Ibérica por la libertad
Volumen 3, N.º 5, 15 de mayo de 1955

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Manuel de Falla nació en Cádiz el 23 de noviembre de 1876. Murió en Córdoba (Alta Gracia, República Argentina) el 14 de noviembre de 1946. Veinticinco años ha durado la jornada musical de Manuel de Falla. Si se la extiende a la fecha de publicación de sus primeras obras parisienses, las Tres melodías, con textos de Teófilo Gautier y las Cuatro piezas españolas, para piano, que datan de 1908 y 1909, puede decirse que esa jornada del gran músico andaluz viene a llenar el espacio generalmente entendido como de una generación. Falla recoge la herencia de Albéniz, que murió justamente en 1909; realiza en esos años de trabajo una labor intensa, más que abundante, y, desde antes de salir de España, al día siguiente del triunfo de la rebelión armada, cuelga su pluma en la espetera. La producción de Falla, posterior al «Concierto para clavicímbano y varios instrumentos», es casi insignificante, aunque no desde fiable por el hecho de que se componga de unas cuantas páginas cortas, dedicadas en homenaje a Claude Debussy y a Paul Dukas, o a los manes de don Luis de Góngora en la musicalización de su soneto a «Córdoba», que Falla escribió para voz y arpa, conforme había escrito su página en recuerdo de Debussy para guitarra, evocando en sus sonidos graves el suave balanceo con que comienza «La soirée dans Grenade».

De una Granada de ensueño marchó Falla a una Córdoba de leyenda, porque sus nombres creaban en su imaginación dos ciudades irreales que podían quedar situada la primera en Arabia, la segunda al pie de la sierra argentina, lomas suaves, que apenas anuncian la imponente fragosidad de los Andes. En una estancia pampera, casi solitaria, próxima a un lago inmóvil, Falla pasó los últimos años de su existencia, casi siete años desde su salida de Granada, viviendo como un ermitaño, compartiendo sus cuidados entre el de un cuerpo siempre delicado y finalmente enfermo con pertinacia, y el de su alma fervorosa en su cristianismo. No sin rasgos originales, pero siempre de un sentimiento profundo.
Un gran misterio rodeó a Falla desde que, estrenado el «Concerto» comenzó a saberse que estaba empeñado en la composición de una obra de grandes dimensiones. Una especie de «cantata» al modo romántico («como las de Schumann, por ejemplo) más que al clásico, aunque él buscase para su obra aquella cima de serena clasicidad que había alcanzado en sus dos obras finales. No reconocida inmediatamente, porque el lenguaje que «El Retablo de Maese Pedro» y el «Concerto» hablaban, era demasiado diferente, de lo acostumbrado, aun en las zonas de mayor modernidad, y fue menester que pasaran varios años antes de que se comprendiese lo que Falla había logrado en esas obras, que era nada menos que reanudar la auténtica tradición de la música española, de una manera viva y no por vía arqueológica -que es una vía artificiosa y falta de sentimiento, vacía y petulante-, sino con un estremecimiento tan de cosa viva que, siendo profundamente españolas esas obras, comunicaron su palpitación a toda la música del mundo. Su influjo, en efecto, ha sido intenso en la joven generación, la que puede decirse que sigue a Manuel de Falla, y no sólo dentro de su país, sino en otras partes donde late la sangre latina; naturalmente, en América.
Empleo el verbo seguir, y no sé, a la altura de hoy, si no se trata, en realidad, más que de una continuación cronológica. Falla dejó pocos discípulos, y aun algunos de ellos apenas fueron sino tímidas juventudes que se acercaron episódicamente al maestro, imitando o copiando alguno de los rasgos más fácilmente perceptibles de su técnica o manera de hacer, aunque, creo a la fecha de hoy, que sin avanzar en aquel camino a redropelo por el cual Falla se remontaba en la historia para buscar el espíritu más arraigadamente tradicional. Ir más allá que Falla en este sentido era empeño muy difícil, porque precisaba tener, como él, un concepto de lo «histórico» que Falla había aprendido en don Felipe Pedrell, su maestro venerado, uniéndolo a la vena creadora, sin lo cual Falla no hubiera sido propiamente un compositor, sino un musicólogo. Sentir, comprender, volver a vivir los hechos de un pasado remoto es mucho más difícil que conocerlos simplemente. Hay pocos historiadores que sienten así el pasado, y, en este caso, más que historiadores, son propiamente artistas. Así lo fueron Barbieri, Pedrell y Falla. Si les fue posible hacerlo es porque existía un continente histórico por el cual pudieron internarse. No solamente la selva fuertemente aromada del folklore, sino un pasado rico en «obras», en hechos, mientras que el folklore es, todavía, sino un raw material. Esto es lo que diferencia sobre todo a Falla de Bartok y hasta cierto punto, de Strawinsky, aunque Rusia cuente con un viejo pasado, rico en músicas litúrgicas, cuyo influjo ha sido tan eficaz sobre Mussorgsky, y después de él, sobre Strawinsky.
* * *
En España y, en rigor, en todos los países de vieja cultura, la «obra» se confunde con el «dato»; éste, folklórico, puede decirse; aquélla, de creación personal. Pero la división entre un arte culto y un arte popular sólo adviene desde el Renacimiento. Más atrás, ambas cosas se funden, porque no había una conciencia popular y una conciencia letrada, sino que todo era pueblo en la Edad Media, los obispos y los menestrales, Dante y los arrieros que recitaban los tercetos de La Divina Comedia. Llegar a comprender con ese estado de espíritu el pasado histórico, sentirlo no culturalmente, sino como cosa viva, es un hecho casi milagroso que pocas veces llega a cuajar en una obra de arte. A fuerza de leer, pensar y contemplar las viejas músicas reunidas en el Cancionero de Barbieri (en la edición de Pedrell, más que en la del propio Barbieri), Falla llegó a sentir aquella música como sustancia propia. El problema se venía encima ahora bajo una enorme interrogación técnica: ¿cómo manejar aquella música?, ¿cómo tratarla técnicamente? Falla tuvo necesidad de descubrir sus propios medios de expresión, y su triunfo está patente en las dos obras mencionadas. Lo que me pareció imposible, y he guardado esta duda dentro de mí por muchos años, es si esa técnica del «Retablo» o del «Concerto», que es una técnica como la de la miniatura, podría servir a Falla para tratar un gran fresco como el que se proponía hacer en «La Atlántida». Lo que Falla haya alcanzado en este sentido es todavía una interrogación; pero, de cualquier modo, cabe pensar que si lo que obtuvo fue un logro, lo habrá sido tras de una renovación profunda de la técnica propia de esas dos obras. La anomalía en sus continuadores en el tiempo, más que en el espíritu, consiste en no haberse percatado de esta necesidad de renovación. Así ocurrirá que se queden retrasados después de él. Que la obra de Falla, y no tanto la de sus llamados discípulos, sea la que lleve dentro de sí su propio futuro.
