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Ibérica por la libertad

Volumen 3, Nº 12, 15 de diciembre de 1955

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IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

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IBÉRICA se publica el día 15 de cada mes, en español y en inglés por Ibérica Publishing Co., Inc., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. Todo el material contenido en esta publicación es propiedad de Ibérica Publishing Co., Inc. y no puede ser reproducido en su integridad. Copyright 1955, Iberica Publishing Co., inc.

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Ilustración






ArribaAbajoLa nueva generación

Rodolfo Llopis1


Rodolfo Llopis

De cuando en cuando me llegan de España cartas cordiales. Me llegan, unas por conductos ordinarios, con o sin complicidad de la censura; me llegan otras, por caminos más complicados. Son cartas amigas, aunque no todas sean de amigos. Son de jóvenes y de menos jóvenes. De antiguos discípulos, de viejos compañeros de profesión y de lejanos conocidos cuya situación espiritual, al cabo de tantos años y de tantas vicisitudes, ignoraba. No es extraño. Lo que ha pasado y está pasando en España y en el mundo ha conmocionado profundamente las conciencias.

Confieso que esa relación epistolar me agrada, aunque he preferido siempre la conversación, el Santo Sacramento de la Palabra, que decía Don Francisco Giner de los Ríos. El que esos compatriotas, tan diversamente situados espiritualmente, sientan necesidad de reanudar el diálogo cordial con quienes vivimos expatriados, lo reputo de gran interés para todos. El que quieran significar a otros españoles ausentes materialmente de España su estado de conciencia, sus reflexiones acerca de los graves problemas políticos, sociales y morales del presente y del futuro español, lo considero del mejor augurio.

Esos compatriotas quieren dialogar. Hacen bien. El diálogo humano constituye la esencia del vivir civilizado. Una vida sin diálogo es una vida truncada, mutilada espiritualmente. Dialogar con uno mismo, es ya mucho; pero no basta. Las más de las veces es una necesidad de la «circunstancia». En todo caso, puede ser un consuelo, cuando no un derivativo. Lo esencial es dialogar, dialogar cordialmente con interlocutores próximos o lejanos, visibles o invisibles. ¡Cuántos estragos ha hecho en España la propensión enfermiza al monólogo! La incapacidad del español para el diálogo cordial es la base de no pocos prejuicios que nuestro temperamento apasionado suele elevar a categoría de dogmas. Y cuando se habla o escribe dogmáticamente, la razón queda desahuciada.

Al margen de la censura

Si en todo momento nos ha parecido necesario el diálogo, hoy lo reputamos indispensable. Sobre todo con quienes quedaron en España. ¿Qué sabemos nosotros de lo piensan esencialmente aquellos compatriotas? Lo que leemos en la prensa franco-falangista es la expresión de los dóciles servidores estipendiados del régimen. Esa literatura de encargo o para agradar al «invicto», no nos sirve para bucear en el pensamiento profundo de la verdadera España. La España franco-falangista es algo postizo, superpuesto, inventado y administrado por los beneficiarios de una situación extraña a lo que es entrañablemente el pueblo español. Eso no es España. La Historia que están haciendo los franco-falangistas me interesa menos que la «intrahistoria» que diría Unamuno, que están viviendo quienes, en silencio, forjan el futuro español.

¿Qué piensan esos españoles? ¿Cómo reaccionan ante los problemas fundamentales? Ellos, esos españoles, la minoría, saben cómo pensamos nosotros, pues mal que bien, con las intermitencias que la censura se encarga de producir, pueden leer lo que se escribe en el extranjero. Nosotros solo podemos conocer lo que piensa esa España amordazada cuando nos llegan misivas de quienes, no pudiendo transponer la frontera, confían al correo el fruto de sus meditaciones. O cuando, los más afortunados de ellos, logran un pasaporte y vienen a visitarnos. Ese correo y esas visitas tienen el valor de ser la expresión de afanes y de estados de conciencia que debemos auscultar con la máxima atención para mejor comprender lo que acontece en España. Son, evidentemente, testimonios individuales, mas, al cotejarlos entre sí, son tantas las coincidencias que se advierten en ellos, que toda prudente generalización está permitida.

Panorama espiritual

En ese sentido, los párrafos que voy a transcribir de una carta recibida hace algún tiempo y que acontecimientos recientes actualizan, pueden contribuir a que conozcamos ciertos aspectos del panorama espiritual de España.

La carta me habla de la Democracia Cristiana, movimiento que se trabaja por formar en España. No se trata de replantear la tragicomedia de la C.E.D.A. -me dice mi corresponsal. Estamos separados de Gil Robles. Estamos totalmente en la línea personalista de Esprit y representamos una posición extremadamente izquierdista dentro del campo católico. No se resucitará la C.E.D.A. bajo la denominación de Democracia Cristiana -continúa- ni se hará de tal movimiento una cómoda trinchera en la que se cobijen los derechistas y los vasallos del episcopado.

Piense usted -añade- que un auténtico católico, y concedo que en España se pueden contar solo por millares, está obligado en la actualidad a realizar un movimiento de revalorización de la Cruz y de la Cristianidad.

Estamos -prosigue- mucho más a la izquierda que puedan estarlo los elementos extremados del M.R.P. francés; y en cuanto a mí, le diré que estoy más a la izquierda que la mayoría de los amigos de... (aquí el nombre de una persona muy conocida que cita). Nosotros apetecemos -exclama- un cristianismo de riesgo y de lucha. No queremos que el poder político se aproveche de lo católico, ni tampoco apetecemos que se haga a la gente cristiana por decreto. Pensamos -añade a seguido- que hay que ir a la conversión por la persuasión y en todo momento dando testimonio personal de que lo que declaramos es lo que hacemos.



Para que no haya equívocos, mi corresponsal precisa aun más su pensamiento con estas afirmaciones: «No tema que tras la sombra de la Cruz lo que tratemos es de mantener las viejas concepciones burguesas y capitalistas. Si espiritualmente supiera que la supresión de toda clase de propiedad creaba una mayor facilidad de vida cristiana, mis amigos y yo llegaríamos a una sociedad sin clases y sin propiedad privada».

Nuestro Cristianismo -insiste- no trata de utilizar la Cruz en beneficio de una burocracia clerical. No tema usted que nosotros actuemos obedeciendo consignas de un clero corrompido y traidor a su misión. Tampoco quiero que piense que nosotros tratamos de resucitar un socialismo feudal, como dijo Marx. No es en la nostalgia de una Europa medieval donde nos inspiramos. Admitimos el juicio social y económico que de la sociedad capitalista ustedes han efectuado, y lo que tratamos de hacer es lo que Mounier calificó como tarea del «marxismo abierto» y que es la posición a la que Francisco Ayala, compañero de usted, ha aludido en una serie de trabajos.

En conclusión -termina esta parte de la carta- no estaremos jamás a la derecha de ustedes en cuanto se trate de cuestiones sociales y económicas, sino tan a la punta como el que más.



Un esquema que ya no sirve

La carta aborda también el problema universitario. Sabe mi corresponsal cuánto me interesa ese aspecto de la vida española y se complace informándome acerca de las personas y de sus actitudes en las horas más críticas.

Tengo que decirle -comienza este extremo de la carta- que el viejo esquema de profesores clericales y no clericales ha perdido hoy todo su valor. La verdad es -prosigue- que los elementos que durante la República alardearon en la Universidad de ser hombres avanzados, se han comportado en la época actual como auténticas comadrejas. Yo podría citar nombres de personas a las que ustedes auparon y que son hoy la personificación de la cobardía y de la abyecta traición. En todo momento en que he tratado de obtener su colaboración, se han evadido e incluso han estimado que mi actuación debía cesar pues podía ponerlos a ellos en entredicho. Estos señores -añade con indignación- por no sentirse seguros con su pasado historial, son los que alardean de sumisión clerical y los que, como el viejo fariseo, rezan cuando saben que hay gente que pueda ser testimonio de su conversión.

La situación de la Universidad -dice más adelante- es mucho más compleja y no responde a los esquemas que valieron en 1931. Los catedráticos republicanos y de la Institución Libre de Enseñanza son hombres de auténtica cepa burguesa. Son los burgueses franceses de finales del siglo XIX que, en el orden económico, no quisieron saber nada de una transformación social.

