Ibérica por la libertad
Volumen 5, N.º 10, 15 de octubre de 1957


IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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El sentimiento religioso de los pueblos no es una inquietud espiritual de la vida moderna. Es tan antiguo, tan remoto, que, en realidad, no se le puede buscar un origen definido y una fecha histórica de nacimiento. Para mí nace, lo mismo que el instinto de defensa, de un modo espontáneo en el hombre primitivo, tal vez en la edad de piedra o del sílex, en la época cuaternaria, tal vez antes. El mismo día que la humanidad -la escasa humanidad de entonces- cobijada todavía en las cavernas, desnuda casi o abrigada con pieles, sintió el estruendo del trueno, contempló la luminosidad del rayo y vio atónita la erupción de los volcanes, debió comprender que había alguien sobre ella, que ocultamente, a su antojo, sin esfuerzo, podía pulverizarla y entonces, a mi juicio, dio comienzo el sentimiento religioso, o sea, la adoración a un Ser Supremo superior a nosotros, y en ese mismo momento el hombre, postrado y vencido, comenzó a adorar y, en su ignorancia, adoraba a los astros, a las estrellas, al Sol y a la Luna...
Y así, poco a poco, empezaron las diversas religiones que hoy día existen, más o menos difundidas, en todos los pueblos del universo. Donde todavía hay barbarie los cultos son aún rudimentarios y en las naciones civilizadas se cree en algo -en Dios, en Mahoma, en Alá, en Buda-, se deposita la fe en una imagen o, simplemente, en un ídolo de barro o de piedra. Esto es, en síntesis la Religión y por eso, precisamente por eso, su fuerza es enorme y querer ir contra ella es obra de locos, y pretender que se detenga su avance es una cosa tan infantil y tan ingenua como si alguien intentara parar la marcha del tiempo sujetando las agujas de su reloj de pulsera. Y no solo eso, sino que, además, no se debe menospreciar tampoco la importantísima aportación -precisamente por su carácter simplista- de la Religión, de cualquier religión, al desarrollo espiritual de la Humanidad.
La fuerza de la Iglesia -me refiero ahora concretamente a la Iglesia Católica y, por tanto, a la Religión cristiana, en la que yo milito con verdadero fervor de creyente- es tan grande, ha sido siempre tan gigantesca, que Reyes y Emperadores se han sometido a ella y hasta el mismo Napoleón, orgulloso y altivo como pocas figuras de la Historia, no se sintió tranquilo y satisfecho, a pesar de sus éxitos y de sus triunfos guerreros, hasta que, en su afán de legitimar su dinastía, recibió el espaldarazo de la Iglesia en su pública y solemne coronación por el Papa en Nôtre Dame de París. ¿Por qué esta preocupación napoleónica? Sencillamente porque el emperador de los franceses, además de ser un genio militar, tenía también un alto sentido político.
En España la Iglesia lo llena todo en nuestra Historia. Concilios de Toledo, guerras contra la morisma, santas cruzadas, Cortes, descubrimiento de América, regencia de Cisneros. Cuando lanzaba en Roma su último suspiro el gran cardenal, el horizonte ya inmenso de España se cubría de grandezas y cuando la Iglesia cuajaba un florecimiento inigualable en aquella época, su genio expansivo y universal iniciaba en la novísima tierra descubierta por Colón -en ese admirable continente americano para el que tengo hoy el honor de escribir- su incansable labor de civilización...
¡Y cada vez se agrandaba, adquiría mayores proporciones la fuerza de la Iglesia! ¿Por qué? Porque su poder era inmenso, porque sus medios culturales eran enormes. La Iglesia enseñaba, poseía los mejores y poco abundantes manuscritos y códices; sustentaba a los necesitados, albergaba a los enfermos, recogía a los desvalidos, amparaba en su derecho de asilo incluso a los delincuentes. Presidía también la vida civil desde la cuna al sepulcro, del bautismo al sepelio, ennobleciendo y dignificando con el Sacramento la más interesante y fundamental de las Sociedades: la del matrimonio.
Pero pasaron los años y los siglos -los años y los siglos tienen que pasar en este artículo con mucha rapidez, porque dispongo de poco espacio y no quiero extenderme en relatos históricos- y la Iglesia, que estaba en la cúspide, que había creado naciones y reyes, que era poderosa, fuerte, omnímoda y, además, respetada y querida por todos o por casi todos, empieza a declinar en España. Empieza a declinar en España, concretamente en España -no me interesa en este momento lo que le ocurre a la Iglesia fuera de nuestra patria-, por culpa exclusiva de los hombres que la sirven y la representan, o, mejor dicho (hay que procurar ser siempre justos), por culpa de algunos de esos hombres. Y si no llega a desmoronarse totalmente es por la enorme fuerza de sus enseñanzas espirituales, de su magnífica doctrina evangélica, pero no precisamente por el acierto y por el tacto de los que ostentaban su genuina representación.
¡No! No fueron, no han sido hábiles -me duele como católico tener que confesarlo- los servidores directos de la Iglesia al no querer admitir más progreso que el suyo, ni tolerar otras verdades que no fueran las de ella, ni consentir en sostener diálogo con los que no se sometieran previamente a su dominio... Lamentable equivocación que yo critico porque criticar no es dejar de querer, aunque lo parezca, y el cariño, el verdadero cariño, no debe medirse nunca por las continuas alabanzas. Lamentable equivocación que muchos fieles y muchos católicos comprensivos y tolerantes han pagado y hemos pagado injustamente. Lamentable equivocación que todavía persiste y que, sin embargo, a mi juicio, es fácil de corregir y que, por bien de todos, algún día tendrá que corregirse...
Esa cerrazón incomprensible y suicida de un sector eclesiástico, tal vez el menor pero el más poderoso, poco a poco había de arrastrar a la Iglesia a su decadencia y a su ruina, porque una vez situada en la pendiente del error era más fácil deslizarse con suavidad o con violencia por ella que saber detenerse a tiempo... Y surge lo esperado y, sin embargo, lo absurdo: la intolerancia religiosa, y vemos a España envuelta en guerras de carácter puramente religioso, y nace la Inquisición, y a un pobre rey, degenerado e idiota, se le pretende espantar los demonios del cuerpo a fuerza de exorcismos... Ya no es la misma Iglesia de antes, acogedora, cordial, hospitalaria, caritativa, indulgente; ahora tiene el ceño fruncido, se la teme, infunde pánico y terror: Sus propios hijos, los más preclaros, son perseguidos también: Santa Teresa, Fray Luis de León, el Padre Mariana. Los grandes cerebros, los escritores más ilustres, si quieren verse consagrados han de profesar y así vemos vistiendo los hábitos a Lope de Vega, a Tirso de Molina, a Calderón. Un rebelde que no se somete, Miguel de Cervantes Saavedra, lo pasa bastante mal...
Demos ahora otro gran salto histórico y nos encontraremos en el siglo XIX. En torno del lecho mortuorio de otro rey felón y perjuro, la Iglesia inflama el fanatismo de un infante mediocre que quiere sucederle y vienen las guerras carlistas. El clero toma partido decidido a favor del Pretendiente y los templos almacenan armas y las sacristías reparten consignas. Los sacerdotes se convierten en guerrilleros, sin dejar de ser sacerdotes, y muchos hacen la guerra vistiendo ropas talares. De Roma, de donde debía venir la destitución y la buena regla, vienen bendiciones, alientos y plegarias. La voz de Cristo deja, desgraciadamente, de escucharse. «Mi Reino no es de este mundo», exclamó el inolvidable y sublime mártir del Gólgota, pero sus representantes en la Tierra, por medio del Pretendiente, sí aspiraban a reinar en este mundo...

Dejemos que vuelvan a correr los años con la rapidez que deben hacerlo en un breve trabajo periodístico y casi sin darnos cuenta nos hallamos ya situados en julio de 1936, en plena República española, en la República de mis amores, de mis luchas, de mis recuerdos... En la confusa separación que -al producirse entonces el pronunciamiento militar de Franco-, a virtud de una línea caprichosa del Destino, dividió geográficamente a los españoles, nada es claro ni coincidente. Las ideas y la adscripción de un sector a otro -llamados zona nacional y zona republicana- distan mucho de encajar en el sitio donde se encuentran las personas. Solo hay, no obstante, una clase social y una idea que, salvo en el País Vasco y otras honrosas excepciones de tipo personal, están con los rebeldes: la clase es el clero; la idea, la religión. ¿Por qué? Por lo de siempre en España, por ese mal endémico y, por lo visto, incurable: por apartarse los sacerdotes y la Iglesia de sus funciones; por convertir, equivocadamente, en arma política un influjo que debiera estar encaminado con absoluta exclusividad a la salvación eterna... Y los sacerdotes echaron de nuevo a la gran hoguera del combate el haz del sentimiento religioso para avivarla mejor.
Fue un error y una gran torpeza, porque la guerra, nuestra lamentable guerra civil, podía tener todos los caracteres imaginables: políticos, sociales, económicos, pero jamás religiosos. El pueblo defendía únicamente su libertad, pero no era tan necio como para ignorar que Dios no era su enemigo, que no podía serlo. Si alguien en las filas republicanas, procedente de un sector extremista, inculcó al pueblo esa creencia absurda lo hizo con mala intención, faltando abiertamente a la verdad. ¡No! ¿Cómo iba el creador del mundo, el personificado más tarde en Cristo, el que eligió a los humildes para que le siguieran, el que se rodeó de pescadores, el que arremetía en el templo contra los mercaderes, declararse enemigo de los trabajadores, de los que «ganaban el pan con el sudor de su frente»? No. El pueblo, sin necesidad de tener la clarividencia de Salomón, sabía perfectamente a qué atenerse y estoy bien seguro de que no creyó nunca que Dios estuviera al lado de los rebeldes.
Grandísima equivocación, repito, la de la Iglesia al tomar una vez más partido en su Historia, en nuestra Historia, por uno de los bandos contendientes. La Institución más dulce, más beatífica, la genuina encarnación de las hermosas palabras del Divino Maestro: «Amaos los unos a los otros», la que estaba obligada a realizar todo lo posible para poner paz entre los hermanos, se convirtió de nuevo en beligerante. ¡Falta de tacto y falta, sobre todo, de amor, de caridad cristiana! Esa última actuación equivocada de la Iglesia ha alejado a ésta, lamentablemente, del sentimiento popular, del arraigo que hubiera podido tener, y que es absolutamente necesario que vuelva a tener, entre las clases humildes de España.
Por mil razones y motivos, unos antiguos y otros muy recientes, la reconciliación entre la Iglesia y el pueblo español a muchos les parece difícil y casi imposible. A mí, no. Sinceramente no. Yo soy optimista, de un sano optimismo, de un fuerte optimismo y creo que la reconciliación es necesaria y que hay que intentarla. Los hombres católicos de España, muy especialmente los católicos republicanos y liberales, tenemos el sagrado deber de realizar esa tarea. ¿Cómo? Diciendo al pueblo en todas partes, por medio de una continua y machacona propaganda oral y escrita, que tiene que olvidarse de los agravios recibidos, que no se puede volver a pensar en persecuciones de personas, ni de ideas y poniéndonos también al habla con aquellos «sacerdotes guerrilleros», o simplemente sacerdotes del interior de España, para mostrarles cuál es su verdadero deber en la hora actual y cuál es, además, su conveniencia para un futuro posible.
En los hombres ya formados espiritualmente, sean laicos o ateos, la Religión, la verdadera religión cristiana no puede significar nunca no ya un peligro, sino ni siquiera un estorbo, pero hay que inculcar ese mismo convencimiento a la masa. Los católicos republicanos españoles -los de dentro y los de fuera de España-, que somos muchos millares, debemos encaminar todos nuestros esfuerzos a lograrlo, pero para eso es necesario que la Iglesia quiera también ayudarnos un poquito. Es preciso que el clero se limite en lo sucesivo -como sucede en Francia y en otros muchos países- a enseñar y a practicar las verdaderas doctrinas evangélicas; es indispensable que se reintegre a su misión específica... Y cuando haya vuelto, sin excepciones que irritan, a su labor educadora, cuando se haya apartado totalmente de toda política reaccionaria y dictatorial, el pueblo, el sufrido pueblo español, educado desde hace siglos en ese profundo sentimiento religioso de que hablaba antes, le respetará como en la época ya lejana del verdadero y magnífico esplendor de la Iglesia.
RAFAEL SÁNCHEZ-GUERRA
(Próximo artículo -continuación y final de éste-: «La República española y la Iglesia»)
La revista de Sofía Narodna Kultura relata un suceso tragicómico ocurrido recientemente en Bulgaria que ha reproducido el Journal de Genève. Según relata esa información, un grupo de escritores búlgaros célebres ha sido víctima de una farsa que ha regocijado a todo el país. Los búlgaros esperan ahora el resultado final, el informe definitivo de la policía secreta que, seguramente, no será nada halagüeño para los protagonistas.
El hecho ha ocurrido en el Castillo de Bistriza, antigua residencia veraniega de los reyes de Bulgaria, destinado actualmente a lugar de reposo estival para los escritores y artistas de las democracias populares. Varios artistas y escritores, alojados allí con el mayor «confort», se habían reunido en la antigua posesión real para descansar, para matar las horas de ocio con la caza o la pesca, alternando lo agradable con lo útil, discutiendo fogosa y apasionadamente sobre los méritos del marxismo-leninismo o las excelencias del realismo socialista.
El poeta Strahil, antiguo héroe de la resistencia búlgara, fue atacado duramente, en uno de estos «cambios de opiniones» por sus colegas, porque se permitió declarar: «Desde hace algún tiempo reina una gran inquietud en los medios intelectuales». Sus principales adversarios o, mejor dicho, sus más encarnizados enemigos en la controversia, eran el escritor Luwchew y la actriz Zubonowa, los cuales, ante las alegaciones de Strahil, defendían con entusiasmo e impetuosidad la línea literaria y artística del partido comunista, acusando al poeta de «desviacionista» y de «mentalidad burguesa y cosmopolita».
Una noche se encontraban los huéspedes del castillo reunidos en el comedor escuchando el programa de Radio-Sofía, cuando, de pronto y en medio de una información oficial, la voz del «Speaker» dejó de oírse de un modo tan brusco e inesperado que los oyentes se miraron con inquietud. El desasosiego fue en aumento cuando el silencio se rompió con el estruendo de unas explosiones lejanas en las que los reunidos reconocieron con facilidad el estallido característico de los obuses y de las ametralladoras. Los escritores seguían interrogándose entre ellos con la mirada, llenos de pasmo, sin atreverse a pronunciar una palabra. Pero más se pasmaron cuando la voz del «speaker», temblorosa ahora por la emoción, volvió a sonar para decir lo siguiente:
«¡Atención! ¡Atención! Dentro de unos momentos transmitiremos una información de extraordinaria importancia». El anuncio fue seguido del himno nacional búlgaro de la época monárquica.
Después de un nuevo silencio, más angustioso todavía que el anterior, se oyó de nuevo la voz agitada del «speaker»:
En el Castillo de Bistriza hubo un momento de estupor que dio paso a la más terrible confusión espiritual y material. Los escritores y artistas se interpelaban a voces, tratando de analizar la situación sin que nadie hiciera caso de las palabras de los demás... hasta que se abrió de un modo violento la puerta del comedor. Fuera, en el bosque que rodea al castillo se oían tiros de fusil.
Un grupo de individuos barbudos, armados de pistolas, invadió la habitación: -¿Hay aquí algún comunista?, preguntó el que parecía ser el jefe de los invasores.
Nadie se movió. Sólo un escritor de segunda categoría, pálido y delgaducho, al que sus colegas despreciaban, cordialmente, avanzó hacia los recién llegados y confesó que era comunista.

Luwchew, el «duro entre los duros», el intransigente, el que había acusado a Strahil de «desviacionista» y de «mentalidad burguesa» y la Zubonowa, también «dura entre las duras», se indignaron cuando uno de los barbudos les planteó de nuevo la cuestión: «¿Comunistas nosotros? ¡Ni hablar! La actriz, con un gesto majestuoso, verdaderamente regio, añadió: "Si todos los comunistas búlgaros hubieran sido como yo, el régimen no hubiera durado veinticuatro horas. En este castillo me conocían perfectamente. Y antes de la guerra la reina era mi mejor amiga"».
Al oír esto los barbudos soltaron una carcajada y confesaron que se trataba de una broma urdida por el poeta Strahil con la colaboración de un grupo de camaradas, tan «desviacionistas» como él, quienes le habían ayudado a grabar una cinta magnetofónica con las palabras del «speaker» y la música de fondo de los obuses y las ametralladoras.
Cuenta la revista búlgara Norodna Kultura que el ministro de Educación búlgaro, Chervenco, al enterarse del incidente, dio la orden de que el suceso fuera relatado por la prensa del país para que sirviera de advertencia a los intelectuales vacilantes. Norodna Kultura no da los verdaderos nombres de los protagonistas -y víctimas posibles- de la broma, pero los iniciados las reconocen perfectamente. Luwchew es, en realidad, el célebre escritor búlgaro Orline Wasiler y el nombre de Zubonowa apenas oculta el de la actriz Zorka Sordanova.
* * *
El lector se preguntará, sin duda: ¿Qué tiene que ver esta farsa búlgara con España? Pues sí tiene que ver. Más de lo que parece a primera vista. Porque yo también me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si en el Castillo de la Mota, antigua residencia de los Reyes Católicos y hoy lugar de descanso de las huestes de Falange, hubiera ocurrido lo que pasó en el Castillo de Bistriza? Estoy seguro de que en el Castillo de Medina del Campo -donde la reina Isabel hizo su testamento y, lo que es más importante, el codicilo a su testamento- se hubiera desarrollado la misma escena que en el de los reyes búlgaros, con la única diferencia de los nombres de los protagonistas. «Algo huele a podrido» en el rabo occidental de Europa. Y el complejo de miedo al mañana, el deseo de borrar «los méritos contraídos» y los «servicios prestados» que han demostrado esos comunistas búlgaros, es el mismo que aflige a la mayor parte de los falangistas españoles.
* * *
Un amigo madrileño, recién llegado a París, me ha contado un chiste que rueda por España y que puede servir de parangón a la farsa búlgara. Conviene advertir que este amigo de la época universitaria ha pasado por las alternativas de amigo, conocido, desconocido o enemigo, desde que acabó la guerra civil, a medida que iba montando el termómetro de la situación gubernamental. Ahora se ha sacado del pecho una ternura, inédita hasta ahora, y ha venido a buscarme, porque alguien le ha encargado que lo haga, y me ha mostrado su credencial de enemigo de la situación interior de España contándome este chiste: Se cuenta por Madrid que el Ministro de Falange, ante la constante y progresiva disminución de los efectivos de su partido único, se decidió a poner en práctica todos los medios posibles e imposibles para aumentar el número de afiliados al falangismo. Y uno de los recursos que se le ocurrió fue el de atraer a «las masas» con una especie de «lo toma o lo deja» que es el juego radiofónico más popular en España. Un procedimiento en tres etapas. He aquí la nueva panacea para hinchar las listas de Falange, según se le ocurrió al Ministro:

Primera etapa: Todo militante que lleve a Falange un nuevo afiliado queda dispensado de asistir a las reuniones del Partido.
Segunda etapa: Todo militante que lleve dos nuevos afiliados queda dispensado de pertenecer al Partido.
Tercera etapa: Todo militante que lleve tres nuevos afiliados recibirá un certificado garantizando que no ha pertenecido nunca al Partido.
¡Mala señal para un régimen cuando los españoles empiezan a sacar a la calle las armas de la ironía, del chiste corrosivo o de la frase ingeniosa y disolvente!
* * *
La etapa actual de la descomposición falangista ha tomado la forma de guerra caliente de impresos «clandestinos»: Falange contra el Gobierno con predominio de militares y monárquicos; Falange contra la posible restauración de la monarquía; Falange contra el «Opus Dei»... Raro es el día que no circulan por Madrid y por las principales capitales de España, hojas roneotipadas o de imprenta con la firma de Falange queriéndose quitar de encima la responsabilidad de «los males que aquejan a España», lanzando a sus antiguos compañeros de camino -y de camino real- el sambenito de todas las responsabilidades: «La Falange -dicen esos manifiestos clandestinos- no es responsable de que el Gobierno haya autorizado una subida del 20% del precio del pan; del 85% del vino; del 25% de la cerveza; del 33% de los periódicos y del 50% de los transportes urbanos de día y del 100 por 100 de noche». «La Falange no es responsable de que España se haya quedado sin divisas y haya tenido que hipotecar sus reservas de oro en los Bancos de New York». «La Falange no tiene la culpa de que la subida de salarios, acordada por el Gobierno en noviembre pasado, haya sido anulada y sobrepasada en proporción astronómica por el alza de los artículos de primera necesidad». «La Falange no tiene la culpa de que el Gobierno haya decretado la libertad de precios en la industria textil catalana, con lo cual el hacerse un traje plantea un problema que sólo los millonarios pueden resolver...».
Mi antiguo y novísimo amigo madrileño me contaba que la mayoría militar y monárquica del Gobierno ha conseguido imponerse hasta lograr la destitución de los gobernadores civiles de las más importantes capitales españolas que estaban en desacuerdo con los gobernadores militares, y la reorganización de los Servicios de la Secretaría General del Movimiento, recortando mucho sus atribuciones. «Desde ahora -me ha dicho mi amigo- La Secretaría General del Movimiento queda reducida a una especie de centro benéfico para que Pilar Primo de Rivera no se aburra».

Aunque Falange ha respondido también en su prensa, por ejemplo, en el periódico Pueblo, portavoz de los Sindicatos Falangistas, únicos y obligatorios, y en Arriba, órgano del Partido, su guerra caliente, su defensa la hace clandestinamente, en esos impresos repartidos bajo capa y con aires de conspiración. Tengo a la vista uno de esos impresos clandestinos que me ha traído mi amigo (?) de Madrid en el que «la oposición en el seno de Falange», con la firma de la «Sección Sindical», da instrucciones para la «formación de células clandestinas», después de pedir «a los falangistas auténticos, a los de la primera hora, a los puros, a los del esfuerzo y el sacrificio, a los que soñaron con la grandeza de España en las mesetas castellanas y en las estepas rusas, a los "camisas viejas", a los que oyeron la voz de José Antonio con el eco y la resonancia de la voz de los profetas, que se echen a la calle, una vez más, para combatir en lucha por la libertad, la justicia, el pan y los derechos del pueblo».
A esto obedece, sin duda, la disposición del Ministerio de Información, publicada en el Boletín Oficial del Estado del 9 de agosto, haciendo obligatorio el uso del pie de imprenta en toda clase de publicaciones y de la que sólo se salvan «las tarjetas de visitas, cartas y sobres de correspondencia, besalamanos, invitaciones, y en general, los destinados a actos de cortesía, siempre que su contenido se ciña a esta finalidad».
* * *
Acaba de aparecer en París la traducción francesa de Camino, el libro de don José Escribá de Balaguer, fundador del «Opus Dei» o de «La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei», que es su nombre oficial y completo.
Camino es al «Opus Dei» lo que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola son para los jesuitas: su reglamento espiritual, su norma de conducta, sus instrucciones para la actuación en el mundo; sus consignas, en una palabra. El libro, en su versión francesa, contiene 999 pensamientos o consignas, distribuidos en 47 capítulos.
Se habla mucho del «Opus Dei», dentro y fuera de España, de su acción silenciosa y subterránea, de su influencia en la actual política española. Pero su organización interna, su acción corrosiva en ciertos medios, su forma concreta de actuar son menos conocidas. Es posible que nunca se sepa de una manera concreta y categórica qué es y qué persigue el «Opus Dei». Sin embargo, este libro de su fundador y animador permite hacerse una idea, si no completa al menos aproximada de sus fines y de sus trabajos. Y sobre todo, de los medios que pone en práctica para hacer esos trabajos y alcanzar esos fines.
El «Opus Dei» fue fundado el 2 de octubre de 1927 por un sacerdote de 26 años, nacido en la ciudad aragonesa de Barbastro, Doctor en Derecho por la Universidad Central de Madrid y en Teología por la Pontificia de Letrán de Roma. El «Opus Dei» aprobado por la Santa Sede 22 años después de su fundación -el 16 de junio de 1950- comprende dos secciones, masculina y femenina, completamente independientes, unidas solo en la persona del Presidente-Fundador, cuyo cargo tiene, con carácter vitalicio, el Sr. Escribá.
Los que presumen de enterados aseguran que el «Opus Dei» cuenta con un efectivo de 10.000 miembros masculinos y 8.000 femeninos y que tiene más que 200 residencias repartidas entre España, Austria, Alemania Occidental, Inglaterra, Irlanda, Italia, Portugal, Suiza, Estados Unidos, Canadá, América Latina, la India y algunos países africanos. En Francia ha comenzado a actuar hace poco tiempo, principalmente en los medios universitarios. Además, dirige centros de enseñanza media y superior, editoriales de libros, periódicos y revistas, casas de retiro espiritual, centros de formación para obreros y campesinos y otros muchos organismos importantes.
Los miembros del «Opus Dei» se clasifican en las siguientes categorías
1-: Los «Numerarios», intelectuales provistos de títulos universitarios, los cuales, después de sus votos temporales, estudian Filosofía y Teología y, más tarde, pronuncian sus votos perpetuos para vivir en comunidad.
2-: Los «Oblatos», reclutados en todas las clases sociales. Hacen, también, una donación completa a la sociedad del «Opus Dei», pero pueden seguir viviendo en el seno de sus familias respectivas.
3-: Los «Supernumerarios», quienes pronuncian votos compatibles con su estado y con su manera de vivir. En esta categoría pueden ser admitidas las personas casadas.

4-: Los «Cooperadores», amigos del «Opus Dei», católicos y no católicos, que no pertenecen en realidad a la sociedad, pero que la ayudan en sus trabajos principalmente con la aportación de sus limosnas. Gracias a esta «manga ancha» del «Opus Dei», con su apostolado «ad fidem» -el fin justifica los medios- muchas personas no católicas colaboran -¿de grado?, ¿por fuerza?- de diversas maneras al trabajo de la sociedad y figuran entre sus «Cooperadores».
La actividad del «Opus Dei» se ejerce, a través de sus miembros, en el lugar de actividad de cada uno de ellos. En la consigna número 799 de Camino se dice, por ejemplo, lo siguiente: «¿Te ha buscado Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, cerca de sus redes; a Mateo, en su oficina de recaudador, y -lo que es el colmo- a Pablo, en su encarnizamiento con los primeros cristianos».
* * *
La pugna entre falangistas y miembros del «Opus Dei» es cada día más fuerte y encarnizada. Tan fuerte y tan encarnizada como la que opone al «Opus Dei» -monárquicos con la nostalgia de una monarquía como la de los Reyes Católicos- a los partidarios del Pretendiente don Juan o de su hijo. Las vacantes que la Falange va dejando a la fuerza las va ocupando casi siempre la organización tentacular del «Opus Dei». A los gritos desmelenados de Falange, a sus balandronadas, a sus fanfarronas amenazas de «echarse a la calle», la organización del curita de Barbastro responde con un silencio desdeñoso y la acción subterránea y eficaz de sus consignas. Algunas de las cuales tienen un amargo sabor de burla y de ironía para los disminuidos y descabalados «jefes», «jerarcas», «salvadores de la Patria» -con mayúscula- y creadores de «por el Imperio hacia Dios». Éstas, por ejemplo, señaladas, para más detalles, con los números 22, 833 y 16 respectivamente:
¡Sic transit gloria mundi!...
ANTONIO OTERO SECO
Nuestro colaborador y amigo don Miguel Sánchez-Mazas, en nombre de la Agrupación Socialista Universitaria de España, ha dirigido una carta abierta al infante don Juan de Borbón. A continuación publicamos el texto de la carta.
Diálogo con el pueblo, antes que acuerdo con Franco
Su Alteza Real don Juan de Borbón,
Conde de Barcelona
Villa Giralda. Estoril (Portugal).
Alteza:
La dramática pendiente de inquietud y de crisis por la que resbala, en estos meses, dolorosamente nuestro pueblo y la incertidumbre de su desenlace me obligan a dirigiros, respetuosa y, a la vez, francamente, como a legítimo Pretendiente al Trono de España, esta carta, en nombre de nuestra AGRUPACIÓN SOCIALISTA UNIVERSITARIA y recogiendo el sentir general de las nuevas generaciones democráticas españolas.
Escribo a V. A. -puedo asegurarlo- con honda emoción y, sobre todo, con la esperanza de que la relación que así puede iniciarse logre contribuir a clarificar el ambiente, aún confuso y agitado, en torno al proceso de transición -penosamente abierto en febrero de 1956- hacia una nueva situación española-institucional, en primer término, pero también económica, social, jurídica, cultural y humana -que ya se impone-, a la salida de la opresión y la Dictadura, con irresistible fuerza vital, moral e histórica.
1. Un diálogo previo con el pueblo evitaría futuras sorpresas.
La visita que nuestro amigo y compañero X. X. ha tenido el honor de hacer a V. A., por encargo y en representación de nuestra Agrupación, responde a esta necesidad, que se convierte en urgencia al acercarse la eventualidad, más que probable, de que V. A. ocupe el lugar al que, con pleno sentido de la responsabilidad, aspira: la necesidad de un contacto más vivo, orgánico y realista -aunque sin prejuzgar del futuro- entre Monarquía y pueblo, comenzando hoy, si os parece oportuno, por el diálogo con los grupos de la Universidad que es, a nuestro juicio -y lo está demostrando con hechos indiscutibles- el tejido más sensible de la nación.
La cordialidad, simpatía e interés mostrados por V. A. en relación con las inquietudes y propuestas que os ha transmitido en Rapallo nuestro joven enviado abren claramente el camino a unas conversaciones que, comenzando hoy modestamente, habrán de ampliarse, sin duda, en un futuro próximo, a un mayor número de temas y de interlocutores, con el resultado principal -esperamos- de afianzar en el terreno real una unión que hoy parece preverse, aun que no muy claramente, en el papel. Se evitarán con ello posibles sorpresas, tanto al pueblo como a la Institución: al pueblo, en efecto, que podría encontrarse, de no haber fijado sus condiciones, con el hecho consumado de una Monarquía incapaz, por sus características, de satisfacer sus más profundas aspiraciones de libertad legítima, justicia distributiva, garantías ciudadanas y respeto a todas las tendencias espirituales del país; a la Corona, por el peligro correlativo de una falta de adhesión popular, e incluso de abierto descontento, como consecuencia de errores de perspectiva -que se resumen en la concepción antidemocrática de la convivencia nacional- aún hoy previsibles y evitables. Mejor, por ello, dialogar ahora que llorar sin remedio después. ¿No lo cree así Vuestra Alteza?
2. Lo que nos impide admitir la idea de una Monarquía absolutista y antidemocrática.
El respeto que sentimos por la Institución Monárquica, tal como se concibe y se realiza en la Europa moderna y progresiva, en cuyos países socialmente más organizados (Suecia, Noruega, Dinamarca, Gran Bretaña, Holanda) representa -en contraste con los bárbaros y execrables sistemas feudales afroasiáticos- el noble punto de concordia y de continuidad para el desarrollo pacífico de todas las formas de libertad espiritual y jurídica y de socialización y redistribución económica que el tiempo exige, nos impide admitir la posibilidad -evocada, no obstante, con complacencia por personajes vanos y aduladores, de mentalidad frívola y antisocial, ajena al siglo y a la realidad patria, pero no siempre oportunamente desautorizados- de que la futura Monarquía española se disponga a burlar los derechos esenciales reconocidos al hombre en el siglo XX y formulados en la Carta de las Naciones Unidas, organismo al que pertenece España.
El respeto que sentimos por nuestra propia Historia, a lo largo de la cual encontramos momentos gloriosos en que España no sólo está al nivel del progreso espiritual y político europeo sino que incluso inspiró con su ejemplo algunos de sus más notables avances en este tiempo -ya que hemos sido, en cierto sentido, la más antigua Democracia del Continente- nos han impedido siempre conceder autoridad definitiva a las declaraciones de esos sujetos indudablemente ciegos en su egoísmo de clase, en sus aspiraciones teocráticas, o en sus ambiciones de monopolio del poder y de la economía pero ignoran las violentas y, a la larga, arrolladoras reacciones populares que sus reaccionarios y utópicos proyectos provocarían. Tales declaraciones, en efecto, pronostican una Monarquía «no liberal ni parlamentaria». ¿Qué pueden significar estas palabras, en abierta contradicción con vuestras liberales declaraciones de Lausanne de 1945, felizmente repetidas hoy, doce años después, en el mismo lugar, sino un apartamiento funesto de nuestro país respecto del clima político y del ritmo social europeo, para acercarlo fatalmente a los indicados feudalismos afroasiáticos?
Finalmente, el respeto que sentimos, sobre todo, por nuestro pueblo, por nuestro generoso pueblo, que viene sufriendo una de las más opresoras y sofocantes Dictaduras de su Historia, nos impide admitir la idea de que sus padecimientos morales, materiales e intelectuales vayan a prolongarse en la Institución que suceda al presente Régimen, cosa que fatalmente ocurriría si dicha Institución no incluyera desde el primer momento entre sus bases jurídicas -en la Constitución- el reconocimiento explícito de aquellos derechos, hoy hollados, por cuyo ejercicio solamente puede el pueblo empezar a salir de esos padecimientos: de los morales, mediante las garantías ciudadanas y el respeto por el Estado de sus costumbres, religión, ideología y aspiraciones; de los materiales y económicos, mediante la libertad sindical, el derecho de huelga; de los intelectuales, por último, mediante el derecho a buscar la verdad y discutir racionalmente las opiniones, en lugar de tener que aceptar de modo humillante la «verdad oficial» y la consigna.
3. Nuestra fe en la posible armonía de Monarquía y Democracia mantiene aún en pie, aunque conmovida por la actitud de las camarillas reaccionarias y la irresponsabilidad de los monárquicos «profesionales».
Estos tres respetos, Alteza, a la Monarquía moderna, a nuestra mejor tradición y al pueblo, merecedor de mejor suerte que la actual, unidos en uno -el respeto a España, en su pasado y, sobre todo, en su presente- mantienen aún en pie nuestra fe -cada día más fuertemente conmovida, sin embargo, por las maniobras de camarillas reaccionarias y las frivolidades y alegrías de cortesanos precipitados y, sin duda, irresponsables en las posiciones que se desprenden de sus artículos (aunque dicen representar la de V. A.)- en la posibilidad de conciliación y de armonía de estos términos: tradición y modernidad, continuidad hereditaria y progreso, Monarquía y Democracia, Corona y Justicia Social.
4. Si esa fe fuera defraudada por las acciones o las omisiones de V. A. o sus representantes, las nuevas generaciones se apartarían bruscamente de la forma monárquica.
Si esa fe fuera defraudada por los actos futuros de la Monarquía -antes o después de una eventual instauración de la misma-, por las actitudes o declaraciones improcedentes -no debidamente rectificadas o desautorizadas- de quienes dicen representar a V. A., o por vuestras mismas omisiones -en estos momentos críticos en que la transición angustiosa de nuestro pueblo hacia la libertad, abierta por la acción valerosa de los nuevos grupos católicos, sindicalistas, liberales y socialistas, reclama alguna forma de manifestación prometedora por parte de quien se atribuya la grave responsabilidad de suceder al actual sistema-, entonces -hemos de declararlo con la mayor franqueza- la voluntad unánime de las nuevas generaciones españolas, con su enorme capacidad de arrastre, de entusiasmo y de lucha, se apartaría violentamente de la solución monárquica que hoy aún, gracias a la serenidad y prudencia a que le lleva su patriotismo, considera como una de las posibles, para inclinarse sin remedio, sin posible vuelta atrás, hacia formas no tan superadas y descartadas en el ánimo de los españoles como parece suponer V. A. en las declaraciones que acaba de hacer en Estoril y ha publicado Le Figaro.
5. Son pocos los monárquicos o republicanos «a priori». Por ello, en la insoslayable consulta popular, triunfará la forma de gobierno más apta para el logro de la reconciliación nacional, las libertades y garantías democráticas y la justicia social.
La juventud española -especialmente la universitaria-, y grandes sectores del país no sienten hoy -es preciso confesarlo- demasiado entusiasmo ante la perspectiva de una Restauración Monárquica. Esto no significa en modo alguno que, pasando al extremo contrario, sientan grandes entusiasmos por una nueva República. Hay sus excepciones para lo uno y para lo otro. Pero, en líneas generales, las generaciones que salen con reacción violenta de la morfina de los mitos totalitarios y nacionalistas, imperiales y mesiánicos, no sienten inclinación alguna hacia nuevos mitos, ni están dispuestas a entregarse, sentimentalmente y «a priori», al culto exclusivo de una forma, cuyo contenido social efectivo, circunstancias concretas y contrapartida real en la España de hoy no hayan podido aún analizar racionalmente, en parte por faltarles datos que los propios protagonistas o sostenedores de esas formas no saben ofrecerles. Mirando a la mayoría de quienes, en esas generaciones, sienten preocupación por el destino de nuestra nación, puede comprobarse que para los jóvenes el problema de España consiste, ante todo, en la restauración de las libertades y derechos humanos esenciales, pisoteados por la Dictadura, en la reconciliación nacional y en la solución justa -con justicia distributiva- de los problemas económico-sociales del país, dentro de un sistema que permita la estable convivencia de todos los españoles, cualquiera que sea su clase social, ideología o tendencia política. La forma de gobierno que aparezca más apta, en los presentes momentos y teniendo en cuenta las circunstancias concretas que vayan a rodear en España a cada una de ellas, para la satisfacción de estos fines esenciales será la preferida a la hora de llevar a cabo la insoslayable consulta nacional, preámbulo necesario para la continuación normal de la Historia de España, después del anormal paréntesis de división y retroceso que comienza en 1936.
6. Una Monarquía que pretenda durar y un Rey que aspire a llamarse «Rey de todos los españoles» no pueden apoyarse en los Generales, sino en una Constitución democrática, en la alianza de los Partidos, en la fe de las nuevas generaciones que quieren un Estado por encima de los bandos de la guerra civil.
Cara a esa futura consulta nacional, y contando con esta posición de ecuanimidad y de prudencia de las nuevas generaciones, que quieren ver superado el espíritu fratricida de la guerra civil y la lucha banderiza por discutibles legitimismos -posición que los grupos políticamente organizados y conscientes contribuimos cuidadosamente a mantener al abrigo de las pasiones y de los irracionalismos- la solución Monárquica y V. A. como Pretendiente tienen mucho que ganar, enfrentándose valientemente con la áspera realidad del país. Reafirmando, frente a las insidias de las camarillas de clase, la decisión noble y hermosa de ser «Rey de todos los españoles» (esto debe ser algo más que palabras). No renegando nunca de su posición liberal de principio -como hombre de formación moderna que V. A. es-, en cuyo mantenimiento, según declaró V. A. a nuestro amigo X. X. recientemente «su honor está empeñado». Dialogando con todos, no superficialmente, sino a fondo, de los problemas nacionales pendientes. Preparando la armonía fundamental entre los Partidos, regulada por una Constitución, y situándose por encima de ellos: pues aquí residirá la clave de la estabilidad de la España del mañana.
Entonces, Alteza, no lo dudéis, esa actitud no de hostilidad, pero sí de frialdad y de reserva de las nuevas generaciones y de extensos sectores del país hacia la Monarquía, que sería suicida ignorar o infravalorar, puede transformarse en una actitud de abierto entusiasmo, colaboración y adhesión, que hará desde el primer momento de la Monarquía -y, esto no pueden lograrlo los Generales- una Monarquía joven, fuerte, reformadora, moderna, alegre y verdaderamente popular. Eso -o todo lo contrario- son cosas que están aún en vuestra mano, Alteza. No está en Franco, en los Generales ni en los viejos cortesanos vuestro problema ni la esperanza de España. Vuestro problema está en la confianza del pueblo y de las nuevas generaciones. No verlo así es prepararse a ver nacer muerta la Institución, preparar la República. Pero la decisión debe tomarse hoy mismo. Los acontecimientos de España avanzan más aprisa de lo que parece. Y el tiempo no vuelve atrás.
7. Las cosas de nuestro país que V. A. sabe o debe saber.
Vuestra Alteza conoce a fondo, sin duda, algunos de los aspectos más graves de la actual crisis social, por lo tanto, hechos como los siguientes:
a) Que, según estimaciones oficiales, el déficit de viviendas para comienzos del año 1958 se eleva a la cifra de 1.067.452 viviendas, y que España sigue ocupando el último lugar entre los países de Europa, en lo relativo a viviendas construidas por mil habitantes (en 1954, 1,6 viviendas por 1000 habitantes España frente a 10,9 Alemania).
b) Que, según estimaciones oficiales, el déficit de escuelas se eleva a 25 mil, mientras que 17 mil más necesitan urgente reparación. Que hay más de 4 millones de analfabetos oficialmente confesados, mayores de 10 años, y que, en el curso que ahora comienza, un millón de niños no podrán ir a la escuela por no tenerla, según confesión del Director General de Enseñanza Primaria.
c) Que el consumo medio de carne en España fue, en 1955, de sólo 12 kilos por habitante en la zona rural y 17 en la urbana, según estimaciones del Banco Central, frente a un consumo nacional medio de 28,4 kilos por habitante en 1933. Que el consumo medio de azúcar no ha alcanzado aún, en ninguno de los años del Régimen de Franco, los 11,5 kilos por habitante de 1932, ni el de tejidos de algodón los 3,7 kilos por habitante de 1932.
d) Que la capacidad adquisitiva del salario del obrero español es, en media, tan baja, que, según datos del mismo Banco Central, éste debe trabajar una hora para ganar lo equivalente a un kilo de pan, que cuesta, sin embargo, 11 minutos de trabajo a un obrero suizo, 12 a uno inglés, 19 a uno holandés, 21 a uno francés. Esta capacidad adquisitiva no sólo es la más baja de Europa -como acaba de reconocerse en el mismo semanario norteamericano Time, número del 16 de Septiembre, páginas 32-34, al explicar las huelgas de los astilleros de Bilbao- sino, además, muy inferior a la que tenía ese mismo obrero antes de la guerra. Así, en 1931, había metalúrgicos con un jornal de 16 ptas., equivalentes a cuatro kilos de carne, que costaba cuatro ptas. kilo, mientras que hoy oscila entre 36 ptas. (un peón) y 60 ó 70 como máximo uno especializado.
e) Que nuestro sistema ferroviario se halla en un estado más lamentable aún que antes de la guerra, de 1936-39, con 2,43 vagones de mercancías por mil habitantes en 1954 frente a 3,12 en. 1935; y con 12 mil kms. de carriles de más de 20 años de vejez, de los cuales 6 mil tienen más de 30 años. Y que a multitud de servicios públicos les ocurre lo mismo (transporte urbano, carreteras provinciales).
f) Que la migración interior progresa en la Península a pasos agigantados (rivalizando con la emigración transoceánica -60.000 españoles anuales- y con la exportación de mineros, segadores y vendimiadores, de carácter permanente o temporal, a Bélgica o a Francia), por la miseria de grandes sectores de población campesina, que huye de modo anárquico y desorganizado a las ciudades, donde forma suburbios infectos, con chabolas improvisadas. Y que un día apareció, pegado a la Plaza de Toros de un gran pueblo del Sur, abandonado casi completamente por sus habitantes, un inmenso cartel que decía: «Se vende este pueblo».
Vuestra Alteza sabe, sin duda, muchas cosas más de esta clase, que son las que deben preocupar a un verdadero Rey, y a un Pretendiente que merezca serlo. Y le informaremos de otras, que constituyen un problema bastante más importante que las nostalgias de unos cuantos cortesanos egoístas o las disquisiciones irreales, escolásticas y bizantinas sobre el modo de volver a rehacer la sociedad de la Edad Media, entre los teóricos de la Restauración de la secta llamada «Opus Dei». Ahora la pregunta grave que debemos formularle, exigiéndole una respuesta pública, precisa y definitiva a la que, como españoles, tenemos derecho, es ésta: ¿Permitirá Vuestra Alteza que bajo su eventual reinado se prolongue, con el rótulo de «tradicionalista», un sistema oligárquico que se burla así del «interés social»? ¿Permitirá Vuestra Alteza que bajo la «nueva» Monarquía -que se pretende recibamos como «liberadora» de la Dictadura actual- sigan poniéndose a la venta los pueblos de España?
8. Hay que sustituir el clima de frivolidad egoísta de las camarillas cortesanas, de espaldas al pueblo, por un clima de austeridad, de responsabilidad, de conciencia de las necesidades populares.
Es verdaderamente urgente, si la Monarquía no quiere practicar una funesta política del avestruz que anularía sus posibilidades de éxito desde antes de nacer, que desde ahora mismo sus representantes más responsables -y V. A. a la cabeza- se dediquen celosamente a deshacer el falso clima de facilidad y de optimismo -sin duda contagio del Régimen franquista- que rodea a las manifestaciones de carácter «restauracionista»: «España sin problema», «Invitación deliberada al optimismo político» y expresiones de este tipo. Es preciso que se cree en torno al futuro -eventualmente monárquico, acaso republicano- de España, no sólo el indispensable ambiente de liberalismo y de modernidad, de europeísmo, democracia y progreso de que ya hemos hablado, sino, además, un sano ambiente de austeridad en el Estado y las clases altas, de sacrificio nacional, de modestia, de administración sobria, transparente y abierta al examen y a la crítica, necesario prólogo a la confianza nacional y a la solidaridad cordial entre las clases sociales que una Monarquía que aspire a ser verdaderamente popular debe patrocinar.
9. Es precisa una declaración pública de Vuestra Alteza, para que el país sepa a qué atenerse.
Queremos estar seguros de que éstas son, Alteza, vuestras ideas y propósitos, y de que es con este bagaje como pretendéis presentaros ante el tribunal último de la soberanía popular, el único que puede confirmar definitivamente vuestra legitimidad de ejercicio. Tenemos algunos testimonios de que así pensáis. Esto es lo que nos impulsa a escribiros. Porque creemos firmemente que no bastan, en tan críticos momentos, (y cuando el Dictador acorralado juega al equívoco, manejando hipócritamente la prensa) las declaraciones privadas. Es preciso ya que os dirijáis a la Universidad, a los Partidos, a las nuevas generaciones, al pueblo entero, vencedores y vencidos, católicos y ateos, ricos y pobres, liberales y socialistas, en un mensaje valiente, explícito y definitivo, de reconciliación nacional. Este mensaje debe incluir la afirmación tajante, sin equívocos, del carácter liberal, democrático y progresivo de la Monarquía que aspira a continuar la Historia de España, presentándose como condición insoslayable al plebiscito de la nación. En estas condiciones -y sólo en éstas- podrías contar con el apoyo y el respeto de Europa y del mundo civilizado y democrático y unir a los españoles de todas las condiciones y tendencias en una auténtica esperanza.
10. Sea cual fuere la evolución de los acontecimientos y el proceso de liquidación de la Dictadura, las nuevas generaciones democráticas españolas no tolerarán nunca la violación de los derechos fundamentales del ciudadano y el desconocimiento de la soberanía popular.
Sabemos, Alteza, que no os dejáis engañar por los sofismas antidemocráticos de la Dictadura, y que valoráis en toda su enorme presión potencial las aspiraciones de libertad y de redistribución, de sindicalismo libre y de libre juego de los partidos políticos en que convergen los más diversos sectores nacionales, cansados de tiranía oligárquica. Pero, ante la eventualidad de que vaciléis en esta actitud, por la insistencia, el halago o la coacción de una minoría absolutista y sectaria, nos sentimos en la obligación moral de advertiros, de una vez para siempre, con el máximo respeto, pero con la máxima energía también. Las nuevas generaciones democráticas, los grupos que en la Universidad, en la vida intelectual y profesional, en los talleres y fábricas, en los seminarios religiosos e incluso en las Academias Militares van entrando progresivamente en la lucha, pública o clandestina, por la libertad y la dignidad de nuestro pueblo, están dispuestos a servir la unidad y la legítima autoridad, a luchar en el futuro a través de los cauces legales, si éstos se les ofrecen, en una España democrática. Están dispuestos hoy a apoyar toda solución incruenta que facilite el pasó a esa España. Pero hoy, mañana y siempre, volverán a arriesgar frente a cualquier Dictadura -y están demostrando que saben hacerlo- profesión, libertad y fama, volverán a encararse con la cárcel y con el exilio, volverán a levantar la Universidad, las fábricas y la calle, si alguno de los derechos esenciales del pueblo fuera burlado, si de nuevo se intentara escamotear la democracia y la libertad o violar la Constitución como lo hizo vuestro antepasado Fernando VII. En cuanto a la Universidad concretamente, vuestro difunto padre, don Alfonso XIII os habrá ciertamente informado de lo importante que es para un Rey tener en ella buena prensa.
Preocupaos por tener esa buena prensa, Alteza. No lo descuidéis. En lugar de polemizar con el fantasma de una posible República, declarad públicamente lo que vuestra Monarquía podría ser. Romped abiertamente con FRANCO. Ganaos ante el país la legitimidad de ejercicio.
A los pies de Vuestra Alteza.
MIGUEL SÁNCHEZ-MAZAS
Astucias gallegas
Cara al Atlántico, habiendo dejado atrás las rías gallegas, desde un yacht de lujo, un hombre más bien rechoncho, vestido de blanco, buscaba en el horizonte con su catalejo la presencia de otro «yacht». Este último debía tener por nombre «Saltillo» y su pasajero más eminente un apellido francés y un título catalán: D. Juan de Borbón, Conde de Barcelona. El yate que había zarpado de Galicia se llamaba el «Azor» con su propietario, «de cuyo nombre no quiero acordarme.»
La entrevista ha tenido lugar. ¿Con qué objeto? Difícil resulta dilucidar los propósitos del Pretendiente al trono. Su mentís de Lausanne, al día siguiente de las declaraciones del Sr. Carrero Blanco, daba a creer en la solidez de sus posiciones. Hay más; cuando recibió en Rapallo a una delegación de la Agrupación Socialista Universitaria, que le exhortaba a ser un rey demócrata y «de todos los españoles», su respuesta no fue enteramente negativa, aunque se permitió añorar «unos socialistas como los de Noruega». Después de la entrevista gallega, hábilmente tejida por manos de los Calvo Serer y Ruiseñada, su actitud da mucho que pensar. Inútil añadir que esto ha caído como una ducha helada entre los numerosos medios de Madrid -no sólo los que integran la Agrupación Socialista Universitaria- que soñaban con «un rey constitucional de todos los españoles». Se oyen juicios muy duros que, por supuesto, vale más no repetir.
De la otra parte, los propósitos no por sibilinos dejan de estar claros. El régimen necesita, por encima de todo, mantener la ilusión de una Restauración con objeto de embotar las armas de la oposición. Aunque discrepemos radicalmente de sus fines y de sus métodos, no puede negársele el derroche de habilidad que viene haciendo desde aquellas lejanas épocas en que cedía la prensa y la policía al nazismo mientras vendía la mayoría del Wolfram a los aliados. La diplomacia oficial, tan gallega como la canción de «la farola de Tajuña», está como ésta «partida en dos cachos.» Este juego de balanzas y dosificación es la tabla de salvación del régimen en un momento en que se han enajenado las simpatías de toda la nación.
Habilidades
En el orden de la política interior este engranaje de habilidades parece estar alcanzando otra etapa. Durante los últimos meses ha proseguido la liquidación de Falange como entidad política con visión política propia. La última disposición, adoptada en vísperas de la reapertura del curso es la «apolitización» del S.E.U., o mejor dicho, su desgajamiento de Falange y su sumisión al Ministerio de Educación de quien dependerá, en lo sucesivo, el nombramiento de mandos.
Al realizar esta política el régimen ha parecido apoyarse en «Opus Dei» que, desde luego, controla más de la mitad de puestos claves en la administración, la enseñanza y la propaganda. La teoría del «reino social, representativo y tradicional» corre también a cargo de los teóricos del «Opus». Sin embargo, el «Opus» es eminentemente antipopular; la «operación Ullastres», llamado el «abominable hombre de las nueve», tenía corto alcance y está finiquitando. Todo esto se olfatea en El Pardo, así como la actividad de algunos antiguos falangistas entre los obreros, sin temor a unir sus esfuerzos a las organizaciones obreras tradicionales hoy clandestinas. El socorrido truco del «sindicalismo» parece que entra ya decididamente en los planes gubernamentales. ¿De qué se trata? De no apoyarse exclusivamente sobre el «Opus», haciendo que su influencia sea contrapesada por un movimiento «sindicalista». La idea no es nueva y hace tiempo se había señalado a Girón como la persona más adecuada para llevarla a la práctica. Pero su momento ha pasado ya. Hoy es Solís el hombre de confianza a quien se le encarga esta misión. La tarea no es fácil pues hacer sindicalismo dócil en España es tanto como jugar con fuego. El primer obstáculo a salvar eran las elecciones sindicales que, en su primera etapa (enlaces de empresa y representantes en jurados de empresa) ha tenido lugar estos días. La oposición de todas clases se había preocupado de estas elecciones. Entonces, los medios oficiales han ideado la consigna de «Votad al mejor», difundida por medio de una copiosa propaganda. El objeto de esta consigna era estimular la multiplicación de las candidaturas, es decir, su «atomización», a fin de disgregar los votos de la oposición y obtener el triunfo de los «sindicalistas» domesticados que, en realidad, no pueden contar con la mayoría de votos en ninguna empresa.
Es pronto para saber si la maniobra ha conseguido su objeto, pero se sabe ya que los votos han sido muy disgregados y que ciertos enlaces y jurados han resultado elegidos con tan sólo una docena de votos.
La segunda astucia, pues, podría ser la representada por el binomio Opus Dei-Sindicalismo.
Al mismo tiempo se quiere aparentar una disminución de la represión. La.libertad provisional concedida a Ridruejo y a la inmensa mayoría de los con él encarcelados entra dentro de este plan, aunque parece ser que estas libertades le han sentado muy mal al teniente general, Camilo Alonso Vega, ministro de la Gobernación. Por cierto que la única libertad denegada ha sido la de Fernando Baeza que sigue siendo huésped de la cárcel de Carabanchel, y no nos explicamos esta retención, como no sea debida a la circunstancia de haber tenido un padre que fue calificado republicano.
Equilibrios económicos
La tercera fase del juego de equilibrios pertenece al aspecto económico, donde el Gobierno se esfuerza por contentar, más con declaraciones que con hechos, tanto a los empresarios partidarios de la libertad económica y de un cierto liberalismo, como a los grupos interesados en mantener una política económica que tiene más de lo primero que de lo segundo. Fue Gual Villalbí a Portugal enarbolando no sólo el programa del mercado común europeo sino también una flamante creación de las mentes oficiales: el mercado ibérico. Allá le hicieron muchas recepciones y tuvo entrevistas sin cuento, pero los portugueses no quisieron saber nada de ese mercado ibérico. En cuanto al europeo, Gual Villalbí regresó diciendo que podría ser perjudicial para la industria española. No sé qué desventurado, de la Dirección General de Prensa, tuvo la ocurrencia de cursar instrucciones para que se escribiesen artículos reticentes sobre el archifamoso mercado europeo que ahora resultaba tachado de no ser tal, sino privativo de seis países. La cosa cayó muy bien en ciertos medios de negocios, pues coincidía con un ataque en toda regla en el seno del Comité Español de la Liga de Cooperación Económica Europea, llevado por los economistas Sres. Prados Arrarte y Fuentes Irurozqui. Por otra parte, se empezó a decir en los corrillos financieros que eso del Mercado Común solamente favorecía a Alemania, único país cuya potencia industrial puede permitirle el lujo de reírse de los aranceles protectores.
Los discursos de Avilés
En éstas estábamos, cuando se inaugura con toda pompa el combinado siderúrgico de Avilés. Sus pesetas ha costado, pero al fin y al cabo es obra cuya importancia para la industria pesada española nadie puede negar. El Caudillo pronunció su consabido discurso en el que aparte del lado pintoresco de dirigirse a Suances recordando que «le habían llamado Julio Verne», echó un jarro de agua fría a los contradictores del mercado común y, para no faltar a la costumbre, desmintió una vez más al bueno del Sr. Gual Villalbí. Ahora resulta que España es ya una potencia industrial y que debe ir al Mercado Común Europeo para competir con otras naciones. Todo lo cual no le impide de estar ultimando la importación de aceros y máquinas... de Checoslovaquia!!!
Aquello de Avilés fue el apoteosis, pues el «Julio Verne» en cuestión, se despachó con otro discursazo afirmando las ventajas del I.N.I. (Instituto Nacional de Industria) y dejando claro que lo de vender acciones del I.N.I. a los particulares había sido un error felizmente no consumado. Seguirán, pues, las inversiones cuantiosísimas del Estado en empresas cuya grandiosidad no implica siempre conveniencia al actual estado económico de España. Y seguirá la inflación, y la baja de la peseta, si Dios no lo remedia, ya que el Gobierno y sus numerosas comisiones económicas no parecen dispuestos a remediarlo.
Un día de vida es vida
Verdad es que el Gobierno ha creído hallar un respiro mediante su entrada por la puerta falsa en la O.E.C.E. al recomendar este organismo a sus Estados-miembros que sustituyan los acuerdos bilaterales con España por acuerdos colectivos. Esto permitirá una utilización triangular de divisas hasta ahora inutilizadas, pero la situación es tan apurada que no se sabe si el remedio llegará demasiado tarde.
Por si faltara poco, la cuestión de la retirada de la peseta del Norte de Marruecos no se acaba de ultimar. Pero la lentitud no es debida ahora a los españoles sino a los marroquíes. Éstos se dan cuenta de que la peseta se está cotizando ahora a un 20 por 100 menos aproximadamente que hace dos meses y aunque en Madrid se niega la posibilidad de una devaluación, en Rabat se cree que ésta no tardará en producirse. Se trata pues de hacer arrastrar las negociaciones dos o tres meses aún hasta «ver qué pasa».
Por otra parte, está la cuestión de Ifni, pero ahí el Gobierno español está dispuesto a no ceder ni un milímetro. Al parecer así se lo ha hecho saber el Sr. Castiella, en forma muy respetuosa, a S. M. Mohamed V en la entrevista que hace poco celebraron en Tánger.
No necesitamos añadir que la astucia gallega despliega en esto, como en toda la política exterior, lo mejor de sus dotes. Buena ocasión tendrá de lucirse en la Asamblea General de la O.N.U. ante la querella franco-árabe que se avecina. La delegación española es lo menos «extremista» posible y responde muy exactamente al tono «equilibrista» del Gobierno. Y sin embargo, ¡qué diantre!, habrá que definirse.
Habrá que definirse
Definirse, es vocablo que conviene también a las fuerzas de oposición. Hasta ahora lo que podríamos llamar su estilo político es más bien el del contra-ataque, sin excluir los franco-tiradores intelectuales. En este último género podríamos incluir la intervención de un profesor de la Facultad de Filosofía de Madrid en las Jornadas Católicas Internacionales de San Sebastián, con objeto de estudiar el lenguaje. Partiendo de algo tan sutil como un debate sobre el vocabulario, el citado profesor abordó la gran cuestión de un catolicismo renovado. Según él, hay que terminar con el catolicismo clerical e intransigente, sin caer por eso en las concepciones liberales o socialistas que él cataloga dentro del ateísmo. Su objeto es, sin duda, la formación de un movimiento católico social de izquierda del que ya hemos hablado en otras ocasiones. Falta saber si tendrá éxito, porque el Centro Nacional de Propagandistas de Acción Católica (que acaba de integrar a su dirección a D. Javier Martín Artajo) no descuida una ocasión para desplegar su actividad «centrista», un poco también en el estilo de contra-ataque. El último ejemplo lo tenemos en la disposición oficial declarando ilícita la domiciliación en Madrid de nuevas personas e incluso disponiendo que sean reexpedidas a sus provincias de origen numerosas familias que viven en chabolas y cobertizos de la más diversa naturaleza. «Acción Católica» ha puesto el grito en el cielo, apoyada por varios sacerdotes de los suburbios. Su tesis es la siguiente; existen miles de trabajadores decentes, con un medio regular de vida, obligados a vivir en chabolas por la crisis de la vivienda; no hay derecho a molestar a estos trabajadores, y eso por dos razones: una de orden social y la otra de orden jurídico, ya que el «Fuero de los Españoles» establece, en su artículo 14, el derecho de todos los españoles a elegir libremente su domicilio. Como se ve la polémica es de talla, aún partiendo de un hecho en apariencia insignificante. «Acción Católica» prosigue la campaña iniciada hace meses para que el «Fuero de los Españoles» no sea, como hasta ahora, un pedazo de papel mojado. Si los «grises» (policía armada) desalojarán o no a los chabolistas queda aún por saberse, pero el Estado Mayor del catolicismo español marca una posición más para tejer su programa del futuro inmediato. ¡Aunque sea a base de ese liberalismo tan frecuentemente denostado!
Otra de las maneras de manifestarse que tiene la oposición son las emisiones de radio desde otros países. No cabe duda que el número de radio-escuchas ha crecido hasta el punto de inquietar al Gobierno. En una reunión del Consejo de Ministros de hace unas dos o tres semanas, el Sr. Arias Salgado, presentó un informe sobre el particular, señalando su peligro creciente y la necesidad de tomar «cartas en el asunto». Ya en el mes de enero se votó un crédito extraordinario para la interferencia de emisiones clandestinas de radio, la cual pareció dar buenos resultados. Ahora, parece ser que las interferencias son burladas más fácilmente. Se trata, pues, de hacerles frente y además de contrarrestar la propaganda. Pero este segundo aspecto es mucho menos fácil.
En fin, la crisis que viene produciéndose desde hace un año en la llamada «izquierda» falangista, se acentúa por momentos. Algunos de sus miembros parecen simpatizar con los sectores socialistas; otros creen que es posible batirse aún en el terreno sindical. Ciertas personalidades como Romero, director de Pueblo, se contentan con publicar artículos violentos (uno hace pocos días sobre «libertad y bien común») sin abandonar una prensa que ya no es falangista sino «oficialista».
Definirse es, sin disputa, tarea esencial de unos y otros en esta «primavera otoñal» como gustaba decir Machado, refiriéndose al renacer de la vida en el octubre madrileño. Definirse es decidirse y la Historia, implacable con sus protagonistas, va a poner en este duro aprieto a unos y otros. El «vivir para ver» que tiene un regusto árabe toma ritmos europeos y se cuenta ya por meses.
TELMO LORENZO
Madrid, octubre 1957.

(Esta hoja es reproducción exacta del folleto impreso por la Juventud Obrera Católica, repartido entre Jóvenes Trabajadores, y agotado. ESPAÑOL, JOVEN OBRERO, ESTUDIANTE, CATÓLICO, copia y difunde esta hoja que expone la SITUACIÓN GRAVE Y ALARMANTE de la JUVENTUD OBRERA en este momento de altísimo coste de la vida y de represión de las exigencias más elementales para la VIDA y DIGNIDAD de la gran masa de nuestros trabajadores. Apoya, como buen español, la causa de tus hermanos y compatriotas, que es tu propia causa, la causa de ESPAÑA. Contribuye a formar una conciencia nacional de los graves problemas del momento).
JOVEN TRABAJADOR: ¿Cuál será nuestra aportación del mañana a España?
DIGNIDAD, CULTURA, SALARIO
Primeros resultados de nuestra campaña nacional
Nosotros, los Jóvenes Trabajadores, que durante más de ocho meses nos hemos esforzado particularmente en responder a esa exigencia íntima que llevamos dentro de nosotros mismos por vivir nuestra DIGNIDAD personal, hemos descubierto la dificultad que para lograrlo supone el grado de incultura en que nos encontramos, la insuficiencia de salario y la carencia de unos determinados servicios sociales.
Muchas veces oímos decir que «somos la esperanza del mañana». Por ello, conscientes de nuestra responsabilidad, queremos alertar a toda la CLASE OBRERA, Autoridades, Instituciones y Opinión Pública en general de la VERDADERA SITUACIÓN DE LA JUVENTUD TRABAJADORA -ciertamente alarmante-, tanto en el presente como para el futuro de España.
Por todo ello, pedimos a la SOCIEDAD en general urgentes medidas para la solución de estos problemas, y a toda la JUVENTUD TRABAJADORA en particular que adquiera conciencia de que la verdadera elevación está, de una manera especial, en nuestra misma acción, y en nuestro esfuerzo solidario.
UN PRIMER SONDEO realizado sobre 40 mil cuestionarios repartidos por toda España con motivo de nuestra campaña nacional, nos ha permitido DESCUBRIR:
-LA NECESIDAD ECONÓMICA DE MUCHAS FAMILIAS, QUE OBLIGA A QUE SUS HIJOS ENTREN A TRABAJAR ANTES DE LOS CATORCE AÑOS, con lo que el analfabetismo y la insuficiente instrucción primaria hacen muy difícil la elevación humana y cristiana de la Juventud Trabajadora, al impedir, de hecho, una sólida capacitación profesional y la posibilidad de que el joven obrero haga respetar eficientemente su DIGNIDAD.
-LA FALTA DE UN JORNAL PROPORCIONADO AL COSTE REAL DE LA VIDA ACTUAL, que impide con mucha frecuencia una alimentación suficiente, una formación cultural adecuada y el necesario ahorro para la formación del hogar futuro.
-EN LAS ZONAS INDUSTRIALES, UNA JORNADA DE TRABAJO LARGA Y AGOTADORA, que hace que los tiempos libres de que dispone el Joven Trabajador sean más un medio de evasión y embrutecimiento que de formación y diversión sanas y educativas.
-UN GRAN PARO OBRERO, FUNDAMENTALMENTE EN ZONAS AGRÍCOLAS -CONTRATOS EVENTUALES, SISTEMÁTICAMENTE RENOVADOS- LA HABITUAL PROLONGACIÓN DE LA JORNADA DE TRABAJO, ESPECIALMENTE EN EL COMERCIO, SIN LA CORRESPONDIENTE, cuyas principales consecuencias son la sensación de inestabilidad en el empleo, y debido al temor de la pérdida de este, una actitud servil, que anula todo espíritu de reivindicación justa y de superación.
-LA INSUFICIENTE PREPARACIÓN RELIGIOSA, MORAL Y CÍVICA DE LA JUVENTUD TRABAJADORA, que nos impide tener criterios personales y adoptar posturas propias ante nuestros problemas de vida, y asumir el día de mañana, con garantías, las responsabilidades de la vida adulta dentro de la SOCIEDAD.
¿PODEMOS ELEVARNOS ASÍ LOS JÓVENES TRABAJADORES?
ANTE ESTA SITUACIÓN AFIRMAMOS:
-NOSOTROS, LOS JÓVENES TRABAJADORES, que hemos sido llamados a colaborar en la obra creadora y redentora de Dios por medio de nuestro trabajo, cumpliendo así una vocación divina y humana.
-NUESTRA CONDICIÓN DE PERSONAS E HIJOS DE DIOS, CON UNA DIGNIDAD INVIOLABLE.
Y COMO ORGANIZACIÓN DE IGLESIA EN EL MOVIMIENTO OBRERO,
LA JUVENTUD OBRERA CATÓLICA, EN NOMBRE DE LOS JÓVENES TRABAJADORES, PIDE:
LA RÁPIDA INDUSTRIALIZACIÓN DE LAS ZONAS ESPECIALMENTE AFECTADAS POR EL PARO, no desentendiéndose, al hacerlo, de los problemas humano-sociales que esto plantea: migración, concentraciones humanas, etc.
DESDE EL PUNTO DE VISTA PROFESIONAL, que se intensifique todo lo posible la aplicación de la LEY DE FORMACIÓN PROFESIONAL INDUSTRIAL, con la creación de un mayor número en sus grados de pre-aprendizaje, aprendizaje y maestría; una atención especial al problema de la orientación profesional de todos los aprendices; cursos de formación profesional acelerada; cursos de extensión cultural para obreros.
Que LA SEMANA DE TRABAJO DEL APRENDIZ SEA REALMENTE DE 34 HORAS -como señala la Ley- dedicando el resto a su formación profesional, sea en Escuelas libres o en las de la misma Empresa.
QUE SEA RESPETADA LA LEGISLACIÓN LABORAL, en cuanto a calificación profesional, SALARIOS, HORAS EXTRAS, etc.
QUE SE RESPETE EL DERECHO A LA LIBRE ASOCIACIÓN, promoviendo y apoyando de una manera especial las ORGANIZACIONES DE JÓVENES TRABAJADORES DEDICADAS AL FOMENTO DE LA CULTURA.
En aguas españolas, no lejos de las costas de Galicia, se ha celebrado una entrevista entre D. Juan, pretendiente al trono de España, y el general Franco. Esa entrevista no ha dado resultados sensibles. El general Franco ha insistido en su actitud, bien conocida, de apoyar la candidatura del infante Juan Carlos para que dentro de 12 años ocupe el infante el trono de España, derrocado por la República de 1931. D. Juan, apoyado por la actitud de su hijo, ha sostenido sus derechos a ceñir en su frente la corona.
El general Franco no ha cedido un punto en sus planes, en cambio parece que ha habido una pequeña modificación en las pretensiones de D. Juan. Éste -se dice- ha llegado a ofrecer abdicar en su hijo Juan Carlos después de llevar él la corona durante un tiempo limitado. Nada se ha dicho oficialmente sobre esta entrevista, pero el resumen es: resultados nulos. El general Franco sigue con su táctica de ganar tiempo, mientras que siembra la confusión entre los monárquicos.
Pero si los resultados de esa entrevista han sido nulos, en cambio ha tenido la virtud de dar ocasión a que se manifieste la actitud de un sector importante de la juventud española, de poner al descubierto la angustiosa situación de España y de alentar la aglutinación de distintas agrupaciones en los sectores antimonárquicos.
En los grupos monárquicos reina el desasosiego, porque a las divergencias existentes ya entre ellos se agrega la inquietud de todos. Si D. Juan se somete a las exigencias del general Franco los monárquicos no pueden abrigar otra esperanza que la débil de ver en el trono un día -si ese día llega- al infante Juan Carlos. Si, por el contrario, D. Juan se decidiera a romper con Franco y apoyarse en los grupos que desean una monarquía liberal, democrática y parlamentaria, su actitud tendría que ser la de franca oposición al general Franco y a todo lo que él representa, pero los monárquicos de la fracción absolutista se apoyan en el general Franco y en algunas de las fuerzas que le sostienen. Ante este dilema, ¿cuál será la solución monárquica? ¿Aceptará D. Juan los dictados del general Franco? ¿Estará dispuesto a romper con Franco y andar por su propia cuenta?
La carta abierta que la Agrupación Socialista Universitaria le ha dirigido señala sin veladuras a D. Juan los peligros de continuar bajo la égida del general y en ella se advierte que la juventud española no tiene entusiasmo por una restauración monárquica. Las advertencias formuladas en ese escrito son claras, nobles y ajustadas a la realidad, ¿sabrá calibrarlas el conde de Barcelona? Dos soluciones, pues, se le ofrecen a D. Juan: una, seguir aliado con Franco y renunciar a sus pretensiones al trono de España; otra, romper con Franco y apoyarse en esa juventud y en la posibilidad de ganar adeptos a su causa.
¿Habrá esperanzas para la monarquía liberal y democrática? La nuestra, y con nosotros la de tantos amigos de España, está en esa opinión que se levanta en España que desea, porque la necesita, una era de paz, de libertad, de olvido de las pasadas heridas y de trabajo suficiente a sus básicas necesidades.
Ni los torneos verbales ni las astucias engañosas o apariencias equívocas pueden resolver los angustiosos problemas españoles. Estamos seguros de que España encontrará el camino que la saque de su situación actual.
Entrevista Franco-Don Juan
El jueves 19 del mes de septiembre se entrevistaron el general Franco y Don Juan, en esa entrevista estuvo presente el infante Juan Carlos. La entrevista tuvo lugar en las costas españolas, fuera de las aguas jurisdiccionales. El general Franco salió de La Coruña en la mañana del 19 en su yate Azor, en cuyo yate se encontraba el príncipe Juan Carlos y el ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Castiella, que había llegado de Tánger de una manera precipitada.
Días antes de esta entrevista se había visto en La Coruña al profesor Calvo Serer y al Conde de Ruiseñada, habituales consejeros en los diálogos entre Don Juan y Franco.
Se guarda una extrema reserva sobre lo tratado en esa entrevista. Es sabido que no existe una gran simpatía entre Don Juan y Franco, el primero no ha renunciado a sus derechos a la sucesión al trono y el segundo desea ver en ese trono, en fecha muy lejana, a su hijo Juan Carlos.
Pero según ciertas versiones sobre lo tratado en la reunión parece que Don Juan estaría dispuesto a renunciar a la corona en favor de su hijo, pero después de que él la haya llevado algún tiempo... Se ignora cómo ha acogido Franco la sugestión, pero es difícil imaginar que haya recaído acuerdo sobre este punto. En lo que parece que ha recaído acuerdo es en que Juan Carlos asistirá, de aquí en adelante, a todas las entrevistas que se celebren entre su padre y el general Franco.
Según el Daily Mail del 14 de septiembre, el 13, el general Franco convocó para las 12 de la noche, en su residencia veraniega de Galicia, al Consejo de Ministros. Se celebró el Consejo y en él se discutieron dos asuntos importantes: primero, la situación de las negociaciones con D. Juan, tratándose de la necesidad de persuadir al pretendiente de abdicar de sus derechos al trono en favor de su hijo Juan Carlos; segundo, proposiciones para devaluar la peseta.
Carta abierta a Don Juan
En la primera quincena del mes de septiembre un representante de la Agrupación Socialista Universitaria de España se entrevistó con el infante Don Juan en Rapallo. En nombre de esa Agrupación el Sr. Sánchez-Mazas dirigió a Don Juan la carta abierta que publicamos en otra sección de la revista.
Franco halaga a Rusia
El New York Times, en su edición del día 9 de este mes, inserta el siguiente telegrama:
España y Checoslovaquia
España y Checoslovaquia negocian actualmente un acuerdo comercial. D. Jorge Brosa, jefe de una misión del Gobierno español, ha formulado un pedido a la feria industrial de Brno, de maquinaria por un valor de 20 millones de pesetas (4 millones de coronas). El Sr. Brosa ha expresado el deseo de realizar próximamente otras compras, en cambio de las cuales España enviaría a Checoslovaquia, productos agrícolas, minerales, productos químicos, vinos y frutas.
El padre Olaso destituido de la UNESCO
El «padre Olaso» no es un simple sacerdote, es un ilustre canónigo español, vasco; el «padre Olaso» es el seudónimo de ese ilustre canónigo.
El padre Olaso es uno de los locutores de las emisiones francesas de la Torre Eiffel de París, el orador de mayor auditorio en España. Jamás ha realizado propaganda en pro de ningún sistema de gobierno, ni a favor de ninguna agrupación política. Sus discursos se han limitado a predicar la doctrina de Cristo y a presentar en pugna con ella el modo de gobernar del general Franco.
Uno de los hermanos del padre Olaso, también sacerdote, fue fusilado por las tropas franquistas en Vizcaya sin instrucción de sumario ni trámite jurídico alguno. El padre Olaso, que obtenía parte de sus modestos ingresos en el desempeño de un cargo en la UNESCO, ha sido destituido por exigencias de Franco.
El «muy católico» general Franco, beneficiario de la más alta condecoración del Vaticano, la «Orden de Cristo», puede apuntarse un gran éxito y la Organización Internacional para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la UNESCO, puede jactarse de su carácter apolítico.
Túnez busca armas en España
Francia, Inglaterra y los Estados Unidos se han negado a suministrar armas a Túnez. El Gobierno tunecino está en negociaciones con España para la adquisición de las armas que esos tres países le han negado.
Los tunecinos se quejan de que el Movimiento de Liberación de Argel está mejor equipado que las fuerzas nacionales de Túnez.
Desacuerdo hispano-marroquí
La prensa española comenta en sentido muy favorable la entrevista celebrada entre Castiella y Balafrej, ministros de Relaciones Exteriores de España y Marruecos, respectivamente.
Pero un despacho de Tánger, recogido por la prensa francesa, comenta el discurso pronunciado por Mohamed V en el que presentó a los franceses como un ejemplo. Esto en relación con la petición formulada por el soberano para que se retiren las tropas extranjeras que se hallan en territorio marroquí. Mohamed V ha insistido en el hecho de que sus representantes habían encontrado una perfecta comprensión por parte de Francia.
Esta afirmación cobra el valor de un ejemplo -dice Paris Presse- dado a los españoles en el momento en que su Ministro de Asuntos Exteriores ha salido de Tánger sin que sus entrevistas con su colega marroquí -antes de haber sido recibido por el Rey- parezcan haber dado el menor fruto. Los puntos litigiosos siguen objeto de controversia, ya que los españoles mantienen su soberanía sobre el enclave de Ifni y ponen mil dificultades para retirar sus tropas de su zona, así como también para sustituir la peseta por el franco marroquí.
Se sabe que las conversaciones entre ambos ministros terminaron sin que se llegara a un acuerdo preciso. También se cree saber que el ministro español ha propuesto que la cuestión de Ifni sea llevada al Tribunal Internacional de La Haya.
Violento artículo
El periódico Al Alam, órgano del partido del Istiqlal, en su edición del 2 de octubre, insertaba un violento editorial contra España invocando la tensión actual entre España y Marruecos respecto a Ifni.
El editorial dice: «Tenemos que insistir acerca del Gobierno español sobre la gravedad de la situación en las regiones ocupadas todavía por España. Ella nos inquieta tanto por el futuro de las relaciones hispano-marroquíes como por la reacción de nuestros compatriotas habitantes de esas regiones quienes, si su paciencia se le lleva al límite, podría infligir a los españoles una corrección que no podrían olvidar en mucho tiempo».
El Mercado Común Ibérico
En nuestro número anterior dábamos cuenta de la entrevista Franco-Salazar celebrada en Ciudad Rodrigo en los primeros días del mes de septiembre. En esa entrevista se trató con amplitud el problema creado por el Mercado Común Europeo. Noticias oficiosas indicaron que se había llegado al acuerdo de establecer un Mercado Común Ibérico.
Noticias posteriores dan cuenta de que, estudiadas las posibilidades por los expertos de ambos países, resulta que han llegado a la conclusión de que las condiciones industriales son prácticamente tan difíciles en un país como en el otro; una superabundancia de mano de obra, una gran inercia de capitales locales, unas condiciones difíciles en la fase de constitución de industrias de base y una producción agrícola prácticamente igual.
Pero aun quedaría por resolver, además de las dificultades anotadas, el restablecimiento de una moneda interconvertible. No parece que los portugueses están dispuestos a aceptar los riesgos de unir su moneda, que ellos califican de «moneda fuerte», con la inestable peseta española.
Son estas realidades las que llevan al Gobierno de Madrid a buscar otros caminos. A este propósito el diario YA, del 21 de septiembre, en una crónica de su corresponsal en Tánger, señala que el Mercado Común Europeo se convertirá, gracias a las buenas relaciones entre Madrid y París, en el Mercado «Euroafricano». El artículo termina diciendo: «De aquí que se diga que el entendimiento entre Madrid y París conducirá no solamente a un acuerdo cordial hispanofrancés, sino a una "triple entente", singularmente deseable entre Marruecos, España y Francia».
La peseta
A pesar de los insistentes rumores sobre la inminente devaluación de la peseta, el presidente del Consejo de la Economía Nacional de España, Sr. Gual Villalbí, ha declarado en Barcelona que los salarios no serán aumentados y ha afirmado que la peseta «no será devaluada».
Sobre el aumento constante de los precios declaró que el Gobierno se esfuerza por combatirlo con la ayuda de medidas adecuadas y ha atribuido la mitad de la culpa de ese aumento a los turistas extranjeros que compran a cualquier precio «porque España es todavía el país más barato de Europa».
Cómo se juzga al «Opus Dei»
En un artículo publicado por La Gazette de Lausanne el 17 de septiembre, titulado «Evolución española», se analiza el aspecto político de la España actual. De ese artículo insertamos lo siguiente:
Con dieciocho años de retraso
A los dieciocho años de terminada la guerra civil parece haberse dado cuenta el Episcopado español de que el deber del vencedor, sobre todo si éste disfrazó de Cruzada su agresión enarbolando la cruz, es abrir los brazos al vencido.
Con motivo del decreto que instituye la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, la revista Ecclesia de fecha 14 de septiembre, ha sumado su glosa al coro de turiferarios y dice en un editorial dedicado «A todos los caídos»:
(Recordemos a los numerosos desventurados a cuyos restos se negó sepultura por parte de los franquistas, sin que las autoridades eclesiásticas evitaran este escándalo. Y señalemos que el boletín eclesiástico de la antigua diócesis de Vitoria jamás ha dado cuenta de haber muerto los 16 sacerdotes de la misma que los franquistas fusilaron sin razón ni proceso.) (OPE)
La dictadura en España
El Times de Londres, del 19 de septiembre, ha publicado un artículo de su corresponsal especial titulado «Tensiones desintegradoras en España», del que copiamos los siguientes párrafos: