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Ibérica por la libertad

Volumen 5, Nº 5, 15 de mayo de 1957

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IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

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Presidentes de Honor:

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  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA is published on the fifteenth of every month, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1957, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajoEl reto del día

Salvador de Madariaga


El siglo XX viene viviendo dos movimientos humanos de singular magnitud: por un lado, un salto adelante del dominio científico y técnico del hombre sobre las cosas que reduce casi a insignificancia los adelantos del siglo anterior; por el otro, una simplificación gradual de las tensiones internacionales que reduce la escena, otrora intricada y compleja, de la política internacional a un sencillo duelo entre dos grupos capitaneados por sendos colosos.

Estos dos movimientos parecen a primera vista mutuamente independientes. Pero en el fondo resultan ser meros aspectos del mismo fenómeno: la evolución gradual de la humanidad hacia la plena conciencia de su propio ser en presencia del universo. Así vistas las cosas, el conjunto de los conflictos actuales toma vigoroso relieve dramático. La humanidad hace frente a un reto del Destino. Si fallamos ante este reto, la mera potencia de nuestras armas, manejadas por nuestras indignas manos, nos destruirá fatalmente. Si nos percatamos de que la era de la bomba de hidrógeno tiene que ser por fuerza la era de la razón supranacional, entraremos en una etapa nueva de nuestra evolución hacia la plena conciencia de nuestro ser como hombres.

Hasta ahora, las señas no son buenas. El mundo humano está dividido por un abismo que separa dos modos de vivir y de comprender la vida; uno de ellos se resuelve en un retorno a los modos más bárbaros de las eras más negras; mientras que el otro, con animarle buena voluntad y aun nobleza de sentimientos, dista mucho de la altura de miras necesaria para desempeñar las tareas de hoy. Si tratamos de elevarnos por encima de este abismo para juzgar las cosas con la perspectiva de una evolución humana a largo plazo, podríamos resumir nuestras observaciones poco más o menos así:

La evolución del hombre es la punta de lanza de la evolución de la vida, que a su vez comienza cuando ya se halla muy adelantada sobre el planeta la evolución física. Ahora bien, la evolución vital trae a la tierra un principio y una tendencia en sentido diametralmente opuesto al del principio y al de la tendencia que rigen la evolución física. En efecto, la evolución de la materia va siempre hacia la desintegración, la pulverización, la igualización. Los montes van decayendo, carcomidos por el viento, la lluvia y el sol; los ríos y los mares se rellenan; se equilibran e igualan las temperaturas; y con el correr del tiempo, todo termina en una igualdad muerta de granos de arena, todos idénticos, todos estériles.

La vida, en cambio, pone en marcha una evolución exactamente contraria. La célula inicial se va haciendo cada vez más complicada y da lugar a la amiba, al liquen, a las plantas, a los animales, al hombre. Y así, de las células más sencillas hasta la excelsidad de la Capilla Sixtina o de la Novena Sinfonía, la vida va creciendo y desarrollándose cada vez más noble, más compleja, más independiente de las necesidades físicas directas, menos probable, más imprevista, más original, diferenciada, creadora.

Este es el reto, hoy. Hay gentes que aspiran a hacernos a todos iguales: todos como granos de arena idénticos en un desierto. Por ese camino se va al comunismo, pero también a ciertas formas descarriadas del socialismo igualitario. Los guías y directores de esta escuela política retrotraerían pues la humanidad al reino mineral. Sus ojos no ven la ley verdadera de la evolución humana.

Al otro lado, los nacionalistas. Estos harían retroceder la humanidad al rebaño. Para ellos, la nación es como un hato de elefantes, búfalos o jirafas; y claro es que no consiguen elevarse por encima de los intereses y del poder de los animales de su casta. No son, claro está, tan reaccionarios como los comunistas, porque no atrasarían la humanidad hasta hacer de ella un desierto de granos de arena; pero la retrasarían, no obstante, allende sus límites ya que la llevarían al nivel animal.

El reto del día consiste pues en exigir que el hombre de hoy renuncie al sueño de una igualdad de muerte y a la pesadilla de un nacionalismo de bosque virgen; a fin de elevarse a la idea de una humanidad organizada, consciente de su espíritu común y constituida en peldaños sucesivos de federaciones de colectividades libres capaces de cooperar en paz y libertad.

Como arras de esta política y garantía de que las grandes potencias iban por buen camino, yo desearía ver la internacionalización del petróleo, el uranio y la aviación civil, limitada, claro está, primero, al mundo no comunista.

SALVADOR DE MADARIAGA




ArribaAbajoEspaña espera su hora

Los puntales del régimen se quiebran II


Rodolfo Llopis


Si el Ejército es el principal responsable de la implantación de la dictadura y de que todavía perdure, la Iglesia, poniéndose desde el primer momento de parte de los rebeldes y aportándoles toda la fuerza moral que representa, con tribuyó grandemente al triunfo de la rebelión y a la instalación de la dictadura. La Iglesia y el Ejército han sido y siguen siendo dos grandes puntales de los tres que sostienen el régimen franquista. El tercer puntal es la Falange. Pero así como el Ejército y la Iglesia llevaron a la rebelión y a la dictadura una fuerza efectiva, la Falange, por el contrario, sacó de la rebelión y de la dictadura la fuerza de que blasona.

Los «camisas viejas».

La Falange, al estallar la rebelión, apenas si tenía fuerza. Decían contar con unos veinte mil afiliados en toda España. Seguramente no llegaban a esa cifra. Falange había conocido no pocas crisis de personas y de doctrina, antes y después de la fusión de las «Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista» con la «Falange Española», realizada en febrero de 1934, de donde saldría la «Falange Española y de las J.O.N.S.» En octubre de ese mismo año aprobaron su programa definitivo: los famosos Veintiséis puntos.

Eran por aquel entonces un puñado de jóvenes audaces, ebrios de acción. Abundaban los intelectuales y no faltaban algunos títulos nobiliarios. También había algunos obreros y no escaseaban los aventureros que no tardaron en convertirse en mercenarios del crimen.

La Falange, consciente o inconscientemente, servía a determinados políticos reaccionarios y estaba en contacto con los agentes nazis y fascistas que inundaban el territorio de la confiada República.

Para mejor comprender lo que bullía en los cerebros de ciertos falangistas intelectuales, conviene que oigamos la confesión que me acaba de hacer un «camisa vieja», hoy en plena e irreversible ruptura con la Falange. Es una explicación cerebral. Guardémonos de generalizarla.

Esquema simple y consolador.

«Muchos jóvenes pensaban -me dice el "camisa vieja"- que la Democracia estaba agotada en su fase liberal y burguesa y que la superación de esa fase, con el consiguiente cambio de estructura social, solo podía ser obra de una minoría audaz, decidida, capaz de imponerse violentamente. Incapaces de inclinarse hacia la revolución roja por razones culturales, ambientales o religiosas, estos jóvenes creían, sin embargo, que esta era indefectible. Aparece entonces el mito de la Revolución nacional, el Fascismo, con su poesía militar-proletaria, su exaltación patriótica y sus imitaciones de la técnica revolucionaria.

El falangismo -prosigue mi corresponsal- propone a estos jóvenes un desprecio igual por la derecha española, -conservadora y reaccionaria en el orden económico como en el cultural y el estético-, que por la izquierda, dentro de la cual el marxismo es presentado como una barbarie nueva. De otra parte, el falangismo propone también a estos jóvenes un remedio contra su complejo de inferioridad nacional. España, dice el falangismo, fue grande en sus días. Luego se postró. Pero aun más tarde, cuando se consolida el poder de Inglaterra y Francia, antiguas rivales de España, éstas vigilan para impedir su resurgimiento, la condenan al ostracismo en Europa, impiden con su poder cualquier resurgimiento español. Ahora Europa puede cambiar de dueño: dos jóvenes naciones de cultura vieja, Alemania e Italia, han inventado la fórmula revolucionaria adecuada a Europa -el fascismo-, así como el comunismo es adecuado a Asia y la democracia capitalista a América. Inglaterra y Francia decaen, y los pueblos nuevos las sustituyen en la hegemonía. Hay que estar con ellos en la soledad de los excluidos. Este esquema, -añade mi corresponsal-, demasiado simple y consolador, se impone fácilmente a las mentes juveniles en 1933.

Entre 1933 y 1936, -continúa mi corresponsal-, los acontecimientos se precipitan. La democracia española conoció diversas turbulencias y la radicalización del extremismo a derecha e izquierda fue en aumento. La conspiración militar, de génesis reaccionaria, consiguió un notable incremento y, finalmente, una coyuntura propicia apareció después de febrero de 1936. A lo largo de este breve proceso, les parecía a los jóvenes más urgente tomar partido y lanzarse a la acción que meditar y depurar sus propias ideas. El falangismo se hizo más popular a través del clima de violencia imperante en los últimos meses de la República: pero desconfiando poder imponerse por sus propias fuerzas, como hubiera sido su deseo, acabó por entrar en la preparación del golpe de Estado junto a fuerzas con las que creía no tener nada de común, es decir, las derechas tradicionales. Tras de algunas tentativas, -concluirá nuestro corresponsal-, para empujar a los hombres del centro republicano (Maura, Sánchez Román, Portela, Valladares, Azaña) a establecer una dictadura nacional, Primo de Rivera superó sus escrúpulos y vacilaciones y se unió, con los falangistas, a la conspiración.»

Testimonio silenciado.

No nos extrañan los escrúpulos y las vacilaciones que, como acabamos de ver, se atribuyen a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange. A quienes solo lo conocimos en el Parlamento, nos daba la impresión de llevar sobre sí la hipoteca política de su apellido y de ser víctima, en la acción, de su propia dialéctica. Más que jefe, nos parecía prisionero.

Pero existen dos documentos de gran importancia que confirman esos escrúpulos y esas vacilaciones, documentos que los falangistas han tenido buen cuidado en silenciar. Uno de ellos es el proyecto de manifiesto político que escribió en la cárcel de Alicante, después de haber estallado la sublevación. El otro documento, escrito después de comparecer ante el Tribunal Popular que lo juzgó y condenó, es su testamento. Los dos documentos fueron a parar a manos de Indalecio Prieto.

En el proyecto de manifiesto, todavía en notas, puede leerse lo siguiente: «-Qué va a ocurrir si ganan los sublevados? Un grupo de generales de honrada intención pero de desoladora mediocridad política. Puros tópicos elementales (orden, pacificación de los espíritus.) Detrás: 1º el viejo carlismo intransigente, cerril, antipático; 2º las clases conservadoras, interesadas, cortas de vista, perezosas; 3º el capitalismo agrario y financiero, es decir, la clausura en muchos años de toda posibilidad de edificación de la España moderna. La falta de todo sentido nacional de largo alcance. Y, a la vuelta de unos años, como reacción, otra vez la revolución negativa. Salida única: la deposición de las hostilidades y el arranque de una época de reconstrucción política y económica nacional, sin persecuciones, sin ánimo de represalias, que haga de España un país tranquilo, libre y atareado

Como remate a su manifiesto político, Primo de Rivera propone la formación de un gobierno de carácter nacional, con un programa concreto en doce puntos. En ese programa figura la amnistía, la reposición de funcionarios, la disolución y desarme de todas las milicias, alzamiento del estado de alarma, revisión de las incautaciones, inamovilidad de funcionarios, supresión de toda intervención política en la administración de justicia, implantación de la reforma agraria, autorización de la enseñanza religiosa sometida a la inspección técnica del Estado, clausura de las Cortes durante seis meses para que el gobierno pueda legislar por decreto. ¿Quiénes deberían formar ese gobierno nacional para aplicar dicho programa? El propio Primo de Rivera nos lo ha dejado escrito: Presidencia, Martínez Barrios; Estado, Sánchez Román; Justicia, Álvarez (D.M.); Guerra, el Presidente; Marina, Maura (M); Gobernación, Portela; Agricultura, Ruiz Funes; Hacienda, Ventosa; Instrucción Pública, Ortega y Gasset; Obras Públicas, Prieto; Industria y Comercio, Viñuales; Comunicaciones, Trabajo y Sanidad, Marañón.

De su testamento extraemos estos dos pasajes: «No puedo desde aquí lanzar reproches a mis camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que, a buen seguro, tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas, doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que soñó la Falange.

Ojalá fuese la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la patria, el pan y la justicia.»

Primo de Rivera, en el momento grave de redactar su testamento, piensa en lo que él llama la «ardorosa ingenuidad» de sus huestes. Poco seguro de ellas, encomienda a Dios que esa «ardorosa ingenuidad» no sea aprovechada más que en servicio d e la grande España de sus sueños.

Una ficción parasitaria.

Falange engrosó durante la guerra bajo la protección de los representantes de Hitler y Mussolini. Estos, como se sabe, ayudaban a Franco pensando en la guerra que preparaban para dominar Europa. Una España a su devoción, con un régimen totalitario a su imagen y semejanza, les era necesaria para la aventura que tenían decidida. Falange podía ser el mejor instrumento para su política en España. Franco -recuérdese el juicio de Primo de Rivera- no tenía la menor idea de lo que podía ser el Estado español, si lograba ganar la guerra. No podía pensar en una República, puesto que se había alzado contra ella. La presión monárquica era fuerte, pero en una monarquía su figura quedaría esfumada. Su cuñado, Serrano Súñer que, tras un canje, acababa de llegar a Salamanca, y que se convirtió rápidamente en «hombre de los alemanes» y en eminencia gris del Caudillo, le dio la solución. Y la solución estaba en Falange. Falange le ofrecía una doctrina y un programa, inspirados en el totalitarismo nazi-fascista. Falange le levantaba la hipoteca monárquica y le atraía la simpatía de Hitler y Mussolini.

Franco aceptó: pero, como de costumbre, no tenía prisa. Mas las querellas dentro de Falange, con descaradas intromisiones de Faupel, embajador de Hitler, eran grandes, y las querellas entre falangistas y requetés no menos violentas. Para liquidarlas, Franco -como todavía dicen ciertos exfalangistas- decidió dar un golpe de Estado. Es el decreto de 19 de abril de 1937, unificando la Falange y los requetés. Ese día surgió la «Falange Tradicionalista y de las J.O.N.S.», con un solo programa: los famosos Veintiséis puntos, y con un solo jefe: Franco. El entonces embajador italiano, como recoge Faupel en sus despachos a la Wilhelmstrasse, solía decir que «Falange era un partido sin jefe y Franco un jefe sin partido». Ahora ya no lo podría decir más. Falange tenía un jefe y Franco un partido. Franco y Falange unían su misma suerte.

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Así, cuando en 1939, terminada la guerra, se reorganiza el Estado franquista, el régimen se define a sí mismo como un Estado totalitario nacional-sindicalista. A Falange se le conceden todos los monopolios: el político, el sindical, el de la juventud, el de la prensa... Todos. Falange se incrusta en los presupuestos de la nación, convirtiéndose en un monstruoso aparato burocrático.

Pero Hitler y Mussolini son vencidos, y las intenciones de los Aliados respecto a España no están claras. Lo que sí se sabe es que todo lo nazi-fascista es barrido en Europa. En España, por si acaso, hay que ser prudentes: se ven menos uniformes falangistas y se suprime el saludo a la romana. Comienzan las «crisis de conciencia» en el interior de la Falange y se advierten no pocas deserciones.

Falange se afirma cada día más como una monstruosa burocracia; pero Franco necesita de Falange para oponerla a las pretensiones de otras fuerzas del régimen que creen llegada su hora, muy singularmente los monárquicos. Franco descubre que Falange constituye el más tremendo de los fracasos: le hicieron creer que habían conquistado a la clase trabajadora para el régimen, y las repetidas huelgas traducen todo lo contrario; le decían que la juventud había sido ganada para el régimen, y la rebelión permanente en que vive demuestra todo lo contrario. Falange era la gran estafa del régimen.

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Pero había que reforzarla para poder seguir utilizándola frente a las presiones, cada vez más fuertes de otros elementos, sobre todo la de los monárquicos, que se ofrecen para la sucesión. Franco intenta conseguirlo con las famosas leyes «fundamentales», por las que toda la vida española quedaría sometida a Falange. Las leyes quedaron estancadas en Consejo de ministros, repudiadas por el Ejército, la Iglesia y los monárquicos. La crisis ministerial se hizo inevitable. Crisis profunda, porque no ha podido ocultar la catastrófica situación económica del país, fruto de la incompetencia y de la inmoralidad del régimen; crisis profunda, porque las fuerzas en presencia afirmaron sus posiciones políticas antifalangistas, sabiendo que Franco es el jefe supremo de Falange. La crisis ministerial que acaba de producirse traduce la verdadera crisis del régimen. Falange, más que puntal, es un estorbo. Una monstruosa ficción parasitaria. Como lo es el régimen franco-falangista.

Para descargar mi conciencia.

La pugna entre monárquicos y falangistas que de algún tiempo a esta parte reviste cierta violencia, data de muy antiguo. Desde que los monárquicos, contabilizando su participación en la rebelión, estimaron que había llegado la hora de suceder al Caudillo. Esa pretensión de los monárquicos, no podía ser del agrado del Caudillo, que había tomado ya en serio su papel de jefe de Estado provisional... aunque inamovible. Tampoco podía ser del agrado de los falangistas, pues temían que en una monarquía, aunque fuese autoritaria, se prescindiese de sus servicios.

Las pretensiones de los monárquicos derivaban de su intervención en todas las conspiraciones contra la República. El carlista Antonio Lizarza, en su libro «Memorias de la conspiración», publica el documento que detalla la entrevista que tuvieron en Roma el 31 de marzo de 1934 con Mussolini en presencia de Italo Balbo, carlistas, monárquicos y militares españoles para preparar la sublevación. En esa entrevista, Mussolini les ofrece y entrega dinero y armas «para derribar el régimen que existe, y reemplazarlo por una Regencia que prepararía la restauración completa de la monarquía.»

Cuando en 1936 estalla la sublevación, los monárquicos toman parte muy activa en ella. El Pretendiente pasa la frontera clandestinamente y, como gusta recordarlo con tanta frecuencia como inoportunidad, se ofrece por dos veces a luchar al lado de los rebeldes contra otros españoles. Cada vez que las fuerzas franquistas tienen un éxito militar, no faltan los telegramas de felicitación de don Alfonso o de don Juan. Cuando se forma la Junta Técnica del Estado y el primer gobierno franquista, en Burgos, de una y otro forman parte los monárquicos.

La guerra civil termina y, contra lo que los monárquicos esperaban, Franco no da paso a la monarquía. Los monárquicos sufren su primera gran decepción. Las cartas y telegramas que se cruzan entre el Pretendiente y Franco no tienen nada de alentadoras. Franco está seguro del triunfo de Hitler y no tiene que hacer concesión alguna a don Juan. Don Juan se resigna a esperar ocasión más propicia.

Por eso cuando el triunfo de los Aliados no ofrece ya dudas de ningún género, don Juan, desde su residencia de Lausana, dirige «A los españoles», el 19 de marzo de 1945, un Manifiesto en el que dice: «Para descargar mi conciencia del agobio cada día más apremiante de la responsabilidad que me incumbe, me decido a levantar mi voz y requerir solemnemente al general Franco para que, reconociendo el fracaso de su concepción totalitaria del Estado, abandone el poder y dé libre paso a la restauración del régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la religión, el orden y la libertad.» «No levanto bandera de rebeldía -concluye don Juan- ni incito a nadie a la sedición; pero quiero recordar a quienes apoyan al actual régimen la inmensa responsabilidad en que incurren contribuyendo a prolongar una situación que está en trance de llevar al país a una irreparable catástrofe.»

Pongámonos de acuerdo.

Franco no abandonó el poder. No hubo sedición, ni rebelión. Pero dos años después contestaba el Caudillo con la ley de Sucesión, por la cual, «España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino.» España, pues, por la voluntad omnímoda del Caudillo, se transforma en un reino... sin rey. Bien es verdad que eso importa poco. Mientras viva Franco, no hace falta ningún rey. Y si la hiciera, él lo buscará. Para eso la ley establece que «En cualquier momento, el jefe del Estado (es decir, Franco) podrá proponer a las Cortes la persona que deba ser llamada en su día a sucederle, a título de rey o de regente... como podrá asimismo someter a la aprobación de aquellas la revocación de la que hubiere propuesto, aunque ya hubiese sido aceptada por las Cortes.»

Contra esa ley que deja en manos de Franco la suerte de la monarquía y la del futuro rey, protestó el Pretendiente con otro Manifiesto dirigido igualmente «A los españoles», desde su nueva residencia de Estoril, el 7 de abril de 1947. «La ley de Sucesión que naciera en condiciones tales -concluye don Juan- adolecería de un vicio substancial de nulidad.»

Pasa un año. Franco se entera que las fuerzas monárquicas se han puesto de acuerdo con el Partido Socialista Obrero Español para derribar al Caudillo y constituir un gobierno provisional que convocaría elecciones libres para que el país decidiese del régimen político de España. Se entera, y se asusta. Y porque se asusta, invita a don Juan a una entrevista que se celebra a bordo del «Azor», el 25 de agosto de 1948. Buscando a don Juan como interlocutor, Franco daba a entender que había elegido ya su futuro sucesor. Los monárquicos así lo creen y se dan por satisfechos. El acuerdo con los socialistas queda maltrecho y acabará por romperse. Los monárquicos y Franco, cada cual a su manera, habían conseguido, aparentemente al menos, sus objetivos.

En realidad, Franco había puesto en circulación su famosa fórmula: los Borbones, sí; pero no don Juan, sino su hijo Juan Carlos. Como el infante tenía a la sazón once años y, según la ley franquista, hay que tener treinta para poder ser rey, Franco se sacrificaría y seguiría siendo jefe de Estado diez y nueve años más. Entre tanto, que se dividiesen los monárquicos entre partidarios del padre y partidarios del hijo... Franco se había divertido con los monárquicos.

Pasan meses y aun años. Hay agitación en España. Los llamados elementos operantes, -como entonces se decía- se inquietan, dan muestras de impaciencia, que llegan hasta don Juan. Le piden que adopte una actitud decisiva. Don Juan envía a Franco el 10 de julio de 1951 una larga carta, modelo de estupidez y de humillación.

«Se me ha acusado, creo que maliciosamente por la propaganda antimonárquica, -decía humildemente el Pretendiente- de no estar identificado con el Movimiento Nacional, al que dos veces me ofrecí como voluntario. Ese Movimiento, recogido y encauzado por un régimen ampliamente nacional como la Monarquía, debiera haber sido el principio, no solo de una era de resurgimiento material, sino también de reconciliación entre españoles... Tampoco le ocultaré que pesa extraordinariamente en mi ánimo el temor de que, pasada la oportunidad, no tenga la monarquía ocasión de prestar a la patria los servicios que tantísimos españoles esperan de ella. Si Vuestra Excelencia -dirá para terminar el Pretendiente- está animada de los mismos deseos de concordia en bien de España, -lo que no puedo ni siquiera dudar- estoy plenamente seguro de que encontraremos con facilidad la fórmula práctica susceptible de superar las dificultades presentes y asentar las soluciones definitivas. V. E. es hoy el depositario de todos los poderes estatales. Yo soy el titular de los derechos de la Institución tradicional. Pongámonos de acuerdo para preparar un régimen estable que, bajo la égida de la Monarquía, signifique la consolidación de los principios a los que va unida la existencia misma de España.»

Monarquía falangizada.

Esa carta humillante de don Juan, que contiene otros muchos pasajes tan desdichados cual los que acabamos de transcribir, fue divulgada por los servicios franquistas. Creían, no sin fundamento, que con ello contribuían a desacreditar al Pretendiente. Por lo demás, la fórmula de Franco era sobradamente conocida: que don Juan abdicase en la persona de Juan Carlos, quedando Franco de Regente. Fórmula lanzada a sabiendas de que no se aceptaría. Eso no tenía importancia. El caso era continuar en el poder. Como Caudillo o como Regente. El tiempo pasa y los monárquicos se vuelven a impacientar. Aparte la situación general del país que cada día empeora un poco más, se producen unos cuantos hechos que, aislados, carecen de gran importancia, pero que acabaron por alarmar al Caudillo.

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Uno de esos hechos fue la presentación en sociedad de la infanta María del Pilar, que tuvo lugar el 14 de octubre de 1954. La fiesta de familia se transformó en manifestación política. Tres mil monárquicos se trasladaron a Portugal. Allí fue la Grandeza de España. Allí fueron muchos militares. Lo que ha dado en llamarse «la marcha sobre Estoril», acabó por alarmar a Franco. Más se hubiese alarmado si esa marcha de militares y Grandes de España hubiese sido sobre El Pardo...

Otro de esos hechos fue el resultado de las «elecciones» municipales que se celebraron un mes después, elecciones donde solo votan los cabeza de familia y de cuyo censo electoral han sido eliminados los enemigos del régimen. En Madrid hubo candidatura monárquica frente a la falangista. A pesar de todos los desmanes cometidos por los falangistas para evitar la derrota, triunfaron los monárquicos.

Los monárquicos se envalentonaron. Franco decidió cortarles las alas. Para ello provocó la entrevista que con don Juan celebró en Las Cabezas, el 29 de diciembre de 1954.

De esa entrevista surge el envío a Madrid del infante Juan Carlos para proseguir sus estudios bajo la vigilante protección del Caudillo. Los monárquicos aprovechan la presencia de Juan Carlos en Madrid para multiplicar las manifestaciones monárquicas, a las que se suman, por la fuerza de las circunstancias, muchos antifranquistas que no son monárquicos. Los falangistas contramanifiestan para hacer creer que la monarquía no tiene ambiente favorable en España ni siquiera en la persona del joven Juan Carlos.

Hay una gran confusión, pues no se sabe lo que pasó en la entrevista de Las Cabezas, que cada uno de los dos interlocutores cuenta a su manera. Franco se considera obligado a reunir la Junta Política de Falange, que él preside, para explicar lo ocurrido. Y declara... «que su Magistratura es vitalicia...», «que solo tiene 63 años...», «que su salud es magnífica, lo que le augura vivir luengos años todavía...», «que cuando muera, le sucederá una monarquía... falangista...»

Se espera la reacción del Pretendiente. En efecto, los periódicos del 24 de junio de 1955 publican unas declaraciones de don Juan, que resultan definitivas. «La Monarquía -dice don Juan- siempre se ha sentido solidaria con los ideales del Movimiento, y al fin y al cabo, la gesta de los españoles en 1936, no fue sino la repetición de lo que para salvar a su patria hicieron desde Sagunto a la Reconquista.»

España no es eso solo.

El acuerdo, pues, entre Franco y don Juan, es perfecto. El Movimiento Nacional sucederá al Movimiento Nacional. Y al Reino sin rey que dicen es la España actual, sucederá una Monarquía falangizada con su rey correspondiente. Será algo así como un franquismo sin Franco. Eso es lo que nos anuncian, hasta ahora, las declaraciones del Caudillo y del Pretendiente. Poco importa que los monárquicos conscientes, aterrados por las declaraciones de don Juan del 24 de junio de 1955, digan en voz baja que esas declaraciones son apócrifas, que son obra de Danvila, un monárquico franquista, más franquista que monárquico. Lo cierto es que no han sido rectificadas y que lo que en ellas se dice se encuentra ya, como hemos visto, en la carta que el 10 de julio de 1951 dirigió el Pretendiente al Caudillo.

Lo que resulta escandaloso, verdaderamente insultante para España y para los españoles es ver «el depositario de los poderes estatales» y «el titular de los derechos de la Institución tradicional», como ellos se llaman a sí mismos, repartirse una herencia que no les corresponde, disponer del futuro de España como si España fuese de su propiedad. España es de los Españoles, de todos los españoles, y no de un usurpador y de un mendicante. Quien tiene que hablar es el país, todo el país. Y expresar su voluntad libremente, con toda clase de garantías. Ello no será posible mientras subsista el régimen actual u otro parecido. Y hay que conseguirlo para bien de España y para bien del mundo. En ello se afanan dentro y fuera de España, hombres, grupos y fuerzas más o menos estructuradas ya. De ello nos ocuparemos en el próximo y último artículo de esta serie.

RODOLFO LLOPIS




ArribaAbajoNuestra encuesta

Contestación de «Juventud Progresista» de España


P. ¿Cómo concibe Vd. el futuro de España? Política, Cívica y Económicamente

R. El futuro de España nos parece bastante difícil, aunque no sombrío, pues el pueblo español está dispuesto a acabar con el sistema que ha parado la vida nacional.

Políticamente, creemos en una República Democrática y Federal, en la que todos los partidos tuvieran su representación con una mutua tolerancia, y no permitiendo jamás, el gobierno republicano elegido en unas elecciones auténticamente libres, el que un sector faccioso usara la libertad para suprimir la de los demás e imponer por medio de las armas o la coacción su propio sistema.

P. ¿Cuál sería su fórmula para articular un programa de reconstrucción nacional?

Reconstrucción política y ciudadana

Reconstrucción económica

R. Necesitamos una república democrática fuerte, que no dude nunca en emplear la represión contra aquellos elementos que atenten contra la seguridad de la misma, pues en caso contrario volveríamos a caer en un sistema dictatorial como el que padecemos por la poca decisión de unos gobernantes auténticamente democráticos que se dejaron aplastar por los acontecimientos subversivos de una facción militar derechista.

Cívicamente, creemos se debe inculcar al pueblo el derecho de cada ciudadano a pensar según sus convicciones sin que sea molestado por ello, a no ser que atente contra la libertad de los demás. Educar al pueblo para que tenga un elevado concepto del civismo, creemos es la primordial labor de un gobierno democrático.

Económicamente, deseamos sacar a España del caos en que la dictadura nos ha metido, y para ello la principal labor será poner en efectivo el Plan Agrario republicano, con la mecanización y socialización del agro español, pobre por poco explotado, pero fuente principal de bienes para la economía nacional si se desarrolla convenientemente. Procurar por todos los medios que el labrador no deserte de su puesto en la Agricultura y educarle para una mayor productividad de su terruño, haciendo lo posible para que los que se fueron a trabajar en las grandes capitales, vuelvan a su patria chica a laborar por el desarrollo de la Agricultura nacional. Acabar con todos los latifundios que tantos estragos han traído a la economía española. Aceptar toda ayuda extranjera, sea de donde sea, sin vendernos jamás por un plato de lentejas o por unas bases militares.

P. 1: En qué forma aspira a gobernar España el partido a que Vd. pertenece.

R. 1. No pertenecemos a ningún partido político determinado.

P. 2. Cómo cree posible lograr la colaboración de los restantes españoles.

R. 2. Al igual que D. Salvador de Madariaga, creemos que la colaboración entre españoles es cuestión de educación cívica, y pensamos que de momento no se podría convertir a España, como algunos españoles en el exilio pretenden, en un Hyde Park al estilo londinense. Con las fuerzas reaccionarias no se puede dialogar, por el momento, ni creemos que en un futuro inmediato se pudiera hacer. Ellos han dicho siempre que su diálogo es, «el de las pistolas», y contra el bruto armado no caben razones por muy lógicas que nos parezcan. Es triste, pero debemos reconocer la realidad y los acontecimientos históricos.

Respecto a la colaboración con los exilados españoles nos parece primordial, siempre que muchos de ellos dejen a un lado ciertos partidismos que creemos ya caducos e inaceptables para una España nueva. Ciertas «poses» de suficiencia, demostradas por algunos exilados españoles, no son nada favorables para la reconstrucción política española. Creemos que deben bajarse de sus pedestales y dialogar sin pedantería con el resto de los españoles de buena voluntad y particularmente con la juventud española, que tan sedienta está de aguas liberales.

P. 3. Qué estudios o trabajos ha realizado el grupo o partido a que pertenece Vd. durante estos últimos años.

R. 3. Nuestro grupo ha realizado diversos estudios sobre todos los partidos políticos existentes antes de la dictadura y ha tratado de acoplarlos imaginativamente a la España de hoy, observando que algunos de ellos no cuadrarían en el futuro.

P. 4. ¿Qué forma de gobierno prefiere Vd. para España, y cómo espera y concibe que una mayoría suficiente de españoles la apoye sin necesidad de imponerla mediante procedimientos violentos?

R. 4. Un gobierno republicano democrático y federal, obtendría una aplastante mayoría en unas elecciones auténticamente libres. La monarquía está muy desacreditada entre el pueblo, particularmente por su claudicación ante la dictadura que ha manejado y maneja al elemento tradicionalista, con sus promesas de instauración de un reino.

No sería necesario usar procedimientos violentos, siempre que los elementos clericales y militares cedieran ante la voluntad del pueblo. Este «ceder» nos parece dificilísimo en los momentos actuales, a pesar de que grandes sectores del bajo clero están pensando y procurando adaptarse al futuro e inmediato cambio. En caso de que las fuerzas reaccionarias no claudicaran ante la evidencia, Esquilo en su Agamenón, nos da la contestación: «Grave cosa es que un pueblo airado dicte sentencia; que al fin la maldición popular es deuda que se paga».

P. 5. ¿Cómo concibe las relaciones internacionales en este momento?

R. 5. Las relaciones internacionales de España, en la actualidad, están basadas en el apoyo que el gobierno franquista recibe particularmente de los Estados Unidos, cuyo gobierno no tiene el menor escrúpulo en mantener y apoyar al régimen dictatorial de Franco. Estados Unidos siempre contó con fervorosos amigos entre los españoles de izquierdas, y muy particularmente durante la segunda guerra mundial, por lo cual algunos de esos admiradores fueron perseguidos y hasta en ciertas ocasiones encarcelados. Las derechas españolas ni han tenido ni tienen gran simpatía por los Estados Unidos, a pesar de que hoy se apoyen en la fuerza de esa gran nación y en el coco comunista que ha llegado a convertirse en la piedra filosofal del franquismo, así como de otras dictaduras repartidas por los ámbitos de nuestra amada América.

Franco en la actualidad sigue una política exterior que por las muestras que aquí recibimos de fuera, le está reportando beneficios y cimentando una opinión democrática y liberal. Fuera de España se tiene la impresión de que aquí, el dictador piensa que abriendo la mano poco a poco conseguirá una nación «libre» y «dichosa», de la cual, él continuaría siendo la cabeza directora. Y nada más lejos de la realidad.

En el exterior se tiene la creencia de que en España hay libertad cuando tienen noticias de ciertas manifestaciones estudiantiles que nunca han pasado a mayores, cuando ven libros impresos en España de autores liberales, o cuando contemplan alguna película española valiente («Muerte de un ciclista»), sin saber que, después de las manifestaciones, los estudiantes son encarcelados, los libros, que habían sido censurados, prohibidos, y las películas mutiladas.

Publicaciones democráticas se hacen eco de esta aparente tranquilidad y dicha, propagada por los elementos oficiosos del régimen, y, (queremos creer) de buena fe las alaban y piensan que algo ha cambiado en Iberia de un tiempo a esta parte.

Creemos inadmisible la construcción de las bases militares americanas en nuestro país, por la concesión de un gobierno que no representa la opinión pública española. No estamos dispuestos a convertimos en conejos de Indias, ¡ni de los americanos ni de los rusos, ni de nadie!

El valorar lo material como primordial, o sea las bases, es un tremendo error político del gobierno americano que ha de pagar. El pueblo español no está dispuesto a embarcarse en ninguna clase de intereses de altas finanzas, ajenas a los propios intereses. En la actualidad los americanos residentes en España son vistos como avanzadilla de propulsores de la guerra. Se los llama «miembros del Ejército de Ocupación» (de un país que jamás se dejo ocupar por una potencia extranjera).

El pacto del gobierno yanki con el franquismo ha creado en España más antiamericanismo y más comunistas que toda la propaganda moscovita.

En el futuro, cuando el pueblo español acabe con la dictadura y posea un gobierno auténticamente representativo, los Estados Unidos, si anteriormente no cambian de política, lamentándolo muchos de nosotros, se verán quizá postergados en nuestras relaciones internacionales.

Estrecharemos más los lazos con Europa e ingresaremos en la Federación Europea, manteniendo íntimas relaciones con todos aquellos países de Sud-América, que no estén carcomidos por sistemas dictatoriales. México, ocupará un lugar preferente en nuestras relaciones internacionales, por haber sido uno de los pocos países con visión auténticamente acertada de la situación política española.

Madrid, marzo de 1957

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ArribaAbajoCarta de España sobre arte y literatura

Juan de Toledo1


Hace muy poco tiempo se publicaba en esta misma revista un artículo de Ignacio Iglesias sobre el estado actual de nuestra literatura, que expresaba muy bien el esfuerzo extraordinario que realizan muchos escritores españoles contemporáneos, de los que viven en España, para romper esa corteza dura y bien artillada que amenaza constantemente su libertad de creación, su afán de investigar el mundo, sin valedores, sus preocupaciones por un mejor conocimiento del paisaje social y del hombre de hoy. Nos sorprendió este artículo por su valor objetivo e independiente y también porque suponía un apartamiento de todo un cuerpo tópico de ideas y sentimientos con respecto al quehacer artístico de nuestro país. Casi siempre los exilados españoles han mostrado un desconocimiento superior, falsamente tendencioso, al enjuiciar el trabajo de las generaciones de poetas y novelistas surgidas después de la guerra civil. El caso de Ramón Sender, cuando nos habló en esta misma revista de un activo renacimiento clásico de nuestras letras, y el de Ignacio Iglesias ya citado, son dos hechos excepcionales. La mayoría de las veces se ha considerado nuestra situación de modo despectivo y mal intencionado, despreciándose esa novela y esa poesía sólo por el hecho de haber nacido a la sombra del régimen «paternal» y regimental de Franco. Se ha ignorado de manera absoluta el heroico comportamiento de muchos escritores, que son en verdad los que le han dado un tono al arte de esta época, que han tenido que ir rompiendo con maña y valerosa conducta intelectual y moral todos esos círculos difíciles de un encarcelamiento insoportable.

Esa lenta liberación de los artistas españoles, sin duda ha sido favorecida por una serie de circunstancias políticas internacionales, que van desde la victoria de las democracias sobre las potencias fascistas hasta la apertura de las fronteras a los turistas de Europa y América. Para conllevar toda esta existencia, para hacérsela buena, la España oficial se ha tenido que ir poniendo unas máscaras adecuadas, las adecuadas a cada representación. Una de las más divertidas es la de la «democracia orgánica». Al llegar a este punto podría uno preguntarse si lo que debieron haber hecho los escritores españoles de este tiempo es callarse, no decir ni pío. Este silencio valdría como testimonio de un estado de cosas. No sabemos si esta forma de expresarse hubiera sido la más conveniente en un país donde para alcanzar cualquier clase de libertad, todo lo tienen que realizar los españoles que están dentro, porque desde fuera se les ha dejado abandonados a su suerte.

Hemos de pensar que todos los novelistas y poetas que hoy trabajan en España se han formado íntegramente dentro de un clima dictatorial, castrense y clerical. Lo mismo los que hicieron la guerra civil que los que no la hicieron. Todos han pasado por esos organismos del nuevo Estado, muy nacional-sindicalistas, completamente obligatorios: desde la escuela primaria, el instituto, la universidad, el sindicato, las sociedades culturales, que ya da lo mismo que se llamen Ateneos o Casinos principales. Este Estado no ha perdido de vista nada. Si suprimimos los pocos valores intelectuales de procedencia liberal que quedaron en nuestro país, Ortega, Baroja, Marañón, cuya actitud hemos de reconocer como extraordinaria y ejemplar, a pesar de muchas cosas, más los casos acomodaticios de D'Ors, Pérez de Ayala o Azorín, todo lo demás ha surgido de los propios hornos del régimen actual, de sus clanes políticos, de sus fábricas de falangistas, al menos de su clima próximo y opresor.

Rota la continuidad histórica, separados de la tradición cultural de la Monarquía y de la República, sometido todo el arte español a clasificaciones e índices severísimos, los hombres de España que habrían de producir un nuevo ciclo intelectual y ético se encontraban totalmente aislados, abandonados a su sino, perdidos entre los fantasmas de una libertad maltratada, asaltada por mitos retrospectivos y por la demagogia de los nuevos profesores de energía. Para salir de este aislamiento se les llamaba al orden de los tiempos áureos, que no sabemos qué se quería decir con esto. Pero la verdad es que era muy difícil que estos artistas inéditos se pusieran a escribir, entre 1940 y 1950, versos como Garcilaso, teatro como Lope y novelas como Pedro Antonio de Alarcón. Hubo muchos que lo hicieron así. Escribieron al dictado. Hemos de recordar la revista Garcilaso, el teatro inofensivo de Ruiz Iriarte y las novelas de Pombo Angulo. Pero los mejores no se contentaron con esto. Sobre la realidad española que veían, sobre los libros y revistas que llegaban clandestinamente por la frontera cerrada, dentro de esa personal condición del hombre, esencial y primera, de decir no al mundo de los fenómenos; aquellos españoles inventaron unas ideas y unas formas que suponían un compromiso de libertad y una dignificación del espíritu. Más heroico este comportamiento todavía, porque la mayoría de estos escritores disconformes eran católicos, son católicos, situados dentro de una confesión determinada, que era precisamente la del Estado nacional que los encarcelaba.

Al fin y al cabo, esa lucha que tenían que llevar a cabo novelistas y poetas, pintores y profesores, era poco más o menos la misma que habían realizado a través de tantos siglos anteriores Gil Vicente y Torres Naharro en el quinientos, Cervantes y la picaresca en el campo de la novela moderna, Gracián y Quevedo en el orbe de las ideas y de la estética. En los nuevos artistas fue adquiriendo cuerpo, a lo largo de diez años, ese sentimiento, porque se trata de un sentimiento, que el arte español ha sido siempre cosa de compromiso, de política, de circunstancia inmediata. Y que en nuestro país jamás se entendió ni el arte gratuito ni el arte por el arte. Esa raíz hispánica, tan fundamental, expuesta otra vez al aire, al aire viciado y vicioso del régimen de Franco, produjo una serie de obras importantes y un clima crítico del mayor interés. Es precisamente dentro de ese aislamiento aterrador donde los escritores españoles han verificado la experiencia existencial de la libertad. En una situación como ésta que vivimos se aprecia mejor el sentido de la libertad, no el de la libertad como un hecho político, sino el de la libertad como un hecho metafísico que, claro está, conduce siempre, al fin y a la postre, al problema de la libertad como realidad social.

A pesar de todas las persecuciones, de toda la disciplina cuartelera, de toda la máquina policiaca en movimiento, no se ha podido evitar la puesta en marcha de una voluntad que cada vez clama más y más por su paraíso perdido. En toda esta evolución no cabe duda de que la incitante acción del pensamiento de Unamuno o de Ortega ha sido transcendental. Las nuevas generaciones siguen viviendo de esta herencia. Este Estado totalitario no ha producido ni un solo pensador serio. Y los mejores profesores, los que tienen más crédito, se han contentado con la arriesgada tarea de divulgar las ideas de aquellos ilustres maestros, aun sin quererlo. A esto hemos de añadir el renacimiento de la poesía de Antonio Machado, que se ha de considerar como un elemento indiscutible de liberación. Antes se había producido esa famosa agitación en el mundo de la novela que se llamó el «tremendismo», fenómeno no tanto español como europeo, y que lo hemos de entender como el bautismo de sangre de la incorporación de nuestra vieja y desgraciada nación al mundo occidental. Más que los libros, que son importantes sin duda alguna, lo que nos interesaba de todo esto era esa inquietud moral que iba sembrando de riesgos el camino de la libertad. Esta libertad como problema ha sido un ingrediente poderoso de la nueva concepción de una novela y de una poesía realista y temporal, puesta al día bajo la influencia de diversos fermentos, y que parece de modo brillante y heroica, más o menos escondida, más o menos abierta, en muchas obras de arte de nuestros días.

JUAN DE TOLEDO

Ilustración




ArribaAbajoLecturas: The Yoke and the Arrows2

Claude G. Bowers


Una nueva generación ha surgido en la escena desde que Hitler, Mussolini y Franco hicieron su entrada triunfal en Barcelona, y nuestro triste y desdichado papel atrae la atención de los jóvenes universitarios que quieren saber la razón de nuestra colaboración con el Eje.

Sumner Welles ha denunciado nuestra posición como una mancha negra en nuestra historia, y el ex-presidente Truman, en sus Memorias, evidentemente está de acuerdo puesto que dice claramente que nuestro embargo contribuyó a la destrucción de la democrática República. Es significativo que cuando nuestro Congreso adoptó recientemente una resolución favoreciendo nuestra influencia para forzar la entrada del estado fascista de Franco en la OTAN, no ha habido discusión, ni publicidad, y la votación no fue nominal.

Por eso hay que agradecer que un observador tan experimentado y tan honesto y lúcido como es Herbert Matthews, haya presentado el actual estado de España en su expresivo libro The Yoke and the Arrows.

En España durante la guerra civil, tiene conocimiento de que la rebelión militar, sostenida por Hitler y Mussolini, no tuvo por origen el miedo al comunismo. Eso fue una idea tardía de los propagandistas. Sabe también que no es el comunismo lo que Franco teme hoy. «Franco sabe», Matthews dice, «que su verdadero enemigo es el liberalismo» y las aspiraciones democráticas del pueblo.

Mr. Matthews destruye el cínico y deshonesto mito que se está creando: que Franco fue «neutral» durante la Guerra Mundial -guerra que realmente comenzó en España en 1936. Cita una carta de Franco a Mussolini: «Desde el comienzo del presente conflicto (Guerra Mundial) ha sido mi intención hacer los mayores esfuerzos en nuestros preparativos para entrar en la guerra en la oportunidad favorable.» La verdad es, naturalmente, que la pobreza económica y militar de Franco en ese momento le hacía imposible unirse a sus camaradas del Eje para ayudarles en gran escala, pero envió su División Azul para luchar con nuestros enemigos como prueba de que él no era «neutral». Con Hitler había hecho planes para la toma de Gibraltar, lo que de haberse realizado hubiera sido un gran desastre para los aliados: reservó para el Eje todo el material de guerra que podía; envió sus más entusiastas felicitaciones al Quisling de los filipinos; telegrafió a Hitler felicitaciones aun en los momentos en que el Eje se estaba derrumbando; y convocó a sus generales ya en las últimas horas de la guerra, para asegurarles que el «nuevo orden» estaba en el umbral de la victoria. Este extraordinario esfuerzo de presentar Franco como un «neutral» va paralelo con el más sinistro esfuerzo de falsificar la historia para dejar más tranquila nuestra conciencia.

Matthews rechaza el actual esfuerzo que se hace para convencer al mundo de que los comunistas tomarían el poder si el régimen de Franco terminara, afirmación que es de suma importancia. Él sabe, porque estaba allí, que los comunistas nunca han sido numerosos ni han tenido gran prestigio en España. Así aplasta otro mito en relación con la parte que Rusia ha tenido en la guerra de España. «Rusia», dice, «empezó tarde y terminó mucho antes que la guerra civil terminara.» Su ayuda en material nunca fue una contribución apreciable, fue pagada en oro efectivo y en una transacción puramente comercial cuando la petición del gobierno legal a las grandes democracias para comprar armas y municiones, a las que tenían derecho por los tratados internacionales, le fue negada. Que haya en la actualidad algunos comunistas en España el autor no duda de ello, igual que hay comunistas ahora en los Estados Unidos y «hasta en el Polo Sur este año», que no constituyen ninguna menaza.

Su descripción de las condiciones de la España actual seguramente no será incluida en el Congressional Record ni hará referencia de ellas la mayor parte de la prensa americana. Los mitos creados son plantas delicadas y no deben ser molestadas. Matthews describe la España que él ha visto recientemente: «No hay libertad de palabra, no hay libertad de prensa, ni libertad de enseñanza, no hay tolerancia religiosa, no hay procesos democráticos: no hay libertad ninguna. Los universitarios de Madrid y Barcelona han gritado por las calles pidiendo sus libertades; trabajadores en Barcelona y Bilbao han protestado ante la negativa a ejercer el derecho que tienen a controlar sus sindicatos y contra los miserables salarios que reciben; los rectores de las universidades y profesores han sido destituidos por su insistencia en reclamar la libertad académica. Así, pues, es nuestro aliado favorito, que ahora tratamos de forzar su entrada en la OTAN, aunque el preámbulo de esta organización declara que las Partes «están resueltas a salvaguardar la libertad, el acervo común y la civilización de sus pueblos, fundados en los principios de la democracia, la libertad individual y el imperio de la ley...» ¡Lo que Franco ha repetido que no tolerará!

Quisiéramos haber visto la expresión de la cara de Matthews cuando los portavoces oficiales del régimen de Franco trataban de conciliar el sistema del régimen franquista con la causa de la libertad; especialmente cuando el Ministro de Asuntos Exteriores le aseguraba seriamente: «nosotros españoles restringimos nuestras libertades un poco, precisamente porque amamos la libertad.» Podemos perdonarle a Matthews el no haberle preguntado en la libertad de quién pensaba al expresarse así, porque eso hubiera ido contra el protocolo. Obviamente el ministro no pensaba en las libertades sino en los viejos privilegios de la aristocracia feudal que Matthews describe como «las altas clases, ricas, corrompidas y egoístas.»

¿Cuáles son los elementos que sostienen al régimen franquista, según las observaciones de Matthews? Él cree que Falange está descendiendo mucho, rota por disensiones; -un poco distinto de los fascistas de Mussolini-, aunque tiene sus «asesinos armados» que recientemente se han lanzado a la calle esgrimiendo porras para aplastar a los universitarios que pedían sus libertades. El autor concluye que la fuerza de Franco está en el Ejército, fuerza que también empieza a estar intranquila.

Verdad que encuentra también algunos ejemplos de mejora económica, debido en gran parte a los cientos de millones de dólares que hemos vertido en la España fascista. Sin duda el efecto ha sido bueno en un pequeño sector de la población. Algunos hombres se enriquecen. Se han edificado hoteles de gran lujo y casas de pisos, pero están fuera del alcance de los campesinos, trabajadores y hombres profesionales que constituyen la mayor parte de los habitantes de España. Sin duda los turistas que gozan de privilegios, de los que carecen los españoles, están impresionados. Cuando Jefferson estuvo en Francia antes de la Revolución y un turista americano, refiriéndose a los grandes palacios y lujo, le preguntó si no creía que el país era próspero y feliz, Jefferson hizo una sugestión que sería válida para los turistas de hoy: «Primeramente entre en las chabolas de los campesinos», dijo, «y mire en las cazuelas y sartenes y toque sus camas, y después dígame lo que piensa.»

Nuestra excusa para verter millones y millones en la España de Franco es que nos ha permitido construir bases que tendrán un valor estratégico si podemos usarlas en tiempos de guerra. Pero Matthews encuentra motivos de preocupación. La masa de los españoles, cree él, no se han reconciliado con las instalaciones militares en su tierra. Esas bases, según nuestro acuerdo, están bajo el absoluto control de Franco. Depende de él el que las podamos usar. Cuando nuestro Secretario del Aire estuvo en Madrid y se refirió al depósito de bombas atómicas en las bases, la reacción pública fue tan fuerte que se vio obligado a desmentir la declaración. El valor de las bases lo conoceremos solamente en caso de guerra. Es muy significativo que los pocos soldados que tenemos en España no puedan usar el uniforme en la calle.

Para el que hace esta crítica lo más interesante del libro es el expresivo retrato de Franco, aparece como uno de los más colosales egoístas de todos los tiempos. Franco se nos presenta como el hombre más despreciativo frente a los demócratas, liberales e intelectuales -es una de las razones por las que la mayoría de los intelectuales en España, que son demócratas, están en el exilio. Casals y el reciente Premio Nobel de Literatura son ejemplos. Cromo todos los dictadores tiene pocos íntimos y aun menos amigos. Sosteniendo a distancia la gente no es fácil que vean las grietas y resquebrajaduras de las armaduras que le sostienen. Matthews ha visto estas resquebrajaduras. Ha encontrado que cuando el gran hombre aparece en público los aplausos son mera cortesía, nunca son espontáneos y menos calurosos. Aunque tiene la pretensión de que posee las cualidades de un dios, es evidente que conoce el miedo, porque no se exhibe en público sino con una fuerte guardia, acompañado por jóvenes fascistas con sus boinas rojas alrededor de su coche, provistos de ametralladoras dispuestas a proteger su custodia contra el amor del pueblo. Viaja en un Rolls Royce con las ventanillas blindadas. Sin embargo sus maneras son reales, de lujo. Un viejo aristócrata en Sevilla dijo a Matthews que Franco presume más y es menos accesible y democrático que era Alfonso XIII.

Al igual que todos los dictadores, su egoísmo es colosal. Está convencido de su importancia en la historia del mundo. Ha dramatizado ese egoísmo en la fantástica e increíble tumba construida para él mismo, con un gasto que asusta. Este llamado «Valle de los caídos», construido cerca del Escorial, se dice que es su reto a Felipe II. Matthews no conoce nada que pueda comparársele «desde que Cheops construyó su Pirámide.» Le fue permitido visitar este monstruoso monumento al egoísmo, y pudo observar que «pocas personas en la historia han vivido para construir una cosa tan colosal y costosa». Pensar que semejante cosa puede haberse construido por un hombre, y esencialmente como tumba para él, casi enloquece la imaginación.» Así es Franco, «con verrugas y todo.»

No estoy de acuerdo con el autor en algunos momentos, pero son diferencias de opinión y no tienen gran importancia. Matthews ha escrito un libro que clarifica, y debe estar en la mesa de cada director de prensa, de cada senador y de cada diputado. Es un libro objetivo, penetrante, interesante en cada momento, fácil a leer, libro tanto más efectivo puesto que está escrito analizando fríamente las realidades de la España de Franco.

CLAUDE G. BOWERS




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Cinco botas y cuatro votos


Así ha sido designado por el gracejo popular el gobierno que desde hace dos meses rige los destinos del país: de las cinco botas y los cuatro votos. Las cinco botas, que igual pudieran ser cinco charrascos, significan, como el lector lo ha comprendido ya, los cinco militares que detentan carteras ministeriales. ¿Y los cuatro votos? Ha de saberse para esto que los miembros del instituto secular llamado «Opus Dei» hacen cuatro votos al franquear los umbrales de dicha institución (entre los cuales están los de pobreza y castidad, y no digo esto por maledicencia). La suma y conjunción de «botas» y «votos» expresa hoy fielmente en quién reside el poder. El ingenio de los madrileños traduce al lenguaje de la ironía, como tantas otras veces, lo que no es sino cruda realidad.

En efecto, todo el mundo siente que estamos «protegidos» por el «Opus Dei», todo el mundo sabe que Calvo Serer, sin cargo ni cartera, es el hombre de la situación. Todo el mundo siente que los «cambios de hombres» en ciertas altas funciones son sólo «cambios de nombres». Por ejemplo: el «opusdeísta» Pérez Embid abandona la Dirección general de Información. ¿Para qué? Para dejar paso al no menos «opusdeísta» Rodríguez Casado. A veces, es el desplazamiento de los falangistas de sus últimos bastiones. Por ejemplo, Suevos, obligado a dejar la Dirección general de Radiodifusión. O la entrega de Auxilio Social al tradicionalista Antonio María Oriol, cuyo «olor de santidad» no atenúa el tufillo que exhala la gran banca. En fin, se dice -y yo lo transcribo con toda clase de reservas- que el propio Sr. Arrese estaría influenciado por el famoso instituto secular, a causa de ciertas historias de familia, y que ello ha jugado gran papel para determinarlo a aceptar el Ministerio de Arquitectura (que los chuscos llaman del «cha-cha-cha»: chabolas, chamizos y chapuzas).

También vimos salir al Sr. Salas Pombo de la Vicesecretaría General de Falange, que ha sido ocupada por D. Alfredo Jiménez Millas. Jiménez Millas era ya falangista de afiliación en 1936. Pero su formación y sus relaciones han sido siempre las del «legionario monárquico» de Albiñana que fue en su mocedad. Tanto él como su hermano -emparentado con los millonarios Riesgo- han representado siempre el ala conservadora del Movimiento.

Y volviendo al «Opus Dei», su presencia impalpable pero cierta carga la atmósfera española de nuestros días. La última novedad es un escrito, muy confidencial, dirigido al «Caudillo», señalando los focos de elementos perturbadores que pueden dañar al régimen. ¿Se figuran ustedes que se trata de «rojos» recalcitrantes? Pues nada de eso. Entre los focos más peligrosos se señalan el de la redacción del diario Arriba y las reuniones que sobre temas de literatura e historia se celebran en una antigua residencia de jesuitas, a las que asisten, entre otros, los Srs. Julián Marías y Laín Entralgo.

Ambiente inquisitorial

Ambiente inquisitorial y no «liberalización» -fruto ésta de la imaginación de raros periodistas extranjeros- es la tónica de esta primavera de 1957. Y por si la afirmación necesitara pruebas ahí está la detención y procesamiento de Dionisio Ridruejo que han conmovido a los corrillos políticos madrileños durante las últimas semanas.

La noticia fue conocida al principio tan sólo por esos corrillos de «iniciados», así como la de la detención simultánea de dos amigos políticos de Ridruejo. Sólo una semana después los diarios publicaron la siguiente noticia: «El ex-director de Prensa y Propaganda don Dionisio Ridruejo ha sido detenido por la Policía y entregado a la jurisdicción competente, por haber vertido en un diálogo publicado en la revista Bohemia de La Habana, en que intervienen exilados políticos, conceptos injuriosos».

A partir de este momento, la detención de Ridruejo adquirió proporciones de acontecimiento político nacional. Ni que decir tiene que diversos ejemplares de Bohemia llegados a España Dios sabe cómo, comenzaron a circular profusamente, y aún circulan por Madrid todo manoseados y hasta grasientos.

Durante unos días no se sabía qué base «jurídica» tomaría la persecución contra Ridruejo. En realidad, ahora mismo se supone más que se sabe. Al parecer, se le acusaría incluso de hacer responsable al Jefe del Estado como autor indirecto de la muerte del capitán general de Cataluña, D. Juan Bautista Sánchez (aquí todo el mundo sigue diciendo que dicho señor no falleció de muerte natural). En todo caso se retendría contra él la acusación de injurias al Ejército y a las autoridades. No debían ser muy sólidas las tales acusaciones cuando el juez de instrucción militar dispuso hace unos días la libertad provisional de Ridruejo. Pero aquí viene lo más insólito. Dicha libertad necesitaba el refrendo de la firma del capitán general de la primera región, general Rodrigo. Este señor se ha negado en rotundo a estampar su firma en dicho documento. ¿Aquí quién manda?, parece decir desafiante la primera autoridad militar de Madrid.

Desde luego, la política de orden público, en manos de militares afectos al caudillo, parece tener como norma la de atemorizar a la opinión. Durante este mes las fuerzas de seguridad han procedido a la detención de varios estudiantes por motivos bastante nimios, tales como el de sorprenderlos haciendo chistes contra el régimen. Uno de ellos por habérsele encontrado en un registro caricaturas ridiculizando al Caudillo. Estas detenciones y registros se han operado de manera muy espectacular y sus víctimas continúan aún incomunicadas, así como otro estudiante detenido hace unos dos meses en el momento en que firmaba una petición solicitando la libertad de sus compañeros catalanes presos. Se da el caso de que los padres de uno de los detenidos vinieron de Asturias y pese a haber realizado gestiones cerca del obispo de Madrid-Alcalá no han conseguido ver a su hijo que continúa incomunicado.

Esta política de orden público tiene, en efecto, la ventaja de atemorizar a algunos timoratos, de hacer que los papás riñan a sus hijos para «que no se metan en jaleos», etc. Pero por otro lado desmiente las propias afirmaciones de las autoridades cuando, hace pocas semanas, con motivo de tinas detenciones realizadas en Madrid y Barcelona (estas sí, muy cacareadas en comunicados de prensa) pretendía hacernos creer que sólo los comunistas estaban contra el régimen.

Amplitud de la oposición

La realidad es muy diferente, pues el movimiento de oposición se extiende hasta sectores verdaderamente insospechados. Uno de los hechos más significativos en este orden de cosas es la constitución de las llamadas «Falanges Universitarias» en los últimos días del mes de marzo. Este movimiento, para llamarlo por su nombre, responde a la formación de una corriente en el seno de Falange que se enfrenta abiertamente con el Caudillo y proclama la necesidad de una República Sindical. He tenido ocasión de hablar con tino de sus jefes más caracterizados, quien me ha expuesto su programa: reforma agraria, reforma fiscal y desarticulación de los monopolios; participación de los trabajadores en la gestión y beneficios de la empresa hasta hacer de ésta una «comunidad de trabajo»; sindicatos obreros sin participación patronal; no intromisión recíproca de la Iglesia y del Estado; auténtico sistema representativo a base de municipios, comarcas, regiones, comunidades laborales y organismos sindicales, respetando las diferencias de opinión sin otra limitación que la unidad y la independencia de la patria y el respeto a la religión católica.

Los representantes de esta tendencia desean entablar el diálogo, de manera cordial, con todos los grupos políticos españoles.

Cualquier observador objetivo comprende que muchos de estos muchachos, hoy desilusionados, aún vitoreaban a Arrese cuando su dimisión frustrada el pasado mes de Enero. Sin duda, hay antiguos dirigentes falangistas, hoy relegados al rincón de objetos inútiles, que desean servirse de estos muchachos como plataforma de sus rencores o sus ambiciones. Pero por encima de ellos, los hechos están ahí y esos estudiantes que me decían «si hubiera otro 9 de febrero la Falange no serviría más como fuerza represiva», tienen toda la buena fe de sus veinte años y una inquietud patriótica fuera de duda. En sus palabras se trasluce la decepción de ver perdido un monopolio de la universidad donde reconocen la gran influencia de los estudiantes de izquierda. Esta decepción y aquellas desilusiones no pueden extrañarnos. Y su propia actitud es la prueba de la disgregación de lo que fue la Falange.

Tampoco los monárquicos están muy satisfechos, si exceptuamos los que se han instalado en el «reino tradicional y social» cuya doctrina ha sido elaborada por «Opus Dei» y cuya práctica parece estar a punto de llevarse a cabo por el actual equipo gubernamental. Los otros, los «puros», si no son muy numerosos son influyentes y perseverantes. Hace unos días tuve ocasión de hablar con una persona que trabaja en la redacción de ABC. En apariencia, este periódico está muy satisfecho de la actual situación y, en unión del tradicionalista y casi «opusdeísta» Informaciones libra batalla tras batalla contra los falangistas Arriba y Pueblo. Pero, como suele decirse, la procesión va por dentro. Este amigo me decía que los redactores «fieles» no hacen más que «ir tirando», en espera del día no lejano en que Torcuato Luca de Tena sea de nuevo director del periódico del que es propietario. Los mejores esfuerzos se reservan para ese momento.

Dirá el lector, y no sin razón, que estos devaneos monarquizantes no hacen avanzar mucho por el camino de la democracia. Cierto es, pero en cambio son mucho más significativos los movimientos de opinión que se producen en el mundillo intelectual. Los académicos parecen haber fruncido el ceño y no estar dispuestos a elegir para sus sillones vacantes a ningún adulador del régimen. Después de la elección de Cela, ha venido la de Zunzunegui -que aún hace un año fue víctima de la censura- para demostrar que hasta en la docta casa penetran los aires de rebeldía.

La exposición Picasso

El anuncio de una proyectada exposición en Madrid de las obras de Picasso -el «Guernica» incluido- ha despertado una verdadera oleada de entusiasmo. Ante los temores de que las autoridades se opongan a esta manifestación artística, quinientos universitarios e intelectuales encabezados por D. Ramón Menéndez Pidal, se han dirigido a Picasso para respaldar con sus firmas la invitación de exponer en Madrid. En los medios estudiantiles -principalmente de Bellas Artes y Letras- reina también gran interés. Falta saber si el general D. Camilo Alonso Vega tiene una concepción diferente sobre la pintura contemporánea. A propósito de la admiración que despierta el arte picassiano en los más diversos medios, me contaban hace poco lo sucedido en una visita de Ruiz Jiménez -entonces Ministro de Educación- al Alcalde de Málaga. Mostrábale este señor su pinacoteca privada y al llegar a dos cuadros dijo tímidamente: «Aquí tengo dos obras de un pintor malagueño que vive en París, Pablo Ruiz Picasso». Y el Ministro: «¡qué suerte tiene usted; es el mejor pintor del mundo!». El Alcalde respiró satisfecho.

Habrá o no habrá exposición: esto es lo anecdótico. Lo esencial es el divorcio entre la admiración de la inmensa mayoría de los españoles por sus grandes creadores y la discriminación que ha querido hacerse y se sigue intentando desde las alturas del poder. Lo esencial es también el renacer cultural español, a despecho de todas las trabas. Estos días, junto a la reaparición de la revista Insula -consecuencia de la salida de escena del tristemente célebre Sr. Aparicio- se señala la publicación de una nueva novela de Fernández Santos llamada a tener gran éxito, y la aparición en Valencia de una revista de jóvenes católicos invitando al diálogo y defendiendo el patrimonio cultural español sin exclusivas de carácter político.

Si señalo estos hechos es para subrayar cómo las más heterogéneas tendencias discrepan del régimen, a veces incluso por razones muy diferentes. Pero visto desde aquí el panorama dista mucho de presentarse como un todo coherente. Por el contrario, la tónica dominante es la de encontrarse en un mundo extraño sometido a las más diversas presiones, donde las gentes tienen inmensos deseos de dialogar, pero donde las tinieblas hacen aún difícil ese diálogo.

La situación económica

Por último está la situación económica, que tal vez sea lo más importante. Atrás quedaron las profusas declaraciones del Sr. Gual Villalbí y los pomposos planes económicos. De la foresta de comisiones interministeriales creadas en febrero sólo ha salido la unificación de tipos de cambio (verdadera devaluación de la peseta) y el aumento en una tercera parte de las tarifas ferroviarias. El mar de fondo entre los financieros no se ha apaciguado. Persona tan afecta al régimen como el Sr. Villalonga «armó una escandalera» en la junta general del Banco Central, proclamando la bancarrota de la RENFE y la necesidad de que los ferrocarriles reviertan a las empresas privadas y atacando con dureza poco habitual las inversiones del Instituto Nacional de Industria. Esta última actitud ha sido seguida por el Sr. Bordegaray en la reciente junta del Banco de Vizcaya (el de Bilbao ya había roto el fuego el primero).

Por un momento ha podido creerse que el gobierno coincidía con el criterio de los banqueros. Pero sobre este particular la unanimidad dista mucho de reinar en su seno. Los partidarios de la intervención estatal se baten palmo a palmo, y hace pocos días el Sr. Suances, director del Instituto Nacional de Industria, sorprendió a la opinión financiera con un canto a las excelencias del organismo que dirige y el anuncio de nuevas inversiones.

La inflación sigue siendo, pues, una espada de Damocles suspendida sobre el país. El presupuesto del Estado ha sufrido un aumento -por decreto- de ocho mil millones de pesetas, y el nuevo tipo unificado de cambio si bien permitirá un incremento de las exportaciones repercutirá penosamente sobre los precios de los productos importados. Estos días los medios oficiales manifiestan cierto optimismo ante el anuncio de una ayuda suplementaria norteamericana de veinticinco millones de dólares que se da como inminente. Cualquiera que tenga la más leve idea de la situación económica de España comprenderá que ese balón de oxígeno no puede remediar ninguno de los problemas de fondo del país. Si el malestar cunde entre los propietarios de la industria textil, entre los algodoneros, remolacheros, cosecheros de trigo, etc., ¿qué decir de los que viven de un sueldo o salario (o de dos, cosa bien corriente para poder subsistir) que han visto superada con creces la subida de sus ingresos del mes de noviembre? Sin duda puede argüirse que la gente está instalada en la vida difícil, en el endeudamiento, en salir de la oficina para hacer una «chapuza»... Pero el arco de la economía española comienza a estar demasiado tenso.

No es probable que el Sr. Ullastres, ministro de Comercio, traiga en las maletas de su viaje a Roma la solución del problema, pero en cambio podrá traer nuevas orientaciones para el «Opus Dei». Los ultramontanos españoles se creen llamados a moldear el país con las normas que eran ya anacrónicas en tiempos de un Donoso Cortés o un Vázquez Mella y hasta sin el espíritu de independencia que estas guardaban. Pero son legión los católicos que no piensan así (incluso jerarquías eclesiásticas), los monárquicos que disienten, los que fueron falangistas y hoy pasan a la oposición, los hombres de espíritu abierto que sin credo político preciso se sienten liberales, todos los cuales se suman a la extensa gama de la izquierda tradicional que sigue viva. Verdad es que en esta primavera madrileña, salpicada de chaparrones y de bruscos ramalazos de frío -ha nevado en Navacerrada- la atmósfera espiritual es densa como cuando amenazan las borrascas de estío. Pero -francamente- cinco botas y cuatro votos nos parecen demasiado poco para apuntalar el edificio. Hace diez o doce amos se podía imponer silencio y esgrimir el garrote en nombre de una guerra civil aún reciente y, ¿por qué no?, de un sector de opinión. En la España de hoy los rencores se fosilizan... ¿Estará amaneciendo?

Madrid, Mayo de 1957

TELMO LORENZO






ArribaAbajo Editorial

Dudas y preocupaciones

El aspecto de controversia que va tomando el tema de las armas atómicas y termo-nucleares es motivo de seria preocupación en los medios oficiales españoles.

Antes de presentarse la cuestión en los términos en que está presentada actualmente, España estaba al lado de Alemania, había hecho pública también su intención de construir armas teleguiadas. Pero he aquí que surge la protesta de los 18 científicos atómicos alemanes sobre la continuación de esas investigaciones. La reacción inmediata de esos medios oficiales españoles ha sido decir que esos científicos alemanes hacían «el juego a Rusia» -en la España actual cualquier opinión que difiera de la línea franquista se califica de comunista-. El científico español Dr. Enríquez ha hecho también declaraciones muy precisas sobre los efectos que causaría una bomba atómica lanzada sobre Madrid y toda la prensa ha publicado las declaraciones de los Drs. Schweitzer y Joliot-Curie.

Así las cosas la más alta representación de la Iglesia Católica, Su Santidad Pío XII, dedicó su discurso del 1 de mayo, fiesta de los trabajadores, a pedir que se suspendieran las experiencias termo-nucleares: la figura máxima anticomunista se ponía al lado de los científicos alemanes. La turbación ha sido, y sigue siendo, muy grande entre los dirigentes españoles.

La política de la España actual no puede ser otra que una política de tendencia guerrera, haya o no haya guerra; todo signo que marque una dirección hacia un posible conflicto internacional con la probabilidad de que España tome parte en él, toda actividad que mantenga la esperanza de posibilidades guerreras tienen que ser necesariamente alentados por la política actual española. Porque esa es su base y su razón de ser.

La independencia de Marruecos ha privado al Ejército de ese terreno de actividades y segura base de ascensos y recompensas y el general Franco busca como puede otra vía que sustituya el camino perdido, para conseguir idénticas finalidades. De ahí sus ofrecimientos de enviar un número considerable de divisiones para sustituir la retirada de las tropas inglesas de Europa y sus fervientes, aunque retenidos, deseos de entrar en la OTAN.

¿A qué lado inclinarse? Si el gobierno del general Franco va en favor de la continuación de los experimentos termo-nucleares sigue su recta trayectoria, su vocación, y sostiene sus esperanzas más prometedoras, pero irá contra el llamamiento de Pío XII. Si es fiel a la Santa Sede irá contra sus aspiraciones más vivas y contra Washington. Y nos preguntamos: ¿cómo podrán salir las autoridades españolas de ese conflicto? Ser fiel a una dirección significa ser infiel a la otra. Por el momento no vemos solución. Hay que esperar la futura evolución de los acontecimientos. Quizá podamos llegar a ver si en el gobierno actual pesa más la fuerza del Ejército o la de la Iglesia.





ArribaResumen de noticias

La situación económica

Las tarifas ferroviarias españolas han sido aumentadas en un 35 por 100. Este aumento fue decidido en el Consejo de ministros celebrado el 29 de marzo bajo la presidencia del general Franco, entró en vigor el 2 d e abril, y el público tuvo conocimiento del mismo cuando, ese día 2, fueron los viajeros a la estación a tomar sus billetes. Unos anuncios colocados al lado de las ventanillas daban la noticia del aumento. El ferrocarril español -dice la prensa española «era el más barato de Europa, hay que ponerse a tono con otros países».

Los cambios

Prácticamente la devaluación de la peseta anunciada ya por el ministro sin cartera, Sr. Gual Villalbí, en el discurso pronunciado en Barcelona en el mes de marzo, está hecha. La prensa española la anuncia como «Unificación de cambios», pero la realidad es esta: que el curso de las divisas extranjeras ha sufrido un gran cambio por decisión del Gobierno. Es la primera vez, en el transcurso de estos años, que se modifica el curso de la peseta. El dólar, que valía 38.95 ptas., vale hoy 42.85 ptas., los francos franceses que valían 10.85 valen hoy 12 ptas.; la libra que valía 109 vale 117,6.

Se teme que esta devaluación de la peseta agravará la presión inflacionista.

Subida de precios

Los hoteles han sido autorizados a elevar sus precios en un 15%; las tarifas del gas han subido, sin previo aviso, en 35%; los periódicos han aumentado en un 50%, los que costaban 1 ptas. cuestan hoy 1,50 ptas.; se dice que las tarifas de teléfonos y otros servicios públicos anunciarán un aumento de tarifas de un día a otro. Ese desequilibrio entre precios y salarios se va acrecentando de día en día.


Se acentúa el totalitarismo

Por dos decretos firmados por el general Franco en el mes de marzo, se ha reformado el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal en lo referente a los «delitos contra la seguridad interior del Estado». Se ha dispuesto que las personas detenidas por actividades que tiendan a debilitar la jerarquía o el prestigio del Estado, no pueden ser puestas en libertad bajo fianza, y tendrán que permanecer en prisión el tiempo que sea necesario. A tal fin se ha añadido un nuevo artículo al Código Penal y un nuevo artículo a la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Es sabido que el «Fuero de los Españoles» no tuvo nunca, en realidad, vigencia práctica puesto que existen los campos de concentración como el de Maclares de la Oca en la provincia de Álava, detenidos preventivos que permanecen allí años sin pasar a la autoridad judicial. Estas últimas disposiciones del gobierno franquista no hacen sino formalizar un estado de hecho existente ya.

Esos decretos han llenado de consternación a los medios jurídicos españoles.


Noruega y España

El Gobierno español ha formulado una protesta contra Noruega a causa de la oposición de este país al ingreso de España en la OTAN.

El Ministro de Asuntos Exteriores, Sr. Castiella, convocó al ministerio al embajador de Noruega Sr. Joahan Raeder y le manifestó que España no podía comprender la razón por la cual Noruega ha adoptado una actitud tan hostil respecto a España, por lo que solicitaba una explicación.

Respuesta de Noruega

Los periódicos de Oslo han publicado una información oficial respecto al asunto, de la que extraemos los siguientes párrafos:

«El embajador de Noruega Mr. J. G. Raeder fue convocado el 17 de abril ante el Subsecretario del ministerio español de Asuntos Exteriores, quien solicitó ampliara la declaración dada el día anterior por el ministro de Asuntos Extranjeros de Noruega, Mr. Lange, a la United Press en relación con la cuestión del ingreso de España en la OTAN.

Dicha declaración fue interpretada de la manera siguiente, según un despacho de Oslo de la United Press: «El ministro de Asuntos Extranjeros advirtió claramente que la actitud de Noruega no había cambiado y que era probable un veto de Noruega si la afiliación de España fuera propuesta por algún país, bien los Estados Unidos o bien cualquier otro miembro de la OTAN.»

«La oposición del gobierno de Noruego sobre la cuestión del ingreso de España en la OTAN se basa en la opinión que el gobierno con pleno apoyo del Parlamento y de la opinión pública noruega tiene sobre el verdadero carácter de la OTAN; es decir, no es sólo una alianza militar, sino también una amplia cooperación política, y concede especial importancia al hecho de que el propósito democrático que se halla definido en el tratado del Norte del Atlántico, debe ser básico para la marcha de la Organización».

Represalias franquistas

Los diarios suecos publican una noticia de Oslo de que una partida de bacalao noruego, por valor de 9 millones de coronas, no podrá venderse en España. Esta es la respuesta de la negativa noruega al ingreso de España. Como represalia España ha elevado la cotización de la corona de 3,05 a 5,85 ptas.

Y esto ocurre cuando España acaba de desvalorizar la peseta en un 30% en relación can la mayoría de las divisas, entre ellas la corona sueca. (OPE)


Declaraciones de Dionisio Ridruejo

Como es sabido el poeta y escritor español Dionisio Ridruejo ha sido encarcelado y procesado por unas declaraciones que hizo a la revista cubana Bohemia en su número del 31 de marzo pasado. He aquí los párrafos más importantes de esa declaración:

«-¿Qué sostiene a Franco en el poder?»

«-Lo trajo al poder el miedo a la revolución o, cuando menos, a la inseguridad. Lo mantiene en el poder el miedo a la revisión sangrienta. Es un miedo apoyado en la mala conciencia de haber abusado, de haber ido demasiado lejos. Le sostiene también el amplio sindicato de intereses que él ha cuidado con gran realismo.

«-¿Y es realmente Franco quien manda en España?»

«-Si por mandar se entiende ejercer presión coercitiva, él manda sin duda alguna, pero en multitud de aspectos más bien como un vicario: el sindicato de intereses es libre y su influencia decisiva. Si por mandar se entiende dirigir coherentemente los asuntos públicos temo mucho que en España no mande nadie...»

«-¿Cree Vd. que la situación económica pueda precipitar la caída de Franco?»

«-La situación económica es grave, aunque afecta y va a afectar los niveles de vida menos que en los años 40 y 50. Lo que pasa es que ahora se produce sobre un estado social menos resignado. Me figuro, sin embargo, que lo más grave de nuestra situación económica está por venir. Y esto acelerará la crisis política sin duda alguna.

«-¿Cómo puede la situación internacional influir en el problema español?»

«-Ha influido de hecho. La tensión Oriente-Occidente explica la supervivencia del régimen, aunque no sea esta la única explicación. La etapa de la condena reforzó a Franco, no sólo porque despertó la inclinación al «numantismo», sino porque dejó las manos libres a la dictadura para castigar a la oposición. La etapa de normalización establece una mayor dependencia de las cuestiones interiores respecto a la situación exterior; la fluidez de la opinión ha comenzado justamente cuando el asedio ha concluido...»


Estudios hechos en Rusia

Una orden del Ministerio de Educación español, aparecida en El Boletín Oficial, crea una Comisión Especial para convalidar los títulos adquiridos por los españoles repatriados de Rusia, al objeto -dice la orden- de que puedan reintegrarse al trabajo y ejercicio profesional en sus capacidades y preparación.


Central atómica

En el barrio de la Moncloa, a poca distancia del palacio del mismo nombre, que acaba de ser decorado de nuevo para que pueda servir de residencia a los huéspedes del Gobierno, se ha comenzado a construir un edificio que será la primera central atómica que dará cabida a un reactor experimental de una potencia de 3.000 kwts. Aunque los trabajos se siguen activamente no podrán funcionar esas instalaciones hasta el año 1958. En esta fecha España recibirá los nueve kilos de uranio U.235 que la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos, después de un acuerdo firmado en este sentido por el embajador de España en los Estados Unidos y la citada Comisión, pone a disposición de España.


Intelectuales interceden por Comorera

Firmado por los escritores franceses Jean Cassou, Albert Bayet, Albert Camus, Jean Cocteau, Georges Duhamel, Jean-Paul Sartre, Vercors y François Mauriac, se ha lanzado un manifiesto dirigido a las autoridades españolas, en favor del político catalán Juan Comorera.

El manifiesto dice: «Los firmantes, desligados de toda obligación partidaria, piden al Gobierno del General Franco que suspenda el juicio que amenaza la vida de Comorera, secretario del Partido Socialista Unificado de Cataluña y ex-consejero del gobierno autónomo de la Generalidad de Cataluña. Fue detenido en Barcelona donde entró clandestinamente, no para organizar los actos de terrorismo de que se le acusa, y que constituyen un procedimiento político que él siempre condenó, sino para hallarse de nuevo entre los suyos, entre el pueblo catalán que sufre y lucha por su libertad. Debe juzgarlo un tribunal militar y se pide para él la pena de muerte.


El nuevo director de prensa y la censura

El nuevo Director de la Prensa, D. Juan Beneyto, ha pasado recientemente unos días en Barcelona. El Sr. Beneyto ha sido profesor de Historia en la Universidad de Madrid y Director de la Escuela de Periodismo.

Todo el mundo tenía esperanzas en que en el discurso que iba pronunciar trataría la cuestión esencial: la censura. La prensa había anunciado además que el Director General pronunciaría un gran discurso. Pero no ha ocurrido nada de eso. Habló, eso sí, del papel primordial de la opinión en la evolución social de la nación moderna, del deber del Gobierno de colaborar con la prensa en la formación de esa opinión y de que la prensa tenía el deber de informar al Gobierno sobre las necesidades y deseos de la nación. Pero nada dijo sobre una posible mejora en la censura de prensa. Todo ha sido palabras, palabras y palabras.


Reunión extraordinaria

Con la asistencia de los Srs. Oldenbroek, Secretario General de la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, y Schevenels, Secretario General de la Organización Regional Europea, se ha celebrado en Toulouse una reunión extraordinaria de la Comisión Ejecutiva de la Unión General de Trabajadores de España.

Durante todo ese día estuvieron reunidos en sesión y se adoptaron resoluciones de extrema importancia.



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