El falangismo -añade- está representado por una serie de nuevos catedráticos que constituyen un grupo de izquierdas, que está en abierta oposición con los elementos clericales y republicanos, a los que acusan y atacan de conservadurismo social. Este sector falangista universitario, de hecho se expresa en términos socialistas, y si no acepta el socialismo es porque son dictatoriales y bastante próximos a los procedimientos bolcheviques.

El elemento que pudiéramos llamar «catolicismo oficial» -concluye- tiene muchos catedráticos, pero poquísima fuerza. Son políticamente tibios y personal y temperamentalmente blandos. De hecho no ejercen gran influencia en la Universidad. De todos los grupos, el de mayor prestancia es el OPUS, y estos, aunque tienen muchos peculiarismos, mantienen una actitud social cercana al socialismo.



Terminen aquí los extractos de la carta de mi amable corresponsal, extractos que he copiado literalmente para que se conozca sin adulteración el pensamiento de este grupo de compatriotas, a quienes corresponde, claro está, la plena responsabilidad de sus afirmaciones. Reconozco complacido que el lenguaje de mi corresponsal, al expresar el estado de conciencia del grupo de españoles católicos en cuyo nombre habla, es un lenguaje digno, cristiano, que hace mucha falta ser oído en España. Un lenguaje que los auténticos católicos y los no católicos pueden entender perfectamente, es el lenguaje que puede conducir, no a la «tolerancia», concepto que lleva en sí la idea de cierta concesión, si no el mutuo «respeto», concepto que lleva en sí reconocimiento y ejercicio de un derecho inalienable.

Los graves problemas de la separación

Quienes hubimos de expatriarnos en 1939, hemos tenido desde el primer día de nuestro exilio una gran obsesión: volver a España. Volver cuanto antes. Y volver, claro está, dignamente, después de la desaparición del régimen franco-falangista.

A medida que nuestra expatriación se ha ido prolongando, nuestra preocupación ha ido creciendo al pensar en los graves problemas que podríamos encontrar en España a nuestro retorno. Siempre creímos que hallaríamos una España destrozada y materialmente deshecha. Con muy penosas hipotecas de todo orden. Pero con ser tan alarmantes las perspectivas materiales, económicas y financieras, y sin desconocer la influencia de esas realidades en la formación de los estados mentales y espirituales de los españoles, siempre me ha alarmado más, mucho más, la situación moral en que podríamos encontrarnos los españoles todos cuando ese día llegase.

Al expatriarnos dejamos una España escindida, terriblemente escindida. ¿Producto de la guerra? Sí y no. Las guerras no crean nada. Lo que hacen es poner al descubierto lo que ya existía en potencia y que el control de la civilización mantenía acallado o dormido. Aquella España escindida que dejamos hace años, sigue hoy tan escindida como antes. Quienes debían haber superado los abismos que la guerra abrió, en vez de hacerlo se han recreado en la piadosa tarea de ahondar los cada día un poco más. La obra reconciliadora que tan estruendosamente han proclamado, no ha sido más que una farsa trágica. No se reconcilia a un pueblo con la intolerancia, persiguiendo a los discrepantes, mutilando la cultura, deformando los cerebros, envenenando las conciencias, multiplicando las cárceles y ensanchando los cementerios.

A esa España que dejamos escindida añadiremos, quizá, nosotros con nuestro retorno un nuevo elemento de preocupación. A los que han tenido que vivir clandestinamente, verdaderos expatriados en su propio país, y a quienes hemos tenido que vivir en el exilio, se nos ha formado ya, al cabo de los años de ese vivir distinto, una mentalidad especial, diferente. Me temo que unos y otros seamos víctimas de nuestros propios complejos, aunque confío que puedan superarse eses diferencias rápidamente en un régimen de libertad y de democracia. Pienso en las experiencias que he vivido o seguido en Francia, Italia y Alemania al día siguiente de la Liberación. Recuerdo el espectáculo que ofrecían las reuniones en las que coincidían quienes habían ocultado sus ideas durante años y años, y quienes las habían desarrollado libremente en el extranjero o las habían elaborado en el interior abajo la intoxicación del régimen dictatorial. Esas tres categorías de compatriotas se sentían extraños entre sí. Todos creían y decían pensar lo mismo, pero cada cual hablaba un lenguaje diferente. Por fortuna, el régimen de libertad y de democracia que vino con la Liberación, fue salvando la situación que no por ser natural, no nos entristecía menos. Y en España, puede suceder algo may parecido.

La nueva generación rompe con el régimen

Llevamos los españoles más de quince años separados los unos de los otros. En esos quince años las circunstancias económicas han creado nuevas estructuras sociales que nosotros, expatriados, conocemos mal. En esos quince años ha surgido una nueva generación. Los hombres de esa nueva generación se han formado en un momento de dolor nacional. En una España trágicamente escindida. En un ambiente de terror y de corrupción, de intransigencia y de fanatismo. Oyendo decir todos los días que hay dos Españas, la buena y la mala, la verdadera y la anti-España. Sometidos a la presión de una propaganda envenenada que ha querido alejarlos de toda preocupación trascendente y sumirlos, en cambio, en la frivolidad y en el culto a las consignas.

Sin embargo... En esa generación así formada, no todo es frivolidad ni culto a las consignas. De ello tenemos pruebas más que suficientes. En esa generación son muchos, muchísimos, los que, a medida que han ido creciendo, han ido adquiriendo conciencia de sí mismos. Y a medida que han adquirido esa conciencia, se han sentido decepcionados del régimen en que se formaron y que les llenó la cabeza de palabras hueras y de promesas que no se cumplieron.

Buena parte de esa generación sabe ya claramente lo que no quiere, mas no sabe todavía con la misma claridad lo que quiere. Vive un momento crítico, de gran plasticidad espiritual. Es el mejor y también el más arriesgado momento de su existencia, pues toda propaganda de signo contrario o solamente diferente de la que han padecido durante tantos años, puede encontrar eco favorable en sus cabezas y en sus corazones.

Mas hay igualmente otra buena parte de esa generación, de extracción universitaria sobre todo, que no sólo sabe con claridad lo que no quiere, sino que, además, también sabe lo que quiere. Esos hombres, cual ha sucedido en todas las crisis nacionales, al adquirir plena conciencia del mal de España, desean contribuir con su esfuerzo a que termine la gran pesadilla en que España se consume. Los hombres de esa generación se afirman rompiendo con el régimen franco-falangista y quieren acabar con la dramática ficción en que, más que vive, muere España.

Con elementos representativos de esa nueva generación hemos tenido ocasión de hablar más de una vez y con ellos hemos establecido el más cordial de los diálogos. Poco a poco nos hemos ido conociendo mutuamente y se ha destruido la ab surda muralla de ignorancia y de odios que el régimen se esforzó en levantar entre los españoles. Así, cada día podemos descubrir nuevos rasgos del perfil mental, psicológico y moral de los hombres de la nueva generación.

Las juventudes -me dice un joven profesor- están cansadas de estas tres cosas: de clericalismo; de liberalismo político; de dictadura militar y dogmática. Les es común a todas ellas -añade- a excepción de los hijos de las familias poderosas, una preocupación por lo social; pero quieren que la transformación social de España se haga con energía y mano dura.



En la Universidad -me dice un viejo profesor- reina gran inquietud rayana en la zozobra. Los estudiantes, en su inmensa mayoría, son antifranquistas. La efervescencia que hoy se advierte en las Universidades contra el régimen -añade- supera en intensidad y extensión a la que conocimos contra la dictadura primorriverista y contra la monarquía.



Los hombres de esta nueva generación no quieren saber nada de la guerra civil. Mejor dicho, no les gusta que se les hable de ella. El drama estalló cuando todavía eran niños. Consideran ese doloroso episodio de la historia española como algo malo que hicieron «otros». Con tanto más motivo, cuanto que ya han oído a no pocos de esos «otros» decir que «aquello» fue un crimen estúpido, cuyas consecuencias están sufriendo todos.

Raro es el día que no nos llegue la noticia de algún nuevo gesto revelador del espíritu de independencia de los hombres de esa nueva generación. Así, un día, es el hijo del Ministro de Relaciones Exteriores, del catolicísimo Martín Artajo, representante de los intereses del Vaticano en el gobierno franquista, que ve regresar de Escocia a uno de sus hijos convertido al protestantismo... Otro día, será el hijo del ministro del Aire, Gallada, que no acepta la cátedra de Derecho que le ofrecen, por no querer ser profesor de Derecho en un país cuyo régimen escarnece el Derecho y la justicia...

Pero para conocer el estado de espíritu de los hombres de esa nueva generación, nada tan expresivo como el Mensaje que un grupo de jóvenes que viven en España enviaron a los jóvenes españoles expatriados que se reunieron en Toulouse, a fines de Agosto, con motivo de las jornadas de estudio que organizó el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, Mensaje que me ocupó el honor de leer en el acto público de clausura reproducido ya en Ibérica2 y del que queremos citar estas frases: «Nos llena de orgullo la dignidad de vuestra espera... Aquí os esperamos para continuar juntos nuestra historia... España no es responsable de nuestra soledad ni de vuestro exilio... Donde quiso separarnos será el lugar de nuestra cita»... He ahí un magnífico testimonio. Lo que muchos estimaban difícil si no imposible, se está produciendo: el diálogo cordial entre españoles de dentro y de fuera de España. Entre jóvenes de una misma generación y entre españoles de dos generaciones a quienes un «crimen estúpido» separó y un régimen no menos criminalmente estúpido se esfuerza en mantener separados.

No importa saber de quien partió la iniciativa del diálogo. La iniciativa no ha sido de nadie y es de todos, porque anidaba en el corazón de todos. La temida querella de generaciones no tendrá lugar. En todo caso, mi generación, con la que ha sido tan cruel la vida impidiendo que fuese más útil a su país, hace tiempo que sólo aspira a que su experiencia, dolorosa y fecunda, pueda servir de puente a esa generación que tiene ya conciencia de sí misma y se prepara a cumplir su misión en la nueva España, libre y democrática, cuyo alborear se anuncia.

Rodolfo Llopis.




ArribaAbajoEspaña: realidades e ilusiones3

George Dennis


Un matrimonio de conveniencia y aun un matrimonio contraído a la fuerza no tiene que resultar necesariamente un fracaso. Puede resultar muy bien un éxito, pero a una condición y es la siguiente: que ninguna de las dos partes lleve la ilusión de que esa unión se basa en un amor eterno y verdadero. Pero ese es el error que existe en el romance matrimonial entre el Sr. Dulles y la España de Franco. Los lectores de Ibérica saben muy bien de que lado está la ilusión en este caso. La realidad exige que miremos con alguna atención al «nuevo mejor aliado de los Estados Unidos».

La España «oficial» es engaño y corrupción, las virtudes españolas siguen existiendo, pero en el pueblo, lejos de las esferas oficiales; ahora bien, son las esferas oficiales las que internacionalmente juegan.

En Falange o mejor dicho, entre distintos grupos de falangistas, hemos encontrado desesperación e idealismo frustrado. Hay esos hombres que siguieron a José Antonio por razones idealistas que han abierto los ojos ante los hechos ocurridos después de su muerte. Muchos de ellos ocupan altos puestos y tratan de hacer lo mejor dentro de las circunstancias actuales. Otros caen en ese tipo de hipocresía que el escritor polaco anti-comunista, Czeslaw Milosz, ha bautizado con el nombre de «ketman», ocultan sus verdader os sentimientos y disfrutan del poder.

Hay otro grupo que ofrece más promesa que éste: son los jóvenes de ambos sexos educados por fuerza en la ideología de Falange. Son estudiantes o empiezan sus carreras universitarias. Han vivido y viven en un completo aislamiento; la herencia del occidente les fue prohibida, pero encontré en ellos verdadera sed de libertad y democracia. Esta sed y hambre no les viene de libros sino de emociones y hondas intuiciones. Esta juventud la podemos ver en La muerte de un ciclista, el film de Bardem. No cabe duda que una España mejor puede edificarse.

Ilustración

Pero todo eso es cosa del futuro. En la España de hoy esos jóvenes no pueden hacer más que gritar en el desierto. La España de Franco representa, en su aspecto político, económico y cultural, un verdadero Establo de Augías, sería necesario un esfuerzo hercúleo para limpiarlo. Todos los problemas que provocó la guerra civil quedan no sólo sin solución, sino agravados. Hay además otros problemas creados por el régimen, que no existían antes.

Los problemas principales de la política interior de España son, a mi juicio: el regionalismo, el problema obrero y el agrario-campesino. Los simpatizantes con el regionalismo los encontramos no solamente en los viejos centros -Cataluña, Vasconia y Galicia- sino en otras regiones, estimulados por el escurialismo franquista. Nadie ha hablado tanto de la unidad de España como Franco y los suyos y nadie ha puesto esta unidad tan en peligro como ellos.

El problema obrero es, por razones que no necesitan explicación, menos visible que el regionalista. El hecho básico de la situación es que el salario medio, real, de la España de 1955 es 31,92% de lo que era en 1936. Y esa es una cifra oficial que puede pecar más bien por ser demasiado alta que demasiado baja. Lo mejor que se puede decir de los sindicatos falangistas es que no son un fraude completo. Dan a los obreros algunos beneficios marginales tales como tratamientos médicos especiales y campos de vacaciones para los niños, pero nada puede suplir ese 31.92% de jornal.

Esta es una situación que explotará algún día. Entre los pocos españoles dentro de España que entienden esta amenaza está Antonio Girón, ministro de Trabajo. Girón es un castellano de la provincia de Valladolid y su ideología no es la de Falange sino la de la JONS. José Antonio quiso, con su Falange, incorporar a España al siglo XX con sus movimientos de masas: comunismo y fascismo. Pero la inspiración de la JONS era la Castilla de la Edad Media. La idea del sindicato que tiene Girón es a la vez medieval y peronista. Girón ha guardado para sus sindicatos un tenue grado de independencia: contrariamente a la práctica fascista los congresos sindicales se celebran sin la presencia de los patronos. Además la política de Girón ha hecho de los sindicatos falangistas un refugio para anarquistas, socialistas y aun comunistas. Se sabe que Girón es opuesto a los planes de restauración monárquica y que sus ambiciones van más allá de su poder actual. No hay que perderle de vista.

El problema agrario y campesino es grave y lo sufre el país en silencio. La distribución de la tierra sigue siendo uno de los graves problemas sin solución. El campesino español tiene aun menos libertad de expresión que el obrero de la ciudad. Además nunca ha tenido una organización que se pueda comparar con las organizaciones obreras. Aunque he tenido con ellos menos contacto que con los obreros, sí puedo asegurar una cosa: el campesino está amargado en su situación y muestra su descontento «votando con los pies». Los campesinos rusos de Trotsky votaron contra la continuación de la guerra abandonando sus regimientos y volviendo a sus pueblos; los campesinos españoles votan contra el régimen abandonando sus pueblos y marchándose a las ciudades.

Cualquiera que sea el régimen que suceda a Franco tendrá que enfrentarse con esos problemas. La Monarquía ha demostrado en el pasado su incapacidad completa para solucionarlos y, hasta ahora, no ha presentado el menor signo de ser capaz para el porvenir. La única esperanza para España está en la República. Pero para realizar esta esperanza la nueva República tendrá que basarse en la experiencia de los exilados y en la de los españoles que se han quedado en España.

Porque además de los problemas señalados, la República tendrá que enfrentarse con las fuerzas que la desafiaron en 1936 y que constituyen hoy los pilares del régimen: el ejército y la iglesia. En ninguna época de su historia ha gozado el ejército español de tanto poder político y económico como hoy, pero no olvidemos que hay bastante descontento entre los oficiales de menor graduación y generales a quienes tampoco agrada la manera como Franco ha purgado el generalato de todo enemigo actual o potencial, sustituyéndolos con sus adeptos. Y eso es muy importante, porque es probable que el que recoja la herencia inmediata del caudillo salga del generalato. Respecto a la iglesia no podemos ignorar que es un baluarte del franquismo. Algunos van más lejos y dicen que la iglesia es la que verdaderamente gobierna en España, pero no es más que una parte de la verdad, ahí están los ejemplos del cardenal Segura y el más silencioso del obispo Herrera. La iglesia, según he podido informarme, está dividida en facciones; los jesuitas parece que son hoy una minoría y en cambio sus rivales del Opus Dei ganan terreno, se les designa con el nombre de «Masonería Blanca». De todo se podrá acusar a la iglesia española menos de falta de inteligencia y muchos de sus componentes tienen mala conciencia del pasado y temores del futuro. Tienen miedo de lo que puede ocurrir «la próxima vez», sobre todo porque la Iglesia ha sido un rotundo fracaso como contrapeso al comunismo. Todos los informes de alguna seriedad sobre la situación de España están de acuerdo en que el comunismo ha registrado un sensible progreso, aunque no espectacular, bajo el franquismo.