ADOLFO SALAZAR
En el libro de Simone de Beauvoir Les Mandarins que mereció el último premio Goncourt he visto algunas observaciones sobre Portugal donde la autora subraya la complicidad de la iglesia y el estado totalitario en la pobreza del pueblo. Un liberal portugués dice: «No se puede intentar nada en favor de los humildes sin hacerse sospechoso a la iglesia y al estado y atraer sus iras»
. Esa observación se puede extender a España.
Hace algún tiempo hablando con un sacerdote jesuita americano de la miseria que padece el pueblo en todos los países donde la iglesia católica y el Estado comparten la autoridad pública el sacerdote me decía: «Pero eso no se debe a catolicismo, sino a la naturaleza de la gente. Son pueblos latinos, perezosos, más amigos de dejar volar su fantasía que de trabajar»
. Ese sacerdote olvidaba que Polonia no es un pueblo latino ni lo ha sido nunca y que sin embargo era y es uno de los más pobres de Europa.
Tampoco Irlanda es un pueblo latino.
El problema está enraizado en los substratos de la sociedad y siglo y medio de lucha casi constante no han bastado para eliminarlo. Ni los gobiernos, ni los reformadores sociales, ni los pontífices de buena intención y mucho menos como es natural los filántropos aislados, por muy millonarios que sean.
Lo sorprendente es que la iglesia misma actúa en esa cuestión importante contra su propia doctrina, tanto puede la pasión de poseer y de disfrutar preeminencias. Santo Tomás dice2: «Para vivir bien son necesarias al hombre dos cosas: Una,
y es la principal, consiste en conducirse virtuosamente. La otra, secundaria y por decirlo así instrumental, es poseer una parte suficiente de bienes corporales cuyo uso es necesario para el ejercicio de la virtud»
. Cervantes lo dijo también al definir a un personaje con las siguientes palabras: «Era pobre y honrado si es que un pobre puede ser honrado...»
.
Hace en estos días un siglo que Balzac (Católico ferviente y monárquico) publicaba algunas de sus mejores novelas. Como se sabe todas eran novelas sociales y no pocas han llegado hasta nuestros días con su frescura y lozanía primigenias a pesar de referirse a problemas vivos de su tiempo algunos de los cuales han sido superados. Una de las novelas que se mantienen actuales y vivas es El cura de aldea cuya reedición más reciente acabo de leer. Lleva un prólogo muy interesante de un sacerdote canadiense: el padre Arthur Sideleau.
He aquí lo que ese sacerdote escritor dice: «Antes de predicar la virtud al pueblo hay que ponerlo en condiciones de que la virtud sea posible. La extrema miseria es inmoral. Sin tratar de establecer comparaciones entre las ideas de Balzac y las
del gran Papa de la Restauración social yo no puedo menos de señalar que en su Encíclica Sobre la condición de los obreros León XIII ha formulado netamente el mismo principio: En una sociedad bien constituida se debe encontrar una cierta abundancia de bienes exteriores cuyo uso es necesario al ejercicio de la virtud»
.
Algo que no dice el padre Sideleau es que cuando León XIII publicó esa Encíclica hacía muchos años que existían dos internacionales obreras, la I Internacional (ácrata en sus doctrinas básicas) y la 2 Internacional, social demócrata. Las dos habían conseguido en duras batallas mejores condiciones para los trabajadores en casi toda Europa. El buen deseo de León XIII habría sido más plausible todavía si se hubiera adelantado a la acción desesperada de las primeras huelgas obreras en Francia, Inglaterra, España, Italia, Alemania.
Cualquiera que sean nuestras argumentaciones y las de la Iglesia el hecho está delante con toda su triste elocuencia: Allí donde la iglesia católica domina, hay miseria. Una miseria ofensiva y cruel. Y allí donde hay miseria hay un partido comunista poderoso. El mismo sacerdote americano, que ha estado hace poco en España me daba la razón y decía: «Si España continúa por el camino que lleva el día que caiga Franco habrá de pronto ocho millones de comunistas organizados»
. ¿También a nosotros nos echarán la culpa de eso?
Aunque yo creo que ese sacerdote exagera. La iglesia española -no todo va a ser negativo- ha ayudado de un modo u otro a cultivar, mantener y desarrollar el instinto individualista español. Pero además y esto es lo importante -el pueblo ha tenido una experiencia comunizante viva. Algunos lugares de la España republicana durante la guerra civil conocieron muy de cerca lo que es el control comunista. Han tenido bastante y no lo olvidarán.
Una cosa que parecen ignorar en cambio los observadores políticos de Washington y de Londres es que no hay ningún pueblo en el mundo que habiendo sufrido el régimen comunista o conocido por experiencia «colonial» la violencia y rigidez de su sistema vuelva nunca a caer en él, si consigue liberarse. Por eso los rusos no soltarán nunca el poder allí donde lo han ejercido. Y mucho menos en la Católica Checoeslovakia y en la católica Polonia.
Pero volviendo al problema de la miseria de las masas, todo lo que el cura de aldea de Balzac hace para propiciar en alguna forma la virtud es tratar de distribuir un poco más humanamente la riqueza y de hacer accesible el bienestar. Con lo único que cuenta es con sus dotes de persuasión frente a los poderosos. Y las ejerce con éxito, aunque al fin se trata solo de evitar que el crimen y la violencia sigan siendo dueños de la aldea. Es decir que en definitiva la virtud que el sacerdote trata de establecer representa la tranquilidad y el sosiego para los poderosos. Éstos son en la aldea de Balzac tan cerriles como en todas partes y tardan en darse cuenta.
No puede uno menos de pensar en las tareas que en España lleva a cabo desde hace muchos años el obispo señor Herrera (antiguo director de El Debate) tratando de estudiar y enseñar a los curas las doctrinas sociales modernas para ponerlos en condiciones de comprender el problema. No deja de tener gracia que para darse cuenta de la miseria de las masas (en contacto con las cuales están hace tantos siglos) tengan que leer El Capital de Marx.
Toda la acción del obispo señor Herrera por buenas que sean sus intenciones parece más cosa de propaganda y de retórica que de verdadera reforma económica. En definitiva y estando en manos de la iglesia el poder político y económico y militar y civil de España ¿es tan difícil eliminar la extrema miseria del campo, de la ciudad? Después de todos los discursos del señor Herrera el realista pueblo español siempre verá lo mismo: que el obispo y sus amigos viven en palacios y comen con servicio de plata mientras el miserable jornalero de Écija o de Carmona vive en una cueva y no come de ningún modo.
A ese extremo de simplicidad se pueden reducir casi todos los problemas, sobre todo los más complejos cuando se quieren ver las cosas como son. Y que no se nos diga que el estado no tiene autoridad para implantar condiciones de vida más humanas. Cuando hace algunos años se produjeron huelgas de veinticuatro horas en Cataluña y las provincias vascas el ministro de Gobernación dijo: «Que no olviden que podemos en cualquier momento hacer otro 18 de julio»
. Es decir que pueden comenzar
otra vez a fusilar en masa a la gente que se les oponen. ¿No han intentado nunca en el nombre de Dios o del Papa o simplemente del buen sentido hacer algo por esa gente? Seguramente podrían intentarlo sin necesidad de fusilar a nadie. Y de paso sentarían las bases necesarias según Santo Tomás, León XIII y Honorato de Balzac para el ejercicio de la virtud.
