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Ibérica por la libertad

Volumen 4, N.º 5, 15 de mayo de 1956

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Ilustración

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

  • VICTORIA KENT

Presidentes de Honor:

  • SALVADOR DE MADARIAGA
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Consejeros:

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  • ROGER BALDWIN
  • FRANCES R. GRANT
  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA se publica el día 15 de cada mes, en español y en inglés por Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. Todo el material contenido en esta publicación es propiedad de Ibérica Publishing Co., y no puede ser reproducido en su integridad. Copyright 1956, Ibérica Publishing Co.

Suscripción anual: $ 3.






ArribaAbajoNuestra España se rehace

Julián Gorkin1


¿Existe una España o existen dos? Es este un viejo pleito entre historiadores; creo que por mucho que discutan y por más que se arrojen sesudos volúmenes a la cabeza, no llegarán a ponerse de acuerdo. Desde el punto de vista del origen, del desarrollo y de la formación -física, étnica, geográficamente- nadie niega que existe una sola España y que Torquemada, Loyola y Franco son tan españoles como Padilla, Luis Vives y Largo Caballero, por ejemplo; pero desde el punto de vista moral, ideológico, ético, sentimental, incluso higiénico, no es posible negar la existencia -tradicional y actual- de dos Españas bien definidas. Una, la inquisitorial, oscurantista, absorbente y dominadora en nombre de un concepto despótico y dogmático de la vida y del hombre; otra, la de los Comuneros, las Germanías, las Remensas, los Fueros, y, en general, el simple liberalismo, ilustrado o popular y abierto al progreso nacional, universal y humano. Quienes cerraron el Pirineo contra la Reforma, los Enciclopedistas, la Revolución Francesa, y las aduanas contra las revoluciones de Independencia iberoamericanas; quienes estigmatizaron el liberalismo como un pecado y prefirieron «la podredumbre lenta y sin gloria» (Marx) a las luces y a los avances del siglo XIX, y ese Franco que en su mensaje del Año Nuevo de 1956 preconizó todavía, a pesar de la UNESCO y de la ONU, el hermético cierre de puertas y ventanas a los aires de fuera -a los aires de libertad-, no tuvieron ni tienen nada que ver con nuestra España. O son, como diría Unamuno, la anti-España, la anti-Nación.

Ilustración

No se trata para nosotros, rama desgajada del árbol español, actores ayer y hoy casi espectadores del drama peninsular, de una división fácil y acomodaticia u oportunista, que nos permita cargar todos los males en la cuenta de una España y todos los bienes en la cuenta de la otra. Por acción o por omisión, los liberales, los republicanos y los socialistas cometimos no pocos errores, al lado de indudables aciertos; sin esos errores, ante todo de generosidad y de blandura, la guerra civil no se hubiera producido o no hubiera tenido perfiles tan trágicos y lamentables. En respuesta a su provocación y al bárbaro «¡Viva la muerte!» de enfrente, nos entregamos también a lamentables excesos y demasías. Es demasiado pronto para hacer balances serenos; sin embargo, debemos empezar por reconocer nuestras justas faltas si queremos tener derecho a la justicia del porvenir.

Pero ahora se trata de algo mucho más importante: se trata de rehacer a España o de hacer que se encuentre a sí misma para que vuelva a ser y a existir de por sí y en el concierto libre y civilizado de nuestro tiempo. Se trata de rehacerle una conciencia nacional y de integrarla -o reintegrarla- a la conciencia europea y universal. Condición indispensable para ello es la superación del abismo abierto por la guerra civil sin caer en lo posible en otro abismo. Creo que es ésa la sana aspiración de todas las fuerzas vivas de la España real. Porque al margen y por encima del régimen franquista, cada día más impopular y aislado, existe ya, en esencia y en potencia, una España real.

¿Quiénes la componen? Las masas obreras que hace unos años -caso único en un régimen totalitario- se levantaron contra la miseria y contra el régimen responsable de ella en una serie de huelgas de admirable espíritu cívico. De entonces acá el costo de la vida ha aumentado en condiciones aterradoras y, por consiguiente, el hambre y la miseria de esas masas. ¿No son buena prueba de ello los alarmados gritos de obispos y arzobispos, que temen una desesperada explosión? ¿Y la inquietud de los norteamericanos, establecidos o que visitan España en misión oficial, al comprobar que la carta española se está convirtiendo en la peor de sus cartas diplomáticas, estratégicas y financieras? ¿Y la necesidad en que se encuentra el régimen de aumentar relativamente los salarios, aun a sabiendas de que eso no es una solución y de que puede llevarlo al círculo infernal de la inflación? Durante estos años se ha registrado, por otra parte, un éxodo continuo del campo hacia la ciudad; este fenómeno ha agravado, al mismo tiempo, la crisis del campo y los problemas de las ciudades, sobre todo desde el punto de vista de los alojamientos. Que las grandes masas obreras y campesinas están contra el régimen, incapaz de aportarle la menor solución al problema social, eso no hay ya quien lo dude.

¿Tienen motivos para estar satisfechos de la situación actual los industriales, los comerciantes y los financieros? En su aplastante mayoría, no. Los mismos que le agradecieron a Franco la derrota de los «rojos» y, el restablecimiento de sus privilegios, hanse mostrado cada día más inquietos ante el empeoramiento general de la situación económica, ante la persistente anormalidad de los negocios precisamente cuando los países desquiciados por la guerra mundial rehacían su normalidad, ante el desgaste de un utillaje y unos transportes dignos de otros tiempos, ante las dificultades en la obtención de divisas y de materias primas y en la venta libre de los productos... Creyeron un momento que la firma del pacto Washington-Madrid convertiría las dificultades en facilidades; no sólo han tenido que abandonar sus ilusiones, sino que han visto que la situación no ha dejado de empeorar por eso. Ese malhadado pacto y la admisión de España en la UNESCO y en la ONU son triunfos de fachada, mezquinas, satisfacciones de amor propio; pero no significan ninguna solución real. Y es que mientras subsista el actual régimen -están cada vez más persuadidos de ello- no hay solución. Los regímenes dictatoriales aprovechan a unas minorías de privilegiados, de funcionarios, de acaparadores y de traficantes del mercado negro, siempre en detrimento del conjunto de la población.

¿Y la intelectualidad? En un régimen como el franquista, con el pensamiento sometido a una triple censura y la educación intervenida y emparedada, la intelectualidad deja prácticamente de existir. Quizá nunca se ha impreso en España tanto papel como ahora; nunca el vacío y la estulticia han sido mayores tampoco. La obra de creación es, en realidad, nula. Si Ganivet, Unamuno, Ortega, Machado y García Lorca se han convertido en símbolos y en banderas, es porque simbolizan auténticamente la España inquieta, libre y creadora. Leyendo las revistas españolas -sobre todo las suspendidas por liberales-, inmediatamente saltaba a la vista el contraste entre la despreocupación por las cosas de dentro y la seducción por las cosas de fuera, entre el emparedamiento mental interior y el anhelo de respirar los aires de las cimas y de las llanuras exteriores. Ningún drama es comparable a ese del intelectual español; tanto el sometido a la fuerza como el espiritualmente rebelde, viven una verdadera angustia y una auténtica agonía. Estoy convencido de que casi todos, incluso los idóneos y los paniaguados, sufren de ese no ser y ese no existir que les impone la situación actual.

Lo más grave que podía ocurrirle al régimen franquista, ha sido las manifestaciones estudiantiles de febrero último en Madrid. Esos jóvenes universitarios, originarios de las clases pudientes, hijos muchos de ellos de personajes oficiales, formados o en formación bajo el régimen, nutridos de verdades oficiales y unilaterales -es decir, de mentiras-, se sienten movidos por una rebeldía incontenible. El resultado no puede ser más elocuente: el régimen sólo ha logrado una semiunanimidad en su contra. El sondaje oficioso hecho por uno de los servicios del Ministerio de Información habla por sí solo: el 85% acusa al Gobierno de inmoralidad; el 90% cree que las jerarquías militares son incompetentes, ignorantes y parásitas; el 52% se pronuncia contra las jerarquías eclesiásticas por su inmoralidad y su vanidad y el 70% estima que la doctrina social de la Iglesia no es aceptada por el pueblo. En fin, el 67% de los estudiantes consideran que no tienen maestros que los interpreten y acusan a sus profesores de oportunistas e hipócritas. En la votación habida, el monopolista SEU de la Falange no tuvo un solo elegido.

