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Ibérica por la libertad

Volumen 8, N.º 10, 15 de octubre de 1960

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Ilustración

¡Si el pueblo también pudiera bailar!

IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.

IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.

IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.

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IBÉRICA is published monthly on the fifteenth of the month, except July-August when bimonthly, in English and Spanish editions, by the Ibérica Publishing Co., 112 East 19 th St., New York 3, N. Y. All material contained in this publication is the property of the Ibérica Publishing Co., and may be quoted, but not reproduced in entirety. Copyright 1960, by Ibérica Publishing Co.

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ArribaAbajoEl milagro español (II)

Miguel Sánchez-Mazas


Contradicciones y coincidencias

España es un país difícil. España se presenta con frecuencia ante los extranjeros que desean honradamente comprenderla y sintonizar con su pueblo y su vida como el país, ante todo, de los más vivos contrastes -y esto desde siempre-; pero, además, como la nación en torno a la cual surgen las más violentas controversias y las contradicciones más inesperadas.

Hoy, en los últimos años de un régimen dogmático que alardea de haber logrado, por primera vez en nuestra historia, la unidad del país -además de la grandeza y la libertad- hemos llegado, en realidad, al punto culminante de esos contrastes, contradicciones y controversias: se contradicen los españoles entre sí sobre su propio pasado, su presente, su carácter nacional y su destino; se contradicen unos a otros los forasteros que nos visitan hablando de nuestra estructura social, de las formas de nuestra existencia, juzgando de nuestra miseria o bienestar, nuestras aspiraciones colectivas y nuestro ritmo vital. Pero no basta: se contradice con tesón y seriedad -a pesar de su apariencia de seguridad granítica- nuestro Gobierno, en sus declaraciones y estadísticas, recordemos solamente, porque la lista se haría interminable, la drástica y arbitraria revisión retrospectiva de todas las estadísticas y datos más importantes de la producción agrícola española, que afecta a períodos de la pre-guerra, como el de 1931-1935, y de la post-guerra, como el 1941-1948, modificando las producciones de trigo, por ejemplo, nada menos que en 8 ó 9 millones de quintales, como si el poder del Régimen pudiera llegar a corregir al pasado2. Se contradice nuestra prensa3, nuestros representantes diplomáticos. Resulta difícil saber a que atenerse sobre tan extraño y desdichado país.

Por fortuna, hay un punto de actualidad en el que puede decirse que todos nos hallamos más o menos de acuerdo. Se trata de un hecho de experiencia, bien visible: en los dos últimos años -y de un modo más preciso y definido a partir de julio de 1959, fecha de nuestra entrada, como miembro de pleno derecho, en la O.E.C.E.- el Gobierno español ha dado un viraje radical a su política económica. El cambio ha sido brusco, violento: se ha pasado de un extremo al opuesto. De una política de expansión económica, cuya enfermedad se llamaba inflación, y cuyo vicio era la especulación en el vacío, se ha pasado a una política de estabilización, bajo el signo de la austeridad, cuya amenaza constante es la depresión, la paralización de la actividad económica, la extensión del paro obrero.

Sobre el hecho en sí mismo, la coincidencia es general. No se coincide, sin embargo, en la interpretación del sentido profundo de este importante cambio, en las verdaderas causas -objetivas y subjetivas- del mismo, en sus posibles consecuencias en un país con la estructura económica y social del nuestro. ¿Qué ha significado en la historia española la etapa anterior? ¿Qué significará la que ahora se inicia? A estas preguntas suelen darse las más variadas respuestas. Para algunos españoles y para muchos técnicos europeos y americanos, la expansión anterior tenía una orientación malsana y estaba basada en falso: la industrialización se había llevado a cabo de un modo antieconómico, era más vistosa que práctica, mientras que la agricultura y otras actividades habían sufrido un auténtico retroceso. No era oro todo lo que relucía, ni mucho menos. Se habían empleado muchos años y muchas energías en construir un castillo de naipes que podía venirse abajo al primer soplo fuerte de los vientos del Norte, por ejemplo si España intentaba abrir o entreabrir el telón pirenaico para integrarse en la comunidad económica y política europea. Para estos técnicos, el plan de estabilización tenía mucho de una cirugía de urgencia que, mediante amputaciones penosas y la relativa inmovilización del paciente, venía a defender los órganos aun sanos y a salvar el cuerpo de la catástrofe inminente, es decir, del colapso. Por el contrario, la interpretación oficial de las nuevas medidas es que estas representan la culminación natural de una gloriosa etapa de expansión segura y de aumento de la riqueza y prosperidad nacional: etapa plenamente lograda que sólo precisa algunos leves retoques, recortes, y engrases para su perfección. (Tras de lo cual, podrá decirse con satisfacción: «No la toquéis ya más, que así es la rosa», aplicando felizmente a la realidad nacional el verso de nuestro Premio Nobel de Literatura; es decir: No la toquéis ya más, que así es la España próspera y feliz creada por el nuevo Régimen). En este sentido el plan de estabilización no sería otra cosa que la operación mágica de cristalización y remate de un milagro económico, social y político: el milagro de Franco.

El «milagro español»

Quienes han tratado de justificar el plan de estabilización y la depresión económica consiguiente, con la misma tranquilidad con que justificaron la etapa anterior, han comenzado por reafirmar -siguiendo la pauta dada por el Dictador en su Discurso de fin de año- que en los cuatro lustros anteriores se había producido, sin lugar a dudas, un «milagro español». Ahora bien, aclaraban; estos logros milagrosos en el orden económico, social y político tenían un único defecto, naturalmente superable: su fluidez, su carácter inestable.

Ilustración

La gran virtud que todos -tirios y troyanos- hemos de reconocer al plan de estabilización es que después de muchos años de inflación, no sólo económica, sino también política y propagandística, ha venido a presentar la realidad española -al menos en un aspecto- en su verdadera figura, en sus verdaderas proporciones. El país sufría una inflación cada día más amenazadora, se inflaba, se inflaba de nuevo papel moneda, de nuevas emisiones, de nuevos tinglados de especulación, de papeles, de palabras, de promesas de pago, sin cesar ampliadas al día siguiente... El país iba a estallar, no de prosperidad y de salud, sino de presión malsana. Iba a morir de hipertensión. El milagro de que siempre se hablaba y en cuyo ambiente se vivía ya no parecía milagro, sino encanto diabólico.

La hora de la verdad

La idea de la estabilización es en sí misma, considerada en abstracto, una idea buena y legítima, que se convierte en oportuna y aún en necesaria, en la práctica, cuando la presión inflacionista es tal que llega a falsear toda la vida económica, poniendo en peligro los resultados de la expansión. Si, una vez decidida una política de estabilización, ésta se lleva a cabo, además, con medios justos, repartiendo equitativamente las cargas que supone y atendiendo de modo primordial a la defensa de los más débiles, con subsidios de paro suficientes y generalizados, con la creación progresiva de nuevos empleos, de nuevos puestos de trabajo capaces de absorber el excedente de mano de obra, procedente de los despidos y reajustes de numerosas empresas, forzadas a modificar sus plantillas y a mejorar su productividad, entonces puede beneficiar a todos los sectores económicos de un país no sólo a largo, sino incluso a corto plazo. Pero en España hay dos inconvenientes que impiden mirar al plan de estabilización con esperanza y optimismo. En primer lugar, se realiza, como los mismos Sindicatos oficiales y la propia Iglesia han proclamado, sin sentido alguno de justicia, dejando desamparado al trabajador y proponiéndole, como solución más adecuada al problema de su trabajo y de su vida, la de emigrar lejos de su Patria, de su ambiente y a menudo incluso de su familia. En segundo lugar, para un Régimen como el nuestro, basado en el falseamiento sistemático de la vida colectiva -falseamiento de la representación popular, falseamiento de la opinión pública, falseamiento de las relaciones sociales, sindicales y de trabajo- la estabilización, con toda su carga de verdad (aunque, en principio, sólo afecte al aspecto económico), representa un peligro mortal, porque rompe, precisamente, la coherencia de la mentira. Veamos esto más despacio.

Como han repetido con insistencia los técnicos de distintos organismos internacionales, O.E.C.E., Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas, etc.4, la reducida expansión económica e industrial que ha tenido lugar en España en el último decenio ha tenido lugar en un clima netamente inflacionista. Este clima se caracteriza, como es sabido, por un desfasamiento creciente entre el ritmo de incremento de los bienes reales y el de los medios de adquisición de éstos; la circulación fiduciaria, las emisiones, los créditos, los medios de pago de todas clases aumentan más rápidamente que la producción, la presión de la demanda crece a un ritmo más vivo que la de la oferta, y con ello los precios suben sin cesar, empobreciendo a quienes viven de un salario fijo, de una pensión fija, a quienes poseen títulos de renta fija, etc. El paralelismo entre el volumen de papel en circulación y el volumen de bienes disponibles se rompe, sustituido por una divergencia creciente entre ambos. La inflación es una inundación de papel de valor decreciente, y que llega a ser despreciable.

Ahora bien, si bien se mira, hay que reconocer que ese panorama -que ha sido el de España en los años que han precedido a la estabilización- era, dentro de sus enormes inconvenientes, el que mejor armonizaba con el Régimen español, camuflándolo y, en realidad, protegiéndolo. Una Dictadura soberbia y dogmática pero técnicamente incompetente, con un costoso aparato político y represivo, con una administración corrompida e ineficaz, de productividad ínfima, sólo puede apoyarse en el «bluff» sistemático y tenaz: entiéndase bien, no sólo en el «bluff» político, propagandístico, periodístico y diplomático, sino también en el «bluff» económico, que es su complemento obligado. Ahora bien, el «bluff» económico sólo prospera en un clima de inflación.

La situación ha cambiado, y la inquietud de los más advertidos y previsores del Gobierno crece. Si la estabilización es, en principio, un acierto técnico, resulta, sin embargo; un error psicológico. Rompe la armonía del sistema. Cómo conciliar, en efecto, la deflación económica, la reducción de la actividad industrial y constructora, con la inflación verbal y propagandística, con el despliegue de espectacularidad que es esencial a nuestro tipo de Régimen? En la época anterior, la regresión nacional, el descenso de nivel de España y de los españoles quedaban hábilmente camuflados. Es cierto que los salarios de los trabajadores eran miserables y que su poder adquisitivo se reducía sin cesar por la inflación, que la participación del trabajo en la renta nacional disminuía, pero imperaba el pleno empleo, y hasta el doble y triple empleo, los horarios de trabajo efectivos significaban con frecuencia diez y más horas diarias y la miseria no se mostraba en la calle, en la forma impresionante del paro. Es cierto que se mantenía el déficit de más de un millón de viviendas modestas, pero la construcción era incesante, no paraba nunca, se construían pisos para vender, edificios oficiales, mausoleos grandiosos, porque había dinero abundante y el clima de crédito fácil y de subida de precios hacía atractiva la inversión y la estimulaba en el sector privado y público. Es cierto que faltaban escuelas y que millares de maestros desertaban de sus puestos por no poder aguantar más unos sueldos indignos, pero se levantaban imponentes Universidades Laborales, cuyas fotografías impresionaban tanto más cuanto que no podía comprobarse en ellas el nivel técnico de la enseñanza y el rendimiento de la fabulosa inversión. Es cierto que las empresas estatales se caracterizaban por una productividad mínima -hasta las más importantes como la Empresa Nacional Siderúrgica de Avilés- y que los déficits de explotación eran imponentes; pero las restricciones del comercio exterior, el proteccionismo total, el régimen autárquico, impedían comprobar esta inferioridad respecto del mundo, evitando ocasiones de competencia.

Ahora la situación ha cambiado, y repetimos que el Gobierno, desde el punto de vista de sus intereses y de su pervivencia, ha cometido un grave error psicológico. Podía resistir el clima de despilfarro escandaloso e injusto, pero no se sostendrá en un ambiente de austeridad gazmoña y farisaica, igualmente injusta, porque hasta muchos de los antiguos beneficiarios le despreciarán. En cuanto a los trabajadores, la evidencia del carácter anti-social del Régimen -con inflación o con deflación- es unánime y definitiva, el sentimiento de la inutilidad de los actuales Sindicatos vivísimo y la extensión del paro pondrá a muchos de ellos en un movimiento desesperado.

Ilustración

La estabilización que hoy pretende el Gobierno de Franco coincide con el momento de mayor inestabilidad social, espiritual y política del país desde que acabó la guerra civil. Los primeros veinte años del Régimen estuvieron presididos por una tiranía relativamente estable sobre un panorama de injusticia social, desolación espiritual y estrechez política difícil de modificar por su gran simplicidad, ya que todos los fermentos humanos y sociales habían sido extirpados, la realidad anterior -salvo el sector oscurantista y feudal coincidente con los intereses del poder- arrasada y aun, no había crecido una nueva generación. Los grandes problemas nacionales no habían sido resueltos, e incluso se habían agravado, pero la coherencia práctica del sistema dominante aún no había permitido que sus contradicciones latentes salieran a la superficie. Hoy, a los grandes aspectos negativos, pero relativamente estáticos, logrados por el Hombre de la Providencia -la miseria de las mayorías, la monstruosa desigualdad, la esterilidad espiritual, el envilecimiento del hombre, la desaparición del ciudadano, la mixtificación religiosa- viene a agregarse a ritmo rápido un aspecto negativo dinámico: la inestabilidad, la contradicción e incoherencia interna del sistema, aspecto que, siendo en sí negativo, tiene en este caso la ventaja de que tiende a modificar la situación de inmovilidad de los otros aspectos negativos, el panorama de injusticia tranquila, de aberración silenciosa, de muerte moral. Este momento será menos cómodo, sobre todo para los beneficiarios de la pacífica esclavitud material y moral del anterior, pero será más sincero, más dinámico y, a la larga, fecundo. La última expresión farisaica de esté eternamente farisaico Régimen será llamar a esta etapa que se inicia la etapa de la estabilización. Porque ahora es precisamente cuando el país, los obreros, los universitarios, los curas progresivos, los movimientos regionalistas, las tendencias democráticas y socialistas renacidas empiezan a moverse de nuevo y la inestabilidad interna del sistema sale a la superficie. Esta es, en realidad, la hora de la verdad, y por eso nos corresponde hacer un balance verdadero de los últimos veinte años de trágica ficción.

(continuará)

MIGUEL SÁNCHEZ-MAZAS




ArribaAbajo Momento cultural de España: las artes plásticas5

Aldo Torres


Juan Antonio Gaya Nuño

Hombre de envergadura física no común, Juan Antonio Gaya Nuño nos da la impresión de señorear el campo de sus intereses privativos en permanente estado de apetitos y fruiciones. Una palabra cruzada con él o el simple hojear de alguno de sus libros bastan para comprobarlo. Nacido en Tardelcuende, Soria, en 1913, después de los estudios elementales y secundarios de rigor, concurre a la Universidad de Madrid, donde, en 1933, se doctora en Historia, granjeando un premio extraordinario.

El repertorio de sus trabajos comprende obras estrictamente literarias, como El santero de San Saturio, e históricas, críticas, biográficas, divulgativas, como La pintura española fuera de España, La escultura española contemporánea, Entendimiento del arte, Dalí, Historia y Guía de los museos de España. Aquí cabe advertir que, en su producción, los géneros se combinan, vigorizan y enriquecen con inteligente entusiasmo, salvando así la formalidad y la estrechez de los moldes estereotipados.

Hay multiplicidad de miras en la concepción y el planteo de sus realizaciones. No es, Gaya Nuño, maestro que acaricie, como aspiración definitiva, moverse, solemne o misteriosamente, dentro de un reducido círculo de iniciados. Nada de eso; al romper las limitaciones de lo profesional, con gesto y ademán saludables, lo hace inspirado por un alto sentido social; vale decir, constructivo. Alienta una relación de vasos comunicantes entre aquellas de sus ejecutorias vastas, panorámicas, abarcadoras, y las otras que, en apariencia, modestas, inciden en lo didáctico, en lo cuasi pedagógico. Vibra, en unas y en otras, un parejo afán de contribuir a la preservación de una tradición artística gloriosa y a su incesante integración nacional, mediante una gran capacidad, unitaria y desbordante, de comprensión y asimilación, de análisis y exposición.

Nos place reconocer, en el estilo dinámico y medular de Gaya Nuño, una tensión constante entre lo que siente y lo que luego expresa con elocución clara, penetrante y generosa. Su conocimiento personal de toda la Europa occidental acrece el caudal de su especialidad; de España no digamos, pues, conforme a su decir, la conoce de «punta a punta».

-¿Puede hablarse de una pintura europea en general -le preguntamos para iniciar nuestra conversación y cuáles serían las características de una pintura semejante?

-Evidentemente hay hoy una pintura exenta de fronteras, no ya en Europa sino en el mundo, que es la abstracta. En ella son perceptibles, cada vez más difícilmente, los rasgos nacionales, pero creo que estamos en trance, que entiendo peligroso, de que desaparezca. Ahora bien, pintura de otro tipo y de signo figurativo no hay duda de que existe en cada país europeo, pero siempre tendiendo a unificación.

-¿Qué lugar le asignaría usted a España en el cuadro de la pintura europea y cuáles serían sus aportes?

-Sin pensarlo un momento, el primer lugar. Hay que recordar que el máximo genio actual de la pintura, Pablo Picasso, es español y, pese a la acogida cariñosa que Francia le viene dispensando hace medio siglo, jamás ha desmentido su nacionalidad, pero, aparte de esta criatura, fuera de serie, Joan Miró puede considerarse como una de las tres o cuatro figuras máximas de la pintura universal actual. Los aportes principales creo que serían los de una violencia de dicción excepcional, clara supervivencia de Goya, y un sentido colorista de primer orden, índices ambos, respectivamente, de las obras de Picasso y Miró.

-¿Podría usted señalarnos el período histórico en que España haya alcanzado el ápice de su expresión pictórica, y el por qué de ello?

-No hay duda de que ese momento lo constituyó nuestro siglo diecisiete, en el que se da una constelación inigualada de genios como Velázquez, Ribera, Zurbarán, Herrera el viejo, Claudio Coello, etc., cita que podría continuarse engarzando cantidad ingente de nombres gloriosos. En cuanto a las razones que pudieran explicar la tardanza de esa eclosión, con respecto a Italia, serían las de la posición periférica de España en cuanto a los centros normales del Renacimiento italiano, como Siena y Florencia. Así se dio la circunstancia de que nuestro momento plástico y literario más luminoso coincidiera en apariencia, paradójicamente, con la ruina política, militar y económica de nuestra nación.

-A menudo se alude a lo que suele llamarse el alma nacional española. ¿Qué relación existiría entre ésta y la obra de sus más grandes pintores?

-Este es un asunto muy debatido y en el que las mejores previsiones han sido establecidas por el gran maestro don Miguel de Unamuno. El alma nacional española, tan propicia a contrastes violentos, a desplazamientos hacia todas las contingencias posibles de la vida, ha coincidido siempre en acechar la plasmación de ésta desde puntos de vista de honda tragedia. No olvidemos hasta qué extremos están de acuerdo Goya y Picasso en su descripción de las tragedias nacionales, o Ribera y Zurbarán con Solana, en determinadas experiencias de la desdicha humana. Sin embargo, el sentir secularmente nacional de la pintura española ha procurado enaltecer al hombre sobre todas las cosas. Velázquez, ya pintase a los dioses mitológicos o a los del cristianismo, en realidad, no retrató sino a hombres y mujeres. Así, pues, el asunto primordial de la pintura española es el hombre.

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-Entre los géneros pictóricos de historia, paisaje, bodegón o tema religioso, ¿en cuál se habría logrado más la plástica española?

-En general, el español no ha visto el paisaje de su tierra hasta casi entrado nuestro siglo. El pintor español huía de un paisaje natural tan abrupto, como es normalmente el español, y, por otra parte, era demasiado honrado para revestirlo con disfraces. La pintura religiosa, que suministró tan copioso temario durante tantos siglos, quebró bruscamente en el momento en que empieza, con la guerra de la independencia, el proceso de la revolución política. El bodegón sí ha sido objeto de los más nobles afanes de nuestros pintores, hasta el extremo de que yo juzgo una de las obras más maravillosamente emotivas, de nuestro Museo del Prado, el bodegón de los Tres cacharros de Zurbarán. En él está comprendido todo un inmenso programa de sencillez y austeridad novecentista.

-Y sobre el retrato, ¿qué podría decirnos?

-El retrato tiene siempre mucho de halago y mentira, y, tras este juicio preliminar, no sería posible exceptuar a la pintura española, pero lo cierto es que Velázquez aplicó tanta fidelidad y respeto a los retratos de los bufones y enanos palaciegos como a los de la familia real. En cuanto a Goya, retrató a los borbones, entonces reinantes, con una veracidad rayana en insolencia. Pero esas virtudes han ido desapareciendo y en nuestros días el retrato no cuenta entre los géneros más ilustres.

-¿Podría señalarnos a tres pintores intérpretes de España e indicarnos sus características claves?

-Posiblemente los tres pintores que mejor han interpretado a España hayan sido: en su misticismo del Renacimiento tardío, el Greco; en el tránsito de la historia moderna a la contemporánea, Goya; y, en el pesimismo de nuestro siglo, muy acorde con las preocupaciones de la generación del noventa y ocho, Solana.

-Nos gustaría que nos simplificara un tanto el panorama actual de la pintura española, señalándonos los cauces por que hoy se proyecta.

-Es simplificación fácil de hacer, ya que sobran las personalidades. Podríamos descomponer ese panorama en los siguientes fragmentos esenciales. Picasso, muy aparte de todos. Inmediatamente, pero en segundo lugar, la obra hermosísima de color y fantasía de Joan Miró. Ya dentro de España, la gran sapiencia y la enorme labor educadora de Daniel Vásquez Díaz. Un creador magnífico, de raíces a la vez tradicionales y cubistas, que es Pancho Cossío. Una escuela bien caracterizada por su amor al terruño y a sus gentes, escuela que alguna vez he llamado del fauvismo ibérico, y que cuenta como principales representantes a Benjamín Palencia, Rafael Zabaleta y Godofredo Ortega Muñoz. Un pequeño capítulo expresionista francamente monopolizado por el extraordinario Francisco Mateos. Una escuela intimista, para colmar la cual basta con Eduardo Vicente. Una rica promoción que en tiempos se llamó la Joven escuela madrileña, cuyos principales nombres son los de Álvaro Delgado, Agustín Redondela, Cirilo Martínez Novillo, etc. Otra escuela paralela, actuando en Barcelona, de la que pueden ser ejemplos Jaime Mercadé y Manuel Capdevila. Y, ya precipitándonos hacia momentos y sentires más actuales, una numerosa corriente de pintura abstracta, entre cuyos nombres, que aguardan lustros para que se diga la sentencia adecuada, pueden mencionarse los de Antonio Tàpies y César Manrique. Pero quizá la característica más sobresaliente de este instante sea la de una pintura hecha por jóvenes que, cercanos a la abstracción, todavía no se han precipitado en ella y continúan afectos a lo figurativo.

-¿Cree usted en el arte como expresión de una época, de una sociedad determinadas?

-Sí, fervientemente y a pie juntillas. Precisamente por mi condición de historiador entendí siempre que los más estimables retratos y documentos de una época histórica eran los suministrados por la plástica del mismo tiempo.

-¿Qué metas expresivas le fijaría usted al arte actual, sea éste figurativo o abstracto?

-Esas metas tienen que darlas los propios creadores plásticos. Ellos superan siempre a toda previsión y sería inútil fijarlas de antemano.

-¿A qué atribuye usted que en un mismo momento histórico se produzcan tendencias tan opuestas, pongamos por caso, como la figurativa y la abstracta?

-Las mil rebuscas de Pablo Picasso, mucho más tradicionales de lo que aparentan ser en realidad, constituyen el testamento de la pintura figurativa. La pintura abstracta ha nacido de la desesperación del artista ante las rutinarias formas de expresión figurada, y de aquí el hecho de que, de momento, coexistan. Ahora bien, como también la pintura abstracta puede encontrarse rápidamente en el callejón sin salida de semejantes repeticiones y academicismos, quizá ello pueda acarrear otro auge de la pintura figurativa en el caso de que algún día nos falte el don incomparable de un Pablo Picasso.

-Ahora, para poner fin a este interrogatorio, ¿cuál debe ser, según usted, la finalidad del historiador y del crítico de arte?

-La verdadera finalidad del historiador de arte debe consistir en reconstruir las circunstancias humanas y sociales de todo tipo que pudieron dar lugar a la gestión de los artistas. Una vez realizado esto se comprende esta gestión con idéntica claridad que si el pintor o el escultor del siglo dieciséis o dieciocho hubieran sido nuestros contemporáneos. Inversamente, el crítico de arte de nuestros días debe mirar al artista no sólo como actuante en su momento sino previendo, en cuanto sea posible, el juicio que debe merecer a épocas venideras como intérprete de la presente. Y así es como yo he llegado a ser amigo de Claudio Coello, pintor madrileño de los últimos decenios del siglo diecisiete, en el mismo grado que lo soy de Pancho Cossío, por ejemplo, que vive en nuestros días.

Álvaro Delgado

Álvaro Delgado pertenece a las recientes promociones artísticas de España. Es madrileño, nacido en 1922. La guerra civil, que le sorprende en plena infancia, al cegarle los cauces de una carrera liberal, tuerce su destino común, pero no así su vocación estética.

Aquellos días de sangre fueron decisivos en la orientación de su vida. Fuera de los períodos escolares, con otros muchachos de su edad, recorría, curioso y ávido, el repentino y trágico escenario de su ciudad natal. Exponíase a morir ametrallado por observar de cerca los dramáticos efectos de la lucha o por contemplar, desde las trincheras, la puesta del sol en los confines de Castilla.

Ajeno a rutinarias y frías reglamentaciones académicas, buscó solo su camino, escogió espontáneamente a sus maestros, entre los cuales cuenta con satisfacción a Daniel Vásquez Díaz y a Benjamín Palencia.

Aquella guerra fratricida, que en otros dio pábulo a la angustia, a la amargura, al pesimismo, en Álvaro Delgado intensificó el deseo de vivir y convivir, potenció su voluntad de ser y de hacer. Trabajador puntual y entusiasta, se realiza en la meditación y en la práctica de su oficio, sin perder el equilibrio entre la forma y la proyección de su imagen.

-Nos gustaría -comenzamos- que nos dijera algo sobre el concepto de tradición aplicado a la pintura. ¿Existe, en verdad, una tradición plástica española y cómo la definiría usted?

-La tradición pictórica española tiene un origen: Italia, y la gran pintura española: Caravaggio. Es característica del arte español, en general, la tendencia al retrato psicológico. Evidentemente, hay también un sentido de la austeridad, un gran sentido de la forma y una limitación del color en la paleta. El tenebrismo, que viene de Caravaggio, es como la espina dorsal de esta tradición. Se puede decir que es física en Zurbarán y en Velázquez, en su primera época, y metafísica o interior en Goya, Picasso y Solana. Existe una fórmula en el cante flamenco, que es «échale sombra», para significar que hay que darle pastosidad y misterio. Creo que en la pintura española hay mucho de esa sombra.

-¿Qué relación existiría entre la pintura de hoy y esa tradición?

-El nexo entre la tradición y la pintura de hoy es Picasso. Todo lo que hay en Picasso de religioso, de anárquico, de tremendo, de violento, de irreverente, de rebelde, es típicamente español de siempre. Es Quevedo, Berceo y San Juan de la Cruz, es Santa Teresa, es Velázquez y es Goya. Hablo de una tradición substancial, que la tradición aparencial la continúa la Academia de San Fernando.

-¿Cuáles son las tendencias principales de la actividad pictórica de hoy en España?

-Hay dos: una, que es expresionista, y la otra, la abstracta.

-¿En cuál de esas tendencias se sitúa usted?

-En la expresionista. Hago un tipo de figurativismo que extrema las características de aquello que intento representar, con el objeto de acusar más su esencialidad.

-¿Podría decirnos por qué se hace arte figurativo, abstracto o cualquiera otro?

-Lo estimable de la obra de arte no es lo que representa, sino el signo de que se vale para la representación. Este signo puede ser hijo de una tradición más o menos experimentada y estar sujeto a leyes convenidas. Ahora, cuando este signo se libera de esas leyes o del intento de representar un mundo óptico, aparece el arte abstracto. Lo que induce a error a la gente es que intenta ver en el arte abstracto señales de aquel mundo óptico. El signo de que hablamos tiene valor por sí mismo, sin ningún parentesco con la realidad física. Un rojo puede ser hermoso simplemente por ser rojo, no porque recuerda la sangre, el capote de un torero o una bandera.

-¿A qué causa atribuiría usted esas manifestaciones diversas del hacer estético?

-La causa radica en el anhelo profundo, en todo artista, de expresarse con absoluta libertad, sin sujeción a cánones de ninguna especie.

-Esas diversas manifestaciones estéticas, ¿tienen algo que ver con la conciencia colectiva de un sector social o de un pueblo?

-Yo creo que sí: como representación o reacción, o también, a veces, como inhibición. Se puede estar al lado o en contra o al margen de algo o de todo. Esta postura explicaría siempre lo que la motiva y, desde luego, significará la conciencia de un grupo, ¿social, cultural o simplemente humano? En cuanto al pueblo, creo que éste elige formas de expresión propias, las llamadas populares, hijas sencillas de formas estéticas más complejas y minoritarias.

-De la literatura suele afirmarse, en forma ya proverbial, que es la expresión de su época. ¿Considera esto aplicable a la pintura hispánica?

-La pintura actual se está haciendo en España cara a lo que suponemos que es Europa. Con nuestra guerra queda rota lo que podríamos llamar una continuidad pictórica de substancia española. Esa continuidad hay que ir a buscarla más allá de nuestras fronteras y se busca en Francia. El hombre que cifra esto es Picasso. Claro. Es en él en quien se busca esta continuidad pictórica, española. Pero Picasso no es únicamente español; es un pintor universal en su lenguaje, lenguaje que recogemos para hablar nosotros.

-¿Con qué otra forma de expresión creadora estima usted que la pintura armoniza más y por qué?

-Con la poesía. El pintor hace metáfora, inventa una nueva cara al mundo, busca el secreto, y su imagen es el lado oculto y sin estrenar de las cosas. De un pez hace la suma de todos los peces y de todos sus signos, y representa el milagro de un pez nuevo y sin origen.

¿Qué puesto le asigna usted a España en la pintura europea de hoy?

-Si uno piensa que Picasso, Miró, Dalí y Juan Gris son españoles, el puesto es óptimo. Es un hecho, además, que la última participación de la pintura abstracta en la bienal de Venecia ha despertado una gran curiosidad hacia el fenómeno pictórico español y la excelencia de esta modalidad pictórica española ha sido muy elogiada en Europa y en América del Norte, que la ha convertido en mercadería internacional.

-¿Cuáles serían el contenido y el mensaje de esta pintura?

-Vivimos en un mundo comprometido. Este compromiso es anecdótico y complicado. Creo que el pintor ha de apuntar lejos y hondo. Mirar por encima de las circunstancias y encararse con su esqueleto no es fácil. El mensaje se disimula con sutileza y su lectura será posible en un futuro donde el alejamiento permita ojearlo de una sola vez.

-Un mensaje supone un destinatario. ¿Quién o quiénes serían los destinatarios del mensaje estético y cuál sería el sentido de éste?

-También esto es contradictorio. Parte de los abstractos habla de un mensaje dramático, angustioso, desgarrador. Sin embargo, esperan la llegada del burgués norteamericano que ignora el drama, la angustia, el desgarramiento; pero compra este arte, y lo compra porque también lo adquiere el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Entonces ocurre el curioso fenómeno de un arte con drama por encargo. Quizá en un futuro posible una sociedad bien dirigida decrete el dolor, la alegría y el goce estético. Esto hará más fácil el gobierno de los súbditos y su mayor estupidez. El arte sincero no dirige su mensaje. Habla, y quien tiene oídos oye.

-Nos gustaría que, para terminar, nos diera a conocer su opinión personal acerca del papel del artista en los momentos actuales.

-El papel del pintor, desde luego, no es crítico o lo es excepcionalmente. ¿Quién pinta en las Matanzas de Corea? Y el cuadro, ¿vale por ello? ¿A quién acusa Goya en los Desastres? Todos somos culpables en sus negros y en sus grises. La sombra de sus grabados oculta hombres que se debaten y muerden; a nosotros, si mordemos, nos quitan los dientes. El grito de un hombre auténtico es un grito rebelde y vivo, y sobre todo sincero. Con él tiene que crear el rostro hermoso de la verdad. Para esto se utiliza una sutil y alambicada mordaza: el compromiso ideológico, y con él se estrangula su voz, o bien un silencio sistematizado que arropa en corcho al grito más fuerte. El artista elige vivir y se convierte en prestidigitador. Mezcla la muerte con el paisaje y el dolor con la naturaleza muerta, y saca la paloma de la manga más inesperada. A veces, le sale manchada en sangre o estrangulada, y la deja ahí, clavada en la tela, para que el sociólogo, o el crítico, o el moralista hagan la autopsia y encuentren la intención social, moral o política del hecho. Es posible, pero no creo, que el pintor tenga conciencia plena de ello.

(continuará)

ALDO TORRES

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ArribaAbajoEl superávit de la balanza de pagos

Steparius


A lo largo del primer semestre de 1960, las autoridades y la prensa españolas han venido vanagloriándose del gran éxito del Plan de Estabilización en su primera etapa. Se han citado cifras sobre la evolución de la balanza de pagos en el período 1955-1958 y sobre el descenso de las reservas internacionales, y al compararlas con lo ocurrido en el año 1959, y más concretamente, con los primeros meses de 1960, se ha deducido que la presente mejoría en la relación entre exportaciones e importaciones, con el aumento de las reservas monetarias de divisas en las arcas del Estado español, constituían ya hechos permanentes e indicatorios de la resolución del problema de la balanza de pagos.

Se ha presentado así al público español, a través del aparato de propaganda del Régimen, una versión absolutamente sui generis de este problema capital en la economía española: fuera de los círculos técnicos y semioficiales, se ha hablado muy poco de las circunstancias concurrentes a los saldos mensuales favorables del comercio exterior español, e incluso dentro de los ambientes técnicos y en los organismos corporativos del comercio y la industria, parece haber existido un cierto temor a encararse directamente con los verdaderos datos del problema. De esta suerte, la versión propagandística oficial ha prevalecido.

Se trata de una cuestión de la más alta importancia para conocer, tanto los procedimientos del Régimen, como las «soluciones» transitorias en las que tan hábil es el franquismo, en perjuicio de soluciones auténticas y que afecten a la estructura del país. Además, en el caso presente, algunos de los factores que entran en el juego de la «solución» transitoria buscada por el Régimen, llevan consigo riesgos muy graves para todo el futuro de la estructura productiva española, y deben ser puestos al descubierto.

1. -La reducción de las importaciones, principal factor de los saldos mensuales favorables de la balanza de pagos.

La composición del comercio exterior español es bastante simple y acusa una larga permanencia desde hace varias décadas: España exporta principalmente minerales de hierro y productos agrícolas (naranjas, aceite de oliva, conservas vegetales, vinos, etc.), e importa maquinaria, petróleo bruto, material eléctrico, material de transporte, y algunas materias primas como cobre, algodón, caucho, etc. Dentro de las partidas de la balanza comercial, las exportaciones de frutos (sobre todo naranjas) y de mineral de hierro, suelen alternarse ocupando los dos primeros lugares de las columnas de productos de exportación, con ventaja considerable sobre las demás partidas; y en el capítulo de las importaciones, durante los últimos años invariablemente la maquinaria y el equipo capital han venido figurando en cabeza de las necesidades españolas, tanto más notables cuanto más acelerado quería ser el proceso de industrialización interna.

El Plan de Estabilización financiera ha obligado a los empresarios españoles a reconsiderar muchos aspectos de la alegre industrialización de la última década. Se había producido en España un fenómeno de frenesí industrializador con métodos y resultados pintorescos cualquier incompetente, con la única virtud de poseer un poco de dinero, podía montar una industria con diez o quince obreros, y producir, bien tornillos, bien piezas de maquinaria, o tejidos artificiales, sin la menor relación con los métodos de producción o con los costes internacionales. Así veíamos en algunas ciudades, que unos cuantos centenares de empresarios de pequeñas industrias de un nivel anacrónico y de un tamaño antieconómico, podían llevar un tren de vida y realizar un consumo de lujo, absolutamente desproporcionado al volumen real de su contribución productiva para el país. Gran parte del clima artificial de prosperidad reinante en algunos centros urbanos españoles entre 1952 y 1959, fue creado por esta clase de alegres e improvisados industrializadores. Por encima de ellos estaba, además, y sigue estando, la gran oligarquía financiera y burocrática, con sus grandes conexiones bancarias y sus empresas de tipo monopolístico y de alcance nacional.

Como es obvio, la aportación de esta clase de industrialización, al comercio exterior; no podía ser ni grande ni positiva. La diferencia entre el nivel internacional de precios, y el nivel de costes español, era tan marcada, que poquísimas de estas nuevas industrias pueden soportar un régimen de competencia internacional. Los recursos exteriores españoles han seguido procediendo, pues, de las mismas partidas tradicionales: mineral de hierro, mercurio, plomo, naranjas, aceite, vinos, etc. Dentro de los productos manufacturados, los libros constituyen hasta ahora la principal partida, y es sabido que la industria editorial española es más bien modesta (unos 6.000 títulos anuales, frente a 40.000 títulos anuales en Francia).

Al promulgarse simultáneamente un Plan de estabilización financiera interior, de finalidad anti-inflacionaria, con las medidas de apertura comercial exterior introducidas en el sistema casi autárquico español, una gran parte de los empresarios españoles reaccionaron suspendiendo las inversiones, la renovación de equipo, o la ampliación de sus industrias. En el año comprendido entre junio de 1959 y junio de 1960, se ha comprobado hasta qué punto la demanda interna, tanto de equipo capital como de productos manufacturados y de consumo, era una demanda artificialmente hinchada por la inflación. En consecuencia, el corte vertical tanto en las inversiones de los empresarios, como en el consumo, han provocado una disminución de las importaciones, muy superior a todo lo previsto en junio de 1959. (De hecho, lo que el Gobierno supuso en aquel entonces fue precisamente lo contrario: un desnivel aun mayor en la balanza de pagos, a causa de la desvalorización de la peseta). El ministro de Comercio, Sr. Ullastres, dijo a finales del invierno 1959-60, en un discurso, que «vivimos en el reino de la pura paradoja», y en efecto, esta exclamación es correcta para cualquiera que piense sólo en términos monetarios y no comprenda el alcance de la estructura social sobre la vida económica de nuestro país.

Para tener una idea bastante aproximada del volumen de las necesidades normales de importación en España y en un año que no sea de depresión económica (como fue 1959) podemos recurrir a una cifra que nos da el propio Gobierno. Cuando una misión de la O.E.C.E. (Organización Europea de Cooperación Económica) visitó Madrid en diciembre de 1959, las autoridades españolas le dijeron que en el año 1960 presenciaríamos la re-activación de la economía después de la crisis de 1959, y que probablemente las importaciones españolas normales se elevarían a 1000 millones de dólares U.S. (informe de la O.E.C.E. reproducido por la revista Moneda & Crédito, núm. 71, pág. 178, cuadro titulado «Previsiones relativas a la Balanza de pagos: Gastos»). Para cumplirse esta hipótesis, era preciso que ya en el primer trimestre de 1960 los empresarios españoles hubiesen empezado a realizar sus planes de inversión. En una reunión organizada en la Universidad de Barcelona por la Facultad de Ciencias Económicas, el ministro de Comercio, Sr. Ullastres, dijo (4 abril, 1960), que los empresarios estaban realizando sólo el 26% de las licencias de importación concedidas; los asistentes a dicha reunión del 4 de abril en Barcelona, meditaron largo rato sobre el estado de la Balanza de pagos en el caso de que los empresarios hubieran realizado el 90% de las licencias, como era lo habitual antes de la estabilización. El propio informe de la O.E.C.E. antes citado, reconoce que sólo una pequeña parte de las autorizaciones concedidas a partir de agosto de 1959, fueron llevadas a la práctica. El órgano oficial del Ministerio de Comercio (la revista Información Comercial Española, en su número de abril de 1960, pág. 98, cuadro núm. 18), nos da a conocer el volumen total de licencias autorizadas desde agosto a diciembre de 1959 inclusive, incluyendo el comercio de monopolio del Estado su valor ascendía a 234,8 millones de dólares. Por consiguiente, si en 1960 la importación debía ascender a unos mil millones de $ U.S., era preciso un ritmo mensual de importaciones del orden de 83 millones $ U.S. como promedio, en vez del promedio de 47 millones de dól. que arrojan los cinco últimos meses de 1959 y del promedio de 57 que, según los datos provisionales de la Dirección general de Aduanas, nos da el primer trimestre de 1960.

Que esta restricción en las importaciones afecta sobre todo a la capacidad productiva de la industria española; lo podemos comprobar por las cifras de la Dirección de Aduanas que publica la revista Información Comercial española (núm.º de abril, 1960, pág. 101, estadística núm.º 20): las principales partidas que han contribuido al saldo favorable de 78 millones de dólares en el comercio exterior en 1959, comparado con 1958, han sido precisamente los bienes en que predomina el equipo capital: la maquinaria y aparatos con 17,4 millones de dólares menos en 1959 respecto a 1958, y los metales y manufacturas metálicas con 11,7 millones $ U. S. menos.

Además de los datos citados, hay que tener en cuenta que la devaluación de la peseta permite ahora comprar en el exterior, a igualdad de volumen monetario, una cantidad inferior de bienes. Por tanto, hay que preguntarse, conociendo el panorama de paralización económica que predomina en las zonas industriales españolas en el primer semestre de 1960, si no se está creando un handicap adicional sobre la capacidad productiva del país, y si no se está posponiendo por un período demasiado largo la renovación urgente de un equipo industrial que, en gran parte, ya era anticuado.

(continuará)

STEPARIUS

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ArribaAbajo Dos cartas de España

Me permito contestar a la Sra. Loren H. de Maldonado. Sus «Impresiones de un viaje»6 son inaceptables. En su criterio parece dar a entender que los que vivimos en el interior estamos espiritualmente deshechos, sin ánimo alguno para reaccionar. La Sra. Loren está completamente equivocada si cree realmente que hemos claudicado ante la opresión. Yo le pregunto: «¿Qué hizo Vd. hasta 1953?». Exactamente lo mismo que estamos haciendo nosotros, o sea: reunirnos, hablar, cambiar impresiones, desintoxicarnos mentalmente de las absurdidades y en nuestra unión preparar el espíritu para el día propio de la acción.

¿Ignora acaso la Sra. de Maldonado la situación actual de libertad vigilada en que vivimos todos los de dentro? Desde el año 1939 la cuerda no se ha aflojado nada absolutamente. Es más, se ha endurecido con los arañazos de todos nosotros. La cuerda del Caudillo oprime ahora con más seguridad que antaño.

Otra desventaja del movimiento interior es la falta casi total de relación externa. En el interior nadie, absolutamente nadie, con conciencia verdaderamente libre, cree en componendas monárquicas y, aunque parezca mentira, ni en revoluciones anárquicas a sangre y fuego. Desgraciadamente todos sabemos que la sangre la vierte el pueblo y el régimen distribuye el fuego. Los últimos atentados, que pocos en el interior sabemos son atribuidos al D.R.I.L., han dejado un sabor amargo en las gentes, ya que la mayoría atribuye el hecho a la propia policía española como medida coercitiva para airear el eterno espantajo del desorden.

Es deprimente para nosotros observar como las campañas externas a bombo y platillo son neutralizadas por el régimen con un nuevo fortalecimiento de la guardia, lo que se traduce en menos libertad para actuar, más vigilancia a los movimientos de distensión y más divorcio entre la actuación democrática interna y externa. Los de dentro del «telón de charol» pedimos fervientemente a los movimientos de los exilados que abandonen definitivamente la política de «puentes destruidos». Nosotros quedamos en el interior aislados de todo el mundo, constantemente a la sombra y entendemos que es hora de unir nuestros esfuerzos internos y externos sin bombos ni platillos, pero con seguridad. Vale más medio palo nuestro bien repartido en el interior que mil golpeando a ciegas fuera del «telón de charol». Tended puentes y no nos aisléis, nada de bombos ni bombas. Con la inteligencia somos invencibles, con bombas llevamos las de perder, el régimen tiene siempre más, además ellas mueven el diapasón de la anarquía y así se frustran muchas voluntades indispensables. Los del interior creemos firmemente que podemos transformar la piel ibérica sin reacciones congoleñas.

BERENGUER SURIRÁ, 14 de septiembre



Todo está vigilado, nuestros medios de información reducidos a nuestra prensa, radio nacional y... Radio España Independiente. ¡Cuántas ironías!, y ¡qué pena, Dios mío!

Me asusta pensar en nuestro porvenir. En España la política tiene una combinación química: a toda acción se opone una reacción igual y de signo contrario. Y a ella vamos nosotros, tal vez sin darnos cuenta. Educados en colegios religiosos, hechos a la vida después de nuestra guerra fratricida, y acariciando un deseo de paz y de concordia, en una legalidad constitucional que el pueblo quiera darse, vemos como nuestra sangre enrojece, yendo a polarizarnos -triste destino el nuestro- a la parte contraria. Nuestro destino no debe ser jamás éste. Tenemos voluntad de moderación, de ser europeos en una Europa Occidental democrática y contemplamos con decepción la indiferencia, cuando no el desdén de nuestros afines. Tal actitud, muy a la americana, nos ha hecho comprender la demagogia de Castro. Son muchos los que piensan en soluciones similares. Cualquiera que se dé, la influencia americana en España deberá desaparecer.

Me apena mucho hablarles así. Uds., como nosotros, hubiéramos deseado una amistad sincera con América, pero hoy no la deseamos al cambio actual. La impopularidad norteamericana se acentúa a diario y creo que nuestra obligación está en acentuarla. Tantas desilusiones, tanto sarcasmo, tanta contradicción tienen en pago una moneda que nosotros hubiéramos deseado desechar de nuestro comercio. Pero también en América estará vigente nuestro antiguo, como actual adagio: «Quien siembra vientos recoge tempestades». Es doloroso pensar que este viento nos ha desorientado y que, en consecuencia, fácil es presumir, que no saldremos ilesos de la tempestad. En realidad estamos de lleno en ella.

Entre tanta confusión la actitud del clero vasco nos ha reconfortado. Como toda medalla tiene su reverso, la actitud de la jerarquía nos ha indignado. Y así, entre contrastes y altibajos la opinión pública corre el peligro de polarizarse, medida fatal para nuestro porvenir.

¿Y después, qué? Este es el tremendo problema. Nuestro país ha quedado castrado hasta en sus mismas raíces, con una masa flotante de vaivén. Los mismos que aplaudieron al Presidente norteamericano, aplaudirán al Zar colorado que un día nos pueda llegar del Este. En todo esto los americanos tienen un tanto por ciento muy elevado de culpa. Es posible y es de justicia que un día paguen la factura; lo que ya no es tan justo es que, en parte, la pagaremos nosotros también, una generación que nació destrozada.

Acepte este desahogo Hace bien al espíritu.

(Firmado) Septiembre




ArribaAbajoSin permiso de la censura

¿Quién apagara el incendio?

El sábado 24 de septiembre un incendio devastó la casa número 12 de la calle de Carretas. Dos personas muertas (el dueño y el contable de unos almacenes de tejidos donde el fuego fue más voraz) y varias heridas. Aglomeración imponente de público desde la Puerta del Sol a la plaza de Benavente, impotencia e ineficacia total del servicio de bomberos (el primer coche que llegó databa del año 1925 y no tenía escalerilla mecánica), indignación general: he aquí el balance.

La muchedumbre que se agolpaba ansiosa en la calle de Carretas -parte de la cual colaboró en trabajos de salvamento utilizando colchones atados los unos a los otros- reaccionó violentamente, con verdadera cólera, pero no contra los verdaderos causantes de la desgracia sino contra los pobres bomberos que eran absolutamente inocentes. Aquello amenazó por momentos con transformarse en motín y los «grises» tuvieron que cargar repetidas veces contra la multitud.

Quienes protestaban en la calle de Carretas no sabían bien contra quien dirigir su indignación, pero no es dudoso que un incidente tan violento refleja un estado latente de cólera susceptible de estallar por el pretexto más fútil. Y el verdadero incendio, el que será más difícil de apagar y ocasionará muchas más víctimas, es el que puede producir un día la cólera de un pueblo tantas veces defraudado, vejado y jamás respetado en sus derechos y aspiraciones. En resumen; que si a Madrid le hacen falta bomberos, España entera necesita sus bomberos de la vida política, social y económica.

Por desgracia, la política del gobierno parece encaminarse cada vez más a atizar el fuego, a azuzar las pasiones y mantener los rencores. No hay nada que represente mejor esta política que el decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado del 26 de septiembre, por el que de hecho, se atribuye a la jurisdicción de los tribunales militares la represión de cualquier actividad de la oposición.

Se amplía la jurisdicción de los tribunales militares

La promulgación de este Decreto es uno de los actos más graves realizados por el gobierno de Franco durante los últimos años, y vale la pena de detenerse en su examen. (Véase las páginas de noticias).

Hay que retroceder al fascismo de Alemania e Italia, a ciertas dictaduras orientales o sud-americanas para encontrar algo comparable a este decreto. El gobierno del Caudillo había dicho repetidas veces que ofrecía garantías jurídicas a todo el mundo de acuerdo con los principios de los organismos internacionales de que forma parte (ONU, UNESCO), ha repetido mil veces que ha dado a España una verdadera paz, ha respondido a muchas preguntas del extranjero afirmando que los detenidos gozan de garantías procesales. Pues bien: cualquier actividad de la oposición es asimilada al delito de rebelión militar, juzgada por tribunales militares de excepción, por procedimiento sumarísimo de urgencia. Como decía el Sr. Gil Robles defendiendo a don Julio Cerón: «¿Cómo después de decirnos todos los días que España vive en una paz que nunca había anteriormente, se puede asimilar una actitud de crítica política a la rebelión militar?».

Piénsese que, según el decreto que comentamos, son reos de rebelión militar, entre otros, aquellos que realicen los siguientes actos: criticar a un miembro del Gobierno o a un simple policía en una reunión de amigos o en una conferencia, los estudiantes que realicen una manifestación para protestar contra cualquier medida que emane de órganos del Estado, los obreros que realicen un simple paro de brazos caídos si, por la importancia de la empresa, se considera que tras tornan el orden público, cualquier persona que diga algo desagradable para el coronel de una plaza provinciana... Y así sucesivamente. Sin hablar de que, por este decreto, cualquier organización de la oposición, por el solo hecho de existir, cae bajo el delito de «rebelión militar» o, ni siquiera eso, un simple manifiesto de intelectuales. Cuando se piensa que, a principios de siglo, el hecho de pasar a la jurisdicción militar ciertos actos considerados atentatorios contra el Ejército, provocó un movimiento de indignación nacional que hizo tambalearse al gobierno, se da uno cuenta de lo que ha retrocedido España desde hace cincuenta y cuatro años.

El decreto en cuestión se presenta como una respuesta insolente del gobierno a las reiteradas peticiones de los Colegios de Abogados de Barcelona y Madrid encaminadas a que en España se respeten las normas más elementales de lo que se llama un «Estado de Derecho».

Ya no hay ley de excepción de 1943. Pero tampoco hay verdadera ley de Orden Público de 1959 cuando se trata de reprimir a la oposición, sino Código de justicia Militar. Todo es muy sencillo, como cuando se alzaron fusilando por delito de sedición y de rebelión militar -ellos los sediciosos- a militares y autoridades civiles que no quisieron sumarse a la rebelión.

Este decreto no es un hecho aislado, sino fiel reflejo de la política del gobierno. El anteproyecto de ley de información (del que damos extracto por separado) que no se sabe, por otra parte, cuando se convertirá en ley, está confeccionado con el mismo desprecio al derecho que los españoles tienen a intervenir en los destinos de la nación o simplemente a expresar su criterio con un mínimo de libertad7.

Aquí hay libertad... para el Opus Dei

Aquí no hay libertad sino para el «Opus Dei» que va a transformar su Estudio general de Navarra en una verdadera ciudad universitaria. Pamplona será pronto la ciudad en poder del «Opus Dei» para formar desde allí las personas a quienes el famoso padre Escrivá, sus secuaces (y también algunos que están por encima de él en la jerarquía) destinan a gobernar este país en el que no se puede ser ciudadano, sino súbdito, o mejor dicho, vasallo. El Padre Escrivá es nombrado hijo adoptivo de Pamplona y los sacerdotes vascos son perseguidos por la mayor parte de la jerarquía, de acuerdo con el Nuncio y con colaboradores de talla que se dicen «liberales»: me refiero concretamente al Sr. Martín Artajo, del que está probado que es un agente del Caudillo en los organismos de Acción Católica en que participa.

Coincidiendo con todo esto, se acaba de autorizar la existencia de una Escuela de Periodismo que dependerá directamente de la jerarquía Católica, que podrá expedir títulos para ejercitar el periodismo en las publicaciones de la Iglesia, y con facilidades de convalidación para ejercer el periodismo en general (para esto último los candidatos tendrán que sufrir examen sobre «leyes y principios fundamentales del Movimiento Nacional»). Esta Escuela significa un golpe contra el monopolio que el falangismo ejercía en el campo del periodismo, pero dada la connivencia entre el Gobierno y la jerarquía (más preocupada en mantener privilegios superficiales y personales que en asegurar la cristianización de su grey) resulta demasiado optimista atribuirle una importancia liberal. No olvidemos que el Santo Oficio (por instigación de la jerarquía española) vigila de cerca a los periodistas católicos demócratas de España e incluso acaba de sancionar a uno de ellos.

Mientras tanto, los acontecimientos confirman esta política de «tranquilidad viene de tranca». La querella judicial contra los torturadores de Barcelona no avanza un solo paso y, el propio juez del juzgado 14, por medio de desestimientos la está retrasando. Los hermanos Creix, torturadores de tantos españoles, se ríen de todo. Ahora mismo, ante un tribunal que ha condenado a penas de doce y diez años al obrero catalán Cipriano García Sánchez y cuatro compañeros suyos, se ha vuelto a hablar de las torturas aplicadas por el comisario Creix.

Los presos condenados siguen siendo dispersados por tristes cárceles de provincia en pésimas condiciones, para que no se «contaminen» en el Penal de Burgos. Refiriéndome solamente a presos católicos, puedo decir que el estudiante don Raimundo Ortega (¿No decía el ministro de Educación que en España no hay estudiantes presos?) está en la cárcel de Granada, el abogado Sr. Gerona en la de Cuenca, y el Dr. Jordi Pujol en unión del Sr. Pinzón han sido enviados a la prisión de Zaragoza.

En broma y en serio

Este tremendo desafío al derecho a ser hombre quisiera hacérselo olvidar a la opinión el gobierno por medio de la ridícula operación publicitaria a que han dado lugar los esponsales de la Señorita Fabiola de Mora y Aragón con el rey Balduino de Bélgica. Planas enteras de la prensa, suscripciones populares para regalos, fotos de los futuros cónyuges desde su más tierna infancia, nada se escatima en esta desenfrenada ola de cursilería: «Fabiola es muy piadosa y ha dedicado su vida a los pobres; Fabiola habla cuatro idiomas, pinta, toca el piano y la guitarra y publicó un libro de cuentos infantiles; Fabiola quiso meterse monja»... y así hasta el infinito.

También el Caudillo quiso aprovechar diplomáticamente el asunto, dentro de su política de reconciliarse con Bélgica (por consejo del Vaticano dentro de la política de la llamada Pequeña Europa), pero son los monárquicos quienes juegan esta carta: Gonzalo F. de Mora, del Consejo de la Corona de Don Juan es primo de la futura reina. No se olvide que la madre de Fabiola era dama de Doña Victoria Eugenia de Battenberg quien, a pesar de sus años, parece que ha tenido su parte en el regio «celestineo» encaminado a preparar este enlace.

Pero volvamos a las cosas serias. ¿Por qué el gobierno acentúa la política represiva y no se priva de demostrar que ejerce una dictadura sin tasa ni medida?

Entre las personas bien enteradas se habla de varias razones: una de ellas es el contexto de la política europea: El Caudillo y sus consejeros diplomáticos estiman que Europa occidental evoluciona hacia regímenes autoritarios, todos ellos de impronta católica, cobijados por el Vaticano. Las excelentes relaciones con los gobiernos francés y alemán (y con Salazar claro está), el acercamiento a Bélgica, le hacen ver el mundo a través de este prisma. Con Italia las relaciones son también cordiales; el jefe del Estado Mayor Central del Ejército está estos días en Italia reuniéndose con su colega italiano.

Otras razones, tal vez más importantes, son de orden interior: el gobierno sabe que la oposición no decrece, que los católicos antifranquistas son cada día más numerosos, que los intelectuales y estudiantes no se resignan a la inacción, la monárquica Unión Española tampoco se desanima, y los grupos de izquierda prosiguen su difícil actividad sin que la represión logre jamás aniquilarlos. Hay más; la situación económica no acaba de arreglarse; la crisis, denominada púdicamente recesión; sigue existiendo en importantes sectores de considerable empleo de mano de obra y las malas cosechas han agravado la situación en el campo. Hay, pues, razones para temer, por parte del gobierno, un notorio recrudecimiento de la agitación social.

He aquí algunos casos que confirman lo dicho: la construcción (que cuenta con más del 20% del censo obrero) sigue en crisis y se teme que dentro de pocos meses, al terminarse muchas obras en curso, el paro sea mayor. En ciertos medios oficiales se estima que el Estado debe intervenir y que el Ministerio de la Vivienda necesita nuevos créditos. La industria textil está ante el proyecto de reorganización, pero el pesimismo es tan grande que la Cámara Oficial de Industria de Barcelona ha pedido al ministro de Comercio que se cierre toda importación que encierre una posible competencia. El ministro ha respondido prometiendo una desgravación de impuestos indirectos para las exportaciones de la industria textil, pero toda vía no hay nada concreto. Además, si la reorganización se realiza como estaba concebida, supone el desempleo para nuevos obreros de esta importantísima rama.

Elecciones sindicales y otros temas

El gobierno no deja de inquietarse por las elecciones sindicales (de enlaces y de jurados de empresa) que han empezado estos días y duran, por etapas, hasta entrado octubre. El carácter de quienes sean elegidos sólo podrá conocerse meses después («por sus obras los conoceréis») pero la elección sirve de barómetro al gobierno sobre el descontento obrero. Claro, la Junta nacional de Mandos de los Sindicatos ha publicado un larguísimo documento (que ningún obrero lee, naturalmente) sobre las excelencias del «sindicalismo nacional» y lo malo que es el otro sindicalismo. Y el «do» de pecho lo ha dado el flamante secretario de la Organización Sindical, Sr. Giménez Torres, declarando: «Nuestro sindicalismo, tachado malévolamente de fascista intervenido y al servicio del Estado, es hoy por hoy el más avanzado... En España existe una auténtica democracia sindical, entendiendo por democracia los principios ideológicos del sindicalismo español». Por si algún lector no lo sabe, conviene recordar que todos los puestos directivos de carácter nacional y todos los puestos permanentes son nombrados por arriba, autoritariamente y que, la junta Suprema de Falange, de la que al fin y al cabo dependen, también es nombrada autoritariamente y una mayoría de sus miembros por designación personal del Caudillo. Todo muy democrático.

En fin, y para concluir esta ojeada económica, he aquí algunas de las opiniones expresadas por los economistas sobre las causas de las malas cosechas: ausencia en general de tractores y de máquinas sembradoras; poco o nulo empleo del abono químico porque los propietarios querían reducir así sus gastos de explotación; falta de empleo racional de los terrenos. Como se ve los defectos no son nuevos y obedecen a la estructura social del campo español mantenida a rajatabla por el régimen.

Tenemos pues, lector, un régimen político que no oculta su carácter dictatorial y conservador, aunque de vez en cuando un ministro en visita al extranjero hable con insólito desparpajo de su «democracia». Es un régimen fascista que no se atreve a decir su nombre, pero que no ha renunciado al neo-fascismo ni en España ni fuera de ella.

Recelos y temores

No es, pues, extraño, que hace unos días el Caudillo fuese con todo su séquito a recibir a Nasser en el aeródromo y conversar hora y medía con él. Ciertos medios falangistas insisten en este tipo de acercamiento y el periodista de «cámara», Gómez Aparicio, había preparado la operación con un viaje a las pirámides y cinco artículos encomiásticos. Pero lo curioso del caso es que el Caudillo y Nasser sólo se pueden poner de acuerdo en aquello de que «garrotazo y tente tieso» es una buena política y, tal vez, en firmar un acuerdo cultural. En las demás cuestiones, la ausencia de independencia en la diplomacia española excluye toda posibilidad de acuerdo. Un sondeo hecho días antes cerca del embajador de la RAU mostró que España y la RAU tienen puntos de vista divergentes sobre el Congo, Argelia, la política de los nuevos miembros de la ONU, etc. Esto no obsta para que el Caudillo haya reiterado al jefe del Estado Egipcio su invitación para venir varios días a Madrid. No se trata sólo de la consabida operación de prestigio, sino de un esfuerzo para no quedar aislado de los países afro-asiáticos.

En cuanto a los Estados Unidos, hay cierta intranquilidad en los medios oficiales ante las elecciones presidenciales. Siempre se teme un cambio de actitud hacia la España oficial, una mayor consideración hacia las fuerzas de la oposición, sobre todo las moderadas.

El temor es lógico porque, volviendo al tema inicial de este artículo, el Caudillo y su gobierno no se preocupan de prevenir el posible incendio de España. En España hay rescoldos con brasas vivas, procedentes del maniqueísmo oficial durante más de veinte años. El gobierno atiza el fuego creyendo que le basta con pisotear esos rescoldos cuando le conviene. La realidad es muy otra. Si se continúa así, con decretos represivos, con la tradicional política del sable y del obispo trabucaire, o del empresario egoísta y cegato, el incendio llegará, tarde o temprano. ¿Quién apagará entonces el fuego? A nadie puede interesarle que sus llamas destruyan España, pero el gobierno del Caudillo parece ignorar el peligro. Ojalá que quienes pueden, comprendan que España entera necesita también su servicio de bomberos.

TELMO LORENZO

Madrid, 28 de Septiembre de 1960.






ArribaAbajoEditorial

España progresa


En el momento en que podíamos regocijarnos por las noticias suministradas por la prensa del régimen sobre la convertibilidad de la peseta, nos llegan otras noticias oficiales que nos sumergen en una confusión difícil de salir de ella. Bien es verdad que la noticia de la convertibilidad de la peseta basada, al parecer, en el aumento de las reservas monetarias de divisas en las arcas del Estado, no va acompañada de una explicación de aquellas circunstancias que han hecho posible esas reservas.

Señalemos primeramente que se trata de una convertibilidad para el uso entre los países agrupados en la OECE y que será recíprocamente cambiable por otras divisas en las circunstancias y condiciones que se especifican. Así y todo estábamos dispuestos a elogiar ese aparente progreso de la economía española, pero nuestro regocijo se ha venido al suelo como un castillo de naipes. Conjugadas las noticias que con diferencia de días han salido a la luz, la decepción nos invade y llegamos a la conclusión de que en el régimen imperante en España, tanto los proyectos como las medidas que se adoptan, están distantes de los verdaderos intereses nacionales, que no pueden ser los intereses de un grupo o de una camarilla. Todo es artificial en España.

Las reservas monetarias que posee hoy el tesoro español se deben a las restricciones del consumo interno y haber podido exportar lo que el pueblo no consume, lo que no consume no porque tenga sus necesidades cubiertas, sino porque no puede consumir a causa de sus ingresos insuficientes. La convertibilidad de la peseta no beneficiará más que a unos grupos privilegiados.

Sigamos nuestro análisis de noticias. Después de la buena nueva de la peseta, aparece en el Diario Oficial el día 26 de septiembre un decreto ampliando el concepto de «rebelión militar», Decreto del que damos amplia información en nuestras páginas de noticias. Por este Decreto quedan calificados como delitos de «rebelión militar» acciones humanas que solo una mente delirante podría calificar de delito. Así queda decretado que pueden ser considerados reos del mencionado delito los que difundan noticias falsas o tendenciosas y vayan en desprestigio del Estado o de cualquier autoridad; los que por cualquier medio se reúnan, conspiren o tomen parte en reuniones o manifestaciones con los fines expresados; los plantes, las huelgas, etc., etc. Dicho de otro modo, cualquier acto realizado por un español que, a juicio de las autoridades, caiga dentro del Decreto que comentamos, puede ser considerado como delito de «rebelión militar». La figura de delito ya no existe en España, cualquier acto puede considerarse como delito. Estos son los progresos de España a los veintidós años de régimen franquista.

Pero lo que sí hace su camino es la inquietud y el descontento. Los medios católicos se agitan; a la noble y viril protesta de los sacerdotes vascos, se ha sumado el grupo más importante de tendencia monárquica y surgen en varias regiones españolas protestas contra la actitud de la jerarquía de un lado, y de otro, de la Unión del Clero Católico y de católicos prominentes; protestas todas hechas públicas y enviadas a Su Santidad. Es decir, protestan aquellos que pueden hacerlo sin que les vaya en ello su libertad, pero la inquietud en esos medios crece y es que al no sentirse asistidos por las autoridades de la Iglesia, consideran que si un día se ven obligados a tomar una determinación, la acción deberá emprenderse sin el respaldo de esas autoridades; lo que puede terminar en una acción contra ellas.

Dejemos este sector y entremos en el campo del trabajo. La peseta la remolcan y se pondrá al nivel de la moneda de otros países, pero los trabajadores emigran, y emigran por millares ante la falta de trabajo y los despidos. A la hora actual se cifra en cuarenta mil los que han salido a trabajar en Francia y Alemania en estos últimos meses. La oficina de emigración alemana, que se ocupa de reclutar trabajadores, está situada en el mismo edificio que el Instituto de Emigración del gobierno español, fuera del edificio se ven diariamente filas de cientos y cientos de trabajadores que van a inscribirse para emigrar; muchos de estos trabajadores salen de España como gentes que desean pasar unas fiestas o fin de semana en el sur de Francia, pero no vuelven a España. Francia tiene abiertas sus fronteras en estos momentos hasta las doce de la noche y cientos de trabajadores pasan al día que, -según dicen- van a trabajar en la vendimia de los campos francesas. Por lo tanto las cifras dadas por el gobierno español relativas al número de emigrantes que salen de España al mes, deben considerarse como ficticias y multiplicarse por cinco si queremos tener una idea aproximada.

¿Qué muestra todo ello? La inseguridad del gobierno, la alarma en los medios católicos y la desesperación de la clase trabajadora ante los angustiosos problemas sin solución para ellos y que los aniquila como personas. La Ley no existe, la represión se endurece y los trabajadores emigran. España progresa.




ArribaResumen de noticias

Salvador de Madariaga en New York

En el banquete ofrecido el 21 de septiembre a D. Salvador de Madariaga por IBÉRICA y la Asociación Interamericana pro-Democracia y Libertad, a su regreso de su viaje por la América Hispana, Madariaga expresó el peligro que representa para el mundo libre el auge del comunismo en la América Hispana.

Atribuyó la poca popularidad de los Estados Unidos en Hispano-América a dos causas principales: el apoyo de sucesivos gobiernos norteamericanos a los dictadores de todo el mundo de habla española y la tendencia del Departamento de Estado a apoyar empresas financieras y económicas en esas repúblicas. Añadió que hay circunstancias internas en esos países que explican las dificultades que los agobian, enumerando algunas de esas circunstancias, tales como la tremenda diferencia entre el rico y el pobre; la falta de personal técnico y recursos financieros; la inestabilidad política y la falta de empleos para los universitarios graduados.

Sobre España, comentó el Sr. Madariaga, «sus sólidas tradiciones y el idioma continúan siendo la fuente de unión entre ella y el mundo hispanoamericano». Terminó diciendo que «cuando el mundo se libere de la dictadura, podrá lograrse el progreso industrial y económico de España y de la América Hispana por medio de una alianza con los Estados Unidos. Esto inclinará a Hispano-América hacia una federación, de modo que en lo futuro, puedan hablar como iguales la América Anglosajona y los Estados Unidos Ibero-Americanos».

El banquete que había sido originariamente organizado para celebrarlo en el Club de Prensa Extranjera de New York, tuvo que ser trasladado a otro salón más amplio por el extraordinario número de solicitudes para asistir al acto.


Otro Consejo de Guerra

BARCELONA, 12 Sept., Ibérica: -Seis trabajadores de Tarrasa han sido juzgado en Consejo de Guerra sumarísimo. Fueron detenidos el 28 de junio de este año, al ser sorprendidos algunos de ellos pintando por la noche, en las paredes de Tarrasa, importante centro textil catalán, la palabra «AMNISTÍA» y «LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLÍTICOS».

Se dice que fueron maltratados por la Brigada Social que dirige el Comisario Creix, hasta el punto de que uno de ellos estuvo un tiempo con las facultades mentales perturbadas. Desde su detención han estado estos hombres absolutamente incomunicados, incluso para sus abogados.

El Fiscal pide para Cipriano García, 12 años de prisión; para Antonio Casas 10, y para los cuatro restantes Ramón Martínez, Alejandro Bella, Bartolomé Baños y Antonio Villegas, 6 años. La acusación fiscal se ha basado en estos argumentos pertenecer los acusados al partido comunista catalán y de hacer propaganda en favor de la amnistía de los presos políticos. Uno tan solo de los acusados, Cipriano García, ha declarado ser comunista.


Elecciones sindicales

PARÍS, 25 Sept., Ibérica: -Le Monde de hoy publica un despacho de la agencia Reuter, procedente de Madrid del que extraemos los siguientes párrafos:

Unos diez millones y medio de electores en el curso de las próximas 5 semanas designarán varios centenares de miles de delegados y de responsables de los sindicatos unificados de obreros y empleados.

Los puestos a cubrir son unos trescientos mil miembros de los comités, pertenecientes a 24 federaciones, y más de ochocientos mil responsables así como veintisiete mil miembros de los comités de empresa y otros veinticinco mil representantes de las clases laborales.

Debemos señalar que los ciento treinta y un funcionarios que constituyen el comité director son nombrados por el gobierno... Así puede aparecer que la base de esa pirámide sindical es democrática, mientras que la de la cúspide es autoritaria.



N. del C. Debemos advertir que ningún cargo en la Organización Sindical franco-falangista puede desempeñarlo una persona sin antecedentes de obediencia ciega y sin limitaciones. Las elecciones darán comienzo el 28 de este mes.

La libertad de los votantes

Una información de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, de fecha 22 de Sept., dice:

Cuarenta trabajadores de varias fábricas del norte de España, han sido detenidos por haber tratado de apoyar sus propios candidatos en las próximas elecciones sindicales.

La nominación de los candidatos se efectuará, el 24 de este mes y los obreros protestan contra esos hombres de paja que los elementos oficiales presentan. Una prueba de la presión gubernamental es el hecho de que se ha reforzado la policía en los edificios del gobierno.




Portugal

GINEBRA, 16 Sept., Ibérica: -Le Journal de Genève publica hoy la siguiente nota: «La Comisión Internacional de juristas, con sede en Ginebra, ha protestado cerca del Sr. Salazar contra el hecho de que el gobierno portugués no haya permitido -en el proceso intentado en Angola contra personas inculpadas de distribuir octavillas sediciosas- al abogado Palma Carlos, de Lisboa, ni al abogado brasileño Antonio Alberto Silva trasladarse a Angola para la defensa de los encartados.

La Comisión informa que en este proceso siete europeos han sido condenados a penas de prisión y despojados de sus derechos cívicos; un centenar de africanos esperan ser juzgados y varias personas han sido expulsadas de Angola, sin ser juzgadas ni detenidas ni ser objeto de ninguna inculpación.


¿Parálisis de la economía española?

GINEBRA, 3 octubre, Ibérica: -Le Journal de Genève de hoy publica casi en todo lo ancho de la plana y en primera página un artículo de su corresponsal Richard Scott Mowrer con el título siguiente: «¿Está amenazada de parálisis la economía española?». Del citado artículo copiamos los siguientes párrafos:

El plan español de estabilización económica está en peligro. Lanzado en julio del año pasado con el apoyo de dos organizaciones internacionales y de una importante asistencia norteamericana, parece haber perdido su impulso.

Éxito inicial

Es verdad que el plan ha tenido un éxito en su fase inicial: ha salvado a la economía española de una bancarrota inminente. Pero su segunda fase no era menos esencial: se trataba de reorganizar la economía y de sanearla. Si esto no se hace enérgica y rápidamente, los expertos estiman que España se deslizará de nuevo por el plano inclinado del marasmo económico, del que precisamente el plan debía sacarla.

La ayuda americana sirvió para impedir el hundimiento de la economía española, pero una buena parte de la ayuda americana ha tenido que ser utilizada en medidas de urgencia. El gobierno español no hizo caso de las advertencias norteamericanas.

Las condiciones de la OECE y del F. M.

La primera fase del plan señalado por la OECE entró inmediatamente en vigor, la peseta fue devaluada, la tasa de cambios múltiples abolida y los créditos bancarios restringidos. Pero había que pasar a la segunda fase y reducir la rigidez de los controles gubernamentales. En este dominio no se ha hecho ningún progreso.

Las reformas no adelantan

El hombre de negocios español no puede desarrollar su empresa más que en los límites estrechos de los controles gubernamentales. No puede reducir su mano de obra ni aumentar su herramental sin una aprobación gubernamental que sólo llega difícilmente.

El gobierno está dividido

En la base de esta inercia está el hecho de que el gobierno del general Franco está dividido desde hace meses. Los ministerios de Comercio y de Hacienda apoyan el plan, mientras que los de Trabajo e Industria se oponen, lo mismo que intereses privados cuyo apoyo parece que quiere conservar Franco. Hasta ahora el caudillo ha evitado el tomar posición en el conflicto.

Si el plan no tiene éxito, el gobierno tendrá que intervenir de nuevo y aumentar sus gastos para hacer marchar la economía. Se volverá a caer en la inflación, en las pérdidas de divisas, en la huida de capitales y España se volverá a encontrar como en julio de 1959.




Marruecos

PARÍS, 29 Sept., Ibérica: -Le Monde de hoy publica una información relativa a las medidas enérgicas que el gobierno marroquí tomará en plazo breve. De esa información copiamos los siguientes párrafos:

Después de Tarfaya es hora la frontera algero-marroquí la que está constantemente bombardeada. Una patrulla del ejército francés incluso ha violado nuestro territorio. ¿Dónde vamos a parar?

En un comunicado sobre el incidente de Tarfaya se dice: «Han habido incursiones en la región de Tarfaya cometidas por elementos de territorios ocupados aun por España».

El ministro de Información, M. Alaoui, comentando esos incidentes, se expresó en estos términos: «Es necesario que Marruecos goce de su plena soberanía. Para ello es necesario que se resuelvan dos problemas: primero el de nuestros territorios del Sur ocupados todavía por España, después el de la guerra de Argelia».




La boda del rey Balduino

PARÍS, 20 Sept., Ibérica: -Resumimos algunos comentarios de la boda del rey de los belgas y de la prensa francesa y belga sobre la señorita española doña Fabiola de Mora y Aragón. La prometida es hija de don Gonzalo de Mora, conde de Mora y marqués de Casa Riera y de doña Blanca de Aragón. Según Combat doña Fabiola desciende de una vieja familia carlista que sostuvo fervientemente a Franco cuando éste se sublevó contra la República. Este detalle explica, seguramente, el hecho que ayer destacaba en su emisión de mediodía Europa N.º 1 como detalle curioso: el telegrama de felicitación del general Franco llegó al palacio de Bruselas antes de que se diera oficialmente la noticia.


Entrevista Franco-Nasser

PARÍS, 24 Sept., Ibérica: -Le Figaro de hoy da cuenta de la entrevista Franco-Nasser en los siguientes términos, en un telegrama procedente de Madrid, sin mencionar agencia:

Procedente de El Cairo y en dirección a las Naciones Unidas, el coronel Nasser ha hecho escala esta mañana en Madrid, donde ha sido calurosamente acogido por el general Franco.

Los dos hombres se estrecharon calurosamente la mano y, después de haber escuchado los himnos nacionales de ambos países, se dirigieron al salón del aeródromo para celebrar una conversación que ha durado hora y media.

El general Franco acompañó a su huésped hasta la pasarela del avión, donde los dos hombres se abrazaron.

El Presidente Nasser dijo al despedirse: «Hago los mejores votos por la prosperidad del pueblo español». El Caudillo contestó: «Ya sabe usted que tiene aquí un amigo».

No se ha publicado ningún comunicado oficial sobre esta entrevista. En un comentario autorizado, recogido al final de la mañana en Madrid, se subraya que la entrevista se ha desarrollado «en la atmósfera de franca y cordial amistad que caracteriza las relaciones entre España y la R.A.U.».




El decreto del 26 de septiembre

MADRID, 28 Sept., Ibérica: -El Boletín Oficial del Estado Español en su edición del lunes 26, ha publicado un decreto que amplía considerablemente la definición de delito de rebelión militar. Desde ahora serán considerados como culpables de rebelión militar incluso los que difundan noticias falsas o tendenciosas con finalidad de turbar el orden interior.

Como son especialmente interesantes los artículos 2.º y 6.º, los reproducimos a continuación:

Art. 2.º Serán considerados reos de delito de rebelión militar, de acuerdo con el número 5.º del artículo 286 del Código de justicia Militar y penados conforme a lo dispuesto en ese Código:

Primero. Los que difundan noticias falsas o tendenciosas con el fin de causar trastornos de orden público interior, conflictos internacionales o desprestigio del Estado, sus instituciones, Gobierno, Ejército o autoridades.

Segundo. Los que por cualquier medio se unan, conspiren o tomen parte en reuniones, conferencias o manifestaciones con los mismos fines expresados, en el número anterior.

Podrán también tener tal carácter los plantes, huelgas, sabotajes y demás actos análogos cuando persigan un fin político o causen graves trastornos al orden público.

Art. 6.º Uno. Los que, apartándose ostensiblemente de la convivencia social o viviendo subrepticiamente en los núcleos urbanos, formaren partidas o grupos de gente armada para dedicarse al merodeo. El bandidaje o la subversión social serán castigados:

Primero. Con la pena de muerte:

a) El jefe de la partida en todo caso.

b) Los componentes de la partida que hubiesen colaborado de cualquier modo a la comisión de algún delito castigado con pena de muerte en este decreto.

Segundo. Con la pena de reclusión mayor a muerte los que hubieren tomado parte en la comisión de cualquier otro delito comprendido en este decreto.

Tercero. Con la reclusión mayor los demás no incluidos en los números anteriores.

Dos. Los que prestaren cualquier auxilio, que no constituya por sí complicidad ni encubrimiento, a los componentes de los grupos o partidas a que se refiere el apartado anterior serán castigados con la pena de prisión menor o destierro. El tribunal podrá asimismo imponer la multa de 5000 a 100000 pesetas.

Tres. Los que, aprovechándose del temor más o menos fundado que haya producido la comisión de alguno de los delitos castigados en este decreto u otros hechos de bandolerismo requieran a alguien en forma anónima, bajo amenazas claras o encubiertas, para que entregue o sitúe en algún lugar dinero, alhajas, valores o bienes de otras clases o para compelerle a hacer o dejar de hacer alguna cosa, serán castigados con la pena de prisión menor a muerte.



El mencionado decreto constituye una revisión y una refundición de la ley de 1943 y del decreto-ley de 1947 sobre el orden público, su texto significa un evidente endurecimiento de la posición gubernamental en relación con cualquier manifestación de oposición.


Manifiesto de Unión Española

El grupo monárquico integrado en «Unión Española», ha publicado un manifiesto solidarizándose «en lo político» con el documento de los sacerdotes vascos, cuyo texto hemos publicado en nuestro número 7-8 de este año. El Manifiesto reproduce extensos párrafos del citado documento de los sacerdotes vascos, advirtiendo que no lo reproduce por entero dada su extensión.

Copiamos a continuación los principales párrafos del Manifiesto de «Unión Española»:

El documento que un cierto número de sacerdotes navarros y vascos han dirigido respectivamente al señor Arzobispo de Pamplona y a los señores Obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria; la publicación, en la prensa diaria y emisiones radiofónicas, de la declaración colectiva de los referidos señores Prelados rechazando el documento, y la notificación por la Nunciatura Apostólica de lo que respecto al mismo, la Santa Sede ha hecho saber; revelan la existencia de un problema político cuya importancia no cabe ignorar.

Desde su emplazamiento exclusivamente político, Unión Española se siente obligada a examinar el caso, en cuanto importa saber cual es la inquietud que ha movido a obrar a parte del Clero de aquellas Diócesis en esos términos de «carácter político» y en ese «clima de pasión política» que censuran los Prelados.

No hemos de tocar el otro importante aspecto de la cuestión: el de orden interno de la Iglesia. Sabida es la postura de Unión Española, expuesta en su documento fundacional, de separación concordada de la Iglesia y el Estado dentro de la Monarquía Católica.

La cuestión de si real y efectivamente la jerarquía presta o no apoyo decidido al Régimen, es de las que ahora no entramos a enjuiciar. Lo que, como políticos, nos interesa hoy someter a la consideración de cuantas personas quieran leernos desapasionadamente; es el tema de si las afirmaciones contenidas en los párrafos que hemos transcrito8 corresponden o no a la realidad española; y el hecho de que eso lo escriban unos sacerdotes, lo afirmemos unos políticos o lo silencie el país por falta de medios de expresión, es, a efectos de lo que hoy queremos señalar, absolutamente secundario. Lo que importa saber es si nuestra vida política es normal o no y, en el supuesto de que no lo sea, si es lógico o no lo es, que se estén creando muy serios problemas a quienes -cualquiera que sea su estado o profesión- al contemplar los males que de la anómala situación se derivan y los aun mayores que pueden derivarse, pretenden, constructiva y patrióticamente, dar la voz de alarma para tratar de ayudar a encontrar la solución.

Cuando al cabo de veinte años seguimos careciendo de vida política, quienes creemos que ya ha llegado la hora de que comencemos a tenerla porque el país la necesita, estamos en la obligación de proclamarlo así. Y en nuestro caso -no hallándonos, como ciudadanos, sometidos a más disciplina que la que nos dicta nuestro pensamiento monárquico- nos vemos precisados a hacerlo, por todos los medios a nuestro alcance, para procurar encauzar en una dirección concreta y ampliamente nacional los estados de opinión que se manifiestan coincidentes en lo sustancial.

Las bombas comunistas, anarquistas o de agentes provocadores, proceden, como es natural, de la acera de enfrente de aquella en que estamos los españoles que nos sentimos realmente preocupados por el presente y el porvenir. De ahí que, inmersos en este ambiente nacional los hombres de Unión Española proclamemos, una vez más, el derecho de los españoles a tratar de influir en la configuración del futuro y nuestra firme voluntad de ejercitar, hasta donde podamos tal derecho.

Para que no se den los hechos que han motivado el escrito que comentamos en su versión política, Unión Española, ante las tres posibles soluciones de futuro: otra República, un General o la Monarquía, ha optado resueltamente por la última, que encarna Don Juan de Borbón y Battenberg.




Carta al Nuncio Apostólico

La delegación Tarraconense de la «Unión Nacional del Clero Español», ha dirigido una carta al Nuncio Apostólico en España, de la que reproducimos los siguientes párrafos:

Excmo. Sr.: Alarmados por las reacciones producidas en la opinión por sus últimos discursos, más propios de un político que de un diplomático pontificio, que con seguridad no habrán llegado a su conocimiento, como ocurre siempre a las Jerarquías que actúan en las naciones donde imperan regímenes similares al español, vamos a intentar informarle de tales reacciones.

Ante todo, ha causado estupor que un diplomático se entrometa en los asuntos internos de España, como viene realizando últimamente S. E. Una intromisión semejante no tiene antecedentes en la actuación de los Nuncios en España, cuya misión principal, como la de todos los Embajadores, es hacer de gestor y amable componedor en los asuntos en trámite entre el Gobierno que representan y España.

En un momento en que se ha entablado un verdadero duelo entre el Estado Español y las altas Jerarquías de la Iglesia Española, y no por anécdotas accidentales, sino por persistentes abusos de interpretación de principios fundamentales, y que los órganos estatales atacan a la Acción Católica, como ha ocurrido en los meses de mayo y junio pasados, al secuestrar el manifiesto de HOAC (Hermandades Obreras de Acción Católica) y se multa a sus propagandistas y directivos; que la policía detiene y maltrata a los cuadros de la Acción Católica, e insulta públicamente al Clero y Asociaciones de la Juventud Católica; que la prensa aun la católica y la Radio Nacional sabotean con el más absoluto silencio y general escándalo el CONGRESO MUNDIAL DE LA PRENSA CATÓLICA de Santander, etc.; que el Representante de Su Santidad en España cante las glorias de este régimen y lance las acusaciones de rebeldes a los sacerdotes que recuerdan las doctrinas pontificias sobre el gobierno de los pueblos, desgraciadamente silenciadas por quienes deberían predicarlas, ha sido considerado como una MONSTRUOSIDAD, que queda incorporada a la historia.

¿No le dice nada al Señor Nuncio el silencio del Emmo. Primado y de la mayoría de los Obispos más responsables de sus ovejas que S. E.?

Tenga presente, Señor Nuncio, que la opinión ha tomado buena cuenta de cómo se ha traspasado por S. E., en sus funciones y no olvide que es mucho más fácil remover un Nuncio que separar un Obispo de su diócesis. S. E., como buen conocedor de la historia diplomática pontificia, sabrá muy bien cómo se han ejecutado tales remociones en todos los tiempos y en todas las naciones; y el caso se puede repetir en España, hoy, o MAÑANA.

Lamentando tener que informarle de tales reacciones, besan su anillo.

P. S. De esta carta se mandan copias a la Secretaría del Papa, Secretaría de Estado del Vaticano, Emmos. Cardenales y Obispos de España, Jerarquías de la Acción Católica, etc.





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