RAMÓN SENDER
Según cifras del Ministro de Hacienda, los españoles van a tener que cederle al Estado para sus gastos en este año la suma de veintiséis mil millones de pesetas. Como hay unos veintiocho millones de españoles, resulta que cada español tendrá que cederle al Estado unas mil pesetas anuales. Si se prescinde de los niños y jóvenes de menos de 18 años que vendrán a ser unos doce millones, quedan diez y seis millones de adultos hombres y mujeres, que pagan por lo tanto a razón de mil seiscientas veinticinco pesetas por cabeza y año para sostener el presupuesto del Estado.
¿Qué sacan en limpio de un gasto tan exorbitante? Primero una instalación militar costosísima. El presupuesto de Guerra se lleva 4185 millones; el de Marina 1453; el de Aviación 1876; de modo que si como mínimo se añaden como gastos militares la mitad de lo que se pone en cuenta para Marruecos y el África ecuatorial, o sea unos 500 millones, el pueblo español sostiene una instalación armada de ocho mil millones de pesetas.
¿Para qué sirve este gasto enorme? Para muy poco. Cuando los Estados Unidos se orientaron hacia el aprovechamiento de España para su estrategia europea se pusieron a estudiar los servicios combatientes españoles, y hallaron que no existían en el sentido que hoy se da a la expresión servicios combatientes en el mundo moderno. Había, sí, y hay, un excelente material humano, una oficialidad que por sus dotes personales constituye buena base para llegar en su día a hacer un buen servicio combatiente; pero orgánicamente mal constituida, miserablemente pagada, desmoralizada sobre todo en sus grados superiores por una excesiva intromisión en asuntos civiles, económicos e industriales, y sobre todo carente del material moderno que por lo tanto no sabe manejar. El dinero se va como siempre en edificios y ostentación.
Una fuerza armada que lucha con tantas desventajas no puede dar al país que la sostiene prestigio internacional. Compárese la situación de España con la de naciones menores como Suecia o Suiza. No se olvide que España, por su pasado, por su situación estratégica, por su extensión territorial y por la cuantía de su población debiera ser una de las grandes potencias europeas. Pero en cuanto a prestigio militar, la aventajan estos dos países menores, Suecia y Suiza, que por su excelencia técnica, se idean y construyen sus propias armas modernas sin necesidad de que venga a enseñarles nadie de Washington, de Londres, o de Francfort.
Por consiguiente, en cuanto atañe a la política internacional, el sacrificio anual de 8000 millones de pesetas no aporta a España beneficio alguno. En cambio constituye una rémora considerable para su desarrollo y vitalidades ya que la producción del país tiene que llevar a cuestas tan onerosa carga improductiva. Añádase la suma considerable de millones que consume la policía. Hoy en día, la policía es muy costosa sobre todo en los países dictatoriales. Todavía en los países libres puede considerarse que la policía es una institución al servicio del pueblo; en los países sometidos a dictadura, no rige esta interpretación; de modo que los gastos considerables que ocasiona en su inmensa mayoría son francamente improductivos, y por lo tanto inflacionistas.
Bueno será recordar algunas cifras para que podamos darnos cuenta de la inflación a que lleva tamaño despilfarro. En 1935 el presupuesto total de gastos fue de 4560 millones de pesetas. En 1940 era de 7350 millones. Este aumento era desde luego en parte causado por los gastos nuevos que la convalecencia del país exigía; pero también por inflación. Solo que, puesto que la inflación se debía a la guerra civil, mal se le podía achacar sólo al régimen. La inflación causada por la guerra civil, como la guerra civil misma, fue culpa de todos los españoles y no tan sólo de los que la ganaron.
Si prescindimos ahora de los incrementos objetivos de gastos para la convalecencia, cosa que favorece al régimen, podemos en primera aproximación calcular la inflación de la guerra civil como la relación entre estos dos presupuestos -el de 1935, y el de 1940; o sea de 4560 a 7350 millones, es decir una inflación que está muy lejos del doble, pues el doble del presupuesto de 1935 sería más de 9000 millones y el de 1940 sólo es de 7350.
Hoy estamos a 26000. Si suponemos que los gastos de convalecencia han ido disminuyendo, y que han de contar cada vez menos entre las causas de aumento del presupuesto, esta cifra corresponde a mucho más del triple, si partimos del presupuesto de 1940, en el que ya hemos absorbido toda la inflación debida a la guerra civil. Así pues en cinco años de una guerra civil devastadora padeció España una inflación de mucho menos del doble, algo como vez y media todo lo más; y en diez años sin disturbios interiores el régimen ha causado una inflación de tres a tres y media veces, casi cuatro. Podemos pues establecer esta conclusión lamentable: que en cuanto a la situación financiera y al valor de la peseta, el régimen es tan oneroso por lo menos como lo fue la guerra civil. Análogos resultados se obtendrían comparando las cifras de circulación de billetes de banco o el índice de precios.
No tiene pues nada de extraño que el pueblo español padezca miseria y estrechez. El dinero que gana se le agua entre las manos porque el gobierno lo diluye para pagar gastos improductivos. Y lo peor es que no se ve límite a esta evolución desastrosa. Cada año se gasta más y se gana menos.
SALVADOR DE MADARIAGA
Al volver a Madrid después de unos años de ausencia, la primera impresión que uno tiene es la de crecimiento y vitalidad. Parece que de todo hay más, empezando por la población que es hoy el doble de la de 1930, ahora suma 1800000. La vida parece que vuelve más y más a la normalidad. En los comienzos del año 1950 el cruzar una calle en la obscuridad tenía algo de aventura, hoy el alumbrado de las calles es excelente. Las mujeres que hacían mercado negro en el
ramo de la alimentación han desaparecido hoy venden tabaco. Indudablemente el pueblo se presenta mejor vestido. El observador extranjero superficial -y la mayoría de los observadores extranjeros son superficiales- generalmente sacan de esos hechos la conclusión de que todo en España ya es amable; así Louis Bromfield que estuvo recientemente en España decía: «No hay duda alguna de que en la nueva España la miseria, el sufrimiento y la terrible pobreza que se veía gravada en la cara de la gente, pertenece al pasado»
.
A pesar de lo dicho por Louis Bromfield, el nuevo Madrid va de los grandes edificios de apartamentos lujosos a las barracas de la «miseria, sufrimiento y terrible pobreza»
de Somorrostro en Barcelona. La mayor pobreza de Madrid no está en las caras, la clase media sostiene bien su fachada con sus trajes «buenos» o de trabajo, remendados, cosidos y recosidos y los tres o cuatro empleos que le son necesarios para sacar adelante la familia. Ningún sacrificio es lo bastante grande para sostener a
los niños y Madrid parece más lleno de niños que todas las ciudades europeas que conozco. Es fácil comprobarlo paseando por los alrededores del Museo del Prado donde puede verse una viva reproducción del cuadro del Tiziano, Ofrenda
al Dios del Amor: niños echados en el suelo, jugando, riendo, besando, gritando con tanta gracia como en el cuadro. Y este espectáculo se repite en cada plaza o jardín de Madrid. Pero es brutal hacer notar, y hay que hacerlo notar, que el aumento rápido de la población y el lento desarrollo económico es el problema número uno en la España de hoy.