Tales son, genéricamente, los componentes de la España real: los obreros y los campesinos en su casi totalidad están contra el régimen; las fuerzas burguesas, aun templando ante un eventual salto en el vacío, comprenden que la prolongación del régimen resulta ya imposible; los intelectuales, las clases medias y la pequeña burguesía, mayoritariamente, ansían un cambio; la juventud, casi unánimemente, condena al régimen y a sus estamentos y desea otra cosa. El descontento es casi general por no decir general. Todos sienten que la situación actual no puede prolongarse mucho y, en todo caso, que representa el estancamiento, la podredumbre, la agravación de las contradicciones interiores e internacionales. Con el régimen no hay solución económica, política, moral, cultural; esta no solución ahonda el abismo y amenaza con desatar las violencias. Y, por instinto y por conciencia, nadie parece querer nuevas violencias. Pero ¿y si siguen cerrados los caminos? ¿Y si sigue en aumento la desesperación? Nadie quiere una nueva y catastrófica guerra civil; sin embargo, entre el régimen tiránico y parasitario, cada día más descompuesto en sus propias bases, y la nueva España real que se ha ido rehaciendo, existen los factores determinantes de una nueva guerra civil. En ciertas situaciones una simple chispa basta para provocar un incendio y arrasar el edificio. Cuando las aguas no encuentran cauces naturales, rompen los obstáculos y lo invaden todo. No obstante no querer nadie eso, eso puede ser fatal.

¿Qué quiere la España real? ¿Qué quieren, sobre todo, los jóvenes, esos jóvenes que no conocieron la guerra civil o que la conocieron en la infancia? Es la generación que escapa a toda responsabilidad histórica y la legítima representante del porvenir próximo. De ahí su importancia central. Según los informes que nos llegan, los contactos que han sido posible establecer con ella, sabe mucho mejor lo que no quiere que lo que quiere, en contra de qué está el pro. A nosotros apenas nos conoce. En general, la resistencia española -esa amplia resistencia al régimen, todavía bastante confusa e inorgánica- escapa a la influencia, a la mentalidad y a la mecánica de nuestros partidos tradicionales. Es éste un fenómeno que no podemos ignorar. Se trata de algo nuevo y original, determinado por la situación y el clima creados por el totalitarismo franquista. En líneas generales es una resistencia liberal: su aspiración genérica consiste en acabar con la asfixia y en reconquistar la libertad o las libertades elementales. Y después cada cual se afiliará al partido que crea más conveniente y el pueblo dirá libremente que régimen quiere darse. Las sencillas afirmaciones liberales y la palabra libertad, puestas a revisión en los países de opinión pública, despiertan en España cálidos entusiasmos. Nada más lógico y natural. Y nada más sano y consolador. El totalitarismo le ha dado valor a la libertad.

Todo esto es bueno hoy como aspiración y como fermento y anuncia un prometedor desenlace. Pero ¿y después? La aspiración genérica a la libertad está muy bien, mas ¿qué uso se hará de ella una vez reconquistada? La oposición a lo actual y la urgente necesidad de aunarla, de articularla, es en lo inmediato lo más importante; pero ¿qué es lo que sustituirá a lo actual? Estas interrogantes resultan bastante intranquilizadoras; el vacío que abren no puede ser llenado ni con lugares comunes y respuestas confusas ni con la simple repetición de experiencias pasadas. ¿Habrá un régimen de transición? ¿Quién o quiénes lo llenarán, con qué fuerzas y con qué programa? ¿Restablecerá las libertades fundamentales y conducirá a unas elecciones solventes? Hoy por hoy, nadie es capaz de contestar a estas preguntas con un mínimo de realidad y de responsabilidad. Constituye esto nuestra debilidad actual y de esta debilidad se aprovecha el régimen franquista.

Yo no quiero levantar espantajos ni asustar a nadie, pero es evidente que detrás de ese vacío cobra perfil el peligro comunista. Entre las generaciones maduras, que no han olvidado las experiencias de la guerra civil, no constituye un peligro el comunismo; no ocurre lo mismo, según parece, entre los jóvenes. Entre ellos ejerce el comunismo una cierta seducción. Lo alimenta la estúpida actitud de las democracias a nuestro respecto y respecto de Franco. Lo alimenta el propio Franco plantándole la etiqueta comunista a todo lo que representa un valor de oposición y de resistencia. Los comunistas se mueven, por otra parte, hábil y activamente y disponen de más medios que nosotros. Sabido es que no se embargan con principios ni con escrúpulos; oportunistas y flexibles, se asimilan todos los lenguajes y maniobran con todo el mundo, bueno o malo, sano o averiado. Han vuelto a abrir su saco «nacional» -la unidad nacional- y están dispuestos a meter en él todo lo que sirva a sus propósitos antinacionales y favorables a la táctica y la estrategia de Moscú. Cuanto más tiempo dure la agonía del régimen franquista y mayores complacencias reciba de los gobiernos democráticos; cuanto más tiempo se tarde en definir un programa democrático y constructivo para la España de mañana y más se retrase su liberación, mayores posibilidades se le ofrecerán al comunismo. En una palabra: el tiempo ha dejado de trabajar para el franquismo, pero trabajará para el comunismo si las fuerzas democráticas de dentro y de fuera, en conjunción de objetivos y de acción, no saben trabajar al mismo tiempo contra el franquismo y contra el comunismo.

Creo que la emigración española puede llenar todavía un papel importante en la actual situación. Yo no le pido a ningún partido que renuncie a su existencia y a sus postulados propios; a lo que deben renunciar todos cuanto antes es a los lugares comunes y a toda cerrazón mental para ponerse al servicio de la España real, para comprenderla y para establecer los lazos más sólidos posibles con ella. Vivimos en 1956 y no en 1931 o 1936; quiere ello decir que nos encontramos ante una España nueva, diferente; ante una España que ha vivido, durante veinte años, en la anormalidad más completa y que aspira, confusa pero firmemente, a volver a la normalidad. ¿Cómo y por qué caminos? No creo que nadie esté hoy en situación de contestar a esta angustiosa pregunta. El régimen, aun cuando se sepa condenado, tratará de resistir el mayor tiempo posible y de preparar su propia sucesión, lo cual supone una continuación -e incluso una agravación- de la anormalidad; la España real y la emigración a su servicio debemos luchar en favor de la normalidad democrática y prepararla. La bandera de la normalidad democrático-nacional contra la anormalidad arbitrario-totalitaria es una gran bandera. En nombre de todas las fuerzas vivas del país, de todos aquellos que ansían la superación del abismo y la reconstrucción de una conciencia nacional dentro de la conciencia universal de nuestro tiempo, debemos proceder a un estudio profundo y objetivo de las nuevas realidades y los nuevos problemas, nacionales e internacionales, y a la elaboración de un programa colectivo de soluciones. Me parece esto lo más urgente. Sólo así podremos pronunciar aun más el aislamiento del régimen franquista, del régimen antinacional o antiespañol, y aunar esas fuerzas vivas y constructivas de la España real que se ha ido formando y que busca su salida. Y sólo así podremos ofrecerles una garantía democrática a las fuerzas auténticamente democráticas de Europa y del mundo libre2.

JULIÁN GORKIN

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ArribaAbajo Estadistas orates

Prevenciones sociales


Eduardo Ortega y Gasset3


Existe una imposibilidad física y aun metafísica: la de ser cosa distinta de lo que se es. Soy periodista por esencia, presencia y potencia y aunque en la vida he actuado en otras cosas y he vestido garnachas y uniformes, por mucho que me vista de seda, periodista me quedo. ¡A mucha honra! Pertenezco a la tercera generación de periodistas lo que vale decir que lo soy desde que existen periódicos. En tiempos de mi bisabuelo aún no los había propiamente y, por lo tanto, dada esa sangre específica de mis antepasados, ignoro qué habrán podido hacer desde la Edad de piedra hasta la época en la que el desarrollo de la imprenta organizó esta manera de distribuir noticias, de escribir, o de callar oportunamente, de torear los sucesos, o de hacer de Esopo con los políticos. En suma ni quiero ni tampoco podría dejar de ser periodista según aquel proverbio árabe según el que, nadie puede saltar fuera de su sombra.

Mi mismo hermano José, filósofo y sumo artista de la pluma, logró esa magnitud dentro del marco inicial de los periódicos familiares. Y si recuerdo y ostento ahora ésta mi peculiar condición es para justificar el que mis temas tengan que ser siempre actuales. Un periodista acaso pueda llegar a hablar de cosas abstractas pero ha de ser colocando primero ante el público los sucesos, los hechos de donde pueda surgir esa trascendente emanación.

