naciones Unidas y el Pacto del Mediterráneo llegara a ser una realidad, Franco se sentiría compensado en la espera.
La idea americana ha sido acogida en Roma calurosamente.
Entrevistas hispano-rusas
Informaciones dignas de crédito señalan que la normalización de las relaciones entre los dos Estados -Rusia y España- están más avanzadas de lo que generalmente se supone. Representaciones de ambos gobiernos se han reunido en Lisboa en el mes de Octubre y han concertado un acuerdo preliminar que establece, entre otras cláusulas, que las dos radios, la española y la rusa, cesarán en sus ataques recíprocos contra el régimen del otro país.
En fin, en estos últimos días se han celebrado conversaciones en París entre representantes de los dos países y ambos esperan llegar a importantes acuerdos concretos.
Delegación rusa a España
Al congreso Internacional de Química Industrial, celebrado en Madrid el día 23 y siguientes del mes de Octubre, asistió una delegación de la Unión soviética compuesta de nueve miembros, ocho hombres y una mujer, iba presidida por el Dr. Nazarov, de la Academia de Ciencias de la URSS. La delegación rusa era portadora de un mensaje, firmado por el presidente y secretario de la Academia de Ciencias de las URSS, dirigido al presidente del Congreso.
El ministro de Educación Sr. Ruiz Giménez ha declarado que: «La presencia rusa no tiene nada de extraordinario. Vivimos en un país libre y estos rusos son técnicos».
Delegación española a Checoeslovaquia
España ha enviado una representación oficial a la Feria Industrial de Brno (Checoeslovaquia), lo que confirma la aproximación entre Madrid y el bloque soviético.
Contra el ingreso de Franco en la ONU
México: -El senador D. Pedro de Alba, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, ha manifestado que mientras México siga reconociendo al Gobierno de la República española no puede prestar apoyo alguno al gobierno franquista, que es incompatible con la ONU en virtud de los acuerdos de San Francisco.
En virtud de esos acuerdos el veto de la representación mexicana contra el ingreso de Franco en las Naciones Unidas está de acuerdo con la trayectoria política de México.
Francia: -El periódico L'Aurore, del 3 de Noviembre, ha publicado la siguiente información:
Franco en Barcelona
Se hacen muchos y variados comentarios sobre la prolongada estancia del general Franco en Barcelona.
Al parecer este viaje, que ha durado más de un mes, ha sido motivado por precisar consultas médicas sobre una enfermedad renal que padece.
A título de rumor recogemos la noticia de que el operador de más fama de Madrid se ha negado a efectuar una operación que le es necesaria, razón por la cual el caudillo efectuó ese viaje a Barcelona para nuevas consultas médicas.
El problema de la sucesión
Gran actividad reina en Madrid relacionada con la sucesión de Franco. Parece que por unos u otros hay prisa en resolver el problema, sin que pueda precisarse quiénes son los que empujan.
En Falange se han manifestado ya con claridad los tres sectores: monárquico, republicano y franquista.
Gil Robles, el fundador de la CEDA, partido de las derechas españolas fundado durante la República, ha escrito una carta a D. Juan expresando que está dispuesto a tomar la dirección del movimiento monárquico a condición de que D. Juan rectifique las declaraciones últimas en las que ha hecho públicas su solidaridad con los principios de Falange, y se distancia del régimen. Ahora bien, se dice que las presiones para que se resuelva la sucesión no son todas españolas.
¿Anuncio de retirada?
En La Vanguardia de Barcelona y reproducido por el periódico madrileño Ya, apareció un extenso artículo del Sr. Lequerica, del que copiamos los siguientes párrafos:
El ABC y el Kremlin
El periódico madrileño ABC, en su edición del 19 de Octubre, señala que el Kremlin está dispuesto a restablecer las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, a condición de que el Vaticano acepte la conclusión de establecer un concordato entre las Iglesias y los Gobiernos del Este europeo. El ABC calificaba esta oferta soviética como sincera.
Ha muerto Trifón Gómez
En la ciudad de México ha muerto D. Trifón Gómez, destacado dirigente obrero español. Durante muchos años fue Secretario general del Sindicato Nacional Ferroviario, y durante la guerra civil desempeñó en Madrid y Barcelona el cargo de Director de Abastecimientos. Al constituirse las instituciones republicanas en el exilio, después de la guerra mundial, fue nombrado Ministro de la Emigración.
Pertenecía al Partido Socialista Obrero Español y a la Unión General de Trabajadores, habiendo desempeñado en varias ocasiones la presidencia de ambas entidades. Trifón Gómez era uno de los máximos dirigentes de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF). Residía en México en la actualidad por haberle confiado dicha Federación la creación de la Oficina Regional para América Latina. La pérdida de Trifón Gómez deja un gran vacío en las filas del sindicalismo democrático.
La juventud española y Ortega
Madrid: -El día 18 de octubre murió D. José Ortega y Gasset. El día 21 la juventud universitaria de Madrid le rindió homenaje a su memoria. Más de cinco mil estudiantes congregados en el patio de la Universidad central escucharon la lectura de trozos escogidos de las obras de Ortega. El decano de la Facultad de Derecho, Sr. Torres, no autorizó el homenaje, pero se vio obligado a ceder ante la enérgica petición de los estudiantes.
Terminado ese acto la manifestación estudiantil tomó las calles de San Bernardo, Gran Vía, etc. hasta el cementerio sacramental de San Isidro. La primera línea de la manifestación estaba compuesta por estudiantes que llevaban una gran corona de laurel con esta inscripción:
«La juventud universitaria a su maestro y guía». La desorientación de la policía armada y urbana hizo que, al considerarlos autorizados, favoreciera la manifestación. Y así, en silencio absoluto, llegaron al cementerio. Allí, de nuevo, varios representantes hicieron uso de textos de Ortega, y sin oraciones ni cruces, rindieron a su cadáver, el homenaje obligado. Después los estudiantes se disolvieron en silencio.
«Monarquía, NO: ¡Revolución!»
En la plaza del Callao, en Madrid, fue disuelta días pasados, una manifestación de falangistas que gritaba:
¡Abajo la monarquía! ¡Vive Falange!
La manifestación fue disuelta violentamente por la policía.
En varios monumentos históricos de Madrid, entre ellos en la estatua de D. Quijote y Sancho erigida en la plaza de España, han aparecido rótulos como este:
«Monarquía, NO. ¡Revolución!».