La fórmula arquitectural del nuevo Madrid es una combinación del blanco-gris de la piedra y el naranja-rosa de los ladrillos, con una dosis considerable de austeridad castellana. Más concretamente, me parece que la idea inspiradora viene de El Escorial. El nuevo Ministerio del Aire, rosa y blanco, es la reproducción, o quiere serlo, de San Lorenzo; el rascacielos más pequeño de 17 pisos, presenta también la fachada de El Escorial. Todo esto no es una simple mancha de color, sino un signo de la mentalidad del régimen que pretende convertir a Madrid, como a toda España, en un suburbio de El Escorial. Volveré sobre este punto más adelante.
Madrid es hoy más que nunca un microcosmo de toda España. Su población incluye 100 mil gallegos, 70 mil asturianos y millares de recién llegados de todas las provincias de España. Una encuesta de carácter demográfico practicada por el Instituto Geográfico El Cano, ha mostrado que el 50% de la población madrileña ha nacido fuera de Madrid y que una parte considerable de los que se quedan no tienen parientes en Madrid. Es tan raro encontrar un madrileño nativo como un neoyorquino nativo. Pero contrariamente a lo que sucede en Barcelona o Valencia, Madrid acepta los nuevos llegados con gusto e ilimitada tolerancia, así estos recién llegados -y si no ellos sus hijos- se hacen madrileños sin la menor dificultad. El solo signo de animosidad que he podido observar va dirigido contra los catalanes, lo que no ha cambiado nada desde la guerra de sucesión cuando se les acusaba de ingratitud por los beneficios recibidos o por tentativas para convertir a España en campo de sus negocios. Esta animosidad va dirigida lo mismo contra los catalanes en Cataluña que contra los catalanes residentes en Madrid. Al fin y al cabo el alcalde de Madrid, Conde de Mayalde, lleva el nombre más catalán que puede encontrarse, se llama José Finat y Escrivá de Romaní.
Hay que señalar también que Madrid, quizá por la primera vez en su historia, es una ciudad cosmopolita. Y esto, no sólo por los dos millones de turistas que pasan cada año por la capital. Existe una colonia muy considerable de residentes extranjeros. Esto indudablemente da a Madrid un nuevo aspecto: la presencia en Madrid de miles de refugiados procedentes de Europa Central y del Este que han escapado sin discriminación de Hitler, de Stalin y de los aliados victoriosos. Madrid no sería el mismo a la hora actual sin los estudiantes polacos y ucranianos, residentes en el Colegio de Santiago Apóstol; sin los húngaros que ocupan altos puestos en el periodismo, en la confección, en la industria cinematográfica y en el fútbol; los croatas y eslovacos, cuyos gobiernos creados por Hitler, continúan sosteniendo en Madrid sus representantes diplomáticos acreditados; los alemanes que son casi tan numerosos y que gritan aún más que en los días del Eje; los rumanos que reclaman el monopolio de la cultura latina, y los rusos que organizan exposiciones de iconos y no pierden la esperanza de volver a Rusia, después de 40 años de exilio. Madrid los acepta a todos con la misma tolerancia que acoge a los gallegos y asturianos. Parece que ignoran el aspecto más siniestro de sus actividades políticas. La reacción general respecto a la versión de regimientos extranjeros amparados en la bandera española, al parecer, no se cree en ella; no hay número suficiente de exilados de los países del Centro y del Este de Europa para formar esos regimientos.
Y ahora vamos con los americanos. No existen cifras oficiales de los americanos que residen en Madrid de una manera permanente, pero se estima que esa cifra varía entre 10000 y 20000, con la reserva de que estas cifras aumentarán de manera considerable cuando el programa de ayuda esté realmente en marcha. Es curioso que el impacto de América sea menos visible en Madrid que en Barcelona. Los americanos «oficiales», en general, viven entre ellos mismos y los contactos con los españoles «no oficiales» son mínimos. Un reportaje publicado bajo los auspicios oficiales en la revista madrileña El Español decía un poco más sobre esto, señalaba que los americanos viven en un mismo edificio al que se le ha dado el nombre de «La Pequeña América», situado muy acertadamente en la avenida del Generalísimo Franco, que la mayoría de las oficinas están situadas en España en los rascacielos; que tienen ellos sus propias escuelas, clubs, y sitios para sus conferencias y que desean encontrar a españoles, pero que no es fácil saber hasta dónde se puede ir con ellos.
Tampoco es fácil saber a ciencia cierta qué es lo que los americanos hacen. Una atmósfera de secreto -resultado natural de la guerra fría militar desencadenada en el mundo y de la guerra fría desencadenada en Washington- envuelve lo que se hace, tanto respecto a la ayuda militar como respecto a la ayuda económica. Un corresponsal americano me confesaba que sobre cualquiera de esas dos clases de actividades era tan difícil obtener un dato concreto del lado oficial español como del lado oficial americano. Se da a conocer al público hechos y cifras, pero dista mucho de ser suficientes. La ayuda americana opera detrás de una cortina de mantillas.
A falta de hechos concretos los rumores florecen. Si fuéramos a darles crédito los dos términos claves que se aplican a las operaciones que realizan en España los Estados Unidos son: «lento» y «ridículo». Este último adjetivo lo emplean los españoles respecto al total y a la clase de ayuda que reciben de los americanos. El Ejército Español a su vez se queja de que las armas y los equipos son inadecuados y anticuados y podemos estar seguros de que no es un sentimiento de alegría el que experimentan al comprobar que un sargento americano gana el mismo sueldo que un General de División en activo. Lequerica, cuyas ambiciones políticas son las del hombre que ha firmado el Tratado, está en extremo contrariado y ha expresado abiertamente su disgusto sobre la miserable escala en que se ha establecido la ayuda americana. Los americanos están dispuestos a emplear en la construcción de las bases las partidas señaladas oficialmente para cada dos o tres meses.
En Madrid corre el rumor de que existe una gran resistencia por parte de España ante la insistencia americana de imponer un inspector americano que controle la ayuda oficial que ha sido concedida.
Sin embargo, sería una gran equivocación tratar de estimar la eficiencia y la eficacia de la ayuda de los Estados Unidos teniendo como base solamente los rumores. Es mejor admitir la existencia de varios factores cuyo valor se ha desconocido hasta ahora.