Son tantos y tamaños los acontecimientos de nuestros días; la actualidad se ha hinchado de tal manera que carezco por mis viejos años de agilidad para ir detrás de todos ellos. Los compañeros juveniles me los adoban y componen. Los leo en los periódicos. Los oigo en la radio con la que mi curiosidad recorre la Tierra. Hace unas noches me captó una emisión en español con acento árabe que llegaba nada menos que del Cairo. Venía por cierto cargada de pasión con palabras en las que palpitaban amenazas de guerra. Desearía preguntar a cada uno de estos grandes sucesos cuál es su interno mecanismo, su lógica, su razón o -digámoslo más familiarmente- su busilis y no para satisfacer mi especial curiosidad sino la del gran público que anda desorientado. Los sucesos parecen esfinges y sólo hablan por enigmas. ¿Por qué, los israelitas y los ismaelitas, hermanos semíticos de milenaria discordia, como si no hubiesen guerreado bastante, desde los tiempos de Josué y Sansón, van de nuevo a encender sangrienta pelea? De nuevo quieren disputarse la tierra de promisión así llamada con un sentido de propaganda en las venerables páginas bíblicas. Por el contrario, es la Palestina tierra árida, pobre de la que sólo el ingenio y la técnica pueden obtener algunos resultados. Que se pongan de acuerdo para lograrlos en bien de la humanidad y no se dediquen a teñir con sangre el Lago de Tiberíades sobre cuyas aguas milagrosamente marchó Jesús pronunciando palabras de paz. Admiro y diré que amo por igual a israelitas y musulmanes. Aberroes el famoso filósofo de Córdoba árabe y Maimónides el también insigne filósofo hebreo-cordobés, fueron tan españoles como yo.

Ilustración

Otra gran pregunta se hace el mundo inquieto ¿por qué Oriente, frente a Occidente en vigorosa emulación de supremas invenciones científicas preparan una guerra, no ya universal, ni mundial, sino, diríamos, sideral? Todo el ingenio de Oriente y todo el ingenio de Occidente se suman para destruir a Occidente y a Oriente. El Planeta dividido en dos sectores hostiles resulta algo tan ilógico como si cada uno de nuestros lóbulos cerebrales se peleasen entre sí. El trágico «intercambio» de armas atómicas destruiría el planeta.

El arte bélico cuando aun podía aliar el ingenio con la audacia estribaba en emplear armas superiores a las del adversario que permitieran dominarle. Las armas nucleares no sirven para eso, aniquilarían a ambos contendientes. No pueden cazar viva la fiera humana como las antiguas guerras por sangrientas que fuesen.

La razón humana, la sencilla razón del periodista, busca explicaciones y no las encuentra. Caminamos de absurdo en absurdo. Los periodistas que somos gente sencilla que no están en el secreto de los cuadros surrealistas, ni de los acuerdos internacionales, sufren la desorientación y el dolor de no poder dar explicaciones satisfactorias a sus lectores. Estos creerán que les mentimos, que no sabemos informarnos. La verdad es que eso que se llama la razón y la lógica no impera y a -no sabemos si reinó alguna vez- en este astro consagrado a la suicida labor de construir bombas atómicas. Posiblemente habrá que reformar la clasificación humana y decir que acaso el hombre es un animal más irracional que los otros. Nuestros inferiores en la escala zoológica carecen «de uso de razón», no conocen esta notable y aguda señora. Nosotros sí pero la desechamos, no queremos regirnos por ella. En consecuencia somos una especie de seres irracionales conscientes. Cultivamos el absurdo de guerras y catástrofes con insensatez deliberada y a veces hasta ingeniosa, y, con tenaz energía, la irracionalidad. Cuánto podría decirse en este camino de asombros si no fuera que la expresión periodística ha de ser sobria y sencilla. Por ello pedimos a los sabios que se ejercitan en la alta matemática para construir armas que aniquilen a la humanidad, que nos expliquen tan contradictorios fenómenos. ¿Por qué se condena a treinta años de presidio a quien asesina a un semejante y se premia y elogia a quienes preparan la destrucción de millones y millones de seres? Si los periodistas hoy, antaño cronistas e historiadores hiciéramos la escueta enumeración de las atrocidades y de los errores humanos dudaríamos ciertamente de si nos correspondía el ser jerarcas supremos en la tierra. Posiblemente hallaremos más virtudes en la termitera, en la colmena, en otras asociaciones de inocentes animalillos.

Leía últimamente la obra de Jacobo Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia. Los magníficos trazos del escritor nos pintan audaces siluetas, con la vigorosa barbarie renacentista de los condottieri del siglo XV. Giovanni María, famoso por sus canes, especialmente adiestrados en cazar y despedazar seres humanos. Porque el pueblo al verle pasar murmuraba ¡paz, paz! lanzó contra él a sus mercenarios que mataron a doscientos. Hasta los sacerdotes tenían que rezar «dan obis tranquilitaten» en vez de «da nobis pacen». Y de los Sforza y los Peccino y los Baglioni llegamos, en nuestros tiempos, a los Hitler y los Stalin. Ciertamente con un poco de paciencia el periodista satisfará sus deseos de justicia y su curiosidad. Si esperamos un poco los mismos partidarios de los grandes insensatos humanos nos dirán la verdad. Ya lo están proclamando sobre Stalin sus antaño fanáticos defensores. Perón ya es un judío errante. La razón es una dama poco divertida, severa, pero que acaba por triunfar. Hay que dar un paso más. El de que los Stalin y los Hitler puedan ser juzgados a tiempo, preventivamente, recluidos en una casa de orates antes de que provoquen catástrofes y torturas humanas. Ellos saldrían beneficiados también porque de esa guisa, un buen médico psiquiatra podría echarles algunos gramos de sentido común en la mollera.

EDUARDO ORTEGA Y GASSET

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ArribaAbajo Extranjeros en España

Arnold Sherman4


El despótico gobierno del generalísimo Franco, sediento de dinero y amistades se enfrenta con un problema que surge de la posición recientemente adquirida por España como centro turístico. Si el gobierno permitiera que los extranjeros se expresaran libremente sobre la política mundial, cuando pueden ser oídos por el pueblo español, y que pudieran comparar la libertad de que gozan en sus propios países con la tiranía política imperante en España, el actual gobierno español se encontraría en peligro inminente. Por otro lado, desde el error cometido durante la segunda guerra mundial cuando apoyando tácitamente a Hitler, Franco y los miembros de su régimen han demostrado insistentemente su deseo de ganar la aprobación y el reconocimiento del resto del mundo. Los políticos españoles saben que si se embarcaran en una campaña abierta contra los extranjeros, esto tendría graves repercusiones en las esferas diplomáticas y en el campo económico. La solución intermedia, que el gobierno parece adoptar, es la de alentar una persecución silenciosa pero firme contra aquellos extranjeros que expresan francamente sus críticas. De esta manera se logra inspirar y evitar sanciones diplomáticas.

En agosto de 1955 un maestro británico que reside en Madrid y cuyo nombre debe quedar en el anónimo porque todavía está en España, fue apresado por la policía inmediatamente después de hacer una observación poco favorable sobre uno de los miembros del gabinete de Franco. Los oficiales que lo detuvieron le imputaron que no tenía documentos y aunque tenía un recibo de la policía que demostraba que su pasaporte estaba retenido mientras se hacía una investigación corriente para obtener un permiso de residencia, el maestro, condecorado en la segunda guerra mundial, fue llevado a un edificio de la Dirección de Seguridad, situado en el distrito de la Puerta del Sol. Un oficial de policía lo entrevistó poco después de su llegada y lacónicamente le dijo que estaba arrestado por no tener los documentos debidos. Cuando el maestro protestó que su pasaporte lo tenía la policía, el interrogante se levantó furioso y le dijo, «Tenemos modos de enseñar a la gente como usted a que no sean insolentes. ¿Cree usted que está en su corrupto país? Cuando hable, recuerde que se está dirigiendo a un oficial español».

El oficial llamó a dos ayudantes y el prisionero, junto con un grupo de detenidos acusados de distintos crímenes, fue llevado en un camión negro a la Prisión Provincial de Madrid cerca de la plaza de toros de Vista Alegre. Una vez allí fue arrojado en un calabozo con un judío austriaco que no tenía documentos, un ladrón callejero y un pordiosero.

