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Ibérica por la libertad

Volumen 7, N.º 2, 15 de febrero de 1959

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Ilustración

Esto se derrumba

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

Directora:

  • VICTORIA KENT

Presidentes de Honor:

  • SALVADOR DE MADARIAGA
  • NORMAN THOMAS

Consejeros:

  • ROBERT J. ALEXANDER
  • ROGER BALDWIN
  • CLAUDE G. BOWERS1
  • FRANCES R. GRANT
  • JOHN A. MACKAY
  • VICTOR REUTHER

IBÉRICA is published monthly on the fifteenth of the month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1959, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajoLealtad a España

Niceto Alcalá-Zamora y Castillo2


Las periódicas informaciones referentes a una eventual restauración de la monarquía en España, exigen una clara fijación de actitud. Más que nunca, el momento presente reclama, por parte de todos, lealtad hacia la nación, única llamada a decidir de sus destinos, e inequívoca definición de propósitos, para que la ciudadanía pueda pronunciarse con pleno conocimiento de causa. La suerte de España, privada desde 1936 de todas las libertades de que disfrutan los países de civilización occidental y organización democrática, e inclusive pueblos mucho más atrasados en su evolución cultural, no puede ser trazada por camarillas en conciliábulos secretos, de espaldas a la voluntad de treinta millones de españoles, a quienes, por una singular paradoja, los nacionalistas a ultranza, es decir, los histéricos exaltadores de una hispanidad mal entendida, reputan deficientes mentales, necesitados de permanente tutela política, asumida en 1923 por un dictador grotesco y puesta en 1936 en manos de un megalómano cruel, que arrastra a la nación hacia el abismo.

Aspiración primordial de los españoles ha de ser la de evitar una nueva guerra civil: la de 1936-1939 debe cerrar definitivamente la serie de ellas que España ha padecido, de la misma manera que el régimen franquista ha de ser la última dictadura que en nuestra patria se conozca. El logro de ambas metas, que refleja la opinión abrumadoramente mayoritaria del interior y del exilio, requiere, a la vez, que sea fruto del diálogo, apasionado incluso, pero elevado y patriótico, entre representantes de las diversas corrientes de opinión, a fin de sentar las bases de la futura e indestructible convivencia nacional y de llegar a una Constitución y a unos símbolos (bandera, himno, etc.) que estén por encima de discusiones partidistas. En ese indispensable diálogo están llamados a intervenir, a través de sus delegados, todos los sectores no totalitarios de la vida pública española, pero nadie más que ellos. Acudir al extranjero, en busca de interesados, beneplácitos y apoyos, que hipotequen aun más la ya comprometida soberanía nacional, significa reeditar a siglo y medio de distancia, hasta con la similitud de padre e hijo en competencia, el bochornoso espectáculo de Carlos IV y Fernando VII yendo a Bayona a prosternarse ante Napoleón.

¿Puede la monarquía ser el medio para la consecución de esos fines? Entendemos, sin vacilar, que no. Con independencia de que la última legalidad existente en España fue la República, según reconoció hace bastantes años elemento tan poco sospechoso de republicanismo, como D. José María Gil Robles, y de que, por consiguiente, tendría mejores títulos para su restablecimiento inmediato, la monarquía, además de poner de nuevo sobre el tapete el problema de régimen, que en 1931 dilucidó el pueblo español y que ni siquiera se suscitó en 1936 a raíz del alzamiento, carece de arraigo en el país. No se trata de suposición gratuita, sino de convicción exteriorizada por significados monárquicos: hace alrededor de dos años, al dar cuenta en ABC de un folleto de propaganda dinástica, el general Kindelán, notorio palatino, se hacía eco del escaso entusiasmo de la juventud por la realeza; y el 7 de mayo de 1958, desde el propio periódico, Don Florentino Pérez Embid, destacado elemento del Opus Dei y uno de los patrocinadores de la planeada restauración, efectuaba idéntico reconocimiento. Sin contar con que un rey discutido no puede afianzarse en el trono: pese a que respaldado por la mayoría flamenca ganó el plebiscito referente a su retorno, Leopoldo de Bélgica hubo de abdicar, ante la firme oposición de la minoría valona. Y en España, por los motivos que luego se enuncian, el ahora pretendiente sería aun más combatido que lo fue en su día el ex monarca belga.

Las causas de la tibieza, rayana en extinción, del sentimiento monárquico en España son múltiples. Recordaremos aquí las principales. Ante todo, la crisis universal de la institución, que va desapareciendo por doquiera: prescindiendo de los minúsculos Estados del tipo de Andorra y San Marino, en 1914 sólo existían tres Repúblicas en Europa, dos de ellas sin llegar al medio siglo; hoy, en cambio, subsisten tan sólo siete monarquías, todas (convendría que no lo olvidasen los monárquicos españoles), de tipo liberal, parlamentario y democrático, verdaderas repúblicas coronadas, como se las ha caracterizado. En segundo lugar, hace cerca de veintiocho años que fue derrocado Alfonso XIII y, por tanto, la inmensa mayoría de los españoles ha vivido sin conocer la monarquía ni sentir la añoranza de su vuelta. Añadamos que pese al falseamiento de la enseñanza de la historia decretado por el franquismo, él español sabe muy bien que la dinastía cuya restauración se le quiere imponer sin consultarle, se ha revelado sistemática enemiga de la libertad y de la democracia, según demuestran los nombres de Fernando VII, Isabel II y Alfonso XIII; que ha sido causa u ocasión de guerras civiles y pronunciamientos sin fin; que no garantiza tampoco la decantada estabilidad, puesto que todos los reyes y regentes españoles desde Carlos IV a Alfonso XIII, con la sola excepción de D. ª Cristina de Habsburgo, han conocido el destierro, y que biológicamente exhibe un triste cuadro de tuberculosos, hemofílicos, sordomudos y ciegos, plenamente confirmatorio del título que Gonzalo de Reparaz (hijo) puso a un libro suyo, que deberían leer y meditar los partidarios de la restauración: Historia patológica de una dinastía degenerada: Los Borbones de España.

Sabe también el español que la guerra civil, con sus dos millones de muertos, fue organizada por los monárquicos en virtud del pacto de Roma con Mussolini; que la totalidad de los hombres que han desgobernado a España desde 1936, comenzando por Franco, han salido de las filas monárquicas; que hay varios pretendientes (D. Juan, D. Juan Carlos, los hijos de D. Jaime, D. Javier y hasta un descendiente de Boabdil) y existe, por tanto, el riesgo de discordias y luchas entre ellos; y, sobre todo, que quien aspira a ser «rey de los españoles», a tenor de un título imitado del que usó Luis Felipe en Francia, y del que ostenta el monarca en Bélgica, lejos de haber permanecido neutral durante la guerra civil, que habría sido la postura inteligente, y de haber aprovechado su influjo para disminuir los horrores de la misma y las persecuciones ulteriores desencadenadas por el franquismo, fue un beligerante, que se presentó con boina de requeté para luchar en uno de los bandos y cuyo hijo mayor recibió el nombre de Juan Carlos como un halago a la causa carlista, sin que en veintitrés años haya tenido una sola palabra de condenación para los crímenes y arbitrariedades del régimen. En efecto, cuando millares y millares de españoles, inclusive adolescentes y mujeres, eran fusilados sin formación de causa, en Badajoz, en Ponferrada, en Ferrol y en tantas otras poblaciones; cuando en 1939 llegó a haber en los conventos-cárceles de Madrid cerca de cien mil detenidos (testimonio de D. Rafael Sánchez-Guerra); cuando medio millón de españoles hubo de emprender la ruta del exilio, para vivir primero en campos de concentración y rehacer después sus vidas en el extranjero; cuando los periódicos fueron expropiados y amordazados y la Universidad depurada en proporciones superiores a la italiana en tiempos de Mussolini, a la alemana en los de Hitler, a la griega en los de Metaxas o a la argentina bajo Perón; cuando muchísimas de las figuras máximas de la intelectualidad morían en el destierro (recordemos tan sólo, como más reciente y señera, a Juan Ramón Jiménez); cuando personas refugiadas en Francia, y a la cabeza de ellas D. Luis Companys, fueron secuestradas y torturadas por la policía franquista en connivencia con la Gestapo de Himmler y poco después ejecutadas; en fin, cuando tantas y tantas iniquidades se consumaban, la dinastía guardó sepulcral y cómplice silencio.

Mas suponiendo por un momento que el pueblo español fuese amnésico, ¿cuál es el programa del aspirante a rey? Con desparpajo que llega al cinismo, los monárquicos exigen «restauración primero, y después ya veremos». ¿Por qué ese empeño en la restauración ante todo? Pues porque saben de sobra que en unas elecciones medianamente sinceras tan sólo, no tienen probabilidad alguna de triunfar. Entonces, lo que buscan es adueñarse cuanto antes y por cualquier medio del poder; montar su tinglado de autoridades y caciques, y luego, o ir a unas elecciones fraudulentas, conforme a los corrompidos métodos monárquicos de Romero Robledo, Sagasta, Cierva, Romanones, Bugallal, Goicoechea, etc., o bien so pretexto de cualquier algarada, provocada a lo mejor por ellos mismos, aplazar indefinidamente los comicios. Ese empecinamiento suicida acabaría, a más o menos corto plazo, en estallido revolucionario o en tragedia dinástica, desenlaces inevitables, que no parecen haber cruzado por la mente de los ofuscados restauradores. Mientras tanto, la monarquía ofrece cada día una solución diferente; y así Calvo Serer, miembro del Opus Dei, trata de ponerse al habla con los exilados y hasta les brinda carteras para la segunda etapa de la restauración; Pérez Embid, igualmente afiliado a dicha tenebrosa asociación teocrática, propugna una monarquía absoluta a lo Carlos III; Sáinz Rodríguez, en papel de vocero oficios o desde Estoril, lanza unas declaraciones procarlistas, para a las veinticuatro horas rectificarlas con unas pseudoliberales; el mismo pretendiente se manifestó hace años resuelto adversario del sufragio universal; poco después entabló negociaciones simultáneas con Franco y con alguna destacada personalidad del exilio; y en los últimos tiempos prometió seguir la trayectoria del movimiento del 18 de julio, para más tarde mostrarse en Lourdes rodeado de requetés... Sumemos a todo ello la pugna lamentable de padre e hijo por la corona. Tales fluctuaciones, ya sean eco de un temperamento irresoluto y mal aconsejado, o bien traduzcan típicas maniobras borbónicas, nada bueno presagian.

Si no hubiese más disyuntiva que Franco o monarquía, a ésta habría que asirse como a clavo ardiendo. Mas, por fortuna, existen otras desembocaduras preferibles. Y en este punto, el ejemplo a seguir lo proporciona la América hispana, varios de cuyos países han conseguido desembarazarse de sus respectivas dictaduras, sin que las juntas integradas a tal fin surgiesen con el plan preconcebido de imponer un determinado candidato a la conciencia ciudadana. Pues de manera semejante debe procederse en España. Una junta sin carácter institucional monárquico ni republicano se encargaría de reemplazar a Franco, de evitar el desbordamiento de pasiones y de mantener el orden público. Durante el tiempo que asumiese el poder, calculable entre tres y seis meses, disolvería el partido oficial y sus prolongaciones sindicales (estudiantil y obrera); anularía las medidas persecutorias del régimen y repararía (reposición de funcionarios, devolución de bienes incautados, indemnizaciones adecuadas) los atropellos por él cometidos; suprimiría las jurisdicciones de excepción y limitaría la castrense a los delitos estrictamente militares; restablecería las garantías individuales, con las restricciones inherentes a un periodo de transición; permitiría la pacífica reorganización de partidos políticos y centrales obreras, y llevaría a cabo las gestiones para la formación de un gobierno nacional, lo más representativo posible. Éste, a su vez, dentro de otro plazo prefijado, no mayor de un año, convocaría a elecciones constituyentes, previo estudio de una Ley fundamental que reúna el mayor número de adhesiones, a la par que asegure el máximo respeto a las libertades ciudadanas y garantice un gobierno estable, capaz de acometer la gran obra de pacificación y de reconstrucción que España necesita. Hará falta para ello elaborar una apropiada ley de partidos políticos, que evite su atomización, y otra electoral que siendo justa en cuanto a la distribución de actas, impida los tremendos bandazos de la opinión pública y su repercusión parlamentaria. Esas elecciones constituyentes deberán ser un modelo de pulcritud, desde la escrupulosa formación del censo, al respeto absoluto de los resultados que registren, sea cual fuere la dirección que revistan, e incluso podrían ser fiscalizadas por organismos internacionales. A ellas acudirían los partidos con una explícita declaración de fe monárquica o republicana, y todos ellos se comprometerán de antemano a acatar el fallo de las urnas y a no intentar rectificarlo sino en vía asimismo electoral. Por su parte, obreros y estudiantes no promoverían huelgas hasta tanto la vida institucional del país se haya normalizado. Si en esas condiciones triunfa la monarquía, nacerá con un prestigio y una autoridad que le faltarán por completo de introducirse por la puerta falsa, mediante un golpe de Estado, y nada digamos si adviene traída de la mano por Franco. Y a esa consulta electoral los monárquicos irán en mejores condiciones que los republicanos: además de no haber sido perseguidos como éstos, la lid la decidirán los menores de cuarenta años, o sea los ciudadanos que el franquismo, con facultades omnímodas, quiso formar a su imagen y semejanza, inculcándoles a diario aversión hacia la República. Si en circunstancias tan favorables para ellos, los restauradores rehúyen la fórmula propuesta, es porque están íntimamente persuadidos de que no tienen fuerza, y no sería justo, por tanto, que un pequeño grupo implantase la monarquía a priori, prevaliéndose de la total privación de libertad en que el país yace.

NICETO ALCALÁ-ZAMORA y CASTILLO




ArribaAbajo España 1958-59

III. El momento actual


Vicente Girbau


Dice el Profesor Tierno Galván que España es un país sin dialéctica: «España, pródiga en guerras intestinas, país que sin cesar se procesa desde el Renacimiento hasta ahora... lo cierto es que no hemos hecho sino procesarnos; con autenticidad o sin ella, pero procesarnos... Dejando aparte la cuestión, de suyo interesante, de la influencia de la mentalidad romanocanónica en la construcción de esta mentalidad, lo que importa es la relación entre "procesamiento" y falta de dialéctica. Un pueblo de procesados y procesamientos, como el pueblo español, es un pueblo sin dialéctica. En nuestra historia los contrarios no se subsumen nunca en una unidad superior, quedan como partes que esperan la sentencia. Esto produce, entre otras, la alucinante consecuencia de que nada se transforme y, en este sentido, desaparezca; todo queda ahí, olvidado o presente, pero sin modernizar, y susceptible de cualquier interpretación, por arbitraria que sea». Y sigue, hablando de la guerra castellana de las comunidades, «la tolerancia es un momento inexcusable en la dialéctica de la convivencia política, y quizá por esta razón, donde predomina el procesamiento no hay tolerancia. De la guerra castellana de las Comunidades no salió nada nuevo, no fue asimilada y transformada, quedó ahí, con sus tres caras de rencor, vencimiento y muerte. Ninguna guerra, y menos las civiles, debe quedar ahí como una amenaza petrificada. Es necesario asimilarlas y superarlas»3.

Esta cita del Profesor Tierno creo es una plataforma adecuada para iniciar este trabajo, que habrá de completar la serie, en el que me esforzaré por dar una imagen del momento actual y lograr una pequeña perspectiva sobre el futuro.

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Hace unos meses escribía una carta de la que entresaco el siguiente párrafo: «Las últimas huelgas no han excedido en volumen a las de otras ocasiones, pero creo que su significación es mucho mayor, porque pueden determinar una toma de conciencia de la clase trabajadora en muy importantes regiones de España, o por lo menos una iniciación de tal toma de conciencia, del mismo modo que los acontecimientos de febrero de 1956 la determinaron en las universidades, sin que tampoco tuvieran un excesivo volumen. Fueron lanzadas algunas huelgas de ensayo en determinadas fábricas (o minas en Asturias), y espontáneamente se unieron grandes masas de trabajadores, de tal forma que desbordaron completamente los cuadros de la oposición; cualquier organización que reivindique para sí tales huelgas, no hace más que engañarse a sí misma; en muchos casos es posible que se pusieran delante y encauzaran elementos de una u otra organización, en muchos otros ni siquiera eso, los organizadores fueron "espontáneos". Por otra parte parece que han colaborado los mismos enlaces sindicales de la CNS4. Todo hace prever que la CNS va a ser anegada y dirigida por nuevos elementos de oposición, con o sin relación con las organizaciones tradicionales; como le ha ocurrido al SEU en los últimos años». Este fenómeno ha de verse reforzado por la nueva ley de contratos colectivos.

El cuadro de la oposición está marcado actualmente por esta nueva toma de conciencia de la clase trabajadora y por la absoluta generalización de la oposición entre estudiantes e intelectuales, en las nuevas generaciones sobre todo. Esta oposición va poco a poco integrándose y estructurándose; como prueba ampliamente la última redada realizada entre medios socialistas. En esta redada, que es uno de los grandes acontecimientos de los últimos meses, podemos apreciar las siguientes características:

1. º Es a escala nacional; no se trata de grupos locales inconexos, sino de una organización que cubría todo el territorio nacional.

2. º Gran abundancia de personas de relieve social y prestigio intelectual.

3. º Hay personas de todas las clases sociales: médicos, abogados, químicos, ingenieros, empleados, obreros de varias profesiones, desde metalúrgicos y mineros hasta albañiles, estudiantes.

4. º Gran abundancia de personas jóvenes, de edad inferior a los cuarenta años, que han surgido a la vida política bajo el Régimen. Ello hace aparecer dos de las características que tienen condenado a muerte al Régimen: a) el estar integradas en este movimiento socialista personas surgidas de las clases dominadoras, personas de posición privilegiada y que se han hecho un prestigio dentro de la situación, b) la aparición también de nuevas generaciones de trabajadores, generaciones que no han sufrido personalmente el terror de la represión, generaciones que viven más limpias de miedo y de rencor; es decir, un factor más en favor de la aparición de una nueva conciencia orgánica de clase entre los trabajadores españoles.

Ilustración

La situación del Régimen es desastrosa. Los amigos, barceloneses de la FENEC me envían el resumen de una conferencia pronunciada en Barcelona por un Catedrático de Universidad; me dicen que han enviado también dicho resumen a Ibérica, por lo que presumo que será publicado en este mismo número o en alguno de los próximos. En ese análisis global de la situación económica actual y de la política económica seguida se exponen claramente las siguientes características:

Una industrialización mal dirigida que ha puesto el acento en industrias suntuarias y de propaganda, que exigen gran cantidad de divisas para su instalación y para su mantenimiento, puesto que no se ha previsto el establecimiento de las industrias básicas que fabriquen las materias primas que estas industrias necesitan, ni de las fuentes de energía necesarias; industrias, por otra parte, que fabrican a precios prohibitivos para el gran consumo nacional y para la exportación. Abandono de la agricultura y de la ganadería, con la consiguiente pérdida de divisas, tanto por la necesidad de importar alimentos, que con las materias primas necesarias para las nuevas industrias han absorbido gran parte de la ayuda americana, como por el descenso de la exportación. En consecuencia, y colocándonos desde un punto de vista puramente económico, una situación catastrófica de la balanza de pagos.

Por todo ello, para que siga funcionando la máquina, de la economía española, el Régimen se ve obligado a ingresar en los organismos internacionales de tipo económico, o a convertirse pura y simplemente en una colonia económica de los Estados Unidos, suponiendo que a éstos les interese una colonia económicamente tan poco rentable, lo que por otra parte tendría consecuencias semejantes.

La Iglesia sigue despegándose. No hablaremos aquí de la postura general de la Iglesia española, lo que reservamos para un momento posterior de este trabajo. Aquí nos referimos al momento actual. En España circula la idea de que el nuevo Pontífice ha decidido emprender una operación de gran estilo destinada a crear un movimiento católico verdaderamente despegado de las posiciones más reaccionarias de la Democracia Cristiana, y alineado con el socialismo en una izquierda no comunista; formarían parte de esta operación la retirada del reconocimiento a los Gobiernos polaco y lituano en el exilio, el viaje de Enrico Mattei a China y a diversos países de recién adquirida independencia, y toda la política de Fanfani y de «apertura a sinistra»; en España esta política exige el fin del Régimen, y formaría parte de ella el reciente conflicto entre el Abad de Monserrat y el Gobernador de Barcelona. Yo no quiero opinar sobre la política del nuevo Pontífice, e ignoro lo que hay en el trasfondo de la actitud del Abad de Monserrat; pero el hecho de que exista en España esta creencia es en sí mismo altamente significativo.

Pero la Iglesia y los Estados Unidos han constituido los dos pilares del Régimen en los últimos diez años. «Last but not least», el escándalo financiero. Este enorme escándalo, que en cualquier situación normal hubiera podido provocar una crisis de Régimen, no creo que la provoque actualmente, pero es sin duda una gran sacudida. Primero por el «affaire» en sí, es decir por la cantidad e importancia de los elementos comprometidos. En segundo lugar porque manifiesta a la luz pública la escasa confianza que los magnates del Régimen tienen en el Régimen mismo; entre los depositarios de fondos en Suiza hay sin duda algunas personas en los que es hasta explicable, personas que han encontrado en algún momento oportunidad de depositar allí alguna cantidad como ayuda frente a un futuro inseguro; pero que aparezca a la luz del día que quienes controlan totalmente todos los resortes de la economía y del poder han procurado poner a buen recaudo enormes cantidades, es algo, que aunque fuera antes bien sabido, no deja de tener importancia. Y lo mismo diremos de que aparezca a la luz del día el latrocinio impune de que hablamos en el artículo anterior. Ya se sabe que los feroces izquierdistas de la Falange y los honrados militares han gritado de nuevo pidiendo la cabeza de los criminales. Sin duda que contendrán oportunamente sus ímpetus justicieros. Pero el hecho tendrá importancia, aunque solo fuera por aumentar el asco inmenso de tantos.

Parece que incluso el «Opus Dei» ha iniciado hace tiempo un repliegue táctico. Calvo Serer se ha acercado incluso a personas del exilio, a quienes dijo que era inminente la caída del Régimen y que era preciso un esfuerzo conjunto de todos para superar el dramático vacío español. Y parece que este deseo del «Opus Dei» coincide con el deseo de Franco de sustituir a un equipo que considera, justamente, fracasado.

¿Cuál va a ser el equipo ministerial de repuesto? Parece que después de este último equipo le va a ser difícil encontrar el repuesto. Se ha hablado de una vuelta a la Falange, pero si en 1956 resultó imposible tal maniobra, mucho más difícil sería aun ahora. Se ha hablado también de una solución de tipo sindicalista con Solís, pero el alza continua de precios, la imposibilidad de elevar los salarios, y las medidas económicas que habrá que tomar sin duda en breve plazo, excluyen todo reverdecer de la vieja demagogia gironiana. Puede quizá entregarse al grupo católico del Obispo Herrera y de Ya, o a un grupo puramente de técnicos. En cualquiera de los dos casos no será sino una continuación de la autoesfumación del Régimen.

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Pero si de todo ello parece debe resultar un gran optimismo, igualmente puede deducirse un gran pesimismo. Porque si el Régimen en esa situación sigue manteniéndose es porque no hay nada que lo empuje, ni nada para el relevo. Un país en el que se desintegra de este modo la estructura existente, y no hay nadie que indique un camino racional, o por lo menos nadie apoyado en estructuras que puedan sustituir a la que cae, es un motivo de seria preocupación. Parece que se están desintegrando simultáneamente todas las estructuras españolas, del Régimen y del Exilo. Pienso que la interpretación histórica de lo ocurrido desde el fin de la guerra mundial pudiera ser la siguiente: «En los años inmediatamente posteriores a 1945, el Exilio intentó imponerse como tal, es decir, invertir el resultado de la guerra civil. No lo consiguió, y es quizá en ese momento donde debe situarse el verdadero final de la guerra civil; a partir de ese momento el Régimen de Franco queda establecido como algo definitivo, dentro de los límites, como dijimos anteriormente, en que tiene sentido emplear la palabra definitiva en la Historia. Pero al mismo tiempo el Régimen deja de existir con las características con que salió de la guerra civil. El Régimen pseudofascista, con su tenue contenido ideológico, fue sustituido por esa extraña dictadura eclesiástico-financiera apoyada en la fuerza de un Ejército ocupante de su propio país. A partir de este momento el Régimen y el Exilio siguen manteniendo los mismos temas de la guerra civil. Pero ya no hay una realidad que responda a todo ello. Por debajo de la fachada se desarrolla inexorablemente un gran proceso de descomposición simultánea5.

Ilustración

Durante unos años se produce la actuación de los grupos que hemos llamado reformistas, y al mismo tiempo una lenta maduración de nuevas generaciones. En 1956 se produce la irrupción ya descrita de los más jóvenes de estas generaciones; entonces entre los ya menos jóvenes muchos se incorporan a este nuevo despertar, unos porque realmente, se encuentran entonces a sí mismos, otros porque después de años de desaliento y escepticismo descubren entonces que el momento ha llegado. Es preciso insistir en que se trata de un nuevo despertar. Y durante estos dos últimos años hemos asistido a una multiplicación de incontables nuevos grupos en todo el territorio nacional; aparecen grupos más o menos grandes de personas que se unen y formulan de un modo más o menos preciso unas ideas comunes y tratan de realizar las acciones que les son posibles. Quiero decir antes de seguir que esto no es ningún signo de anarquía, sino de vitalidad. Es el signo de que Franco no pudo matar toda una España que él quiso exterminar para siempre. Es la certidumbre de que volveremos a tenerla.

Sería completamente imposible realizar un recuento de estos grupos, y no sería tampoco de un gran interés. Algunos han sido efímeros, otros han perdurado, los que perduran es porque responden a una realidad. Cojamos tres ejemplos:

La Agrupación Socialista Universitaria responde a una necesidad profundamente sentida por muchos jóvenes estudiantes e intelectuales españoles, de dar a la tradición socialista española un carácter rigurosamente científico, a un tiempo profundamente revolucionario y democrático.

La Nueva Izquierda Universitaria representa un fenómeno característico del actual momento español, la aparición de un auténtico catolicismo de izquierda.

El grupo barcelonés Nueva República, representa una posición de radicalismo progresista sentida en diversos sectores de la juventud española, con tendencia a entroncar en los llamados movimientos de Nueva Izquierda en Europa.

Convendría quizá aquí nombrar las corrientes a que deriva la desintegración falangista. En la Universidad madrileña existen actualmente tres grupos que reflejan más o menos la orientación que sigue esta desintegración:

Las juntas Republicanas Sindicalistas, claramente antifascistas y democráticas, que proclaman la idea de un sindicalismo democrático que las aproxima, en cierta medida, a las viejas corrientes libertarias.

Los Grupos de Acción Nacional-Sindicalista, abiertamente antifranquistas, pero aun fascistas, algo que en realidad no ha dejado nunca de existir en la España de Franco.

Las Falanges Universitarias, vagamente oposicionistas, pero dentro del cuadro del Régimen, con tendencia a veces a servir de agente provocador, como con ocasión de detenciones de miembros de la A. S. U. en la pasada primavera.

Y convendría también mencionar aquí a los grupos que se denominan asimismo de centro, o mejor de centro-izquierda, con lo cual no queremos hacer ninguna referencia a su contenido ideológico, sino a su vocación de servir de puente. Citaremos dos entre ellos:

El llamado Partido Social de Acción Democrática, que invoca el nombre de Azaña, pero de un Azaña socializante.

Los llamados Funcionalistas, que inspirándose en las doctrinas sociológicas de esta denominación, pretenden dar un enfoque rigorosamente técnico, científico y positivo a la política.

Al lado de estos grupos las viejas formaciones han adquirido nuevo empuje y virtualidad, en un proceso de regeneración que, una vez completado, ayudará a la clarificación del panorama político. Ya desde ahora existe contacto y enlace entre unas y otras formaciones.

Durante estos dos últimos años se han realizado esfuerzos para constituir un pacto que uniera a estas diversas fuerzas en un frente único. Esfuerzos que han constituido un decepcionante fracaso. Ciertas personas y grupos del interior, comprobando que una acción profunda, de masas, no era posible por el momento, y si era quizá posible el desplazamiento del Régimen mediante la conspiración y la suma de voluntades, no para dar paso a una situación óptima, pero sí para iniciar una evolución hacia esta situación, han buscado el contacto con las fuerzas tradicionales para intentar montar un dispositivo general de las fuerzas más o menos liberales, más o menos democráticas. La operación se basaba en el siguiente cálculo: existen grupos de derecha que parecen más o menos decididos a luchar contra el Régimen; estos grupos de derecha son los únicos que pueden influir sobre la Finanza, la Iglesia y el Ejército. Pero no hay que olvidar que si esta derecha se mueve es porque el Régimen no da ya suficientes garantías de estabilidad y continuidad.

Toda la discusión sobre este compromiso se ha centrado en torno al problema de la Monarquía. Todo se vuelve decir, unos que hay que aceptar la Monarquía, y otros que hay que respetar unas fórmulas de exquisita pureza democrática. Y en medio de esta polémica hay todo un país al cual este problema de la Monarquía no le interesa nada.

En mi opinión todo esto es algo que hay que considerar por el momento como superado. Y el fracaso, más que a ningún principio teórico, creo que ha sido debido a recuerdos del pasado. Nada más natural, dado el peso tremendo de estos recuerdos; recuerdos que introducen elementos de desconfianza entre unos y otros y que hacen que los juicios de muchos estén influidos por un muy humano deseo de demostrar que se tuvo razón en un momento determinado. Pero nada también más irracional. La Historia juzgará el pasado, pero para ello es preciso continuar la Historia; hay que cerrar el paréntesis de estos veinte años y continuar la Historia de España.

*  *  *

Este espectáculo de un país que se desintegra sin que ninguno de los interlocutores en presencia encuentre el camino para salir de la situación, parece inducir al más extremo pesimismo. Casi puede uno preguntarse si existe realmente España, en el sentido de que un país no es sólo un conjunto de seres humanos, sino un conjunto de estructuras orgánicas. Pero en España no existen hoy día más estructuras orgánicas que el Ejército, la Iglesia y las Finanzas. Realmente parece difícil maniobrar entre estas estructuras para llegar a una situación en que los problemas del país puedan plantearse en términos reales.

Pero si queremos buscar ese camino, con serenidad, ateniéndonos a los datos reales, sin juicio previo alguno, creo que hay motivo para pensar con optimismo en el futuro de nuestro país. Tenemos como datos positivos:

a. La situación del Régimen que hemos intentado exponer en un principio.

b. Esta misma descomposición simultánea del Régimen y del Exilio. Yo creo que estamos llegando al momento final de esta descomposición. En estos momentos se vive la descomposición final de la situación que resultó de la guerra civil, y en medio de esta descomposición general asistimos lentamente a un proceso de regeneración y resurrección.

c. La convicción de todo lo que cuenta en el Régimen, de que aquello está definitivamente condenado, a plazo mayor o menor.

d. El deseo de todo lo estimable que hay en España, dentro y fuera, de construir por fin un país habitable para todos.

e. Los fenómenos ya aludidos de aparición de las masas en la política nacional y de generalización de la oposición entre jóvenes intelectuales y estudiantes. Y de la estructuración y coordinación de ambos fenómenos.

Estos datos, de ser cierto el análisis, nos pueden dar la guía del futuro. En todo caso el Régimen no caerá sin el consentimiento expreso o tácito de esas tres únicas estructuras orgánicas de que antes hablé. Una acción de masas que barra las estructuras, aun suponiendo que fuera deseable, es desde luego impensable en nuestro país, y lo será en mucho tiempo. Pero no creo imposible que se llegue a obtener esa aquiescencia expresa o tácita.

El Ejército preferiría sin duda el mantenimiento de sus actuales privilegios, pero creo que la mayor parte de los militares saben que ello es imposible. Además el Ejército está desmoralizado por la conciencia de su enorme fracaso histórico. Por ejemplo, ignorantes de la vida moderna, creían que la ayuda americana bastaría para resolver todas las dificultades económicas españolas, para ellos es un misterio el por qué coincide el comienzo de esta ayuda con la baja de la peseta y el alza de los precios y del costo de vida. Otro factor de desmoralización es el tremendo fracaso del Régimen en la formación de la juventud a su hechura; cuando se ve a un joven llamado Kindelán declarando que no existen y a dos Españas, que existe sólo un pueblo que lucha por la libertad, puede medirse el alcance de este fracaso. Por último el verdadero gran fracaso del Ejército, la pérdida de Marruecos, aquel «solar del Ejército de liberación»; el absurdo de la campaña levantada en torno a Ifni, es un buen índice del estado de espíritu del Ejército al respecto. En definitiva, no creo en modo alguno que el Ejército saque la espada para derribar el Régimen, pero tampoco pienso que lo haga para defenderlo si ello fuera necesario.

La Iglesia, o por mejor decir, la actual Jerarquía eclesiástica, preferiría el mantenimiento del Régimen. Pero la Iglesia conoce aun mejor que el Ejército que los días del Régimen están contados. Su actitud está llena de dudas y vacilaciones, por un lado teme retirar su apoyo a Franco, pues sabe que eso determinaría su inmediata caída, pero teme también mantenerle su incondicional apoyo. La operación «preparación del futuro» ha comenzado ya en cierta medida, con la acción del Obispo Herrera Oria en Madrid. Esta «operación democracia cristiana», realizada con Artajo, con el dirigente de Acción Católica Bonet, y con otros, y bendecida por el Nuncio y por el Gobierno, tiene en realidad muy poco de democracia, su ideal es perpetuar la presente situación bajo formas más aceptables, más o menos democráticas, el más o el menos dependiendo de las circunstancias. Pero al mismo tiempo está surgiendo en España una verdadera Democracia Cristiana, y sin duda un día la Iglesia, aun prefiriendo al Régimen, pensará probablemente que después de todo es mejor apoyar a un Gil Robles, o a un Jiménez Fernández, o a quien sea, que seguir abrazada a un Régimen agónico6.

Tenemos por último la Finanza. Se ha hablado algo en un principio de la situación económica española; no es este el lugar, ni el autor el adecuado, para realizar un estudio más detallado del capitalismo español. Parece que se aproxima «la hora de la verdad»; el Ministro alemán Erhardt dijo el otro día aquí en París a los periodistas, que España no podrá seguir obteniendo ayuda exterior si no se decide a tener un plan coherente, con los sacrificios que ello pueda representar. ¿No cabe pensar que si, llega la «hora de las vacas flacas», prefieran afrontarla en una situación con mayores garantías de estabilidad? En todo caso ello implica la culminación de la integración de España en el mundo actual; el fin absoluto de esa campana neumática en que tan bien podía mantenerse Franco; el resultado ha de ser beneficioso. Del Capitalismo español podemos decir lo mismo que de las otras dos estructuras, apoyará a Franco, pero no arriesgará su fortuna para la curación de una enfermedad que es mortal.

*  *  *

¿Qué hacer pues?

Colocándonos en un plano histórico el resultado no puede ser más seguro. En España se han desarrollado bajo el Régimen unas fuerzas económicas y sociales que en modo alguno caben dentro del esquema institucional e ideológico de éste; no hay duda de que estas fuerzas seguirán madurando y barrerán sin dejar huella todos estos años de oprobio7.

En mi opinión lo adecuado es situarse en esta perspectiva histórica. Favorecer, encauzar, organizar la formación de estas nuevas fuerzas; empujarlas a la acción siempre que ello sea posible. Porque además creo que esto es también lo más rentable en una perspectiva a corto plazo. Y ello por dos razones; la primera porque el desarrollo coherente y la acción de estas fuerzas es lo que puede empujar a las tres estructuras de que acabamos de hablar; al segundo porque es en el seno de este desarrollo donde se puede producir espontáneamente el acuerdo de la oposición, y la alternativa que ahora falta.

Y esta acción creo que ha de basarse en dos principios:

Por un lado preconizar incansablemente la idea de reconciliación nacional. Solamente podrá ser superada la situación española actual cuando se llegue a la convicción de que realmente es posible hacerlo sin peligro de ejecución de las innumerables sentencias que tantos españoles guardan en su seno contra sus compatriotas. Y aquí viene la idea de superación dialéctica. La superación dialéctica no supone la neutralidad o suspensión de juicio con respecto a la guerra civil, ni tampoco que se prescinda de los temas de la misma por razones tácticas o sentimentales. Se trata de una subsunción dialéctica de los contrarios de tal suerte que, surgida una nueva síntesis, no tenga sentido hablar del pasado sino como hecho histórico. Dejemos que los muertos entierren a sus muertos.

Ilustración

Por otro lado trabajar sobre temas concretos. Hay que explicar a los españoles cómo es el país, y cómo podría ser; hay que señalar los grandes males del país, pero señalarlos de un modo técnico y objetivo, sin retórica; y trazar caminos. Hay que proponer a los españoles un plan concreto de reconstrucción y de desarrollo económico y social del país; un plan prudente y positivo, sin idealismos fantásticos ni demagogias; sin plantearse objetivos imposibles, ni demasiados objetivos a la vez; pero un plan radical en el sentido de que, establecida una escala de prioridades, ataque de un modo rigoroso los problemas esenciales del país, y provoque grandes cambios estructurales. Con mis compañeros de la A. S. U. elaboramos hace poco un documento de propaganda en el que decíamos entre otras cosas: «nosotros creemos que no hay nada más revolucionario que la ciencia; lo que implica, reconocer lo que es, y transformarlo según un rigoroso plan científico».

En definitiva, al ir a terminar tengo que decir que soy optimista. Porque el pueblo español sigue siendo tan buen vasallo como siempre, y pienso que, después de todo, al terminar el Régimen nos vamos a encontrar de nuevo con un pueblo joven, dispuesto a emprender con ligereza de corazón los caminos del futuro. Y porque creo que hay algo que está cambiando en muchos españoles. Creo que hay muchos españoles curados de viejas retóricas, animados de ese espíritu concreto que es algo nuevo y esperanzador, no porque sea inédito en nuestra Historia, pues siempre hubo minorías con ese espíritu, y Costa y Giner cerca de nosotros son buenos ejemplos. Pero creo que hasta ahora no se había producido el ejemplo de generaciones enteras que se propusieran a sí mismas como tarea colectiva la vocación por lo empírico.

Y al mencionar a Giner recuerdo que en trabajo de hace pocos meses señalaba como esos dos grandes maestros de la España contemporánea que fueron Pablo Iglesias y Francisco Giner incluían en su magisterio el tema del esfuerzo concreto, tenso y continuado, y recordaba cómo al morir Giner pedía Machado un duelo de labores y esperanzas. ¡Quién sabe si después de tanto tiempo y de tantas catástrofes la semilla que ellos sembraron fructificará definitivamente en nuestro suelo!

VICENTE GIRBAU LEÓN


LA ECONOMÍA ESPAÑOLA

El 9 de octubre pasado, en la inauguración del curso de la Asociación Católica de Dirigentes, pronunció una conferencia el Profesor Fabián Estapé de la Universidad de Zaragoza, sobre el tema «Los problemas actuales de la Economía Española». Recientemente se ha publicado un folleto con el texto de esa conferencia. Insertamos a continuación un extracto del mismo.

En la mayor parte de los países atrasados se ha intentado el progreso económico en una sola dirección, en una sola vía de avance, y esa vía es la de la industrialización. Esta característica se ha dado, hablando en términos generales, en España. Los índices de producción, las estadísticas del Consejo de Economía Nacional, y diversos estudios aparecidos recientemente, ilustran perfectamente con respecto a la situación estática de la agricultura frente a la expansión de la industria.

Los dos sectores -agrícola e industrial- se han movido con ritmos y direcciones diferentes. En muchos casos no se trata tan sólo de que la agricultura ha progresado en menor medida que la industria, sino de que ha retrocedido. Así, por ejemplo, si se comprueba que los índices de producción son sólo ligeramente superiores a los de 1935 (y a veces inferiores) en la mayor parte de los cultivos, y tenemos en cuenta el aumento de la población, se comprende el menor abastecimiento per cápita de muchos productos alimenticios. Basta recordar recientes importaciones de alimentos para comprender la trascendencia de la falta de rendimiento de la agricultura. Si no se produce la imprescindible rectificación de criterio, las consecuencias no pueden ser más evidentes: el déficit alimenticio absorberá el principal volumen de la ayuda americana sin que se pueda garantizar un abastecimiento satisfactorio de la población. No se olvide que la población española mantiene un ritmo de crecimiento muy considerable, hasta el punto de que el incremento anual supera los 250000 individuos; el ritmo de crecimiento de la producción agrícola es inferior al de la población. En algunas producciones es necesario aumentar la producción para llegar al mismo nivel de abastecimientos que en 1935; pero es que además, y por la necesidad general de elevar la capacidad de importación, debe incrementarse la producción agrícola de exportación.

La industrialización ha de realizarse contando con el progreso de la agricultura. De una parte porque con ello se obtienen las divisas necesarias para la importación de bienes de capital; de otra, porque una agricultura en progreso es una agricultura que libera trabajo, que permite trasladar los excedentes de población campesina a las concentraciones industriales. Pero esa traslación de brazos ha de realizarse sin detrimento de la producción agrícola; ello nos lleva a subrayar la necesidad de que el campo se mecanice, mejorándose todos los medios de explotación agrícola. Cuando el ritmo de la industrialización se fuerza sin contar con el necesario avance de la agricultura, cuando la emigración del campo tiene lugar porque las condiciones de vida son ingratas, cuando un bajo nivel de vida fuerza a marchar a la ciudad, entonces no se consigue un auténtico desarrollo económico, lo que conseguimos es agravar el problema de la vivienda, aumentar el hacinamiento humano en barriadas insalubres; se consigue todo menos auténtico progreso económico. Tiene también otra grave consecuencia, y es la de ampliar los desequilibrios económicos regionales, magnificando las diferencias de nivel de vida entre las regiones.

Contemplada la industrialización española a lo largo de un periodo amplio puede señalarse que no se ha conseguido un desarrollo armónico. En general ha crecido con mayor intensidad la industria transformadora que la industria básica. De ahí que el progreso económico español se haya visto limitado muchas veces por la falta de productos básicos, dejando inutilizada una capacidad productiva existente en la industria transformadora. Por esta razón han surgido los embotellamientos, por falta de energía, de chapa, de cobre, de cemento y de tantas otras cosas. Las industrias básicas se han visto además frenadas por la política de fijación de precios oficiales, disminuyendo sus posibilidades de autofinanciación. Son industrias que han encontrado dificultades en el mercado de capitales. En otras palabras: las industrias más rentables para la economía general del país han resultado ser las menos rentables para los criterios privados de los inversores.

La industrialización fructífera es la que se elabora pensando a largo plazo. Comenzar por el final puede tener consecuencias desastrosas. Un país en trance de desarrollo es un país que necesita con mayor urgencia una industria básica que una industria del automóvil. Los técnicos de los organismos internacionales de Cooperación Económica que han estudiado sobre el terreno la situación concreta de la industrialización de los países atrasados, han señalado cómo uno de los grandes inconvenientes con que tropiezan tales países, la tendencia a encaminar la industrialización, o una parte de ella, hacia un tipo de industrias que podríamos denominar «industrias de exhibición».

El panorama de la industria española presenta inmediatamente otra gran cuestión: me refiero a la renovación del utillaje. En la actualidad, y a pesar de la inferioridad de los salarios españoles, son muy pocas, las industrias españolas que podrían resistir ni siquiera un amago de competencia exterior. Es frecuente escuchar que todo esto se debe a la imposibilidad de obtener licencias de importación suficientes, y no me atreveré a negar que exista un fundamento de verdad a esta afirmación; pero sí deseo llamar la atención sobre el aspecto engañoso de la generalización. ¿Cuál era el grado de modernidad del equipo industrial cuando no existían dificultades de importación? En nuestro país los empresarios han procurado, por lo menos en una considerable mayoría, dilatar la duración del equipo industrial, prolongar la vida de la maquinaria.

El examen del panorama industrial nos lleva de la mano a la consideración del problema financiero. En la actualidad es evidente que la mayor parte de las empresas del país, las grandes empresas singularmente, encuentran graves dificultades para obtener aportaciones suficientes que han de permitir financiar sus planes de producción.

La retirada del Estado a un segundo plano por lo que se refiere al mercado de capitales, no ha producido la totalidad de sus efectos reanimadores para el sector privado porque una serie de circunstancias y factores -en su mayoría de tipo psicológico- han determinado una retracción de ahorro privado. Lo cierto es que actualmente muchas empresas que atienden a sectores vitales de la economía española se encuentran con graves dificultades para obtener recursos. Es necesario establecer una ordenación racional del mercado de capitales; es necesario perfeccionar sus instituciones, delimitando sus competencias, señalando sus recursos y obligaciones. En todo caso es indispensable reformar un sector de la economía española, de cuya desorganización habla el hecho comprobado de que haya sido mucho más fácil encontrar ahorro voluntario, privado y corporativo, para construir estadios de fútbol, que para construir centrales eléctricas. Es preciso elevar la rentabilidad de las inversiones necesarias, es preciso frenar las inversiones superfluas

Y si esto es cierto siempre, lo es más cuando una buena parte del desarrollo económico español se está financiando con la inflación. La inflación es como un impuesto, pero es el más injusto de los impuestos; la injusticia deriva del hecho de que semejante impuesto gravita sobre los menos dotados económicamente, sobre los que viven de rentas fijas. Cuando es preciso alcanzar determinados objetivos de interés general, de interés social, y los recursos allegados por vía de impuesto y de aportaciones voluntarias son insuficientes, no queda otro recurso que la inflación. Pero conviene no superar un cierto empleo de la inflación. La inflación, pasados ciertos límites acaba por ser autofágica. En vez de un impulso a la producción no conseguimos más que el caos social y la distorsión de valores, que llega a provocar direcciones equivocadas en el encauzamiento de la producción.

En nuestro país el desequilibrio entre el ahorro y la inversión ha sido muy considerable durante los últimos años. Tanto es así que para mantener un determinado nivel de inversiones ha sido preciso elevar cada vez más la presión inflacionaria. Consideremos brevemente algunos índices que apuntan la magnitud del fenómeno. La circulación fiduciaria que en 1950 era de 30000 millones de ptas., llega en 1957 a 65000 millones, mientras que la producción que se moviliza en parte con esa circulación fiduciaria experimenta aumentos reales muy inferiores en proporción. Si en vez de considerar la circulación fiduciaria examinamos el índice, mucho más significativo, que viene dado por la suma de medios de pago en manos del público, vemos que pasa de una cifra de 66000 millones en 1950 a la de 167000 millones en 1957. La expansión se ha financiado mediante inflación, tanto en el sector público como en el privado.

Después de apuntar los principales problemas del sector financiero es necesario abordar también los problemas del comercio exterior. El comercio exterior posee una importancia enorme en la vida económica española.

La falta de perspectiva histórica lleva a algunos a atribuir especial significación a los últimos veinte años por lo que respecta al aislamiento de la economía española. La realidad es muy otra: en los últimos veinte años no se ha hecho más que reforzar una tendencia que arranca desde 1900. La gran conquista de los proteccionistas españoles de comienzos de siglo fue la orientación de la economía española hacia el principio de la sustitución de las importaciones. Durante muchos años, en condiciones de plena normalidad comercial y financiera, se intentó, bajo el cobijo del arancel, fabricar, producir, todo cuanto de lejos o de cerca se pareciera a lo que se importaba. Fue por este camino como la economía española fue divorciándose del mundo.

Un índice significativo -el volumen del comercio internacional con relación a la renta nacional- nos dice que seguimos siendo el país de la Europa Occidental que mantiene menores relaciones económicas, o lo que es lo mismo, el país cuya economía sigue siendo más «cerrada». Sería erróneo suponer que desde comienzos de siglo hemos constituido una excepción en el mundo occidental, pero la nota del momento viene dada por el hecho de que hoy sí somos una excepción en la Europa occidental. A partir de 1900 la industrialización española se ha efectuado con la vista puesta en el proceso de sustitución de las importaciones y se ha beneficiado de la política proteccionista; después el aislamiento ha obligado a continuar por un camino del cual se han apartado los demás países.

En ciertos momentos de la evolución económica el aislamiento ha sido una ventaja; la economía española no ha sufrido algunos altibajos que sufrían otras economías más abiertas; hoy no pueden valorarse excesivamente las ventajas de aislamiento. Se trata de un precio excesivo. Un precio que no puede pagarse.

En este sentido es evidente que las medidas adoptadas en los últimos meses anuncian que España ha adoptado la decisión de incorporarse a la tendencia internacionalista. Para ello la política económica española deberá readaptarse a las condiciones que exige la cooperación internacional.

Las modificaciones de mayor alcance deberán producirse en el área del comercio exterior. Por ejemplo, el ingreso en la O. E. C. E. entraña el cumplimiento de las obligaciones contenidas en el Código de Liberalización. En un futuro inmediato -si se cumplen las obligaciones que derivan de la condición de miembro pleno de la O. E. C. E.- el comercio español se verificará en condiciones multilaterales, sin que los países que comercien con nosotros se vean constreñidos a importar de España para saldar un déficit que se haya producido en un ejercicio económico. En cierto modo, pues, disminuirá la fuerza negociadora de España. Este fenómeno se produce, o va a producirse en circunstancias escasamente favorables. Sin necesidad de recurrir a una profusión de datos estadísticos podemos fácilmente dar una idea de la magnitud del problema indicando tan sólo la evolución de las importaciones y las exportaciones en los últimos años. En 1950 la exportación alcanzó un valor de 405 millones de dólares; en 1957 se había elevado a 475 millones de dólares, es decir que se consigue un incremento que no llega al 20 por 100. Por lo que se refiere a la importación, en 1950 supone 390 millones $; en 1957 se eleva a 862 millones $, es decir, el incremento supera el 100 por 100.

La importación crece porque ésta es una consecuencia lógica de una política de industrialización, y además por el factor antes señalado: las deficiencias de la producción agrícola. La restricción de las importaciones no es una solución, habida cuenta del grado de desabastecimiento que existe en muchos sectores de la economía española. Por otra parte, el problema se agrava por la dificultad que presenta el incremento de las exportaciones. El carácter rígido de la exportación española no es un fenómeno nuevo, se trata de algo suficientemente conocido. Naturalmente con ello no se quiere sugerir que exista una imposibilidad absoluta de elevar las exportaciones, pero sí que el éxito en este sentido precisa una revisión profunda de los métodos seguidos hasta el presente. Y esta revisión deberá tener en cuenta que algunas medidas de fomento no podrán emplearse por ser contrarias a las obligaciones contraídas con el ingreso en los organismos internacionales que hemos mencionado. El problema es difícil ya que resulta preciso incrementar las ganancias de divisas cuando las posibilidades de exportación no son muy grandes, y cuando las necesidades de importación son imperiosas.




ArribaAbajoSin permiso de la censura

Negocio en quiebra

Así debiera decirse de la gobernación de España si no fuera porque es algo más serio que la administración de una tienda de ultramarinos o de un almacén de tejidos. Pero quiebra hay, porque el déficit de la balanza de pagos es un casi igual al del año 1957 (es decir, se suma a aquel), porque las reservas en divisas no superan los 60 millones de dólares y, sobre todo, porque las transformaciones económicas que acaba de experimentar Europa han colocado al gobierno español entre la espada y la pared. ¿Se acuerdan ustedes de cuando se decía y celebraba que «prácticamente» ya estábamos en la OECE, en el Fondo Monetario y hasta algunos de ánimo liviano añadían que a dos dedos de entrar en el Mercado común? (Martín Artajo dixit). Pues bien; resulta que como España no estaba en nada de eso, porque no podía estar, porque jamás desde El Pardo se accedió a las condiciones que lógicamente imponían esos organismos internacionales, hoy todo el mundo se lleva las manos a la cabeza y sólo un milagro podría evitar la devaluación, la convertibilidad parcial y la liberación de buena parte de contingentes (todo lo cual significa la quiebra, o si no la quiebra entregar el negocio a manos extranjeras que lo saquen a flote). En una revista se decía hace días -y creo que tenía razón- que el tranvía de la economía europea se marchó antes de que España pudiera tomarlo y que hoy aquella viaja en autobús, más caro y más difícil de tomar. En síntesis; si España no se alinea sobre las medidas económicas adoptadas por los 17 países de la OECE y los seis que además forman mercado común, le ocurrirá lo siguiente: será objeto de discriminación al no beneficiar de la rebaja del 10 por 100 de aranceles de esos países; como seguiría el régimen de acuerdos bilaterales, sin liberar contingentes, dichos países le comprarían mucho menos; el valor de la peseta sería cada vez más ficticio. Pero si se alinea con esos países, su ausencia de divisas, debilidad industrial y baja productividad (con costos elevados), la conducirán a la liquidación de industrias como la siderurgia, metalúrgica, automovilística, química y a la agravación de la crisis textil, a cambio naturalmente de colocar mejor las naranjas y los vinos. Esta situación también haría bajar el valor de la moneda, por lo que se hace aconsejable devaluar la peseta a un tipo suficientemente bajo (por lo menos 62 por 1 dólar) para lograr un mínimo de estabilidad. La cosa se complica por la falta de divisas lo que hace verdaderamente arriesgada la operación convertibilidad.

Así están planteadas las cosas, «grosso modo», desde principios de año. El Caudillo no consideró interesante hablar de ello en su discurso de final de año. Pero el revuelo estaba ya organizado en los medios económicos y financieros. El Consejo Económico Sindical se reunió en sesión permanente y planteó de cara la necesidad de adaptarse a la nueva situación y de devaluar la peseta. Ullastres no quiso dejarse ganar por el sector falangista y expuso de lleno el problema en Consejo de Ministros. Había que establecer inmediatamente los contactos internacionales necesarios y contar en el interior con el Consejo Bancario, el Banco de España, las Cámaras del Comercio, etc., neutralizando así el «empujón» del Consejo Sindical. En el extranjero, había que saber las condiciones definitivas para ser admitidos en la OECE y en todo el concierto económico y saber si podría contarse con un préstamo de alguien si llegaba el caso de verse obligados a declarar la convertibilidad de la peseta.

Problemas de la devaluación

Como ahora está de moda tomar el tren para París, allá fueron Martín Artajo y Ruiz-Giménez, con pretexto de una reunión del Centro de Documentación Europea. Se entrevistaron con altas personalidades de la vida oficial francesa, pero parece que, al igual que Ullastres, no descuidaron los contactos alemanes. Para decir verdad, los «democristianos» como los Srs. Artajo y Ruiz-Giménez tienen los diapasones acordados con el partido del Canciller Adenauer a través del Vaticano. Pero ¿Y con los grandes empresarios? Cualquiera sabe. Lo que sí sabemos es que este sector defiende la devaluación, los préstamos alemanes y una renovación ca-8

El último en tomar el tren ha sido el Sr. Solís, acompañado de tres expertos económicos. Puntos de destino: París, y aunque no se dice, Bonn.

¿Por qué esta multiplicidad de enviados? Se trata, muy probablemente de una manifestación en el plano económico de la lucha política por conseguir la hegemonía del nuevo gobierno que prepara el Caudillo. Todos coinciden en parlamentar con Alemania. Parece como si se esperase de allí el maná. Pero es un maná que no otorgarán graciosamente. Para nadie es un secreto que el potente trust Krupp, que vuelve por sus fueros, tiene puestos sus ojos en el combinado de Avilés. Hay más: parece casi seguro que Krupp saque a «Manufacturas Metálicas Madrileñas» del atasco en que se metió. Y con ello se haría dueño, directa o indirectamente, de la empresa.

En resumen: a menos de que se adopte el camino «suicida», España tendrá que devaluar la peseta y liberar la mayor parte de contingentes. Si encuentra quien le preste irá a la convertibilidad. Y por una vez no se puede jugar con el tiempo. En mes o mes y medio hay que decidirse y de nada vale que el Sr. Ullastres declare lo contrario al salir de su despacho, como hizo el sábado. Luego vendrá la discusión sobre cómo devaluar la peseta. Tal vez se le dé otro nombre y se la presente como «tipo único de cambio», pero el resultado será el mismo. ¿A qué tipo se devaluará? Ni un céntimo menos de 62. Por cierto que discutiendo en Consejo de Ministros sobre cómo «compensar» a los cuentacorrentistas que repatríen su dinero de Suiza (lo que se sigue esperando -y para eso está ahí el juez Villarías- aunque va lentamente), alguien, creo que el Ministro de Hacienda, sugirió que se les pagase a 62 teniendo en cuenta la inminencia de la devaluación, lo que motivó un ataque de cólera de Camilo Alonso Vega. Y es que la huida de divisas ha servido a muchos para fabricarse una reputación de «puros» a precios de saldo. Los tradicionalistas (¿pero todavía hay?) por no ser menos que los falangistas, han difundido una octavilla condenando esos «actos antipatrióticos», ofreciendo su colaboración al gobierno para reprimirlos, pero añadiendo que no se solidarizan con la política general de éste.

Hacia la recuperación de la política pro-árabe

Como ve el lector el imperativo europeo es mayor que nunca; así lo reconoce el gobierno, al que hay que hacerle justicia diciendo que lo comprendió hace tiempo. Así lo comprenden también casi todas las fuerzas de la oposición. Paradójicamente, el gobierno ha creído llegado el momento de «recuperar» su política pro-árabe.

Éste ha sido el objetivo del viaje a El Cairo y a Damasco del Sr. Castiella. A despecho de la cortina de humo de propaganda, declaraciones, etc., hay que decir que los objetivos del viaje no han sido cumplidos, ni siquiera en lo que se refiere al proyecto de que el presidente Nasser decidiese, por fin, hacer su tantas veces anunciado viaje a Madrid. Claro que el viaje tenía también por objeto no dejarse ganar por la diplomacia italiana en el papel de «mediador» por el que ya sabemos tiene el Caudillo especial predilección. La «casualidad» ha querido que el Sr. Fanfani estuviese ausente de Roma cuando el viaje de ida del Sr. Castiella. Al regreso, sí estaba en Roma, pero estaba ocupado por «una inesperada reunión del Consejo de Ministros». El jefe de la diplomacia española tuvo que contentarse con hablar al Sr. Straneo, alto funcionario del Ministerio italiano de Asuntos Extranjeros. Eso sí; en diferentes declaraciones ha tenido buen cuidado de insistir en que «se contaba con Italia». En cuanto a los países árabes, a falta de acuerdos concretos, el Palacio de Santa Cruz prepara un «Milenario del Califato de Córdoba», con lo que se promete un nuevo éxito de prestigio. Más vale así, porque las cosas se están enredando con Marruecos, cuyo gobierno afirma tener pruebas de la participación española en la sedición del Rif.

Otras preocupaciones

Pero «lo del Califato» queda a un lado, los hombres políticos se interesan estos días por los resultados de la renta nacional. Según el Consejo de Economía Nacional el aumento es del 4,3 por 100 en relación con 1957. Según el Banco Central (estudio dirigido por Prados Arrarte) de 3,8 por 100. De todas formas mucho menos que el aumento del año pasado (8,2) y que en el período 1950-58 (6,6 por 100). Según el Consejo la renta agrícola no aumentó, y según el Banco sí (2,1 por 100). Sea como fuere, los precios al por mayor subieron en 8 por 100 durante 1958 y los de detalle oscilaron en torno al 14 por 100. En cuanto al informe del Banco Central ha hecho sensación; en él se señala claramente el problema de las divisas y la baja de la producción de hierro y de la exportación de piritas atribuida a fenómenos del mercado mundial. Y sobre todo, en contra del optimismo oficial, se declara que persiste la tendencia a la inflación y que esto ha incidido en la depreciación externa de la peseta.

El descontento de los trabajadores puede aprovecharse

Del lado «laboral» (como dicen los del régimen) el descontento es también grande, porque los dos convenios colectivos firmados, el de la CAMPSA y el de la Banca Privada, han mantenido los salarios existentes. En la CAMPSA sólo se obtuvieron primas por días de presencia en el trabajo y en el de la Banca dos pagas extraordinarias al año. Al no moverse el salario de base, tampoco se mueven las retribuciones por puntos, vacaciones, etc. El disgusto ha sido tan grande, que los periódicos recibieron órdenes de mitigar su efecto. El Ya del 15 de enero publicó un editorial que valdría la pena reproducir. De él entresacamos este párrafo: «Harían mal los trabajadores en considerarse decepcionados cada vez que en una negociación sindical se encuentren con que no pueden conseguir todas sus aspiraciones, por legítimas que éstas sean. Negociar es, en último término, transigir».

Este descontento, que brota en el ambiente, intenta ser capitalizado por todas las fuerzas de oposición e incluso de pseudo-oposición. Entre las últimas está esa «democracia cristiana» acaudillada por Martín Artajo, Soler, el Obispo Herrera, G. de Pablos, Ruiz-Giménez, etc. Este equipo sueña con ocupar de nuevo el poder, conseguir que Franco se quede como jefe del Estado a inaugurar una era de «convivencia nacional» con ciertas libertades y con un aumento del nivel de vida que sería posible gracias a préstamos e inversiones extranjeras (Alemanes en primer lugar).

¿Se reorganizará el gobierno?

Se dice, una y mil veces, que el equipo «Opusdeísta» está gastado y que el gobierno será reorganizado antes de la primavera. ¿Con la democracia cristiana? ¿O tal vez con los «numantinos», los viejos de la Falange que volverían por los fueros de la autarquía? Se habla de Girón, Elola y con ellos Arrese. Suevos estuvo muy violento el otro día, en un banquete con motivo de los premios literarios del Movimiento, vociferando que no se explicaba eso de «Movimiento» sin añadir «Falange» y que la revolución falangista estaba por hacer. Solís, que estaba presente, intentó echar agua al vino. Y es que Solís pudiera preparar también su combinación «neofalangista» para el próximo gobierno. Un falangismo que no desdeñaría al mismo Arburúa. Y a lo mejor en El Pardo se cree que Solís es el mejor para salvar la situación. Eso enfadaría mucho a los de la calle de Alfonso XI (vulgo Acción Católica) que aseguran que entonces pasarían «de verdad» a la oposición. No es eso lo que se cree el Sr. Gil Robles, que toma sus distancias respecto a ellos y mucho menos el Sr. Jiménez Fernández, que parece inspirar una «Izquierda Demo-Cristiana», que quisiera hacer oír su voz incluso a orillas del Tíber.

Lucha de equipos en el interior y nombramientos en Portugal

Los monárquicos también fruncen el ceño y de Portugal vienen noticias del nombramiento por «Su Alteza» de un Consejo de la Corona del que se dicen forman parte el general Kindelán, y los Srs. Arauz (rama tradicionalista), Yanguas Messía (rama borbónica), Pérez Embid (con el «Opus» hemos topado) y, como secretario, D. Gonzalo de la Mora.

A lo mejor resulta un día que la oposición de verdad, sin entrecomillado, se despierta, y entonces ya veremos. De Barcelona llegan noticias sobre la acogida dispensada por los estudiantes a los profesores que habían sido encarcelados en otoño, de huelgas en Tarrasa, de incremento de la oposición católica que bien podría costarle el puesto a Acedo Colunga (empeñado en que el Caudillo arremetiese contra el Abad de Monserrat)... Y en Madrid, ¿a qué no saben ustedes quiénes amenazaron con ponerse en huelga? Pues nada menos que los funcionarios de Estadística y como la cosa iba en serio se arbitró una transferencia de millones de la Caja del Instituto Nacional de Previsión (autónoma) para aumentarles el sueldo a los descontentos.

Por eso se explica que el Sr. Ullastres haya hablado ayer por radio (cosa de la que me acabo de enterar) para decir a los españoles: «No vais a tener que soportar tan graves sacrificios como pensabais». Fíjense en él tan luego, habrá sacrificios. Esto preocupa a Ullastres y al gobierno, porque tanto va el cántaro a la fuente...

TELMO LORENZO
Madrid, 28 de enero de 1959.






ArribaAbajoEditorial

Periodo de liquidación


La reunión de elementos antifranquistas monárquicos, celebrada en Madrid el 29 de enero, ha sido acogida por la prensa exterior en lugar preferente. Preciso es que la libertad en España esté tan perseguida, tan sojuzgada, para que un suceso de naturaleza simple en otros países alcance esa categoría e interese a la opinión pública de Europa y América.

Nosotros, que desde hace años venimos siguiendo sin desmayo el proceso del franquismo y que no pecamos de ilusos, hemos de reconocer que tal reunión tiene especial significación, y que la tiene tanto respecto al régimen mismo como por lo que representa en sí.

El acto celebrado en un Hotel de Madrid se celebró con permiso de la policía, los organizadores habían cumplido con este trámite, y la reunión fue concedida. Esta concesión en la España actual significa que los dirigentes del régimen no se oponían a que se celebrara tal acto, ya que están prohibidas en España las reuniones y manifestaciones de carácter social o político. Respecto al acto en sí, su significación es ésta: el nacimiento de un partido político antifranquista. El hecho ha sido anunciado en la reunión y circulan ya hojas impresas con las bases del programa del nuevo partido, «Unión Española».

Al permitir las autoridades franquistas ese acto lo han hecho con pleno conocimiento de lo que él significaba, ya que algunos de sus organizadores, por ejemplo, los Srs. Satrústegui y Tierno Galván, habían sido detenidos por la policía hace un año por «actividades ilegales». Ninguno de los oradores ha sido detenido ni molestado con posterioridad a la reunión, las autoridades se han limitado a llamar a declarar a algunas de las personas asistentes al acto. Ésa ha sido la reacción del general Franco respecto a la reunión, lo que pone de manifiesto que el régimen consiente, tolera ya reuniones que con arreglo a sus propias leyes, caen fuera de ellas y, de hecho, la formación de otros partidos que Falange y que llevan signo contrario al régimen.

A la reunión acudieron monárquicos, representantes del Ejército, de la Banca y finanzas y algunos miembros del grupo «Socialista independiente». Entre la representación militar se destacaba el general Aranda y entre los civiles de «centro» el Sr. Gil Robles.

El partido salido de la reunión tiene carácter monárquico y esencialmente conservador, pero está abierto, según su programa, a todos los grupos políticos, incluso a los anarquistas, con la sola exclusión de los comunistas. El nuevo partido, según ha declarado uno de sus miembros, cuenta con el apoyo de los cristianos demócratas, de los liberales, representados por el Sr. Tierno Galván y con el grupo de los llamados «socialistas independientes»; en todo caso anotemos que a esa reunión acudieron representantes de todos esos grupos. Por lo que ha llegado a nosotros respecto al programa del nuevo partido, sus puntos centrales son éstos: la expulsión del general Franco y la restauración de una monarquía parlamentaria con poderes limitados. Apreciando los hechos con una medida aproximada, parecen ser los primeros golpes certeros dados al edificio franquista. Cierto que ese frente político existía desde hace un año, cierto que el Sr. Satrústegui se ha visto obligado a hacer unas declaraciones afirmando que no era «Unión Española» un movimiento político, sino una «unión moral», pero no es menos cierto que a la carta del almirante Carrero Blanco, dirigida al escritor José M. ª Pemán con el recado de Franco, ese frente político, amorfo hasta ayer, ha respondido sacando a la luz un nuevo partido político.

No han llegado a un acuerdo con los sectores republicanos y socialistas tradicionales ni con Acción Democrática Social que preside el escritor Dionisio Ridruejo, pero siendo el nuevo partido un partido conservador y monárquico es lógico que los grupos democráticos de centro, y de izquierda esperen la ocasión de tomar el camino seguido por «Unión Española». La dictadura española no podrá negar el permiso que, un día, han de solicitar esos sectores democráticos para reunirse, ellos también, y hacer público su programa mínimo.

En resumen, se aprecien como se quiera los hechos que comentamos, es innegable que el régimen entra en un periodo de liquidación. El general Franco está en la orilla, las fuerzas que le han sostenido se separan de él y le obligarán a atravesar el río. Todo hace pensar que sin sangrientas luchas el general Franco tomará a tiempo el puente que le tienden sus compatriotas.




ArribaResumen de noticias

El banquete de «Unión Española»

El 29 del pasado mes de enero celebró una reunión el grupo político denominado «Unión Española», a ella asistieron unas 100 personas, unas de tendencia monárquica y otras de tendencias democráticas.

La reunión ha sido provocada por una carta que el escritor José M. ª Pemán, monárquico, había recibido del Sr. Carrero Blanco, en la que se le informaba de la actitud del general Franco respecto al movimiento monárquico. En esa carta se dice que «el Generalísimo ha declarado que España ES YA UNA MONARQUÍA» y que «el general Franco es el SOBERANO de la nación ahora y lo será mientras viva». Los monárquicos reaccionaron -cosa desusada- y acordaron reunirse para -de manera indirecta-, decir a Franco lo que pensaban.

Al final del banquete celebrado el día que hemos indicado, tomaron la palabra Joaquín Satrústegui, Jaime Miralles y el profesor Tierno Galván. De esos discursos son las afirmaciones siguientes: el Sr. Satrústegui criticó severamente la política económica del Gobierno, «sin presente ni futuro» y la actual administración de España, demostrando con documentos y razones precisas «la ilegitimidad del presente régimen».

El Sr. Tierno Galván dijo: «España se ha despertado a la tremenda realidad, la ficción empieza a caer con todo el peso de su tosco y grotesco tinglado». Refiriéndose al discurso del Sr. Satrústegui, dijo: «Creemos que las palabras pronunciadas por el Sr. Satrústegui no son una opinión, sino el clamor de la plena conciencia de una nación entera».

El banquete fue autorizado por las autoridades y, según fuentes bien informadas, se entregaron a esas autoridades notas sobre los discursos que habían de pronunciarse. Aunque la prensa ha afirmado que los oradores fueron detenidos, no es cierto; se les ha llamado a declarar juntamente con algunos de los asistentes al banquete, entre ellos el marqués de Casa Arnau, Mariano Robles Robledo, Luis Benítez de Lugo y Amadeo Cardonello. Entre los asistentes se encontraban el Sr. Gil Robles, militares y representantes de la gran industria y la Banca. La presencia de Gil Robles en esta reunión parece ensanchar este conglomerado político. En cambio no se ha podido establecer ningún acuerdo, por el momento, con los sectores republicanos y socialistas, ni con el grupo de Acción Democrática y Social que dirige Dionisio Ridruejo.


Pemán contesta a Carrero Blanco

A la carta dirigida por el almirante Carrero Blanco al escritor monárquico José M. ª Pemán, que fue la que provocó la reunión de «Unión Española», ha contestado el Sr. Pemán con otra carta fechada el 2 de este mes y dada a conocer el 10 por conducto oficial. En ella exhorta al general Franco a preparar el camino de su sucesión. De los párrafos de esa carta copiamos los siguientes:

«Creo que el futuro sería más sólido si Franco preparase y construyese para esa ocasión en el curso de su vida, en vez de confiar en decisiones futuras». «El Gobierno tiene en sus manos los medios de orientar y dirigir el creciente movimiento sindical nacional, que, a su vez, tiene en sus manos una gran parte del futuro de España». «¿Sería tan difícil hacer conocer a la monarquía algo más que una posibilidad vaga sujeta a conjeturas, y algo más que un silencio en cuanto a la personalidad de Don Juan?»... «Estoy completamente de acuerdo con que la monarquía debe ser instalada como continuación de la victoria (aquí se alude a la guerra civil) y de su dirigente». «Es necesario conservar la herencia de los reyes Católicos y de Carlos V».


Ruido de sables

El banquete de «Unión Española» se inserta dentro de la carrera actual por conquistar el poder. La situación es muy fluida. Desde hace varias semanas hay ruido de sables. Varios jefes militares, todavía jóvenes, insisten en que, antes de que se llegue a la quiebra total son capaces de hacerse con las riendas del Estado y «restablecer el orden». Se insiste en que esta eventualidad sólo podría evitarse si hay preparado un equipo de hombres civiles capaz de inspirar confianza a las potencias extranjeras y de realizar ciertos cambios sin graves alteraciones de orden. La reunión de «Unión Española» responde a esta situación, el apoyo de Gil Robles podría decidir a un sector de la Iglesia y arrastrar a tímidos como Ruiz-Giménez. El apoyo de la Banca permitiría gestionar fuera los préstamos necesarios para ir a la convertibilidad de la peseta. Sólo falta «ponerle el cascabel al gato». Y dicen que el gato está en El Pardo.


Telegrama del Papa censurado

OPE, Madrid: El 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada, es también el Día mundial del Emigrante. Con tal motivo, S. S. Juan XXIII envió un telegrama a España en el que bendecía a todos los españoles que habían sido constreñidos a abandonar la patria. La censura prohibió en la prensa y en la radio la publicación de esa frase del mensaje pontificio.


La «liberación de Barcelona»

Las autoridades oficiales del régimen han celebrado el 26 de enero el aniversario de la «liberación de Barcelona». El Gobernador civil de aquella ciudad, Sr. Acedo Colunga, organizó varios actos oficiales para los que había cursado invitación al Obispo, así como a otras personalidades de la Iglesia. Los actos se han celebrado, pero el Obispo de Barcelona no asistió a ninguno ni envió persona que lo representara. Este hecho es significativo. En años anteriores el Obispo ha asistido a los actos organizados en esa fecha.


NOTICIAS

(De nuestro corresponsal en Madrid)

La evasión de capitales

Continúa el escándalo de la fuga de divisas que aun no puede saberse cómo acabará. Hay diversas versiones sobre el curso que puede tomar este escándalo: los más próximos al Gobierno afirman que las divisas serán repatriadas, otros piensan que las divisas serán repatriadas en una mínima parte, lo que se hace visible aunque Falange insiste en que se publiquen la lista de los comprometidos en el asunto. Sin embargo, es creencia general que si alguien «paga el pato» serán los «evasionistas» de tercera categoría. A los nombres ya citados en nuestra información del mes anterior pueden añadirse los de Barrier de la Maza (conde de Fenosa), y Almirante Antúnez.

La Banca de Andorra y cierre de la frontera

El Opus Dei continúa en su afán de presentar a Ullastres como «puro», pero se sabe que las transferencias (huidas de capital) no se realizaban personalmente por el agente suizo; muchas de ellas han sido realizadas a través de la Banca de Crédito de Andorra en cuyo Consejo de Administración figura Ullastres. Debemos señalar que las bancas de Andorra no están obligadas, naturalmente, a presentar públicamente sus balances ni la composición de sus Consejos de Administración. La citada Banca tiene por director a un «opusdeísta» de primer orden, Rafael Termes hijo de un fabricante de calzado de Sitges (Barcelona). Su presidente, también perteneciente a la misma organización, es el Sr. Ribalta, comerciante que tiene un establecimiento de frigoríficos y radios, en la esquina del Paseo de Gracia con Diputación.

Desde el 27 del pasado enero por orden del Gobierno español, la frontera española con Andorra está cerrada para todos los individuos de nacionalidad española. Todos los pases de frontera y salvoconductos expedidos por las autoridades fronterizas han sido suprimidos sin fecha límite. Por otro lado todos los comisariados de policía españoles han recibido instrucciones de suspender la entrega de pasaportes y salvoconductos para Andorra.

Devaluación de la peseta

La cuestión económica ocupa el primer plano de las preocupaciones. Se tienen la seguridad de que la peseta será devaluada, aunque no se fija la fecha se cree que será durante el presente mes de febrero. Una de las pruebas de que se da por seguro, la medida es que en los medios financieros hay una verdadera carrera para colocar el dinero en algo que valga. Esta semana han subido enormemente las acciones de Bolsa, fenómeno que no se ha dado desde hace más de dos años.

Según los índices facilitados por el Banco de Bilbao, el promedio de cotizaciones pasó en cinco días de 298 a 317.

Falange actúa

Los dirigentes de la Organización Sindical reunieron a 17 dirigentes de sindicatos y otros más que constituyen el Consejo Económico Sindical, (donde predominan los técnicos economistas y los patronos). Se declararon en sesión permanente, nombraron ponencias y se entrevistaron con Solís y con el propio Caudillo.

Plantearon de cara que la peseta no valía en el mercado internacional, que hacía falta devaluarla para ser aceptados en los organismos económicos internacionales y también que era preciso establecer un plan económico «cayese quien cayese».

Los «opusdeístas» actúan también

Los «opusdeístas» no quisieron que les ganaran por la mano y Ullastres planteó en Consejo de Ministros que la convertibilidad de monedas europeas, la liberación de cambios en el mercado común, y los posibles acuerdos de los 17 del OECE, exigían medidas radicales. Adelantó que, pese a todos los esfuerzos, el déficit de la balanza de pagos en 1958 será tan grande como el de 1957, con la agravante de que casi agota las reservas de divisas.

¿Una reorganización del gobierno?

Existe una carrera animada para conquistar el poder -si es que el general Franco se decide a ello-. A cada paso le hablan a uno de una nueva combinación política, pero poniendo en orden los comentarios y las noticias, podemos hablar de los siguientes grupos como aspirantes al poder: a) la vuelta de Arburúa a quien apoyan una buena cantidad de industriales y financieros vascos, «con el que se pueden hacer negocios»; b) el equipo Solís-Girón que, deseando apoyarse en los sindicatos, proyectan un plan económico en el que se haría la devaluación sin nombrarla; c) la Democracia Cristiana, que es la que se considera más capacitada para la integración en Europa y acometer la reforma de un neocapitalismo liberal; d) el Opus Dei que juega la carta actual Ullastres-Vigón y al mismo tiempo la carta monárquica y hasta antifranquista.

La situación en Marruecos

La situación en Marruecos se agrava. En una conferencia de prensa celebrada en Tetuán el 15 del pasado mes, el príncipe Muley Hassan hizo alusión a una intervención extranjera, anunciando que se tenían pruebas basadas en las armas tomadas a los rebeldes de que en la zona del Rif han estado luchando contra el Ejército Real de Marruecos. Seis días después el gobierno de Marruecos enviaba una nota de protesta a Madrid, precisamente cuando Castiella estaba en El Cairo. En la nota se relatan una serie de hechos que parecen entrañar responsabilidades de agentes españoles operando desde Ceuta y Melilla. Se cita, además, la rebelión del Raisuni (descendiente del que tanto dio que hablar hace cuarenta años) en la región de Larache, cuyas relaciones con las autoridades franquistas son bien conocidas. Además, el gobierno de Rabat dice haber hecho prisioneros a varios súbditos españoles que estaban con los rebeldes. Y para agravar la situación se ha sabido hace unos días que un «notable» sublevado se ha refugiado en una plaza española, no se sabe si Ceuta o Melilla.

A juzgar por el ambiente oficial de Madrid, el asunto pudiera proceder de los servicios secretos que dependen del Ejército en África, sin la voluntad, incluso contra la voluntad del Gobierno. No se olvide que el incidente de Tarfaya, el año pasado, fue provocado por los militares de Marruecos sin contar con el Gobierno. Pero el Gobierno se quiere «curar en salud» y se ha encargado de hacer correr la noticia de una «fuerte penetración soviética» en Marruecos, arguyendo como toda prueba el número, sin duda excesivo, de funcionarios de las representaciones diplomáticas y consulares rusas.

Circulan en España billetes sin serie

Se tenían referencias fidedignas -por la fuente de que procedían- de que circulaban en España desde hace más de dos años, billetes de 1000 pesetas, de 500 y de 100 SIN SERIE. Todo el mundo está al corriente de que los billetes de Banco tienen número y serie. Para el cómputo de los billetes en circulación se han de computar las series que están en circulación.

Nuestro comunicante nos había escrito hace tiempo dándonos toda clase de detalles, pero hemos guardado la noticia hasta tener esos billetes en la mano, tanto los legales como los del fraude.

Todos estos billetes que poseemos corresponden unos y otros -los legítimos y los que podríamos llamar de la estafa- exactamente; en lo único que se diferencian es en que unos llevan, como decimos, la serie y otros no. Los sin serie de 1000 ptas. unos corresponden a la emisión de 21 de octubre de 1940, llevan la esfinge de Carlos I y al dorso el escudo del mismo rey; otros, por el mismo valor de 1000 ptas., corresponden a la emisión del 19 de febrero de 1946, llevan la esfinge de Joannes Lvdovicvs Vives y al dorso el claustro donde está colocada su estatua; otros, también de 1000 ptas., son de la emisión del 4 de noviembre de 1949, con la esfinge de D. Ramón de Santillán y al dorso un cuadro de Goya, un hombre bebiendo de la bota; los de 500 ptas. que poseemos, unos son de la emisión del 15 de noviembre de 1951, con la esfinge del escultor Benlliure y al dorso el sepulcro de Gayarre, obra del escultor; el otro de 500 ptas. también corresponde a la serie del 31 de diciembre de 1951 y lleva la esfinge del pintor Sorolla y al dorso un cuadro del mismo «La fiesta del naranjo»; por último los billetes de 100 ptas. han sido menos favorecidos, la serie que tenemos es la de 7 de abril de 1953, con la esfinge del pintor Romero de Torres y al dorso un retrato de mujer con un ánfora, de dicho pintor.

Nuestro comunicante nos dice: «He hablado con más de veinte personas de aquí, de España, entre ellas gente de la Banca, nadie tenía conocimiento del hecho. Todos han quedado estupefactos, pero ninguno ha explicado el caso. Un amigo mío preguntó en Madrid a otro amigo suyo, funcionario del Banco de España, y recibió la respuesta lacónica de que, en el caso de que viajara por el extranjero procurará no llevar billetes sin serie».

«Yo me he dado cuenta del asunto, -dice nuestro comunicante- porque fui a cambiar unos billetes a una casa de cambios y el empleado los rechazó como irregulares».



Sería conveniente que las autoridades franquistas dieran una explicación de este fenómeno, que tiene la apariencia de una estafa al crédito español.

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Manifestaciones de estudiantes

El periódico parisién Le Populaire del 3 de este mes, publicó el siguiente despacho de Barcelona:

«En la Universidad de la capital catalana continúa la agitación estudiantil que pide la libertad de los detenidos políticos. El viernes 30 de enero tuvieron que suspenderse las clases de las Facultades de Derecho y Filosofía. Los estudiantes se negaron a entrar en clase y desfilaron por las calles ordenadamente pidiendo amplia amnistía para todos los detenidos políticos. Se distribuyeron octavillas. En ellas se pedía "el encarcelamiento de los autores de la evasión de capitales"».



El Boletín Interior del Secretariado de Cataluña y de la UGT que aparece en Perpignan, dice en su último número lo siguiente:

«La llegada a la Universidad de Barcelona de los profesores Raventós y Rion, así como la del estudiante Sampons, dio lugar a una importante manifestación de simpatía hacia los liberales. Los estudiantes de las Facultades de Derecho, Letras y Ciencias les acogieron con una imponente ovación. Los gritos de ¡Libertad para todos los detenidos! ¡Justicia contra los ladrones! y ¡Queremos que se haga pública la lista! provocaron verdadera agitación en el interior del primer centro docente citado.

»La policía ha ordenado a Raventós, Rion y Sampons que no salgan de sus domicilios en previsión de nuevas muestras de simpatía y de posibles alborotos».




Huelga en Tarrasa

El periódico The London Times del 15 de enero inserta la siguiente información de su corresponsal en Barcelona:

«Ochocientos obreros de una factoría textil de Tarrasa, uno de los principales centros de esa industria en la región catalana, a 20 millas de Barcelona, han ido a la huelga como protesta contra la reducción de su semana de trabajo a tres días, aunque reciben cuatro días de jornal como compensación parcial. Han sido detenidos siete obreros acusados de ser los dirigentes de la protesta.

»Desde hace tiempo se sabía que existía una seria depresión en la industria textil, y se temía que la progresiva reducción de la semana de trabajo y la supresión de las horas extraordinarias, que tan esenciales son para el obrero español, suscitara, tarde o temprano, descontento y conflictos».



En Sevilla

El periódico parisién Le Monde del 27 de enero inserta la siguiente noticia:

«Más de dos mil trabajadores han desfilado por las calles de Sevilla reclamando aumento de salario. La mayor parte eran empleados de una fábrica de aviación y de una cantera naval. No ha habido ni desórdenes ni detenciones, por su parte la policía no ha tratado de dispersar a los manifestantes, aunque llevaban grandes letreros reclamando sus reivindicaciones. Los dirigentes de las dos sociedades acaban de recibir aumentos en sus sueldos, pero el gobierno no ha autorizado respecto a los obreros; ningún aumento de salarios».




Profesores que no cobran

Las arcas del tesoro andan mal. Los profesores de Universidad que cobran un sobresueldo en concepto de trabajos de investigación científica, han dejado de percibirlos en diciembre y enero y, por las trazas, en febrero ocurrirá lo mismo.


El hijo de Batista en España

Fulgencio Batista Codines, hijo del ex dictador de Cuba del mismo nombre, su mujer y sus tres hijos, han llegado a Barcelona procedentes de New York. Tiene Batista la intención de establecerse en aquella capital con su familia. Se dice en los medios políticos de la capital catalana que Batista hijo tramitará la petición del visado de su padre y demás familia.


Castiella contra Israel

El periódico parisién Le Monde del 23 de enero último, ha publicado un despacho de la AFP procedente de Damasco, del que copiamos estos párrafos:

«El Sr. Castiella ha precisado que en sus entrevistas con los diplomáticos españoles en los países árabes, había tratado de mejorar las relaciones entre España y esos países.

»Respondiendo a preguntas formuladas por periodistas, el Sr. Castiella ha recordado que Madrid no había reconocido a Israel y que en caso de agresión israelí contra algún país árabe, cualquiera que éste fuera, España adoptaría una actitud conforme a su amistad hacia los países árabes. También ha insistido en que se mantiene la invitación hecha en 1955 al presidente Nasser para que visite España».




Una misa

El viernes 30 de enero se celebró en Barcelona una misa en sufragio del alma del general Juan Bautista Sánchez, muerto en condiciones muy sospechosas hace dos años. El acto fue una demostración de militares disconformes y de personalidades monárquicas.


La catástrofe de Ribadelago puede repetirse

Barcelona, Ibérica: A voz en grito se viene comentando en Valencia y Barcelona la conexión entre la catástrofe ocurrida en Valencia el año 1957 y ésta de Ribadelago. A ambas catástrofes se les atribuye la misma causa: la deficiencia en la construcción de esos pantanos nuevos, por el INI. Y así tiene que reaccionar la gente, ya que es del dominio público que se han dado órdenes tajantes de que esos pantanos sean vaciados en una tercera parte de su contenido.

Esta medida, según se dice, ha sido motivada por el dictamen emitido por técnicos extranjeros, en el que han señalado que todos estos nuevos pantanos corren el riesgo de rotura. Ésta es la cacareada política hidráulica del franquismo.



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