Se pisa terreno firme si se juzga la extensión de los efectos políticos del Pacto con los Estados Unidos. Quiero citar a este propósito una opinión española por dos razones: por la persona que la ha emitido y por las circunstancias en que ha sido emitida. La persona es José Luis Aranguren, uno de los intelectuales católicos de más renombre, es colaborador de La Torre, la revista de la Universidad de Puerto Rico. Pues bien, Aranguren ha escrito un artículo en la revista Cuadernos Hispanoamericanos abogando porque se establezca el «diálogo» entre los intelectuales españoles residentes en España y los exilados. El artículo lo escribió en contestación a unos comentarios de Guillermo de Torre y José Ferrater Mora. Según mi apreciación el párrafo clave del artículo es éste:
No es necesario estar de acuerdo con la conclusión optimista de Aranguren sobre las mejores relaciones que puedan crearse por el «diálogo», lo importante es que constituye una declaración inequívoca de que América es ahora la fuerza principal que está detrás del régimen de Franco. En lenguaje menos pintoresco y más velado repite lo que decía el paseante de la Plaza del Rey en Barcelona y yo anoté -que en el momento que se queme la primera iglesia la marina americana pondrá pie en tierra.
La diferencia de forma entre estas dos declaraciones señala la diferencia de la atmósfera política que existe entre Barcelona y Madrid. La de Madrid es más fácil de apreciar; el madrileño hable más fácilmente a un extranjero que el barcelonés, pero no es mucho lo que dice, hay algo negativo en la atmósfera de Madrid, cosa que no es nueva. La industria principal de Madrid ha sido siempre el Gobierno o como alguien me decía «Madrid vive del presupuesto». Su papel en la reciente historia de España ha sido el de curioso. Todo lo contrario de París, Madrid no ha cambiado de régimen. El Gobierno actual nació en Marruecos y reemplazó a una República nacida de unas elecciones municipales y fue la continuación de una dictadura que comenzó por un golpe de Estado dado en Barcelona, golpe de Estado que terminó una monarquía liberal que había nacido de un General rebelde en Sagunto. El madrileño no carece de valor político ni de heroísmo: ambas cualidades las ha mostrado en mayo de 1808, en noviembre de 1936 y Dios sabe en cuántas ocasiones más. Pero, a mi juicio, a Madrid le falta el impulso que tienen catalanes, vascos, gallegos y valencianos.
Otra razón, y quizá la más fuerte, es que el aparato oficial de represión está concentrado en Madrid con más fuerza que en ninguna otra parte; esto hace que se desarrolle la vida política clandestina que está más distante de la superficie que en Barcelona, por ejemplo. Los únicos signos visibles que he podido observar en Madrid han sido dos letreros en la calle de Serrano que decían: «Viva el Rey Xavier». Pero los monárquicos más ortodoxos son sin duda activos, como lo son los otros partidos políticos que no gozan de la relativa libertad de que gozan los monárquicos. La actitud de los republicanos en Madrid me la han resumido en esta frase: «Si la monarquía volviera le estaríamos reconocidos por habernos librado del régimen actual, y quedaríamos tranquilos, pero no transcurriría mucho tiempo sin que se oyera nuestra voz». En las actuales condiciones los republicanos prefieren quedar tranquilos: tienen razones para ello.
Es así como señala Madrid sus sentimientos, menor por actos positivos que por una marcada ausencia de entusiasmo por todo lo que adopta o sanciona el Gobierno. Como otras muchas ciudades Madrid respira un aire de escepticismo. En los frecuentes desfiles militares el pueblo muestra una perfecta indiferencia. Fuera de los edificios oficiales apenas una casa entre diez coloca la bandera nacional.
La prensa madrileña está más controlada y es más soporífera que la de Barcelona. El ABC continúa siendo el órgano de la clase media española. A pesar de algunos choques con el Gobierno no se puede decir que está en la oposición, los falangistas significados disfrutan viendo reproducidos sus discursos y algunas veces sus fotografías en ese periódico. Ya es una reproducción de La Vanguardia, pero con un matiz más religioso. Finalmente el periódico falangista Arriba está más controlado que su colega Solidaridad Nacional de Barcelona.
A veces, aunque no con frecuencia, esos periódicos publican algún artículo desviado de la línea oficial: por ejemplo, en ABC publicó un artículo elogiando el siglo XVIII, siglo que el Caudillo ha calificado como el más ruinoso para la política española; Ya ha podido decir que toda la sociedad española ha sido la responsable del advenimiento de la República; Arriba suscitó una discusión en el Consejo de Ministros al publicar un resumen de escritos de José Antonio Primo de Rivera sobre la Banca Privada. No se puede decir que los periódicos reflejan la opinión del pueblo español. Para tener una opinión menos deformada se puede leer la revista de los estudiantes Alcalá el semanario humorístico La Codorniz.
Alcalá está publicado por el sindicato falangista de estudiantes y ello se refleja en sus páginas. Emite opiniones que no son ortodoxas; en el número de 25 de febrero en un editorial firmado, se critica la limitación de las inscripciones para los cursos técnicos en España; sin embargo, esa medida fue inspirada por los mismos técnicos que desean guardar las altas remuneraciones y limitar la competencia. En el mismo número se inserta un artículo de otro estudiante sobre la guerra atómica, la coexistencia y el Gobierno Mundial, temas todos que escapan a la inspiración oficial. Así se expresa, por ejemplo, la idea de que «Ningún grupo de cuatro gobiernos puede condenar el mundo a un brutal genocidio».
Cuanto a La Codorniz se puede decir que más que un semanario es una Institución. No es posible escribir algo sobre la España de 1955 sin mencionarla. Merece anotarse que publica una serie de «Estampas españolas» dibujadas por Herreros que constituyen una excelente documentación de la España de Franco.
Hay en la España de hoy, como en la del Lazarillo de Tormes, una atmósfera de nihilismo. Con frecuencia, y de labios de personas de distintas categorías, he oído: «Nadie cree en nada», como la perfecta descripción de la España
de hoy. Esto no es una frase vacía de sentido. Este juicio ha sido confirmado por el arzobispo de Toledo que dijo en un círculo de amigos: «Entre mis deberes está el examen de conciencia de los ricos y poderosos. Hacer eso significa sumergirse en un abismo de falsedad, de doblez y de miseria»
. Hoy los ideales están en ridículo. Nadie cree en nada.
En contraste con ese nihilismo general la fachada de la creencia oficial tratan de mantenerla desesperadamente. El régimen no cambia un milímetro en su posición de que es él, él solo, el que representa a España. Antes de mi llegada a España yo creía que la mejor descripción de la situación era el epitafio de Larra: «Aquí yace media España. Murió de la otra media»
. Ahora comprendo mejor: la otra mitad no está muerta, sino postrada solamente. La verdadera situación se ajusta a la frase de Unamuno: «Venceréis, pero no convenceréis»
.
Y ahora miremos al Escorial. El hombre que gobierna España desde la soledad del Pardo se le ha comparado, entre otros, el Emperador Augusto; pero de día en día es cada vez más el solitario de El Escorial. Como Felipe II está íntimamente convencido de que él solo, entre todos los dirigentes del mundo, está en contacto directo con la Providencia.
GEORGE DENNIS

Las tácticas del gobierno de Franco están causando mucha intranquilidad tanto en el Pentágono como en el Departamento de Estado. Esta reacción ante las crudas exigencias de Franco solicitando más dinero, «pues de lo contrario...» se vio reflejada en el mensaje del Presidente Eisenhower sobre aumento de fondos para ayuda externa, cuando señaló especialmente a España, junto con Yugoeslavia, como los países que necesitaban recibir más fondos.