«Pedí permiso al guardián para ponerme en contacto con la embajada, me dijo el maestro, pero aunque parecía amable y apenado por lo que me sucedía, me explicó que él no podía hacer nada y que sería mejor que me quedase callado y tuviera paciencia».



A la mañana siguiente se le informó al prisionero del largo trámite necesario para poder comunicar con su embajada. Primeramente debía escribir una carta pidiendo a alguien que escribiera otra carta al director de la prisión, quien a su vez, si la carta le parecía lo suficientemente humilde, permitiría que el prisionero le entrevistase. Entonces, y sólo entonces, si al director le parecía bien, se daría permiso al prisionero para ponerse en contacto con la embajada. También se le comunicó al maestro que tendría que esperar una semana antes de dirigir la carta al primer intermediario, pues solamente se podía molestar al director de la prisión en determinados días.

Pasó una semana antes de que el maestro, junto con otros prisioneros, fuera conducido a la oficina del director. Sin pensarlo, había puesto un volumen de Voltaire en su bolsillo momentos antes de que los guardianes vinieran a buscarle y al entrar en la oficina el director se levantó y le pidió el libro. «Ésta es una prisión, no una biblioteca, -dijo- y además, en España no nos agrada la literatura subversiva».

Confundido y nervioso el maestro pidió permiso para ponerse en comunicación con la embajada. «Me gustaría telefonearles», dijo. «He estado en 14 prisión una semana y todavía no he recibido una explicación satisfactoria sobre mi detención».

Antes de que pudiera decir una palabra más, el director se levantó y dijo en tono agrio: «¡Cerdo extranjero! ¿Crees que puedes venir aquí para insistir en hacer llamadas telefónicas? Te gustaría destruir a España pero te destruiremos a ti primero».

El oficial llamó a dos guardianes y los ordenó que afeitaran la cabeza al maestro y que lo mantuvieran incomunicado. Fue acompañado a la peluquería de la prisión, sentado y mantenido a la fuerza en una silla y pelado a rape. Algunos minutos más tarde fue encerrado en un calabozo inmundo lleno de chinches; el prisionero al darse cuenta del giro que tomaban los acontecimientos, se arrojó llorando al suelo. Pronto apareció un guardián con un plato de sopa y le ordenó que cesara de llorar y tomara la sopa. El maestro contestó que no podía tragar bocado y el guardián le amenazó diciéndole que si no tomaba la sopa podía estar seguro de que nunca recibiría el permiso para ponerse en contacto con su embajada. El prisionero, demasiado asustado para resistir, tomó la sopa. Vomitó y tuvo que pasar la noche en aquella situación.

El maestro estuvo incomunicado otra semana más.

«Todo ese tiempo, -dijo- era imposible dormir. Las chinches y las pulgas convirtieron mi vida en una pesadilla. Pero aun peor que los sufrimientos físicos era la angustia mental. Comencé a creer que nunca me pondrían en libertad. Nadie sabía donde estaba. Nadie lo sabría hasta que me dieran permiso para llamar a la embajada.

»Una vez que se convencieron de que habían doblegado mi espíritu, -explicó el maestro-, fui sacado de mi celda y reintegrado a la vida de la prisión. Me enviaron a una sección llamada la "galería blanca". Allí se alojaban los prisioneros que tenían que permanecer más tiempo en la prisión. En aquel lugar comencé a conocer gentes como yo, la mayoría españoles y algunos extranjeros que habían sido arrestados sin razón aparente y mantenidos incomunicados.

»Uno de los prisioneros que conocí era un gallego que había estado en la prisión durante 17 años sin haber sido sentenciado. Se le habían encarcelado después de terminar la guerra civil, por ser republicano, y cada tres meses era llevado ante un tribunal que debía examinar su caso. Cada tres meses durante diez y siete años el tribunal no había llegado a ningún acuerdo y el juicio se aplazaba hasta la próxima sesión. Es difícil dar una idea de la desintegración espiritual y física del hombre. Su única esperanza era morir pronto.

»Había otros prisioneros como ése. La mayoría de ellos eran políticos, exilados españoles que habían regresado a España cuando el gobierno declaró una amnistía. Tan pronto como se hallaron en la frontera fueron apresados y llevados a la prisión provincial de Madrid. Nadie había hecho nunca una denuncia oficial contra ellos, pero no tenían la menor idea de cuando serían puestos en libertad.

»Me puse en contacto con algunos prisioneros sudamericanos que, como a mí, se les había dicho que sus documentos no estaban en orden. Uno de ellos contrajo tuberculosis y fue llevado a la enfermería de la prisión. También había americanos e ingleses en esa misma "galería blanca"; nunca tuve oportunidad de hablarles y por lo tanto no pude saber las razones de su detención. Corrían rumores de que había un gran número de prisioneros políticos en otra sección de la prisión, pero no sé si es verdad o no».



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El maestro permaneció en la prisión un mes más antes de que se le permitiera celebrar nueva entrevista con el director. Esta vez temiendo se repitiera lo que había sucedido anteriormente, presentó su caso con mucha humildad y el director aprobó condescendiente su petición.

«Uno de los actos más imperdonables que se cometieron contra nosotros en la prisión, -se lamentó el maestro-, fue en el campo de la religión. Todos los prisioneros estábamos obligados a asistir a los oficios católicos, sin importarles cual era la inclinación de cada uno. El que rehusaba ir a misa o daba pruebas de no participar correctamente en los servicios, era arrojado a un calabozo e incomunicado. Algunos hombres "se convirtieron" al catolicismo, se les había advertido que nunca serían puestos en libertad si no eran "creyentes". Sin embargo la mayoría de estos hombres se sentían agraviados y aun se daba el caso de que un prisionero que demostraba demasiado celo religioso era golpeado o arrojado por las escaleras por sus compañeros».



Durante el tercer mes de su cautiverio el maestro fue llamado por el director de la prisión y le dijo que sería puesto en libertad: «Y no me moleste con preguntas estúpidas e incómodas sobre por qué fue arrestado -le dijo el director-, pero si yo fuera usted, en el futuro me cuidaría mucho de lo que digo. La próxima vez puede ser más difícil salir de aquí».

Antes de salir de la prisión se le informó al prisionero de que debía comparecer cada semana ante la Brigada Nacional de Servicios Especiales y Extranjeros durante todo el tiempo que permaneciera en España. Más tarde fue anulada esa orden y el maestro quedó completamente libre.

«Usted querrá saber porque decidí quedarme en España después de todo lo que me ha sucedido, -dijo el maestro-, creo que un hombre no es tal si permite que se ejerza sobre él coacción. El Gobierno español no conseguirá echarme de España, porque amo el país y siempre lo amaré».



Nos preguntamos al oír referir experiencias similares a las del maestro, hasta cuándo continuará esta parodia de justicia en España. Una cosa es cierta: el gobierno español teme la influencia de extranjeros democráticos; la teme y tiene buena razón para temerla.

ARNOLD SHERMAN




ArribaAbajoNotas de Washington

Bart Allan


Visitante tenaz

El Presidente Eisenhower «no estaba en casa» para la anunciada visita del Ministro de Asuntos Exteriores de Franco, Alberto Martín Artajo. Se encontraba en el sur, en el estado de Georgia, jugando al golf, y no se hubiesen encontrado nunca si no es por la audacia de Martín Artajo que alargó su visita planeada anteriormente por tres días, hasta once, para estar seguro de estar en Washington al regreso del Presidente.

Primeramente el plazo de esta visita oficial estaba fijado del 10 al 12 de abril. Pero el Ministro de Asuntos Exteriores español y aquellos que le acompañaban, incluso su señora y las señoras de otros miembros de su grupo, alargaron la visita hasta el 18 de abril.

Aunque actualmente la política extranjera y militar de los Estados Unidos apoyan a la dictadura de Franco, parece que el mismo Presidente no tiene particular deseo de fraternizar con los recaderos de los dictadores, aunque reciba burros de regalo. Pero si el recadero de Franco hubiera marchado sin haber visto al Presidente hubiese sido un insulto para Franco, que ha expresado una vez en un discurso por radio:

«El hecho de que España y los Estados Unidos están gobernados por generales promete más esperanza para la paz que si ambos países estuviesen gobernados por hombres civiles».



Aunque el Presidente Eisenhower no podía eludir una entrevista con Martín Artajo se ha dado entender a éste que el Presidente no tiene intención de encontrarse con Franco.

Desde hace dos años el agente de Franco en Washington, Charles Patrick Clark, ha desarrollado una intensa campaña para preparar una visita oficial de Franco a este país. A este Sr. Clark, que percibe $75000 anuales del gobierno de Franco, más $25000 por gastos generales, se le ha unido recientemente Franklin D. Roosevelt, hijo, del que tenemos noticias de que actualmente recibe $60000 anuales del gobierno del general Trujillo de la República Dominicana. Formaba parte de esta campaña la visita de la hija de Franco, Mercedes, Marquesa de Villaverde.

Pero son por varias razones por las que el Departamento de Estado ha desistido de la visita de Franco. Una de ellas parece ser que es las críticas que se pudiera hacerse contra los Estados Unidos por los países democráticos del mundo libre. Otras razones son las protestas que seguramente lanzaría el pueblo americano. No solamente sería un desacierto en la situación política actual, en un año de elecciones, sino que también podía tener repercusiones en las relaciones de los dos gobiernos. De hecho el disgusto de España con la ayuda insuficiente de los Estados Unidos ha sido el tema principal de Martín Artajo desde el momento en que puso pie en nuestro país. Por las mismas razones no se habla más de una visita del Vice-Presidente Nixon a España.

España y la NATO

Es muy posible que el Presidente haya oído algunas verdades sobre España después de la silenciosa visita -a la que no se dio publicidad- de su ayudante especial, Mr. Sherman Adams, poco antes de la enfermedad del Presidente.

Otra de las cosas que se han puesto en claro es que ni los Estados Unidos ni Franco harían el menor movimiento para llevar España a la NATO, aunque España está cogida a las faldas de Portugal en el sistema de defensa de NATO. Ambos, Franco y el Departamento de Estado, saben bien que cualquier tentativa de llevar a Franco al citado organismo sería un fracaso. Lo que no sólo constituiría un desaire a Franco, sino un golpe a la autoridad de los Estados Unidos en la NATO, y más en este momento crítico en que se está examinando la política de los Estados Unidos en la conferencia que ha comenzado este mes en París.

Después de la marcha de Martín Artajo se le ha preguntado al Mr. Dulles si tenía algún plan para la entrada de España en la NATO. Mr. Dulles contestó:

«Bueno, por lo que a los Estados Unidos respecta, estaríamos muy contentos si España fuera miembro de la NATO, si ampliando las actividades de la NATO pudiera hacer su entrada más fácil; eso sería, desde nuestro punto de vista, uno de los buenos resultados accesorios. Pero naturalmente hay diferencias de opinión dentro de NATO sobre España, y nosotros no queremos presionar nuestros puntos de vista ni forzar los de los otros países».



Ilustración

Había una advertencia velada en la declaración que hizo Martín Artajo antes de que empezaran las negociaciones: Franco no está satisfecho con la ayuda que le presta nuestro país. Dijo a Mr. Dulles: «Quisiera examinar con los miembros de su gobierno la aplicación, hasta ahora, de los acuerdos sobre las bases, y también discutir varios aspectos de los problemas del mundo que afectan a nuestros dos países».

Al objeto de tomar parte en estas discusiones ha traído el Sr. Martín Artajo en su compañía el general Francisco Fernández-Longoria González, de las Fuerzas aéreas españolas; Juan de las Bárcenas, Director General de Política Exterior; Juan José Rovira Sánchez-Herrero, Director General de Cooperación Económica y Aurelio Valls, representante de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Conferencias de prensa

Ambos, el Departamento de Estado y Martín Artajo, estaban reticentes sobre los resultados de las numerosas conferencias celebradas entre ellos y el elemento oficial del Departamento de Estado y el Departamento de Defensa. Martín Artajo rehusó celebrar una conferencia de prensa en el National Press Club donde los periodistas curiosos suelen formular toda clase de preguntas intencionadas a los altos funcionarios extranjeros que nos visitan. Pero ha condescendido a dar una conferencia de prensa restringida en la embajada española en Washington, donde pasó un rato poco agradable tratando de evitar las preguntas formuladas por algunos periodistas insistentes. Ha descubierto que los periodistas americanos preguntan libremente lo que desean, cosa que no les es permitido a los que viven bajo la amenaza de la censura española.

De las preguntas formuladas se sacó en consecuencia que el programa actual requiere que el gobierno americano gaste un billón de dólares para equipar a España militarmente -en adición a enormes cantidades destinadas a otras ramas de la ayuda americana-. La embajada española pide que este total forme parte de los acuerdos originales sobre las bases para ser distribuido como sigue:

Más de $300.000.000 para la construcción de cinco bases; $350.000.000 para modernizar el equipo de las fuerzas armadas españolas; $63.000.000 para oleoductos, para suministro de las bases, y $115.000.000 para ayuda militar. Otras partidas menos importantes forman el total de un billón.

Este informe es de fuentes españoles. Es la primera vez que el público americano ha sido informado de tales hechos y cifras. Cuando se firmaron los acuerdos sobre las bases en 1953, la información que se dio al público se basaba en la creencia de que los gastos que llevaba aparejados estos acuerdos llegarían solamente algunos cientos de miles de dólares.

Los riesgos han aumentado

Sin embargo, Sr. Martín Artajo reveló que España está insatisfecha con esta cantidad porque -dijo-, existe ahora mayor riesgo para las ciudades más cerca de las bases americanas a causa del desarrollo de las armas nucleares y proyectiles dirigidos. Añadió que esto requiere un «reajuste» de la ayuda militar americana.

Dijo también que España deseaba que los Estados Unidos concedieran otros $200.000.000 en productos agrícolas, además de las cantidades ya concedidas o autorizadas en una u otra forma.

Algunos corresponsales hicieron preguntas cerradas y directas al ministro sobre lo que él quería decir con «reajuste» respecto a la ayuda militar americana.

Él contestó: «Eso quiere decir que los Estados Unidos tienen un sincero deseo de fortalecer la contribución española para la seguridad del mundo».

Cuando los corresponsales replicaron que esa contestación no era muy clara, respondió: «Yo tengo el deber de ser discreto. Yo mismo he sido periodista». «¿Pero cuál es la contestación?», insistieron algunos. «La contestación es: más estrecha cooperación». «¿Vd. quiere decir que porque han aumentado los riesgos se debe aumentar la ayuda?».

«Ésas dos cosas no tienen conexión; no han sido mencionados en los acuerdos ajustar la ayuda». «¿Bueno, entonces "reajuste" quiere decir aumento?», insistió un corresponsal.

«Reajuste», dijo el Ministro de Asuntos Exteriores de Franco, Sr. Martín Artajo, «quiere decir reajuste». Los corresponsales no quedaban satisfechos. Uno de ellos preguntó secamente, «¿Es verdad, o no es verdad, que España pide un aumento de ayuda militar?». Martín Artajo repitió que España está buscando «más estrecha cooperación y reajuste que, en un sentido es aumento, es mejoramiento, es adelanto...». Los periodistas se rindieron.

BART ALLAN

Washington, mayo de 1956.




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Principio de derrumbamiento

Día a día se suceden en nuestro país una serie de acontecimientos político-sociales que debilitan más y más a la dictadura imperante a punto de sepultarse en la tumba cavada pacientemente por su incompetencia.

En cualquier otro país donde la libertad es el pan vital de todo ciudadano una huelga más o menos organizada tiene repercusión económica, pero raras veces puede influir en la estabilidad política. En España, por el contrario, y en la actualidad, las huelgas NO ORGANIZADAS de los obreros catalanes, guipuzcoanos, navarros y bilbaínos no solamente han tenido una fuerte repercusión económica registrada diariamente en las Bolsas de Comercio de las principales ciudades con una gran baja de las acciones de todo tipo, sino que al mismo tiempo han acrecentado el malestar político del pueblo español en oposición a la arbitrariedad del régimen opresor. Ante el hecho de la valentía de los obreros declarados en huelga en protesta del escarnio que representa para el pueblo español la ínfima subida de salarios, el Consejo de ministros, en nota publicada en toda la prensa española el 14 de abril, y cuando ya era del dominio público lo que sucedía en el Norte, se decía: «El ministro de Trabajo informó al Consejo sobre las faltas de asistencia al trabajo de grupos de productores en varias industrias de Navarra, Guipúzcoa y Barcelona. El Gobierno aprobó la clausura de las fábricas afectas y la resolución de los contratos laborales por abandono del trabajo, con pérdida de los derechos que establece la legislación vigente. No ha habido alteración del orden público».

En un paraíso como el franquista, no puede haber huelgas, sólo son faltas de asistencia al trabajo, a la que no hay que dar demasiada importancia para no alarmar a la «claque», que trata de deificar al engendro nazi-fascista de El Pardo.

Mas el día 15, a pesar de la nota anterior, por la cual quedaban despedidos todos los obreros y cerradas las fábricas, aparecen nuevas notas gubernamentales en las cuales se dice «que casi la totalidad de los obreros de Pamplona y San Sebastián se han reintegrado a sus actividades».

Notas incongruentes, que demuestran una vez más la versatilidad de nuestros gobernantes.

Estas huelgas nos han evidenciado el terror del régimen ante cualquier movimiento que pueda convertirse en puntilla final de su hundimiento. Grandes contingentes de Policía Armada fueron enviados urgentemente a los principales centros huelguísticos para represión de unas poblaciones que como ellos mismos dicen «no alteraron el orden público».

Madrid, la ciudad epopéyica de la resistencia al franquismo, se vio fuertemente vigilada para suprimir cualquier conato de subversión que habría sido decisivo.

Con estos acontecimientos tan cercanos nuestro «Caudillo», queriendo despreocuparse de los inmediatos problemas que agobian a la nación, se va al extremo opuesto de los sucesos, a Andalucía, donde con pedantería, cinismo y endiosamiento, dijo: «El régimen español que hemos creado después de los enormes sacrificios de la Cruzada (?) está todo él lleno de contenido y admite la comparación franca y ventajosa con los mejores regímenes que se conozcan o puedan plantearse»... «no hacemos caso de las torpes intrigas de unas docenas de politicastros ni de sus retoños; porque si en algo estorbasen a la realización de nuestro destino histórico (?), si algo se interpusiese en nuestro camino, lo mismo que en nuestra Cruzada daríamos suelta a la riada de camisas azules y de boinas rojas, que los arrollarían».

Mientras Franco hacía estas declaraciones, en Bilbao, ciudad sumamente industrial, los obreros optaban por la huelga de brazos caídos contra el ridículo aumento y la carestía de vida creada por el franquismo, dando una lección a la falsedad de las declaraciones del dictador. Tenemos conocimiento de que los obreros bilbaínos han dejado apagarse los Altos Hornos de Vizcaya, siendo la primera vez que esto ocurre desde que funcionaban, lo cual es el más duro golpe que ha recibido el régimen desde la implantación de su dominación sobre la vida nacional; habiendo ordenado el gobernador civil el cierre de dichos Altos Hornos así como de la Constructora Naval, General Electric, Babcock-Wilcox y muchas más empresas, por «faltas graves observadas en el trabajo» (Declaración del gobierno de Bilbao que se ha publicado en la prensa local, pero se ha silenciado en la nacional).

Entretanto registramos estos acontecimientos de Bilbao, en Madrid se ha juzgado a los estudiantes complicados en los disturbios de febrero y posteriores, siendo testigos de la defensa el ex rector magnífico de la Universidad de Madrid, Sr. Laín Entralgo y el ex decano de la facultad de Derecho, Sr. Torres López, y como abogado defensor el Sr. Gil Robles, ex jefe del partido derechista católico durante la República; habiendo sido condenados a diversos arrestos, multas y supresión de los ejercicios de su profesión, cargo público u oficio y derecho a sufragio mientras dure la condena, los Srs. Vicente Girbau, Manuel Ortuño, Jesús Ibáñez y Luis Caro, por «injurias» y publicación clandestina de propaganda.

Es curioso observar que todos los estudiantes condenados por opositores al régimen se hallan comprendidos en edad (de 22 a 28 años) que no han conocido la guerra civil o que la conocen de referencia, lo que demuestra una vez más lo poco que ha conseguido el franquismo en su intento de atracción de la juventud; ya Franco en la recepción celebrada en la Capitanía General de Sevilla ha dicho el 29 de abril: «DE LOS VARIOS FRENTES DE COMBATE, LOS MÁS PELIGROSOS ESTÁN HOY EN EL INTERIOR: el que presentan los que pretenden destruir la moral y la disciplina del pueblo, los que buscan la subversión interna...».

La opresión encarnada en el mayor tirano gobernante que ha tenido España a través de la historia, se da cuenta, a pesar de su pedantería, de que sus cimientos están socavados y de que sus días están contados. El franquismo se sostiene sobre una base de arenas movedizas y el año 1956, vigésimo aniversario de la traición a la República democrática española, puede ser decisivo.

Madrid, 30 de abril de 1956

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SOLIDARIDAD CON LOS ESTUDIANTES

Texto de la hoja circulada en los principales centros de trabajo:

LA VERDAD
¡OBREROS, OBRERAS Y EMPLEADOS!

Los estudiantes madrileños anuncian la huelga universitaria para los días 12 y 13 de este mes, pidiendo la libertad de los estudiantes presos, la reposición del Rector y del Decano destituidos, la desaparición del S. E. U. y protestando contra la Falange y el régimen franquista.

Nosotros saludamos con entusiasmo la huelga de los estudiantes, prestándola nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Al mismo tiempo, llamamos a todos los obreros y obreras, a los empleados y funcionarios, a todo el pueblo de Madrid, a seguir el ejemplo de los estudiantes, luchando por nuestras reivindicaciones.

¡Contra la burla que ha supuesto la irrisoria subida de salarios, que nos ha dejado como estábamos! ¡Contra la carestía escandalosa de la vida! ¡Contra los impuestos y cargas abrumadoras, que arruina a los pequeños comerciantes e industriales! ¡Contra las ganancias fabulosas de los Grandes Bancos y Empresas, y de los jerarcas falangistas! ¡Contra el régimen de opresión que padecemos y su política de guerra y de sometimiento a los yankis! ¡Contra Franco y la Falange y los Sindicatos Verticales!

¡Por un salario mínimo vital de 75 ptas., con escala móvil!

¡A trabajo igual, salario igual para la mujer! ¡Subsidio a los parados!

¡Por nuestros sindicatos obreros libres!

¡Por la democracia, el bienestar y la libertad de todos nuestros pueblos!

¡Por la independencia de la Patria!

Sigamos el ejemplo de los estudiantes; donde sea posible, vayamos a la huelga. Si no lo es, hagamos paros de una hora, de media, de 10 minutos!

¡Acudamos todos, el día 12, a la salida del trabajo al local de los Sindicatos Verticales, Gran Vía 69, a protestar ante las Secciones Sociales por la subida irrisoria, a exigir el salario mínimo de 75 ptas., y el salario igual para la mujer!

¡Viva la unidad de los obreros, empleados y estudiantes y de todo el pueblo contra el franquismo!

DIFUNDE ESTA HOJA


MANIFIESTO DE LOS ESTUDIANTES

Texto del manifiesto de los estudiantes de Madrid lanzado el 1. º de abril.

La huelga anunciada para los días 12 y 13 de ese mes, según nuestras noticias, no pueda llevarse a efecto debido a las medidas de represión que se han tomado. Más de 200 estudiantes fueron detenidos.

Este manifiesto no debe confundirse con el del mes de febrero, publicado por nosotros en nuestro número de ese mes.

En este día, aniversario de una victoria militar, que no ha resuelto ninguno de los grandes problemas que obstaculizaban el desarrollo material y cultural de nuestra patria, los universitarios madrileños nos dirigimos nuevamente a nuestros compañeros de toda España y a la opinión pública. Y lo hacemos precisamente en esta fecha -nosotros hijos de los vencedores y de los vencidos- porque es el día fundacional de un régimen que no ha sido capaz de integrarnos en una tradición auténtica, de proyectarnos a un porvenir común, de reconciliarnos con España y con nosotros mismos.

Nos dirigimos a la opinión pública para hacer constar, por encima de todo, nuestra adhesión entusiasta a la petición universitaria del 1 de febrero, que ha adquirido para toda la Universidad española un significado ejemplar y un valor programático. Aquella petición elaborada, firmada y difundida dentro de la más estricta legalidad, sigue y seguirá siendo la expresión más concreta de nuestras aspiraciones y objetivos, aunque las circunstancias actuales impidan, provisionalmente, que la inmensa mayoría de los universitarios manifiesten su aprobación a aquellos principios, poniendo su firma al pie de dicho documento.

A los universitarios e intelectuales vinculados a la Universidad, que encabezaron aquella petición, hacemos constar nuestra solidaridad. Ellos supieron darnos a todos motivos de esperanza y razones de actuar. Contra ellos y contra la Universidad entera, que les apoyaba unánimemente, se desató una brutal represión oficial y una grosera campaña de calumnias. Además hubimos de sufrir la provocación de grupos armados de una bandería, jurídica y políticamente inhabilitada para mantener el orden público, definitivamente expulsada de una convivencia nacional.

Las autoridades además de solidarizarse con aquellos facinerosos han violado su propia legalidad, suspendiendo un Fuero de cuya vigencia práctica teníamos, por cierto, los españoles poca noticia. El Gobierno sólo ha sabido oponer a nuestras razones el recurso de la fuerza; bien precario recurso, así lo ha demostrado la Historia. Pero es más: en los momentos en que todas las naciones del mundo, del Este y del Oeste, han considerado que España podía formar parte de las Naciones Unidas, el Gobierno actual ha demostrado que no está en condiciones de cumplir los acuerdos internacionales que ha suscrito. En contradicción flagrante con la Carta de las Naciones Unidas y con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, textos básicos con carácter obligatorio para todos los estados miembros, el Gobierno ha actuado y sigue actuando de manera injusta, arbitraria y brutal. Así, en estos mismos días, siete nuevos universitarios e intelectuales han sido detenidos, entre ellos un compañero nuestro, Premio Extraordinario de la Universidad de Barcelona y miembro de la Carrera Diplomática.

Todas estas razones son las que nos mueven a llamar a los universitarios a una acción coordinada y decidida, en estos próximos días en que se reúne en Madrid el Consejo ejecutivo de la UNESCO. No es que pensemos que éste u otro organismo internacional deba resolver nuestros problemas; afirmamos que el porvenir de España sólo está en manos de los españoles. Pero la presencia de la UNESCO en Madrid pone de manifiesto la doblez del Gobierno actual, su incapacidad jurídica para servir a los fines de cualquier organización internacional encargada de velar por la Paz y por los derechos del Hombre más elementales.

Por tanto, llamamos a los universitarios a unirse en torno a los siguientes puntos esenciales: 1) Libertad de todos los detenidos y sobreseimiento de los procesamientos en curso; 2) Reposición en sus cargos de Pedro Laín Entralgo, nuestro Rector Magnífico y Presidente de la Comisión Española de la UNESCO, y de Manuel Torres López, Decano de los Estudiantes de Derecho; 3) Reintegración al edificio de S. Bernardo de todos los cursos de esta licenciatura; 4) Celebración del Congreso Nacional de Estudiantes con todas las garantías necesarias para evitar interferencias del aparato policiaco del Estado y de la organización que tan burdamente se atribuye la representación estudiantil.

Así queda definida nuestra posición, la posición de la Universidad madrileña. Para hacerla patente nos declaramos en huelga de 48 horas, los días 12 y 13 de abril de 1956, sin perjuicio de las iniciativas de cada grupo universitario en cada situación concreta, que puedan modificar, ampliar o precisar esta iniciativa general.






ArribaAbajoEditorial

Se ha roto el silencio


La habilidad que se le venía atribuyendo al general Franco por haber sostenido durante 18 años las riendas del Estado español venía ofreciendo sus dudas desde algún tiempo a esta parte. Pero parece que esas dudas tienden a aclararse después de los discursos pronunciados últimamente en Andalucía.

El silencio ha sido siempre el mejor auxiliar de nuestra falta de recursos, de recursos de toda índole. Franco ha podido sostener en su silencio de años el misterio de su capacidad, sus reacciones y sus verdaderas dotes de gobernante. Pero ya ha salido de ese silencio.

De los varios discursos que ha pronunciado dos han sido decisivos: los de Sevilla, el uno en la Capitanía General y el otro ante los falangistas. En el primero de estos discursos ha declarado: «El Ejército constituye la columna vertebral de la Patria. El Ejército tiene como misión la defensa de la paz y el orden internos y la defensa exterior. Es decir, no tiene una sola misión exterior, como se concibe en los otros países. Tiene la obligación de defender a la nación contra los peligros que la amenacen, la anarquía en la Patria o la subversión en su suelo. De los varios frentes de combate los más peligrosos están hoy en el interior».

Después en otros párrafos de ese mismo discurso, refiriéndose a la misión del Ejército en la alianza americana, dijo: «Los peligros a los cuales puede estar sometido en el interior un país -refiriéndose a las consecuencias de una guerra exterior- son menos en España, pero podrían eventualmente aparecer en naciones vecinas de la nuestra. En este caso España prestaría su ayuda a esos vecinos en peligro».

En el discurso pronunciado ante los falangistas -reunidos en Sevilla con motivo de la inauguración de sus nuevos locales-, el general Franco ha dicho que «los enemigos interiores han tratado de oponer la Falange al Ejército, de llevar la perturbación a nuestras líneas». En otro párrafo del mismo discurso ha declarado: «Tratan estos enemigos de explotar el dolor natural de aquellos que disponen de un corto salario, como si estuviera en el poder del jefe del Estado y del gobierno el poder cambiar ese signo de los tiempos actuales».

Era natural que el general Franco hablara de los problemas bases que surgen frente a él y frente a su régimen, a nosotros toca señalar las conclusiones de sus manifestaciones. Por lo que respecta a la situación interior ha hecho estas afirmaciones: primera, que la misión principal del Ejército español consiste hoy en mantener el orden interno, y esto lo ha dicho el general Franco en el momento en que los obreros de las principales ciudades del norte de España estaban en huelga pacífica forzados por sus miserables salarios. Las frases que hemos señalado más arriba y esta otra, abrir las compuertas «al río de camisas azules», significan para el buen entendedor la amenaza de otra guerra civil; segunda, que no está en su poder el hacer algo ante el problema de los bajos salarios; tercera, que Falange está contra el Ejército y cuarta, que el Ejército no cuenta con una disciplina sin grietas.

Pero un jefe de Estado cuando habla en momentos difíciles está obligado a hacer declaraciones de alcance internacional; en ese terreno encontramos también interesantes descubrimientos. Ignorábamos que la alianza americana, -la frase la tomamos de la prensa-, hubiera encargado al general Franco la defensa de países vecinos en un momento en que éstos se sintieran amenazados por peligros exteriores. Pero lo ha dicho Franco y, o bien sus palabras tienen algún valor o bien son un «lapsus linguae». Con cualquiera de las dos hipótesis podemos quedarnos, las dos revisten gravedad.

El general Franco ha roto el silencio, ha querido aclarar su posición ante los graves problemas nacionales que tiene planteados y ante otros no menos graves del sector internacional Pero en verdad que no se ha mostrado como el hombre cauto y hábil que su callada actitud de «aislado» presentaba. Y es que ha querido salir a las candilejas, ha roto su silencio, ese silencio amparador de tantas medianías e incapacidades y se ha mostrado a la luz de las palabras, que si traicionan son tan elocuentes como si fielmente interpretan nuestro pensamiento.




ArribaResumen de noticias

Huelgas en España

Dimos en el mes de abril las primeras noticias que nos llegaron de las huelgas declaradas en España, cuyo desarrollo y alcance han sido los siguientes: las huelgas se extendieron en el norte de España en todas las provincias vascas y en Cataluña. Ante esta situación los gobernadores de estas provincias invitaron a los trabajadores a reintegrarse al trabajo, pero continuaron en huelga a pesar de las múltiples conferencias celebradas entre patronos y obreros, de la amenaza de los gobernadores de que los contratos de trabajo serían anulados y de las detenciones practicadas y del pago de salarios no satisfechos.

El día 13 de abril -fecha anterior al aniversario de la proclamación de la República española- el Gobierno tomó la medida de cerrar las fábricas en Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y Barcelona.

En Madrid al mismo tiempo los estudiantes lanzaron un manifiesto de huelga para los días 12 y 13 de abril, manifiesto al que respondieron con otro los obreros y empleados, ambos van insertos en el texto de nuestra revista. Las enormes precauciones tomadas por el Gobierno impidió que estos movimientos se coordinaran.

El 16 la situación había cambiado, el Gobierno sugirió a los patronos ofrecieran a los trabajadores un aumento superior al 20% y los obreros comenzaron a reintegrarse al trabajo, pero a condición de que sus peticiones serían aceptadas. El Gobierno ha debido plegarse y olvidar que las huelgas son ilegales en España.

Medidas adoptadas

Durante todos esos días fueron suspendidas las comunicaciones aéreas en toda España y se enviaron importantes refuerzos militares a las provincias afectadas por las huelgas.

Represalias

El 24 de abril, de los obreros que se habían reintegrado al trabajo en Bilbao, fueron despedidos 4500 por «faltas profesionales muy graves». Se trataba de que esos trabajadores retrasaban la producción por solidaridad con los otros compañeros que continuaban en huelga en Pamplona y San Sebastián. Pero al mismo tiempo se declaraban en huelga 10000 obreros afectos a las compañías Babcock Wilcox y a la General Eléctrica, mientras Franco amenazaba en Huelva con lanzar «olas de camisas azules».

Resumen de la situación

La situación puede resumirse así: continúan en huelga miles de trabajadores; continúan cerradas multitud de fábricas; los obreros que se reintegran al trabajo lo hacen con la garantía de un aumento de salario superior al 20%; Franco se ha plegado ante la actitud de los trabajadores.

La inquietud sigue reinando en España donde sólo en Bilbao hay unos 40000 trabajadores en huelga. Los trabajadores se reintegran al trabajo lentamente después de un largo proceso.


Solidaridad de los estudiantes

Al mismo tiempo que se desarrollaban las huelgas en el norte de España, los estudiantes de Madrid lanzaban el manifiesto que publicamos en otro lugar de nuestra revista, manifiesto que era respondido con otro de las clases laborales madrileñas.

Como consecuencia de estas manifestaciones fueron encarcelados cientos de estudiantes, y declarados culpables de la distribución de aquel manifiesto cuatro estudiantes cuyos nombres ha recogido toda la prensa; entre ellos se encuentra un sobrino del poeta García Lorca, Manuel Montesinos.

Abierto rápidamente el proceso -que no hay que confundir con el anterior celebrado el 25 de abril como consecuencia de la huelga estudiantil del mes de febrero, y en el que ha sido defensor el Sr. Gil Robles, antiguo ministro de la guerra y jefe del partido Católico durante la República- esos estudiantes han sido condenados a un año de prisión y 25000 pesetas de multa.

Tanto el primer proceso como este último celebrado el 30 de abril, han sido considerados como «el proceso del régimen» por toda la prensa europea.


Apoyo del sindicalismo americano

En el momento mismo que el Sr. Martín Artajo pedía a Mr. Dulles la entrada de España en la NATO, y ofrecía sus buenos oficios en el cercano Oriente, la gran sindical americana, AFL-CIO, proclamaba por boca de su presidente, George Meany, la solidaridad total con los huelguistas españoles; 2, su indignación respecto a la presencia del Sr. Martín Artajo en tierra americana.


Apoyo internacional

La Confederación Nacional de Sindicatos libres (CISL) publicó en París el 4 de este mes una declaración de la que copiamos los principales párrafos:

«La CISL hace oír su voz para protestar contra el empleo de crueles métodos gubernamentales españoles dirigidos a romper las huelgas que, por las amenazas, los despedidos y los encarcelamientos, se esfuerzan en subyugar a los trabajadores que sienten la pasión por la libertad. Las Naciones Unidas que han juzgado al gobierno español actual digno de ser admitido en el concierto de las naciones, deben anotar esta flagrante violación de los derechos del hombre.

»Nosotros nos sentimos unidos a los trabajadores españoles y les ayudaremos moral y materialmente en su lucha. Los trabajadores del mundo libre no descansarán hasta que se establezca en España un régimen democrático que respete todos los derechos del hombre».




60% aumento para los militares

Como consecuencia del malestar económico que reina en España y las reclamaciones de la clase trabajadora, expresadas en las huelgas, el Gobierno se puso al estudio de un proyecto de aumentos generales de sueldos. Ese proyecto ha sido sometido y aprobado el 9 de este mes por las llamadas «Cortes». En él se señala un aumento de sueldos para los funcionarios civiles que va del 25 al 60% y un aumento para los militares de 60%, pero no se mencionan los obreros.


Sublevación en IFNI

Como consecuencia de haber prohibido las autoridades militares franquistas la celebración de la independencia de Marruecos en los territorios de Ifni y de Río de Oro, que son enclaves españoles situadas al sur de Marruecos, las tribus indígenas de estos territorios se han sublevado, al mismo tiempo que se desarrollaban las huelgas en la Península.

Los datos recogidos por la prensa dan la noticia de haber sido degollados once oficiales españoles que estaban encuadrados en los batallones de tiradores indígenas. El crucero español Canarias, el mejor de la flota española, fue enviado a las costas de Ifni para tomar parte en la represión. Abrió el fuego a una distancia de doce kilómetros de la costa. Una compañía de paracaidistas fue enviada también a esos lugares. Se afirma que en ese desembarco han perecido muchos militares.


Franco desea descansar

Según el corresponsal en Madrid del Sunday Times de Londres, el general Franco tiene la intención de abandonar próximamente sus funciones de jefe del Gobierno, de la Legislatura y de Falange. No conservará más que las funciones de jefe del Estado y Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.


Ofensiva española en Washington

El enviado del general Franco, Sr. Martín Artajo, ha desplegado en Washington una verdadera ofensiva. Venía en solicitante, pero pretendía traer algo que ofrecer.

Tres puntos principales guardaba en cartera: Primero, la admisión de España en la NATO; segundo, la demanda de una ayuda militar más considerable; tercero, el deseo de que los Estados Unidos interpusieran su influencia a fin de terminar el aislamiento político y militar impuesto por los países europeos, vecinos de España.

Respecto al primer punto el Sr. Martín Artajo se ha llevado el convencimiento de la firme actitud de los partidos políticos de Inglaterra y Francia y sobre todo la negativa de Noruega y Dinamarca. Nada pueden hacer los Estados Unidos frente a esa pretensión española.

Respecto al segundo punto no parece que la situación interior de España sea la más atractiva para animar a los senadores americanos por ese camino. El tercer punto es tan indiscreto y de tan difícil práctica que el Sr. Martín Artajo no guarda sobre él la menor esperanza.

De otro lado el ministro de Franco ha ofrecido la intervención de España en la tensión árabe-israelita, pero parece que Mr. Dulles no ha estimado oportuno aprovechar esos buenos oficios. También ha ofrecido el enviado de Franco la actuación española cerca de los países que pudieran integrar un pacto Mediterráneo, pero la idea se ha considerado como prematura al menos, dada la situación inestable de esos países. A pesar de los esfuerzos realizados por el Sr. Martín Artajo parece que no ha llevado sino buenas palabras.


En la Argentina

D. Luis Jiménez de Asua, figura eminente de la ciencia Penal, antiguo vice presidente de las Cortes republicanas y uno de los autores de la Constitución: de la República española, ha declarado en Buenos Aires: «Todos los signos muestran que Franco está desahuciado».


Deportación de sacerdotes

(OPE)- Se ha confirmado que durante la huelga de Guipúzcoa el obispo de la diócesis, monseñor Font, tuvo una actitud tan sintonizada con la del gobernador que vino a ser un auxiliar de éste. En efecto el gobernador, a través del obispo, quiso intervenir cerca de las juventudes Obreras Católicas para utilizarlas como rompe-huelgas, a lo que se opusieron sus miembros eclesiásticos. Esta actitud les valió ser llamados en repetidas ocasiones al Gobierno Civil y al Obispado. Finalmente varios sacerdotes han recibido orden de deportación. Son los siguientes:

D. Eugenio Arregui, coadjutor de Villafranca de Oria; D. José Luis Lecuona y D. José Arambarri, coadjutores de Rentena; D. Ignacio Larrañaga, coadjutor de Irún y el Sr. Arizmendiarreta, coadjutor de Mondragón; D. Segundo Dorronsoro, capellán de la fábrica de vagones de Beasain; D. Ramón Gaztalumendi y D. Jesús Aldanando, consiliarios de los obreros católicos de la parroquia de San Vicente, en San Sebastián.


El primado de España contra el totalitarismo

En una carta pastoral, publicada el 5 de este mes, el Cardenal Primado de España, Enrique Pla y Daniel, expresa la actitud de la Iglesia española contra el totalitarismo. El párrafo más importante de la carta dice: «La Iglesia, y a su tiempo el Romano Pontífice, ha censurado siempre el totalitarismo y la centralización de todas las funciones por el Estado. Siempre ha condenado ambas cosas».

En España se concede gran importancia a esta declaración por ir dirigida, no sólo a los trabajadores, sino también a otras clases de la sociedad española y haber sido precedida de otras declaraciones hechas hace unas semanas censurando la intranquilidad y el descontento que reina entre los trabajadores y criticando la política del Gobierno hacia los estudiantes y grupos intelectuales.



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