Todo eso hace de España un aliado incierto para la lucha contra el comunismo. Mi impresión es que el equipo gobernante actual se entregaría al mejor postor. Uno de ellos me decía con ingenuo candor. «Si los comunistas llegan aquí nos haremos todos comunistas». Acordémonos de la conducta de la España franquista con sus benefactores nazis; son perfectamente capaces de repetirla otra vez.

Antes de echar más dólares en España los gobernantes de nuestro país harían bien en tener en cuenta éstas y otras realidades y acordarse del viejo refrán: «Quien vive de ilusiones muere de desengaños».

George Dennis.




ArribaAbajo La dictadura argentina y los republicanos españoles

Carlos P. Carranza


En el largo y penosísimo proceso de la dictadura argentina, la colectividad española aquí residente ha estado constantemente expuesta a las conveniencias y los caprichos del hombre que lo era todo en el régimen y que disponía de todo sin frenos de ninguna clase. De ahí que, para comprender la situación por la que hemos pasado los republicanos españoles en este país, durante los doce tristes años, sea indispensable conocer quien era y como era el dictador.

El movimiento militar del 4 de junio de 1943, iniciación de la etapa dictatorial, triunfó con facilidad pasmosa. En sus orígenes, impulsos y objetivos, era caótico, incongruente y desarticulado. En su seno bullían personas, grupos y tendencias diversas, opuestas y aun contradictorias. Careció de un jefe y tampoco pudo crearlo en los primeros años. El conductor del pronunciamiento y primer presidente provisional, general Rawson, duró horas tan solo. El segundo, general Ramírez, fue derribado por el entonces coronel Perón cuando aquel se disponía a cortar la carrera ascensional de éste. El tercero, general Farrell, asumió un papel de encargo y ejerció un poder intervenido. Quien encarnó el movimiento, lo adaptó a sus fines particulares y extrajo de él beneficios ingentes fue Perón.

Era este un militar de tantos. No había revelado ninguna cualidad ni rasgo sobresaliente. Pero poseía condiciones excepcionales de intrigante y maniobrero, ardía en una ambición sin límites y no se consideraba cohibido por ningún obstáculo. A su fuerte personalidad, audacia arrolladora y monstruosa inescrupulosidad, se agregaron circunstancias sumamente propicias para él. No tuvo opositores de su talla. La única vez que corrió verdadero riesgo de ser definitivamente anulado, en Octubre de 1945, dio fácil cuenta de sus enemigos con el apoyo de los sindicatos, a los que había conquistado desde la Secretaría del Trabajo y que fueron movilizados el día 17 del mencionado mes para liberar a Perón de su prisión y restaurarlo en el poder.

Desde entonces, todo fue fácil para él. Dispuso de cuantos resortes proporciona el poder y los utilizó al máximo para preparar las elecciones presidenciales de Febrero de 1946. A su triunfo en ellas, contribuyeron la clase obrera y campesina, atraídas mediante un colosal soborno colectivo. Y también cooperaron una fracción del partido radical, elementos dispersos de otros partidos y la casi totalidad de las fuerzas católicas y reaccionarias. Formose así el conglomerado más abigarrado y heteróclito que cabe imaginar. Sin contenido doctrinal alguno, sin programa definido, sin otro aglutinante que la adhesión incondicional a una persona, el sector favorable al dictador era equívoco, confuso y arbitrario.

Una vez en el poder, Perón ajustó su conducta al designio inflexible de perpetuarse en él por todos los medios. No toleró que se le discutiese, se le criticase ni que se le combatiera, a cuyo objeto suprimió la prensa libre y sometió todos los órganos de publicidad -prensa, radio, cine, televisión, teatro- a la censura más férrea.

Por otra parte, promovió una propaganda delirante, hasta la divinización de su persona y la de su esposa. Envuelto en el incienso de la adulación más servil y degradante, el dictador fue su mayor víctima, pues cayó en un endiosamiento grotesco. Se imaginó que era un genio en todo, algo semejante a un enviado providencial para salvar a su pueblo, cuando en realidad lo ignoraba todo y no poseía sino una extraña y embriagadora mezcla de audacia, cinismo e inconsciencia que suplían su indigencia mental y su carencia total de preocupaciones intelectuales y morales.

Pero el rasgo característico de su tortuosa personalidad ha sido la completa ausencia de frenos y barreras en la conducta y la patológica convicción de que tenía derecho a todo. Su turbia personalidad y su siniestra acción no se salvan con nada. En diez años de dictadura omnipotente, no ha tenido un rasgo humano, ni un gesto noble, ni una reacción sincera, ni un impulso generoso, ni una muestra de idealismo. La mentira y el engaño, el odio y la violencia, el resentimiento y la venganza, la falsía y la traición, el desprecio a las exigencias del honor y la moral. Las más bajas cualidades de lo infrahumano han presidido la conducta del tirano, todas ellas denunciadas, detalladas y comprobadas en el más estupefaciente fallo de un tribunal de honor, que acaba de desnudar al dictador, declararlo indigno de pertenecer al ejército y condenarlo a la pérdida del grado y la privación del uso del uniforme.

No ha de sorprender, pues, que un tirano de esa condición simpatizara con todas las dictaduras. Acérrimo partidario de Hitler y Mussolini, hizo cuanto pudo en favor de ambos durante la segunda guerra mundial. En la documentación confiscada por los aliados cuando entraron en Berlín, encontraron pruebas inconcusas de las bajas faenas de espionaje retribuido que estuvo practicando en la Argentina el futuro dictador. Idéntica inclinación hacia el tirano de España reveló siempre Perón. Franquista de la primera hora, hizo cuanto pudo a favor del dictador español. Así, cuando por su acuerdo de Diciembre de 1946, la U. N. descalificó a Franco a causa de su índole nazifascista y de haber alcanzado el poder con el apoyo de Hitler y Mussolini, y recomendó a los países miembros de la organización que se abstuvieran de enviar embajadores a Madrid, el único que infringió el acuerdo fue la Argentina de Perón.

En aquellas circunstancias, las más difíciles por las que ha pasado Franco, el apoyo de Perón fue salvador. Porque no se circunscribió al aspecto diplomático y moral, sino que también le prestó ayuda sustancial en el orden económico, mediante valiosísimos envíos de cereales y carnes, de los que la anémica y destruida economía española estaba necesitadísima en aquellos angustiosos años.

Otra forma de apoyo a la tiranía franquista fue la persecución de las organizaciones republicanas españolas, numerosas y potentes. Ya en los primeros años de la dictadura, antes del encumbramiento de Perón, los elementos militares que le prepararon su predominio comenzaron su acción contra los republicanos españoles. Forzaron, en efecto, al cierre o a la disolución diversas entidades e impidieron toda actividad política y aun cultural a las subsistentes; pero, sobre todo, persiguieron al semanario España Republicana, decano de las publicaciones democráticas españolas de América y órgano del Centro Republicano Español de Buenos Aires; en Diciembre de 1943 se le notificó una orden de suspensión indefinida.

Hubo que lamentar nuevas disoluciones de entidades, entre ellas la de «Fraternidad Española», organismo creado por el Centro Republicano Español para la ayuda a los exilados y a los compatriotas necesitados. A los Centros subsistentes, se les sometió al trato más riguroso, a la par que sobre ellos gravitaba una constante amenaza de cierre y disolución.

La situación dejó de ser tan peligrosa y difícil para las organizaciones republicanas cuando las relaciones entre el tirano español y el argentino se fueron enfriando hasta hacerse bastante tirantes. Causa principal de la ruptura fue la conducta de Franco. De manera cínica y descarada dejó, en efecto, de cumplir cuantas obligaciones había contraído con su protector argentino. Probablemente, Perón no fue serio y sincero sino en una ocasión: en sus tratos con Franco, al que apoyó por encima de todo y ayudó sin regateos. Pero el tirano español no correspondió a tales pruebas de amistad, sino que deliberadamente practicó la política de aceptar gustosamente cuanto le enviaba la Argentina y no remitir, por su parte, ninguna de las partidas convenidas ni pagar ninguno de los saldos contrarios. El cinismo y la inescrupulosidad del gobierno franquista llegó hasta el extremo de disponer que los barcos que partían de puertos españoles cargados de artículos manufacturados y productos muy solicitados dejaran su valiosa carga en puertos intermedios, donde se cobraban en buenas divisas, con lo que llegaban a Buenos Aires con las bodegas vacías y no traían lo convenido.

Consecuencia de semejante conducta, que en la Argentina se califica de estafa desvergonzada, es que este país sea acreedor de España en crecido número de millones, en contraste con los demás países europeos y americanos, con los que Perón contrajo deudas por cantidades aterradoras que han colocado a la economía argentina en situación harto delicada. Así se ha podido decir que Perón pudo sacar ventajas de todos los países menos de la España franquista, cuyo dictador, Franco, ha sido el único que ha sabido engañar y estafar a Perón.

Pero no fue ese el solo motivo del enfriamiento de relaciones entre ambos compinches. Hace poco más de un año, patente como era la pérdida de prestigio, de fuerza y posibilidades por parte de la dictadura argentina, cuya caída iba pareciendo inevitable, la Iglesia Católica, siempre sagaz y previsora, se dispuso a preparar un instrumento político que, en representación y defensa de sus intereses, estuviera en condiciones de intervenir activamente en la nueva organización política del país. Así recibió poderoso impulso la corriente favorable a la creación del partido Demócrata Cristiano. Además del clero argentino, en los trabajos de organización un tanto clandestina y de discreta propaganda, tomaron parte también un buen número de sacerdotes españoles, de los que se sospechaba que vinieron expresamente comisionados para esa labor que contaba con la simpatía y el apoyo de Franco. Cuando el dictador argentino se percató de lo que estaba ocurriendo, su furor llegó hasta el paroxismo. Reaccionó con la violencia y el espíritu vengativo que le caracterizan. A la Iglesia argentina la inculpó de mala fe, ingratitud y deslealtad, por entender que pagaba de tan mala manera las sustanciosas concesiones que le había hecho y que la curia no había podido lograr anteriormente ni de los gobiernos más netamente oligárquicos. Se dispuso, pues, a desatar contra la Iglesia una campaña de fuertes represalias. En cuanto a Franco, llegó a ordenar que los diarios adictos desplegaran una campaña violentísima. Durante varios días, la prensa peronista injurió al tirano español con los términos más denigrantes. Llegó a colocarlo por bajo de Al Capone. Además, en el desenfreno de su furor vengativo, Perón había decidido romper relaciones diplomáticas con Franco y acusarle públicamente de oprimir, explotar y corromper al pueblo español. Tal era la situación en Octubre de 1954, cuando apremiantes intervenciones de la jerarquía militar más elevada lograron convencer al dictador argentino para que desistiera de su arrebatada decisión.

Por el propio tiempo, la colectividad hispánica estuvo sometida a fuerte presión para que constituyera una agrupación peronista española que se incorporase a la Agrupación Peronista de Extranjeros. Todas las demás colectividades habían cooperado a tal movimiento con grupos más o menos numerosos. No habría sido difícil constituir un grupo español con elementos franquistas. Pero todos saben perfectamente que, en la colectividad española, el franquismo no cuenta ni con un diez por ciento de adeptos. Otra pequeña proporción de ella es indiferente; pero probablemente un ochenta por ciento es resuelta e insobornablemente republicana. Por ello, el dictador aspiraba a que el grupo español peronista estuviera constituido por republicanos. Pero fue completamente imposible conseguir ni un mínimo de adhesiones para iniciar la vida de tal agrupación y los dirigentes del movimiento republicano, decididamente enemigos también de tamaña claudicación, estuvieron siempre dispuestos a resistir, aunque su actitud pusiera en peligro la subsistencia de las organizaciones mismas.

Por fortuna, el levantamiento que puso fin a la tiranía ha devuelto también la tranquilidad a las entidades republicanas; y, lo que importa más, ha creado el clima de libertad indispensable para intensificar la acción en pro de la causa democrática, en pro de España, por la que luchamos sin descanso.

Carlos P. Carranza.

Buenos Aires, Noviembre de 1955.




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Información de nuestro corresponsal en España


El reino de la censura

Estamos frente a otro triunfo teórico del general Franco: el ingreso de España en las Naciones Unidas. Al solicitar ese ingreso el régimen franquista se compromete tácitamente a respetar los principios básicos de la Carta de la organización: la España actual no cumplirá con ninguna de las obligaciones de la Carta. Hace tres años, al ingresar en la UNESCO se comprometió a favorecer, de acuerdo con los estatutos del citado organismo, la «libre difusión de las ideas y los conocimientos».

Sin embargo, no sólo sigue haciendo caso omiso de los preceptos rectores de la organización cultural, sino que las medidas represivas contra las actividades intelectuales han adquirido inusitada violencia en los últimos meses.

La segunda censura

Novelistas de renombre como Tomás Salvador o Elena Soriano han sufrido la interdicción o la mutilación de sus obras más recientes. Ha sido prohibida por la censura la última novela de Zunzunegui: El hijo hecho a contrata. La última obra de la conocida novelista Ana María Matute ha sufrido supresiones fundamentales. Por otra parte, la inusitada violencia de los ataques de prensa contra La Cativa de Camilo Cela da motivos para temer el secuestro de esta última novela d el autor de La Colmena y de La Familia de Pascual Duarte. Ya han sido retiradas de las librerías Las Notas sobre la Literatura española contemporánea del joven crítico literario catalán José María Castellet y la policía ha prohibido al autor proseguir sus actividades literarias y periodísticas.

Se nota que en la mayor parte de los casos que acabamos de señalar, obras ya autorizadas en primera lectura, han sufrido una interdicción total o unas mutilaciones de mayor o menor gravedad a consecuencia de una segunda intervención de la censura. La última novela de Elena Soriano ha sido prohibida una vez impresa. Y el volumen de José María Castellet, cuyos ejemplares han sido recogidos recientemente por la policía, figuraba desde hace varios meses en el escaparate de las librerías madrileñas y barcelonesas.

La segunda muerte del ciclista

Varios casos de intervención de la segunda censura han sido notados también en el ramo de la producción cinematográfica. Acaba de sufrir nuevas mutilaciones la conocida película de Bardem La muerte de un ciclista, ya autorizada primera vez hace varios meses. Al principio del año la proyección privada de esta película -cuyo argumento había sido sometido en tiempo oportuno a la previa aprobación de la censura- despertó cierta emoción en los medios gubernativos que se opusieron a la inclusión de dicha obra en la selección oficial presentada en el certamen internacional de Cannes. Estrenada en la ciudad del festival, al margen del concurso oficial, La Muerte de un ciclista consiguió el premio de la crítica. Esta merecida recompensa concedida al joven realizador y los aplausos que le tributaron los espectadores de las salas parisinas irritaron la cólera de los adversarios encarnizados del cinematógrafo progresista. Sometida una segunda vez al tribunal de la censura antes de ser estrenada en España, La Muerte de un ciclista ha sufrido la supresión de la escena satírica de la boda mundana y de las imágenes de la huelga estudiantil. Otro pasaje suprimido, sin duda a petición de la censura eclesiástica, es el de la Iglesia. La conciencia tormentada por el recuerdo de la muerte del ciclista, que abandonó tendido en la carretera, Juan, el protagonista de la película, se detiene un rato ante un confesionario. «¿Qué quiere?» le pregunta un sacerdote acercándose a él. Después de un breve instante de vacilación, Juan contesta negativamente: «No: ya es demasiado tarde». Estas palabras adquieren, pues, en un ambiente de religiosidad semimedieval como el de España un tono de inusitada osadía.

Ilustración

La segunda censura, aunque se manifiesta con más rigor en estos últimos meses, como hemos dicho, funciona desde hace tiempo. Hace varios años, una novela de guerra de Rafael García Serrano, muy bien acogida por los críticos que le tributaron elogios entusiastas, fue retirada de las librerías a petición de la jerarquía eclesiástica escandalizada por el lenguaje verde de los protagonistas. En su deseo de respetar la veracidad histórica, el autor había salpicado con blasfemias los diálogos de los modernos «cruzados» del 18 de julio.

Otra característica intervención de la segunda censura es la de que fue víctima, hace tres años, la Escuadra hacia la muerte, la obra maestra del joven dramaturgo Alfonso Sastre. La tesis desarrollada por esta «moderna tragedia» presentaba cierta analogía con el argumento de La muerte de un ciclista. Similitud que no cabe explicar por una mera coincidencia. Ambas obras desarrollan los temas de la solidaridad en el crimen y del despertar de la conciencia. Los protagonistas de Escuadra hacia la muerte que formaban parte de una patrulla perdida, en una época inconcreta, en una áspera zona desértica de Marruecos, asesinaban su jefe, un cabo que se empeñaba en imponerles una disciplina cuartelesca. Para estrenar esta obra insólita, el Teatro Nacional Popular -una formación del S.E.U., el sindicato universitario falangista- había alquilado el teatro María Guerrero. Pese al padrinazgo falangista el drama fue prohibido a petición de la autoridad militar, a los pocos días de ser estrenado con éxito ante un nutrido público estudiantil.

El «estraperlo» del visto bueno

Estos ejemplos no son de hoy, los casos de intervención de la segunda censura van multiplicándose desde hace seis meses. ¿Qué motivos son los que provocan este fenómeno? ¿Es que no basta con una censura para reducir al silencio el pensamiento hispano? Puesto que la autoridad tiene que rectificar las decisiones primitivas de la censura, cabe suponer que al demostrar una relativa blandura, los censores ordinarios han traicionado las consignas gubernativas. La precaria condición económica de los censores explica en parte el descuido que demuestran en el cumplimiento de su cometido. En todos los países donde funciona la censura, sus agentes suelen reclutarse entre las capas sociales más desgraciadas: las de los escritores fracasados y de los oficinistas retirados. Si estuviera en condición de desempeñar otra actividad, el censor no se dedicaría a una misión tan indecorosa. La condición humillada del censor contrasta con su inmenso poder de negación espiritual. Las realidades políticas del actual régimen extreman el carácter paradójico de la condición del censor. La censura, que es efímera por naturaleza, adquiere, pues, en España un carácter de permanente normalidad. Al perdurar pierde toda justificación, y el creciente desprestigio del oficio se traduce por una condición económica cada vez más rigorosa. En un país donde la insuficiencia de los sueldos es la lógica consecuencia de un sistema económico anacrónico, el censor integra la capa más mísera de este proletariado de empleados del Estado que se ha formado paulatinamente desde hace diez y seis años.

Al unirse con la pobreza el poder siempre engendró la corrupción. El censor sirve a regañadientes un régimen que no le asegura ni consideración social ni recursos económicos decorosos. No vacila en convertir su poder en instrumento de lucro personal. En todos los ramos de la administración franquista, el «estraperlo» compensa la insuficiencia del sueldo. El visto bueno del censor es objeto de una de las formas más fructíferas del estraperlo administrativo. En el presupuesto de determinadas editoriales figuran créditos destinados a los censores. Además del sueldo del Estado, ciertos empleados de la censura cobran regularmente a fin de mes un sueldo oculto concedido por una casa editorial.

Los falangistas desengañados

El «estraperlo» del visto bueno explica la tolerancia demostrada en determinados casos por los censores al autorizar obras cuyo significado es tan opuesto a la idiosincrasia del régimen que su publicación quedó inexplicable para la inmensa mayoría de los lectores. Pero otros motivos de índole ideológica contribuyen a alterar el funcionamiento de la censura. Ciertas obras sometidas en los últimos meses a la censura rectificativa habían escapado a la censura ordinaria. Ya sabemos que el drama de Alfonso Sastre. Escuadra hacia la muerte, prohibido hace tres años a petición del alto mando, había sido estrenado bajo los auspicios de un cuadro artístico falangista. Este caso se repitió varias veces en los últimos meses.

Permanecen excepcionales los casos que evidencian con tanta claridad el divorcio entre las consignas gubernativas y el criterio de determinados sectores progresistas de Falange. Pero los jóvenes autores pertenecientes a Falange disfrutan de la tolerancia de los censores que por considerarlos adictos al régimen les conceden automáticamente su visto bueno sin apenas leer sus obras. En este caso se encuentra la mayoría de los autores de la nueva generación literaria. Pertenecen, pues, a las capas sociales adineradas, las únicas que tengan acceso a la cultura universitaria. Salvo el caso de una inusitada precocidad, la edad de los jóvenes autores de renombre oscila entre 30 y 36 años. Estos jóvenes privilegiados cumplieron sus veinte años en el periodo de euforia burguesa y nacionalismo delirante de la postguerra. Influidos por el ambiente ingresaron con entusiasmo en las formaciones estudiantiles falangistas. En la primera década de la postguerra los falangistas de insospechable sinceridad política integraban pues, el setenta o ochenta por ciento del medio estudiantil. Poco a poco se percataron de la impostura de que fueron víctimas. Similitud de destino y evolución que explica el paralelismo de sus temas predilectos. Durante un periodo de mayor o menor brevedad el falangista desengañado sigue desarrollando su obra con relativa independencia de criterio a la sombra del recuerdo del entusiasta militante falangista que fue en los lejanos tiempos de la postguerra. Pero tarde o temprano llega fatal y necesariamente el momento en que la atención de los medios gubernativos, llamada por alguna insólita manifestación de libre pensamiento, se fija en la nueva actitud oposicionista del joven autor defraudado de las esperanzas de sus veinte años. Entonces interviene la censura rectificativa y se desatan las persecuciones policiacas sobre el imprudente que no supo callar su angustia y su anhelo de reformas. Entre él y la masa de los lectores la censura interpone un telón de silencio.

Que intervenga para frenar la oposición de la juventud falangista desengañada o para reparar el descuido de la censura oficial, la segunda censura figura entre los indicios que ponen de manifiesto la desagregación interna de un régimen minado por la rebelión espiritual de la juventud universitaria y la mendicante indisciplina de la casta burocrática.

Madrid, Noviembre 1955.

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ArribaAbajoEntrevista en tierra libre

Entrevista celebrada en París con un universitario español por un redactor de la revista Cartes d'Europa.

¿Cree que puede hablarse de una evolución de la situación política española desde hace un año a esta fecha?

-Sin duda. El replanteamiento urgente de la cuestión monárquica, a través de las declaraciones del general Franco, de Don Juan de Borbón y del Ministro Fernández Cuesta es una prueba de ello. Pero la dimensión de la crisis política viene dada por el profundo descontento que esta serie de declaraciones, contradictorias y en algún caso desmentidas, ha producido en el pueblo español. Nunca ha dado el régimen una impresión de desconcierto tan grande como en estos últimos meses.

¿Cree posible un cambio?

-Tal vez soy demasiado optimista, pero creo en un cambio político a corto plazo. Quizá en el último momento, por única vez, Franco y los españoles estarán de acuerdo en un punto importante: Franco en marcharse, los españoles en que se vaya. Pero, de ahí no pasa la convergencia. En cuanto a la solución para después de su marcha, el Caudillo vuelve a darnos una muestra de su habitual «sentido» político: imponer una solución monárquica a un pueblo que, por este solo hecho, se está volviendo republicano.

¿Entonces existe, en su opinión, un ambiente republicano en España?

-En realidad no puede hablarse de ambiente republicano en el sentido de algo acabado y dispuesto a pesar desde ahora en la vida pública del país. Se trata, creo, de un republicanismo en gestación, de un republicanismo muy singular, sin historia ni prohombres, sin fechas que recordar ni responsabilidades. Algo que pudiéramos llamar «republicanismo químicamente puro».

Ha hablado usted de una especie de republicanismo falangista. ¿Puede decirnos algo sobre ello?

-Con mucho gusto. La revolución palatina de los últimos tiempos en la España franquista no es ya una sensación ni una novedad. Conserva sin embargo, la categoría de espectáculo curioso. Franco, con sus tanteos inoportunos, ha vuelto a presentar a los españoles un dilema apasionante en nuestro pueblo. La República Española -cualesquiera que fuesen sus equivocaciones- vivió en su última época un ambiente de epopeya aun no bien conocido. De esto es posible darse cuenta cuando desde aquí oye usted los relatos de lo que fue nuestra guerra.

-Pues bien, cuando el falangismo oficial ha tomado posición por una forma política que entre nosotros no puede tener viabilidad, resulta comprensible que una fracción muy importante de aquel mismo partido se disocie de esa orientación evidentemente equivocada. Y unos lo harán por interés (las causas perdidas son bellas, pero carecen de cotización política) y otros lo harán por emoción pura. No sé cuál de estas dos cosas ha movido a esos falangistas que recientemente abuchearon en una concentración celebrada en Valladolid al Ministro Fernández Cuesta, voz de su amo que fue a proponerles el trueque; ni sé qué causa habrá movido de entre ambas al Jefe Nacional del SEU, Sr. Jordana Fuentes, a abofetear al mismo ministro en el mismo acto; al Sr. Elola, Delegado Nacional del Frente de Juventudes, que también tiene a su cargo unas palabras muy duras contra la orientación oficial; al grupo de estudiantes falangistas, finalmente, que dejaron sin respuesta el himno y los gritos rituales del partido entonados por el ministro del Trabajo Sr. Girón.

¿Y qué cree usted que piensa el obrero de todo esto?

-Esto es ciertamente muy difícil de contestar. La más tremenda responsabilidad del régimen franquista está en haber trazado un muro infranqueable o casi entre los estamentos sociales de España. Las clases sociales españolas se ignoran hoy día unas a otras y esto dificultará para mañana el planteamiento de los problemas respectivos en un terreno que todos conozcamos de antemano. Si el intelectual, el propietario, el campesino y el obrero siguen por mucho tiempo sin saber cuales son sus respectivas posiciones, mucho es de temer que este estar a ciegas no desemboque próximamente en una oscura y terrible lucha en la que todos tengamos la excusa o la atenuante de la común ignorancia.

Finalmente, ¿qué impresión se lleva usted de los exilados y de su actuación?

-Creo que la juventud española puede estar orgullosa de esta parte de España que acompaña a la libertad en su destierro. Nuestros exilados revalidan a cada instante su condición de españoles en el entusiasmo y en la dignidad de su espera. Ojalá que la próxima vez que nos veamos sea yo quien entreviste a usted sobre cosas mucho menos tristes desde muestra tierra.






ArribaAbajo Editorial

Una partida difícil


La España de Franco ha venido sosteniendo en Marruecos su política nacionalista pretendiendo al mismo tiempo sostener al nacionalismo marroquí.

Hasta aquí su táctica le ha dado resultado, la oposición a la política francesa -sostenida sin descanso desde 1953- le ha servido para robustecer su autoridad ante los nacionalistas de la zona española y de la zona francesa. El gobierno del general Franco ha jugado, desde el primer momento, la carta de Ben Youssef; en su zona, de acuerdo con el Kalifa de Tetuán, continuaron sin interrupción las plegarias por Ben Youssef; brindó protección a los grupos nacionalistas de la zona francesa, protección que llegó hasta facilitar la zona española, además de la entrada de fugitivos, armamentos y municiones, así como el entrenamiento a grupos marroquíes que operaban más tarde en zona francesa; prestó hospitalidad a los jefes del Istiqlal, hospitalidad generosa que ha llegado hasta permitirles celebrar en Madrid a sus principales jefes reuniones en las que se han tomado importantes acuerdos.

¿Pretendía Franco ver partir a Francia de Marruecos? ¿Pretendía Franco robustecer su autoridad en el Mediterráneo con vistas a la posible vuelta a la estrategia periférica? ¿Pretendía Franco una ampliación del mandato d ado a España por el Tratado de 1912? Conocidas son también las apetencias de la España franquista por la modificación en su favor de la frontera francesa en el sector de Orania, así como la incorporación de Tánger a su zona. Todos estos factores pueden haber jugado, pero Franco protegía al nacionalismo marroquí contra Francia porque esa solidaridad nacionalista le aportaba la tranquilidad a su zona y la posibilidad para el futuro de una buena inteligencia que beneficiara los intereses españoles a costa de los intereses franceses.

Pero todo ha cambiado en pocos días. La alianza del nacionalismo español con el marroquí ha quedado denunciada por ambas partes: por el mismo partido nacionalista Istiqlal y por parte del general Franco.

En la reunión celebrada en Rabat por el Comité Ejecutivo del partido nacionalista, que ha durado tres días, a la que asistieron cientos y cientos de delegados, se ha pedido la terminación de la intervención extranjera en todo Marruecos. El secretario general del Comité Ejecutivo declaró a la asamblea que el programa político del partido había sido aceptado en principio por el Sultán.

Si hasta aquí Franco ha podido desempeñar el papel de protector del nacionalismo marroquí, puede dar por terminada su misión. La España franquista tiene empeñada una partida difícil. Los marroquíes lucharán por la total independencia de Marruecos, del francés como del español; el Sultán Ben Youssef es la figura representativa del movimiento de independencia. Esto por lo que al lado marroquí se refiere, en lo que respecta a España se ha quitado la careta musulmana. Unas declaraciones del general Franco, hechas en una conferencia de prensa el 30 de noviembre ante cinco periodistas anglo-sajones, aclaran su política futura respecto a la independencia de Marruecos.

El jefe del Estado español ha manifestado: «que Francia comete un grave error tratando de introducir métodos democráticos en Marruecos; que el principal problema de Marruecos es la falta de unidad de los marroquíes, divididos entre población urbana, población obrera y una población rural indisciplinada. Sería aventurado pensar que los marroquíes están ahora capacitados para imponer el orden y la paz en su país. La clase obrera marroquí -declaró el general Franco- está sometida a la influencia de agentes terroristas, mientras que el campesino no comprende más que la fuerza».

Es decir, Franco se ve obligado a retroceder en su política respecto a Marruecos. Las autoridades franquistas, que han alentado y favorecido el movimiento nacionalista hasta la intransigencia, presentan hoy la trama de la táctica empleada p or ellos hasta ayer: alimentar el nacionalismo marroquí en su propio beneficio y quebrantar la política francesa en su propia zona. Desde el momento que Francia está dispuesta a facilitar la articulación de un régimen democrático e n su zona, el nacionalismo de Franco en Marruecos tiene que hacer marcha atrás. Pero si el general Franco pretende conservar algún prestigio cerca de los estados árabes tendrá que consentirse a perder sus posesiones en Marruecos: Tetuán, Ce uta, Melilla, etc. Si, por el contrario, quiere conservar sus posesiones, el nacionalismo español tendrá que enfrentarse seriamente con el nacionalismo marroquí. No hay que olvidar, para darse cuenta exacta de las dificultades que la hora actual presenta para la política de Madrid, que Ceuta y Melilla, por su estatuto, forman parte de la España metropolitana: el problema de la zona española es idéntico al que tiene planteado Francia en Argelia. España, jurídicamente, perdería con sus colonias una parte del territorio nacional. Marruecos puede cambiar la suerte del general Franco.




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España ayuda a rebeldes de Argelia

El periódico parisién L'Aurore, del 11 de Noviembre, publica una información de su corresponsal en Argel H. Surrugue, sobre las relaciones entre las organizaciones terroristas de Orán y la Zona española.

Es sabido -dice la información- que en los confines de Argelia y Marruecos se ha instalado, desde el 1 de Octubre, un maquis bastante importante. Se tenía la creencia de que se habían establecido estrechas relaciones entre dicho maquis y el Marruecos español, donde los terroristas van y vienen. Ahora se conoce el proceso de estos pasos.

Por las autoridades se sabe que los argelinos que entran en la Zona española de Marruecos son reunidos en la pequeña localidad de Zaio. Después se les conduce a Nador, pequeño puerto situado a unos 30 kilómetros del sur de Melilla. Allí se lleva acabo una labor de selección en la prisión central española, a cargo, de dos argelinos, Taleb-el-Mahab, de Oranie, y Gadvkiri Hocine, cuñado de Ben Bella, que dirige en el Cairo la rebelión argelina. La selección se efectúa para separar a los maleantes de los «verdaderos nacionalistas». Los primeros generalmente son condenados por la justicia francesa por delitos de derecho común, que tratan de huir, permanecen algún tiempo en Nador y más tarde se les conduce a la frontera, abandonándoles a su suerte.

Por el contrario, los que son reconocidos como «nacionalistas puros» se les mantiene teóricamente en la prisión de Nador. En cumplimiento de las instrucciones que recibe el director -del que no se sabe más sino que se llama José- se les otorga a los «recomendados» alguna libertad, como la de ir a un café cercano. El director -José- vigila el comportamiento de sus clientes y al cabo de algún tiempo redacta un informe sobre cada uno de ellos.

Se señalan los «puros», es decir aquellos con quienes se puede contar. Luego son enviados al campe de Temsaman, donde reciben instrucciones y una indemnización de 4,75 pesetas diarias, se les entrega un salvoconducto, redactado en español el cual le permite vivir unos 30 días, por ejemplo en el Hotel Quert de Nador. Ese salvoconducto a que hemos hecho referencia lleva la firma de «El interventor territorial», un sello con corona, una media luna y una estrella con la inscripción «Villa de Nador». A estos «refugiados» se les envía más tarde a su región de origen para que operen allí.


Comunistas en España

La revista parisién Match del 19 de noviembre trae la siguiente información:

Los servicios de la policía comprueban la recrudecencia de la propaganda comunista en España.

Numerosos militantes del partido comunista, que habían marchado del país después de la guerra civil, vuelven ahora clandestinamente. Se ha comprobado que hacen su propaganda especialmente entre los obreros que trabajan en las bases americanas.




Falangistas en Argentina

La prensa española, entre ella el ABC de 22 de Noviembre, da la referencia siguiente de la batalla librada en Buenos Aires entre elementos franquistas y republicanos españoles. «Varias personas resultaron heridas a la salida de una misa por el alma de D. José Antonio Primo de Rivera, organizada por la Falange bonaerense. Los jóvenes españoles, que vestían la camisa azul y saludaban brazo en alto, fueron atacados por otros elementos jóvenes que gritaban: "¡Libertad! ¡Libertad!"».

Ocurrieron los hechos cerca de la basílica de Santo Domingo.

A las diez de la mañana se reunieron frente a la basílica, esquina de las calles Belgrano y Defensa, nutridos grupos de personas con objeto de asistir al acto. El lugar estaba adornado con emblemas de Falange. La misa transcurrió con el mayor orden pero al terminar, un joven se colocó al lado del mástil que se levantaba en el atrio del templo y comenzó a pronunciar un discurso laudatorio de la Falange y de la figura de José Antonio. En ese momento irrumpió en el atrio un crecido número de jóvenes que, al grito «¡Libertad! ¡Libertad!» y «¡Democracia! ¡Democracia!» hicieron callar al orador. Simultáneamente los asistentes al acto dieron vivas a Franco y a la Falange. Inmediatamente se enfrentaron los dos bandos y se produjo un tumulto que rápidamente adquirió grandes proporciones. Muchos de los participantes en la refriega se atacaban a puñetazos y otros arrojaban piedras, mientras que algunos enarbolaban cachiporras envueltas en periódicos. En medio del ardor de la lucha se oía el himno de la Falange, «Cara al sol». Mientras tanto, fuerzas del regimiento de granaderos a caballo formaron frente al templo.

La fuerza pública no hizo uso de sus fusiles pero empleó gases lacrimógenos para restablecer el orden y practicó varias detenciones.


Soviéticos en la embajada

El embajador de España en Francia, conde de Casa Rojas, ofreció el viernes 25 de Noviembre una recepción en honor de los miembros del Comité Ejecutivo de la UNESCO. El Comité reunido en París había acordado celebrar su próxima reunión en el mes de Abril de 1956 en Madrid.

Mr. Luther Evans, Director General de la UNESCO y todos los miembros del Comité asistieron a la recepción, entre ellos se destacaban especialmente el delegado soviético, Mr. Solodovnikov, y sus dos adjuntos. En los medios diplomáticos se señala que es la primera vez, desde la guerra civil española de 1936, que representantes oficiales rusos son recibidos en la embajada de España.


Manifestaciones:

En Madrid

En el transcurso de unos días y con motivo de la conmemoración de Falange se han registrado en Madrid varias manifestaciones y otra en el Escorial.

La Falange distribuyó unas hojas clandestinas en las que se decía: «¡Españoles!... Más de dos siglos lleva España postrada, en un atraso enorme. Más de dos siglos llevamos los españoles sin pan ni justicia. La culpa la han tenido: primero, una Monarquía totalmente ineficaz; segundo, una República que no aprovechó la magnífica oportunidad que tuvo. Y, por último, un Gobierno que no solo ha tenido una oportunidad mayor que la de la República, sino que ha desacreditado ante el pueblo español el único medio eficaz de realizar la revolución que España necesita. Por tanto, declaramos: Al actual Gobierno: Que nuestro ideal sigue siendo F. E. de las J.O.N.S., de 27 puntos programáticos, y que nuestro único jefe fue José A. Primo de Rivera. Al pueblo español: Que no llame nunca, al Gobierno actual, falangista, sino franquista o derechista»...

Otra manifestación tuvo lugar a la salida de un acto celebrado en Madrid en el teatro de la Comedia por Falange en conmemoración de su fundación. Varios centenares de falangistas recorrieron las calles principales con cartelones y gritos de esta guisa: «¡No queremos Monarquía: queremos el Estado sindicalista!». «¡No queremos reyes idiotas que no saben gobernar!». «¡Abajo el capitalismo; viva el Estado sindicalista!».

En el Escorial

En los actos celebrados en el Escorial con motivo del XIX Aniversario de la muerte del fundador de Falange, ésta ha dado un paso peligroso.

En el patio del Monasterio del Escorial, en perfecta formación, esperaban las centurias la llegada de Franco para presidir los actos que se habían de celebrar allí. El general Franco, acompañado por el señor Fernández Cuesta y de su escolta, llegaron una hora más tarde de lo anunciado. Franco no llevaba el uniforme de Falange, como todos los años lo ha llevado en esa ocasión. Las murmuraciones y el descontento corrieron de falangista a falangista.

Después de los actos celebrados dentro del Monasterio, Franco salió al patio donde los falangistas seguían en formación. A la voz de «¡Abajo gorras!», que un mando falangista lanzó en el patio, todas las centurias a una, tiraron sus boinas rojas al suelo y empezaron a gritar: «¡Abajo el capital!» y «¡Gibraltar!». Mientras Franco seguía andando por el patio hacia la salida, acompañado de su escolta personal, Fernández Cuesta trataba de calmar los ánimos de sus falangistas, que según se dice sueñan en llevarle a la jefatura del Estado.


Congreso prohibido

El Congreso de Escritores Universitarios jóvenes que iba a celebrarse en el mes de noviembre en Madrid fue prohibido a última hora por el gobierno. Los organizadores como los congresistas eran gente entre los 17 y los 25 años, lo que quiere decir que durante la guerra civil no habían nacido o eran muy pequeños. Como dice nuestro comunicante de Madrid: «Mal síntoma si no se fían ya ni de la juventud que han formado cuidadosamente con tanto celo y mimo».


Amigos argentinos

Un grupo de prominentes personalidades argentinas ha constituido en Buenos Aires una asociación denominada «Amigos de la República Española» (A.R.E.). En el manifiesto que han lanzado a sus compatriotas se destacan los párrafos siguientes:

En coincidencia de ideales democráticos y de amor a la libertad la A.R.E. congrega a ciudadanos argentinos solidarios con la obra de redención política, social y cultural realizada por la República en España, y con los demócratas españoles que dentro y fuera, de ella prolongan, con ánimo esforzado y ejemplar conducta, la lucha por la causa de la justicia y la democracia.

Firman el documento más de cincuenta personalidades de las que señalamos, ante la imposibilidad de citarlas todas, las sientes: Prof. Francisco Romero; Dra. Alicia Moreau de Justo, Dr. Alfredo Palacios, Dr. Roberto F. Giusti, Prof. Américo Ghioldi, Ing. Julio A. Noble, Prof. Federico F. Monjardin, Dr. Lucio V. López, Prof. Ernesto Nelson, Dr. Nicolás Repetto, Dr. Juan Antonio Solari, Dr. Oscar López Seret, etc. etc.




Caridad a los E. U.

El embajador de los E. U. en Madrid, Sr. John D. Lodge, ha llegado de España. Es portador de dos donativos españoles, un cheque por valor de 1000000 de ptas. ($25000) y otro por valor de 135000 ptas. ($3350) con destino a las víctimas de las inundaciones del nordeste de este país:

El embajador Sr. Lodge ha calificado estos donativos de «gesto maravilloso».

El embajador al presidente de la Cruz Roja, Sr. Ellsworth Bunker, un cheque por valor de 200000 ptas. ($5130) procedente de la Cruz Roja española y con destino también a las víctimas de las inundaciones.

Y miseria interior

Pueblo, Madrid, 15 de noviembre: «Badajoz es la provincia más grande de España. Más del 45% de su población se encuentra en una situación económica incierta e inestable. Casi un 80% de su población agrícola percibe ingresos anuales inferiores a la media nacional. Entre ellos 260.000 personas tienen un ingreso ínfimo, por no decir nulo. En la provincia aun se están pagando jornales de tres pesetas. Allí la tierra se encuentra distribuida con un gran predominio de la propiedad extensa, cultivándose además con rendimientos unitarios muy bajos. El grado de mecanización es ínfimo. Un 43% de los arados existentes son de tipo romano, es decir, prehistóricos».

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