«El programa de defensa
-dijo- será efectivo en España y Yugoeslavia
-dos de los países que no están incluidos en el Plan Marshall- sólo si se refuerzan más sus economías. A fin de poder continuar con nuestro programa de cooperación con estos países, se necesitan nuevas asignaciones de dinero»
.
Pero en el Congreso aumenta la oposición contra lo que se ha dado en llamar «regalos». Contribuyen a restarle importancia a las bases españolas, la reciente terminación de las cuatro bases en Marruecos. El mejoramiento de la situación política europea como resultado de la ratificación de los tratados de París sobre la defensa europea y la menor tensión existente en el lejano Oriente. Se aumentarán o disminuirán los fondos destinados a la construcción de estas bases, según la importancia o necesidad que el Congreso les atribuya. El Pentágono, sin embargo, no admitirá que la necesidad de las bases sea menor hoy que lo fuera en el momento en que se planeó su construcción. Es muy probable que el Congreso no decida nada sobre el asunto antes de julio.
Los que tienen a su cargo los planes de defensa, parecen no haber observado ciertos detalles que muestran que las cosas no andan bien en España. Cuando los españoles comienzan a lanzar chistes y apodos burlescos es mala señal. El títere de Napoleón, el Emperador José, fue expulsado del país en cuanto le apodaron «Pepe Botellas». Más tarde, durante la invasión francesa en 1823, los españoles llamaron a los invasores «los cien mil hijos de San Luis». Fue también ésta la señal para que el país se levantara contra los invasores y los expulsara.
El monárquico Gabriel Maura, hijo del eminente Antonio Maura, en un folleto acabo de publicar condena el convenio de las bases y compara la presencia
de los norteamericanos con la invasión de los «cien mil hijos de San Luis» llamándoles «los cien mil sobrinos del Tío Sam»
. Ya Ibérica, al informar sobre la situación interna en España mencionó que la gente de Barcelona dice
que su ciudad: «huele a colonia norteamericana». Si la idea de que España se está convirtiendo en una colonia norteamericana gana terreno en el país, se producirá una situación muy desagradable para los norteamericanos.
$22 millones para comunicaciones
La Fuerza Aérea Norteamericana está negociando con la Compañía Telefónica Nacional de España un contrato según el cual invertiría $22329000 de dólares en la instalación de un sistema de comunicaciones telefónicas y teletipo exclusivamente destinado para el uso de las diferentes ramas de los servicios armados norteamericanos estacionados en España.
Esta partida no figura en los programas de ayuda económica ni en los de construcción de bases para los cuales se ha hecho consignación especial de fondos, sino que será cargada al presupuesto de la Fuerza Aérea destinado a operaciones y mantenimiento y es otra de las partidas secretas que aumentan considerablemente el presupuesto de gastos en España.
El contrato, que ya ha sido aprobado en principio por el Departamento de Defensa, es el único de esa naturaleza que se haya negociado con un país extranjero y es -como lo llamara el General de División Frank A. Bogart en una reciente reunión secreta de la Comisión de Asignaciones de la Cámara- unique.
La Fuerza Aérea Norteamericana declara que la Compañía Telefónica Nacional de España no tiene las líneas de comunicación adecuadas para poder proporcionar el servicio de comunicaciones que requieren las fuerzas armadas norteamericanas, lo que hace necesario la instalación de un sistema adicional completo para el uso exclusivo de los norteamericanos.
Explica también la Fuerza Aérea que si ellos mismos instalaran este sistema les costaría $44 millones y que les resultará más barato pagar a la Compañía Nacional de Teléfonos española los $12329000 por el trabajo y luego cada año, durante diez años, un millón de dólares por arrendamiento, lo cual daría un total de $22329000 de dólares.
El Subdirector de Comunicaciones, Brigadier General A. L. Pachvnski, declaró ante la Comisión que la Compañía de Teléfonos española operaría el sistema y que se instalaría un equipo para enviar mensajes cifrados que asegure la reserva en el envío de los mensajes en clave.
El costo de esta instalación sería financiado como sigue: $2465000 durante el año fiscal 1955; 87397000 en 1956; y dos plazos de $1232000 cada uno, el primero al firmarse el convenio y el segundo a la aceptación final de él.
Este arreglo «único» se hace necesario debido a que la Compañía de Teléfonos no es capaz de financiar por sí misma la instalación del sistema. En otras palabras, los Estados Unidos después de haber pagado por la instalación de su propio sistema de comunicaciones deberán pagar un millón de dólares al año por arrendamiento de algo que en realidad les pertenece.
Además de este gasto, la Comisión fue informada de que la Administración de Operaciones Extranjeras en España «proporcionará ayuda para las comunicaciones por radio y radar que tengan relación con operaciones en aeropuertos civiles»
.
La Fuerza Aérea tiene una nueva instalación en España llamada «Zona de Material Aéreo en España», que empleará 925 hombres de los cuales 23 serán civiles norteamericanos y el resto españoles.
Se ha establecido también una nueva organización conocida con el nombre de «Grupo Conjunto Militar Norteamericano en España». A medida que el programa de las bases progresa, aumenta el número de instalaciones y personal norteamericano.
Continuarán las maniobras navales combinadas
La modernización de la flota española y las maniobras combinadas de las flotas norteamericana y española son ahora una política establecida por la marina norteamericana, según indica el siguiente memorándum enviado por el Almirante Robert B. Carney, jefe de Operaciones Navales:
Esto parece indicar que la Flota Española se convertiría en una unidad táctica de la Flota Norteamericana si el plan se lleva a efecto en su totalidad.
$21 millones en material excedente para Franco
El Departamento de Agricultura ha hecho una consignación de fondos para España que asciende a $21 millones de dólares en material excedente. A este efecto, se ha firmado en Madrid un convenio entre el Embajador Lodge y el Ministro de Relaciones Exteriores Artajo. Este convenio resuelve, por lo menos en parte, la larga disputa pendiente entre Franco y los Estados Unidos acerca de la cantidad que de los $55 millones asignados a España, de acuerdo con el último pacto de seguridad mutua, deberá ser considerada como préstamo y cuál como regalo.
Se sobrentiende que el Departamento de Estado ha convenido por fin en obsequiar a Franco con más o menos la mitad de los $55 millones de dólares.
El pago de esta venta se hará en pesetas de las cuales, de acuerdo con el pacto de seguridad mutua, el 20% será considerado como «contraparte», es decir que Franco entregará a los Estados Unidos este 20% para que sea aplicado a la construcción de las bases aéreas. Por el saldo recibirá un préstamo en pesetas a cuarenta años plazo. Lo que da $4.2 millones de dólares como «contraparte» y $16.8 millones en un préstamo a veinte años plazo.
No se ha dado información alguna sobre la manera como ha sido solucionado la cuestión del tipo de cambio. Franco quiere que la operación se liquide a un cambio de 35 pesetas por dólar, mientras que los Estados Unidos han manifestado que, de acuerdo con el convenio de bases, tienen derecho a recibir el dinero al cambio del mercado libre, o sean más o menos 40 pesetas por dólar. Si Franco ha conseguido se liquide la operación al cambio de 35 pesetas por dólar, esto le significaría una ganancia de más de $2000000.
De acuerdo con el Tratado de Ayuda y Fomento al Comercio Agrícola, las ventas de productos deben ser efectuadas a comerciantes norteamericanos particulares quienes las entregarán luego a Franco. Lo cual significa que de los $21 millones, estos comerciantes cobrarán también su parte.
De acuerdo con los términos del convenio de venta, Franco recibirá productos por valor de $16.8 millones contra promesa de que los pagará en el curso de los próximos 40 años. Y aquí cabe preguntar: ¿cuán válida puede ser esta promesa dentro de cuarenta años? Por el momento Franco está consiguiendo estos productos a cambio de nada.
Otra disputa pendiente entre Franco y los Estados Unidos es acerca de cómo se vigilará la distribución de estos productos. Los franquistas no quieren que los Estados Unidos ejerzan vigilancia alguna, sino que les dejen distribuirlos a su antojo. La ley, norteamericana estipula que debe controlarse su distribución, pero los franquistas manifiestan que debe existir cierta «elasticidad en la interpretación» de la ley, lo que en otras palabras quiere decir que bien podría ignorarse dicha ley.
Y lo interesante del caso es que el régimen de Madrid que hace poco se opusiera violentamente a recibir tabaco americano, ha convenido ahora en tomar 9 millones de libras a un costo de $4.5 millones. Puesto que España tiene su propio monopolio de tabaco abastecido, en su mayor parte, con su propia cosecha, cabe preguntarnos ¿qué piensa hacer con este excedente? Según la legislación norteamericana, todo producto vendido a un país, debe ser consumido exclusivamente dentro de dicho país.
Los productos incluidos en esta venta a España, además del tabaco, son: 40000 fardos de algodón por valor de $7.75 millones; 13000 toneladas métricas de aceite de semilla de algodón por $5 millones; y un millón de fanegas de trigo por $1.75 millones. Incluidos están también $2 millones destinados a transporte -un bonito golpe de fortuna para la Compañía Trasatlántica y otras compañías que hagan estos embarques.
Nixon no sabe nada de esa «visita a España»
Parecen carecer de fundamento los rumores que circulan en Madrid sobre la posible visita a España que dicen está planeando el Vicepresidente Nixon. Estos rumores no sólo circulan en Madrid, sino que han sido también difundidos en Washington por la Embajada de España en esa ciudad. El propósito parece ser hacer propaganda al régimen franquista que bien lo necesita tanto en España como en los círculos diplomáticos de Washington. La oficina de Nixon informó hace unos días al corresponsal de un diario que el rumor carecía en absoluto de fundamento y que el Señor Nixon no había dado paso alguno en ese sentido.
Empresario teatral de F. O. A. en España
Señor Richard S. Aldrich ha sido nombrado por el Departamento de Estado subdirector del Fondo de Administraciones en el Extranjero en España. El nombramiento se hizo para sustituir al señor Roy R. Rubottom, que ha sido ascendido al puesto de director de F. O. A. en España.
Las actividades del señor Aldrich se han desarrollado exclusivamente en el terreno teatral. Ha puesto en escena en los teatros de Broadway las siguientes obras: «Art and Mrs. Bottle», «Springtime for Henry» y «Dear Charles». También dirige dos teatros de verano en Cape Cod, Massachusetts.
Grupos alemanes rechazados
Los capitalistas alemanes han tratado de una manera persistente de participar en el reparto de las asignaciones destinadas a la construcción de las bases en España. El año pasado el senador Pat McCarran hizo reiteradas gestiones para obtener la autorización necesaria del Appropriations Committee del Senado norteamericano para que los constructores alemanes pudieran formar parte del grupo que tiene a su cargo la construcción de las bases, pero estas gestiones no tuvieron éxito.
Ahora la compañía N. S. Brenner de Nueva York, agente de un grupo de constructores alemanes llamado United Construction, ha propuesto al Bureau of Docks and Yards, de la marina norteamericana, que es el que tiene a su cargo la concesión de los contratos para la construcción de las bases, trabajar en las siguientes condiciones: ser pagada en dinero español y bajo las mismas condiciones que los españoles, es decir que los obreros sean pagados en dinero español y en las mismas condiciones que los españoles y que la diferencia entre estos pagos y la totalidad del contrato se supla con productos enviados directamente a Alemania.
El Bureau of Docks and Yards ha contestado que no tiene autoridad para entrar en esa materia y tampoco tiene derecho a conceder subcontratos a grupos que pudieran no ser del agrado del régimen de Franco.
Washington, mayo de 1954.

El tiempo cruel en que vivimos nos ha quitado muchas esperanzas. Seres desaparecidos por millares, seres privados de libertad, privados de su patria, lanzados por el mundo como paja al viento; final de una guerra llena de promesas que pronto se desvanecieron para dar paso a una guerra fría en la que los cañones y las ametralladoras funcionan acá y allá; experimentos atómicos precursores de una guerra próxima, etc., etc. Pero he aquí que también acá y allá, casi al mismo tiempo aparece un signo en el horizonte que puede ser precursor de una esperanza; ese signo es el diálogo.
El diálogo ha sido el más preciado instrumento de la cultura griega y en todo tiempo la forma más adecuada para llegar a establecer el entendimiento entre los hombres. Pero el procedimiento se había anquilosado, se había producido la solución de continuidad. Habíamos perdido la esperanza de volver a esa forma única de relación humana, no encontrábamos en el horizonte la posibilidad de restablecer esa continuidad.
Pero surge allá la conferencia de Bandoeng en que hemos visto reunidos a representantes de pueblos cuyas concepciones políticas son antagónicas y cuyas concepciones sociales son opuestas; surgen las amistosas conversaciones de Francia y Alemania occidental; nos enteramos de la correspondencia cruzada entre el Presidente Eisenhower y el Mariscal Zhukoff; y por último, vemos a los Estados Unidos aceptar, en principio, la conversación con la China comunista.
Aun en presencia de los considerables depósitos de bombas atómicas, de los últimos aviones lanzabombas y la bomba de hidrógeno, parece que el diálogo es todavía posible. Parece posible entre países que por su cultura y formación están distantes, que por sus concepciones políticas están en pugna y por sus concepciones sociales se hurtan. Parece que el diálogo puede entablarse en medio de esos antagonismos, por encima de esos antagonismos.
Al llegar aquí nuestra mirada se dirige a España. Han pasado 18 años desde la terminación de la guerra civil sin que hayamos visto un signo anunciador de la voluntad de establecer el diálogo entre las dos Españas que se enfrentaron entonces.
No corresponde a los españoles que perdieron la guerra el iniciarlo, corresponde en este caso a la parte que se considera vencedora hacer los avances. Cierto que algún intelectual del interior ha propugnado el diálogo, pero ese deseo aislado no puede tener una significación colectiva y solo una manifestación colectiva puede tener autoridad suficiente para llevar la confianza a la otra parte. No pretendemos negar la sinceridad del gesto iniciado, pero ¿cómo abrir un diálogo entre los intelectuales españoles de dentro y los exilados sin un impulso colectivo, cordial, generoso? ¿Cómo abrir un diálogo sin una voluntad colectiva de dialogar? ¿Donde hacer público el pensamiento claro de ambas partes?
A nuestro juicio el primer paso para poder iniciar el «diálogo español» es la libertad de la prensa Española. Sin poner en duda, repetimos el buen deseo de ese intelectual español del interior, que aboga por el diálogo entre los intelectuales de dentro y los exilados, su gesto es un gesto ingenuo, dadas las condiciones actuales en que se desarrolla la vida intelectual española.
Pidan los intelectuales españoles del interior la libertad de prensa, consigan la libertad de prensa como primer paso para poder entablar el «diálogo». Abierta la prensa española a todas las opiniones, a la de dentro y a la de fuera, el diálogo podrá entablarse. Poco puede significar la opinión de dos intelectuales que afilan sus plumas para un torneo literario; lo que interesa es la libre exposición del pensamiento, es la exposición del pensamiento de la colectividad intelectual de uno y otro lado, de los que busquen sinceramente la convivencia española del futuro.
Sin libertad de prensa en España ¿cómo oír la voz de los intelectuales españoles? y sin poder oír esa voz ¿cómo entablar y sostener el diálogo?
Agente de Franco expulsado de México
Don Salvador Vallina, representante oficioso de Franco en México, que llevaba como misión negociar un acuerdo comercial con México, que como sabemos no ha reconocido a la España franquista, ha sido declarado persona non grata por el gobierno mexicano, contra el cual había expresado juicios poco diplomáticos. El señor Vallina tendrá que marchar de México antes del 15 de mayo.
Nombramiento de observador español en la UNO
El gobierno español ha nombrado a don José Sebastián de Erice como observador permanente en las Naciones Unidas. España, como se recordará, no es miembro de la organización internacional. En el mes de enero Madrid pidió que le fuese concedido el privilegio de tener un observador en la UNO al igual que Japón y Alemania del oeste y otros países no miembros. La petición de España fue atendida.
Aumento de cuota emigratoria
El embajador norteamericano en España, señor John Davis Lodge, ha dicho que miembros del House Judicial Committee del Congreso norteamericano van a someter el proyecto de aumento de la cuota de emigración española.
Parece que la decisión es el resultado de la visita que han hecho recientemente a Madrid los representantes Walter, de Pennsylvania, Reed, de Illinois, y McCullough, de Ohio.
Reunión del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo
En los salones de la Delegación Vasca de París y bajo la presidencia de don Salvador de Madariaga, se reunió, en el mes de abril, el Consejo Federal Español del Movimiento Europeo.
El Consejo examinó con la mayor atención las actividades europeístas celebradas en España y en el exilio, especialmente las manifestaciones organizadas por grupos y entidades de carácter francamente democrático.
Así mismo el Consejo acordó llamar la atención de los parlamentarios de todos los partidos democráticos miembros de las Asambleas europeas, así como de todos los movimientos europeístas, acerca de las maniobras que lleva a cabo el franquismo para introducirse subrepticiamente en los organismos oficiales de carácter técnico de la Europa Unida.
El Consejo se ha adherido al proyecto de solidaridad europea actualmente en discusión en los medios europeístas. Sin embargo condiciona la aplicación del plan, en lo que a la Península se refiere, a la adhesión de ésta última a los ideales y a la organización del Consejo de Europa.
El «Eje Madrid-Bonn»
(Tribune des Nations, París, 6 de mayo): Según informaciones oficiosas de origen español, la estancia en Madrid del almirante alemán, Conde Félix von Luckner, puede que no sea ajena a una colaboración técnica entre Alemania y España, colaboración ya comenzada en el sector de la aviación.
Debe señalarse también que entre los técnicos que han realizado los primeros vuelos de ensayo de la Lufthansa Hamburgo-Madrid, se encontraban «numerosos veteranos de la antigua Lufthansa del tiempo de Hitler»
.
El viaje a España del coronel alemán Ludwig Schaefer, que representa al gobierno de Bonn en el Congreso Agrícola organizado por el Ministerio de Agricultura, será una buena ocasión para hacer inversiones en España, en las que muchos financieros alemanes están interesados, relacionadas con la compra de minerales españoles y productos semifabricados que interesan a la industria alemana de armamentos.
En principio se dice que el 15 de mayo entraran en servicio las líneas aéreas entre Madrid, Frankfurt, Colonia y Hamburgo, servicio que tiende a reforzar las relaciones entre los gobiernos de Bonn y Madrid.
La Nueva embajada de los Estados Unidos
La nueva embajada de los Estados Unidos en Madrid ha sido edificada en el terreno en que se encontraba «La Huerta», el antiguo palacio de Don Antonio Cánovas del Castillo, hombre de estado español que fue durante el siglo pasado varias veces jefe del gobierno; en esa casa se resolvieron muchas crisis de gobierno, es decir, era una casa histórica.
En su lugar se alza hoy la nueva embajada de los Estados Unidos, nuevo edificio de piedra, metal y cristal del más puro estilo llamado «internacional». El edificio está capacitado para el trabajo de 700 funcionarios y ha costado más que $3 millones. La construcción del edificio se ha efectuado bajo la dirección de arquitectos norteamericanos y españoles pero su construcción ha suscitado las críticas más duras que se hayan podido dirigir a ningún otro edificio moderno de Madrid. En general los arquitectos españoles han estado en contra de que se construyera un edificio de esas características en el bello paseo de la Castellana, cuya armoniosa arquitectura está en contra de un edificio de tipo moderno. La crítica subraya que los norteamericanos no han tenido en cuenta las exigencias estéticas de tradición española al construir tal edificio.
Dígase lo que se diga, ni los arquitectos españoles ni las autoridades municipales de Madrid han formulado una protesta seria cuando era el momento de convencer a los americanos de su error.
La juventud y el régimen franquista
Luchas en el Ateneo
Roberto Cantalupo, secretario general del partido monárquico-italiano dio una lectura en el Ateneo de Madrid el 18 del pasado mes de abril. Patrocinaba esta lectura Rafael Sánchez Mazas, miembro destacado de
la dirección de Falange. La tesis del señor Cantalupo se basaba en que la unidad y estabilidad de Europa sólo es posible bajo los regímenes monárquicos. Fue interrumpido por el señor Sánchez Mazas que gritó: «¡Viva la Falange!»
.
Los estudiantes monárquicos que se encontraban entre el público respondieron «¡Viva el Rey!»
. Y los estudiantes antimonárquicos respondieron. Durante 20 minutos todos se han insultado mutuamente.
Interviú con el Infante prisionero
La revista madrileña Semana ha publicado la interviú celebrada entre el príncipe Juan Carlos y el señor Giménez Arnau. De ella anotamos los párrafos más salientes:
La juventud no sigue a Franco
Le Populaire de París publica una crónica de su corresponsal en Barcelona en la que se refiere a la interviú celebrada entre el príncipe Juan Carlos y el señor Giménez Arnau. De ella anotamos los siguientes párrafos:

