Ibérica por la libertad
Volumen 5, Nº 3, 15 de marzo de 1957


IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
Directora:
- VICTORIA KENT
Presidentes de Honor:
- SALVADOR DE MADARIAGA
- NORMAN THOMAS
Consejeros:
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- ROGER BALDWIN
- FRANCES R. GRANT
- JOHN A. MACKAY
- VICTOR REUTHER
IBÉRICA se publica el día 15 de cada mes, en español y en inglés por Ibérica Publishing Co., Inc., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. Todo el material contenido en esta publicación es propiedad de Ibérica Publishing Co., Inc. y no puede ser reproducido en su integridad. Copyright 1956, Ibérica Publishing Co.
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Ante todo, ¿qué va a ser Europa?
En estos momentos en que Europa se esfuerza por constituir una unidad geográfica, moral y económica en la que, sin confundirse, se fundan los Estados independientes que la forman, es natural que nos hagamos esta pregunta: ¿Cómo ha de ser España en esa Europa futura que se está forjando?
Para resolver semejante incógnita habría que resolver antes otra incógnita que se formula así: ¿Cómo será esa misma Europa que, entre vacilaciones, dudas y tropiezos, están modelando en reuniones y asambleas ecuménicas, unos cuantos hombres de buena voluntad -estadistas, políticos, economistas, legisladores- de diversos países europeos?...
De una manera meticulosamente concreta nadie puede saber como será esa Europa, ni aun los mismos que ponen manos a la obra de construirla, porque esa Europa va a ser la resultante, muy compleja y todavía indeterminada, de numerosas fuerzas, aspiraciones e intereses encontrados. Pero, de una manera general, puede afirmarse que, sean cuales fueren las normas, estatutos y reglamentos por los que haya de regirse esa unidad supranacional, su espíritu tiene que ser liberal y democrático, porque por ese camino, afortunadamente, va el mundo -aunque con tropiezos, paradas y retrasos lamentables- y porque en todos los congresos y asambleas internacionales que se han celebrado para ir esculpiendo la unidad europea se ha convenido en que Europa, más que una expresión geográfica, es una comunidad de civilización, de esencia cristiana, basada en el respeto a las libertades fundamentales del hombre y en el gobierno libre y la autodeterminación de los pueblos.
Si esto es así -y así es, porque una Europa reaccionaria o comunista carece de sentido, ya que precisamente la nueva Europa nace en gran parte de la necesidad de defender a los pueblos contra esas dos nefastas tendencias retrógrada y bolchevique- si esto es así, repetimos, ya existe al menos una base elemental para deducir, ajustándose a la lógica, como ha de ser España en esa Europa futura o en ese futuro europeo. Si España ha de formar parte de Europa, no tiene más remedio que armonizar con la orientación, con los principios, con la contextura política de esta Europa. Una España reaccionaria en una Europa liberal es un absurdo. Descartado el absurdo, queda una opción tajante, una disyuntiva desnuda: o España no formará parte de Europa, o la España europea habrá de ser liberal y democrática.
No se concibe a Europa sin España
¿Y cómo puede concebirse a Europa sin España, sin esta pieza maestra de la mecánica europea, sin este territorio de valor estratégico capital, sin este país que aparece como un factor siempre activo -con sus aciertos y sus errores, pero operante siempre- en todas las páginas de la Historia Universal?... Es tan inconcebible una Europa nueva, unida, federada o como haya de llamársele en suma, sin España, como esta misma Europa sin Francia, sin Inglaterra o sin Alemania. Y no sólo porque su pasado fecundo y glorioso la inviste con un derecho indiscutible a tener voz autorizada y voto calificado en la gran comunidad europea, sino, además, por las posibilidades que encierra para el porvenir.
En España ha visto, en efecto, algún filósofo observador, la fuerza moral de reserva capaz de salvar a Europa de su decadencia. Su propio primitivismo, frente a una cultura europea que no pocas veces desemboca en degeneración por exceso de refinamiento, puede ser un magnífico fermento de nueva y vigorosa vitalidad; su situación geográfica privilegiada la convierte en vigía y centinela del Mediterráneo Occidental; su población, en pleno crecimiento -ha aumentado en cerca de doce millones de habitantes desde comienzos del siglo- pesa en la balanza mundial. Por afinidad de carácter, de temperamento y de cultura, es el puente natural entre Europa e Hispanoamérica (otra de las reservas de vitalidad y fuerza moral para el porvenir). Y, en fin -y este «en fin» no quiere decir que se nos agoten los argumentos, sino que es menester abreviar -la economía de España es indispensable a Europa, como quedó sobradamente demostrado en la última guerra mundial y en el período agudo de la postguerra.

Eliminado, pues, por absurdo, el primero de los términos de la disyuntiva que lógicamente hemos empleado -o España no formará parte de Europa o España será liberal y democrática como la Europa en que se integre- no queda sino el segundo término como solución viable: España será, pues, liberal y democrática.
El obstáculo
Por consiguiente, entre España y la nueva Europa, o Federación europea no hay sino un obstáculo: el régimen antiliberal, antidemocrático, dictatorial, arbitrario que representan Franco y sus ya escasos partidarios... Esta verdad, como evidente, no necesita demostración. En cualquiera de las reuniones o congresos internacionales que desde que se firmó la paz mundial hasta hoy se han celebrado, se pone de manifiesto la incompatibilidad que acabamos de señalar. Por ejemplo, el Congreso de La Haya de mayo de 1948 proclamó en su declaración 3 que «llegó el momento en que las naciones de Europa transfieran algunos de sus derechos soberanos para ejercerlos en común en lo sucesivo, lo que permitiría la creación de una Federación de Naciones que estará abierta a todos los países que vivan en un régimen democrático». Federación -añade- que se comprometería a «respetar una Carta de los Derechos del Hombre».
Y más adelante, en su declaración 11, determina que «los regímenes que, de hecho o de derecho, no garanticen las libertades de pensamiento, de reunión y de expresión, así como el libre ejercicio de una oposición política no podrán reivindicar el derecho de pertenecer a la Federación». Y aun prescindiendo de esa declaración 11, si repasamos los acuerdos generales, de ese y de otros congresos y asambleas posteriores, sobre libre circulación de los hombres, de las ideas y de los bienes, libertad de pensamiento y de reunión, de expresión y de oposición política, advertimos que el régimen de Franco no puede adherirse a esos compromisos sin negarse a sí mismo.
No. El hombre que ha oprimido a su país, amparado por los vencidos dictadores de Alemania e Italia, y que ha protegido luego a los criminales de guerra, refugiados en España, no puede inscribirse en la Nueva Europa. Pero, sin embargo, la Nueva Europa no puede prescindir de España. ¿Qué hacer entonces? En buena lógica, el nacimiento de la Federación europea tiene que acarrear la caída del régimen de Franco.
Que el español sepa ser libre
Para que España se incorpore a la Nueva Europa es necesario, pues, que sea una nación libre y que en ella funcione una verdadera democracia... Ahora bien, ¿no hay ciertas dificultades para que el español sepa respetar la libertad y se haga digno de ella? ¡Ese ya es otro cantar! Esas dificultades existen. No digo yo que no se puedan vencer o superar, pero repito lo que ya he dicho en otras muchas ocasiones. Los españoles hemos sabido siempre luchar impetuosamente, acaso como ningún otro pueblo, por conquistar nuestras libertades, pero luego no hemos sabido respetarlas, defenderlas, conservarlas y honrarlas. No sé, pues, en definitiva, si estamos bien preparados para ser libres.
¿La lección de esta nueva dictadura, de la cárcel para los unos -entre ellos para mí- del destierro para los otros -también estoy entre esos otros- habrá sido provechosa? ¡Quién podrá afirmarlo! Lo que sí sostengo es que hasta ahora no hemos sabido ser libres. La monarquía de D. Alfonso XIII se perdió por culpa exclusiva del rey; la República de 1931 e perdió igualmente -hay que tener el valor de decirlo sin ambages- por culpa exclusiva de los republicanos. Alcanzamos la libertad después de los siete años de dictadura del general Primo de Rivera, y no supimos qué hacer con ella. Creímos estúpidamente que ser libres consistía en hacer nuestra voluntad, lo que nos diese «la republicana gana», y desdeñar la opinión del adversario. Nos olvidamos de que «la libertad de cada uno acaba donde empieza la libertad del otro»; nos olvidamos de que acaso la característica esencial de una democracia es que pueda manifestarse y hacerse valer en cada momento en el país la opinión de las minorías.
Ciertos sectores, como el socialista, alarmaron de modo imprudente a la zona moderada del país, no ciertamente por las reformas sociales realizadas o patrocinadas desde el poder -todas pertinentes y justas- sino por la intemperancia con que se producía en sus periódicos, propagandas orales y en el mismo Parlamento, actitud impropia de un partido llamado a asumir responsabilidades de gobierno... Pasó el tiempo, se cometieron errores funestos como la falta de una segunda cámara -el Senado- la pérdida del respeto a las instituciones fundamentales, la absurda destitución de un Presidente de la República -que en un régimen recientemente instaurado suponía grave quebranto para ese mismo régimen; se registró una orgía de huelgas y desórdenes producidos, al amparo de la libertad, por quienes no habían osado promover disturbio alguno bajo la dictadura militar, y vino la sublevación acaudillada por el general Franco- movimiento siempre injustificable, pero que los sublevados trataban de justificar por el lamentable antecedente de la huelga revolucionaria socialista de 1934- y estalló, en fin, la guerra civil...
Saber perder. -Los hombres
Ni las derechas, ni las izquierdas hemos sabido nunca perder en España. No se conformaron las izquierdas con la subida al poder, el año 34, de los que tenían mayoría en las Cortes; no se conformaron tampoco las derechas con el triunfo de sus adversarios el año 36. De esa obcecación proceden no pocos de nuestros males. ¿Habremos aprendido algo unos y otros en la triste realidad española?... Prefiero dejar incontestada esta pregunta.
Otra de las dificultades para que España disfrute de un régimen libre y democrático es que, de momento, carece de hombres con capacidad directora. Los viejos están muy gastados para gobernarla, y los jóvenes, formados en un ambiente de opresión y de falta del más elemental ejercicio de la ciudadanía, carecen de la experiencia indispensable. Pero en este aspecto soy más optimista y espero que España encontrará oportunamente sus hombres. Hombres con sentido de la realidad, que no aspiren a pasar por espíritus fuertes o varones ejemplares, sino sencillamente por gobernantes desapasionados y justos; que no tengan necesidad de consultar a su partido para tomar partido en los problemas nacionales y que tengan el valor de afrontar sus responsabilidades; que no confundan la energía con el grito, ni la prudencia con la timidez; que sean capaces de formar discípulos y no de reclutar secuaces; que busquen colaboradores y no compinches electorales y, en definitiva, que prevean y gobiernen y no se limiten a «verlas venir», contemporizar e «ir tirando».

La juventud descontenta
Acaso alguno de esos hombres, que aún no pudieron revelarse -pero que empiezan a rebelarse ya- forman parte de esa juventud española descontenta, que, a pesar de haber sido educada en un clima de opresión y de mentira, vislumbra la verdad, suspira por la libertad, y está diciendo al mundo con sus protestas y disturbios (esas protestas y disturbios estudiantiles que comienzan a ser endémicos en España) lo que es verdaderamente el régimen franquista -superviviente trasunto de los fenecidos regímenes dictatoriales que provocaron la segunda guerra mundial- por si alguien hubiera tan ignorante o tan en la luna que no lo supiese o no quisiese saberlo.
Ese disgusto, ese malestar de la juventud española es el mayor fracaso de Franco y de su régimen, inhábiles hasta para atraer a una juventud que no conoce sino lo presente de España y que desconoce todo el pasado. Pero aunque la juventud no haya podido establecer el contraste entre esto y aquello, aunque se la haya engañado con informaciones mendaces, le ha bastado ser testigo de los escándalos del franquismo, de su inmoralidad, de su incompetencia y ramplonería para rechazarlo en la forma que estamos viendo.
Para que los jóvenes tengan fe en los destinos de España, es menester que el régimen cambie, que cesen las injusticias, los escándalos e inmoralidades, y que las aspiraciones populares, hoy amordazadas, sean satisfechas, no ya en el aspecto puramente material, sino en un aspecto espiritual, de modo que se lleven a la práctica las medidas de justicia social necesarias y, al mismo tiempo, se abra el camino a una comunidad nacional en la que todos tengan acceso a la libertad y a la dignidad ciudadanas. Y esta comunidad española, a la que no se llegará sólo por obra y gracia de un gobierno, sino por el esfuerzo patriótico de todos los españoles, será la que esté en condiciones y en sazón de integrarse en la Nueva Europa, en la comunidad europea, como miembro eficiente.
Recuperación de los derechos elementales
Así, pues, la solución del problema español consiste, como acertadamente expresó de modo sintético en su día la Comisión política del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, en organizar a España de manera que recobre la paz interior y, a la Vez, se ponga en condiciones de ser admitida y de cumplir los compromisos que requiere su incorporación a la vida internacional, especialmente a todos los organismos ya existentes del sistema regional del Occidente europeo... La incorporación de España e una Europa unificada supone por tanto la recuperación de todos los derechos elementales de que hoy está privado el ciudadano español.
La fisonomía de la democracia española
¿Cuál será la fisonomía de la nueva democracia española, incorporada a la Europa unificada?... La respuesta es sencilla: la que sus instituciones, emanadas del libre voto popular, hayan de darle, interpretando fielmente los deseos del pueblo, expresados por medios legales y sin traba alguna.
No es fácil, naturalmente, vaticinar los deseos de un pueblo al que no se le ha consultado desde hace más de veinte años y al que, por el contrario, se amordaza y oprime. Pero si en lugar de un vaticinio se me pidiese un parecer personal -parecer personal que responde a un íntimo deseo- habría de contestar que estimo que lo que más convendría a una España que aspira legítimamente a incorporarse a la Nueva Europa -teniendo en cuenta el desarrollo de los sucesos nacionales desde la guerra civil hasta nuestros días- es:
En el aspecto político: La instauración de una República de tipo moderado, gobernada liberalmente, pero con suma energía, sobre todo en sus comienzos, para salvaguardarla contra los embates de sus enemigos, contra las apetencias de los comunistas y contra las imprudencias de los propios republicanos y afines. La instauración de una República que fuese respetada, sólida, vigorosa y estable.
En lo social: La implantación de las medidas de justicia social necesaria para mejorar rápidamente y en forma positiva el nivel de vida, material y moral, del pueblo español -entendiendo por pueblo no una clase, sino el conjunto de todos los españoles-; implantación decidida, pero sin excesos estentóreos y demagógicos, ni de propaganda ni de ejecución, que puedan dar en ningún momento la impresión falsa de que el poder público actúa no por espontánea y reflexiva convicción en cumplimiento de un deber, sino bajo presiones de partido o de clase, superfluas y nocivas en un régimen verdaderamente democrático.
En lo religioso: Respeto a todas las creencias y cultos religiosos, pactando un concordato con la Santa Sede acerca de la situación de la Iglesia Católica, a la que pertenecemos la mayoría de los españoles, y procurando con determinaciones acertadas que el clero se atenga a su misión espiritual dentro de las normas de convivencia y tolerancia con las otras creencias y cultos, como lo hace ya, desde largo tiempo, en otros países católicos de Europa, especialmente en Francia.
Y, por último, en lo que atañe a la organización de la nación española, vigorización del sentimiento patriótico y de la unidad nacional, reconociendo, no, obstante, a los diversos pueblos que la integran la autonomía para resolver sus problemas peculiares y la libertad de conservar su personalidad política peculiar, el cultivo de su idioma y de sus usos y costumbres tradicionales.
Creo que dentro de las líneas de este bosquejo cabe fijar, con todos los pormenores necesarios, la fisonomía cabal de una España liberal y democrática que armonice con el futuro europeo y sea un elemento eficaz de la Nueva Europa... Pero la labor previa consiste en barrer el obstáculo que al principio señalamos. De otro modo, todo se quedará en teorías, hipótesis y vanas palabras. ¡Y de esto ya estamos todos hartos hasta la saciedad!
RAFAEL SÁNCHEZ-GUERRA


Una mocedad generosa ha de recobrar el impulso de ascenso y el rumbo que cortaron y del que le desviaron negras malaventuras. Esta juventud ha de poner un pie firme en el pasado, en su positiva Historia y Tradición para continuar luego sus pasos hacia el futuro. Nada más equívoco ni desorientador que lo que oficialmente -tanto en los epítomes como en las enciclopedias- viene ocupando el amplio trono de la Historia. Nada más falso tampoco que lo que se apellida Tradición. Tan falso es, que a la luz de la verdadera Historia es antiespañola aunque bajo el barniz absolutista y versallesco de los Borbones.
No hemos podido escribir nuestra Historia aunque para ello contamos con riquísimo arsenal. Las viejas crónicas y aun los episodios que palpitaron ante los ojos, han sido desmenuzados en «historias»; en cuentos inspirados en la vanidad y en los que, una pobre fantasía de formación jesuítica, churrigueresca cree que la realidad es indiscreta y que los hechos son vergonzosos o no de tan noble condición y prestigio como los que ellos presentan deformados y fingidos. Nuestra Historia corrige la realidad para «meterla en razón». Y así somos, como ha dicho mi hermano José «un pueblo de leyenda y sin Historia, raza que ha perdido la conciencia de su continuidad histórica, sonámbula, que vive una vida fantasmal».
Ninguna obligación más fuerte que la de desenvolver el espíritu, la intelectualidad, la cultura. La civilización en aquellos aspectos que se calificaban de prácticos, del desarrollo de la industria, del comercio, de la economía en general, no son, en el fondo, sino cultura aplicada, intelectualidad materializada, en suma, materia animada como lo es un cuerpo con alma. El más estrecho deber del español, es el de infundir espíritu en el cuerpo inerte, torturado y aterido de la Nación.
Libertad para leer y para pensar sin la cual, la palabra Universidad es un falso rótulo que desorienta a la juventud y el concepto de profesor una estafa. Los mozos españoles piden maestros, profesores sin las medievales ligaduras de la mente de esos vigilantes inquisidores, más bien policiacos, que representan a esa torva organización que se llama el OPUS DEI. Los lamentables métodos confesionales pseudo-educativos de los jesuitas que más bien de educar, amaestran, están deformando las mentes de muchos países. Pero en España esa severa deformación del que llamaríamos imperialismo mental, está convirtiendo la Península en una de aquellas misiones paraguayas de las que ya dijo Humboldt que impedían el progreso de la inteligencia. A cambio de la disciplina severa, durísima de sus colegios (que hoy para atraer gente aparentan como más comprensiva y flexible) no dan ciencia en la que no creen y hasta la suponen malsana, o peligrosa para su concepción de ciega fe y obediencia. Sólo tratan de infundir fanatismo, de crear mentalidades cerradas, dolencia que en la mayor parte de los alumnos crea una incurable parálisis mental.
Tanto mi hermano como yo hemos sufrido la terrible experiencia de los colegios de jesuitas. Y como él dice «el vicio radical de los jesuitas y especialmente de los jesuitas españoles, no consiste en el maquiavelismo, ni en la codicia, ni en la soberbia, sino lisa y llanamente en la ignorancia». Él creyó que «la supresión de los colegios jesuíticos sería deseable por una razón meramente administrativa, la incapacidad intelectual de los R.R.P.P.». «Los jesuitas han educado a los hijos de las familias españolas que viven en mayor holgura. De ellos tenían que haber salido los hombres constructores de la cultura nacional, productores de un ambiente público más fecundo. Pero no han salido; los jesuitas mordiendo las porciones más enérgicas de sus almas los lían inutilizado "Ad maioren Dei Gloria"».
Lo mismo habremos de decir de las trabas que otros sacerdotes, no jesuitas ponen al desbordarse de su órbita respetable. Así se ha creado en España una indudable esclavitud confesional. Y eso es uno de los grandes diques negros que estorban el desenvolvimiento de la cultura. Lo que nos diferencia y amengua frente a las demás naciones de Europa y de América. Diríase que el Dictador, rodeado de su Guardia Mora, preside una teocracia de matiz islámico que paraliza el progreso análogamente a lo que ocurre en los Países árabes.

Aquella blasfematoria exclamación que vibró en las venerables aulas de Salamanca y que, cual látigo de salvajismo restalló ante la figura insigne de su Rector, Don Miguel de Unamuno, ha sido incubada en el odio a la inteligencia -acaso aun más- en el recelo contra la inteligencia a la que se supone enemiga de la fe ciega de los R.R.P.P. Queremos R.R.P.P. Queremos luz y no tinieblas para guiar a España. Ese odio a la inteligencia se expresa pintorescamente en el hecho de que, en casi todos los colegios de jesuitas, al burro que trae y lleva las basuras, le llaman Voltaire.
La única fuerza aun pura y vigorosa que puede salvar a España, es la de su juventud. «Esa juventud severa y laboriosa, desgarbadamente vestida, sin atractivo para las mujeres y probablemente sin buen estilo literario, es la única capaz de salvar los últimos residuos de la dignidad intelectual y moral rígida que quedan en nuestra sociedad».
Hace más de veinte años que España está paralítica. Cuando quiso salvarse de siglos de opresión, sus movimientos fueron exaltados, violentos. No se dejó tiempo a España para que se serenase por sí sola. El pueblo español ha sido tratado siempre como una colonia, como la última colonia. Se le volvió a imponer con fuerzas exóticas -principalmente coloniales semisalvajes- la camisa de fuerza que la paralizase. Se echó sobre él la paletada de reaccionarismo de lo muerto, de lo pretérito. El reaccionario español se caracteriza «en última instancia, más que por su desamor a la modernidad, por la manera de tratar el pasado. No se comprende que la muerte de lo muerto es la vida». No podemos convivir con los cadáveres. Por eso el régimen actual de colapso mortal se caracteriza porque la incapacidad de mantener vivo el pasado y el empeño de imponerlo con crueldad de genocidio ha roto el impulso nacional que desde 1900 surgió poderoso en amor de cultura y avance. Es necesario desinfectar los ámbitos nacionales para que los pájaros-ideas, al volar sobre los miasmas de una marisma putrefacta, no caigan muertos.
Desde 1914 viene mi hermano llamando a la juventud. Como la gran obra ha sido siempre demorada, nunca ha sido más necesaria ni más urgente que en el presente y tenebroso conflicto de incomprensiones y de odios en el que hoy se encuentra la Península. Si graves fueron las contingencias que le hicieron hablar en su conferencia de «Vieja y Nueva Política», las actuales son de angustia de muerte y descarrío de los destinos históricos que nos llevan al abismo de una decadencia sin remedio. El lanzó sus llamamientos no en «nombre de ideas originales a las que un político honrado ha de torcer el cuello, sino de ideas, de sentimientos, de energías, de resoluciones comunes por fuerza, a todos los que hemos vivido sometidos a un mismo régimen de amarguras históricas, de una ideología y toda una sensibilidad yacente de seguro en el alma colectiva de una generación que se caracteriza por no haber manifestado apresuramientos personales; que falta tal vez de brillantez ha sabido vivir con severidad y con tristeza; QUE NO HABIENDO TENIDO MAESTROS POR CULPA AJENA, HA TENIDO QUE REHACERSE EN LAS BASES MISMAS DE SU ESPÍRITU; que nació a la atención reflexiva en la terrible fecha de 1898 y desde entonces, no ha presenciado en torno suyo, no ya un día de gloria y de plenitud, pero ni siquiera una hora de suficiencia».
Nunca quiso hacer mi hermano una política de alaridos pero sí de cordial y entrañable demanda a un deber que es ya inaplazable. De tal manera es angustioso y crítico, que como él nos dice con voz que viene del más allá «el momento es tan absolutamente grave como lo es el traer y significar no sólo el fracaso de las generaciones desde ese momento en que él las llamó al deber, sino el posible anuncio del fracaso definitivo de nuestro pueblo». Es forzoso ocuparse del porvenir nacional que yace en asfixia y sin caminos e integrar en una España nueva a lo que se ha llamado la España oficial «que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte pero sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la Historia».
He procurado enhebrar las palabras de mi hermano prestándoles la voz que aun me alienta, para cumplir este deber fraternal y de patria. No se trata en manera alguna -jamás lo podría hacer en su memoria- de una apelación a las violencias, sino de un alto llamamiento para salvar el presente y el futuro de España y que los españoles, intelectuales o no, dejemos de ser algo inferior y descarriado en la vida de Europa y ocupemos nuestro puesto en Hispanoamérica, máximo diámetro de nuestra vieja cultura.
EDUARDO ORTEGA Y GASSET

Madrid, Febrero de 1957
Estimada Directora:
Fue en mi poder la revista Ibérica, la cual ha sido acogida con entusiasmo por su contenido tan liberal y democrático, espero de Vds. sigan enviándome la mencionada Revista, pues en estos momentos es cuando más necesitamos de ella.
...precisamente hoy, ha empezado la huelga, no subiendo nadie en el Metro, Tranvías, Autobuses y Trolebuses, es una cosa maravillosa para los jóvenes de nuestra generación, que no hemos conocido los tiempos de Libertad y facultad para expresarse, pero por desgracia también hemos comprobado, los métodos de represión e ignominia, que emplean los sicarios del dictador, aporrean a los niños que se ponen a su alcance en la persecución de los estudiantes. Esta mañana precisamente cuando varios grupos de estudiantes y trabajadores se dirigían a la plaza de España y por primera vez cantando himnos revolucionarios, fuerzas de la Policía Armada. -llamados los Cabestros Grises- en modernos jeeps, por cierto de la Ayuda Americana y con tanques cargados de un líquido impregnoso, han aparecido en escena disolviéndolo todo.
Yo particularmente colaboro en todo lo posible, pero este movimiento se ve desamparado por que no hay fuerza que lo dirija, y como siempre ha pasado en España, será tiempo perdido por falta de dirección, creo que Vds. son los elegidos, par a dirigirnos, para poder acabar de una vez para siempre con el déspota.
Un saludo afectuoso y que nuestra causa triunfe sobre todo.
(Firmado)
Madrid, Enero de 1957
Estimado Sr. Director:
Los hijos del Sr..., como así mismo otros amigos me indicaron que le escribiera a Vd. con el ruego de que hiciera el gran favor de enviarnos la revista Ibérica o informarme de como pudiéramos conseguirla, ya que es un escape a nuestras ilusiones y anhelos, pues estamos sumidos en la mayor ignorancia, nos está todo prohibido. Con este favor nos llenaría el corazón de felicidad, pues todos amamos y deseamos la libertad de nuestra patria.
Volviendo a insistir sobre el ruego de que nos atienda en nuestra petición, aprovecho esta ocasión para darle mis más sinceras gracias y un amistoso apretón de manos.
(Firmado)
P.D. Soy estudiante, tengo 24 años.
¿Crisis de gobierno o crisis de régimen?
Nadie ignoraba que la crisis de gobierno debía salir a la luz pública. Desde las dramáticas reuniones del mes de Enero el Consejo de Ministros sólo se había reunido para despachar expedientes de trámite. El desacuerdo entre unos y otros de sus miembros no sólo era visible sino que parecían hacer gala de él. Sabido es que dichos desacuerdos eran más producto de la repercusión de la crisis financiera y de los movimientos de oposición que de una «crisis de conciencia» de ciertos ministros. El caso es que el viernes 22 fue convocado el Consejo. La referencia de prensa sobre sus resultados no podía ser más anodina. Sin embargo, desde la redacción de un diario de la noche se telefoneó al Ministerio de Información para saber si tenían preparadas «las biografías de los nuevos ministros». Esta es una manera capciosa, en la España de hoy, para saber si hay crisis o no. Pero en la noche del 22, los funcionarios del Ministerio de Información «no sabían nada». Hubo que esperar a que los ministros regresasen a sus casas y hablasen con sus íntimos para tener las primeras versiones de lo sucedido: el Caudillo les había comunicado, con su habitual tono, frío y monocorde, que su misión gubernamental había tomado fin, rogándoles continuar en sus puestos hasta el nombramiento de los reemplazantes.
El primer hecho insólito -para el régimen- es que se abría la crisis sin tener preparado el equipo de repuesto. El segundo, que no se podía hablar de reorganización ministerial, sino de nuevo gobierno: once ministros salían y solamente cinco permanecían en sus puestos.
Ni que decir tiene que el reducido mundo político de la capital de España se vio dominado por un acceso de fiebre desde aquel momento, que contrastaba con el escepticismo del hombre de la calle, quien empezaba por desconfiar de los rumores de crisis.
En realidad -y esto se ha sabido después- la solución de la crisis estaba preparada, en sus líneas generales, desde hacia un mes. Quería presentarse al país un programa «que hiciera sensación» y fuera capaz de neutralizar el malhumor de algunos sectores políticos que ven minimizado su papel gubernamental y el de la mayoría de la población que tropieza cada vez con más dificultades materiales de vida.
Sin embargo, han hecho falta tres días para poder elaborar la lista definitiva del nuevo gobierno que tiende a no descontentar demasiado a nadie, pero a eliminar a los importunos. Se sabe que para la designación de Ministro del Ejército hubo serias dificultades de última hora, ya que los jefes militares preferían la constitución de un ministerio que reuniera las tres armas, bajo el mando del general Alcubilla, jefe del Estado Mayor Central. El Caudillo, aquí como en todo, hizo prevalecer su criterio: la «atomización» de ministerios militares es menos peligrosa. En cuanto al general Barroso, aunque monárquico, es hombre de fidelidad indiscutible para con el jefe del Estado.
El lunes 25 a la hora de la cena, ya tenía el Ministerio de Información las biografías de los nuevos ministros. Con artes de taumaturgo se proclamaba de una vez al pueblo español la crisis del anterior gobierno, la formación del nuevo y una cascada de planes económicos y administrativos (4 títulos y 18 capítulos del Decreto-Ley reorganizando la Administración Central). Algo suficiente para convencer a los españoles que un ser providencial vela por su felicidad. Lo malo es que «Juan Español» al enterarse de la noticia mientras desayunaba el martes por la mañana, no concedió mucha importancia al asunto.
Algunas precisiones
Y sin embargo, la tiene. Por eso creo que el lector no se enfadará si damos algunas precisiones sobre algunos de los nuevos ministros e intentamos la suma político-algebraica (más y menos de las fracciones políticas) que resulta de la nueva formación.
Se ha marchado el Sr. Martín Artajo. Se puede tener la idea que se quiera sobre las ideas políticas de este señor, pero resulta difícil negar el talento con que ha dirigido los asuntos exteriores durante los once años que han corrido a su cargo. Talento puesto al servicio de la dictadura de Franco, pero que ha sabido temperar las intransigencias de otros sectores del gobierno y evitar mayores males. Además, todo el mundo conoce el papel preponderante del Sr. Martín Artajo en los medios de «Acción Católica» y -¿por qué no decirlo?- sus vínculos espirituales con la tendencia que representan, entre otros, los Srs. Gil Robles y Ruiz Jiménez, bajo el alto patronato de Monseñor Herrera. Podrá argüirse que el Sr. Navarro Rubio, nuevo ministro de Hacienda, es hombre que ha formado parte de los órganos directivos de Acción Católica. Pero todo el mundo sabe que el rasgo saliente de su personalidad no es ese, sino el de hombre de confianza del Banco Popular Español y de ciertos intereses financieros. Así, pues, la marcha del Sr. Martín Artajo, puede tener serias consecuencias para el porvenir de la política española. Las tendencias demo-cristianas se ven apartadas del gobierno, mientras que el «Opus Dei», se anota un tanto de categoría, con la designación del Sr. Ullastres como Ministro de Comercio. En cuanto al Sr. Castiella, sabido es que es hombre que se cree aun en tiempos de las Cruzadas (tal vez por esto estuvo en la División Azul). En su libro Reivindicaciones de España se preconiza la actualización de las glorias africanas de Cisneros. En el Palacio de Santa Cruz se hacía observar ayer que dicho libro no contiene ninguna pretensión «imperial» de España sobre Marrueco s. Así puede considerarse, con una interpretación optimista. Pero no sé por que diablo en el «Foreign Office» han guardado mal recuerdo del Sr. Castiella.
Y para terminar esta digresión sobre «democracia cristiana», ya se puede contar, un año después de sucedida, cierta anécdota del Consejo de Ministros. Con motivo de los sucesos de Febrero de 1956, el Sr. Blas Pérez hablaba de un detenido que declaró ser «social-demócrata». Entonces, el Sr. Artajo, creyó oportuno hacer la siguiente aclaración: «social-demócrata no es lo mismo que cristiano-demócrata». El Caudillo, «cortó por lo sano» interviniendo: «para mí todo eso es lo mismo». Un año más tarde nos demuestra su perseverancia en las ideas.
El otro fenómeno del cambio de gobierno es el indiscutible declive de Falange, consecuencia de la desintegración del famoso «partido único» en la práctica política. El Sr. Solís es lo menos falangista posible. Además, su ministerio pasa a ser un ministerio sin cartera. Los que asistieron a la ceremonia de transmisión de poderes, cuentan que esta fue fría y hasta tensa, por parte del Sr. Arrese. Sin embargo este, al aceptar la «consolación» de un «Ministerio de la Vivienda» hecho a su medida, ha perdido el prestigio que le quedaba entre algunos centenares de falangistas recalcitrantes.
En cuanto al Ministerio de la Gobernación, los méritos del general Camilo Alonso Vega, de «primer guardia civil español» justamente adquiridos durante largos años, no ha palidecido ante los más recientes de presidente de la Central Siderúrgica, adonde le llevó más su fidelidad al Caudillo que sus conocimientos en la materia. Hombre que siempre hizo suyas, sin vacilar, las responsabilidades del régimen, bastaría para ilustrar su personalidad el hecho de que el gobierno español le consideró como la persona más adecuada para representarlo en la toma de posesión de D. Héctor Trujillo, hermano del siniestra «benefactor».
«Liberalización» del régimen
Este nombramiento y la permanencia en el poder de los Srs. Arias Salgado y Rubio (autor el primero de la «desinformación» permanente y el segundo cabo de vara que intenta reprimir la protesta universitaria, superando los tiempos del Sr. Callejo) deben ser suficientes para desengañar a algunos periodistas extranjeros que han creído oportuno hablar de «liberalización» del régimen, el 26 de febrero. Por si faltaba algo, queda el plato fuerte del nuevo gobierno: reforma administrativa mediante la creación de una serie de comisiones interministeriales y de una oficina de coordinación y programación económicas. Todos esos organismos están colocados bajo la dirección del personaje n.º 2 del régimen, D. Luis Carrero Blanco, especialista en el mando de submarinos (conste que no bromeo sino que me atengo a su biografía de marino militar) y brazo derecho del Caudillo desde 1940. El Consejo de Ministros, presidido por el Caudillo, se reunirá para deliberar sobre las cuestiones esenciales, las otras serán tratadas por las comisiones interministeriales correspondientes bajo la égida del Sr. Carrero Blanco. Es más, el art. 20 del Decreto-Ley dice: «Para el cumplimiento de estas funciones (de la Presidencia del Gobierno) el presidente del Gobierno estará asistido por el ministro subsecretario de la Presidencia, en quien podrá delegar el desempeño de aquellas funciones administrativas que las circunstancias aconsejen...». No, el general Franco, no abandona su poder personal, sino que lo refuerza, valiéndose de un intermediario que concentra los poderes esenciales bajo su dirección superior.
Me falta espacio para hablar de los famosos proyectos de planificación económica. En la declaración del nuevo gobierno, reunido ayer por vez primera, se encuentran una serie de buenos propósitos y de lugares comunes (como «el equilibrio de la oferta la demanda», el «desarrollo de la producción agrícola», «la mejora del sistema fiscal» y una «mayor libertad en el comercio exterior»), cuya realización exigiría enfrentarse con las estructuras arcaicas que dominan la economía española. Conociendo la composición del gobierno, hay derecho a ser escéptico sobre el particular. Ya propósito de esto, quiero referirme al nombramiento del Sr. Gual Villalbí como ministro sin cartera. Este venerable señor, economista de tipo clásico, era ya presidente del Consejo Nacional de Economía. Su promoción al rango d e ministro solo refleja la «prioridad a lo económico» de que se jacta el nuevo gobierno. Pero no hay que desquiciar las cosas tratándole de «representante de los industriales catalanes», como algunos corresponsales extranjeros han querido hacer.
En fin, falta por examinar la actitud de los militares. Más hombres castrenses en el Gabinete, cierto es, pero caracterizados, la mayoría de ellos, por su vinculación al Caudillo antes que al «espíritu de cuerpo». Muñoz Grandes, se ve honrado con el nombramiento de Capitán General. ¿Servirá esto para afianzar la fidelidad del Ejército o para envalentonar a ciertos jefes militares? Aventurado es afirmarlo. El Ejército se ha mostrado estos días en actitud pasiva. Es todo lo que necesita -por el momento- el Caudillo.
La oposición
¿Y las reacciones de la oposición? Necesitaríamos otras tantas páginas para explicarlas. Digamos, sin embargo, que los monárquicos, no manifiestan ninguna simpatía al nuevo gobierno («monarquía sin rey») y parecen decididos a actuar. Horas después de la jura de los nuevos ministros, quinientas personalidades monárquicas, se reunían en el Hotel Ritz con pretexto del 25 aniversario de la revista Acción Española. Al terminar el banquete se leyó un telegrama del Infante Don Juan. Inmediatamente después, la adhesión... del general Vigón, ¡nuevo ministro de Obras Públicas! Los discursos -varios de ellos tachados por la censura- pidieron el restablecimiento integral de la monarquía. En la presidencia, el Conde de los Andes, el Duque de Calvo Sotelo, D. José María Pemán (cuya actividad política da mucho que hablar estos días): en la sala, el «todo Madrid» monárquico.
¿Y la izquierda? Los gritos de «Libertad», siguen resonando en la Universidad de Barcelona, donde hay sesenta estudiantes detenidos y varios centenares privados del carnet universitario. Los profesores se solidarizan con los estudiantes (a la excepción del vice-rector falangista G. Valdecasas -sobrino del profesor monárquico- y del secretario Linés). El rector Dr. Buscarons y el decano de Filosofía han mantenido su dimisión, pero el Sr. Pi y Sunyer la ha retirado ante la amenaza del director general de enseñanza universitaria, Sr. F. Miranda, de llevar los profesores a los tribunales militares. Entre los detenidos se cuentan el popular dirigente de los estudiantes libres Sr. Modolell y el escritor D. Juan José Mira, que obtuvo en 1952 el «Premio Planeta». Los estudiantes exigen la retirada de la policía, la amnistía para sus compañeros castigados (que han perdido sus derechos incluso sobre el título de Bachiller adquirido hace años), la supresión del SEU, la convocatoria de un Congreso Nacional de Estudiantes, las libertades de prensa y de uso de la lengua materna.
La población trabajadora de la ciudad condal ya no considera estos asuntos como «cosa de señoritos» y son numerosas las adhesiones de obreros de las fábricas a los estudiantes y profesores. Nuestras últimas noticias hacen prever que la tensión, lejos de disminuir, puede agravarse por momentos.
Aun es muy pronto para hablar de otras reacciones de la opinión. Pero puede avanzarse que los diferentes grupos de la oposición ven en el nuevo gobierno un síntoma de la debilidad del régimen. La crisis abierta -y no cerrada- no es una crisis de gobierno, sino de régimen. Después de 18 años de poder, la dictadura del general Franco está lo bastante gastada y la opinión va recobrando suficientemente su conciencia para poder afirmar que el ciclo abierto en febrero del 56 está lejos de haberse cerrado.
Madrid, marzo, 1957

Presidente del Partido Unión Republicana
Para responder a la encuesta abierta por Ibérica, encuesta que considero de absoluto interés antes y ahora, siempre, a partir de la rebelión militar que ha sido la causa de la situación actual de España, paso a exponer, con la brevedad obligada, mis ideas sobre cuestiones tan fundamentales.
Para desarrollarlas debidamente serían precisas muchas cuartillas, pero debiendo concretar decimos que la situación actual de España plantea el magno problema de su reconstrucción. El que entraña dos: el moral en primer término, el material después, pero el segundo, este es nuestro criterio, depende y dependerá siempre del primero.
P. ¿Cómo concibe Vd. el futuro de España? Política, Cívica y Económicamente.
R. Las fórmulas que tiendan a organizar y dirigir la acción del Estado, no han de limitarse a ser arma de propaganda. Precediendo a ellas hay que poner al servicio de España la voluntad de renovación, el olvido de los intereses particularistas de partido, de organización o de grupo. España está por encima de todo eso y para salvarla hemos de hacer el sacrificio de nuestra pasión y de nuestros intereses personales.
P. En qué forma aspira a Gobernar España el partido a que Vd. pertenece.
R. Mi partido, Unión Republicana, a partir de su fundación adoptó una línea política que no abandonó nunca y que continúa sosteniendo en el exilio. Es ella buscar la razón lejos de los extremismos y respetar la voluntad nacional acatándola en todos los casos y sirviéndola si la informa un principio de libertad bien entendida. La forma en que aspira a gobernar España el partido a que pertenezco diré que dentro y fuera del gobierno sostendrá y defenderá los principios de verdadera libertad y en que se apoyó su gestión de siempre. La fórmula de gobierno obedecerá en todos los casos a sus principios políticos.
P. Cómo cree posible lograr la colaboración de los restantes españoles.
R. La colaboración de todos los españoles para la redención de nuestra patria es un problema de serenidad y reflexión. La República, cuando se proclamó en abril de 1931, no debió ser un motivo de regocijo suelto. Después de los siglos de monarquía que España había sufrido la República significaba una profunda responsabilidad, no sólo para recibirla, sino para sostenerla y defenderla. Ahora se ofrece la misma coyuntura con igual deber. No basta ser republicano, debe preocuparnos no la etiqueta, sino el contenido de la República.
P. Cómo va a ser posible librarse de la actual opresión eclesiástica sin horrores ni violencias.
R. El Clero español, como el Ejército, han de someterse a sus funciones respectivas. La del primero espiritual, misión a cumplir cerca de aquellos que comparten su doctrina y apartándose de toda intervención política. Es indispensable la separación de la Iglesia y el Estado. El Ejército debe ser el defensor del pueblo y del territorio nacional, posee las armas para esas defensas y por ello tiene que abstenerse de toda intervención en el estado civil.
P. Qué forma de gobierno prefiere Vd. para España.
R. La República, sin la más pequeña vacilación. La monarquía es hija de la tradición y la tradición es contraria a todo progreso. Las derechas españolas, con el clero a la cabeza, parten para su acción social y política de unos principios prácticamente enterrados por la evolución, por el avance de las ideas, por las luces de libertad que, a despecho de todos los tradicionalistas, va iluminando el espíritu. Dentro del marco de la República caben todos los avances progresivos, entendiendo bien que el avance no es un asalto, no es una conquista violenta que apenas nacida puede convertirse en derrota. Por ello no deseamos para España régimen alguno que nazca de un golpe de Estado.
La República en España nació de la voluntad nacional y es ésta la única que puede eliminarla o confirmarla. De aquí nuestra posición de respeto a la voluntad nacional, como única solución legítima y democrática.
P. Cómo concibe las relaciones internacionales en este momento.
R. ¿Descartada España? Por el momento me interesa profundamente lo que a España se refiere, absteniéndome de todo juicio en cuanto a otros climas políticos y sociales. Mi juicio debo silenciarlo. En relación con España esperemos que sea la verdadera España, que pueda ofrecer un respeto y reclamarlo. La España de hoy, mejor dicho, el régimen que sufre España hoy, está al margen de toda consideración seria.
Y para terminar. Alguien podrá argüir que esta respuesta carece de fórmulas prácticas. Ellas han de nacer de un nuevo espíritu democrático y liberal. Sin él todas las fórmulas y de procedimiento serán perfectamente inútiles.
París, febrero, 1957

La era de Trujillo2
Con estas Conclusiones damos por terminada la publicación de los extractos del libro La era de Trujillo de nuestro colaborador y amigo Jesús de Galíndez.
Al cumplirse un año de su desaparición, en el que se han ido acumulando pruebas de su trágico fin, Ibérica rinde tributo, una vez más, al hombre honesto, noble y entusiasta, al profesor que supo exponer sus teorías con insobornable conciencia de su deber, a la víctima calificada de la tiranía cruel y sin par de Trujillo.
Agradecemos a Mr. Charles O. Porter, diputado por el Estado de Oregón, su documentado y sereno informe, leído en la Cámara de Representantes el 28 de febrero, pidiendo se abra una investigación del caso Gerald L. Murphy y Jesús de Galíndez, que ha de llevar al total esclarecimiento de ambos crímenes de la dictadura dominicana.

Conclusiones
1. -El régimen político de la República Dominicana es una Dictadura, o más bien Tiranía, de tipo personal.
Los hechos probados en este libro creo que demuestran sin lugar a duda alguna que desde el primer Gobierno de Trujillo no tienen realidad en la República Dominicana ninguna de las instituciones y libertades que caracterizan un régimen democrático; y por el contrario se ha afianzado la voluntad de un solo individuo, entonces el Presidente y más tarde el Jefe, como único factor decisivo en los destinos nacionales. Ese estado de cosas se ha perpetuado hasta la fecha.
2.-Tiene como característica específica -común a casi todos los regímenes dictatoriales de Latinoamérica- el adoptar apariencias constitucionales democráticas, que en la práctica se pervierten.
Se celebran elecciones periódicas; pero su resultado se falsifica. Se elige un Congreso que funciona; pero sus legisladores son removidos a placer, y las leyes se aprueban sin discusión. Se designan jueces, pero ninguno tiene estabilidad en el cargo.
La misma Constitución se cambia cada vez que conviene para dar esta apariencia típica al menor deseo institucional del tirano.
La tiranía se disfraza en una Constitución democrática para violarla con más seguridad.
3. -Tiene de común con otros regímenes dictatoriales clásicos la supresión de libertades políticas y el uso del Ejército como principal fuerza de apoyo.
En el caso de Trujillo, subió al Poder en 1930 siendo jefe del Ejército, y desde entonces ha mimado esta institución. Casi la mitad del presupuesto dominicano se dedica a sufragar sus gastos, aunque el Ejército dominicano no ha sido protagonista de guerras internacionales desde hace un siglo. Trujillo en persona cuida mucho de ser siempre su Comandante en Jefe, aunque no sea temporalmente el Presidente de la Nación. A su vez la represión de las libertades políticas se hizo ya visible desde la campaña electoral de 1930.
Sólo cabe matizar en el régimen trujillista que la supresión de libertades políticas, aunque a veces adquiera tintes sangrientos, suele manifestarse más bien en otro género de opresión más sutil porque busca la humillación moral sin dejar rastros acusadores.
4. -En ciertos aspectos ha adoptado métodos modernos de los regímenes totalitarios; como es el partido único, los sindicatos gubernamentales, y la técnica de la propaganda. Pero carece de un programa y base doctrinal.
No es posible decir en manera alguna que el régimen trujillista sea de tipo totalitario. Le falta una concepción doctrinal; sea en la distinta gama fascista, sea menos aún en la comunista.
Sin embargo, deliberada o instintivamente, ha adoptado métodos típicos de los regímenes totalitarios de cualquier color. Sobresale la existencia de un partido único, que no empaña la simulación temporal de partidos «de la oposición»; el movimiento obrero fomentado desde el Gobierno, y férreamente controlado por él; y la técnica de la propaganda e indoctrinación desde las escuelas primarias.
5. -Procura adaptarse a las corrientes internacionales del mundo occidental, aunque no las sienta. Al mismo tiempo está directamente presionado y a su vez presiona en el turbulento mundo político del Mar Caribe.
No es posible decir -como afirman algunos opositores, sobre todo los comunistas- que Trujillo sea una criatura política del Gobierno de Estados Unidos y menos que le deba la existencia. Pero es indudable que toda la Era está orientada hacia Washington. Las negociaciones para liquidar el golpe de 1930 se llevaron a cabo en la Legación norteamericana en Santo Domingo, la presión de Roosevelt forzó la solución del conflicto dominico-haitiano de 1937 y sus repercusiones impidieron la reelección de Trujillo al año siguiente, durante toda la II Guerra Mundial la República Dominicana procuró adivinar los deseos de Washington para adelantarse, en 1945 y 1946 el Gobierno dominicano coqueteó con los comunistas como consecuencia de la accidental alianza con la U. R. S. S. y la victoria sobre los países fascistas, en 1947 aprovechó en el acto la «guerra fría» a su favor, en las Naciones Unidas la delegación dominicana actúa casi en satélite...
6. -En los últimos años está utilizando el «anticomunismo» como justificación, sin perjuicio de haber jugado con los comunistas años atrás -evolución también común a otros gobiernos latinoamericanos.
Durante un cierto período los comunistas llevaron primordialmente la iniciativa en su confuso panorama de virajes. La línea comunista de estrategia política, que ha cambiado varias veces, mostró a partir de 1941 y sobre todo en 1945 y 1946 una deliberada consigna de colaboración con cualquier clase de Gobiernos para infiltrarlos.
Por el contrario, el distanciamiento entre Estados Unidos y la U.R.S.S. a partir de 1947 facilitó la reacción «anticomunista» en Latinoamérica; que si en algunos países fue sincera y democrática, en casi todas sus dictaduras sirvió para tratar de justificar su supresión de libertades calificando de «comunistas» a cuantos critiquen el régimen presente.
7. -Desde el punto de vista humano, completan este cuadro la megalomanía de Trujillo, su peculado y nepotismo, y la adulación y servilismo entre sus favoritos de turno. Al mismo tiempo Trujillo cuida mucho de que ninguno de ellos perdure en sus puestos.
8. -Como todo régimen de fuerza, ha mantenido el orden y ha conseguido ciertos progresos, especialmente de tipo material.
El régimen se ha mantenido en el Poder 25 años. A la hora de hacer el balance de sus resultados cabe anotar a su haber el mantenimiento del orden público, sin las revueltas y aun guerras civiles que antes fueron endémicas; un progreso material, que se refleja en construcciones varias y en las cifras del presupuesto gubernamental, que ha liberado al país de la Deuda externa culminando en el Tratado Dominico-Americano de 1940, y que en general ha aumentado la economía nacional.
9. -Este progreso no beneficia por igual a toda la población, y está compensado con creces por su degradación cívica.
Sin embargo, ese haber positivo del régimen está compensado con creces por sus resultados negativos. El progreso material y económico no ha beneficiado por igual a toda la población, y el propio tirano se ha llevado la parte del león.
10. -El futuro del país pudiera ser caótico, por no existir fuerzas político-sociales ni instrumentos democráticos que faciliten una sucesión normal al desaparecer el tirano. Y los comunistas pudieran aprovechar esa situación a su favor.
Como toda tiranía personal, el régimen lleva en sí mismo la tragedia de su propio fin. No hay salida normal para la futura sucesión. Sea cual fuere la forma de concluir la Era de Trujillo, no dejará tras de sí instrumento de Gobierno, partidos políticos u otras fuerzas socio-políticas, ni siquiera hombres entrenados a decidir por sí mismos, aptos para afrontar nuevas situaciones. La misma hipertrofia del Ejército pudiera ser cáncer que roa el régimen y precipite la lucha por la sucesión.
Por otro lado, los comunistas pudieran aprovechar esa futura situación incierta a su favor, si parten de un nuevo punto cero junto a sectores democráticos sin previa organización ni entrenamiento administrativo (el caso de Guatemala fue buen ejemplo); y entre tanto, en la presente lucha mundial, pudieran capitalizar en su propaganda la aparente alianza entre Trujillo y los Estados Unidos, y la confusión del deliberado binomio: o Trujillo, o Comunismo. Se requiere la prédica de otro binomio:
LIBERTAD PARA TODOS LOS PUEBLOS, CONTRA DICTADURA DE CUALQUIER COLOR.
Fin de los extractos.
Quienes hayan seguido las informaciones y comentarios de prensa relacionados con el cambio de Gobierno en España, han podido forjarse opiniones muy diversas con respecto a la significación y alcance de ese cambio.
Hay comentarios para todos los gustos. Unos señalan que el régimen franquista agoniza, otros que el general Franco se fortalece, para otros comentaristas no implica este cambio sino la eliminación de aquellos miembros que estorbaban, otros estiman que se ha dado un paso hacia la «liberalización del régimen», otros, en fin, señalan que los hombres han cambiado pero que continúa la misma política.
Para los que hemos seguido con interés creciente la pervivencia del régimen franquista durante casi veinte años y conocemos los procedimientos de gobierno del general Franco, este cambio del equipo gubernamental no nos impresiona. Ni son síntomas de agonía del régimen ni el franquismo se fortalece. El general Franco es consciente del estado de la economía española, el general Franco conoce hasta qué grado llega la tendencia monárquica en el Ejército, el general Franco ha recibido alguna que otra advertencia de Washington y el general Franco ha tomado el pulso al país, que ha mostrado serios síntomas de inquietud.
Es decir, Franco, como lo hemos sostenido hace varios meses, trata de alargar su reinado lo más posible, hasta que materialmente pueda -es su gran problema-, que siga su régimen. Ni reino sin rey ni falangismo con o sin Falange: Franco. Pero como es consciente, por la fuerza brutal de los hechos, y por las llamadas al orden de este lado de acá del Atlántico, de que hay que mantener el ritmo interior del país y revocar, al menos, la fachada para cuidar el exterior, hace lo mejor que puede: despide a sus colaboradores de largos años y presenta un nuevo equipo (sólo cinco ministros pertenecen al anterior), pretendiendo que esas medidas han de interpretarse en la dirección que el las ha tomado, como el comienzo de una nueva etapa en la vida nacional. Una nueva etapa para hacer frente a la situación interior y agradar a sus protectores extranjeros.
Por eso en la declaración ministerial publicada en la prensa española después de constituido el nuevo Gobierno, se dice: «Se va a estimular la vida económica del país mejorando la producción en los dominios industriales y agrícolas» e «intensificar el diálogo con el pueblo a través de nuevas instituciones».
En el plan exterior la declaración ministerial subraya la necesidad de estrechar los lazos de amistad (la demanda de dólares, decimos nosotros) que une España con los Estados Unidos.
En resumen, Franco ha lanzado su «nueva operación», diremos en términos actuales, para impresionar a los impresionables, dirigida a acallar el malestar del país y con el propósito de mostrar sus mejores deseos a los Estados Unidos. Pero la razón de este movimiento es seguir guardando ese equilibrio que le ha mantenido árbitro único de la vida nacional durante tantos años, porque él no puede apreciar, es imposible que pueda apreciar que una situación creada por un régimen de gobierno dictatorial sin salida posible, no puede tener solución dentro de él mismo.
Ni optimistas ni pesimistas: el régimen actual de España, cambie como quiera sus enseres, sigue su natural evolución que, sin precisar día ni hora, ha de terminar en su desintegración.