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Ibérica por la libertad

Volumen 4, N.º 1, 15 de enero de 1956

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IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

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IBÉRICA se publica el día 15 de cada mes, en español y en inglés por Ibérica Publishing Co., Inc., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. Todo el material contenido en esta publicación es propiedad de Ibérica Publishing Co., Inc. y no puede ser reproducido en su integridad. Copyright 1956, Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajo España, llamada a ser una república

I. Técnica de la democracia


José M.ª de Semprún Gurrea


El régimen político, (digámoslo así) que desde hace años se encuentra, de hecho, instalado en España es sencillamente un monstruo. Lo es en varios de los principales sentidos que a esa palabra atribuye el Diccionario. Ante todo, según el Diccionario, monstruo quiere decir: «producción contra el orden regular de la naturaleza»; ahora bien, según el orden regular de la naturaleza de un reino, este debe tener siempre un rey. Ello resulta manifiesto lo mismo si nos atenemos a una simple y modesta interpretación gramatical, que si nos atenemos a las lecciones de la Historia, a las de la avezadísima aunque frecuentemente maliciosa sabiduría popular o a las más solemnes de las ceremonias heráldicas. Cuenta, p. ej. el Duque de Windsor en sus memorias que cuando murió su abuelo, Eduardo VII, se amainó en el palacio la bandera real; pero apenas lo supo su hijo y heredero, que pronto subiría formalmente al trono con el nombre de Jorge V, mostró su contrariedad, y parece que con perentoria adustez ordenó volviera a izarse la bandera real en el palacio, corrigiendo así un error que era grave desde el punto de vista institucional y dinástico: en efecto, el rey, el instituto regio, si se prefiere, seguía existiendo sin solución de continuidad, aunque en otra persona. Porque, como dice el saber popular: «a rey muerto, rey puesto». Y los heraldos del palacio, cuando se compruebe el fallecimiento del hombre que era rey, proclamarán (si no basta que lo hagan los cortesanos de turno): «el rey ha muerto...; viva el rey!». Porque en la institución monárquico-dinástica tiene siempre que vivir un rey: que viva el rey no es sólo un deseo de los monárquicos entusiastas, ni un grito protocolario o lisonjero, sino una rigurosa necesidad de la institución. (Esta necesidad constituye, como procuraremos evidenciar en próximos capítulos, uno de los más graves inconvenientes de la institución monárquico-dinástica). En un reino, que el propio Diccionario define: «territorio o estados con sus habitantes sujetos a un rey», la existencia de este es imprescindible. Un rey mayor o menor de edad; regente, presente o ausente; potente o impotente (para este último caso siempre se hallará un Beltrán de la Cueva que preste sus leales servicios a la dinastía, supliendo las deficiencias regias). El trono vacante es una situación anómala, transitoria e indeseable para un reino.

Todo lo antedicho es de clavo pasado y lo sabe un estudiante de primer año de Facultad. Pero lo olvidan o ignoran ciertos monárquicos españoles, cosa que debiera extrañarnos si no supiéramos de qué estofa está hecha su ideología (?); y, sobre todo, lo ignoran o lo desprecian, con su descarada desenvoltura las alegres comadres, no precisamente de Windsor (que antes citábamos) sino del modesto y desventurado «real Sitio de El Pardo». Porque, en efecto, esas comadres o Sibilas de pega, que mangonean en el «reino» de España, cuando organizaron aquella monserga o mojiganga plebiscitaria (!) de la que había de salir la ley constitucional del régimen actual, declararon: «España es un estado católico (quizá aquí hay una errata y querían decir "caótico"), social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, declara constituirse en reino»1. ¡Un reino, sin rey!... La carta urdida por las comadres no lo nombra ni instituye, y efectivamente el rey no existe. No solamente en ese «reino» no hay rey, sino que además, según los textos que con un falso plebiscito pretendieron instituir un régimen, no se sabe ni como ni cuando lo habrá; ni si, hablando en serio, lo habrá algún día... Si en ese «reino» hay algún día un rey, será cuando y cómo lo determine el actual jefe o caudillo y el grupo de sus áulicas Sibilas; es decir unos sujetos que, en el mejor de los supuestos, no tienen ningún poder, natural o sobrenatural, ningún título, ningún derecho a designar un rey. El régimen es, pues, un reino sin rey y sin vislumbres de tenerle legalmente. Y como esto es contrario a la naturaleza de un reino, según recordamos al principio; y como lo que es «contra el orden regular de la naturaleza» se llama monstruo, he aquí por qué ese nombre viene como anillo al dedo al actual régimen español.

Siempre según el Diccionario monstruo quiere decir «cosa extraordinaria en cualquier línea», y después de lo dicho nadie negará que ese reino sin rey ni perspectivas legales de tenerle es extraordinario en toda la línea y en todas sus líneas, desde la del Pirineo hasta La Línea de la Concepción, (junto a ese Gibraltar frente al que se para el régimen español ladrando, pero... sin llegar a morder). Si por fin monstruo significa «persona o cosa muy fea... muy cruel y perversa», ¿quien podrá merecer ese nombre mejor que semejante sistema político-administrativo?...

Nada de lo anterior (nunca bastante repetido aunque lo haya sido en otras mil formas), se escribe para desahogo de una saña personal o por la complacencia de bombardear con vituperios incluso merecidos un sistema del que radicalmente se discrepa: muy diferentes y mucho más desapasionados son los motivos que nos han invitado a extendernos con cierta meticulosidad en esta introducción. Ese sistema o régimen, al que podemos dar, en el más frío y riguroso sentido técnico, el título de «monstruo», tiene después de todo su explicación; o, si se prefiere que lo digamos de otro modo, tiene esa «alma o espíritu de verdad» que se reconoce en todo error. Ese reino sin rey, ese monstruoso engendro político es así porque no puede ser otra cosa; no es ni aproximadamente un reino perfecto porque no lo puede ser. Esta es su verdad; la tremenda verdad que se evidencia en su monstruosidad misma... Pero como esto sucede después de otros hechos, aquí tenemos que recordar brevemente unos años de historia: La Monarquía española y su reino abdicaron al entregarse a la dictadura anticonstitucional de Primo de Rivera, en septiembre de 1923. En abril de 1931 al simple empuje de unas elecciones municipales se derrumbaron las fachadas ruinosas del edificio monárquico que estaba ya vacío; y vino la República, y se instaló sólidamente; pero después de dos años y medio de guerra feroz, la sublevación iniciada en julio de 1936 la expulsó por la violencia. Se instaló entonces una dictadura durísima, parasitada de monárquicos, imbuida hasta los tuétanos de monarquismo; pero cuando ese poder quiso hacer un burdo simulacro de régimen constitucional, declaró constituirse en reino, sin rey y sin modo ni posibilidad de tenerle más que por una arbitrariedad irresponsable y sin título; es decir, la dictadura omnipotente y monarquizante NO RESTABLECIÓ LA MONARQUÍA... Engendró ese monstruo político, digno de aquellos que el «sueño de la razón» inspiraba al espíritu de Goya. Y así se continúa indefinidamente, a pesar de chalaneos, enjuagues y combinas entre el reino sin rey y el pretendiente, -¡o los pretendientes!- sin reino. Ahora bien, si en un periodo y en un proceso histórico de treinta y tantos años la Monarquía abdicó, cayó, fue substituida por una República democrática, y, últimamente, por una dictadura que, a pesar de su monarquismo y de sus textos pseudoconstitucionales, no la restaura, ni da modo viable y decoroso de restaurarla, debe de ser porque un verdadero reino, un régimen monárquico-dinástico, con todos sus requisitos y requilorios, YA NO TIENEN HECHURA POSIBLE EN ESPAÑA.

El engendro monstruoso de los actuales poderes no es más que la confirmación de ese estado de cosas, la denuncia del mismo. No por complacernos en poner en evidencia al monstruo, sino por arrancarle su verdad, por hacerle que suelte la verdad de que ya en España no es posible restablecer normalmente, nacionalmente un reino y una Monarquía con los atributos que su naturaleza constitucional requiere, y lo único que en ese sentido se puede hacer es engendrar un monstruo, sólo por esto nos hemos detenido en analizar la monstruosa figura de las actuales instituciones.

Se dirá que el «caudillo» ha vituperado más de una vez con virulencia a la dinastía y al régimen monárquico caídos; se dirá también que una fuerza tan conspicua de la presente situación, como Falange, ha exasperado esos vituperios y ha exteriorizado sin contemplaciones su hostilidad a los dinastas y a los dinásticos. Se querrá concluir de todo ello que si en España no hay restauración es únicamente porque la poderosa minoría dictatorial no lo quiere ni lo permite... Pero esto es un sofisma. Porque es archisabido que, cuando los poderes dictatoriales quisieron darse una forma, aparecer ante el mundo bajo una forma política que se asemejase a una constitución, eligieron el reino; y no así como así, sino un reino conforme a la tradición... ¿Por qué ese «reino» queda en aborto?... ¿Por qué no se realiza de verdad?... ¿Cómo se puede explicar que, si fuera tan fácil, tan inminente no estuviera ya instaurado o a punto de serlo, con un príncipe o con otro?... Pero podemos decir esto de modo diverso: si en 1923 el rey -digo, el rey- no quiso la Monarquía constitucional; si en 1931 el pueblo español quiso la República; si quienes desde hace casi 20 años tienen la sartén por el mango en España y declaran constituirse en reino, tampoco hacen nada para que el reino sea una realidad, un reino de veras, con rey efectivo, con dinastía, con un estatuto legal, entonces ¿quién quiere en España semejante cosa?... ¿Quién? fuera de una exigua minoría en la que puede haber personas dignísimas, pero que, al efecto de valorar los intereses y las opiniones de todo el país, no cuentan, precisamente porque se cuentan con los dedos de una mano.

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Las precedentes consideraciones y estas últimas preguntas no serán prueba decisiva de que, en la presente coyuntura histórica, España está llamada a ser una República; pero inclinan irresistiblemente a pensarlo e inician eficazmente su demostración, que es el objeto de estas páginas.

Desde Platón y Aristóteles (sin olvidar, en la Biblia, el libro primero de Samuel, VIII; 1-22), se está disertando sobre Monarquía y República. Se ha discutido tanto sobre ellas, y por ellas se ha combatido tanto, hasta estos mismos días, que en los medios políticos activos (como son probablemente aquellos donde tendrán algunos lectores estas páginas), un nuevo examen del problema, incluso como problema eminentemente práctico y actual en España, puede considerar se superfluo y ocioso; cada uno está aferrado a su convicción, y, después de veintitantos siglos de polémica, no abandonará sus posiciones. Un trabajo destinado a esbozar por lo menos la prevalencia del régimen republicano demoliberal, no será más que un inocente e inoperante ejercicio académico...

...Sin embargo...

Sin embargo, cuando en altas oficinas de estados republicanos uno ha oído voces que insinuaban discretamente la sugerencia de una solución monárquica para España; cuando son más que sospechosos los tejemanejes de ciertos grupos y aun de ciertas autoridades dentro y fuera de la Península; cuando se han contemplado ciertos impresionantes despistes, luego rectificados, incluso dentro de zonas españolas democráticas y tradicionalmente republicanas; cuando uno ha escuchado, estupefacto: «caiga el franquismo: venga la Monarquía y... pronto acabaremos con ella», tiene perfecto derecho a pensar que el tema es algo más que un ejercicio académico, y que el problema está vivo y es preocupantemente actual. Ese problema, que entregado a la libérrima y auténtica decisión de todo el pueblo español, quedaría seguramente resuelto a favor de la República, no lo está en ciertos centros o esferas nacionales e internacionales, que con sus actitudes y genialidades pueden obstruir o falsificar la solución auténtica del pueblo. Quiere decirse que el problema está planteado en la práctica, y entonces hasta el político más modesto tiene, no el derecho, sino el deber de afrontarlo con sus convicciones y con sus medios propios. Y a eso va lo que estoy diciendo y lo que quizá diré. Sin jactancia. Sin saña banderiza. Con una sed infinita de lucidez y de acierto, siquiera en lo esencial.

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Para empezar ya una demostración más directa (y acabar este artículo), debo recordar algo que los políticos sin duda saben (no pretendo descubrir maravillas ignoradas), pero que parece olvidarse demasiado, y que, cuanto más reflexiono me resulta más importante, a saber: la democracia tiene una técnica precisa y rigurosa; una técnica gracias a la cual puede funcionar exactamente como democracia, y sin la cual es un teatro de marionetas, o un barullo, o un caos, no siempre ameno. La democracia, y su forma suprema que es la República demoliberal no actúan al buen tuntún, ni se expresan tumultuariamente, desparramándose en desorden fuera de sus conductos normales e institucionales. Cada día creo más que la técnica democrática se parece mucho a la técnica hidroeléctrica, con sus procedimientos y sus instalaciones. Como estas bombillas, o esa plancha eléctrica, o aquel refrigerador (o los motores que arrastran velozmente trenes y tranvías), utilizan una energía eléctrica dócil y manejable, en la que han venido a convertirse, para bien y utilidad de todos, las formidables y arrolladoras energías naturales y primigenias de los torrentes y las cascadas, a través de un riguroso y progresivo sistema de embalses, turbinas y dinamos, transformadores, redes distributivas etc., así también los derechos, deberes, libertades, facilidades y ventajas de que goza el ciudadano en una buena democracia, son (o deben ser) resultados al alcance de todos, a los cuales vienen a parar las hervorosas y quizá agitadas energías torrenciales de la pública opinión, (soberanía política nacional originaria), remansadas en los embalses del electorado y de las urnas, conducidas de aquí a los dinamos de los poderes públicos (Parlamentos, Gobiernos), distribuidas luego, jurídicamente transformadas, por la pública administración, hasta convertirse en las benéficas situaciones de derecho con que llega y revierte a los ciudadanos la energía inicial, difusa e informe, de sus opiniones y anhelos colectivos. ¡Ay de la Democracia, si las aguas desbordantes invaden la sala de máquinas! ¡Ay de ella, si los dinamos funcionan con fuerzas que no vienen de los grandes embalses de la opinión!... Pero cuando la «vox populi», la «res publica», con rigurosa técnica actúan en REPÚBLICA, esplende la superioridad de ésta. También para España, como veremos.

JOSÉ M.ª DE SEMPRÚN GURREA




ArribaAbajoMemoria de Federico García Lorca

Guillermo de Torre2


Nos encontramos ya casi en vísperas del vigésimo aniversario de su muerte. Pronto hará veinte años de aquel día trágico de julio de 1936 en que su vida irreemplazable -como la de cualquier otro en principio, cierto es, según la valoración cristiana de la persona humana, pero mucho más cuando a esa unicidad esencial se une la unicidad espiritual de un creador de belleza- fue brutalmente segada. No es mi propósito, sin embargo, escarbar en las raíces y responsabilidades de aquel hecho inexpiable. (La última palabra sobre las circunstancias de la muerte de Federico García Lorca, la versión más objetiva y verosímil, y, por consiguiente, más difícil de desmentir, parece ser la que ha dado Gerald Brenan en un capítulo de su libro The Face of Spain, previamente insertado en The New Yorker). Y al calificarlo así confieso que lejos está de mi ánimo cualquier intento de perpetuar la ofuscación fratricida. Que los energúmenos se las entiendan entre ellos. Pero tampoco considero admisible el escamoteo o la exculpación indirecta intentada por algunos, quienes con el disfraz de falsas razones «poéticas» han llegado a escribir cínica o irresponsablemente que «morir a tiempo es suerte grande», que «la poesía va ligada a un fluido juvenil», y, en suma, que García Lorca murió oportunamente... Falacia tonta, pero particularmente inadmisible en el caso del autor de La casa de Bernarda Alba, pues bastaría simplemente la existencia de esa obra póstuma para demostrar que Federico García Lorca, al morir, no había dado ni con mucho todo lo que llevaba dentro, que precisamente entonces llegaba a su plenitud, y que su disconformidad con lo hecho, su inquietud, su avidez de nuevas formas, hubieran seguido llevándole hacia otras obras y evoluciones siempre personales y distintas.

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Dejemos, pues, de lado pulcramente esos sofismas y vaciedades. Más noble es mantener intacta la memoria del poeta y seguir contribuyendo -según hice desde el primer día- al mejor conocimiento y valoración de su obra. En este sentido siempre hay aportaciones interesantes que señalar. No hace mucho que fueron publicadas Cinco farsas breves (Editorial Losada, Buenos Aires, 1953) -cuatro de ellas antes inéditas en libro. Más reciente es el tomo de Obras Completas (Editorial Aguilar, Madrid, 1954), que a su vez reproduce esos «divertimientos» e incluye por vez primera varias páginas inéditas, señaladamente la obra primigenia de García Lorca, El maleficio de la mariposa. La familia del autor celaba hasta ahora inexplicablemente el manuscrito -por lo demás algo incompleto, falto de las páginas finales- de esa «comedia de insectos» estrenada en Madrid el 20 de marzo de 1920, y que violentamente rechazada por el público sólo tuvo una representación. ¿Acaso había algo de extraño, de incomprensible o subversivo en sus escenas? Nada de eso: lo vulnerable -desde el punto de vista del público- es precisamente lo que para nosotros realza hoy su fresco encanto; es decir, su inocencia, su ingenuidad, la impericia -quizá tanto involuntaria como deliberada- con que el poeta urde la fábula: los amores de una «curianita» -una suerte de cucaracha- desdeñada por su «curianito», en un marco simplicísimo de eglógico candor. Pero ni siquiera la fluida belleza de los parlamentos, de los poéticos diálogos fue captada o al menos escuchada por el público habitual -y ritualmente hostil- de los estrenos, por los descendientes de la misma «bestia fiera» que ya afrontaba un Lope de Vega en los corrales del siglo XVII... Por lo demás, aquella ingrata experiencia no fue desaprovechada por García Lorca; de ahí que sin renunciar nunca a sus ingénitos valores poéticos supiera más tarde armonizarlos con otros específicamente teatrales. Y este enriquecimiento es visible no tanto en Mariana Pineda (1928) como a partir de Bodas de sangre (1932), su primera gran creación dramática.

Volviendo a la nueva edición de Obras completas de Federico García Lorca: ¿merece verdaderamente este título? Desde luego es más completa que la anterior, publicada por Losada -y recopilada por mí. Del mismo modo la próxima edición que pueda hacerse será más completa que la de Aguilar, preparada por Arturo del Hoyo, con amor y paciencia. ¿Por qué -se preguntará- tal dificultad en hallar y reunir de una vez todos los originales de Lorca, si su obra no es excepcionalmente extensa? Para responder a esta pregunta, quienes fuimos sus amigos íntimos de mocedad deberíamos recordar ciertos hábitos del poeta: o bien recatar los originales -a la espera de las últimas limas-, o bien desprenderse de ellos, confiándolos al último amigo recién conocido que le pareciera simpático. Después, las circunstancias súbitas y tremendas de su muerte, unidas al hecho de que en su medio familiar faltara alguien con espíritu de archivero. Felizmente, al pasar los años, todas las obras y poesías sueltas-particularmente las publicadas en vida del autor -han podido ser localizadas. Pero ¿quien nos asegura que alguien no haya conservado en su poder alguna de las obras dramáticas que hoy se dan por perdidas y que o bien durante los años de guerra en España la extraviara, o bien en los inmediatamente posteriores -a causa del pánico represivo- la destruyera por considerarla un «documento comprometedor»? Todo ello en el supuesto de que dramas y comedias como Los sueños de mi prima Aurelia, El sacrificio de Ifigenia y La destrucción de Sodoma existieran verdaderamente acabadas, pues aunque Federico las daba como tales, no hay que olvidar cierta propensión «inventiva» de su temperamento... En el mismo caso están: la tragedia El público y dos libros de poesía: la Oda a Sesostris y los Sonetos del amor oscuro. Con todo, a estas fechas, es muy difícil, por no decir rigurosamente improbable, que tales obras sean encontradas.

De suerte que la nueva edición de «Obras completas» lo es hasta cierto punto..., hasta el punto en que lo permite -diremos con aire científico- el estado actual de nuestros descubrimientos. No radica, pues, en ellos el mérito principal de la edición Aguilar, sino en presentar ordenados los hallazgos y exhumaciones de originales diversos que en la anterior edición de Losada fuimos dando a conocer -en reimpresiones sucesivas- a medida que aparecían.

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Guillermo de Torre

Guillermo de Torre

Y he aquí que no para vanagloria, sino con el fin de dar elementos de juicio a los lectores y críticos -particularmente a los extranjeros- me crea obligado a proporcionar algunas noticias respecto a la forma cómo fue emprendida y realizada esa primera edición que hasta ahora consta de ocho tomos sueltos. Obvio es decir que cuando yo inicié el trabajo, a mediados de 1938, la situación en que forzosamente debía hallarse todo compilador era muy distinta. Desde Buenos Aires (pues también parece innecesario recordar que cualquier edición de Federico García Lorca en España hubiera sido entonces imposible, y en realidad, hubieron de pasar bastantes años hasta que sus obras comenzaron a circular allí), sin fácil acceso a las fuentes, todo debió ser hecho por mí a base de los materiales asequibles y con suma rapidez. Entonces no había tiempo que perder. La obra lorquiana coma el riesgo de ser perdida o adulterada definitivamente. No sólo circulaban ya diversas ediciones fraudulentas del Romancero gitano; existían también, de otras obras, las apócrifas. El renombre clamoroso y suplementario que su muerte le había deparado suscitaba la pequeña codicia de gentes inescrupulosas. Recuerdo así cómo se voceaba en las calles céntricas de cierta gran ciudad sudamericana, a treinta centavos, una edición tomada al oído, de Yerma, que entonces representaba Margarita Xirgu. «Memorilla» y «Gran Memoria», aquellos sujetos que eran el terror de Lope de Vega, como saqueadores de su fama y de su hacienda, y que transcribían de oído sus comedias, habían renacido en pleno siglo XX. Por lo tanto, aquella edición apresurada -según expliqué entonces en el prólogo de la primera impresión, fechado en julio de 1938-, tenía no solamente un carácter de homenaje, sino de desagravio y vindicación. Fue, pues, menester limitarse a las fuentes más próximas.

La contribución de Margarita Xirgu y de Miguel Ortín, poniendo a nuestra disposición los textos escénicos de Yerma y de otras obras dramáticas, que permanecían inéditas, resultó capital. En cuanto a los libros de poesía, se hallaban en mi biblioteca y en otras amigas. Perdidas mis colecciones de revistas literarias en España, pero conservando en la memoria los títulos y fechas de poemas sueltos, poco a poco fue dable localizarlos y transcribirlos. He ahí, rápidamente reseñadas, las «intimidades» de aquella primera edición.

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A pesar de lo dicho más arriba, ciertos pequeños descubrimientos o exhumaciones son todavía posibles para quienes tienen el olfato, la ocasión y la suerte de acercarse a las fuentes. Aludo así al último hallazgo lorquiano, hecho por una nueva y benemérita hispanista francesa: Marie Laffranque. En el Bulletin Hispanique de Bordeaux (núms. 3-4, 1953) ha publicado varios «Textes en prose de F. G. L. tirés de l'oubli». En efecto, olvidados (el lugar más que los textos, dicho con exactitud) yacían en la colección de un diario de Granada ciertas curiosas y aun valiosas páginas: por ejemplo, el primer escrito de Lorca, un homenaje a Zorrilla, bajo el título «Fantasía simbólica», publicado en 1927; después fragmentos extensos de varias conferencias: una sobre «El cante jondo» (con la variante «Arquitectura del cante jondo»), otra sobre el poeta granadino del siglo XVII Pedro Soto de Rojas, otra titulada «Imaginación, inspiración, evasión». Particularmente la última es un documento de gran valor para conocer la estética del poeta.

Ilustración

He ahí por lo tanto, nuevas adiciones posibles para cualquier futura edición, para que las Obras completas de Federico García Lorca lleguen a serlo algún día verdaderamente. Faltaría asimismo incorporar su epistolario. Un esbozo de recopilación fue iniciado hace años, con toda devoción y desinterés, por Rafael Santos Torroella, en el bello librito F. G. L. Cartas a sus amigos (Cobalto, Barcelona, 1950), prologado por Sebastián Gasch. Contiene cartas y dibujos dirigidos al último de los nombrados y también a Guillermo de Torre, Ana María Dalí, Ángel Ferrant y Juan Guerrero. Pero así como ninguno de los anteriores amigos de Lorca vacilamos en facilitar copias de las cartas que conservábamos, otros se negaron y algunos como Melchor Fernández Almagro y Jorge Guillén han ofrecido publicar por su cuenta la correspondencia que poseen. Que tales proyectos no se demoren indefinidamente en su realización es lo menos que podemos pedir.

Faltaría también hacer una edición completa de los dibujos e ilustraciones de García Lorca -ya que hasta ahora sólo existen recopilaciones fragmentarias-, ordenados cronológicamente, y marcando bien las diferentes maneras o estilos de su «violon d'Ingres». Por último sería aconsejable incluir una selección de los mejores estudios críticos, artículos documentales y homenajes poéticos con que se cuenta.

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No se estimen desproporcionados los anteriores detalles y exigencias. Los admiradores de la obra lorquiana son legión en todo el mundo. A prueba: las múltiples traducciones en muy diversos idiomas y los incontables artículos y algunos libros, sobre su obra que nunca dejan de aparecer. Además, superando tradicionales desidias, acostumbrémonos a tratar la literatura española, y en general toda la de lengua española -sobre todo cuando está viva, cuando no hay que apelar a pergaminos y puede reconstruirse sin intermediarios- con la misma minucia que se usa en las otras lenguas, con el mismo rigor que se aplica a los clásicos. Clásico y actual es ya simultánea y armoniosamente Federico García Lorca. En el se reconcilian además, de modo impar, estas direcciones casi siempre encontradas: la minoritaria y la mayoritaria; de él gustan igualmente los grandes públicos y los «happy few». O dicho de otra forma, con un título de Soto de Rojas, su obra es: «Paraíso cerrado para muchos, jardín abierto para todos».

GUILLERMO DE TORRE




ArribaAbajoFuerza y autoridad

Salvador de Madariaga


Se acaba de publicar en Inglaterra un estudio sobre el carácter inglés basado en un vasto interrogatorio dirigido a millares de personas de todas edades, sexos y situaciones sociales. Uno de los resultados que arroja y que deseo comentar es la estima universal de que goza en Inglaterra la policía. Las respuestas al cuestionario son sobre este punto unánimes. No sólo hay estima; hay también confianza y admiración.

Se dirá que así es natural en un pueblo conocido por su respeto a la ley y su disciplina social. Pero no hay error más patente aunque más general también. El respeto a la ley, la paciencia, el no tirar por la calle del medio ni liarse la manta a la cabeza, sino escuchar y entenderse, no son virtudes innatas del pueblo inglés. Antes al contrario, la tradición inglesa trae de tiempo inmemorial un arrastre de violencia, de agresión, de sangre y aun de barbarie. El Padre Feijóo, que tanto admiraba y con tan fino conocimiento a los mejores espíritus ingleses, dice en su Teatro Crítico que los desenlaces espeluznantes de las obras de Shakespeare se deben al carácter feroz de los ingleses debido al exceso de la carne en sus comidas. No sé lo que vale la explicación fisiológica que da el curioso benedictino; al menos a mí no me parece tan feroz la gente del Uruguay, que se alimenta sobre todo de carne, y buena; sino todo lo contrario, personas civilizadas y que saben escuchar y vivir en paz con sus vecinos. Pero consta que las obras del gran teatro inglés, no sólo las de Shakespeare, sino las de casi todos sus contemporáneos, son sangrientas en demasía. Pero es que aquella época de bandidos, aventureros y piratas revela una Inglaterra muy distinta de la actual. El inglés de entonces era feroz y díscolo. La justicia se ejecutaba con detalles de una crueldad tan repugnante que no me atrevo a mencionarlos; y precisamente cuando más intentaba terrorizar al pueblo, más díscolo y feroz seguía el pueblo, y menos respetuoso de la ley. Así siguieron las cosas hasta muy tarde; hasta bien entrado y ya talludito el siglo diez y nueve. Todavía a principios del siglo XIX, el pueblo inglés vivía en un estado semibárbaro por debajo de una aristocracia refinada. Había maridos que vendían sus mujeres en el mercado y criminales colgados de cadalsos a las puertas de las ciudades para ejemplo de caminantes. El crimen de violencia era frecuente.

Ilustración

No vale pues decir que el pueblo inglés estima y admira a su policía por ser un país amante del orden. Más acertado sería invertir la oración, y decir que el pueblo inglés ha llegado a ser amante del orden porque estima y admira a su policía. Esto tiene una doble explicación: histórica y sociológica. Históricamente, la policía inglesa se sistematiza en el siglo XIX bajo la dirección de un Ministro de la Gobernación luego famoso como Primer Ministro -Sir Robert Peel. Dos principios caracterizan esta reforma: policía desarmada y policía preventiva. Una actitud la domina: policía al servicio, nunca al mando, del pueblo.

Esta manera de comprender la policía descansa sobre una noción exacta de lo que es fuerza y de lo que es autoridad. Puede haber autoridad sin fuerza: por ejemplo la de la reina de Inglaterra actual; puede haber fuerza sin autoridad: por ejemplo, la de cualquier dictador, ya que no sería dictador si tuviera autoridad para prescindir de la fuerza. La policía tal y como la concibió Sir Robert Peel iba desarmada precisamente para hacer constar que su fuerza se apoyaba en su autoridad y no su autoridad en su fuerza.

¿De donde pues le venía la autoridad? Ante todo de su conducta. El policía inglés no fue sencillamente un ex-cabo o ex-sargento, con uniforme especial, para ejercer de mandón y guardar el orden; fue un ciudadano activo especialmente encargado de servir al público en todo aquello que directa o indirectamente afectara a prevenir, limitar y resolver conflictos entre ciudadanos o entre ellos y la ley. A tal fin se le dio una instrucción cuidada que no consistió precisamente en el «un, dos, un, dos», ni en el «Derecha, deré» sino en una formación y educación para condicionarlo y amaestrarlo a su papel de árbitro, guardián, confidente y consejero de sus conciudadanos.

Este concepto civil y civilizado de la policía terminó por actuar como un ejemplo constante sobre las costumbres sociales del país. La criminalidad de toda clase que era desastrosamente alta en Inglaterra a principios del siglo XIX fue bajando con asombrosa rapidez. La policía desarmada no dejaba de tener su fuerza física en caso de disturbios graves: si bien, aun entonces, no empleaba ni emplea armas de fuego ni blancas, sino tan sólo bastones y caballos; pera estos menesteres de orden público se dan rara vez a causa de la técnica preventiva de la policía que procura siempre adelantarse a los acontecimientos y prever el modo de evitar choques.

Entre otras virtudes del sistema, conviene apuntar la ecuanimidad de la protección que la policía presta a los adversarios del gobierno. Que sufragistas ayer, socialistas hoy, huelguistas mañana, deseen organizar una manifestación contra el Gobierno, la policía los protegerá y encuadrará para que no haya choques con sus adversarios y los manifestantes puedan expresar sus emociones en toda libertad.

Esta es la causa de la transformación asombrosa que ha tenido lugar en el carácter inglés del siglo XIX al XX. El pueblo más díscolo y desobediente de Europa, ha llegado a ser un modelo de orden y libertad. ¿Por qué? Porque los dirigentes han sabido establecer el prestigio de su autoridad reduciendo a su mínimo la fuerza bruta y rodeando el poder de la aureola de la justicia. Es evidente que si el poder da el ejemplo de la arbitrariedad, del mando porque si y de la fuerza bruta, estos desdichados abusos penetran como tóxicos en todo el organismo del país y provocan a la violencia. Reprimida por la fuerza bruta, la violencia se va acumulando. Y en su día viene la explosión. Por eso para cultivar la paz social todo país debe evitar la fuerza bruta y atenerse a aquello de «si quieres la paz cultiva la justicia».

SALVADOR DE MADARIAGA




ArribaAbajoEl secreto de un éxito

Manuel de Irujo


La Muralla de Joaquín Calvo Sotelo cuenta a su favor con el mayor éxito teatral de la época en el escenario español. Lleva ya, solo en Madrid, cientos de representaciones.

Toda la prensa española se ha ocupado del hecho, tratándolo desde diversos puntos de vista, para intentar ver la causa del éxito. También nosotros tomamos parte en la encuesta.

El argumento de La Muralla es sencillo. Jorge ha robado «El Tomillar». Jorge debe restituir «El Tomillar». Y Jorge, en peligro de muerte, resuelve restituir «El Tomillar». Su decisión es dolorosa. Porque, tras ella está la miseria para él y para los suyos, cuya resistencia -cuya muralla- vence con resolución heroica.

La obra ha sido confeccionada, según confesión de su autor hecha en el prólogo de la misma, con diversas intervenciones, siendo tal vez la más decisiva la de Don Ángel Herrera, actual obispo de Málaga.

La opinión del propio Calvo Sotelo en orden al secreto del éxito de su obra, aparece reflejada en las primeras líneas de la dedicatoria: «A un curita de pueblo que me escribió diciendo: Hace usted más desde el escenario que yo desde el púlpito». Esa frase refleja a buen seguro la verdad, escapando de la comedia. Nosotros sabemos de manifestaciones similares auténticas hechas por cientos y sin guardar el anónimo. No se trata pues de un hecho aislado, sino coincidente con otros coetáneos, que permiten por ello inducir con lógica.

En La Muralla -escribe Joaquín Arrarás en crónica distribuida a varios diarios españoles- no hay nada nuevo, ni en la técnica, ni en el diálogo, ni en la psicología de los personajes, y mucho menos en el argumento... Es el planteamiento de un problema, a.b.c. de la ley natural, del catecismo y del código penal... El autor no se ha atrevido a plantear el problema en el único plano en que puede y debe plantearse en el momento presente. Le ha faltado valor para agarrar al toro por los cuernos... Hoy, el robo tipificado por la ley penal carece casi de importancia... El robo que hoy constituye un verdadero problema social cae fuera del radio de acción de los códigos... Ya no se roba a tiros más que en las novelas y en las películas policiacas. Ahora hay otros procedimientos mucho más sencillos y seguros. Basta aprovechar una situación de escasez. Basta adulterar la calidad de las mercancías. Basta monopolizar la venta de un producto. Basta...



El autor de la crónica que comentamos, crónica desafecta a La Muralla, en apariencia al menos, al tratar de explicar los motivos del éxito de la obra, escribe: «La eficacia espiritual del teatro no procede de la lógica, sino de la intuición», entiéndase, de la intuición del público que presencia el espectáculo.

Esa es, en efecto, a nuestro juicio, la base del éxito alcanzado por la comedia de Calvo Sotelo. El público, por intuición, descubre en el protagonista al régimen, y en la muralla que le rodea a todas las lacras y concupiscencias que son, al propio tiempo, producto y base de sustentación del mismo régimen. No se roba todos los días la mayor finca de Extremadura falsificando un testamento e incurriendo en las sanciones del Código penal. Hay otras muchas maneras de robar, más fáciles y expeditivas, al amparo del régimen. Esas son las que el público presiente y las que sus aplausos ponen en la picota, ya que no le es dado poner en la picota al propio régimen. La Muralla no hubiera tenido el éxito alcanzado si hubiese habido prensa libre en la que hacer públicos los abusos, y sindicatos libres para organizar contra ellos la resistencia de los trabajadores, y grupos políticos que los denunciaran, y parlamento en que los diputados interpelaran por ellos al Gobierno, y jerarquía que recordara sus deberes morales a los gobernantes, y tribunales independientes que hicieran justicia en los inculpados. Calvo Sotelo ha tenido el acierto de ofrecer al público un sustitutivo con el que remplazar a todos esos medios de vigilancia, depuración y crítica, normales en los regímenes constituidos en democracia, en sistemas de derecho, pero inexistente en la España franquista. Y el público premia ese acierto con su asiduidad y su aplauso.

Se levantó cierto revuelo al anunciarse que La Muralla no era original, sino plagio de Dicenta. Hubo quien, para defender la originalidad, acudió al argumento del éxito, tan notorio, cosechado por Calvo Sotelo, y que no mereció la obra del genial artista fenecido. Mal argumento ciertamente. Si cuando Dicenta puso en escena su obra hubiera vivido el país 18 años de dictadura totalitaria y castrense, sin prensa libre, sin partidos políticos, sin sindicatos, sin libertad de palabra, ni de otros medios de expresión para la opinión pública, a buen seguro que su representación hubiera alcanzado éxito indudable. Pero, en aquel entonces, se vivían los tiempos en los que Maura, el político de la derecha del régimen, afirmaba que «el pensamiento no delinque», afirmación que, para la doctrina falangista, que es base del Estado franquista, constituye una herejía abominable.

No negamos pues el acierto de Calvo Sotelo. Ni siquiera entramos en el tema. Lo que afirmamos es un puro concepto de relatividad. Lo mismo podríamos tratar sobre el valor de un vaso de agua en el desierto. Cuando falta todo, se celebra la presencia de algo -por poco que sea- con fruición. Joaquín Arrarás ya percibe esa sensación cuando escribe como lo hace en las frases que hemos preproducido. Lo que sucede es que, ni él ni nadie puede permitirse en la actual prensa española, el lujo de hacer comentarios que llevarían aparejado su cese fulminante para comenzar, con otras derivaciones tal vez más enfadosas aun que la propia cesantía. Son demasiado elocuentes los cambios de director en Ecclesia, ABC y Alcázar -por no citar otros- para que entre los periodistas surjan héroes. «El autor -dice Arrarás- no se ha atrevido a plantear el problema en el único plano en que puede y debe plantearse en el momento presente. Le ha faltado valor para agarrar al toro por los cuernos». Exactamente lo mismo le sucede al propio Arrarás. Y algo parecido acontece a los espectadores de La Muralla, aunque, al menos, estos ya se atreven a algo positivo: ¡aplaudir!

MANUEL DE IRUJO




ArribaAbajoCorreo de España: mar de fondo

Ángel Costa


Madrid, Diciembre, 1955.

Triste ha sido la causa, pero las consecuencias son, sin duda, prometedoras. El fallecimiento de Don José Ortega y Gasset ha servido para poner de manifiesto las frágiles posiciones del régimen en los medios universitarios. De nada sirvió la operación oficial destinada a «anexionarse» al ilustre filósofo después de muerto. El pésame del «Caudillo», la presencia de Fernández-Cuesta y Ruiz-Giménez en la presidencia del entierro, ni la poco escrupulosa operación espiritual orquestada por la jerarquía eclesiástica.

Los estudiantes madrileños, recorriendo las calles de la capital en número superior a un millar hasta llegar al cementerio, distribuyendo la esquela laica del «filósofo liberal», dieron su verdadero significado al triste acontecimiento. Cuando al entrar en la Puerta del Sol, las muchachas universitarias tomaron en sus manos la gran corona de flores y avanzaron impávidas, en silencio, ante la estupefacción de las fuerzas de Policía Armada y la emoción del público, creíamos revivir aquellas acciones universitarias de que nos han hablado nuestros padres y que fueron el preludio al advenimiento de la República.

Luego, fue en el cementerio, cuando una voz joven nos habló de «los universitarios sin universidad» y se guardó un minuto de silencio. Un policía que insinuó por qué no se rezaba una oración, recibió una réplica correcta pero adecuada. Y todos los presentes, aunque no tuvieran el mismo criterio sobre la obra filosófica y política de D. José, estaban unidos en el respeto al maestro liberal y laico, en la condenación del régimen que no le perdonó jamás su actitud de 1931 y que le arrebató su cátedra de Metafísica en la Universidad Central.

A partir de ese día, la memoria de Ortega ha sido blanco de la crítica clerical sin otras razones que las teológicas, y aglutinante de todos los universitarios en rebeldía contra el vacío espiritual del régimen. El 18 de Noviembre tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad el homenaje a la memoria de Ortega, presidido por el Rector, Dr. Laín Entralgo, quien afirmó la necesidad de este acto pese a que algunos -son sus palabras- dicen que los españoles deben olvidar a Ortega. Los estudiantes aplaudieron frenéticamente las palabras del Rector, así como las del Doctor Marañón, que hizo profesión de fe liberal.

Estos actos no son hechos aislados, sino exponente de una oleada de fondo que agita el ambiente universitario y se manifiesta también por otros procedimientos. La reunión del Congreso de universitarios escritores jóvenes, la celebración de recitales en la Facultad de Filosofía y Letras de poemas de Nicolás Guillén y Miguel Hernández (incluso las de significado político de este último), son otros tantos testimonios del actual estado de efervescencia.

Ilustración

Estos días se han concedido también los premios de novela y de ensayo de la revista Índice. Estos premios han ido a parar a dos personalidades universitarias, cuyo criterio político no es un secreto para nadie: Julián Marías, el discípulo predilecto de Ortega, y Juan Goytisolo, el joven autor de Duelo en el Paraíso y Juegos de Manos. Es digno de destacarse que, entre los miembros del jurado elegidos por votación de los lectores se encontraba el joven escritor catalán José María Castellet, cuya obra sobre crítica literaria ha sido requisada por la policía en todas las librerías y que ha sufrido recientes persecuciones. Pese a las prohibiciones del Ministerio de Información, Castellet ha publicado un artículo en la revista Ínsula, titulado «Irse tranquilo» -donde señala como Ortega no ha podido «irse tranquilo»- que ha suscitado una multitud de comentarios favorables.

Naturalmente, los medios gubernamentales intentan reaccionar contra esta situación por los procedimientos que les son habituales: suspensión de la revista Ateneo (que había criticado violentamente la película «El canto del Gallo» patrocinada oficialmente), amenaza de suspensión de la revista Alcalá, presiones contra el Congreso de universitarios jóvenes, prohibición de un libro de poemas de Blas de Otero (que está circulando en hojas multicopiadas), mutilación de una novela de Ana María Matute, etc., etc. Todo acompañado con nuevas críticas a la obra de Ortega que, según las recientes declaraciones del Obispo auxiliar de Toledo, Mgr. Francisco Miranda Vicente, «con su doctrina heterodoxa, sin retractación alguna, nos queda aquí como atrayente prado florido, donde la juventud encontrará hierbas venenosas para sus almas».

En la Universidad el mar de fondo no hace sino aumentar. Hace pocos días, el decano de Filosofía tuvo que prohibir otro recital de poemas de Neruda y Alberti, por intervención de la policía. Es más, no hay día en que no se hable de una posible destitución de Laín Entralgo, rumor que ha aumentado después de la destitución de Elola de la jefatura del Frente de juventudes, a consecuencia de los desplantes contra Franco de las centurias juveniles el 20 de Noviembre en El Escorial.

Dos acontecimientos han venido a hacer mucho más tensa la situación. Uno ha sido el bárbaro apaleamiento del estudiante de Medicina, Sr. Grinda, por el empresario del Infanta Isabel, Arturo Serrano, el día del estreno de La Canasta de Mihura, en presencia de este último. Al día siguiente, más de mil estudiantes han manifestado por la calle, rompiendo y quemando los carteles del Infanta Isabel y dirigiéndose luego al edificio de ABC, contra el que fueron lanzadas varias piedras, acusándole (como es verdad) de una versión tendenciosa y falaz de los hechos.

Ilustración

Por la tarde, los estudiantes compraron todas las entradas del Infanta Isabel y ante su airada protesta tuvo que suspenderse la representación, no sin que antes le diera un ataque de nervios, en plena escena, a la primera actriz. Las representaciones han estado suspendidas durante dos días, durante los cuales los estudiantes no han dejado de organizar manifestaciones, hasta el punto de que el último día se produjeron ya varias colisiones con la policía armada. Por fin, los estudiantes han obligado a intervenir al jefe del SEU y a que Arturo Serrano, además de pagar una multa, rectifique en una carta abierta -publicada en la prensa- que es un ejemplo bochornoso de adonde puede llegar la relajación de la conducta humana en la España actual.

El hecho más reciente y más significativo ha sido la prohibición de un acto que debía celebrarse en el «Instituto Internacional Boston» de la calle Miguel Ángel, para oír la voz de Ortega -y la de Fernando Vela- por cinta magnetofónica. Cuando el público llegó se encontró con las puertas cerradas y el acto fue suspendido por orden de la Dirección general de Seguridad. Allí mismo empezaron los rumores y protestas, pero cuando estas adquirieron un volumen serio fue al día siguiente en la Facultad de Filosofía y Letras. Varios centenares de estudiantes se reunieron para leer la orden de la Dirección de Seguridad; de ahí se pasó a los gritos, de los gritos a los incidentes entre la inmensa mayoría de estudiantes y los muy escasos «adictos»; y, en fin, durante casi toda la mañana los estudiantes recorrieron los claustros apostrofando a las autoridades gubernativas y dando vivas a Ortega, al rector Laín Entralgo, etc.

Esta suma de hechos puede dar idea de los profundos cambios que se han operado en la conciencia universitaria española desde hace uno o dos años. La realidad va aun más lejos. La dictadura del tomismo en la Universidad unida a la penetración del «Opus Dei», la caída vertical de la importación de libros extranjeros e incluso el descenso del standard de vida en la clase media -de donde procede la mayoría de los universitarios- son razones, entre otras, para acrecentar la rebeldía. Ya no estamos en 1945. Los estudiantes madrileños de hoy proclaman sin ningún temor en su prensa la divisa de «el Arte para el hombre», «la necesidad de considerar al hombre español como ser social en toda la riqueza y en todo el conjunto de sus actos, de sus sentimientos y de sus pensamientos». Aquella frase de Antonio Machado, «por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre», es hoy bandera de los estudiantes de España que, anclados en su fe quijotesca son ya presencia y garantía del mañana que se anuncia.

ÁNGEL COSTA




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Información de nuestro corresponsal en España


La farsa de la «Campaña de precios»

El estado de inestabilidad de estraperlo y racionamiento que duró cerca de once años (de 1939 al 1950), interesaba mucho a los terratenientes franquistas, que dando sueldos mínimos a los labradores, cobraban precios más altos que los normales y la escasez elevaba la demanda y el precio de los artículos. Esta situación no se podía mantener por mucho tiempo (a pesar de los intereses creados) después de la guerra mundial, cuando la mayoría de los países que habían intervenido directamente en la contienda habían suprimido el racionamiento, y sin embargo España continuaba aferrada a este sistema de distribución, después de 11 años de terminada nuestra guerra civil y 5 de la conflagración mundial.

En estos años muchos oportunistas aprovechados, comerciando con el hambre del pueblo, consiguieron grandes fortunas, fortunas que hoy día salen a relucir con la compra de fincas, pisos, coches, etc.

Por fin alrededor de primeros de año, en 1950, el gobierno franquista decidió poner todos los artículos en venta libre, pero con los mismos precios de los estraperlistas, a los que como es lógico en nuestro régimen, no podían abandonar. Esta hazaña económica nos colocó en las mismas o peores condiciones.

Desde aquellas fechas a hoy los precios de todos los artículos han ido subiendo hasta alcanzar una altura verdaderamente alarmante para la economía nacional. Hoy la situación es inquietante. El ministro de Comercio, Sr. Arburua, ha dado órdenes a la Comisaría de Abastecimientos de establecer «precios topes» para la carne, pescados, alubias, lentejas y guisantes. Se habla de la importación de huevos en grandes cantidades, producto del que la prensa había dado hace algunos meses cifras astronómicas sobre la abundante producción nacional. Se puede hablar fácilmente de importación de productos pero la falta de divisas para la adquisición de productos alimenticios hace imposible estas adquisiciones, las divisas que posee España se invierten en importación de material eléctrico y máquinas para la industria de la siderurgia y no parece que el gobierno está dispuesto a sacrificar esas importaciones.

A pesar de las medidas indicadas que a simple vista parecen eficaces contra la carestía, confiesan en una nota publicada en el periódico Madrid (Nov. 25-55) que: «la campaña que el Gobierno, por medio de la Comisaría de Abastecimientos, viene realizando en defensa fundamental y básicamente del consumidor NO BUSCA LA REBAJA DE PRECIOS, sino la sujeción de las cotizaciones».

Jamás nuestros gobernantes han sido capaces de enfrentarse directamente con los problemas vitales de la nación. Por un lado no les interesa subir los jornales porque esta medida les acarrearía resentimientos por parte de los capitalistas en quienes se apoyan, y por otro no pueden bajar los precios porque los grandes almacenistas se verían grandemente perjudicados. Ante este problema adoptan una postura ficticia intermedia que no resuelve nada. El pequeño comerciante se ha visto perjudicado al poseer artículos adquiridos a un costo más alto que los precios fijados como tope por la Comisaría de Abastecimientos, y entonces se ha valido de innumerables subterfugios para no perder dinero.

Hace unos días leíamos unas declaraciones de un ultramarinista del Mercado de Ibiza en Pueblo, en las que decía: «Yo gano únicamente 0,15 ptas. en litro de aceite (que se vende a 14,15 ptas.) y 0,40 ptas. en kilo de azúcar (cuyo precio es 11,30 ptas.). Ya me dirán como se puede vivir si no hay margen comercial...». Podemos darnos cuenta del estado del pequeño comercio si consideramos que esta prensa controlada se ve obligada a publicar esta información, aunque la sitúe en Ibiza.

Por las llamadas Cortes ha sido aprobado el presupuesto del Estado para el bienio 1956-7, con un aumento considerable sobre el anterior. Mientras el Ministerio de Educación Nacional figura 2.856.163.733,18 ptas., el Ministerio del Ejército se le ha asignado el doble de esa cantidad: 4.912.864.964,55 ptas. El Instituto de Estudios Políticos y la Secretaría General del Movimiento (Falange) ha obtenido la nada despreciable suma de 81.770.396,66 ptas. que no sabemos a que se aplicará.

En Arriba (Nov. 16) apareció una información económica que por sí sola expresa bastante bien los derroteros que va tomando la economía nacional. Dice: «Continúa el impuesto de usos y consumos mejorando su recaudación, que se eleva año tras año. En 1954, la recaudación se elevó a 8007 millones de ptas., con alza de 315 sobre lo presupuesto y un progreso en la recaudación sobre el año anterior de 629 millones. Analizando la recaudación del impuesto por tarifas vemos que los productos alimenticios dan 702,8 millones de ptas.».

Para mantener un aparato estatal tan desmesurado como el franquismo, es natural que los impuestos sean elevados día a día, y al mismo tiempo saque fondos de donde sea posible siempre que no se hiera de cerca los intereses de los capitalistas del régimen. La llamada campaña de precios que, como todo lo que confecciona el régimen, no es sino una patraña, en esta patraña los que salen más perjudicados directamente son los pequeños comerciantes e industriales de la clase media que llegan a sufrir sanciones que van desde 500 a varios miles de ptas. por no haber puesto sobre determinado artículo el precio bien visible o por haber cerrado el establecimiento cinco minutos más tarde de la hora ordenada. Se habla también de la inminente subida del precio de la gasolina de 5 a 9 ptas. de los transportes urbanos (tranvías, autobuses y metro) y de los alquileres de viviendas. Esas subidas tienen que repercutir necesariamente en el coste de la vida a pesar de la «campaña de precios».

La ficción que se pretende sostener para ocultar fundamentales problemas nacionales tiene su límite.




Mensaje de año nuevo a los españoles exilados

La juventud española solo ha vivido los últimos acontecimientos del derrumbamiento de la República, pero a pesar de eso, comprende los hechos y no olvida. Olvidar sería tanto como desertar de nuestra lucha por una España más digna que la actual.

Nuestra España lleva 16 años enfangada en el ostracismo más abyecto, a donde la han llevado una serie de traidores ayudados por la reacción y por las fuerzas nazi-fascistas; así consiguieron consumar su traición a la República, a la que habían jurado fidelidad.

El pueblo español después de la II guerra mundial, en la que fue destruido el nazi-fascismo internacional, esperaba confiado que las democracias hundieran al régimen fundamentado en dicha tiranía. Una vez más perdimos la esperanza al vernos abandonados por la democracia.

Estamos convencidos de que no debemos esperar nada de la mal llamada democracia internacional, cuando hay gobiernos que se llaman democráticos y que no tienen escrúpulos en pactar con la tiranía franquista e incluso admitirla en las Naciones Unidas, organización internacional mil veces vituperada por nuestro régimen. Con la inclusión de España en la O.N.U. se ha facilitado el camino para que Madrid y Moscú se estrechen la mano, y de esta forma Franco encontrará la ocasión para apreciar cual de las dos grandes potencias, Estados Unidos o Rusia, pueden satisfacer mejor sus ambiciones. Este doble juego, ha sido un fiel colaborador del franquismo en todo momento.

Queremos hacer constar nuestra protesta. La protesta de la juventud española democrática, a la que tantas veces se la ha querido engañar, diciéndola que todo este «tinglado circense del franquismo», es lo verdaderamente representativo de nuestra España y que aquellos que se fueron VOLUNTARIAMENTE de nuestro país no son españoles. Queremos enviar nuestro abrazo fraternal a todos los españoles que prefirieron el exilio a convivir con los traidores a nuestra patria. Sabemos que vosotros representáis a la España auténtica, a la España que puede parecer muerta, pero que vive en el alma y en el pensamiento de todo buen español.

Es menester que sepáis que continúa la lucha contra la tiranía. Esta lucha es vuestra lucha y por lo tanto os pedimos que no desmayéis en vuestro destierro, puesto que nosotros no cejamos en nuestros esfuerzos para derrocar al tirano e implantar un nuevo régimen de libertad y paz en el cual será necesaria vuestra colaboración.

No olvidéis que debéis unir vuestros impulsos con los nuestros, y sobre todo no flaquear ni un momento pues la tiranía está ya muy debilitada.

La juventud española aprovecha la ocasión para enviaros nuestro abrazo fraternal con los mejores deseos para el Año Nuevo, confiando en vuestra colaboración para conseguir, en plazo no lejano, una España libre y democrática que ocupe el lugar que le corresponde en el concierto mundial de las naciones libres.

Madrid, enero 1956.






ArribaAbajo Editorial

Dos mensajes


Con motivo de la festividad de Año Nuevo el general Franco difundió por radio un mensaje. La prensa toda, tanto la de tendencia liberal como la de tendencia franquista, ha hecho comentarios sobre el mismo. En verdad que el mensaje merece la atención que la prensa le presta, tanto la española como la extranjera.

Los discursos pronunciados por el general Franco en años anteriores en esa misma fecha estaban dedicados, como corresponde a una dictadura que sigue marchando, a proclamar las excelencias del régimen, sus magníficas realizaciones y a afirmar su continuación bajo un reino sin rey o bajo un regente sin reino.

Pero este año el general Franco se ha visto obligado a sacar a la luz pública algunos de los problemas que su propio régimen ha creado y a los que, al parecer, no le encuentra solución. Ese discurso es el discurso de más importancia que jamás haya pronunciado Franco en su ya larga vida de jefe del Estado español. Sin veladuras ha declarado que existe intranquilidad entre los estudiantes, descontento entre los trabajadores y entre los intelectuales; es decir, ha confesado la oposición de estos sectores al estado actual de cosas. Esa oposición, patente ya, es la que ha llevado a Franco a pedir al país, en otro párrafo de su discurso, «una disciplina y unidad sin grietas», «disciplina y unidad» -dijo- «que son obligatorias para los ejércitos combatientes como para los pueblos». El general Franco no puede distinguir, claro está, entre disciplina militar y orden civil. En otros párrafos del discurso ha revelado que existen «irresistibles factores de la inflación» y «grandes especuladores que se amparan en el control del Gobierno».

No pretendemos dar a este discurso un alcance desorbitado, pero tampoco hemos de minimizarlo, tratamos de señalar sus razonables límites. Ese mensaje no es signo anunciador del fin del régimen franquista, no presenciaremos en las próximas 24 horas el derrumbe de ese régimen de opresión y oscurantismo, no; ese mensaje es la prueba fehaciente de la incapacidad del régimen actual para resolver los problemas que él mismo ha creado.

Desde hace 18 años, y ya es una fecha, España vive privada de la libre expresión del pensamiento; las clases trabajadoras no pueden ejercer el derecho universalmente admitido de libre asociación; el sector intelectual está ahogado; la agricultura en estado primitivo; la industria intervenida; el comercio de productos alimenticios y otros forzados a la práctica del mercado negro; «la inflación irresistible y los grandes especuladores amparados en el control del Gobierno». La sensacional confesión del general Franco saca a juicio público el resultado de los 18 años de la práctica de su sistema. Ese es el contenido de su discurso: no es poco.

Otro mensaje

Casi al mismo tiempo de tener conocimiento del mensaje del general Franco llegó a nuestras manos otro con el ruego de que le demos la mayor difusión, mensaje que reproducimos en nuestra cubierta al dorso. Este segundo mensaje nos lo envía un importante sector de la juventud española; ambos se completan.

El general Franco continúa perseguido por su único y verdadero enemigo: la democracia, y la juventud del interior, esa juventud que ha vivido la experiencia del franquismo, hace un llamamiento a aquellos españoles que encarnaron en España el ideal liberal y democrático y siguen manteniendo fuera de ella una conducta ajustada a esos principios por tener la firme convicción de que España no puede alcanzar sino dentro de la libertad y de la democracia su pleno desenvolvimiento, lejos de totalitarismo franquista como del totalitarismo comunista, gemelos ambos.

Los dos mensajes son la expresión de la realidad española; el primero confiesa la hostilidad de estudiantes, trabajadores e intelectuales al régimen; el segundo es su réplica adecuada, la voluntad de un sector nacional de sustituir el sistema tiránico y opresor que vienen sufriendo desde hace veinte años.

Algo termina o algo empieza en España.


MR. CLAUDE G. BOWERS EN IBÉRICA

Tenemos la satisfacción de comunicar a nuestros lectores que Mr. Claude G. Bowers, ex-Embajador de los Estados Unidos en España y Chile y distinguido escritor, entra a formar parte de nuestro Consejo Directivo.

Al comunicar tan grata noticia queremos hacer público nuestro agradecimiento por el honor que Mr. Bowers nos dispensa.




ArribaResumen de noticias

Marruecos

La liberación de la Zona española

Allal el Fassi, jefe del Istiqlal (partido de la independencia) y Abdel Khalek Torres, jefe del partido reformista marroquí, han hecho público en el periódico Al Alam, diario oficial del Istiqlal, un manifiesto en el que piden «la independencia interior y exterior de Marruecos, y la unidad territorial del país bajo una monarquía constitucional».

Si las circunstancias actuales -dice el periódico- muestran que el gobierno francés ha encontrado el buen camino para resolver el problema marroquí reconociendo el principio de la independencia y aceptando las negociaciones con el Gobierno marroquí sobre esta base, esperamos que el Gobierno español tendrá la misma comprensión para la solución de este problema.

Deseamos que los acontecimientos sigan el mismo curso y que España reconozca a los marroquíes de esta parte septentrional de Marruecos su derecho a la independencia y su derecho a la unificación del país. Así ella podrá obtener para sus intereses y los de sus ciudadanos en Marruecos las mismas garantías que se concedan a los franceses y a los intereses de Francia.



El general García Valiño dice...

(AFP) -En una conferencia de prensa celebrada en Zaragoza el 14 del diciembre último por el general García Valiño, anunció «un acuerdo inmediato y total con Francia respecto a Marruecos».

El general Franco dice...

Pocas horas después el general Franco, en una entrevista concedida al director de la Agencia E.F.E., Pedro Gómez Aparicio, analizó la evolución reciente de la política francesa en Marruecos y dijo -entre otras cosas-:

España ha hecho saber a Francia que no aceptará nunca pasivamente los acuerdos tomados por otros sin su intervención y sin su consentimiento...

Sería funesto para el futuro de ese pueblo, para conseguir y conservar su independencia, introducir en su territorio, naturalmente inclinado a resolver a tiros sus querellas, las malicias y las luchas intestinas de los partidos políticos de tipo europeos. Si se quiere destruir ese pueblo yo creo que no se podrá encontrar otro medio más diabólico.




Francia no admite discusiones con España

Autoridades francesas han declarado en París que España no participará en las futuras negociaciones que han de llevarse a cabo entre Francia y el gobierno de Marruecos. Estas negociaciones eran una sugestión del general García Valiño, Alto Comisario de España en Marruecos.

Esas mismas autoridades han declarado que esas negociaciones entre Francia y Marruecos competen solamente a esos dos países pero que serán respetados los derechos de España y de los otros países.


Mensaje a los trabajadores

D. José Antonio Girón, ministro de Trabajo, dirigió un corto mensaje a los trabajadores españoles en que dijo: «Trabajadores: muy pocas palabras este año. Pocas pero llenas de calor de nuestro corazón. En estos días en que se celebran fiestas de paz, paz os deseo. Os transmito la orden de Franco de tener fe y confianza. La justicia avanza implacablemente abriéndose paso por entre las vallas de la codicia y de la traición. El Gobierno ha dado la consigna de cerrar el paso a cualquier avance que el egoísmo humano inicie sobre los hogares de los trabajadores. Se nos ha exigido que montemos la guardia más cerrada en los umbrales de vuestras casas para que no se acerquen nunca más los viejos y conocidos espectros. Estad seguros de que ahora, igual que en otras ocasiones, seremos fieles a la orden que se nos ha dado y cumpliremos hasta sus últimas consecuencias la consigna recibida. Esta vez como otras veces Franco no permitirá que se entreabra la puerta de la desesperación de los trabajadores para que penetre por ella el aire helado de la subversión» (ABC, Diciembre 1955).


Jefe de la Juventud Falangista despedido

El Boletín Oficial del Estado del día 12 de diciembre publicó, la siguiente disposición: «Por razones de salud cesa en el cargo de Delegado Nacional del Frente de juventudes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS el camarada José Antonio Elola Olaso, agradeciéndole los servicios prestados. Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en El Pardo a 9 de diciembre de 1955. Francisco Franco».

José Antonio Elola ocupaba ese puesto desde hace 16 años. En los medios políticos de Madrid se señala como motivo de esta decisión la hostilidad que encuentra en el seno de Falange las intenciones del general Franco de restablecer la monarquía, hostilidad hecha patente en distintas ocasiones, entre otras las manifestaciones anti-franquistas del Escorial en los actos celebrados con motivo del XIX aniversario de la muerte del fundador de Falange.


Agitación en la zona española

Un despacho de la agencia Reuters da cuenta de la agitación observada en la zona española. El día 2 de este mes hubo en Melilla una manifestación de nacionalistas reclamando para esa zona las mismas ventajas concedidas por Francia a la suya.

En esa misma región de Melilla se ha producido una huelga de 4000 obreros que trabajan en las minas. Los obreros han vuelto al trabajo después de que las autoridades les han prometido el aumento del 35% en sus jornales.


Invitación Rusa a D. Indalecio Prieto

En una cena organizada en México por el Centro Republicano Español para obsequiar al D. Martín Luis Guzmán, director de la revista mexicana Tiempo, que viene sosteniendo desde hace catorce años una tenaz campaña por la democracia, española, el leader socialista D. Indalecio Prieto pronunció un discurso del que nos interesa destacar las declaraciones siguientes3:

Hace justamente siete días un jefe militar español, no comunista, muy amigo mío, vino a mi casa y me dijo que traía el encargo de tres o cuatro comunistas, cuyos nombres me dio y a quienes no conozco, que querían saber si yo estaba dispuesto a realizar una visita a Rusia, a donde sería invitado. Traigo conmigo la misma nota que me entregó el aludido jefe militar, la cual dice: Entidades que pueden invitar, si no se considera conveniente lo haga el propio Gobierno: la Comisión de Relaciones Exteriores del Soviet Supremo de la URSS, el Partido Comunista de Rusia, el Consejo Directivo de los Sindicatos Obreros y el Presidente del Consejo de la Paz de la URSS.



La respuesta voy a darla desde aquí. Siento anhelo enorme, que me quiebra el alma, de ver determinado país, de pasear por él, de recorrer sus caminos, de vivir bajo su sol, de respirar el aire de sus montañas. Ese país es España. Y no puedo ir de visita a ningún país que no me facilite la vuelta a mi patria.

¿Cual sería mi situación personal si recorriendo yo esos países que se me invita a visitar llegara la jornada negra en que el más importante de ellos determinase con su actitud que España ingresara en las Naciones Unidas? Me consideraría, no traidor a la democracia española, con ser esto muy grave, sino traidor a mí mismo...

No sería, claro está, el primer socialista anticomunista que visitara esos países. Allí han ido comisiones del Partido Laborista inglés, presididas por Clement Attlee, y ha ido últimamente un grupo de parlamentarios belgas presididos por el que quizá sea el decano de los socialistas europeos, Camilo Huysmans. Nada haría, pues, que no hayan hecho otros socialistas más significados que yo, pero mi significación, la situación de un socialista español invitado, es distinta de la de dichos correligionarios. Más adelante, si se despejara el camino mediante una actitud decisiva de Rusia en favor de la España democrática, si no la traicionara -casi me atrevo a decir, si no volviera a traicionarla-, quizá yo no encontrase dificultades pares contemplar los nuevos panoramas sociales de la Europa oriental. Mientras la situación se mantenga en el plan equívoco de ahora, mi contestación, dada en público, es que no debo aceptar tales invitaciones.


Relaciones diplomáticas Madrid-Moscú

Copiamos del periódico parisién Combat de 6 de diciembre: «Según la prensa americana los medios oficiales de Washington empiezan a alarmarse después del éxito del viaje a la India de los Srs. Bulganine y Khrouchtchev.

No es que temamos un cambio político en la India, dicen esos medios; conocemos bastante a Nehru; pero nos henos dejado distanciar por la URSS en el dominio de la ayuda económica.

Podemos apostar fuertemente que los E.U. conocerán en breve los mismos deberes y por los mismos motivos con España.

La Deutsche Woche, revista semanal del partido comunista de Alemania occidental, acaba de revelar que se han desarrollado en París negociaciones comerciales hispanosoviéticas y que «han terminado con éxito» el 14 de octubre. El acuerdo indicado se circunscribe a intercambios limitados, pero si nuestras informaciones son exactas el interés de esas discretas conversaciones reside en la amplitud de perspectivas que los rusos han dejado entrever. Ya el boletín madrileño Informe, confidencial, pero controlado, ha anunciado la llegada a España de 200 primeros tractores polacos que se han vendido al público a 93000 ptas.

Unas de las razones de las dudas americanas es la lentitud de las construcciones de las bases. El senador Mr. Edward Miller, en su viaje a España, hizo saber que tenía «la impresión de un retroceso» en las obras. Sin duda es el estado de la economía española lo que explica este retraso, pero uno se puede preguntar si el general Franco no ha empezado a sacar una parte de los E.U. y otra de Rusia argumentos opuestos pero concordantes igualmente en llenar las cajas del Estado.

El general Franco no hace mucho advertía a los E.U. sobre las ilusiones de la coexistencia y a su vez Mr. Dulles ha advertido a Franco sobre los peligros de ciertos contactos con la URSS.

En fin se prevé que las relaciones diplomáticas hispano-soviéticas se restablecerán para la primavera próxima, a las que seguirán las repúblicas populares y Yugoeslavia




Intercambios con el Este

Copiamos de la revista técnica parisién L'Usine Nouvelle la siguiente información: Madrid tiene ya en cartera los siguientes intercambios con el Este:

1) Recepción de rodamientos soviéticos (2 mil millones y medio de francos franceses) contra el envío de piritas, arroz y agrios españoles.

2) Importación duraste el primer trimestre de 1956 de 2500 millones toneladas de carbón, 60000 toneladas de trigo, 50000 toneladas de traviesas de ferrocarriles polacos contra piritas, celofán y conservas de pescados.

3) Compras en Checoeslovaquia de trolibus, productos químicos y utensilios, pagados en productos manufacturados de la región de Guipúzcoa (frigoríficos, máquinas de escribir, etc.).



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